FERNANDO

Para mí es complicado contar lo que ha pasado en mi vida en estos últimos años sin que un sentimiento de culpabilidad enorme me invada a la vez que una excitación fuera de lo normal asalte mi cuerpo y haga que mi sexo se humedezca y se abra esperando recibir placer.

Mi familia la componíamos mi madre Angela de 48 años, mi hermano Joel (se pronuncia Yoel), de 18 y yo Andrea de 21. Si os preguntáis por mi padre, ese desgraciado dejó tirada a su familia al año de nacer mi hermano y saber que su único hijo varón tenía ciertas “deficiencias” al haberse quedado sin oxígeno su cerebro al nacer. Eso hizo que toda su vida, toda nuestra vida fuese en cierto modo condicionada por mi hermano.

Mi madre nos crió a los dos y luchó como creo que lo haría cualquier madre, hasta que nuestra edad y cierta rutina se instaló entre nosotros y empezamos a llevar una vida muy cercana a lo habitual en una familia. Mi madre estaba muy involucrada en su trabajo de ejecutiva de una empresa de telefonía, mi hermano aunque con esa pequeña deficiencia era autosuficiente, aunque iba a clases especiales y yo bueno, iba a la universidad, no tenía problemas con mi carrera de ingeniería en gestión empresarial, con lo que mi madre estaba tranquila y no me impedía hacer mi vida fuera de casa sin dar muchas explicaciones aun siendo extraño que tuviese poca vida social.

De alguna manera los tres hacíamos nuestra vida sin meternos mucho en la de los demás. Tengo que reconocer que mi madre era una mujer muy guapa y con un cuerpo muy bonito. Nunca conocí ningún amigo suyo y salvo que a la salida del trabajo o en el propio trabajo tuviese sus escarceos sexuales, poca vida social hacia la pobre que se desvivía por nosotros, sobre todo por su niño.

Joel, Joel era el mimado de la casa, el ojito derecho de mi madre y su talón de Aquiles. No lo digo con rencor, desde siempre acepté que él necesitaba más atenciones que yo y en lo que pude le eché una mano. Pero desde que empezó a ir a ese colegio que le recomendaron a mi madre, Joel mejoró, mejoraba día a día y ya no era tan dependiente aunque todavía necesitaba ayuda. Si Joel no hubiese tenido ese problema al nacer y fuese un chico normal, tendría a todas las chicas locas, era muy guapo y le gustaba mucho hacer gimnasia, con lo que muchas veces en la piscina o haciendo ejercicio veía su torso desnudo y confieso que me impresionaba.

Y yo, la hija modelo, seria, responsable, buena estudiante y dispuesta a echar una mano en lo que fuera, era solo una fachada para lo que realmente ocurría en mi vida y mantenía muy en secreto. Era una antisocial, una chica incapaz de hacer amigos, borde y desagradable en el trato. Si alguien se acercaba a mí con intención de entablar una conversación o establecer una amistad, huía de mi lado por lo tensa y desagradable de la situación. Si, tenía un problema para relacionarme con la gente pero mientras mis calificaciones en la universidad fuesen buenas y no diese guerra mi madre no se metería en mi vida, además, casi no salía de casa y las pocas veces que lo hacía era para ir a casa de la única amiga que tenía, Isabel, Isi como la llamaba cariñosamente desde el colegio al que fuimos juntas.

Quizás podríais pensar que el ser tan antisocial podría ser debido a mi aspecto, que fuese poco agraciada o fea, pero no. En la genética tanto mi hermano como yo salimos con la belleza natural de mi madre. A mis 21 años poseía una bonita cara y un cuerpo que hacía que los hombres me mirasen con deseo y mis compañeros de facultad aspirasen a meterse entre mis piernas. Muchas veces al salir de la ducha y mirarme al espejo, me preguntaba que si no fuese tan siesa, tan borde, tendría a todos los chicos que quisiera. Tenía unas tetas grandes, era delgada y mi cuerpo era una preciosidad, pero lo que más me gustaba era mi culito, redondito y respingón, pero mi forma de ser eclipsaba todo lo que tenía.

Vivíamos en un chalet de una sola planta muy grande con piscina. Eso es lo que nos dejó mi padre cuando se fue, aunque la hipoteca no estaba pagada y mi madre se tuvo que hacer cargo de todo. Gracias a su trabajo de ejecutiva en una compañía de telefonía cobraba muy buen sueldo y pudo hacer frente sin problemas a los gastos, bueno y con algo de ayuda de mis abuelos maternos.

Bien, más o menos os he descrito como es mi familia, en casa siempre había buena armonía y muy pocas broncas aunque mi carácter diga lo contrario. Mi madre es la que se ocupa principalmente de mi hermano, pero yo también le ayudaba mucho y mentiría si no dijese que le quiero con locura. Joel es muy cariñoso con nosotras aunque desconfía mucho de la gente que no conoce. Es un niño de cinco años metido en el cuerpo de un joven de 18. Únicamente te das cuenta de que algo falla, cuando te acercas y empiezas a hablar con él, habla muy rápido, casi no se le entiende y no es capaz de mirarte a los ojos, desvía la mirada avergonzado, pero por el resto es de lo más normal.

¿Y cuándo empezó todo? Realmente no podría asegurarlo. Ya en alguna ocasión mi mirada se había dirigido a la entrepierna de mi hermano notándola más abultada de lo normal, pero no le había dado importancia y lo achacaba a lo holgado de su pantalón o una arruga de su ropa. Realmente creo que todo empezó en la época que nos confinaron y tuvimos que convivir muy estrechamente los tres durante los meses que duró el encierro.

Al principio fue algo incómodo, pero nos aclimatamos bien. Hicimos nuestros horarios y nos manteníamos entretenidos. Las mañanas eran de trabajo, yo con mis clases on line, mi madre con sus reuniones a través de ordenador y de teléfono y mi hermano haciendo trabajos que le mandaban desde su colegio y que yo ayudaba de vez en cuando a terminar. Luego, después de comer nos sentábamos los tres a ver alguna película y sestear, pasando las tardes entre películas o yo haciendo trabajos para la universidad.

La verdad es que dentro de casa siempre he vestido muy cómoda y nunca me he preocupado por si enseñaba más de la cuenta o iba excesivamente ajustada marcando las curvas de mi cuerpo. Éramos mi madre y yo, con mi hermano no contaba ya que el pobre no se enteraba de nada, solo estaba pendiente de su videoconsola o de su ordenador o de algún juguete con el que se había encaprichado.

Una mañana me levanté y antes de ducharme y cambiarme me fui a desayunar. Solo llevaba unos pantaloncitos de algodón fino que dejaban media nalga al aire, una camiseta amplia pero sin sujetador, con lo que mis tetas se movían libremente y unos calcetines tobilleros. Entré a la cocina y saludé a mi madre con un beso.

—Buenos días mamá.

—Hola hija buenos días, ¿Has descansado? Dijo mirándome de arriba abajo mientras yo bebía un vaso de agua.

—Muy bien, ¿Y tú?

—Bien, muy bien…Emmm…Cariño, ¿No crees que vas demasiado fresca, demasiado “ligerita”?

—Mamá estamos en casa y a no ser que te perturbe el verme así, no creo que eso importe.

—Lo digo por tu hermano.

—¿Por Joel? Pobrecito mío, no digas eso de él, el pobre no se entera de nada.

—Cariño, Joel es un joven de 18 años no lo olvides. Su mente puede ser infantil, pero su cuerpo tiene las hormonas disparadas y no te puedes hacer una idea de cómo deja las sábanas y su ropa interior, están tan acartonadas que las pongo de pie y no se caen.

—Aggggg…mamá ¡¡Que ascoooo!!

—Además, en alguna ocasión que ibas con ropa muy ajustada o enseñando más de la cuenta le pillado mirándote, y esa mirada no era fraternal, te lo aseguro.

—Venga ya mamá, no me lo puedo creer, es Joel, mi hermanito, mi osito amoroso.

Solo por la manera en que me miró, sobraban las palabras, no me lo estaba sugiriendo, me lo estaba exigiendo. Fuera de mi casa vestía muy recatada, pero dentro de mi casa me gustaba ir así, ligerita de ropa, sintiéndome cómoda.

—Vale mamá, tendré más cuidado, no te preocupes.

—Gracias por entenderlo hija.

Salí de la cocina hacia mi habitación, pero lejos de estar incomoda o asustada, estaba excitada. ¿Joel se ponía cachondo conmigo? Mis principios morales prevalecían pero era lo prohibido y por alguna razón eso me ponía mucho.

Cuando llegué a mi habitación, me desnudé frente al espejo para irme a la ducha, pero antes me senté en la cama, abrí mis piernas y acaricié mi coñito y mis tetas hasta que exploté en un gran orgasmo, mientras el espejo me devolvía mi reflejo y veía mis dedos chapotear en mi vagina. Estaba muy mal, me había corrido pensando en las miradas lascivas de mi hermanito.

Aquí quiero hacer un inciso. Aunque era incapaz de socializar con la gente, no era virgen, ya había tenido mis encuentros sexuales, bueno, solo dos, que para la edad que tenía eran pocos en comparación con algunas compañeras de facultad que llevaban docenas de ellos.

Mi debut en el sexo, cuando perdí mi virginidad, fue en bachillerato cuando tenía 18 años. El afortunado fue un compañero que estaba muy bueno y reconozco que se lo trabajó muy bien. Fiesta de fin de curso, no se separó de mi lado, me sentía muy deseada y a media noche me llevó a un hotel. Velitas, pétalos de rosa y mucho cariño. No es que fuese para tirar cohetes, pero el muchacho se esmeró y me hizo alcanzar dos orgasmos, uno oral y otro follándome con ganas hasta que nos corrimos los dos.

El segundo polvo fue algo buscado. Tenía 19 años y había quedado con mi buena amiga Isi y decidimos irnos a un centro comercial a mirar tiendas. Confieso que ese día por alguna razón que desconozco estaba muy excitada y con ganas de follar, así que, si algún chico se acercaba e intentaba algo, no le iba a poner impedimentos. Cuando nos cansamos, nos sentamos en una terraza y más o menos terminamos hablando de sexo. A groso modo esta fue nuestra conversación.

—Andrea, realmente lo que quiero es ligarme a un tío y que me folle, lo necesito.

—A mí también me apetece follar. Por qué no hacemos una cosa, le dije a mi amiga, pasas por tu casa, pillas la ropa más provocativa que te quieras poner y nos vamos a mi casa a prepararnos. Mi madre no esta y mi hermano esta con mis abuelos.

Eso hicimos. Cuando salimos de mi casa éramos como dos putas con el letrero “fóllame” en la frente. No fue difícil conocer a dos tíos más o menos aceptables que nos intentaron emborrachar. De madrugada nos llevaron a un sitio discreto y yo en el asiento de atrás e Isi en el asiento del acompañante de un Seat León, dejamos que esos dos nos follasen. Aquí tengo que decir que aunque las comparaciones son odiosas, el que me estaba follando la tenía más grande y gorda que mi compañero de instituto y eso hizo que alcanzase un orgasmo muy rico, aunque muy incómodo por lo reducido del espacio y estar viendo las expresiones de placer de Isi y como se corría la muy puta.

Hubo una tercera vez que aborté cuando vi el pito del tío que me quería follar. Algo parecido a un cacahuete, pequeño y delgado, lo siento era patético y sé que le fastidié el polvo a Isi, pero no me iba a quedar esperando con ese desgraciado que tenía al lado intentando follarme. Algo que debo de recalcar es que en los pocos encuentros sexuales que he tenido, mis parejas quisieron que les hiciese sexo oral y me negué en redondo, no me llamaba. Desde esa última vez con 19 años, ya no había tenido ningún contacto con varón, mi carácter se impuso ante mis deseos carnales.

Desde entonces mi vida sexual se limitaba a mis masturbaciones y mis incursiones en el cine porno, más concretamente en las películas de pollas grandes follándose a jovencitas o en temas de BBC creampie, negros enormes, con pollas descomunales follándose a niñas no mucho mayores que yo y regando sus coñitos con sus corridas…Dioooos como me ponía eso, soñaba que algún día una polla así me follase.

Bien, volvamos a la realidad actual. Lo que me había dicho mi madre me había sorprendido. No concebía que mi hermano, mi pequeñín, se excitase conmigo, es que me resultaba imposible. Seguía en mi cama desnuda, acariciándome, pero pensando en mi hermano, entonces decidí comprobar si lo que mi madre me había dicho era cierto, que mi hermano me miraba con deseo.

No es que de repente mi vestimenta cambiase, pero por no molestar a mi madre si es cierto que ya no vestía tan provocativa dentro de casa, aunque en ocasiones sí que me ponía algo más sugerente. Y no es que me exhibiese delante de Joel, pero si me comportaba algo más insinuante, dando un toque de sensualidad a mis movimientos, y efectivamente, Joel no me quitaba los ojos de encima intentando ver más allá de lo que estaba oculto bajo mi ropa.

—Mira tú el “angelito” quien lo iba a decir y yo pensando que las chicas no le importaban. Reía para mis adentros mientras miraba el bulto tan interesante que se formaba en sus pantalones.

Realmente el confirmar lo de mi hermano en vez de enfadarme o hacerme sentir incomoda, hizo que mi relación con Joel fuese mucho más cercana, eso me excitaba. Aprovechaba cada oportunidad para abrazarme a él o llenarle de besos con el ánimo de excitarle, me enternecía, de alguna manera sabía que el pobre lo hacía sin maldad alguna y en ningún momento me puso una mano encima, solo me miraba con esa carita y esos preciosos ojos pidiéndome un abrazo que no le negaba. Sutilmente me estaba comportando como una zorra con Joel.

Empezábamos a salir ya del confinamiento y no era necesario estar encerrados en casa todo el santo día. Yo lo primero que hice fue ir a ver a mi amiga Isi. Aunque habíamos hablado por teléfono me apetecía verla y estar con ella. Después de mucho rato hablando con ella en su habitación me miró con cara de haber hecho algo malo.

—Jo tía, quiero contarte algo, pero no quiero que te enfades conmigo, ¿Vale? Me dijo Isi.

—Uyyyy…cuando tú me dices eso…¿Qué has hecho zorrón?

—Cuando estábamos confinados, conocí a un tío por Tinder, es policía municipal, guapísimo, un chulazo increíble y bueno, quedé con él para follar, estaba muy salida.

—¿Y cómo lo hacías? ¿Qué decían tus padres al verte salir de casa?

—Bueee, nos inventamos una historia, que era una voluntaria en un banco de alimentos y cuando quedábamos venía con el coche patrulla conducido por su compañero para escoltarme, me montaba para supuestamente llevarme al voluntariado, pero nos íbamos a su casa a follar como animales. Ha sido la ostia Andrea, te lo juro.

—Tus padres son lo más ingenuo que he conocido. A buenas horas mi madre se cree eso, mete a los policías en casa y les hace el tercer grado.

—Bueno, ahora si puedes salir de casa. Si quieres, este tío tiene un compañero de piso que también está muy bueno y estoy seguro de que cuando te vea te va a partir en dos con su pollón.

—¿También te lo has follado?

—Bueno, una tarde…Una tarde llegamos a su casa, estaba él y me lo propusieron, estaba tan cachonda, tan salida que dije que sí. Joder tía, ni te imaginas lo que se siente cuando dos tíos no paran de follarte.

—¿Te han follado el culo? Pregunté excitada.

—No, no me atreví aunque me lo propusieron, pero mientras uno me rompía el coño el otro me la metía por la boca hasta la tráquea, fue impresionante te lo juro.

—Bueno Isi, yo soy tu amiga, no soy quién para juzgarte, es tu vida, solo te pido que tengas cuidado, y respecto a tu ofrecimiento, lo siento, ya sabes que no me gusta ese tipo de relaciones y mucho menos ese tipo de hombres que se anuncian en aplicaciones de folleteo.

Me sentí un poco decepcionada conmigo misma. Le pensaba contar lo de mi hermano y lo que había descubierto, pero era algo pueril en comparación a lo que había hecho la puta de mi amiga que se dejó follar por dos tíos. Reconozco que estaba excitada con lo que me había contado Isi y sentía cierta envidia, notaba la humedad en mis braguitas y por mí, me hubiese desnudado y me hubiese hecho un dedo allí mismo, así que dando una excusa barata me despedí de ella y me fui a mi casa a desfogarme.

Durante el camino notaba como mis fluidos iban empapando más y más mi tanga, no podía dejar de pensar en la imagen de Isi en cuatro recibiendo polla, mientras otro tío se follaba su boca. Cuando llegué a mi casa, mi madre estaba vestida muy elegantemente, miraba su ordenador mientras hablaba por su teléfono móvil. Joel estaba en el salón jugando con la videoconsola y tenía la seguridad que mi madre se iba a ir. Cuando terminó de hablar vino hacia donde estaba.

—Gracias a dios que has venido, dijo mi madre apurada, me han llamado de mi trabajo, ha ocurrido algo grave y vamos a tener una reunión urgente.

—Mamá, estamos saliendo del confinamiento, no os podéis reunir, no está permitido, no te pueden obligar.

—Créeme que si pueden hacerlo, más aún cuando es el propio director general de la compañía el que te llama y te dice que necesita vernos. Así que como no sé lo que me voy a encontrar, ni a qué hora voy a terminar, podéis pedir unas pizzas y si no he llegado a la noche, haceros un huevo frito y patatas. De todas formas os llamaré para que sepáis como va todo.

Cuando se fue nos dio un beso a Joel y a mí y salió con prisas por la puerta, pero no pude dejar de mirar lo guapa que iba y que, como vestía, no era para meterse en un salón de juntas de una empresa.

Me fui hacia donde estaba mi hermano sentado en el sofá jugando. Me puse detrás de él y le abracé, dejando que notase mis tetas en sus hombros mientras besaba su mejilla. Estuve unos minutos así y le volví a besar en la mejilla deshaciendo el abrazo.

—Hoy estamos solitos tu yo cielo. Me voy a cambiar, ahora vengo. Le dije con cariño.

Iba caliente como una perra en celo. Notaba mis pezones duros y ardiendo, en esos momentos hubiese dado lo que fuera por una buena polla y que me llenase de leche. Hasta se me hacia la boca agua pensando en que me follaba la boca y eso que nunca lo había probado.

Cuando llegué a mi cuarto me desnudé en un santiamén. Al quitarme mi tanguita, estaba tan lleno de mis fluidos que había hilos de mis jugos que iban de mi coñito a mi braguita, me deshice de ella y me tumbé en mi cama totalmente espatarrada. Cuando mi mano, mis dedos hicieron contacto con mí coño, gemí herida de placer y solo bastaron unos cuantos movimientos sobre mi clítoris para estallar en un orgasmo largo y placentero.

Aunque le dije a mi madre que nunca lo haría, decidí lavarme bien y vestirme lo más provocativa que pudiese para excitar a mi hermano y ver hasta donde era capaz de llegar. Unos pantalones de deportes muy cortitos y anchos, para que a través de la pernera se pudiese ver mi coñito, no me puse ropa interior y por arriba una camiseta que dejaba mi tripita al aire y tapaba lo justo mis tetas, calcetines y de esa guisa fui a donde estaba sentado mi hermano.

Sabia como iba vestida y tenía claro lo que pretendía hacer, pero una pregunta asaltó mi mente, ¿Hasta dónde era capaz de llegar? Joder, era mi hermano pequeño y además tenía una deficiencia psíquica, era una depravada y mi alma ardería en el infierno, pensé agobiándome mucho y dejando que mis prejuicios tomaran el mando.

Estuve a punto de irme a mi habitación de nuevo y cambiarme de ropa por algo más decoroso, pero una rápida mirada a mi hermano y le pillé mirándome con disimulo. No me había dado cuenta pero mi pantalón estaba tan subido que dejó mi nalga al aire y mi camiseta caía de una manera sobre mi pecho marcando la silueta de mi teta sin problema.

—Bueno, es solo un juego Andrea, no hacemos mal a nadie. Pensé para mí.

Hasta que trajeron la pizza, Joel y yo estuvimos “jugando” Muchos besos y abrazos, dejándole sentir mi cuerpo y yo sintiendo el suyo y esa dureza entre sus piernas. Estaba empapada de nuevo y notaba como mi coño no paraba de soltar jugos cayendo por el interior de mis muslos. Una de las veces noté como su mano se metía por dentro de mis pantalones agarrando mi culo y apretándome contra él, yo solo gemí en su oído.

—Ummmm…Joeeel…

Cuando comimos nos sentamos en unos butacones uno frente al otro en la mesa bajera del salón. Fui muy puta y me abrí de piernas para él y estaba segura de que esos pantalones dejaban ver parte de mi coñito, porque Joel no apartó la vista en ningún momento y el bulto de su pantalón era ya muy grande y evidente.

Pero lo mejor llegó después de comer. Recogimos todo y nos fuimos al sofá a ver la televisión. Joel se sentó en una esquina y yo en la otra. Poco a poco me entró la modorra y me fui tumbando hasta quedarme dormida en posición fetal. Solo fui consciente de lo que realmente estaba pasando cuando empecé a despertarme. En esa posición mis pantalones mostraban mi culo y mi coño sin problema y entreabriendo mis ojos, vi a Joel con su mano metida en sus pantalones siendo evidente como se masturbaba.

—Uffff…se la está cascando, viéndome…que fuerteeee. Pensé para mí.

Eso no hizo nada más que subir mi temperatura y quise ir un paso más allá. Haciendo como que me desperezaba me estiré en el sofá y pasé mis brazos por encima de mi cabeza dejando mis tetas a la vista ya que mi camiseta se había subido. Recogí mis piernas y una la tumbé en el asiento y la otra la apoyé en el respaldo, quedando abierta de piernas. Estaba segura de que mi coñito estaba a la vista de Joel, brillante de mis fluidos y con mis labios abiertos. Con mis ojos entrecerrados vi como claramente aumentaba el ritmo de su masturbación y a los pocos segundos se tensó poniéndose muy colorado y sabiendo que se estaba corriendo, mirándome.

Cuando se recuperó, se levantó muy felinamente y salió del salón sin hacer ruido dirigiéndose a su habitación, imagino a limpiarse y cambiarse de ropa. Cuando me quede sola palpé mi coño y efectivamente estaba a la vista, el pantalón no lo cubría. Me hacía falta meterme algo en el coño, estaba fuera de mí con todo eso. Fui a la cocina, agarré un plátano y me fui a mi cuarto. Me desnudé y en la cama con mis piernas abiertas ese plátano entraba y salía de mi coño mientras mis dedos frotaban mi clítoris inflamado. Fue una tarde entretenida y muy diferente y cuando salimos de nuestros cuartos, Joel y yo no nos separamos hasta que vino mi madre.

Bien ¿Y ahora qué? Ya sabía que Joel se excitaba conmigo y yo con él, pero hasta cuando íbamos a estar jugando a este juego. Sabía lo principal, mi hermano tenía una sexualidad pero era incapaz de exteriorizarla ante alguien. Hubo más momentos, pero me dejaban insatisfecha, sobre todo porque tenía una lucha interna con mis principios. Algunas veces me moría por follar con Joel y otras huía despavorida por mis pensamientos.

Realmente, el día que cambió todo, el día que nuestras vidas, la de Joel y la mía, quedaron selladas, fue de la manera más absurda.

Era mediados de junio y ya hacia bastante calor en Madrid. Nuestra piscina la limpiamos y preparamos a mediados de mayo con lo que me pasaba mucho tiempo en bikini. Esa mañana cuando me levanté sabía que mi madre no estaría en casa en todo el día, me puse mi bikini más sexi para Joel, la braguita era un pequeño tanga y la parte de arriba trocitos de tela tapando mis pezones.

Pero ese día decidí que no quería llevar la parte de arriba, haría top lees, aunque dentro de casa me pondría una camiseta que a duras penas contenía mis tetas. Mi hermano Joel bajó al poco con cara de sueño y el pelo revuelto y me saludó con voz somnolienta.

—Buenos días Andrea. Dijo dejándose caer en una silla.

—Hola hermanito, ¿Has descansado?

El asintió sin apartar la vista de mí. Creo que por primera vez vi una mirada de intenso deseo en mi hermano.

—Es…estas muy guapa Andrea. Dijo sin dejar de mirar a mi entrepierna que se marcaba nítidamente en la tela del tanga.

—Vaya, muchas gracias Joel…¿Quieres que te caliente la leche?

Me di la vuelta y noté su mirada clavada en mi culito. Empecé a excitarme y a mi mente y mi cuerpo volvieron esas ansias de follar. Confieso que durante el proceso de calentarle y prepararle la leche no dejé de exhibirme ante él con las poses más sensuales que se me ocurrieron. Fueron unas cuantas veces las que giré mi cabeza y le vi embobado mirando mi culo y como lo exhibía ante él. «Será una mañana divertida» pensé para mí. No sé en que estaría pensando pero el caso es que cuando fui a dejarle la leche tropecé con tan mala suerte que todo el contenido del tazón fue a parar a la tripa y la entrepierna de mi hermano que enseguida se levantó gritando.

—¡¡¡AHHH!!!…¡¡¡QUEMA…QUEMA…QUEMA…!!!

Me quedé bloqueada pero la cara de terror de mi hermano me sacó del trance. Enseguida le quité la camiseta y arrodillándome le bajé el pantalón del pijama junto a su ropa interior para que esa ropa no estuviese en contacto con su piel.

—Madre del amor hermoso…me oí decir a mí misma.

De acuerdo, en toda mi vida no había visto muchas pollas, pero si era consciente de los posibles tamaños de una polla en calma y delante de mí tenía una de las pollas más grandes que había visto en reposo, y si en reposo era así de grande…Ufff, no me quería imaginar lo que sería estando empalmada.

—¡¡¡ANDREA, QUE PASA…DUELE…DUELE MUCHO…MEDICO!!!

Lo dejé desnudo y lo llevé a la ducha, sabía lo que debía de hacer, la leche estaba caliente pero no hirviendo y entre la impresión del líquido caliente y mi hermano que era muy aprensivo se puso muy nervioso. Según íbamos hacia mi cuarto, todas las habitaciones tenían su baño independiente, echaba miradas al badajo de mi hermano que oscilaba provocadoramente de lado a lado, cuando llegamos le metí en el plato de ducha, abrí el grifo y dio un pequeño respingo.

—Joel, esto solo es agua fría pero te va a calmar, vale, no te pongas nervioso, confía en mí.

Mi hermano me miraba horrorizado, su pollón lo tenía frente a mí de nuevo y con la mayor de las delicadezas orienté la alcachofa de la ducha hacia su tripa y sus genitales. Joel agarró una mano mía con fuerza y yo le besé la palma para tranquilizarle. Durante unos minutos estuve echando agua fría sobre su vientre y su pollón, la piel no estaba ni colorada, síntoma de que no había quemadura, pero necesitaba tocar esa maravilla, sentirla en mis manos, estaba como hipnotizada y no quiero mentir, quería excitarle y que se empalmase, necesitaba ver ese vergote en su máxima expresión.

—Cariño, voy a lavarte para asegurarme que no tienes ninguna quemadura, tú no te asustes y déjame hacer a mí, ¿Sí?

Mi hermano asintió con la cabeza y soltó mi mano. Alcancé el gel de baño y me eché un chorrito en mi mano y agarrando ese cilindro de carne me dediqué a acariciarlo y masajearlo con mimo. En esos momentos ni me acordaba que era su hermana, solo veía el miembro descomunal de un tío y lo quería para mí aunque ese tío fuese mi hermano pequeño. Fue un juego de niños el excitar a mi hermano con mis manos. Una polla enorme, gruesa y llena de enormes venas palpitaba en mis manos. No abarcaba su circunferencia y agarrando su verga con mis dos manos, todavía quedaba sitio para otras dos. Mientras pajeaba con delicadeza su polla mi otra mano acariciaba y masajeaba con cariño sus huevazos.

—¡¡Joder…es enorme!! Susurré.

No había tardado ni diez segundos en alcanzar una dureza brutal y un tamaño sobrehumano. Estaba en la ducha con una polla de ensueño, mejor que esas que veía en el porno de negros enormes, pajeándola mientras miraba embobada como su glande asomaba cada vez que tiraba de su piel hacia atrás, enorme, amoratado. Si por mi hubiese sido me hubiese intentado meter ese pollón y mamarlo hasta que se corriese en mi boca, pero mientras lo pensaba noté un espasmo en la polla de mi hermano.

—An…An…Andreaaaaaa… Gimió mi hermano.

Su polla empezó a escupir semen como si fuese un surtidor. Latigazos fuertes, espesos, densos que caían uno detrás de otro en mi cara, mi pelo, mi camiseta. Me dejó perdida y aunque no los conté fueron más de diez seguro. Nunca en mi corta vida sexual había visto una polla expulsar semen de esa manera.

Como pude me levanté y fui al lavabo a limpiarme los ojos, cuando me miré al espejo me vi la cara totalmente embarrada como si tres tíos se hubiesen corrido en ella. No lo pude evitar, saque mi lengua y rebañé el semen que estaba a mi alcance. Al principio me dio asco, pero luego su sabor me encendió aún más y no dudé en recoger más con mis dedos y deleitarme con su sabor y textura.

Me notaba empapada, mi coñito no paraba de soltar fluidos, pero algo me alarmó. Mi hermano lloraba en una de las esquinas de la ducha, creo que el pobre no entendía muy bien que es lo que había pasado y seguramente pensó que estaba enfadada con él. Me lavé la cara, me quité la camiseta y me acerqué de nuevo a la ducha solo con el tanga y mostrándole mis tetas tendiéndole la mano.

—Ey…¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? Dije con cariño.

—An…Andrea…yo…yo no quería, no te enfades conmigo.

Era tan tierno, tan inocente. Le abracé contra mí y le di un pico en los labios. El me miró confundido sin entender muy bien lo que ocurría.

—Anda cielo, dúchate y ahora vengo a por ti, hay que curar bien esa quemadura.

Me obedeció sin rechistar. Me moría de ganas por meterme en la ducha con él y hacer las mayores guarradas que os podáis imaginar, pero no quería asustarle. Me fui al dormitorio de mi madre y me lavé la cabeza para quitar los restos de la corrida de mi hermano. Aun notaba su olor, era fuerte intenso y para mí era el mejor de los perfumes.

Cuando terminé fui de nuevo al baño donde estaba mi hermano. Se estaba secando, pero según me vio entrar prácticamente desnuda, me miró de una manera que me encendió aún más. Me sentía muy deseada y las barreras morales que tenía iban cayendo una a una.

—Déjame la toalla cariño, yo te seco. Le susurré.

Me dediqué a secarle, acariciando su cuerpo, pero centrándome en ese pollón que volvía a tomar una dureza férrea. Dejé la toalla y me abracé a él dejándole sentir mis tetas desnudas y metiendo su polla entre mis piernas. Noté enseguida como presionaba mi vagina deliciosamente y a través de la tela de mi tanguita notaba su calor abrasador. Empecé a mover mis caderas de delante a atrás, le miré enfebrecida y pasé mis brazos por su cuello.

—Mi amor, ¿Has besado a alguna chica?

—N…No.

—Abre la boca y saca tu lengua. Le pedí.

Joel obedeció y los dos nos enzarzamos en un morreo brutal mientras las manos de mi hermano me abrazaban conta su cuerpo para seguidamente bajar a mi culo, amasarlo y arrimarme contra él. No es que fuésemos unos expertos, para mí fue un besazo y un momento bestial que elevó aún más mi excitación. En esos momentos ya tenía claro que me lo iba a follar, no aguantaba y si no lo había hecho ya, es porque no tenía ningún preservativo y yo no me cuidaba. A mi pesar, deshice ese abrazo y tomando un bote de loción de aloe vera, agarré su mano y le llevé a su habitación.

Quería sentirlo dentro de mí, probar que es lo que se sentía con un pollón de semejante envergadura. Cuando llegamos a su habitación le pedí que se tumbase boca arriba en la cama. Estaba a mi disposición, su polla dura como el acero, amoratada, llena de venas reposaba sobre su tripa y palpitaba. Tragué saliva y la agarré con mis dos manitas sintiendo su poderío, su innegable dominio sobre mi voluntad. Me incliné sobre él y mis labios besaron la punta de su glande. Miré a Joel que a su vez me miraba expectante y lo hice, metí todo lo que pude su polla en mi boca hasta casi desencajarme la mandíbula.

No sé si lo hacía bien o mal, pero los gemidos de placer de mi hermano me enervaron, más aún cuando noté como su mano se metía entre mis piernas y acariciaba mi coñito por encima de la tela de la braguita. Tendría una minusvalía, no lo dudo, pero sus instintos más primarios funcionaban a la perfección. En ese momento me incorporé y me quité el tanga quedándonos los dos completamente desnudos, me subí a la cama y puse mi coño en su boca, mientras yo me apropiaba nuevamente de ese tótem de carne.

Pensé que no sabría lo que hacer, pero a los pocos instantes noté como su lengua recorría mi rajita arrancándome un gran gemido.

—Ahhhhhh…Joeeel, asiiiii mi amoooor.

Joder no me lo podía creer, mi hermanito me estaba comiendo el coño y me estaba llevando a un orgasmo. Mi boca no daba más de sí pero me obligaba a tragar lo máximo de polla que podía mientras mi mano amasaba con mimo sus huevos. En esos momentos ya ni me acordaba de que era mi hermano discapacitado, era un chaval joven con una polla monstruosa que me iba a follar. Noté tensarse a mi hermano y palpitar su pollón en mi mano, se iba a correr en mi boca y eso hizo que explotase mi orgasmo.

—¡¡AN…ANDREAAAAAA!!

Exclamó mi hermano a la vez que el primer trallazo de semen golpeaba en mi garganta y mi orgasmo regaba la cara de Joel. Estaba soltando tal cantidad de semen que no lo pude tragar y desbordó mi boca, estaba como loca, nunca me había sentido así de excitada, era una sensación extraña, que no conocía pero que me hacía pedir más y estaba dispuesta a darle lo que me pidiera. Me di la vuelta y me tumbé sobre su cuerpo moviendo mis caderas lascivamente sobre su verga que no había perdido dureza

—¿Te ha gustado cielo? Pregunté abrazándome a él y frotándome contra su cuerpo

Mi hermanito me miró con cariño y asintió con su cabeza mientras acercaba sus labios y me besaba con lujuria. Mis caderas se movían exageradamente sobre ese balano, me incorporé y dejé que su longitud recorriera mí ya excitada rajita. Notaba los labios de mi coño hinchados y muy abiertos, mis tetas hinchadas y mis pezones me ardían, necesitaba sentirlo dentro de mí.

—Te voy a follar Joel. Le dije con voz ronca.

Elevé mis caderas y con mi mano guie ese pollón a mi coñito. Cuando noté su glande en la entrada de mi vagina me dejé caer poco a poco…diooooos, que sensación.

—Jo…deeer, es enorme, casi no me cabe, gemí herida de placer, Joel me estas abriendo el coñoooo.

Notaba como las paredes de mi vagina se adaptaban al nuevo invasor, su polla seguía entrando y ya llevaba más de la mitad cuando noté como desde mi estomago una sensación muy agradable se iba formando hasta que, con mi cuerpo temblando, estallé en un poderoso orgasmo.

—Joel mi amooor…me corroooo…me corrooooo.

Creo que con los espasmos de mi vagina y la corrida que me pegué su polla llegó aún más adentro. Metí mi mano entre nuestras pelvis y vi que le quedaban unos cuatro dedos para clavármela hasta el corvejón. Elevé mis caderas sacando una gran parte de polla para dejarme caer de nuevo y empezar una cabalgada feroz sobre la verga de mi hermano. Estuve así un minuto más o menos y otro orgasmo se gestaba en mi interior, lo notaba crecer.

—Joel…joder, joder…me voy a correr otra veeez.

Mi hermano cerro sus ojos y elevó sus caderas violentamente metiéndomela hasta los huevos. Noté como la punta de su cipote se clavaba en mi cérvix, produciéndome un dolor muy placentero, sentí su polla hincharse y empezar a palpitar llenándome el útero con su corrida mientas mi orgasmo explotaba y me derrumbaba sobre el cuerpo de mi hermano temblando como una hoja.

No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero si os digo que habían sido los mejores orgasmos de mi vida y los más largos que había experimentado. Estaba feliz y asustada. Feliz por tener en casa lo mejor de un hombre y asustada porque ya era adicta a su polla y se había corrido dentro de mí.

Estaba con mis pensamientos, Joel me acariciaba amorosamente y su polla seguía en mi interior sin perder un ápice de dureza. Me besó y me pidió que me quitase de encima suya, pero lo pidió con cariño. Le obedecí y me tumbé a su lado, él se incorporó y me puso en medio de la cama, abrió mis piernas y él se puso en medio. Le mostraba mi coño que soltaba su corrida cayendo entre los cachetes de mi culo a la sábana mientras Joel me miraba embobado.

—Andrea…eres preciosa. Te quiero mucho.

—Gracias mi amor, yo también te quiero mucho.

Vi como ponía sus manos a los laterales de mi cuerpo, lo miré extrañada, pero expectante, miré hacia abajo y vi su glande que se acercaba a la entrada de mi coño de nuevo.

—Joel ¿Qué vas a ha…? ¡¡¡AHHHHHHH…DIOOOOOOS!!!

Me la metió del tirón, casi sin dolor pero la impresión fue bestial. Mi hermano no había tenido bastante y quería seguir follándome y creo que yo tampoco porque fue empezar de nuevo y otro orgasmo se gestaba, tenía escalofríos y la piel erizada. Me abracé a él con brazos y piernas elevando también mis caderas para que la penetración me traspasase, la sensación era brutal, pero mi hermano me abrió aún más de piernas dejándolas a los costados de mi cuerpo, parecía una rana y ahí sí que empezó a follarme con violencia, con penetraciones muy profundas que me llevaron al delirio.

—Joeeeel…no parees…sigueeeee…sigueeeee…fuerte…asiiiiiiii…Dioooos que ricoooooooh…

Me estuvo follando por interminables minutos, me regaló dos orgasmos más y volvió a llenarme de leche. Mi coño ya no admitía más y se desbordaba, me sentía llena, plena, muy mujer y como dije antes muy feliz y esto no había hecho nada más que empezar, a partir de aquí las posibilidades eran infinitas.

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