ALMUTAMID

De camino a la residencia y sobre todo mientras me duchaba empecé a digerir lo que había pasado y no estoy hablando precisamente de la cena. Acababa de cumplir el sueño de mucha gente: un trío. Sin embargo no me sentía como creía que me sentiría si alguna vez se me pasó por la mente poder hacerlo. ¿Dónde estaba el problema? Pues en mis cavilaciones bajo el agua caliente de la ducha exploré el por qué de mis sentimientos encontrados y llegué a varias conclusiones.

No se lo podía contar a nadie. Primero porque seguía siendo en cierto sentido tabú este tipo de actividades, y más en concreto para la “buena fama” de Blanca, a pesar de que sus amigos sabían perfectamente que se estaba tirando a dos tíos a la vez. Sólo le faltaba juntarlos a la misma hora y en el mimo sitio y es lo que había ocurrido aquella noche. Pero eso era algo del ámbito privado que yo no iba a remover.

Además por mí mismo tampoco podía contarlo, pues había presumido con mis amigas de que el tema con Blanca y Dani era agua pasada después del asunto de los hongos. Ahora iba a quedar en muy mal lugar y me iban a decir lo de siempre: que me perdía por un polvo. Así que mi aventura sexual seiba a quedar en mi recuerdo pero sin poder fardar de ella.

Después vino el análisis de lo ocurrido. No sabía si sentirme halagado por ser el elegido o un tonto útil para el plan de la parejita. Que a Dani le ponía ver a Blanca ensartada en otro nabo era evidente. Que quería clavársela en el culo y ella se había negado teniendo en cuenta como la gasta el capitán del equipo y yo podía ser un paso intermedio para comprobar la dilatación de su culo, también parecía evidente. Que ella por su parte me había utilizado desde el principio para llegar a él era algo que cada vez tenía mucho más claro.

Todo el juego de Blanca antes de Navidad. Su apariencia de niña inocente de cuerpo pecador que se arrima a la estrellita del equipo por pura admiración se había caído aquella noche. Ella tenía un objetivo y yo era un medio para llegar a él. Además era consciente de que aquel había sido mi último polvo con ella. Se fue ganado mi confianza aunque para ello tuviera que liarse conmigo para llamar la atención de Dani. Su sorpresa fue que cuando por fin consiguió su objetivo Dani le pidió que siguiera acostándose conmigo. Y ella, que le va la marcha, no se opuso, llamando la atención de Dani de lo zorrita que podía llegar a ser cuando me hizo la mamada en la facultad. Ella ya se encargó de que él supiera que la descubierta había sido ella.

Sin embargo con el tema de los hongos él había marcado distancia. No sólo eso. Había sacado a relucir la importancia de su novia, “la madre de sus hijos” como el muy capullo me había dicho y eso la encorajinó, por eso la mamada aquella en su portal, pues no quería soltarme del todo, y después la confesión de sus sentimientos cuando yo hice saltar la liebre con los hongos. Pero durante el trío había visto entre ellos gestos de complicidad y hasta de cariño que no me esperaba y eso era casi seguramente lo que me había hecho irme cuando volví a la habitación y los vi abrazados acaramelados. Ellos eran la pareja y yo el invitado.

Yo estaba sorprendido de mis deducciones, más propias de un Hercules Poirot o una Miss Marple que de un tío que acababa de celebrar el primer trío de su vida. Pero mi inocencia y sobre todo mi confianza en el otro había sufrido un nuevo revés aquella noche. Si como había reaccionado María jodiéndome mi relación con Marta descubrí que la gente puede ser muy mala cuando creen que alguien les ha utilizado. Y ahí venía mi desazón. Había descubierto que a pesar de que acababa de vivir un acto que muchos tíos de mi edad verían como la culminación de una de las mayores fantasías sexuales, yo había participado utilizado por una pareja sin escrúpulos de ningún tipo.

Admito mi culpa. Haber seguido tirándome a Blanca después de saber que se follaba a Dani era una muestra de ligereza sexual por mi parte. Pero lo mínimo es preguntar. Me habían hecho una encerrona y yo había caído en la trampa sin poner ningún reparo. Me sentía en el fondo tan fácil como Blanca. Aun peor. Ella tenía un objetivo. Yo ni siquiera eso. No tendría que haber ido a esa cena. Pero, ¿cómo explicárselo a mis amigas? ¿Y a Claudia?

No. No podía. Mentiría. Ocultaría lo ocurrido. Pero dentro de mí el daño estaba hecho. Sabía que no podía afrontar a Claudia de la misma manera tras lo ocurrido. El trío me había demostrado que hasta que ella no volviera no debía afrontar más en nuestras conversaciones nuestro futuro. Mi propósito de sinceridad se acababa de caer y si volvía a las mentiras estaba cavando mi propia tumba con ella. Así que aplazaríamos todo hasta mayo. Y no había más culpable de todo que yo mismo.

Por último me quedaba un rescoldo caliente. En el trío había superado varias veces un umbral al que hasta entonces creía que sería ajeno. Ya tuve un amago de trío cuando Leyre me la comió en el poyete de la piscina animada por Pablo. Pero Pablo no me había tocado. En mi mente seguía grabada la imagen y la sensación de Dani agarrándome la polla, pegando la suya a la mía, tocándome las pelotas y hasta embadurnándomela de lubricante. Pero lo que peor llevaba era la imagen de los chorretones de semen de mi compañero de equipo cayendo sobre Blanca y salpicándome a mí. Después me vengué, podríamos decir, pero él no parecía incómodo por aquello.

Y no es que yo pensara que me había cambiado de acera por aquello. Lo viví como parte del trío. No me veía haciendo nada de eso sólo con Dani. Había pasado por estar juntos follándonos a la niña. Pero tantos años de “machito” se me estaban cayendo de golpe. Llevaba duchándome en el vestuario del gimnasio de mi instituto desde que tenía 12 años. Había visto muchas pollas y no niego que alguna vez me fijara más de la cuenta, como me había pasado en su día con el propio Dani. Pero era un gesto de mera comparación. No me atraían los tíos. Sin embargo uno me había tocado, rozado y hasta casi masturbado aquella noche y eso era algo que nunca había pasado por mi cabeza y en ese momento era realmente lo que más me pesaba. Los prejuicios son profundos. Pero le morbo lo había superado.

Al final se notó en mi ánimo lo que había pasado. Y no fue por el trío. Sino por estar decepcionado de mí mismo. No había disfrutado aquello como podría esperarse y además había llegado a la conclusión definitiva con respecto a Claudia: el problema era yo. Si fuese aun el pardillo que llegó a la residencia viviría sólo por ella y para ella. Pero la facilidad con la que me relacionaba con las mujeres de un tiempo a esta parte me hacía caer una y otra vez en relaciones inesperadas. El problema no es que Claudia se enrollara una noche de borrachera con un tío y me lo contara. El problema es que yo me había enrollado con dos tías y no se lo había contado.

Pero es que lo último tenía que ocultárselo a todo el mundo, por respeto a mis compañeros y a mí mismo. Y la sensación de culpabilidad no me abandonaba. Tanto que al final Ángela me encaró. Afortunadamente como yo había dicho que la cena había ido bien y sin sobresaltos nadie relacionó mi estado de ánimo con lo sucedido. Pero sabían que algo me pasaba y fue mi amiga la primera en buscarme una tarde en el dormitorio justo antes de salir a correr.

-A mí no me engañas, Luis. Algo tienes y no sé lo que es.
-Pues no es nada grave. En serio. Yo creo que es el bajón después de los exámenes. Me vendrán bien las vacaciones de Semana Santa.
-¿Es por Claudia?

Me quedé callado.

-Es eso. Te ha pasado algo con ella y no nos lo quieres contar.-insistió.
-No quiero ir como alma en pena dándoos penita.-me excusé.
-Qué idiota eres. Para eso están los amigos. Y las cosas si se cuentan se sobrellevan mejor.
-Pero no quiero aburriros con mis historias.
-Tampoco me gusta verte así. ¿Qué ha pasado esta vez?
-Bueno. No ha sido ella. Bueno, sí ha sido ella, pero en realidad he sido yo.
-Vaya trabalenguas, colega, jajaja. Aclárate.-me rogó.
-Uff. Verás. Cada vez que yo le insisto con el tema de volver ella me da una larga cambiada. Y además me dice que hasta que no vuelva no hablemos del tema.
-Normal…
-Ya pero eso no es el problema.
-¿Entonces?
-Pues el problema es que me he dado cuenta de que no soy capaz de llevar una relación a distancia.
-¿Y por eso estás así?
-Mi plan era reconquistarla antes de que volviera.
-Que antiguo, jajaja. Reconquistarla como si fuese un castillo.
-Dura es, jajaja.-reí rascándome la cabeza- Pero me he dado cuenta que es absurdo porque fijo que la cago antes de que vuelva. Y paso de engaños y malos rollos.
-Pero eso que dices está muy bien, Luis.
-Pero si no estoy por ella y me abro a otras relaciones sé que nunca más volveremos.
-¿Por qué no dejas de aferrarte a un sueño y vives tu realidad del día a día?-preguntó Ángela.
-Porque sé que en medio surgirán otras posibilidades.-dije con tristeza recordando como llegué a plantearme una relación seria con Nieves.
-Pues claro. Y ahí está lo bueno. Mira si cuando vuelvas vives locamente enamorado de ella tírate de cabeza. Pero aquí sin hacer nada y viviendo de fantasmas. Luis, vive la vida.

“Si tú supieras” pensé. “He vivido más de la cuenta para estar enchochado con Claudia”. Pero entonces la pinché:

-Bueno. ¿Y tú? Te has pasado un montón de tiempo yendo y viniendo con Miriam.
-Pero eso es agua pasada. Yo estoy abierta a otras relaciones.
-Pues saliendo con nosotros lo llevas complicado.
-No creas.

La miré extrañado sin entender lo que me quería decir y ella se explicó al ver mi cara de extrañeza:

-Bueno. Estoy hablándome con una chica.
-Vaya. ¿Y dónde las ha conocido?
-Pues. Entre tú y yo. Pues la he conocido en una app de contactos.
-Ja. No pierdes el tiempo. ¿Y es guapa?
-Espera.

Angela sacó su móvil y buscó una foto de una chica que me recordaba muchísimo a ella misma, delgada, bajita, poco pecho pero muy mona de cara.

-Qué desperdicio…-dije.
-¿Qué dices?- me preguntó extrañada.
-Pues, dos tías buenas echadas a perder con un rollo boyo.

Ángela me dio un manotazo en la barriga.

-Pero serás idiota, jajaja.- y empezó a hacerme cosquillas en la barriga como aquel día en casa de Marta.
-Para, para, por favor. Sabes que no lo resisto. Me terminaré meando.
-Te lo mereces por idiota.
-Era una broma, jajaja. En serio, para…- le pedí agarrándola para que se detuviera.
-Jajajaja. ¿Te parece guapa entonces?
-Mucho.
-¿Tú la conocerías?
-No he hablado con ella. Eso lo debes decidir tú, pero por la foto. Mejor me callo no te pongas celosa…
-Vale. Jajaja. ¿Ves Luis? Hablar las cosas ayuda. Yo te he ayudado y tú me has ayudado.

Nos dimos un abrazo de amistad pero aprovechando le di un cachete en el culo repitiendo:

-Qué desperdicio…

Ángela me dio un golpe en el pecho separándose de mi riendo.

-Mira que eres tonto, jajaja.

Que bien me venían las charlas con Ángela. Realmente mis pensamientos tras el trío con respecto a Claudia no eran pesimistas respecto a ella, sino respecto a mí. Pero mi compañera de residencia siempre me aportaba otro punto de vista. Faltaban tres meses para que Claudia volviera y yo no podía vivir todo ese tiempo en ascuas. Tenía que dejar que las cosas fluyeran y que el tiempo dijera. Si a su regreso todo iba bien retomaríamos. Pero mientras tenía que vivir y salir. Y si surgía algo pues probar. No cerrarme a otras opciones sólo por esperar como decía Ángela a un fantasma.

Desde luego lo de abrirme a otras opciones no incluía repetir trío con la “parejita”. Me habían utilizado para sus juegos poniéndose a prueba y yo me había prestado ignorantemente. Pero ahora que ya lo sabía lo iba a evitar. Blanca ya le había demostrado a Dani de cuanto era capaz por complacerlo. Yo ya no era necesario. Sabía que ella no me iba a buscar más. Pero él podría tener en mente repetir. A saber. Eso sí que era agua pasada. Y me hacía sentir como un pardillo de nuevo a pesar del motivo que lo había provocado. Otra cosa es si dos chicas se lo querían montar conmigo, jajaja. A eso quizá no me negara. Deja de soñar Luis…una cosa es dar por finalizado el duelo por Claudia y otro venirte arriba con imposibles.

Los seres humanos somos optimistas por naturaleza y pese al pesimismo que me embargaba respecto a mis posibilidades con Claudia, más preocupado desde el trío de mí mismo que de ella. Era consciente que si me ponía pesado la iba a cagar, pero si mantenía con ella la relación de amistad dejando de lado nuestro asunto pendiente hasta su vuelta la llama permanecería viva. Y como me había aconsejado Ángela iba a estar abierto a otras posibilidades aunque en realidad no iba a buscarlas. Si se me cruzaba alguien válido no me cerraría por resucitar mi relación con Claudia. Dudaba yo que realmente eso llegara a ocurrir salvo que alguien de mi entorno cercano diera algún paso. Cuestión que veía difícil. Nunca fui ligón de discoteca y no iba a empezar a serlo ahora.

Con ese convencimiento mi carácter volvió a su naturaleza habitual. Ninguna otra de mis amigas me preguntó más por lo que me pasaba y no sé si Ángela les contaba algo de nuestras conversaciones. De hecho teníamos que hacer un trabajo para entregar antes de Semana Santa y las dos tardes que quedé con Marta no sacó el tema en ningún momento aunque sí la noté especialmente risueña y fácil al gesto amable y a los abrazos.

Todo ello me permitió recuperar aquella rutina que tan bien me venía. Eran los sobresaltos y cambios bruscos los que terminaban provocándome mis caídas en el estado de ánimo. Sin embargo, los quehaceres diarios con la buena compañía de mis amigas, mis ejercicios de la tarde y los entrenamientos y partidos con el equipo me mantenían a flote. Pero el equipo era otro de los frentes abiertos pues me resultó fácil esquivar a Blanca, bueno o ella a mí. Pues no me la crucé por la facultad en los siguientes días. Pero a Dani se me lo iba a encontrar y yo no sabía que actitud tener con él.

El primer entrenamiento tras el trío fue absolutamente normal. Hasta cordial diría yo en su trato. Como si no hubiera pasado nada o simplemente lo que había pasado no le suponía ningún cambio de actitud hacia mí. En todo caso su actitud era de cercanía y cordialidad. En ningún momento buscó la complicidad ni apartarse para comentarme nada en privado. Nadie del equipo viéndonos podría sospechar lo que había ocurrido el fin de semana anterior en el apartamento de Dani.

Esa cordialidad se materializó el jueves en una nueva victoria en liga. Aunque volvía a estar negado de cara a gol volví a hacer jugadas de mérito con rápidos cambios de ritmo al contraataque y pases en boca de gol a compañeros. Me sentía recuperado ya de mi lesión al 100% y aunque la anchura de mis brazos y como se habían empezado a marcar mis pectorales y hombros tras más de un mes de muletas y ejercicios del tronco superior apenas había cambiado, me sentía rápido de nuevo. Y ello se notaba en mi juego. Ganaba confianza y me atrevía a regates y pases que apenas un mes antes me parecían imposibles. Todo ello también influyó en sentirme importante y no el mero convidado de piedra de una pareja liberal o el tío incapaz de mantener una relación seria con la chica de sus sueños.

El único momento en que sentí cierta incomodidad con Dani fue tras el partido del jueves cuando en las duchas se acercó a felicitarme en bolas recordándome algunos momentos del trío que según pasaban los días se hacían más incómodos en mi memoria. Pero la brevedad del momento delante de todo el equipo y la velocidad con la que me duché y vestí para llegar al pub hicieron pasajera la molestia. Además en el bar estaban mis amigas y gran parte de la hinchada femenina. Con la victoria de aquel día nos poníamos a 3 puntos de los líderes, como siempre los de Educación Física, y precisamente jugábamos con ellos el siguiente partido, último previo al descanso por Semana Santa. De modo que de nuevo aspirábamos al título y eso había removido a nuestras supporters que volvían a llenar las gradas del polideportivo universitario. Mucha gente se preguntaba como por qué éramos el equipo con más seguidoras cuando los cachas de Educación Física estaban más buenos. La respuesta era bastante sencilla: nuestra facultad era eminentemente femenina.

La actitud de la parejita me hizo confiar en que el trío era una experiencia que supondría una muesca en mi listado de actos sexuales, pero no iba a tener más repercusión. No sé si ellos habrían sacado alguna conclusión o si el trío los había unido más o separado. A mí me había separado definitivamente de ellos. O al menos era mi intención. Y su actitud parecía ir por la misma dirección manteniendo la cordialidad y la buena educación.

Además el fin de semana me lo tomé con tranquilidad. Poco que estudiar, mucha cama de dormir, cafelitos y cerveceo por la noche. Ángela además iba a quedar con la chica de la app de citas para conocerse, Miriam estaba bastante independiente últimamente y Marta me acompañó el sábado por la noche a tomar unas cervezas con Lourdes y Víctor pues el otro plan era salir con Silvia y Marcos. Yo sé que Lourdes siempre había sospechado que Marta y yo tendríamos algo, pero mi polvo con Blanca en la residencia, grititos incluidos, había despejado de su mente esa idea. Y como la chica le caía bien no ponía reparos en quedar con ella, cosa que sí hacía a quedar en grupo. Ya sabemos los reservada que es nuestra futura doctora. Aunque no preguntaba mucho a Víctor por su relación me chocaba que hacía tiempo que no me pidieran el dormitorio cuando sabían que Marcos dormía fuera los findes. Tampoco yo era tan cotilla pero sospechaba algo raro.

Sin embargo, aquella noche Marta se mostró muy cariñosa con todo el mundo. Se portaba conmigo como si fuésemos pareja pero sin tocarnos. Percibía un cambio en su actitud desde hacía días que no entendía, pues no me había dicho que hubiera conocido a nadie y además yo seguía dudando que sus sentimientos respecto a mí tuvieran nada que ver. No terminaba de creerme que conocedora de mis últimas aventuras salvo el trío y pensando ella como pensaba con respecto a las relaciones pudiera ver en mí o esperar de mí algo más de lo que ya teníamos. Aunque tampoco niego que por la facultad corría el cotilleo de que éramos pareja en secreto y que todavía nos escondíamos de María.

Marta se reía con las habladurías y se metía conmigo diciéndome que “No me iba a comer una rosca en la facultad si se creían que éramos novios”. Yo con mi coña habitual le recordaba que “si éramos novios teníamos que echar algún quiqui de vez en cuando”. Nos reíamos mutuamente la gracia y no pasábamos de ahí. Por lo que cada vez alejaba más de mi cabeza la idea de que Marta quisiera cambiar de estado civil conmigo.

Recuperaba la placidez de nuevo en mi vida hasta que una tormenta volvió a sacudirla.

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