ANDER MAIS

Capítulo 8

¿Una Cómplice?

Me metí en la cama consciente del gravísimo error que había cometido y que tenía que solucionarlo cuanto antes. Pero no esa noche. Si Natalia se enteraba, era algo que no podría justificar y el lío en el que me iba a meter iba a ser espectacular. Me costó dormirme y, al día siguiente, me desperté al sentir a Natalia hacerlo para dirigirse al baño.

Era ya media mañana y decidí levantarme yo también. Miré con algo de temor mi teléfono y, afortunadamente, Alicia no había vuelto a dar señales de vida. Mi imaginación volvió a jugarme una mala pasada y no pude evitar recrear la imagen de Alicia masturbándose mientras sostenía sus propias braguitas, manchadas con mi semen. Fue inevitable que mi polla reaccionara y en el peor momento posible.

—Vaya… cómo nos levantamos hoy… —dijo Natalia tocando mi polla dura—. Pero ahora no va a poder ser, cielo… Tenemos que arreglarnos y salir para casa de mis padres, que hoy nos toca comer con ellos…

Ya ni me acordaba. Una vez al mes, íbamos a comer con sus padres que vivían en la otra punta de la ciudad, en un barrio de las afueras, y a Natalia le gustaba ir con tiempo, disfrutar de la compañía de su madre y hablar de sus cosas y, como no saliéramos pronto, apenas íbamos a poder estar con ellos. Natalia tenía razón, no había tiempo para aquello. Me di una ducha rápida, comí algo y salimos hacia casa de sus padres.

Por el camino, Natalia iba escribiéndose con alguien y las dudas se apoderaron de mí, haciendo que me preguntara con quien debía estar escribiéndose. Podía ser cualquiera y, la verdad, es que ninguno de los nombres que se me pasaban por la cabeza, me tranquilizaban. Antes de llegar a nuestro destino, Natalia me desveló el destinario de sus mensajes.

—He estado hablando con Alicia y al final hemos quedado para esta tarde para tomar algo… Sería a eso de las seis, así que tenemos tiempo de sobra… ¿Te apuntas? —me preguntó.

Dudé. Podía ser una buena oportunidad para estar cerca de Alicia, controlar que no dijera nada a mi chica y aprovechar algún momento para dejar las cosas claras. Pero, por otro lado, tampoco quería inmiscuirme en su relación ni tenía claro que estar cerca de Alicia fuera una buena idea.

—Creo que no… —contesté—. Id vosotras y así habláis de vuestras cosas…

—Cómo quieras… pero sabes que si no vas vamos a hablar de ti, ¿no? —dijo picándome.

—Miedo me dais… —bromeé—. Pero, en serio, ve tú sola… Parece que os lleváis genial y te viene bien salir con una amiga… desde lo de Andrea…

—Calla, calla… —dijo molesta al nombrar a Andrea—. ¿Te puedes creer que el otro día me llamó?

—¿Ah sí? —dije sin comprender—. ¿Y qué tiene eso de malo?

—Pues que no lo hizo ni para saber cómo estaba, ni para interesarse por si ya tenía trabajo o si seguía viva o muerta… —dijo enfadada—. Solo quería saber si yo tenía el número de Víctor para llamarlo… ¿Te lo puedes creer?

Ahora entendía por qué estaba molesta. Ya le había jodido que Víctor se acostara antes con Andrea que con ella y ahora, Andrea, la llamaba pidiéndole el teléfono y todos sabíamos con qué intenciones.

—Entonces… —dije recordando que nunca llegó a confirmarme si se habían acostado o no—. ¿Sí lo hizo? ¿Se acostó con Víctor?

—Eso parece… —respondió evidenciando su malestar—. Y, por lo visto, querrá repetir…

—¿Y se lo diste? El número de Víctor, digo…

—¡No! —respondió con rabia—. ¡Que se joda!… Además, no creo que él quiera volver a verla… No tiene pinta de ser de los que repiten con la misma mujer…

Yo callé mientras asimilaba sus palabras. En solo una frase, dicha por la rabia, Natalia se había delatado. Primero, no negando que tuviera su número, cosa que a mí me había dicho después de su encuentro en la cafetería y que sabía que no era cierto. Segundo, que de una manera u otra habían hablado o, si no, ¿por qué iba a saber Natalia que no quería volver a acostarse con Andrea? Y, tercero, esa última reflexión suya me hizo pensar que, o había intentado volver a quedar con él o Víctor había sido tajante en lo de volver a quedar si no estaba yo presente, como me había prometido.

En cierta manera me reconfortó saber que Víctor había mantenido su palabra y que no pensaba volver a acostarse con mi chica a no ser que yo estuviera delante. Aunque, claro, tampoco sabía por cuanto tiempo iba a estar vigente esa promesa. Pero también me dolió la forma de expresarse de mi chica, mostrándose celosa por el interés de Andrea y veladamente decepcionada por no haber conseguido repetir con Víctor.

El resto del día transcurrió sin mayores novedades. Llegamos, comimos con sus padres y disfrutamos de una agradable tarde con ellos. Natalia, creo que consciente del error que había cometido, se mostró más cariñosa que otras veces y más atenta conmigo. Antes de las cinco, nos despedimos de ellos y regresamos para llegar con tiempo a su cita con Alicia.

Como llegamos algo justos de tiempo, la dejé en la misma puerta de la cafetería donde había quedado con ella y yo regresé a casa. Allí, solo, pensé en cómo abordar el tema de Alicia. Se me había ido de las manos por completo y tenía que pararlo ya. Una cosa es que ella me cayera bien, que me gustase, pero entre ella y yo no podía haber nada. Yo quería a Natalia y aquello solo me iba a traer problemas.

Decidí que esa misma tarde, de una manera u otra, acabaría con aquel asunto. Salí de casa y me dirigí a la cafetería donde mi chica y Alicia habían quedado. Aún seguían allí, sentadas dentro, junto al ventanal, y parecía que con pinta de estar pasándoselo bien. Mi idea era esperar a que se separasen y entonces abordar a Alicia, hablar con ella de manera franca y dejar las cosas claras.

Metido dentro del coche, observando como ellas conversaban, a veces más serias, otras más alegres, pasaron los minutos y las horas. Al fin, casi a las ocho, las vi levantarse de la mesa e ir hacia la salida. En la puerta, siguieron hablando un rato hasta que se despidieron, tomando cada una un camino distinto.

Ahora era mi momento. Cuando vi a Natalia alejarse lo suficiente, arranqué el coche y seguí a Alicia durante un breve tiempo hasta casi estar a su altura. Entonces me acerqué a la acera, bajé la ventanilla y la alerté de mi presencia.

—Alicia… creo que tú y yo debemos hablar… —le dije de forma seria.

Ella no dijo nada, solo abrió la puerta y se metió dentro del coche. Aunque algo seria, parecía tranquila, nada nerviosa y menos sorprendida de mi presencia allí.

—¿Y bien? —me preguntó nada más arranqué—. ¿Quieres hablar aquí o vamos a un lugar más tranquilo?

—Aquí está bien… —afirmé pensando que, mientras siguiera conduciendo, no corría peligro que ella pudiera intentar algo—. Quiero que queden las cosas claras entre nosotros, Alicia… Lo de anoche… fue un error, un lamentable error… No quiero hacerte daño ni crearte falsas expectativas, Alicia… y creo que lo estoy haciendo al no dejarte las cosas meridianamente claras…

—Tengo las cosas muy claras, Luis, aunque tú no lo creas… —respondió sin dejar de sonreír—. Sé que estás con Natalia, que la quieres y ella a ti, que entre nosotros no va a pasar nada aunque los dos deseemos que sí pase, pero no lo haremos por ella, por tu chica… porque los dos la queremos aunque cada uno a su manera: tú como novia y yo como amiga… Y lo que hemos hecho, considéralo un juego, morboso y divertido…

—¿Un juego? —dije algo alterado—. Por dios, Alicia… si hubiera sido Natalia la que hubiera encontrado tus braguitas…

—No hubiera pasado nada, créeme… —dijo con tranquilidad—. Estaban mojadas, las dejé allí para que se secaran y, con las prisas, se me olvidaron… ¿ves? Si hay hasta una explicación lógica para ello… Pero bueno, me gustó más que las encontraras tú y las usaras como hiciste… ¿Lo pasaste bien? Porque yo te aseguro que lo hice mientras me acordaba de ti follándote a Natalia de aquella forma tan brutal… mmm… Madre mía, ¡menudo polvazo!… Follas muy bien.

—¡Alicia! —grité algo enfadado—. Esto es serio ¿vale? No puede seguir así…

—Vale, vale… —contestó recobrando la compostura—. Tienes razón… quizás no debí hacerlo, pero debes comprender que, veros así, me puso muy cachonda y en aquel momento no me pareció tan mala idea… No volverá a ocurrir, Luis… Te lo prometo…

—Eso espero… —dije algo más calmado.

—Mira, Luis… yo, ante todo, quiero ser tu amiga y, si algún día surge algo más, pues ya se verá… pero entiendo que ahora no es el momento, que estás con Natalia y os va bien y no os quiero causar más problemas de los que ya os estoy causando ya… —comentó Alicia con la mirada perdida.

—¿Qué quieres decir? ¿De qué problemas hablas? —pregunté extrañado.

—Ya sabes a qué me refiero, Luis… Está claro que Natalia siente celos de mí… y no la puedo culpar…

—Ella no… —empecé a decir aunque fui rápidamente acallado por Alicia…

—No lo niegues, Luis… —me interrumpió—. Es evidente y, además, ella me lo ha dicho, ¿vale? Es una de las cosas que hemos estado hablando hoy…

Yo la miré, sorprendido por aquella revelación suya, no dando crédito a que Natalia le hubiera contado algo así a Alicia.

—¿En serio? ¿Ella te lo ha dicho? —dije incrédulo.

—Ajá… y muchas más cosas… —dijo con una sonrisa que hizo ponerme nervioso.

—¿Qué cosas? —inquirí de forma inquisitoria.

—Eso no te lo voy a decir, Luis… Seria romper su confianza y, como amiga, no puedo hacerle algo así a Natalia… —respondió con firmeza—. Lo único que te puedo decir es que Natalia quiere pasar página, superar sus miedos y por eso me ha contado lo de sus celos… No sé si lo sabes, pero ella lo pasó fatal en su momento con una pareja suya por el mismo tema y no quiere acabar así…

—Kike… —dije recordando a su ex.

—El mismo… Veo que Natalia te ha hablado de él… —dijo sorprendida Alicia.

—Bueno… no mucho, la verdad… Solo algunas pinceladas que no lo dejan en muy buen lugar y que, creo, es lo que ha hecho que Natalia sea así ahora… —le aclaré.

—No vas muy desencaminado, Luis… Pero no solo fue él, todo hay que decirlo… —dijo torciendo el gesto.

—¿Qué quieres decir? No te entiendo… Pensaba que Kike era un cabrón y que por eso Natalia era tan reservada y se comportaba así…

—Sí y tienes razón en lo que dices pero, como en todo, las cosas no son siempre como parecen… No todo es blanco o negro, hay matices entre ellos… —dijo Alicia haciéndome recordar que, esas mismas palabras, son las que ella había utilizado para justificar a Tomás la otra noche—. Lo que quiero decir es que, aunque buena parte de la culpa la tuvo él, hubo más factores, más personas implicadas… y sí, Natalia también tuvo su parte de culpa en lo que sucedió…

—Joder, Alicia… —dije exasperado—. ¿Más gente? ¿Quiénes? ¿Y qué quiere decir eso de que Natalia también tuvo su parte de culpa? No puedes dejarme así…

—No… no creo que deba decirte más si ella no lo ha hecho… —dijo dubitativa—. Creo que debería ser ella la que te lo contara…

—Pero no lo hará… —dije intentando presionarla—. ¿Por qué iba a hacerlo? Si después de tanto tiempo no me ha dicho nada, ¿por qué ahora sí? Y, además, no hace falta que me cuentes nada de Natalia si así te sientes más cómoda o tranquila… así no faltarás a tu palabras o pacto entre chicas… solo háblame de Kike o de esas terceras personas… con ellos no tienes ningún compromiso, ¿no?

Vi las dudas reflejadas en el rostro de Alicia y supe que había dado en el clavo, acertado en mis argumentos y que, quizás, conseguiría que ella se abriera y me contara algo del pasado de Natalia que pudiera darme una pista sobre el comportamiento de mi chica y cómo afrontar nuestro futuro, nuestra vida en común.

—Bufff… puede que tengas razón… pero no sé si está bien, Luis… —contestó indecisa—. Déjamelo pensar… dame un tiempo para ello, ¿vale? Quizás hasta pueda convencer a Natalia para que sea ella la que lo haga…

—Eh… vale… lo entiendo… —dije algo desencantado. Dudaba que pudiera convencer a mi chica y, si lo hacía, me temía que me contara alguna versión edulcorada como había hecho con sus affaires con Riqui y Víctor.

A todo esto, habíamos llegado a la puerta de su casa. Aparqué el coche y esperé a que Alicia saliera de él. Ella aun parecía estar meditando en lo que habíamos hablado y aparentemente ajena a que habíamos llegado a su casa. Cuando lo hizo, pareció sobresaltarse y se desabrochó el cinturón, dispuesta a salir del coche.

—Bueno… —dijo mirándome antes de hacerlo—. Será mejor que me vaya… Natalia te estará esperando en casa…

—Seguramente… —dije sin saber muy bien qué decir para saber cómo estaban las cosas ahora entre nosotros—. Entonces… nosotros… ¿estamos bien? ¿Seguimos siendo amigos?

—Eso siempre, Luis… —dijo sonriendo de nuevo—. Y, que dejemos de lado nuestros juegos, no significa que hayas dejado de gustarme…

—Alicia… —la reprendí aunque sin demasiado ímpetu.

—Mira, Luis… —dijo Alicia con absoluta seguridad—. Esto, es algo temporal… aunque ahora me aparte por el bien de vuestra relación, sé que es algo transitorio, no definitivo… Conozco a Natalia, sé cómo es y, por mucho que diga que quiere cambiar y yo te juro que intentaré que sea así, sé que no lo hará, que volverá a las andadas… Solo quiero que recuerdes entonces, cuando todo estalle, cuando todo salte por los aires, que yo siempre estaré ahí para ti, para apoyarte, para reconfortarte y para rehacer el corazón que Natalia habrá destrozado… Porque lo hará. Siento decírtelo pero lo hará… Y la culpa no será mía, ni tuya ni de nadie… Solo suya, solo de Natalia…

Antes que pudiera reaccionar, Alicia se acercó y me dio dos besos en las mejillas; castos, de amigo, sin segundas intenciones. Salió del coche y se adentró en el edifico donde residía, mientras yo, atónito por sus palabras, seguía incapaz de reaccionar.

Aquella conversación, en lugar de aclarar las cosas, me había dejado con una desazón terrible. Los desalentadores augurios de Alicia, no por desconocidos, me dejaron un sinsabor y un desánimo difíciles de asumir. Ya en su momento, Erika me alertó de algo parecido pero, escucharlo de esa manera tan despiadada de boca de Alicia, una persona a la que le gustaba al parecer y con la que tenía cierta complicidad, fue un golpe demoledor y cruel.

Las dos me habían alertado del pasado de Natalia; un pasado que desconocía pero que, cada poco, aparecía como una sombra sobre mi vida y empañaba de forma funesta mi relación con Natalia. Y, por mucho que lo intentaba, nunca conseguía averiguar nada de él. ¿Qué había pasado en él? ¿Qué había hecho Natalia para que tanto Erika como Alicia desconfiaran de ella y no vieran futuro a lo nuestro?

Desesperanzado y con el ánimo por los suelos, regresé a casa donde debería estar esperándome mi chica, la cual me extrañaba que aún no me hubiera llamado o mandado algún mensaje para saber de mi paradero al no encontrarme en casa. Al aparcar el coche y coger el móvil antes de subir a casa, vi que sí que lo había hecho. Me había mandado un mensaje media hora antes y, concentrado como había estado con las confesiones de Alicia, ni me había percatado de ello. No contesté ya que en apenas unos segundos me iba a reencontrar con ella.

—Hola, cielo… —dijo la voz de Natalia desde el salón al escuchar las llaves—. ¿Dónde estabas? Me ha extrañado no encontrarte cuando he llegado…

—He salido a dar un paseo… —le mentí—. Me aburría aquí solo y así hacía un poco de ejercicio… ¿Qué tal tu tarde con Alicia?

—Genial… —dijo contenta sin levantar la mirada del portátil—. Tenías razón… necesitaba una amiga con la que poder hablar de mis cosas y Alicia es perfecta para ello… Sabe escuchar y da buenos consejos… No sé cómo he podido vivir tanto tiempo sin saber de ella… jajaja… Menuda diferencia con Andrea y con Erika… Y, además, esta te cae bien no como las otras ¿verdad?

Natalia, por primera desde que había entrado, me miró y me pareció verla más tranquila, más relajada. Parecía como si se hubiera quitado un peso de encima. Y eso me hizo preguntarme hasta dónde habría llegado mi chica a la hora de sincerarse con su amiga. Algo me hacía temer que mucho, quizás demasiado.

—Más que Andrea ya sabes que sí… —contesté—. Me alegro que lo hayáis pasado bien, cielo…

—¿Pero? —dijo Natalia girándose hacia mí—, porque, por la forma en que lo has dicho, parece que hay un pero… ¿qué pasa? ¿Ya no te gusta Alicia o qué?

—No, no… —negué tajantemente—. Solo es que me sorprende tanta confianza con ella, eso es todo… Ya sé que os conocisteis en la universidad y eso, pero nada íntimo, ¿no? Solo amigas de fiesta, creo entender… y después, pues nada hasta hace un par de semanas cuando os reencontrasteis por lo del trabajo… No sé… con Andrea, por ejemplo, habéis sido amigas durante más tiempo y no recuerdo que hablaras así de ella…

—Ya, supongo que visto desde afuera puede ser así, pero yo lo siento de forma distinta… —me aclaró Natalia—. Andrea, como Erika, siempre han sido algo egoístas, poco dadas a escuchar y más pendientes de ir detrás de algún tío que otra cosa… Siempre me he sentido algo apartada junto a ellas, como algo secundario… No sé si me entiendes…

—Creo que sí… —dije tratando de ponerme en su piel—. Una amistad superficial, de interés…

—Sí, eso es… —dijo afirmativamente—. Y Alicia no es así… Supongo que también por cómo era cuando era jovencita… ya te dije que antes no era como ahora, por eso me costó reconocerla… era una chica más rellenita, aunque igual de simpática y lanzada que ahora, y supongo que, como el físico no le ayudaba mucho a la hora de ligar, pues se ganaba a la gente de esa manera… y te aseguro que le iba bien… jajaja… Menuda era ella pese a no estar buena… Miedo me da verla ahora en acción…

—¿Ligaba mucho? —pregunté buscando si así conseguía que Natalia se abriera y me contara algo de su pasado.

—A ti te lo voy a contar… jajaja… no, no, no… —negó con rotundidad—. Las chicas tenemos un código entre nosotras… lo que ocurre mientras estamos de fiesta, ahí se queda… y no voy a ser yo quién rompa esa regla… Si tanto te interesa, pregúntale a ella…

—Quizás lo haga… —la provoqué.

—Capaz te veo… —dijo escudriñándome pero sin aparente enfado—. En fin, que Alicia es de otra manera y, aparte, hemos coincidido en otra época de la vida, más maduras y con experiencias comunes que hacen que nos sintamos más unidas, más cercanas… No sé, ha sido algo natural y ha surgido así, sin buscarlo… Sé que es complicado de entender…

—No te creas… —le dije mientras pensaba en la complicidad que había tenido con Víctor, un hombre tan distinto y mucho más mayor que yo y, a pesar de ello, con quién tantas cosas había compartido en muy poco tiempo, novia incluida—. Me alegro por ti cielo… de verdad… sin peros…

—Gracias, amor… —dijo levantándose y dándome un beso—. ¿Cenamos?

Yo afirmé y Natalia, alegre, salió camino hacia la cocina. Yo, de pie y pensando en todo lo que me había ocurrido durante los últimos días, me dejé caer en el sofá, súbitamente agotado y sobrepasado por los acontecimientos. Delante de mí, el portátil que Natalia acababa de cerrar justo antes de salir del salón.

Unas ganas imperiosas de saber qué había estado haciendo Natalia durante mi ausencia, hizo que cometiera una locura. Mirando de reojo hacia la cocina, abrí el portátil y busqué en el historial lo que Natalia había estado mirando hasta hacía unos escasos minutos. Y lo que vi, me dejó sin aliento.

“CoupleS”

Club Swinger

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