ESTRELLADELASNIEVES & PARALAALEGRÍA

Capítulo final, escrito por ESTRELLADELASNIEVES, del relato Cristina y Marcos

Qué relativo es todo en la vida, mientras unos disfrutan de los placeres más mundanos  otros vuelven a la tierra,     “polvo eres y en polvo te convertirás”.

                Sentado en mi sillón favorito, en mi casa, en el lugar, para mí, más valioso y hermoso del mundo, saboreando una exquisita copa de coñac, así me encontraba aquel 31 de julio, un día agotador de pleno verano, de esos días abrasadores por el sol de mi Andalucía, cuando la preciosa Granada se derrite esperando el frescor que le ha de llegar cuando el sol se oculta y la noche baja de la Sierra al llano. Mientras, en ese justo momento, en el cementerio de San José se estaría llevando a cabo la ceremonia religiosa, recordando a un gran hombre, a un mejor padre, a un extraordinario marido, al más cabrón de los amantes. En ese instante no pude ni quise reprimir mi risa, y levantando mi copa brindé, brindé por tantas cosas como había vivido, por todas aquellas que había callado y por todas esas que me cubrieron de mierda mientras miraba para otro lado

–  Va por ti, Roberto.

Desde la mañana del treinta,  media Granada pasó por la sala dos del tanatorio que acoge el entorno de la Alhambra. Roberto no era una persona que pasara desapercibida para nadie tanto por su profesión como por sus negocios en general, además de que su suegro, muy conocido en toda la costa y del que él era uña y carne, no era una persona indiferente pues despertaba a partes iguales tanto envidia y admiración como odio. Así que estoy completamente seguro que  no a todo el mundo le produciría indignación la muerte violenta de Roberto. No, seguro que no, y si no, que me pregunten a mí.

Cuando se conoció su muerte, fue un terremoto emocional lo que se produjo en una ciudad, relativamente pequeña y encantadora pero con aires compartidos de grandeza y de chabacanería, donde las noticias escabrosas no pasaban desapercibidas para nadie. Cuando llamaron a nuestra oficina para comunicarlo, cuando se conoció la noticia, comenzaron los chillidos, los desmayos, el desconcierto, la rabia mezclada con ironía. Todos se preguntaban ¿cómo era posible que eso sucediera si Roberto se llevaba bien con todo el mundo? Y yo mismo me respondía, “que pregunten. Muerto está, ¿será por algo?

Cristina recibió la noticia casi de forma súbita pues su secretaria tenía orden expresa de comunicarle cualquier cosa, por muy insignificante e intrascendente que fuera, si Roberto no podía recibirla, y estaba claro que en este caso iba a ser difícil darle la noticia al jefe. ¡Otra sonrisa por mi parte!

Cristina tuvo que ser atendida por una fuerte crisis nerviosa, comenzaba a representar su papel, sin haber estado preparada para ello, más bien parecía ella la viuda que la cuñada. Sin embargo, cuando fue consciente de la situación, pasado ese primer impacto que provocó en todo el mundo, ella, que era tremendamente inteligente, decidió asumir ese papel secundario que le correspondía y, en consonancia, actuó como una auténtica hermana frente a la principal viuda y como una auténtica tía frente a su sobrino.

Cuando fueron pasando las horas y todo el mundo comenzó a tomar conciencia de la realidad que se estaba viviendo, Cristina me buscó sin encontrarme entre los dolientes de la familia por lo que comenzó lo que yo esperaba, la primera de las innumerables llamadas recibidas ese día y el siguiente, pero para eso yo ya estaba preparado pues previamente apagué el móvil, dejándolo guardado en mi mesita de noche, así evitaba la tentación de cogerlo.

Mientras, la familia recibía mil visitas, mil abrazos, mil consuelos. Sí, sí, todo lo que vosotros queráis pero yo bien sabía que ya le habían quitado las pulgas al perro. Y en los momentos de tranquilidad ya se encargaba mi suegro de preguntar por mí, no porque tuviera necesidad alguna de mi presencia sino para evitar habladurías, que en eso era muy mirado. Y Cristina desesperada no dejaba de llamar, por lo que si desconcertada estaba con lo ocurrido con su cuñado no lo era menos por mi ausencia. ¿Me necesitaba? No, vamos, yo no lo creo, o al igual que su padre también me echaba en falta para estar detrás de ella consolándola y para atender a las visitas menos importantes, vamos, para quitarle a los coñazos. Y así hasta que llegó el momento tan duro por el que todos hemos de pasar, hasta D Rafael que no tenía pensado morirse, también tendría que recorrerlo, ¡ojala que sea pronto!, y todos lloraban con auténtico desconsuelo, siendo pura falsedad, al menos por mi parte si estuviera presente, así lo haría; por eso no lo estoy, por eso me tomo una copa a su salud, -es una ironía-, porque dice el pueblo, que en eso es muy sabio, que quien va a un entierro y no bebe vino es porque el suyo viene de caminoAsí que para desdecir a la sabiduría popular, yo me estaba tomando una copa a la salud de mi cuñado.

Con la copa en la mano y con la música tan relajante que acentuaba el efecto del alcohol, me estaba entrando hasta sueño, y no pude reprimir la sonora carcajada que llegué a emitir. Así que me levanté para ir a orinar pero maldita sea, ¿será posible que me costaba hacerlo pues se me había puesto morcillona? Ufff, esto no tiene buena pinta me decía a mí mismo de forma socarrona, ¿mira que si es algo malo? Por eso me eché sobre la cama desnudo de cintura para abajo y comencé a darle suaves masajes a mi lastimada cola para calmarla, pero aquello tendría que ser algo muy grave porque en vez de bajar la inflamación terminó por ponerse tan dura que hasta me dolía. Mira, parece que siento alivio cuando la cojo con fuerza entre mi mano y actúo en ella como si fuera una zambomba, y cada vez sentía más necesidad de subir y bajar, subir y bajar y el final lo veía ya cercano y algo me recorría todo mi cuerpo, ¿sería la muerte?, que me tensaba y me llevaba en volandas hasta el paraíso y en él me encontraba cuando por fin conseguí derramar todo el fluido que me provocaba esa extraña angustia.

-Ufff, que cursi he sido para describir una paja.

Cuando Cristina llegó, entraba ya poca luz por la ventana pues la noche comenzaba a cubrirlo todo. Mi aspecto era poco menos que fantasmal, lo reconozco, pero tampoco me importaba nada, estaba en mi casa y allí yo era el rey destronado, estuviera como estuviera. Con ropa muy corriente de estar por casa, yo creo que ni peinado, ¿afeitado?, para qué si nadie me iba a dar ningún beso, la cocina sin recoger, los platos sucios y todo por medio, era una inmensa satisfacción pues nadie me iba a regañar por ello. Y se asustó mi amor perdido, aquel que partió en busca de su total liberación.

-¿Marcos?, ¿estás bien?, ¿te ocurre algo?

-A quién,  ¿a mí? Pues ya estás viendo que no, además tampoco creo que te haya importado demasiado ya que has tardado casi dos días en preocuparte por ello.

-Marcos, insisto, no te reconozco, todo está descuidado, tú mismo, fíjate en tu aspecto, no has ido al entierro de Roberto ni has dado muestra alguna de dolor ante la familia, no has cogido ninguna de mis llamadas ni te has dignado llamarme.

-¿Acaso tenía que darte el pésame?, ¿eras tú la viuda?

-Yo…, ¿por qué me atacas de esa forma tan cruel?

-¿Cruel yo?, vamos, cariño, todo lo contrario, ya ves dónde me encuentras, en mi casa, ¿o acaso debería decir en la tuya?, ¿en la nuestra? ¿No tenías una conversación pendiente conmigo? Pues aquí he estado en todo momento, yo no he faltado a la cita, en todo caso quien no ha aparecido has sido tú, lógicamente tenías otras cosas más importantes entre manos. Lo entiendo, querida, lo entiendo.

Se echó a llorar y de forma casi compulsiva comenzó a ordenar todo lo desordenado, dejando en pocos minutos la casa casi impoluta, cuando terminó

-Voy a ducharme, estoy muerta y cuando termine me voy a la cama, no puedo más.

-De acuerdo, pero te recuerdo que tú no estás muerta, el que está muerto es Roberto,    -no os podéis hacer ni idea la satisfacción que me produjo responderle de esa forma, aunque de igual manera me dolía verla asustada de mí, de su mirada, de su extraño reflejo en la pared, de las sombras que nos separaban.

Esa noche dormí en la habitación de invitados ya que no me sentía con fuerzas para abrazarla y eso que en el fondo era lo que más deseaba del mundo, pero reconozco que no era el momento de arrumacos, ni de observar sus movimientos, ni de escuchar los quejidos de su yanto.

Me costó coger el sueño, quizá por la bebida, quizá por la emoción de volverla a ver, quizá por el ansia de retomar nuestra vida de pareja dejando atrás las malas experiencias, y quizá también me costó por volver a encontrarme frente a frente a mis miedos, el principal ahora, saber si ella quería seguir conmigo, si aceptaría mis palabras, mis caricias, mis deseos, si volveríamos al punto de partida aun sabiendo que existía un pasado.

Temprano amaneció para mí. Levantado con las primeras luces del alba, me encontré limpiando en profundidad lo que por rebeldía me había negado a hacer antes,  tanto la casa como mi aseo personal.

Pasada alguna hora, oí que Cristina se levantó al baño, y casi como levitando me acerqué para indicarle que el desayuno estaba preparado, que lo tomara y que siguiera acostada si era eso lo que deseaba. Asomó su dulce carita y con una tímida sonrisa me dijo que quizá debería hacerlo pues llevaba demasiado tiempo sin nada en el estómago, que estaba agotada y que después seguiría durmiendo.

Comió con auténtica avidez, devoraba lo que había en la mesa casi sin descanso. No hablamos y sin embargo no dejamos de mirarnos, ¿en ella se advertía recelo, miedo? Sinceramente no lo sé, creo que pasado el primer desconcierto de la noche, todo comenzaba a ser más normal y natural pero también es cierto que había pasado poco tiempo, habría que esperar sin más remedio a la nueva normalidad. Sin embargo he de admitir que prodigué mis caricias en su mejilla, sobre sus manos y que la acompañé hasta la cama donde deposité un beso sobre su frente.

-Descansa.

-Gracias.

Era temprano aún, el silencio atronador envolvía toda la casa, yo había decidido preparar la comida bien para comer cuando ella se levantara o bien para no tener tareas pendientes y de esa forma poder dedicarle todo el tiempo preciso a ella cuando despertara. Estaba de dulce con mi mandil nuevo, con la cocina manga por hombro pero ya habría tiempo de arreglarla, y en ese preciso momento sonó el timbre de entrada a la casa. Salí rápidamente, con prisa para impedir que siguiera tocando el molesto vecino que fuera y evitar que Cristina se despertara, pero mi sorpresa fue brutal cuando abrí y  me encontré en la puerta a Gema, que pasó a la casa como si le fuera la vida en ello, no me empujó porque tuve los suficientes reflejos como para apartarme.

-¿Y Cristina?

-Buenos días, Gema.

-Déjate de polladas y dime dónde está.

-Más despacio. Has entrado como un huracán en MI casa, así que cálmate.

-En todo caso en la casa de ELLA y quiero verla a ELLA, a ti no tengo ningún interés, tan poco vales para tanto.

No pude ni quise reprimirme más, ya lo había hecho en exceso durante tanto tiempo. Cuando salí de la cocina llevaba en una de mis manos el cuchillo con el que estaba cortando la carne. No lo hice adrede sino que simplemente no lo solté porque no me di cuenta y mi reacción, por imprevisible, cogió totalmente desprevenida a Gema. Llevé con violencia mi mano hasta el cuello de ella  que apreté con fuerza mientras  la arrastré hasta la pared, y apreté y subí la otra con el cuchillo apuntando a su garganta, y con voz suave pero con una dureza extrema

-Es la última vez que te aviso, ESTÁS EN MI CASA, y aquí la voz más alta la da o Cristina o yo, tú en todo caso serás una invitada, depende de ti el que te consideremos molesta o no, pero te aseguro que si sigues por ese camino te arrancaré la cabeza.

-Yo no quería…,    -una asustada Gema quería replicar sin saber ni qué ni cómo, además de que tenía que costarle hasta respirar pues mi mano apretaba con fuerza su cuelo y su garganta, pero no me amilanó, todo lo contrario.

-Ya me he cansado de callar ante tus continuas humillaciones pero esto se ha acabado, no va a ocurrir nunca más porque como sigas por ese camino te arruinaré la vida. Cristina está descansando, ¿lo has entendido?, pues largo de aquí.

-Sí, sí, claro, no te preocupes, la veré en otro momento, perdona

Y como alma que se lleva el diablo, cambiando de un rojo intenso a un blanco de muerto, salió de aquella casa que había convertido casi en la suya porque en los últimos años, entraba y salía como si fuera la dueña y yo el bufón para sus momentos de ocio, pero aquello había comenzado a cambiar, no estaba dispuesto a dejar pasar ni una sola más, costara lo que costara.

Y así transitamos por las horas del desconcierto, turbados y confundidos, pretendiendo a la vez qué, sin conseguir acercarnos; pero pasado ese primer asalto, era el momento de retomar nuestra rutina,  de volver a emocionarnos con lo que venía en su vientre, por ser el fruto de nuestro extraño amor;  era el momento de trabajar por nosotros como lo más importante, de mirar al futuro como sólo lo hacen los enamorados. Al menos teníamos la obligación moral de hacerlo por lo que esperábamos, por nuestro hijo.

*

El trabajo en el despacho había sufrido un revés impredecible. Muerto Roberto, sería su hijo Carlos quien ocuparía su lugar pero como consecuencia de su corta edad, fue mi suegro Rafael el que tomó las riendas, por lo que se puso manos a la obra para continuar con el trabajo y evitar la quiebra de la empresa por la ausencia de un poder real. Así se nombró casi de forma inmediata a Cristina como responsable directa, ésta se rodeó de aquellos imprescindibles en cada una de las secciones y tareas en las que se estructuraba el trabajo, y a mí me pidió que colaborara con ella de forma estrecha

-Necesito tu apoyo total, en estos momentos.

-Siempre lo has tenido y siempre lo tendrás.

-Gracias, Marcos, no sabes cómo te lo agradezco.

-Aunque pienso que te sería de más utilidad si permanezco un poco más en la sombra para evitar los recelos de aquellos que realmente necesitas, si no lo ves así, estoy totalmente a tu disposición para lo que me requieras.

-No sé, la verdad es que estoy muy perdida.

-También nos podríamos plantear la posibilidad de poner esto en marcha y cuando ya ruede sólo, irnos a otra ciudad, comenzar desde cero, tú y yo y nuestro retoño.

-Ahora no es el momento aunque no lo descartaremos. Carlos es demasiado joven, se lo comerían con patatas, dame algo de tiempo, por favor.

-De acuerdo, seguiremos a la sombra de Roberto y de Don Rafael.

-No seas así, yo no sé ya qué dedo cortarme que no me duela.

-Pues el que me correspondía a mí parece que hace tiempo que dejaste de tenerlo porque siempre sumo cero, pero no importa, seguiré esperando.

Cristina me miraba asombrada por mi respuesta y con una profunda tristeza que amenazaba con terminar en yanto, por eso preferí dejarla sola en el despacho de nuestra casa. Y con las mismas me encerré en la otra habitación, la que habíamos habilitado también como zona de trabajo y que normalmente ocupaba yo. Al poco salió Cristina del suyo, entró en el mío y me dijo que se iba a echar, que se sentía agotada, tremendamente agotada. Yo esperaba que se acercara a darme un beso como teníamos por costumbre pero no lo hizo y soy sincero, sentí un tremendo desconsuelo.

No conseguía concentrarme en lo que estaba haciendo, los acontecimientos de los últimos días me tenían perdido, pensé que el rumbo de nuestra vida sería distinto, lo que nunca imaginé es que seguiría por el mismo camino. El mismo, lógicamente no porque al menos no estaba Roberto pero tampoco sabía si ella buscaría consuelo en otros brazos ajenos. En esas estaba cuando sonó el teléfono, lo que menos me apetecía en ese momento

-¿Está mi hija?

-Hombre, el que faltaba, buenas tardes don Rafael, yo también lo quiero.

-¿Qué cojones pasa ahí?

-¿Aquí? Pues nada ¿qué habría de pasar?

-Pásame con mi hija.

-Las cosas se piden por favor.

-Me voy a cagar en la puta madre que te parió

-Y yo en la tuya.

-Si te tuviera delante de mí te pegada dos tiros.

-Te faltan cojones para eso.

Y colgó. Me imagino su cara roja como el hierro candente pero no tendríamos suerte que le diera un infarto porque seguro, seguro que su corazón estaría desbocado al máximo, si se tomara la tensión no me cabe la menor duda que estaría al borde de romper el aparato. Yo no estaba alterado pero está claro que no es agradable hablarle al padre de tu pareja en esos términos pero el nuevo Marcos había roto su propio molde, lo que desconocía es en que me estaba convirtiendo.

A las dos horas, aproximadamente, se levantó Cristina de la siesta. No estaba totalmente recuperada pero me dijo que se sentía muchísimo mejor. Le propuse que saliéramos a comer fuera pero manifestó su deseo de permanecer en la casa, tenía demasiadas cosas en la cabeza y le faltaba el aliento para tomar decisiones de forma tan precipitada, no en vano hacía tan sólo cinco días que habían enterrado a Roberto. Así que cenamos cosa ligera y nos pusimos a escuchar algo de música en el sofá del salón. Me encantaba acariciar su barriguita pues en la misma crecía el fruto tan deseado. ¡Cuánto habían cambiado las cosas en tan poco espacio de tiempo y lo triste era que no precisamente para hacernos más felices!

Acordamos irnos unos días a la playa, lejos de todo y sobretodo, del recuerdo. Yo comprendía el vacío que le había quedado con la muerte de su amante-cuñado, la responsabilidad de la empresa, el embarazo, la presión de su padre y tantas otras cosas. Le dije que le mandara un wasa a su madre para indicarle que íbamos a desaparecer durante unos días que ni siquiera se llevaría el móvil, que en caso de necesidad contactaran conmigo. Esta vez escogimos un lugar aún más tranquilo, la playa de Calahonda, también en Granada. Y comenzamos a disfrutar de nosotros, dejando conversaciones pendientes para mejor ocasión. Tumbados en la arena comenzamos a soñar de nuevo como pareja.

Pero todo tiene su fin, los días pasaron a la velocidad de la luz y no había más remedio que reiniciar las tareas pendientes, volver a lo cotidiano, a la normalidad. Y lo primero al llegar a casa, a Granada, fue abrir el móvil. Mil llamada perdidas, mil mensajes, mil correos. Vi que ella tensó todos sus músculos, yo la animé, le di un torpe masaje en la espalda, en el cuello, en la cara, y después de muchos días volvió a sonreír y a darme las gracias. Se echó en el sillón de relajación que se había empeñado en comprar, yo siempre lo consideré un trasto más en la casa pero a ella le daba tranquilidad sentarse en él, y eso fue lo que hizo, y comenzó a leer los mensajes.

Yo estaba distraído leyendo el periódico por lo que no fui consciente de los cambios que experimentaba su rostro, ni el color de la cara. No dijo nada pero yo sí note un cambio radical en su actitud conmigo pues se convirtió en distante y hasta casi hostil. Me pidió dormir en otra cama, para evitar que con su duermevela no me dejara descansar, yo insistí en que nada de eso me importaría, que prefería dormir a su lado, pero no cejó en su empeño hasta que no tuve más remedio que aceptar. Lo que no fui consciente en ese momento es que Cristina estaba asustada de mí.

**

Las salidas con Gema volvieron a ser rutina entre las dos amigas mientras que nuestra presencia conjunta en casa de sus padres casi se borró de la agenda, que conste que hasta se lo agradecí, sin embargo ella, al tener que despachar casi de forma permanente con su padre, lo tuvo que hacer con frecuencia. Ella nunca mencionó el incidente con D Rafael aunque no hay que ser muy listo para saber que él se lo tuvo que contar y que de igual manera llegó a ella el choque que tuve con Gema. ¿Fue eso lo que influyó en la forma que tuvo de verme? No lo sé, aunque es lo más lógico, lo cierto es que aquello comenzaba a no funcionar y fue el motivo principal para que surgiera más de un roce.

Yo esperaba que lo acontecido desde la muerte de Roberto tuviera la suficiente fuerza como para que supusiera un cambio radical en su filosofía de vida, un acercamiento más íntimo hacia mí, deseaba con toda mi alma que yo le llenara tanto su vida que no volviera a necesitar entrar bajo las sábanas de otro. Por eso, en ese sentido sentía como toxica la presencia de Gema, siempre la había considerado así pero últimamente ya era algo difícil de aguantar, sus salidas, sus largas veladas, las llamadas intempestivas e inoportunas me hacían daño, mucho daño, no sé si Cristina era consciente de ello o si miraba para otro lado pero la realidad es que estaba ocurriendo y nos empujaba a distanciarnos. La tensión se cortaba y por consiguiente, cuando llegó nuevamente el fin de semana, le pedí tener una conversación directa, franca y sincera con ella. Me miró con fijeza a los ojos

-De acuerdo.

Nos sentamos, cada uno con una copa de vino, una tapitas, y un brindis.

-Por nosotros!!!!!!!!!

-Cristina, sé lo duro que ha sido y está siendo todo lo vivido en las últimas semanas, lo sé, me pediste que estuviera a tu lado y honestamente considero que no te he abandonado en ningún momento, sin embargo, por tu parte no he recibido lo mismo, sino que cada día te siento más lejana, tus salidas sin mí se han hecho habituales, casi me atrevería a decir que sientes miedo de mí, y eso no te puedes hacer ni idea cómo me duele    –mientras yo le hablaba ella miraba al suelo o a la copa que mantenía en su manos, estaba seria pero se le veía relajada.

-Marcos, sabía que llegaría este momento, me atrevería a decir que hasta lo deseaba. Sí, han sido demasiado fuertes las cosas que han ocurrido en nuestro entorno, y no cabe la menor duda que nos están afectando más de lo que deseo.

No te puedes hacer ni idea lo que te necesitaba junto a mí, acompañándome en mi liberación, siendo partícipe y pieza fundamental de mi nueva filosofía de vida.  Agradecí tu esfuerzo por intentarlo y más aún el que no me pusieras piedras para que yo pudiera recorrer el camino sola al no poder asumir tú nuestro nuevo concepto de vida, o al menos el mío. Te he querido con locura, y te quiero, y fruto de ese amor crece en mí nuestro hijo.

La muerte de Roberto fue un duro golpe para todos, he de reconocer que yo lo sufrí de forma demasiado directa por mi relación con él tanto fuera como dentro del trabajo, pero tú también has cambiado y mucho, no entendí nunca por qué no estuviste a mi lado en aquellas horas hasta su entierro, ni tampoco me dijiste el encontronazo que tuviste con mi padre y con Gema, a la que parece que siempre has considerado la culpable de todos mis males cuando en todo caso la única culpable soy yo… -permanecí en silencio, dejando que sacara de su pecho todo lo que tuviera. Cuando terminó,

-Yo esperaba, siempre lo he esperado, que formáramos un auténtico tándem los dos, que sintieras mi cercanía e incluso que no necesitaras a nadie más, que yo te fuera suficiente pero veo que nada de eso está sucediendo

-Quizá lleves razón, esa angustia que siento me ha provocado un alejamiento de ti pero te juro que no es nada más, que necesito un poquito de tiempo, que me gustaría que no fuera todo tan difícil, como por ejemplo el que Gema sea recibida en nuestra casa con alegría y que mi padre no tenga reparo en entrar por esa puerta.

-Yo no le he prohibido a nadie acceder a esta casa, ni a Gema ni a tu padre, lo único que exijo al que esté a mi lado es respeto y eso ya es innegociable, si no es así entonces rompo la baraja.

-¿Piensas que yo te lo he perdido?

-A veces  creo que sí, que vas por libre sin tener en cuenta ni mis sentimientos, ni mis problemas, ni mis deseos, ni mis inseguridades, ni nuestra vida en común, lo que me lleva a pensar más de lo que deseo que ya no soy nada para ti.

-Pues estás equivocado, siempre has sido lo primero aunque igual la culpable he sido yo por no saber trasmitírtelo, por no haber sabido  hacerte ver lo importante que eras para mí. Te pido perdón por ello y por eso te pido que nos demos una nueva oportunidad, por nosotros y por nuestro hijo.

Y nos fundimos en un profundo y dulce abrazo, y otra vez volvimos a ser uno en nuestro cuarto rodeando su hinchado vientre, acariciando a nuestro hijo a través de su piel. Y volvieron los días intensos donde el trabajo ocupaba demasiado espacio pero donde nuestras cómplices miradas y nuestros besos que sabían a adolescentes rompían todas las barreras, apartaban todas las piedras, limpiaban de clavos en nuestro diario camino.

Pero nada es eterno y la felicidad quizá sea uno de los pocos productos de la vida que más se volatiliza. Un día estaba en casa terminando de preparar la comida cuando me llamaron para decirme que como consecuencia de un desvanecimiento habían tenido que llevar a Cristina a Urgencias. Volé sobre las calles de Granada, no respeté ni semáforos ni pasos de peatones ni nada, milagrosamente llegué indemne y allí me encontré a sus padres y a su amiga Gema, entre otros. Me recibieron con cierta distancia pero con ese respeto que reclamaba, me animaron y todos iniciamos una distendida charla esperando novedades de Cristina. A las dos horas salió un sanitario, llamó a familiares de Cristina… y todos nos abalanzamos hacia él con la angustiosa esperanza de recibir buenas noticias pero…

-Lo siento, ella se encuentra tranquila, está en la UCI en observación, no hemos podido evitar el aborto, el niño al ser tan prematuro está en estado muy grave   -rondaba los cinco meses-, estamos haciendo todo lo posible por él aunque las probabilidades de sobrevivir son escasas. Por favor, déjennos un número de teléfono para el caso en el que tuviéramos que contactar con ustedes, lo podamos hacer de forma inmediata, en caso contrario dentro de tres horas en la puerta de la UCI recibirán noticias actualizadas. Yo les aconsejo que descansen.

Aquel jarro de agua fría había caído en exceso sobre mis entumecidos huesos. Me senté y lloré, lloré por nosotros, aunque  agradecí los abrazos, las caricias, las palabras…, era consciente de que poco más podían hacer por mí y por eso les rogué que se fueran a sus casas, que yo me quedaría allí y que cuando supiera algo les llamaría pero no quisieron moverse, sin embargo allí no podíamos hacer nada.

Aunque no tenía ánimo para nada fui consciente de la hora que era, de que no habíamos probado bocado y que aunque costara teníamos que hacer un esfuerzo por lo que nos dirigimos a la cafetería del hospital donde unos más y otros menos y en un respetuoso silencio comimos lo que se pudo. A las tres horas, tal y como nos habían anunciado nos dieron noticias, ella se encontraba estable pero el niño había muerto.

Sí, lo reconozco, me vine abajo, pensé muchísimo en Cristina pero también he de reconocer que no se me iba de la cabeza mi hijo, lo deseaba tanto, había llegado a quererlo con tanta fuerza, a desearlo tanto como a mi vida, pero el destino nos seguía siendo adverso, no nos dejaba descansar, se había cruzado en nuestro camino y por nada del mundo nos dejaba avanzar.

Recibí todo tipo de palabras de ánimo, se oyeron muchos llantos pero había que ser realista, aquello había ocurrido y nada podía hacerse al respecto, en este caso sólo esperar la pronta recuperación de Cristina y comenzar nuevamente a recorrer nuestro camino. Así que como ya no nos darían noticias de ella hasta el próximo día, decidimos irnos cada uno a su casa y estar en permanente contacto en el caso de que se recibiera algún tipo de novedades.

Sentado en mi casa frente al televisor que lo único que hacía era la función de acompañante puesto que no me enteraba de la información que aparecía, ni tan siquiera me molestaban los anuncios, algo que tenía vedado pues cuando salían siempre cambiaba de canal, ahora ni siquiera sabía qué se estaba emitiendo. De repente me acordé de mi amigo de la infancia, Juan, médico internista en el Hospital Virgen de las Nieves pero hacía tantos años que no sabía nada de él que no tuve más remedio que  remover Roma con Santiago para localizar su teléfono, de ahí a llamarlo, un segundo; estaba tan agobiado que la presentación fue escueta y pronto comencé a plantearle mi angustia por Cristina. Me pidió calma y que no me preocupara que él contactaría directamente con el Maternal para interesarse por ella, que cuando tuviera noticias, me llamaría.

Estaba agotado pero era imposible echarme a descansar por lo que comencé a recorrer la casa como un loco enjaulado, allí estaban todas sus cosas y en una habitación se iban amontonando los preparativos para la nueva criatura que estábamos esperando. Cerré la puerta derrotado, mi hijo no vendría nunca a su casa.

Me desperté de madrugada aterido por el frío que sentí, me había quedado dormido en el sofá, con la tele puesta, con la luz encendida, vestido, sin haber probado bocado y sobre todo, solo, tremendamente solo. Fui al baño con la intención de ducharme y relajar los músculos entumecidos por la falta de descanso cuando sonó el móvil para anunciarme que Cristina se encontraba muy recuperada y que la iban a pasar a planta. Y para evitar escenas como cuando me comunicaron su ingreso, decidí llamar un taxi, por lo que a los pocos minutos estaba con ella en la habitación, abrazándola, consolándola por el niño perdido, dándole todo el ánimo del que yo era capaz para que ella sintiera mi presencia, a su lado, para que viera que no estaba sola, que los dos conseguiríamos superarlo. Yo permanecía sentado al lado de su cama y con la mano de ella cogida, nos quedamos dormidos.

Fue la presencia de un médico lo que me despertó, por el contrario ella estaba tan agotada que no se dio cuenta de su presencia, se presentó como mi antiguo amigo Juan, juro por Dios que no lo reconocí, estaba tan cambiado que no respondía a aquel muchacho del instituto que yo recordaba. Nos abrazamos, se entendieron las disculpas por habernos alejado durante tanto tiempo y seguidamente me pidió salir al pasillo.

-He estado hablando con el médico que ha llevado el caso. El abortó lo provocó, además de una posible situación de estrés, que siempre ayuda, una anomalía en el crecimiento del feto, aunque resulte duro lo que te voy a decir, ha sido lo mejor que podía pasar porque su desarrollo no hubiera sido bueno y la discapacidad síquica estaba garantizada. Le he pedido que os hagan unas pruebas complementarias, tanto a Cristina como a ti, el feto se ha analizado en todos los sentidos, y de esa forma estudiar cómo se puede corregir dicha anomalía para que en un futuro embarazo no vuelva a ocurrir. Cuando te sea posible, vienes a mi consulta y yo te presentaré al doctor que te va a hacer la pruebas y el seguimiento de las mismas, los datos clínicos de ella ya los tenemos. Por lo pronto, tal y como se encuentra no te aconsejo que trates este tema con ella, ahora es preciso su recuperación física y sicológica, después ya podréis enfrentaros a la realidad una vez que tengamos todos los datos.

-Juan, no sé cómo agradecerte todo lo que estás haciendo por nosotros, la verdad es que estoy destrozado.

-Lo entiendo, por eso he querido hablarlo contigo en persona.   –Un fuerte abrazo de agradecimiento, de sincero agradecimiento volvió a unir a los inseparables amigos del instituto.

Cristina necesitó mucho apoyo de todos en su recuperación. Tanto su amiga Gema como su padre no salían de la casa, nunca más volví a mostrar desagrado aunque internamente lo sintiera porque ellos también se comportaban. Era una tregua en nuestra invisible guerra.

Una tarde le propuse irnos unos días de vacaciones, sólo que esta vez no elegimos la playa sino la sierra, una casa rural en un pueblecito de Jaén, pero antes de irnos, decidí acercarme a la consulta de mi amigo Juan para que me hicieran las pruebas pertinentes y tener los resultados a la vuelta.

La estancia en los olivares de Jaén, en el mayor bosque de Europa, fue espectacular, hacía demasiado tiempo que no había sido tan feliz. Esa paz permanente, el sonido continuo e inagotable de los pájaros y del viento, los paseos interminables por sus campos, cerca de sus arroyos y fuentes, de los paisanos que con tanta familiaridad nos acogieron, qué distintos somos los de ciudad, ni mejores ni peores pero tan distintos, aquí las horas sabían a mucho tiempo frente a nuestro mundo donde éstas se acortaban, y sobre todo la mano de Cristina que cogía la mía con fuerza y nunca la abandonaba.

Y así pasaron los días, el móvil apenas si estaba presente en nuestras vidas, cosa difícil, al menos, al inicio de las mismas, sin embargo era tan idílico lo que estábamos viviendo que conseguimos adaptarnos, pero mira por donde como el diablo está en todas partes llegó a mis oídos que mi suegro tiró algunas píldoras sobre la situación que estaba viviendo su hija y por supuesto para él, el culpable era yo. Me tragué mi orgullo por Cristina, llevaba toda mi vida haciéndolo por ella, y no me arrepentía, esa es la verdad, aunque también es cierto que comenzaba a cansarme.

Y como todo lo bueno tiene su fin, aquellos días tan maravilloso también lo tuvieron, volvimos a casa en una tarde preciosa de otoño, al menos eso no dejó de acompañarnos.

-Hogar, dulce hogar   -dijo Cristina.

-Sí que es verdad, ningún hotel es mejor que la casa de uno ni tampoco ninguna cama, como mi cama.   –Nos reímos por la ocurrencia pero es que era realmente así.

-¿Qué te parece si volvemos a calentarla?

No esperamos respuesta, pues la dimos los dos a la vez cuando nos cogimos de la mano como dos enamorados, cuando nos abrazamos como dos amantes, cuando embelesados por el hechizo de nuestros besos entramos en nuestro dormitorio. Los dos, sólo los dos, para siempre.

Al día siguiente, con toda la vitalidad repuesta, Cristina se incorporó a la oficina, mis obligaciones en los últimos tiempos habían cambiado puesto que gracias a ella volví a los planos, a las líneas, a imaginar con los ojos cerrados nuestras creaciones. 

No había mirado en los últimos días en mi correo ni en el wasa y aquella mañana también lo había pasado por alto, poco antes de terminar la jornada de mañana me acordé que no lo había hecho y entré. Me encontré con un mensaje de mi amigo Juan en el que me pedía que lo antes posible me pusiera en contacto con él.

Era tarde pues con tantas cosas me había entretenido en exceso para ir a comer pero como iba sólo, lo mismo me daba media hora antes que después por eso lo llamé en ese instante.

-Hola, Juan, perdona que no te haya llamado antes pero es que volvimos anoche de nuestras vacaciones, durante estos días apenas si he mirado el móvil.

-No te preocupes, no es nada tan urgente que no pueda esperar. Mira, me ha dicho mi amigo que el lunes de la semana que viene tiene los resultados de vuestras pruebas, pásate cuando te venga bien y que te las muestre. Yo, por mi parte, como lo tengo que ver el viernes, ya le preguntaré pero lógicamente quiero que sea él quien te de los resultados definitivos, al fin y al cabo él es el especialista.

-Muchas gracias, Juan.  Esos días estaré fuera de Granada por temas de trabajo pero si te viene bien el miércoles por la mañana iré a verte.

-Estupendo, aquí te espero.

La verdad es que había olvidado que tenía que ver los resultados de las distintas analíticas que me hicieron, por ahora el tema de un nuevo embarazo había quedado aparcado sin fecha, hasta yo mismo me había serenado, no tenía sentido luchar por algo que sólo estaba en mi deseo cuando ahora podía hacerlo por la realidad que significaba Cristina, por ella seguiría luchando, siempre lo había hecho. Pero ante ella seguí callado, no quise agobiarla con las pruebas que me habían dicho que estaban haciendo, ahora tenía que coger el toro por los cuernos de su responsabilidad en la empresa y no era momento para que añadiera un nuevo frente, ya habría tiempo. Ese jueves me dijo

-Marcos tengo que tratar muchísimas cuestiones con mi padre, así que he pensado en bajarme mañana viernes al cortijo, como sé que no tiene sentido forzarte a estar en donde no estás excesivamente a gusto, le he dicho a Gema que se venga conmigo, así ya pasaríamos todo el fin de semana entre el cortijo y la playa.

Me quedé callado, supongo que la expresión de mi cara habló por mí porque inmediatamente ella rectificó al decirme que no me preocupara que le diría a Gema que no me iba a quedar en Almuñécar, que se subiría el viernes por la noche.

-No, no te preocupes. Prefiero que termines tranquilamente todas las cuestiones que tengas con tu padre y ya que estás en la playa, que disfrutes del sol, de lo que tanto te gusta.

-Pero es que no quiero que…

-Tú no te preocupes, es tu amiga y lo entiendo. Disfruta.

-Gracias, amor, te echaré mucho de menos.

Cuando en la mañana del viernes volví a ver aquel maletín que me recordaba a tantos otros viernes, noté un nudo en la garganta. Moví con brusquedad mi cabeza pues quería borrar de ella aquellos recuerdos, espantar tantos fantasmas como me habían acompañado en el último año, Cristina no fue consciente del daño que me hizo volver a ver la maleta por lo que ella actuó con su cotidiana normalidad. Por mi parte avisé a mi madre que iría a comer con ellos e incluso me quedaría hasta la noche pues aprovecharía para ir a tomarme unas cervezas con Paco, al que tenía prácticamente olvidado en los últimos meses, también es cierto que por su parte tampoco se dejó ver en exceso, no digo que se estuviera enfriando nuestra relación de amistad pero sí que es cierto que apenas si nos veíamos y apenas si charlábamos, atrás quedaron tantos días y tantas medias borracheras en el bar de Manolo y otros del estilo que había por el barrio.

Me encantó volver a estar con mis padres a los que tenía también algo abandonados, mi padre, nada más terminar de comer, se quedó dormido en el sofá, como era habitual en él; por el contrario, mi madre y yo, con la que tenía una gran sintonía, iniciamos una muy sincera conversación por lo que no dejó de preguntarme por Cristina y sobre mí. El aborto había cogido a todos por sorpresa y la pérdida del niño fue también para ellos un gran mazazo. Justo en ese momento entró una video llamada de mi mujer, iba a decirle que luego la llamaría yo cuando me pidió mi madre saludarla, y como suele ocurrir en estos casos, tanto una como la otra, coparon la conversación, se veía que entre ellas había mucho entendimiento y eso me llenaba de orgullo, aunque no me dejaran participar de la charla.

Ya por la tarde noche, quedé con Paco aunque puso alguna escusa, al final volvimos a apoyarnos sobre la barra del bar y a sumar frente a nosotros tercios de cerveza vacíos.

-¿Cómo se encuentra Cristina?

-Bien, lo peor ha pasado. Está recuperando su normalidad.

-La última vez que la vi, estaba espectacular.

-Y sigue estándolo, hay que reconocer que han sido semanas muy duras con los problemas familiares, con la asunción de un trabajo de dirección estresante y por último el aborto. Hoy se han ido ella y Gema al cortijo.

-A Gema hace ya tiempo que no la veo aunque seguirá como siempre, tan lanzada.

-Por cierto, parece que le diste caña aquel día que me contaste.

-Bueno, ya sabes cómo es ella. Uno hace lo que puede cuando se lo ponen en la boca.

-Qué cabrón eres y el pobrecito tan tranquilo, si supiera el torero los cuernos que le pusiste.

-Los cuernos están sobrevalorados, Marcos, no creo que eso tenga tanta importancia al fin y al cabo con cuernos puedes comer de todo, sin embargo con colesterol, prácticamente nada.    –Y nos reímos de la ocurrencia.

Había entrado la madrugada cuando volví a mi casa, la ausencia de Cristina se notaba en exceso, quizá porque ya había olvidado tantos viernes sin ella. Con qué facilidad lo hice,  es verdad, me sentía otro. Y le escribí sin importarme la hora, ella o bien estaba despierta o le interrumpí el sueño pero lo cierto es que  mantuvimos una corta conversación donde no dejamos de manifestar que nos echábamos mucho de menos, me regaño por haber bebido en exceso, sin embargo no lo hizo por haber estado bebiendo con Paco, ni porque la despertara tan tarde o tan temprano según se mirara.

Era sábado por la tarde, aún me duraba la resaca de la noche del viernes, cómo se notaba que los años habían pasado, que no estaba en forma en ningún aspecto, así que esa absurda carrera iniciada en la barra de un bar de barrio, está claro cómo terminó. No nos fuimos a gatas pero he de reconocer que por algo dejé el coche allí y volví a casa en taxi.

Estaba leyendo aunque el calor era aún fuerte, son esos días incomprensibles en los que por la fecha de la que estábamos hablando, octubre, ya debería de refrescar y lo hacía y  mucho por la noche pero por el día aún se dejaba notar demasiado el calor; y sentí morriña por no estar al lado de las olas del mar, por no pasear por esas preciosas playas de arena que simulan ser de río que no se te pega al cuerpo pero que te hacía polvo los pies si te decidías a dar descalzo un largo paseo.

Llamé a Cristina, la echaba mucho de menos, tanto como que se me estaba haciendo insufrible el fin de semana y así se lo hice ver. Ella me decía que de igual forma desearía que estuviera allí con ella pero que ya estamos hablando que es sábado por la tarde y que el domingo a medio día estaría comiendo conmigo en casa. Y me habló de los planes que tenían para la noche, a qué restaurante irían a cenar pues Gema ya se había encargado de reservar mesa y luego cómo estaba previsto ir a tomar una copa pero, las justas, porque ella tenía ganas de meterse en la cama y no salir hasta el momento de volver a Granada. Yo sabía que eso era difícil en ella porque desde que tenía tanta responsabilidad los días se le hacían cortos resolviendo problemas.

Y seguí con mi lectura hasta que se me encendió la luz, “si han decidido ir a cenar a las diez pues que pongan un cubierto más”, esa será la sorpresa que como regalo le voy a dar. Y comencé a ducharme, me sentía feliz, lo reconozco, estaba tremendamente contento con la decisión que había tomado pues parecía un adolescente, estaría con ella y a lo sumo estaría un rato con mis suegros porque adelantaríamos la vuelta a Granada.

Llamé a mi padre y le pedí el coche puesto que el nuestro se lo había llevado Cristina, hasta ahora no habíamos tenido la necesidad de tener dos, era otra de las pequeñas rebeldías que adoptamos. Y llegué con tiempo más que suficiente, algo muy común en mí, porque Almuñécar es terrible en cuanto al aparcamiento aunque por las fechas no tenía ya ningún sentido salvo que estábamos en fin de semana y por consiguiente todo era posible. Busqué cerquita del restaurante pero en una de la pasadas justo por la puerta y aunque suene a milagro, había un hueco, justito pero suficiente. Comenzaba de maravilla la noche.

Salí a dar una vuelta, no quería romper el hechizo del momento y por eso no le dije nada a ella, me aguantaba las ganas, estaba nervioso cual quinceañero e hice lo que era inimaginable, compré un paquete de tabaco. Joooo, otra vuelta al pasado, dichoso vicio el mío, era como un hoja de sierra con picos de fumar y con otros de dejarlo. En fin, si al menos fuera capaz de controlarme, o de fumar a lo sumo un par de cigarrillos. “Vamos, Marcos, contrólate, no vayas a saltar cuando Gema diga alguna pulmonía”, y una sonrisa larga y sincera salió de mí, “no, no haré nada que haga que Cristina se sienta incómoda”.

A lo lejos las divisé, pero, sorpresa, no venían solas sino acompañadas por dos hombres que no conocía. ¿Por qué no me dirigí a ellos? ¿Por qué no me hice visible para ella? No lo sé, es más, actué como un cobarde pues me metí en el coche para evitar que me vieran mientras yo sí podía hacerlo. Y en ese momento sólo se me ocurrió llamarla, llevaba el móvil en la mano así que escucharlo, lo escuchó, y ver sí que vio quién la estaba llamando, pero fue Gema quien en un gesto que semejaba ser autoritario, le pidió que no lo cogiera, ella dudó pero al fin guardo el móvil en el bolso

-Es Marcos.

-No, no lo cojas

-Por qué

-¿Qué necesidad tienes de crearle incertidumbre si al fin te pregunta si estamos solas?

-No es nada malo que le diga que vamos a cenar con unos amigos

-¿Tú crees? Porque yo no. Él ha cambiado de forma radical con respecto al que era antes de la muerte de Roberto, ahora no hay quien le tosa y te ha cortado las alas y hasta piensa que ya no volverás a acostarte con nadie.

-La verdad es que no sé qué hacer. Él se ha volcado en mí con toda la ilusión de un recién casado, quizá deberíamos darnos una nueva oportunidad, no es justo lo que estoy a punto de hacer. Él no se lo merece y yo lo quiero cada día más.

-Pero también te pica el chichi y aun el amor que sientes por él no es menos cierto que no consigue apagar el fuego que te devora, también necesitas sentirte libre frente al mundo que te asfixia, vivir cada día como si fuera el último porque eres joven pero ya comienzas a mirar al pasado…

-Es posible pero la muerte de Roberto ha sido un aviso que me ha dado la vida.

-¿Acaso insinúas que él ha tenido algo que ver en ese hecho?

-No, por Dios, pero he de reconocer que tengo muchas dudas de todo y de todos.

En la puerta del restaurante ellas permanecían en una extraña discusión, sus acompañantes se estaban impacientando por lo que las requirieron para entrar. Mientras, yo, huraño, desde mi cueva que representada mi coche, lamentaba con todo mi corazón lo que estaba viendo, y como un estúpido hice alguna foto como aparece en las películas, sin ser nada incriminatoria salvo el hecho de que no me quisiera coger la llamada, esa es la verdad.

Mi corazón estaba acelerado, me sentía desfallecer, no me merecía lo que me estaba pasando y sin embargo no estaba pasando nada. En ese momento le mandé un wasa en el que le decía que la había llamado y que no me había cogido la llamada, que si ya habían cenado, que a dónde irían a tomar la copa antes de irse a la casa. No tardó ni dos minutos cuando me contestó, me dijo que no había oído el móvil por el gran ruido de la gente en la calle, que estaban terminando de cenar que irían al…, y que se irían pronto para el cortijo. Le dije que como estaría despierto, que me diera un toque cuando ya estuvieran en su casa. Ella me dijo que lo haría y lo hizo.

Cuando salieron del restaurante ya se mostraban mucho más sueltos que a la entrada, el vino estaba haciendo su efecto que no digo que estragos aunque ya no iban ellas juntas y ellos por otro lado, sino que aparentaban estar emparejados. Gracias a la cantidad de gente que seguía en la calle pude pasar desapercibido, no lejos de allí se encontraba una famosa discoteca selecta en cuanto al ambiente y para  algo más maduros; entraron, por mi parte, me quedé como un  pasmarote en la puerta sin tener claro qué hacer en ese momento. Cuando lo ves en una película de ficción todo es más obvio y fácil de asumir pero cuando has de enfrentarte a la realidad y a la verdad, os juro por lo más sagrado que todo pasa por la cabeza, desde lo más rompedor hasta lo más simple, pero no eres capaz de coger una de tantas posibilidades siendo consciente que todas llevan al mismo punto, mi devastador estado anímico. Y así decidí sentarme a esperar mientras uno tras otro iban cayendo los cigarrillos, mal día para volver a fumar como diría mi amigo Paco.

Llevaban alrededor de una hora dentro cuando me entró un mensaje de ella, como lo tengo identificado pude saber que no era nada ajeno y con mucha parsimonia, con una tranquilidad extraña porque en nada respondía a la realidad, cogí el móvil y lo abrí.

-“Cariño, ya nos vamos. Voy a apagar el teléfono porque me estoy quedando sin batería. Mañana, antes de irnos para Granada, te llamo y hablamos. Un besazo”.

¡Qué mal he llevado siempre la mentira, qué mal! Cosa distinta es que mire para otro lado.

Un nuevo cigarro, una triste sonrisa. La mirada fría, tanto que hasta a mí mismo me estaba acojonando. Cuando terminé de fumar el número…, ni se sabe, me puse en pie y me dirigí tranquilo, despacio pero decidido, al interior del local. Y como en todos ellos, mucha gente pero sin ruidos ni estridencias por lo que era fácil mantener una conversación, yo no podría hacerlo porque la tranquilidad a la que hacía referencia se había convertido en una sequedad absoluta de los sentimientos y de la boca, no hubiera podido pronunciar ni una sola palabra, en cambio mis manos…

Me dirigí a la barra, quizá desde allí me fuera más fácil localizarla, pedí una copa, saqué un cigarrillo aunque no pudiera encenderlo y fui paseando por todos lados, no la veía y ahí me entró la duda, ¿se habría ido tal y como me dijo? ¿Había otra puerta? Notaba mi cara de pasmarote ante el contratiempo. No tenía otra cosa que hacer, así que seguí paseando hasta que me quedé de piedra, apoyada en una columna estaba Cristina, mientras que un hombre le besaba la cara, la oreja, el cuello, ella se deshacía o más bien se estaba derritiendo. Y lo reconozco, mi corazón dejó de latir por nadie.

-Buenas noches, ¿me da fuego?

Mientras el tío me largó un improperio, a ella no se le cayeron las bragas porque igual ni llevaba. No hizo falta decir nada más, les di las gracias y me largué de allí. Si entré despacio salí a la velocidad de la luz, mis piernas era imposible que pudieran dar más de sí. No volví la vista atrás, escuché mi nombre hasta que dejé de hacerlo, no quise escuchar nada más, ya no oía a nadie y odié al mundo entero.

Os aseguro que le fue totalmente imposible llegar a mí por la sorpresa impactante, por las décimas de segundo que tardó en reaccionar y por la velocidad que imprimí a mi salida. Cuando llegué al coche no tuve más remedio que cerrar los ojos y tranquilizarme porque estoy completamente seguro que estaba al borde de un infarto y no quiero ni saber cómo tendría la tensión. Comenzó a sonar el móvil, obviamente era ella y también era obvio que lo apagué. Cuando me serené me dirigí, ya sin prisa, a la casa que tenía mi familia en la cercana ciudad de Motril, junto al mar.

Descansé, aunque hoy me pueda costar entender cómo lo hice, descansé. Y comenzó la mañana del domingo, en ese momento decidí que no había marcha atrás. Abrí el móvil, quizá porque son movimientos casi mecánicos a los que ya nos cuesta resistirnos y descubrí que había cientos de llamadas perdidas e innumerables mensajes de Cristina, y con total tranquilidad, como si estos no fueran conmigo, los leí, uno tras otro, desde el primero hasta el último en tan solo unos minutos cuando esta por terminar, justo en ese momento me entró una nueva llamada de ella, en esta ocasión sí que la cogí

-Buenos días, mi amor.

-Marcos, por dios, dónde estás, te he llamado mil veces y al ver en cada una de ellas que no respondías, se me escapaba un poquito de mi vida.

-Ay, Cristi, que mentirosilla eres, si sigues por ese camino te va a crecer la nariz por fingir tan bien como lo haces. No vi que estuvieras sufriendo sobre aquella columna.

-Por Dios, Marcos, no estaba haciendo nada que no me hubieras o supieras que estaba haciendo en otros momentos, ¿qué ha cambiado?

-¿Y tú me lo preguntas? En mí mucho, en ti parece que nada. Pero bueno, hoy no pasa nada mañana, no lo sé.

-¿Qué quieres decir? Por favor, ven a casa, necesito estar entre tus brazos, necesito que esto lo hablemos cara a cara, mirándonos a los ojos.

-Por lo pronto, hoy no me apetece, y seguro que si te lo propones, tú encontrarás otro que te consuele.

-Marcos, por Dios, no te das cuenta del daño que me estás haciendo.

-De la misma manera que tú no eres capaz de ver el  daño que me haces día tras día, año tras año.

-A veces pienso que llevas toda la razón del mundo, he intentado darte todo de mí, pero en algunos momentos no puedo resistirme a ello, tú nunca me has dicho nada, simplemente callas. ¿Cómo he de saber cómo te sientes si nunca me lo dices?

-Llevas razón, aquí el único gilipollas desde el principio he sido yo, él único que no ha puesto las cartas sobre la mesa he sido yo, el único que ha renunciado a todo he sido yo, ahora el único que ha cambiado he sido yo. No, Cristina, esto está más muerto que vivo.

-Por Dios…

Maldita sea, ¿quieres dejar a Dios tranquilo?

-Vale, vale, por favor, hablemos con tranquilidad sobre nosotros y con toda la honestidad del mundo, por favor.

-Vale, mañana por la noche tendrás tu oportunidad.

-¿Es que no nos vamos a ver hasta mañana por la noche?

-No, me pido el día. No me apetece trabajar  mañana.

-¿Dónde estás?

-¿Te digo la verdad o una mentira? Al fin tú sabes de eso mucho.

-Dime dónde estás, por favor, o al menos veámonos mañana por la mañana

-No, lo primero es lo primero, tu trabajo. Cuando ya hayas fichado la salida, entonces puede que algo cambie; pero ahora mismo y por primera vez me antepongo a todo. Un beso

-Marcos…

El pulso lo tenía acelerado, demasiado rápido iban mis pulsaciones por lo que cerré mis ojos, necesitaba ser el otro Marcos, el que cambió desde el mismo momento en que firmó la sentencia de muerte de Roberto.

Era media mañana cuando decidí salir a pasear por la orilla de la playa, el olor del mar, el sonido de sus olas eran capaces de transportarme a ese mundo de felicidad con el que soñé cuando era niño, con el que creí vivir cuando conocí a Cristina. ¿Qué difícil es todo, Diossss, por qué no me das una tregua, por qué te encarnizas contra mí? Y me senté en la arena y mis lágrimas se juntaron con la fría brisa del viento de poniente.

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***

Aquel día las redes sociales estaban que ardían, aparecieron infinidad de imágenes de Gema en orgías o practicando sexo de la forma más salvaje, imágenes que llegaron, como el viento, a todas partes,  a su prometido, a la familia de éste, a la familia de ella, a amigos, conocidos, a sus compañeros de trabajo… Imágenes que se hicieron virales en pocos minutos, noticia que corrió como la pólvora.

Cuando una atónita Gema conoció la noticia, cuando fue consciente de todo el material que existía, cuando su móvil comenzó a echar humo, cuando las palabras se convirtieron en puñales, en ese momento fue consciente de que habían destruido su mundo.

***

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Llegó el lunes y la extraña tranquilidad se convirtió en sosiego, sobre todo cuando recibí la llamada de Juan que me pedía que lo viera lo antes posible.

Me pasé antes por casa, sabía que a esa hora Cristina ya no estaría lo que facilitó mi aseo y cambio de ropa, e inmediatamente me fui al hospital, la verdad es que iba sin ilusión alguna, los acontecimientos de las últimas horas me habían enfriado demasiado con respecto a Cristina, mi convencimiento de querer que fuera ella la madre de mis hijos no lo tenía tan claro como hasta el sábado, el cambio que tanto había deseado en ella cada vez lo veía más lejano por no decir, imposible.

Nada más entrar en la consulta de Juan, ya me di cuenta que aquello no iba bien, su expresión era seria en exceso por lo que intuí que los problemas de fecundidad o las posibles anomalías vendrían por mi parte no por la de ella.

-Siéntate, Marcos.

-Juan, me estás acojonando. No sé si serás tan serio con todos tus pacientes como conmigo pero tu cara es un poema y supongo que la mía llevará también ese camino. ¿Qué ocurre? ¿Tengo algún problema grave?

-Tú no lo sé pero el padre del hijo que esperaba Cristina, sí.

-Estoy perdido, Juan, háblame más claro que llevo unos días difíciles y ahora mismo  no soy capaz de ver lo que me estás diciendo.

-Marcos, tú no eras el padre del hijo que esperabais.

En los últimos años había recibido muchos golpes emocionales pero como el que estaba recibiendo en ese momento, jamás. Jamás, en la peor de mis pesadillas podía esperar una noticia como la que estaba recibiendo. Supongo que me quedaría sin color en la cara como me quedé sin pulso en ese momento, la sangre dejó de ser bombeada por mi corazón. Sólo pude emitir una difícilmente audible pregunta

-¿Estás seguro de lo que me estás diciendo?

-Según todas las pruebas a las que has sido sometido junto con las que se le realizaron al bebé, la madre es Cristina pero el padre no eres tú. Todos los papeles me los han facilitado para que te los haga llegar, si a pesar de todo deseas hablar o consultar a los especialistas de este hospital como a cualquier otro, aquí tienes toda la documentación.    –La recogí de forma mecánica, sin expresión de nada, tenía la sensación de mareo, era necesario salir de allí, me asfixiaba por lo que aflojé el nudo mi corbata porque la opresión en mi garganta era tan fuerte que me sentía morir. Me levanté con lentitud, con movimientos involuntarios, con apenas revoluciones en mi motor

-Gracias por todo.

-Lo siento, de verdad que lo siento, me ha costado Dios y ayuda poder darte esta noticia.

-Lo sé, lo sé, no te preocupes, tú no eres culpable de nada, lo malo es que yo tampoco lo he sido nunca. Gracias y perdona todas las molestias que te he ocasionado.

-Marcos, para lo que necesites, siempre cuenta conmigo.

-Gracias, adiós, Juan. Adios.

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En Granada volaban las noticias, edición especial de CanalSur, la televisión local, los diarios Ideal y Granadahoy, no paraban de dar noticias sobre la detención del famoso empresario D Rafael Hidalgo de las Eras. Unos veinte guardias civiles se habían presentado en su residencia con el fin de proceder, por orden judicial, al registro e inspección de la misma, retirando numerosa documentación. De las cajas fuertes que se encontraron se han retirado objetos, entre ellos lingotes de oro y dinero en efectivo,  por un valor aproximado de 15 millones de euros. Idéntico registro se ha efectuado en el domicilio de su yerno Roberto…, fallecido de forma trágica el día 31 de julio pasado, de donde de igual forma se han llevado numerosa documentación y archivos informáticos.

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Cuando volví a mi casa con aquella carpeta bajo mi brazo, era incapaz de comprender lo que estaba ocurriendo a mi alrededor, de lo único que sí estaba seguro es que la cena que teníamos programada para aquella noche no se llevaría a cabo, y así me lo confirmó Cristina mandándome un wasa en el que me informaba del estrés en el que estaba sumida como consecuencia de la detención de su padre y de los registros efectuados en sendos domicilios; por ahora, la empresa estaba tranquila aunque estaba segura que también la registrarían.

Eso fue, en principio, una liberación para mí pues no tenía que preocuparme por ese frente, principalmente porque no hubiera sabido cómo afrontarlo, bien de la forma más violenta imaginada o bien desapareciendo para siempre y de forma tajante. Pero no era eso lo que yo quería, lo que yo deseaba era tener esa conversación, cara a cara, frente a frente, sin miedo a nada ni a nadie, pero no era el momento, al menos hasta que yo fuera capaz de recuperar algo de mi escasa lucidez y de mis desaparecidas fuerzas.

Pasaban las horas, vomité dos veces en el suelo del comedor, sin importarme nada aquello, el nauseabundo olor a veces me hacía reaccionar, otras, por el contrario, me sumergía en un letargo sin sentido. ¿Dónde se había torcido mi vida?

Deambulé por toda la casa, limpié el desaguisado que había formado, entré en mi despacho y leí una y mil veces los papeles que integraban aquella carpeta, aquel expediente cuyo nombre era Cristina…. y Marcos…. Cuando yo le di libertad para vivir su vida al margen de la mía le puse tres condiciones muy claras y expresas, no hacerlo nunca sin preservativo, no hacerlo nunca en nuestra casa y no hacerlo nunca con Paco

Lo primero que le preguntaría cuando estuviéramos sentados frente a frente es quién era el padre de ese hijo. En el caso que lo supiera, aunque sinceramente y con muchas posibilidades de equivocarme, no creo que lo supiera porque dudo mucho que sólo hubiera follado a pelo una sola vez y con una sola persona, lo dudo, pero además, no creo que me lo dijera. Lo que estaba claro es que había incumplido una de las tres líneas rojas que se habían marcado –prohibido hacerlo sin preservativo-, de las otras dos no tenía ni idea de cómo buscar pruebas a favor o en contra. Lo único que se me ocurrió era algo muy simple, complejo y difícil a la vez, mirar las cámaras que pusimos en su día cuando compramos la vivienda a la entrada, en el salón y en pasillo distribuidor de nuestra casa. Llevaban tanto tiempo puestas que ya formaban parte de nuestra vida cotidiana, nunca las había revisado porque nunca había hecho falta, si he de ser sincero, ni recordaba que estaban instaladas.

Estaba intentando hacer memoria de cuándo grababan, de dónde lo hacían, cuánto tiempo se conservaba, de cómo revisarla pero en el estado en el que estaba, me era imposible salir del atasco en el que me encontraba por lo que decidí llamar a la empresa que me las instaló, quedaron en mirar mi expediente y llamarme en el momento que tuvieran datos fiables.

Pasó muy poco tiempo cuando recibí su llamada con la pertinente confirmación de que grababan cuando había movimiento en los espacios que controlaban, que los datos se volcaban al dispositivo que había instalado en mi potente ordenador, que estos permanecían sin borrar durante un año, en concreto lo hacía por meses, si estamos en octubre, los últimos datos en memoria eran los de noviembre del año anterior. Poco a poco me iba serenando y ya con los pies en la tierra, conseguí entrar en la aplicación que controlaba las cámaras; y comencé a revisar desde esa misma mañana por lo que en todo momento yo era el protagonista de las imágenes, me di pena y en el fondo hasta asco por haber caído tan bajo.

Con lentitud y hasta con hartazgo, revisaba día tras día hacia atrás, sólo nos veíamos nosotros dos, algunas visitas, la chica que venía a casa para hacer la limpieza un par de días en semana, nada que me alertara de nada. He de reconocer que me detenía con mucha nostalgia y con auténtica devoción ante la imagen de ella.

Lo que me sorprendió de forma aún más traumática de todo lo que estaba viviendo, ahora que estaba viendo nuestra vida a través de una película real, es que Cristina se volcaba en mí muchísimo más de lo que yo creía, muchísimo más de lo que yo era consciente. Había muchísimos detalles que pasaban desapercibidos para mí por ser rutinarios o simplemente entrar en lo cotidiano o porque no los veía o porque no era capaz de verlos. Cuantos más días revisaba más me entrega a ella por ir descubriendo ese aspecto que yo consideraba escaso o nulo para comprobar que no era justo con Cristina puesto que se le caía la baba mirándome cuando yo estaba distraído, haciendo cosillas o simplemente durmiendo. Aquella era la mujer de la que me había enamorado hacía muchos años, a la que con mi egoísmo quería para mí sólo aunque ella necesitara abrirse al mundo para no cejar en su empeño de encontrar el sumun de la felicidad, idealizada. Pero desde el momento en el que los dos decidimos darnos una oportunidad en su nueva filosofía de vida había demasiados acontecimientos que me empujaban a irme y sin embargo no podía hacerlo. Es cierto que le puse tres líneas rojas, que una de ellas la había cruzado aunque dudo que ella quisiera quedarse embarazada de otro que no fuera yo, pero la realidad es que aunque ella lo desconozca, por ahora, el hijo que esperábamos, no era nuestro, era sólo suyo.

Me escocían los ojos de tantas horas mirando imágenes, no digo que me estuviera aburriendo pero si he de reconocer que no iba a encontrar nada que despejara mi angustia, la noche se había echado sobre Granada, paré, me sentía profundamente cansado. El móvil estaba apagado y cuando lo encendí tenía muchas llamadas de Cristina, al final me envió un mensaje en el que, como yo sabía que ocurriría, me informaba que se quedaba en casa de su hermana con ella y con su madre. Me pedía mil veces perdón pero estaba a punto de venirse abajo porque los acontecimientos la tenían totalmente superada. Aun así no quise llamarla, simplemente le dije por wasa que entendía la situación, que no se preocupara.

Me levanté con la intención de darme una ducha pues necesitaba relajarme urgentemente para poder dormir un poco, antes tomé algo ligero pero ni aun así conseguí conciliar el sueño por lo que no tuve más remedio que levantarme y ocupar las horas volviendo a revisar las imágenes de nuevos días. Entré en el mes de junio, la suerte de Roberto ya estaba decidida aunque las imágenes no fueran capaces de reflejar sobre lo que mi pensamiento ya trabajaba, sonreí de forma cínica. Y así, en un estado abúlico,  seguí revisando día tras día hasta que llegué al 23 de mayo, en ese momento se activaron todas las alarmas en mí.

Eran las diez de la mañana cuando veo que Paco se acerca a mi casa, llama al timbre, veo que Cristina, que de igual forma desconozco qué hacía ese día y a esa hora en casa, abre la puerta, se saludan de forma efusiva –nada anormal pues admito que es lógico entre nosotros-, al cerrar la puerta, Paco coge a Cristina por la cintura y le estampa un beso en la boca que la deja sin respiración. Ella intenta terminar rápido pero él mostrándose como un pulpo, se lo impide. A trancas y barrancas y con una risa borracha por la excitación, consigue llegar hasta la cocina, ahí pierdo la imagen puesto que no hay cámara. Pasados unos 15 minutos vuelven a aparecer en escena, ya más ligeros de ropa, camino del sofá. Me quedé sin habla cuando escuché su conversación y cuando vi cómo se quedaban desnudos y cómo la follaba. El culmen fue cuando él le dijo que quería llevársela al dormitorio a lo que ella respondió que eso era sagrado y que allí no entraría él, ante la insistencia de Paco, Cristina estuvo a punto de enfadarse pues le dijo que no se hiciera películas en su mente, que lo que estaban haciendo era sólo y exclusivamente sexo, que no entraría nunca en la habitación porque ese espacio estaba reservado sólo y exclusivamente para su amor y el de Marcos y tú no pintas nada ahí.

Él se quedó cortado, observé como hasta la enorme polla que calzaba entre las piernas, comenzó a quedarse flácida. En ese momento tuvo una dura reacción, casi insultante y humillante.

-Sí, pero la puta que tiene por mujer no tiene suficiente con lo que él puede darle, así que no te preocupes que yo te llenaré bien de carne y de leche

-Folla y calla que para eso sí vales pero no quiero nada más de ti.

Y quedó derretida entre sus brazos sin que él aún se hubiera corrido, por lo que volvió a poner el contador a cero para alcanzar el máximo cuando los dos llegaron juntos. Qué imagen más obscena cuando observé como se tapaba ella el coño con la mano para evitar manchar y cómo le pedía clínex a Paco para limpiarse, para ello puso el pie sobre el sofá mostrándose bien abierta, fue entonces cuando pidió de hacérselo él. Y volvieron los besos y la escena se repitió sin descanso ni decoro. Cerré la imagen ya no quería seguir viendo más, no lo necesitaba ni tan siquiera sé cómo pude soportarlo.

Tres eran las líneas rojas, las tres las había cruzado. No había marcha atrás.

Serían las once la mañana cuando fui recibido por un abogado matrimonialista, le pedí que redactara los documentos para el divorcio de mi mujer, pagué sus servicios y me dirigí a mi casa donde pasé la mañana haciendo las maletas. Sólo cuando llega ese momento es cuando te das cuenta de la cantidad tan enorme de cosas que vamos acumulando a lo largo de una vida. Llené las maletas, quizá de forma algo desordenada, también es cierto que no tenía ánimo para otra cosa. En algunas cajas embalé todo lo de valor que me pertenecía, dejé todo aquello que compramos o que me había regalado ella. Llamé a una empresa de mudanzas y alquilé un trastero donde lo deposité hasta la espera de una última decisión.

Serían las ocho de la noche cuando llegó Cristina, lo primero que hizo fue dirigirse a mí para darme un beso, le volví la cara ante lo que ella se quedó sorprendida, cortada y avengonzada. Me pidió perdón por lo que había ocurrido la noche del sábado, me dijo que fue algo sobrevenido y a lo que no fue capaz de resistirse, que por favor cenáramos y hablásemos, que al menos le diera esa oportunidad. Le pedí que se sentara, cuando lo hizo le mostré la carpeta del hospital donde estaba toda la documentación sobre las pruebas de paternidad realizadas, el color de su cara iba cambiando al mismo ritmo que leía cada una de las palabras escritas. Me respondió que no lo entendía, fue entonces cuando le di las fotos que había sacado de las imágenes de ella y Paco follando,

-Aquí las tienes, para evocarte el momento. Son del 23 de mayo, por si has intentado borrarlo de tu memoria, cosa que dudo. No sé si será o no el padre de tu hijo pero tanto si lo es como si no lo fuera te aconsejo que le recomiendes que antes de que volváis a intentar ser padres, os hagáis las pruebas pertinentes para evitar un nuevo fracaso de embarazo.

Sobre la mesa están los papeles del divorcio y aquí el bolígrafo para que no tengas dificultad en firmarlos

Me miró con una cara increíble de pena y de dolor, las lágrimas comenzaron a brotar de forma incontrolada, las súplicas para que no la dejara fueron increíblemente duras; las veces en las que me dijo que me quería con locura, perdí la cuenta.

-Por favor, firma, será la mejor muestra de amor que puedas darme, será el complemento perfecto para tu liberación

Aquellos papeles fueron fiel testigo de sus lágrimas pues llegó a mojarlos, de rodillas me los dio pidiéndome que la perdonara, que aunque no quisiera ni verla, que le diera mi perdón, pero no pude hacerlo porque yo mismo estaba al borde de la locura, porque mi garganta no era capaz de dejar escapar ni una sola palabra, porque la angustia que sentía al alejarme de ella inundó mis ojos, ahogaba mi alma.

Cuando salí de aquella casa, me dejé caer de rodillas frente a la noche repleta de estrellas, fue entonces y sólo entonces, cuando grité “ADIOS, GRANADA, nunca más volverás a verme”.

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*****

Marcos, aquella noche durmió o al menos se echó sobre la antigua cama de su juventud. Cuando sus padres lo vieron entrar con una maleta, se angustiaron de pensar lo que era tan evidente, lo que desconocían eran las razones que le habían llevado a dar ese paso, simplemente les comentó que Cristina y él habían decidido de mutuo acuerdo el divorcio, no fueron capaces de sacarle nada más, quizá porque respetaban su dolor, quizá porque de esa forma lo hicieron suyo.

*

Paco se presentó a la mañana siguiente en casa de los padres de Marcos, como tantas y tantas veces lo había hecho, lo que no esperaba era encontrarse con su amigo del alma, sin embargo no le dio mayor importancia, la importancia se la dio cuando fue consciente, por la mirada de Marcos, que algo grave estaba pasando.

Sí, Marcos tampoco tenía previsto haberse encontrado con Paco antes de su partida, sin embargo era un hecho que éste estaba allí y que habría de enfrentar la realidad. Con mirada fría sin retirarla en ningún momento de los ojos de éste, con paso decidido, pararon uno frente al otro, en ese momento no había nadie en el patio

-Ésta será la última vez que nos veamos, la traición se paga con la muerte, si en algún momento volvemos a juntarnos, uno de los dos perderá la vida. Sal de esta casa, la que se te abrió como uno más de nosotros, y tranquilo, no les diré nada a ellos.

-Marcos, no te en-tiendo, ¿qué ocurre?

-Al final la partida ha quedado en tablas, la dama la hemos salvado pero al mismo tiempo está perdida. Te lo vuelvo a repetir, largo de aquí y de mi vida, nunca más vuelvas a cruzarte en ella porque nunca más volveré a controlar mis deseos, en este momento, matarte.

Paco se fue con la cabeza baja, ni habló ni preguntó nada más, intuía por dónde podían ir las cosas aunque le faltaba la seguridad del hecho, de sobra sabía que había perdido a su hermano del alma y a su querido Pedro, el espíritu del barrio, el padre que nunca tuvo.

Lo que no se imaginaba Marcos es que sus padres estaban viendo la imagen desde la ventana de la cocina, eran conscientes de que algo muy grave estaba pasando, y sin saberlo algo les decía que Marcos se separa de su mujer, ¿por Paco?, Marcos echa a su hermano de su vida, ¿por Cristina?; es posible que haya habido una infidelidad, pero no lo sabían a ciencia cierta, ellos nunca le preguntaron por nada.

*

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La realidad es muy sencilla y a la vez tremendamente compleja y dura, Marcos se fue en un principio a la casa de los abuelos en Motril mientras encontraba un futuro profesional fuera de la ciudad que le vio nacer, crecer y amar, de igual forma se despidió de la empresa sin volver a la misma, sin ver a nadie.

Han pasado diez años, desde el momento en que se prometió no volver a pisar nunca más Granada. No ha podido olvidar a Cristina, sus sueños siguen estando junto a ella aunque es cierto que poco a poco su imagen se va difuminando en sus recuerdos, gracias a la distancia y al tiempo.

Paco se marchó del barrio nunca más volvió a ponerse en contacto con Marcos, tampoco volvió a visitar a Pedro, a los padres de Marcos; tampoco ellos volvieron a preguntar nunca más por él. Sin embargo sí intentó acercarse a Cristina una vez que se enteró que había roto con Marcos, lo que no esperaba es que casi le entierra un cuchillo en el corazón cuando de forma amenazante le indicó que para ella como si hubiera muerto, que no volviera nunca a acercarse a ella, que le asqueaba de la misma forma que sentía repulsión por sí misma. Lo único que le dio fue copia de las pruebas concluyentes de que el padre de aquella criatura estaba afectado por una enfermedad degenerativa, se lo dijo con la clara intención de que fuera en busca de un buen profesional para que lo tratara.

Cristina estuvo ingresada durante mucho tiempo en un hospital, a la salida de él le recomendaron que pasase una temporada larga en el campo o en la playa, lejos de los problemas y de la gente, escogió para ello una casa rural en la provincia de Jaén, rodeada de un inmenso olivar quería que fuera un homenaje a los días que vivió allí con Marcos. Y aunque era consciente de que Marcos se había ido para no volver nunca, sin embargo su habitación seguía decorada con fotos grandes y pequeñas con el rostro sonriente de él y de ella, sus cosas seguían guardadas en el armario, hasta aquellas propias de su aseo personal permanecían guardadas esperando a que alguien las utilizara. Con respecto al trabajo, supo sacar la empresa adelante justo hasta el momento en el que Carlos, el hijo de Roberto, se pudo hacer cargo de ella.

D Rafael pasó mucho tiempo en prisión, junto con el escarnio público de ver destruido su patrimonio y su prestigio, murió justo al recobrar la libertad.

La madre y hermana de Cristina pudieron vivir muy dignamente porque sus respectivos cónyuges, para blanquear sus juegos sucios, hicieron separación de bienes con respecto a ellas y de igual forma muchas propiedades y dinero las pusieron a nombre de ambas sin ser conscientes que gracias a eso pudieron  rehacer sus vidas.

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***

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Y aquí nos encontramos, han pasado 10 años, Marc ha rehecho, como ha podido, su vida, en Barcelona; Cristina, ha rehecho, como ha podido, su vida, en Granada, ninguno de los dos ha encontrado el amor quizá porque no lo han buscado. La empresa está ya en manos de su sobrino que con buen criterio sabe mantener el poder que su padre fue capaz de darle, considera, por tanto, que su misión aquí ha terminado.

*

Cristina se presentó un buen día en casa de los padres de Marcos y  con lágrimas en los ojos, quiso ser ella la que les explicara lo que había ocurrido y abrió en canal su corazón, el inmenso daño que le hizo a su hijo y el dolor tan difícil de cuantificar que sentía por haber perdido a la persona más importante en su vida. Ellos no la juzgaron, tan sólo se limitaron a secar las lágrimas de sus mejillas y a arroparla con sus brazos. Y así, durante muchos otros días, muchos meses y demasiados años, ella sabía cómo le iba en la vida a Marcos pero les pidió que no le hablaran de ella salvo que él les preguntara, cosa que nunca ocurrió.

Hoy, diez años después, se ha presentado nuevamente en casa de sus suegros, porque para ella nunca dejaron de serlo. Se sentía hecha un manojo de nervios, llevaba una maleta que en nada se parecía a aquella que durante tantos fines de semana le sirvió de compañía, estaba allí para darles un profundísimo abrazo, desde hace ya algo de tiempo les dijo que volvería para intentar recuperarlo. No sé si algún me abrirá nuevamente la puerta de su corazón, si lo hace, prometo hacerle la persona más feliz del mundo.

-Suerte y dale un fuerte beso de nuestra parte. Y si te abre esa puerta, cuando estés dentro, cerradla para no mirar NUNCA al pasado

Aquella tarde, en el vuelo…………. Granada-Barcelona, Cristina iba con la ilusión de una niña pequeña y con los nervios de una adolescente enamorada, no estaba dispuesta a volver a perderlo, aunque él no quisiera tendría que darle una nueva oportunidad de mirarle a los ojos, durante diez años había purgado sus pecados, tenía derecho a ser feliz con la única persona que la había querido sin pedir nada a cambio, hoy se lo daría todo, todo, hasta la vida.

-Hola, Marcos   –las cosas que llevaba él en la mano, cuando abrió la puerta, se le cayeron; la boca abierta y los ojos parecían querer salirse de sus órbitas

-Ho-la     –no hubo más palabras porque se abrazaron con tanta fuerza que impedía que de sus bocas saliera cualquier lamento.

-Estoy aquí para recuperarte, ¡déjame intentarlo!    -y por respuesta obtuvo un nuevo beso bañado en el dulzor de las lágrimas.

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**

Un pequeñísimo homenaje a una obra maravillosa de un admirado y queridísimo escritor, mi amigo virtual, Luis

Espiando a Bea: diez años después.
ant5cont (luis5acont@gmail.com)

“””- ¡Si serás perra! Le espetó una risueña Carol mientras se le echaba al cuello. ¡Qué callado os lo teníais!mira Bea, me parece genial que lo volváis a intentar. Pasara lo que pasara en su día, y alguna vez nos lo tendrás que contar, Carlos te quería. Es el único tío que te ha querido de verdad.

– No lances aun las campanas al vuelo. No sé si somos ya los mismos. Sólo voy en misión de reconocimiento. A ver qué pasa.

– Con eso me vale. Si vas es porque después de todo, tú tampoco lo has olvidado…

Bea miró interrogante a Nerea, como si también buscara su aprobación.

– Creo que os irá bien Bea. Solo un consejo: no miréis al pasado. Todos hicimos demasiadas tonterías en esa época. Procura que no te lastren a la hora de vivir el resto de tu vida. Yo tardé en entenderlo…tardé demasiado en perdonarme y a punto estuve de perderme…

– Bueno, ahora tenemos otro motivo para echarnos un chupito…joder que bombazo…Carol tiró de ellas hacia fuera. ¡Vámonos chicas!”””

*

FIN

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