ESRUZA

Las arañas tejen su hábitat poco a poco,

con paciencia y dedicación.

Yo tejí mi telaraña poco a poco,

como la araña, pero sin darme cuenta.

Mis dedos fueron más rápidos

que mi cerebro, inconsciente,

impulsiva.

Expresando lo que se debe callar,

sabiendo que esas palabras hieren,

aunque ciertas sean;

hay cosas que se deben callar.

Y, como la araña, llegó un momento

en el que quedé atrapada,

atrapada en mi propia telaraña.

Comprensión no hubo,

sólo un gran resentimiento;

sin intentar entender

por qué empecé a tejer

esa telaraña en la que

quedé atrapada, sin querer.

Y de la cual, no me quisieron sacar.

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