ROCÍO PRIETO VALDIVIA

El mediodía  de un lunes Eva  se encontró con su espejo. Uno que le hería la piel, le sangraba las vísceras haciéndolas estallar aún estando viva. Todo ese remolino la envolvía en un mar de aberraciones que ella quería olvidar; Por un momento guardo silencio, agachó la cabeza y se hizo la desentendida. Habían pasado escasos veinte minutos. Desde la llegada de Helena su madre la cual portaba un escotado vestido y sobre puesto para tapar sus hombros desnudos un suéter gris.

El calor del medio día, el aroma de los cabellos bajo la plancha y las risilla tan sarcas de Elena. La habrían sacado de ese mutismo en el cual estaba inmersa. Las paredes pintadas de amarillo, el cuadro de Gustavo el padre de sus hermanas sobre la pared la provocarían una jaqueca.  El reflejo de Miranda y Marina sonriendo era todo lo que la hacia volver a la realidad.

En su cuento Elena era una descolorida silueta, ella un panfleto de crónica de la nota roja, en la página principal aparecían varias vísceras tiradas, y la leyenda de  “Niña Violada, la madre  de la menor es inocente” En el eje central Miranda y Marina con unos lindos neglilles negros,  destacando  por encima de todo el peinado de Marina. 

Fue en ese momento cuando intentaba volver de ese letargo cuando Miranda notó el mutismo de Eva.

– ¿Eva hermana estás muy callada?

– Perdón,  estaba viendo un vídeo sobre un nuevo modelo de macetas .

 Había cometido el peor error Elena empuño  con saña su puñal para asestar un último golpe  a la autoestima de Eva. Parecía que  gozaba de lastimar a su hija y tras la muerte de Gustavo el único testigo de su crimen era ella. Intentó una y otra vez acabar y asestaba puñalada tras puñalada. Y cuándo casi lo habría logrado unos pequeños pasos se acercaron.

   Y en ese momento  Eva se levantó  del sillón, y escuchar la voz de la pequeña Evelyn.  Salió fuera de escenario, con el pretexto de sus medicinas sacó de su gran bolso un  suéter color gris con aplicaciones de chaquiras y listones negros,   similar al de su madre y lo arrojo a la  basura para  no volver a verse en su espejo nunca jamás.  Tres horas más tardes vio como Elena su madre se subía al auto de su sexto marido y se perdía en la bruma espesa de la tarde noche…

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