MUSA

RECONSTRUCCIÓN

QUE LOS CUUMPLAS FELIZ…QUE LOS CUUMPLAS LUISIT…

Ya no oía sus burlas y carcajadas. Mi mente, estaba concentrada en tratar de asimilar el vendaval de sentimientos encontrados, que me provocaba la brutal escena.

A la profunda decepción, que me causaba contemplar la traición de mi novia y la aún mayor tristeza, de ver a mi amiga de toda la vida degradada de esa manera, se le sumaba el odio.

Un odio brutal, maligno, que fue creciendo desde mis entrañas como una garra, atenazando mi estómago, casi sin dejarme respirar, lo que sumado a mi crónica enfermedad, me provocó un vómito violento de tal intensidad, que cayó pleno sobre la cara de los amantes, que en ese momento se besaban como poseídos, babeándose con la lengua afuera mientras José seguía enculándola enloquecido.

La reacción en cadena fué brutal… Mi hermano, se sacó de encima a Clara de un violento empujón, que la arrancó de José doblandole la polla en un ángulo imposible. José quedó tirado revolcándose de dolor agarrándose la entrepierna. Las chicas saltaron asqueadas hacia atrás. Y pasados unos segundos de sorpresa, todos saltaron furiosos sobre mi persona, mientras Clara sentada en el piso y apoyada contra la pared, miraba la escena aturdida sin comprender.

Recibí golpes, patadas e  insultos que ya no sentía. La impresión que me causó el violento espectáculo me había cambiado para  siempre. Como si una coraza exterior hubiera revestido mi cuerpo, aislando mis sentidos de la agresión.

Como pude me levanté del piso mientras la lluvia de golpes seguía cayendo y aún lastimado como estaba, logré salir de la habitación. Sangrando de la nariz, el pelo revuelto y las ropas raídas como un zombie, bajé las escaleras entre las miradas incrédulas de mis compañeros y finalmente alcancé la salida.

En silencio llegué a mi casa y me dí una ducha, cambié mis ropas y preparé una maleta con lo necesario, me aseguré tener mis documentos en regla, el dinero ahorrado en esos años y me marché sin saludar del lugar que fué mi hogar. 

Lugar al que no pensaba regresar. 

Mi antiguo Yo, murió exactamente el día que cumplí diecinueve años.

Llegué a la terminal casi de madrugada, compré el pasaje y me senté a esperar la salida del micro que me llevaría a mi futuro. Sea cual fuera el que el destino tuviera preparado para mi, pensaba doblegarlo a mi voluntad. 

LLegado a la Capital a media mañana, me dirigí directo a la Universidad, dejé la maleta en custodia en la cabina de vigilancia y me presenté con mi acreditación en el departamento de alumnos. Me felicitaron efusivamente por haber ganado el concurso y pasamos a una sala a conversar los detalles de mi incorporación con el Director de estudios.

Después de dos horas de amena charla, donde les expliqué mi situación sin darle mayores detalles, acordamos mi incorporación en forma inmediata. Trabajaría en el laboratorio de informática, con horario par-time por la mañana y una retribución monetaria que permitiría sustentarme con holgura. Me asignaron un pequeño departamento en el campus con las comodidades suficientes, un ordenador con conexión a Internet y provisoriamente me alojé en una residencia de estudiantes hasta el lunes siguiente, tiempo que aproveché para hacerme la revisión médica de rutina.

Como resultado de la revisión y la analítica, descubrieron mi condición de celíaco y un principio de anemia. Me recetaron hierro y vitaminas y me derivaron a un nutricionista. Éste me preparó un plan de alimentación y me recomendó realizar actividades físicas.

Ese verano, previo al inicio de clases, fué de una profunda transformación. Decidí que en el futuro solo me guiaría por objetivos bien definidos y planificados, orientados a mis necesidades prioritarias de crecimiento, dejando lo superfluo de lado.

Me inscribí en las carreras de Informática y empresariales, me anoté en el gimnasio de la Universidad y en un dojo de artes marciales que se hallaba próximo a ella, como una forma de canalizar en forma controlada la violencia que me consumía. Parte del nuevo yo, era que me traía al pairo lo que pudieran pensar de mí, si yo estaba seguro de lo que hacía. Esto hizo que cosas como cortarme el pelo, afeitarme o vestirme elegante dejaran de importarme, comenzando a vestirme pensando solo en mi comodidad.

La genética familiar tomó el control y sumado a la buena alimentación, para el fin del verano mi físico había mejorado notablemente, comenzando a marcar una musculatura aceptable. También salieron a la luz, otros aspectos no tan agradables de mi herencia ancestral. 

La práctica de artes marciales dejó al descubierto una insensibilidad al dolor y una violencia innata, que llamó la atención de mis instructores, independientemente del castigo recibido, jamás me rendía y cuando contraatacaba lo hacía con una fiereza tal, que debían pararme para que no dañara a mi oponente, eso sí, siempre dentro de las reglas, nunca jugando sucio. Esto me hizo ganar el respeto de los más experimentados.

Finalmente llegó el inicio de clases y un nuevo desafío a encarar. Olvidar el pasado.

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Clara, sin dejar de abrazarme y prescindiendo de mi incomodidad, llamó a su hija para presentármela…

-. Celeste, este es tu tío Luis, el hermano de tu padre.  La saludé con dos besos, sin dejar de notar una leve mueca de disgusto.

Luego, uno a uno desfilaron los presentes para saludarnos y darnos el pésame, con un cínico -hey, cuanto tiempo, a ver si nos vemos- de mis ex compañeros y una mirada sugestiva de sus compañeras. Seguían tan estúpidos como en el pasado. Finalmente, declinando la invitación de mi ahora cuñada a almorzar, me dirigí a la casa familiar.

El estado de la morada de los peores años de mi vida, era de un prolijo abandono, la pensión que cobraba mi madre por la muerte de mi padre y mis remesas de dinero -si es que se las quedaba para ella y no le pasaba parte a mi hermano- no habían alcanzado para más,  ya que el impresentable no aportaba nada.

Dejé el auto en la calle, ya que el espacio del garaje estaba lleno de trastos viejos y me dediqué a recorrer la morada. El interior estaba limpio y prolijo, reflejando a la que fué su última moradora, lo mismo que la cocina y su dormitorio, en cambio el que fué mi dormitorio y el de mi hermano, lucían abandonados.

Y entonces sucedió. Sentado en mi vieja cama, contemplando los vestigios de mi pasado, algo en mi interior me pidió un acto de desagravio por todo mi dolor, por mis penurias. Y entonces, solo entonces, quizás, ¿por que no?  Podría dejar de lado los rencores y reconstruirme en una mejor persona. 

Como en un flash, decidí en ese mismo momento, que demoler esa casa y construir una nueva, sería un acto de desagravio personal por todo lo sufrido. Ninguna nostalgia me ataba a lo que contenía ese lugar.

Contacté con mis oficinas y les informé que por un tiempo trabajaría on-line y los autoricé a contactarme por móvil a cualquier hora en caso de urgencia.

Me alojé en una pequeña posada ubicada en la entrada del pueblo, contacté a una constructora local para comenzar el proyecto y como por arte de magia, una hora mas tarde, recibí la llamada de Javier invitándome a cenar. Quedamos para el Viernes siguiente a las ocho. Cené liviano en la posada, tomé una ducha y me fuí a dormir. El día había sido muy largo.

Al día siguiente, a las seis de mañana, según mi costumbre ya estaba levantado, me puse un pantalón largo de deporte, una camiseta, un buzo, zapatillas de running y salí a correr. Recorrí diez km por los viejos lugares conocidos a tranco moderado observando los cambios, volví a la posada y tomé una ducha, me vestí con unos vaqueros elastizados, una camisa negra y campera corta de piel también negra al igual que las botas y bajé a desayunar.

Pregunté a la muchacha que atendía las mesas por un gimnasio y me indicó uno de reciente inauguración en pleno centro. A esa altura de mi vida y habiendo logrado cultivar mi cuerpo con esmero, el esfuerzo físico se me había hecho una necesidad para descargar tensiones.

Me dirigí a la dirección indicada y pude verificar, que a pesar de estar bastante bien equipado, la persona que lo había construído no tenía ni la mas pajolera idea del tema. Así y todo me inscribí y a media tarde ya estaba allí nuevamente.

En ese momento vestía una calza corta elastizada y una remera de fitness entallada que marcaba en forma bien definida mi desarrollada musculatura, lo que unido a mi altura me daba un aspecto imponente.

Justo en medio de mi rutina de dominadas en barra, con las piernas a noventa grados y todos mis músculos en tensión me percaté de la presencia de Maria mirándome asombrada. Terminé la rutina y me bajé a saludarla

-. Vaya, vaya, Luisito…sí que estás cambiado…ja ja ja

-. Ja ja Hola María, se hace lo que se puede.

Me acerque a ella, nos dimos dos besos y quedamos en vernos dos horas más tarde en el bar del gimnasio a tomar un café y hablar de nosotros.

El bar del gimnasio, estaba más pensado como un lugar de citas, que el necesario para unos colegas que quieren cotillear después de una dura rutina.

María llegó cambiada ya terminada su jornada. Siempre fué la mas linda de todas, rubia natural, felinos ojos verdes de mirada picante, busto muy desarrollado y físico escultural desarrollado por años de ejercicio, junto con José formaban la pareja más admirada del instituto. Vestía sencilla, con una pollera corta sin exagerar, camisa al tono y zapatos de medio taco

_. Vaya Maria, para ti no pasan los años, no has cambiado nada, cada vez estas mas bonita.

_. Ja, ja, gracias, no puedo decir lo mismo de ti, vaya cambio.

_.  Ja,ja, Tan viejo me ves?

_. Al contrario, te has convertido en un hombre muy atractivo y además zalamero.

-. Dios mio, viniendo de la diosa – tal su apodo en el instituto- , sí que es un elogio, ja, ja

-. Sabes que no es un elogio, solo la constatación de la realidad. ¿Que te trae por aqui nuevamente? Aparte de lo de tu madre.

-. Nostalgias, ganas de hacer algo por el lugar que me vió nacer, no sé, me da pena ver todo tan atrasado, cuando hay tantas cosas que se pueden cambiar.

-. Eso si que es nuevo, nosotros queriendo escapar, y tú, que tienes mundo, quieres volver.

-. Como sabes tú el mundo que pueda yo tener, o no ?

-. Por tu madre Luis, por tu madre… Estaba muy orgullosa de tí

Eso me conmovió, no me lo esperaba. Jamás pensé que mi madre estuviera al tanto de mis progresos, como para vivirlo con orgullo

-. Y dime que cambios harías en el pueblo ?

Volví a sentir la brisa de ese nuevo entusiasmo, quizás no fuera tan difícil lo que me había propuesto.

-. Fijate este gimnasio, parece montado por un chimpacé pasado de copas

-. Ja, ja, ja.  Tienes razón. El paleto solo tiene dinero, pero no tiene la mas pajolera idea del tema. ¿Y qué harías tu ?.

-. Lo primero, equiparlo mejor, después, organizarlo por grupo muscular. Destinar sectores para personas que no se sienten cómodas con su cuerpo, mecharlo con barras y mancuernas para los más clásicos. Crear un sector profesional y otro para los que recién empiezan para que no se obstaculicen.

-. Agregar un sector para clases de gimnasia ya sea tanto  clásica como ritmica. Generar esperanzas de superación poniendo gente del pueblo formada aquí y no chulitos musculosos buscando ligar. Facilitar el acceso desde los pueblos vecinos con una cadena de remises con horas fijas. Eso generaría publico y bajaría costos.

María me escuchaba absorta, meditando…

-. Pero, para eso se necesitaría mucho dinero, planificación, gente capacitada para ponerlo en marcha.

_. El dinero no es problema. La planificación tampoco. Y para ponerlo en marcha la gente debe ser de confianza y del pueblo. 

-. Y ya tienes a alguien a la vista ?

-. No, recién llego, conozco poca gente.

Sin hablar mucho mas, intercambiamos los números de teléfono y nos despedimos con dos besos, realmente estaba entusiasmado, todo marchaba mejor de lo que me esperaba, quizás ella tenía razón y algún día podría empezar una nueva vida lejos del odio. Cené en la posada y me fuí a dormir.

A la mañana siguiente, estaba desayunando cuando sonó mi móvil, era María para invitarme a cenar esa noche. Acepté con la condición de llevar vino y postre. Nos pusimos de acuerdo para las ocho y treinta. Compré lo acordado en un lugar recomendado por la mesera y me presenté cinco minutos antes en la dirección que me envió al teléfono. Se trataba de una casita sencilla que perteneció a los padres de José. Llamé al telefonillo  me atendió él, me abrió la puerta y me hizo pasar.  Nada quedaba del rey de los guaperas, estaba casi calvo, encorvado y con una gran panza. Imagino que por su trabajo sedentario en el remis. 

Nos sentamos enfrentados en dos sillones individuales y cuando estaba por hablar, me interrumpió José…

 -. Oye Luis, quisiera hablar contigo antes que baje María, a ella le da mucha vergüenza.

_. Claro, dime.

-. Verás se trata de lo que pasó en la fiesta del instituto.

-. Que pasa con eso ?

-. Quería disculparme, estábamos muy colocados

-. Hombre, éramos jóvenes, además yo tuve mi venganza. ¿O te olvidas de la vomitona en la cara de mi hermano? Si todavía me río cuando recuerdo su cara de asco, ja ja. Y ni que hablar de tu pito doblado ja, ja, ja.

-. Ja, ja, tienes razón, pero lo de Clara fue muy fuerte.

-. Quizás sí. Éramos jóvenes, estábamos experimentando, además ya estábamos distanciados.

-. No sabes lo tranquilo que me dejas. Llevamos años pensando que te habíamos jodido la vida, más aún, por la forma en que desapareciste.

-. De qué forma ? Había ganado la beca y debía presentarme en la capital.

-. ¿ De qué hablan ?…Preguntó Maria… Entrando espectacularmente vestida con un vestido corto elastizado, que le marcaban las formas de forma deliciosa.

-. De nada en especial…recordando los viejos tiempos Le contesté con la aprobación de José 

La cena estuvo deliciosa, a los postres José me comentó…

-. Queríamos hablar contigo, de las ideas que le comentaste a María.

-. Por mi encantado, es un tema que me apasiona, y que mejor que hablarlo con amigos. Que además conocen el pueblo como pocos

-. Precisamente a eso me quería referir, Maria conoce mucho del tema referente a los gimnasios y yo, del tema remiserìa. Conozco todos los caminos que nos rodean y los pueblos de los alrededores. Quisiéramos pedirte que nos tengas en cuenta. Dios no nos ha dado hijos y podríamos dedicarnos a tiempo completo.

-. Me parece una gran idea, podríamos ir dándole forma. Brindemos por eso.

Marché al hotel feliz y un poco pasado de copas por la falta de costumbre. Todo iba marchando.

Dos días después, estaba saliendo de la ducha después de la carrera matutina, cuando golpearon la puerta de la habitación. Me vestí con una calza corta y la abrí. Era María, venía vestida con un liviano vestido de algodón que le quedaba de ensueño.

-. Hola, buen día, ¿puedo pasar ?

-. Sí…Como no… Pasa.

Y sin importarle que estuviera casi desnudo, entró y se dirigió a la pequeña mesa con una montón de carpetas.

-. Estuvimos trabajando con José estos días, y te traigo unas cuantas ideas.

-. Muy bien…Deja que me cambie y las vemos.

-. Por mi quédate como estás, te ves bien. 

Y dejando las carpetas sobre la mesa, se volvió, se puso frente a mi y deslizó su mano suavemente por mi musculado brazo. Levantando la cabeza susurró mirándome sugerente… 

-. Muy bien, diría yo. 

Y poniéndose en punta de pie, me dio un suave beso en los labios. Realmente sorprendido, solo atiné a balbucear

-. P..P…Perdona María, pero conozco a José y e..esto no es correcto.

-. Si lo conocieras, sabrías que José sólo se excita con pocas cosas…Cuando va de putas… o cuando le cuento mis supuestas e imaginarias aventuras. 

-. Es un acuerdo tácito entre los dos, no excavar demasiado en la vida del otro

Volvió a alzarse y tomando mi nuca con su mano derecha, volvió a besarme, esta vez abriendo un poco los labios y deslizando la punta de la lengua por los míos. Un beso suave, caliente, mientras su otra mano arañaba sutilmente mi tetilla y  sus pezones endurecidos, arañaban mi piel a través del vestido, oscilando suavemente arriba abajo, acompañando el vaivén de su cuerpo en puntas de pie.

Mi cuerpo, acostumbrado por años, tanto al sexo metódico y programado de las mejores putas, como al explosivo de las mejores mujeres entregadas a su pasión reaccionó con una erección violenta que se clavó en su vientre. Pasé mis manos por debajo de su vestido, acaricié sus muslos y la tomé de las duras nalgas que su tanguita dejaba descubiertas.

Sin dejar de besarla la alcé sobre mi cintura y con sus piernas enroscadas a mi cuerpo la llevé en andas hasta sentarla sobre la cajonera, donde bajándome la calza liberé mi pene y corriendole el tanga la penetré con violencia. Maria gimió  con una mezcla de excitación y dolor, ya que no soy un superdotado, pero me hago notar. Una vez que se acostumbró al intruso, la empecé a follar con ritmo cada vez más acelerado, mientras le comía la boca ahogando sus gemidos, lo que la llevó pronto a un violento orgasmo.

Mientras se recuperaba y sin sacar mi pene de su interior, la lleve alzada hacia el borde de la cama, donde me senté con ella ensartada. Maria acomodoó sus rodillas sobre el colchón y ronroneando como una gatita, empezó un suave meneo de caderas.

-. Hmmmm…que bien te siento hijo de puta…aggghh…

Y sin agregar mas, bajó el cierre de su espalda y dejó caer el vestido sobre su cintura, ofreciéndome sus poderosas tetas, arqueando su cuerpo tomada de mi nuca. Las devoré con hambre, las chupé, le mordí los pezones estirandolos a limites imposibles, ante su desesperación y calentura

-. Fóllame cabrón, fóllame, me tienes caliente desde que te vi en el gimnasio

Empezamos a embestirnos mutuamente con desesperación, hasta alcanzar juntos un orgasmo demoledor.

Estuvimos follando toda la mañana, hasta quedar agotados, entre caricias nos pegamos una ducha y bajamos a almorzar. Al terminar nos abocamos a estudiar las distintas propuestas y terminamos el dia seleccionando  las tres mejores para mandarlas a mi estudio para el análisis de costos.

María estaba muy entusiasmada, y a partir de ese día se convirtió en mi mano derecha. Un par de veces a la semana, nos encontrábamos para salir a correr, nos duchábamos y follábamos hasta el mediodía, dando letra a nuevas fantasías que excitaran a José. Almorzábamos juntos y más tarde, compartíamos el gimnasio hasta el atardecer. Maria estaba encantada y yo también, aunque por diferentes razones.

Cada tanto José me llevaba a conocer el ambiente de los pueblos vecinos, gimnasios instalados, servicios ofrecidos, nivel de gente, posibilidad de contarlos como futuros clientes de nuestro servicio de gimnasio con transporte, etc

Una tarde bastante fresca, después de una de esas recorridas, estábamos tomando un chocolate con churros en la cafetería de una posada, cuando, ante nuestro asombro, vimos entrar a Carmen, la mujer de Pedro, correteando  entre risas. Tomada de la mano de un hombre joven se dirigió a la recepción y tomando una llave se adentró rumbo a las habitaciones.

-. Mierda… exclamó José… Pesco a María en algo así y la cuelgo de las tetas en la plaza del pueblo.

Yo…me callé la boca.

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