ANDER MAIS

Capítulo 6

Ganas De Jugar

—¿Estás bien? —me preguntó Natalia viendo como sujetaba el volante con fuerza.

—Sí… bueno, no… —dije dudando qué hacer o cómo reaccionar.

—¿Seguro? —insistió.

—A ver, cielo… te voy a contar algo pero espero que no te lo tomes a mal ¿vale? —le dije, decidiendo por una vez,, ir de frente con ella—. Antes, le he escuchado hablar de ti y también de las demás chicas del bar… Y majo, precisamente, no me ha parecido ese tío…

—¿Qué has escuchado? —me preguntó con algo de miedo reflejado en su voz.

—Bueno, digamos que ha hecho algunos comentarios sobre tus tetas… Y varias fanfarronadas machistas más —dije no sabiendo muy bien cómo explicarle lo que había escuchado.

—Bufff… ¿Y ya está? —dijo como si no le diera importancia al asunto—. Joder, me habías asustado… Si es que todos los tíos sois iguales… En cuanto os juntáis, ya estáis que si mira qué tetas, que si qué culo… bufff…

—Ya… No te digo que no, pero no es solo eso… —añadí indeciso, no sabiendo muy bien cómo decirle lo otro.

—¿Hay algo más? Pues dilo, no creo que me vaya a escandalizar a estas alturas… —dijo con desgana, como si no le importara demasiado lo que pudieran haber dicho de ella aquellos hombres.

—Que te iba a follar… —le solté algo molesto—, que te iba a follar como había hecho ya con Begoña, con Alexia y como también pensaba hacer pronto con Alicia…

—¿Qué? —me preguntó Natalia, incrédula, ahora sí prestándome toda su atención—. ¿Eso ha dicho?

Yo afirmé mientras alternaba mi mirada entre ella y la carretera, esperando alguna reacción airada por su parte que expresara su malestar, enfado o lo que fuera… Pero esta no llegaba y no comprendía el porqué.

—¡Madre mía!… —dijo negando con la cabeza—. La de burradas que decís los tíos cuando vais borrachos…

—¿Cómo? —pregunté sorprendido.

—¿Pero has visto cómo iban, sobre todo su amigo? Cuando vas así dices y haces cosas que no piensas, Luis… Tonterías para fanfarronear —los excusó Natalia—. Yo los he tratado a diario, en buenas condiciones, y no son así, te lo puedo asegurar… Que miran, pues sí… como todos, incluido tú… Además, seguro que todo eso solo eran bravuconadas… Yo a esa tal Begoña no la conozco, pero a Alexia sí y tiene novio creo desde hace años… Y Alicia… Que no, que no… joder, con lo buena que está ¿Para qué se iba a tirar a un viejo como ese? Que tontea un poco con él, no te digo que no, pero de ahí a tirárselo…

No contesté. Volqué mi atención en la carretera y desistí de seguir con aquella conversación. Estaba claro que Natalia, o no se creía lo que le había contado o no le daba ninguna importancia, achacándolo a desvaríos de borracho, a fanfarronadas de machitos trasnochados.

—¿Estás bien? —me preguntó Natalia cuando aparcamos el coche y ya íbamos a salir para subir a casa—. Estás muy callado…

—Sí, estoy bien… —contesté—. Es solo que no me ha sentado bien lo que he escuchado antes, pero si tú dices que no pasa nada, pues ya está…

—Es que lo sabía… —dijo frunciendo el labio, evidenciando un principio de enfado—. ¿Con todo lo que hemos hecho, ahora vas a mostrarte celoso por las palabras de una viejo verde y borracho? No me lo puedo creer…

Salió del coche y se metió en casa sin esperarme. Yo fui detrás arrepintiéndome ya de haberle dicho nada. Si es que por una vez que decidía ser completamente sincero…

—Natalia, lo siento… —le dije mientras entraba en el ascensor—. Te aseguro que no son celos, de verdad… Es solo que me ha molestado la forma despectiva de referirse a ti y a las otras… No sé… me ha parecido un cerdo, por cómo hablaba de vosotras…

—Mira, Luis… es tarde, estoy cansada y no tengo ganas de discutir por tonterías, ¿vale? Solo quiero dormir y, si eso, mañana hablamos… —atajó así la conversación Natalia.

Ya no dije nada más. Entramos en el piso y nos fuimos directamente a la habitación donde nos pusimos los pijamas y nos metimos en la cama.

—Buenas noches —me dijo Natalia dándome un beso y cogiendo la postura para dormirse, cosa que hizo casi al instante.

—Buenas noches —contesté y me dispuse a hacer lo mismo, pero sabiendo que a mí no me iba a ser tan fácil conciliar el sueño.

Por mi mente, solo pasaba la imagen de aquel hombre, aquel maduro que se había propuesto follarse a mi chica y que, de momento, había ganado la primera batalla. Otro problema nuevo, uno más a añadir a la larga lista que ya se acumulaba a mis espaldas. Demasiados y ya empezaba a estar cansado de luchar.

Quizás, la mejor opción era no hacer nada, dejar que las cosas fluyeran y que pasara lo que tuviera que pasar. Al fin y al cabo, parecía que siempre iba a remolque de los demás, como un madero en medio de un río, dando bandazos de un lado a otro y sin llegar nunca a nada. ¿Para qué seguir luchando contracorriente?

No sé en qué momento me dormí, pero me desperté el sábado tarde y cansado. A mi lado, la cama estaba vacía y no escuchaba la presencia de Natalia en el piso. Me levanté y, después de un rápido vistazo, me di cuenta que estaba solo. Supuse que ella debía haber salido a comprar o a hacer algún recado y me fui a la ducha.

Cuando salí de ella, Natalia seguía sin aparecer. Desayuné, hice la cama y algo de limpieza en el piso… y nada, sin noticias de mi chica. Ahí empecé a preocuparme y, cuando le iba a mandar un mensaje para preguntarle dónde estaba, la puerta se abrió y por ella apareció mi chica y no venía sola. Venía con Alicia.

—Buenos días, dormilón… —me dijo Natalia dándome un sonoro beso y con rostro alegre—. Como no te despertabas y no quería molestarte, he quedado con ésta para tomarnos un café y hablar de nuestras cosas…

—Ah, vale, pero podrías haberme dejado una nota o algo… Estaba algo preocupado… —le comenté.

—Huy claro… jajaja… —dijo divertida Alicia—. Seguro que pensabas que te había dejado para irse con Tomás… jajaja…Anda, que ya te vale, Luis…

—Pero… —dije sin comprender nada.

—Mira, Luis… Esta mañana he pensado en lo de anoche y he llamado a Alicia para comentarle el asunto, decirle lo que habías oído y aclarar las cosas… —dijo Natalia con serenidad—. No me gustó verte así y menos saber que ibas a estar preocupado sabiendo que trabajo allí y sospechando de Tomás…

—Es que cómo eres, Luis… —intervino Alicia riendo—. ¡Mira que pensar que yo podía liarme con él!… jajaja… Antes casi que lo hago con tu compañero Eduardo… jajaja… Y de Begoña, que yo sepa solo se acostó con un cliente… —dijo mirándome fijamente como diciéndome que ya sabía con quién—. Y Alexia, menos aún… con lo que quiere a su Toni…

—¿Lo ves? —dijo triunfal Natalia—. ¿Ves cómo tenía razón? Anda, olvídalo ya y no le des más importancia a las palabras de un borracho, cielo…

—Ya… —contesté no sabiendo ya muy bien qué pensar—. Lo siento… es que me sulfuró sentirle hablar así de vosotras… Perdóname, cariño…

—No te preocupes, ya está olvidado… —dijo mi chica dándome un beso.

—Jolines, yo quiero uno como él… ¿Tienes algún hermano? —dijo divertida Alicia mirando de forma pícara y haciéndome recordar el beso que me había dado la pasada noche.

—No, y este se mira pero no se toca… —dijo abrazándome Natalia y marcando territorio—. Es solo mío…

—Egoísta… —respondió Alicia haciendo un mohín de contrariedad—. Bueno, será mejor que me vaya, que tengo que regresar a casa, comer y prepararme para ir al curro…

—¿Y por qué no te quedas a comer? —le ofrecí yo—. Es lo mínimo que puedo hacer por lo que has hecho…

—Sí, quédate… —dijo Natalia—. Así nos vamos las dos juntas al trabajo…

—Bufff… no sé… ¿Quién va a cocinar? ¿Luis? —dijo bromeando—. No sé, no sé…

—Oye… —dije intentando aparentar estar molesto—. Que aquí donde me ves sé abrir latas y todo…

—Jajaja… Si es que es un sol… Cuando te canses de él, me llamas guapa…

—Ni lo sueñes… —respondió entre risas Natalia—. Anda, ven que te enseño el piso mientras este nos prepara la comida…

Las dos chicas se perdieron pasillo adentro y yo me dirigí a la cocina, empezando a preparar las cosas para la comida y aprovechando para pensar en lo ocurrido. No es que dudara de la palabra de Alicia, pero Tomás no me pareció ni tan borracho ni que fuera de esos que se jactan de cosas que no han hecho. No sabía por qué, pero tenía la sensación que alguna cosa no me cuadraba, que no encajaba.

Quise quitarme ese pensamiento, esa inquietud de encima, y me esmeré en preparar una buena comida para las chicas, hacer que Natalia se sintiera orgullosa de su novio y, porque no, impresionar a Alicia con mis dotes culinarias. En eso estaba, cuando unas manos me abrazaron por detrás y un cuerpo se pegó al mío por la espalda.

—Huele bien… —dijo la voz de Natalia.

—¿Sí? Eso espero… Para una vez que tenemos invitados… —dije recostándome sobre su cuerpo y notando sus tetas en mi espalda—. ¿Y Alicia?

—Dándose una ducha… —dijo provocando que me estremeciera solo de imaginármelo—. Era otro de los motivos para querer ir a casa, pero le he dicho que podía hacerlo aquí, que no pasaba nada…

—Claro, claro… —dije nervioso, mientras imágenes de una Alicia desnuda y enjabonando su cuerpo provocaban un conato de erección.

—¿Más tranquilo? —me preguntó recostando su cabeza sobre mi hombro—. Siento haberme enfadado anoche, pero luego me puse en tu lugar y… bufff… si yo oigo a una compañera de curro tuya, por muy borracha que esté, que piensa follarse a mi novio… le arranco los pelos…

—Y por eso has llamado a Alicia…

—Sí, quería dejar las cosas claras… —me explicó—. Tengo que trabajar cada día ahí y Tomás viene a diario… no podía ser que estuvieras con ese runrún y atormentándote por algo que nunca va a ocurrir ¿lo sabes, no?

—Sí… y te lo agradezco, la verdad… —le dije sinceramente—. Me joden mucho estos tíos que piensan que pueden tratar así a las mujeres, no respetando si tienen pareja o no…

—Ya pero, y no te lo tomes a mal, tampoco es enteramente culpa suya ¿no crees? —me dijo—. Quiero decir que, si realmente fuera así, ellas también tendrían su parte de culpa… nadie las ha obligado a engañar a sus parejas, lo han hecho porque han querido o les ha apetecido en ese momento…

—¿Estás justificándolo? —pregunté sorprendido.

—A ver, Luis… No es eso, vale… Solo digo que, a veces, las cosas no son solo blanco o negro… —dijo algo nerviosa—. Solo quiero decir que, a veces, las cosas ocurren y no sabes muy bien porqué… puede ser el alcohol, el sentirte sola, el que te falte algo en la relación… yo qué sé… no sé si me explico…

—Como lo tuyo con Riqui… a eso te refieres… —le dije sacando a colación lo sucedido el verano y viendo que, hacerlo, le afectó—. Lo siento…

—No te preocupes pero sí, algo así… —dijo tratando de serenarse—. Lo que pasó no fue todo culpa de él, ya que si yo no hubiera querido, aquello nunca hubiera pasado… pero tenía las defensas bajas por el alcohol…

—Y caíste… —acabé la frase por ella—. Y antes que preguntes, no estoy enfadado ni mosqueado ni nada parecido… Ya está olvidado y me alegro de poder hablarlo así, con naturalidad… Por cierto, ¿a qué se debe el haber accedido a la invitación para que Alicia se quedara a comer? Me ha sorprendido, la verdad… La otra noche me pareció que te molestó que le propusiera llevarla en coche a su casa…

—Si te soy sincera, no lo sé… Estoy hecha un lío, Luis… —me confesó besando mi cuello y bajando su mano hasta mi vientre—. Por un lado, me cae muy bien, es muy buena compañera y me está ayudando un montón… nos lo pasamos muy bien juntas, hablando del trabajo y de los viejos tiempos y tal…

—¿Pero?

—Pero no puedo evitar sentir ciertos celos de ella… No sé, es algo irracional… Es que noto cierta complicidad entre los dos… gestos, miradas… y algo muy dentro de mí me pide que te aleje de ella, que la aparte…

—Sabes que no hay nada, ¿no?, que solo nos caemos bien y que yo solo te quiero a ti… —le aclaré con algo de pena por mentirle, recordando las dos veces que me había besado Alicia y esa confesión de ella diciéndome que le gustaba.

—Y yo a ti… —murmuró bajando su mano hasta mi entrepierna—. Y lo sé, sé que son imaginaciones mías… y no sabes cuánto me jode ser así, Luis… Me recuerda a Kike y me hierve la sangre pensar que estoy actuando como él… Por eso he decidido tomar las riendas y actuar, intentar normalizar las cosas…

—Vaya, me sorprendes… —dije con admiración—. Aunque, no sé si eres muy valiente o una inconsciente…

—¿Por? —preguntó sorprendida y apartando su mano.

—Mujer, dices que sientes celos de Alicia y quieres alejarla de mí y, como medida de choque, me la metes en casa y me la desnudas… —le dije sonriente—. No sé qué hago aun aquí y no he salido corriendo al baño a ver si consigo ver algo…

—Serás cerdo… —dijo riendo—. Pero tienes razón… no sé, quizás tenga que hacer algo para evitar que hagas algo así…

—Oye, Natalia… —la interrumpí sin dar crédito al rumbo que tomaban las cosas—, que solo bromeaba, ¡eh!…

—Yo no… —dijo agarrando mi polla por encima del pantalón—. Además, te dije que ya pensaría algo como castigo por lo del otro día ¿recuerdas?

Joder, ya se me había olvidado. Tragué saliva, nervioso, pero aun así, mi polla seguía creciendo bajo sus caricias y en antesala de lo que estuviera maquinando mi chica en aquellos instantes.

—¿Y qué tienes pensado como castigo? ¿Ponérmela dura para que tu amiga se haga una idea de lo que solo tú disfrutas? —le pregunté.

—No… algo mejor, mucho mejor… —dijo apartándose y sentándose sobre la encimera—. Quiero que me folles… aquí y ahora…

—¿Qué? —dije incrédulo—. Alicia puede salir en cualquier momento…

—Lo sé y ahí está la gracia, ¿no? —me susurró al oído, tratando de mostrarse confiada, pero notaba un deje de inquietud en ella. A pesar de ello, vi cómo se quitaba de un tirón las mallas y las braguitas, quedando desnuda de cintura para abajo—. Será mejor que te des prisa si no quieres que Alicia vea más de la cuenta…

Alicia desnuda dándose una ducha en nuestro piso y mi novia casi desnuda en la cocina pidiéndome que la follara, como si así estuviera marcando territorio o algo parecido. La cuestión es que mi polla estaba dura a más no poder y la tentación demasiado grande como para dejarla escapar.

En unos segundos, ya estaba desnudo de cintura para abajo y besando a mi chica. mientras ella, sujetando con su mano mi miembro endurecido, lo guiaba a la entrada de sus coño. Un leve empujón y entró con una facilidad pasmosa, delatando lo mucho que aquella situación le ponía a mi chica.

Tampoco era de extrañar. Ya me había demostrado más de una vez su vena algo exhibicionista, como cuando hizo topless en la playa o se dejó masturbar por Víctor en medio de un bar repleto de gente. Y ahora, con el peligro latente que apareciera Alicia y nos pillara en plena faena, Natalia estaba cachonda a más no poder. Y lo demostró aferrándose a mí en cuanto me sintió dentro y rogándome con aquella voz ronca que la follara ya.

No tuvo que insistir demasiado, la verdad. Empecé a bombear de forma frenética mientras besaba a mi chica tratando de acallar sus gemidos y mis manos se aferraban a su culo, buscando algo de sujeción ya que, con lo impetuoso de mis arremetidas, su cuerpo salía expelido y solo faltaba que Natalia se cayera de la encimera, dando al traste con aquel polvo que se presumía antológico.

—Dale fuerte, cabrón… —me susurraba Natalia entre bufidos—. Hazme gritar… Demuéstrale a Alicia lo bien que follas a tu novia…

No entendía muy bien qué pretendía Natalia con todo aquello. Si solo quería reafirmarse follando casi en presencia de su rival, por así decirlo, o había algo más detrás. Quizás, para ella, aquello que estábamos haciendo ya formaba parte del acuerdo al que habíamos llegado, aunque no era así, claro está.

Porque habíamos hablado de fantasías y aquello no lo era, había una tercera persona y bien real que, en cualquier momento, podía hacer acto de aparición y pillarnos con las manos en la masa. Y esa persona era Alicia, amiga y compañera suya, no una desconocida.

Pero yo tampoco estaba para muchos pensamientos en esos momentos, solo en disfrutar de aquel encuentro con mi novia y conseguir cuanto antes alcanzar nuestro clímax, para volver a la normalidad antes que Alicia saliera de la ducha.

—Sí, sí, sí… —gemía Natalia con cada empujón mío, y yo rezaba para que el agua ocultara el ruido que estábamos haciendo y así Alicia no se enterara de nada.

Pero, el solo pensamiento que sí lo hiciera, que supiera que estábamos follando en la cocina, me encendía aún más y me empujaba a incrementar mis penetraciones, subiendo así el nivel de los gemidos y suspiros de Natalia. Un auténtico círculo vicioso.

—Me falta poco, Luis… No pares… Lléname con tu leche… Córrete dentro, amor… —me rogó Natalia mientras sentía sus uñas clavarse en mis nalgas desnudas.

Aquello acabó por incitarme todavía más, arremetiendo con furia desatada y hundiendo mi rostro encendido entre las tetas de mi chica, acompañado por los “Oh dios, oh dios” de Natalia que, totalmente enajenada, ya gritaba sin acordarse de donde estábamos ni con quién.

—Me corro… me corro… —gritó y sentí como su vagina se contraía al igual que su cuerpo, mientras el orgasmo recorría su cuerpo entero y provocando el mío también, vaciándome dentro de ella de forma copiosa.

—Joder, qué bueno… —dijo Natalia abrazándome y acariciando mi cabeza, enterrada entre sus pechos de forma cariñosa—. Menudo polvo, cielo…

Yo no respondí, no podía. Y menos, cuando levanté mi cabeza para tratar de coger aire y, por encima del hombro de Natalia, en la entrada del salón, envuelta en una toalla y con el pelo húmedo y las mejillas encendidas, vi a Alicia mirándonos…

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