ALMUTAMID

La emoción de la conversación con Claudia me dejó un nuevo dolor de cabeza que solucioné con otro ibuprofeno, ducha y cena. En el transcurso de ésta Víctor me notó algo taciturno pero las explicaciones de Ángela sobre mi borrachera y posterior resaca me libraron de dar explicaciones. Seguía dándole vueltas a la conversación con Claudia. Y entre eso y haber dormido no sé cuantas horas entre la mañana y la tarde no pegué ojo por la noche por lo que mi cabeza no descansó con el mismo tema. Al final casi me empecé a convencer de que no debía atosigarla y simplemente volver al plan inicial de ganar la confianza perdida.

Mis calvos y mi borrachera dieron bastante juego a las coñas de mis amigas toda la semana. De hecho fue una semana tranquila con clases por la mañana, cafelito al sol con las chicas por la tarde, correr, ejercicios. Una rutina salvadora. Todo rodado hasta el jueves. En el fondo temía tener que hablar con Dani y Blanca después de lo ocurrido, y más cuando no nos habíamos visto en toda la semana pues el capitán había fallado al entrenamiento anterior.

El partido fue bien. Apurado para ganar con un toma y daca en que nos adelantábamos y nos empataban hasta que con suerte en la penúltima jugada cacé un rechace del portero que entró llorando en la portería sin dar tiempo al otro equipo a reaccionar. Un empate nos habría alejado de los primeros clasificados y estábamos dispuesto a dar guerra hasta el final para reeditar la liga que habíamos ganado el año anterior. Yo en mi juego había perdido regate y algo de anticipación tras la lesión pero estaba mojando en todos los partidos.

Otro cambio fue que no vi a Blanca en la grada a pesar de reconocer a sus amigos pero Marta y Miriam habían vuelto a ver un partido. Al terminar les dije que nos veíamos en el bar cuando me duchara. En las duchas por educación me acerqué a Dani discretamente para preguntarle por como había ido todo con su novia:

-Todo bien, Luis. Gracias por preguntar.-me dijo sonriente apoyando sus manazas en mi hombro.
-¿Entonces no ha habido crisis?
-No, que va.

Puse una cara de sorpresa que invitó a Dani a explicarme lo sucedido.

-Después de hablar contigo quedé con Blanquita. Admito que la presioné un poco pero ella sólo reconoció haberse acostado contigo. La noté rara, no te molestes chaval, pero me dio a entender que si yo quería que no se acostaba más contigo. Pero le dije que a la estrella del equipo había que tenerla contenta y que era la envidia de muchas niñas de la facultad y de todas las putitas que vienen a los partidos.

No me gustó mucho su lenguaje pero no se lo afeé. Aun así seguía sin saber qué había pasado con su novia, por lo que se lo pregunté directamente:

-Bueno, ¿y tu novia?
-Verás. Después fui al médico y le expliqué lo de los hongos. Me preguntó si usaba vestuarios o duchas y tal y yo le expliqué que claro, el gimnasio y aquí después de los partidos. Me miró pies y nabo y me confirmó que tenía pie de atleta y los mismos hongos que Blanquita y tú. Así que le di la vuelta a la tortilla para saber si mi novia me la estaba pegando.

Yo miraba sorprendido la tranquilidad con la que mi compañero contaba lo sucedido. Porque además éramos los últimos del vestuario, yo ya vestido pero el seguía desnudo rascándose además la polla delante de mí incomodándome bastante.

-Total…-continuó- que llamé a mi novia y le expliqué que había pillado hongos en el gimnasio y que se me habían alojado en los pies y la polla, que se fuera al médico por si yo se los había pegado. Me dijo que no tenía picores ni nada malo pero que iba a pedir cita en el ginecólogo. Y ya está. Ella no tiene. Tema resuelto. Lo único que este finde a pan y agua, así que tengo los huevos llenos de amor. A ver cuando se le pasa el susto a Blanquita y le apetece echar un polvete. Porque se ha puesto la cosa que ahora mismo no tengo ganas ni de tontear con otra putita.
-Me alegro de que todo haya salido bien. Y bueno, creo que deberías tratar a Blanca mejor. No es tan mala niña.
-¿No te estarás enamorando? Jajajaja.
-Que va, nada de eso. Pero me choca que la llames putita y tal.- dije al fin.
-Vale, oído cocina. Si te molesta me corto. Venga, me visto y nos vamos por una cerveza.

Llegamos al bar pero yo preferí ponerme con mis amigas y no entretenerme demasiado. Pero en cuarto de hora Dani ya tenía a una chavala sentada encima y le estaba sobando el culo. Como se le pusiera a tiro no dudo que iba a vaciar los huevos con ella.

No lo comprobé. Al día siguiente volvía a mi ciudad para pasar el puente de la comunidad y tenía otras cosas en la cabeza. Nieves y yo habíamos enfriado nuestra relación pero aun así nos hablábamos así que me pareció buena idea tomar al menos un café con ella que era lo menos peligroso. Aunque no sabía qué hacer si se me insinuaba o me proponía sexo pero mi idea inicial era evitarlo. Aun me escocía lo que me había dicho al despedirnos en Navidad. Y quería demostrarle que yo no era tan fácil.

El mismo viernes por la noche quedé con Pablo. Él por su parte venía con Leyre. Habían quedado con otras amigas, algunas que yo ya conocía y otras que no. Pero Nieves no estaba. Pregunté por ella y me dijeron que vendría más tarde. Y efectivamente llegó como una hora más tarde con un tío. Se quedó cortada al verme. Se ve que ni Pablo ni su amiga la habían avisado de mi presencia aquella noche. La saludé aparentando naturalidad a pesar de mi sospecha y le pregunté por su amigo. Lo llamó y me lo presentó:

-Alberto, este es Luis. Un amigo de Pablo.

¿Amigo de Pablo? ¿No suyo? Bueno te has estado follando a un amigo de Pablo.

-Luis. Te presento a Alberto, mi novio…

Traté de ocultar mi sorpresa mientras estrechaba la mano del chaval. La verdad es que era un tío aparentemente bien compuesto. Pijo en el vestir, más alto que yo. Con el pelo larguito con flequillo largo y torcido tapando la frente.

-Encantado, Alberto.-dije aparentando la mayor cordialidad.- Qué raro que no nos conociéramos antes. Claro, como estudio fuera y no vengo desde Navidad por eso no habremos coincidido. ¿Lleváis mucho?

El gesto de Nieves se torció, pero el chaval amablemente me contestó

-Pues la verdad que saliendo desde justo después de Navidad. ¿No cari?
-Sí. Después…-añadió Nieves intentando puntualizar.
-Nos conocimos antes de Navidad, quedamos unas cuantas veces, y esta damisela tuvo a bien querer salir conmigo poco después de Reyes.
-Vaya. Qué calladito te lo tenías, niña, jajajaja.-dije mirándola- Fíjate- añadí mirando a Alberto- que en Navidad coincidí varias veces con ella y ni nos había dicho que había conocido a alguien.
-Bueno, Luis. Ya sabes. Nos estábamos conociendo, tampoco sabía que terminaríamos saliendo.- respondió Nieves mirando con carita de niña buena a su novio.

Ahora me cuadraban las cosas. Y sí, yo pasaba de ella. No me dolía que tuviera novio. Y no, no estaba contento. Me había engañado dándome a entender que no atendía mi petición de tener algo más porque yo era un mal novio cuando ella no había tenido los escrúpulos de meterse en medio de una pareja y además estaba tonteando con otro mientras no tenía reparos en comerme la polla en su trastero después de hacerme sentir que era una mierda de tío.

La verdad es que Alberto era un tío muy agradable. Me estaba cayendo bien aunque tenía la curiosidad de saber si se habían enrollado antes de empezar a salir y cuando había podido ser. Mi curiosidad no era por celos, pero tenía una cuenta pendiente entre Nieves y mi orgullo. En Navidad me había dejado hecho una mierda y resulta que ella es igual o peor que yo. Necesitaba hablar con ella y lanzarle algún puyazo, así que busqué la forma de hacerlo intentando quedar a tomar café con ella pero se me escabullía en conversaciones no encontrando oportunidad para hacerlo.

A cambio charlé amistosamente con Pablo y Alberto hasta que llegó el momento de volver a casa. Cada pareja quería irse por su lado y de las otras amigas dos vivían casi juntas y otra cerca de mi casa, por lo que me pidieron el favor de acompañarla, y por supuesto que me ofrecí.

Alba era una chica casi de mi altura como Claudia, pero aún más delgada. Ya la conocía en realidad pues habíamos coincidido en alguna de las barbacoas en casa de Leyre el verano anterior aunque apenas habíamos hablado pues yo estaba con Pablo o con Nieves normalmente, incluso con Viqui la primera vez. Aunque sí la recordaba delgada aunque pechugona con las tetas algo caídas seguramente por el peso, de esas que el bikini sostiene como dos bolas grandes que de no tener sujeción colgarían de la piel como si estuvieran en dos bolsas. Aquella noche iba vestida muy al estilo de las niñas de colegio de monjas, con zapato plano negro del mismo color que las medias, minifalda roja a medio muslo, blusa blanca terminada en dos picos exactamente desabrochada hasta donde empieza el sujetador sin que llegara a verse y un rebecón a juego pues a final de febrero empezaban a templar las noches preludio de la cercana primavera.

Al despedirnos del grupo empezamos a hablar lo típico entre dos desconocidos buscando algo común como fueron las barbacoas del verano o los estudios. Alba estudiaba ADE pero, como a casi todas las personas que conocía le llamó mucho la atención que estudiara fuera y estuvimos largo rato hablando sobre la vida del estudiante lejos de casa. Pero de golpe empezó a llover y no llevábamos paraguas ninguno por lo que nos esperamos a que escampara en unos soportales muy cerca ya de su casa.

Alba era agradable y divertida. Además viéndonos allí teniendo que esperar nos soltamos más charlando descubriendo que teníamos gustos comunes. Incluso tuve tiempo de observarla mejor. No era una niña realmente guapa pero su rostro era atractivo con una frente enmarcada por su melena lacia, unos ojos grandes que movía con viveza al hablar y te observaban fijamente al escuchar, una nariz algo pequeña para su cara pero una boca bonita con el labio inferior más carnoso que el superior que encerraban unos dientes pequeñitos que intentaba enderezar con unos braquets. El conjunto era muy agradable y más aún unido a su conversación.

En un momento durante la conversación intenté indagar sobre Alberto.

-Oye, qué sorpresa Nieves. No sabía que tenía novio.
-Sí llevan un tiempo ya.- respondió.
-Ya, pero fíjate que estuve en Navidad tomando café con ella varias veces y no me había dicho nada de que le gustara un chico.
-Pero vosotros ¿teníais algo?
-No, que va, jajaja. Sólo amigos, buenos amigos. Yo tenía novia entonces.
-Ahn. Bueno ¿tú eres el famosos Luis que se pilló la papa tan gorda en la fiesta de fin de año?
-Yo fui. Mea culpa. Acababa de cortar con mi novia y Pablo y Nieves se portaron muy bien conmigo.
-Vaya, lo siento.
-No te preocupes. Agua pasada…
-…no mueve molino, jajaja. Pues fíjate, yo creo que en fin de año ya estaba Nieves con Alberto. No te se decir porque ya sabes como es con esas cosas. No cuenta nada. Pero si echo cuentas, yo creo que para entonces estaban juntos sólo que fueron a las fiestas cada uno con sus amigos.
-Menos mal.-dije yo- Porque si no a ver quien me lleva a casa…
-Jajajaja.

“Será cabrona.-pensé- “Mal novio…” Ya se la devolveré. Me da lástima por el chaval. Me ha caído muy bien. Pero quizá debería saber que mientras ellos empezaban ella me estaba comiendo la polla en su trastero. No. Yo no soy así. A él lo respetaré pero la charla con ella la voy a tener”.

Era bastante tarde y no paraba de llover pero aflojaba un poco así que le dije que aprovecháramos para llegar hasta su casa. Me quité el chaquetón y lo levanté para cubrirnos con él. Alba no se pegaba a mí pero tras decirle que se iba a mojar se arrimó más. Yo sostenía el chaquetón en alto mientras ella tímidamente se agarraba a mi costado para ir al mismo ritmo y no mojarnos la cabeza.

Fue un trayecto corto y cuando llegamos a su portal me agradeció que la acompañara y le sirviera de paraguas. Yo le quité importancia:

-Mujer, si es el mismo camino de mi casa. Mejor hacerlo en buena compañía que solo.
-Grcias, Luis. Eres un encanto de niño.
-Oye…-dije impulsivamente.
-Dime.
-¿Nos damos los teléfonos por si nos apetece un día tomar un café? A lo mejor ahora no, pero cuando vuelva en Semana Santa, como nos gusta mucho a los dos.
-Claro. Si tenemos amigos en común, apúntate mi número y dame un toque para grabar tu número.

Me dio su número y le di un toque para que guardara el mío despidiéndonos con dos besos hasta otro día. Entonces recordé un refrán que decía mi madre: “Cuando Dios cierra una puerta, se abre una ventana”. Pero descarté ese pensamiento pues mi objetivo único era recuperar a Claudia. Aunque pensándolo bien había algo más inmediato, pues de todos modos iba a tener una conversación con Nieves.

A la mañana siguiente pachanga con los amigos. Como había llovido no pudimos jugas en pista y lo hicimos en tierra, bastante embarrada. Nos pusimos de barro hasta las orejas pero nos reímos bastante. Después tocó cervecita en la que pude hablar con Pablo:

-Ya te vale- le dije- Me podías haber avisado lo de Nieves.
-Joder, tienes más confianza que yo. Supuse que te lo había contado.-me respondió.
-Joder si resulta que estaba empezando a salir con el chaval- le expliqué- y se seguía enrollando contigo.
-Algo le darías….jajaja.

Evidentemente Nieves había jugado a dos bandas y había elegido la que más le convenía. No me iba a molestar por eso. Pero sí de su crueldad conmigo rebajándome de una forma que ella misma no respetaba. Yo fui un mal novio por caer en su juego pero ¿qué es ella? Pues esa era la explicación que yo iba a buscar.

Cuando llegué a casa, y tras ducharme con la consiguiente bronca de mi madre por llegar embarrado llamé a Nieves. Estuvo seca y a la defensiva, pero yo no buscaba pelear con ella por teléfono, así que saque todo mi arsenal de amabilidad para convencerla de tomar un café. No hubo manera de conseguirlo con mil excusas. Evidentemente me estaba evitando. Así que deslicé una amenaza:

-Alberto me cayó muy bien. Creo que podemos ser buenos amigos y tener bastante confianza.

Nieves se quedó en silencio mientras yo aguardaba. Por fin habló:

-Luis, Alberto me gusta mucho. No me jodas.
-¿Me crees capaz de algo así?- dije con sarcasmo- No me conoces Nieves. Sólo quiero charlar contigo y que me cuentes tus buenas nuevas. Nada más.
-Pero lo nuestro se ha acabado, Luis.
-¿Qué nuestro? ¿La amistad? No hay motivo. Tengo muchas amigas con novio.
-Tú me entiendes.
-Lo dices como si yo te buscara para algo cuando siempre has sido tú la que me buscaba. Recuerda que nunca tuve la iniciativa.

De nuevo silencio. Hasta que al fin dijo:

-Luis. No puede ser.

Y colgó.

No iba a quedar así la cosa. Sabía por ella misma que sus padres se iban en los puentes fuera de la ciudad. Pero además me lo había confirmado Pablo pues Leyre había estado en su casa la tarde anterior antes de salir. Así que me atreví a acercarme. No quería dejar escapar la oportunidad de decirle lo que pensaba.

Por la tarde me acerqué a su casa. Como era sábado por la tarde no estaba el portero. Llamé al porterillo y me contestó pero cuando le dije que era yo me dijo que me fuera. Empezaba a cabrearme su actitud. Esperé pacientemente a que alguien saliera del portal y entré. Subí a su casa. Habían pasado casi 20 minutos desde que había llamado abajo al porterillo. Abrió seguramente creyendo que era el portero recogiendo la basura y se encontró conmigo en la puerta llevándose una sorpresa.

-Luis, vete.
-Sólo quiero hablar.
-Nos van a oír los vecinos, vete.
-Pues baja conmigo o déjame pasar.
-No estoy vestida. Mierda. Pasa.

Efectivamente andaba en pijama con una bata. Me hizo pasar a la cocina y me senté en uno de los taburetes.

-¿Qué quieres, Luis?
-Ya te lo he dicho. Hablar. ¿Por qué me rehúyes?
-Porque no hay nada entre tú y yo. No te debo explicaciones.
-Ni yo te las voy a pedir. No salimos ni íbamos a salir. Me lo dejaste claro varias veces. Sólo amistad y algún polvo. Aunque tu comportamiento lanzara otro mensaje. Pensaba que podíamos ser amigos aunque tuviéramos otras parejas, pero se ve que sólo te interesaba para eso.
-No es eso, Luis.
-Pues explícamelo, que es precisamente lo que quiero.
-Tengo que vestirme. He quedado con Alberto en un rato.
-Puedes hablar mientras te vistes ¿no?

Miró el reloj de la pared y me dijo:

-Bueno. Todavía tengo tiempo.
-A ver Luis. Alberto me gusta mucho y creo que no es buena idea que tú y yo sigamos viéndonos si salgo con él.
-Pero follarte a un tío con novia sí es correcto, ¿no?

Se hizo un silencio incómodo. Por fin habló.

-Bueno. Tú entrabas al trapo. Me gustabas y al final no me equivoqué pensando que te enrollarías conmigo.

Ahí tenía razón. Lo admito. Pero había más y se lo solté:

-Ya. Por eso me rechazaste diciéndome que era un mal novio mientras jugabas a dos bandas…

Su cara cambió. Por fin notaba flaqueza y tenía que asestarle el golpe que llevaba pensando todo el fin de semana.

-¿Alberto sabe que mientras empezabais le comías la polla al novio de otra?
-Eso es muy bajo Luis.
-Tú eres muy baja…machacándome psicológicamente cuando venía de una ruptura cuando en realidad me rechazabas por otro motivo. ¿Disfrutaste haciéndome sentir mal?
-Bueno, después te subí el ánimo.
-¿Lo arreglas todo así? Lo de mal novio se va a quedar corto contigo…
-Eres un imbécil, Luis.
-Me callo lo que puedes ser tú…Porque dudo que a Alberto le haga gracia saber que te enrollabas con él y después me comías la polla a mí. ¿O era al revés?
-Eso a ti no te importa.
-No. Al mal novio, no. Pero al ¿amigo? Porque me ha caído muy bien tu novio y si nos hacemos amigos…
-No, Luis. Vale. No ha estado bien. Tienes razón. Me he portado muy mal contigo. Pero no me jodas con Alberto, por favor. Yo hago lo que sea pero deja a Alberto al margen.
-A ver si recuerdo bien, buena persona pero mal novio…no así no era, que valía mucho, era buen amante pero mal novio. ¿no?

Nieves se levantó acercándose a mí más de lo esperado entre dos amigos que discuten y apoyó sus manos en mis muslos para acercar su cara a la mía.

-¿Un polvo es lo que quieres? ¿Qué te exprima la polla y te vayas contento? ¿Eso quieres?
-Esto es lo que no se merece Alberto.-dije levantándome bruscamente sujetando sus manos.

Me fui hacia la puerta de la casa pero antes de llegar volví a la cocina y le dije:

-Tranquila Nieves, no os voy a molestar si coincidimos, pero me voy tranquilo. Yo soy un mal novio, soy consciente de ello y tú tienes mucho que ver. Mírate a ver qué eres tú y te lo piensas antes de juzgar a otros. Adiós…

Y salí de su casa con temblores, taquicardia y una mezcla entre orgullo y pena.

Me fui dolido de casa de Nieves. ¿Cómo te puede cambiar la percepción de las personas? Aquella chica interesante, culta, divertida que me había hecho pasar jornadas tan placenteras, y no me refiero sólo al sexo, se había difuminado sustituida por una persona egoísta y manipuladora. No había tenido escrúpulos en darse el capricho de liarse con un tío con novia sin sopesar las consecuencias para quitárselo de en medio cuando ya no le interesaba sin ni siquiera ni explicación o una disculpa.

Mi objetivo estaba claro: recuperar a Claudia, y pasar página con Nieves era una etapa más que debía cumplir para conseguirlo. Por eso como quería evitarla en vez de quedar con Pablo aproveché para quedar con el resto del grupo que me habían dicho que iban a hacer botellón antes de salir de pubs.

En el botellón me encontré dos sorpresas inesperadas. Viqui, que llevaba meses sin verla y Alba. Saludé afectuosamente a las dos además de al resto del personal. Ya era casualidad encontrarme a Alba dos días seguidos.

-Oye, ¿os conocéis de las barbacoas o de antes?- preguntó Alba curiosa.
-Bueno- se adelantó Viqui- Salí con este individuo una temporada.
-¿En serio?¿Y qué pasó? Huy, perdón. Que cortilla soy. Seguro que no queréis hablar de eso.- dijo Alba.
-No pasa nada.- quité importancia- Viqui y yo somos amigos.
-Bueno. Luis es muy de nuestras fiestas- explicó Viqui- Semana Santa, feria…y en feria cuando agarra la guitarra se olvida de la novia.
-Jajaja. Vale. Lo pillo. Cortasteis en feria.-dijo Alba.
-En mi defensa digo que mi novia no se lo pasaba bien porque no bebía suficiente…-dije.
-Jajajaja- rieron ambas.
-Os sirvo una copa.-me ofrecí.

La verdad que estuvimos charlando los tres como si fuésemos viejos amigos entre copa y copa contando alguna anécdota pero el principal protagonismo fue mío contando batallitas de las novatadas de la residencia o la vida de universitario fuera de casa.

Cuando terminamos los lotes nos fuimos de pubs con la típica disposición de chicas bailando y chicos en la barra. Ahí me fijé mejor en las dos chicas y como iban vestidas. Mi exnovia llevaba un vestido ajustado que le hacía buena figura marcando la forma de su pechos y caderas y mi nueva amiga llevaba unos shorts de cuero negro. Sabía sacar provecho a su cuerpo pues con los shorts disimulaba sus anchas caderas y con una blusa ligeramente ajustada disimulaba su delgadez, e incluso sus melones no parecían tan grandes bien sujetos seguramente por un sujetador bien apretado pero a la vez aprovechados mostrando su canal apretado con el escote justo.

Viqui se fue antes que yo con otra amiga. Pero cuando llegó la hora de la desbandada nos fuimos dividiendo según llegábamos a los cruces que se dirigían a nuestras casas. Por la cercanía de la casa de Alba a la mía al final nos quedamos solos y como había ocurrido la noche anterior surgió de nuevo una conversación fluida y agradable.

-Conque tocas la guitarra.-me dijo.
-Pues sí.
-¿Y tocas bien?
-Bueno, pa la feria sirvo.
-Jajaja. Ya te veré niño, porque eres una joyita, cofrade y feriante.
-Se hace lo que se puede. Porque veo que tú eres igual…

Al final hasta me contó como eran sus trajes de flamenca y nos prometimos algún baile. Hasta me dijo que la llamara algún día para tomar un café. Me parecía una chica muy agradable y una buena amiga teniendo en cuenta que Nieves y yo nos íbamos a evitar y que pese a la actitud cordial y divertida de aquella noche mis encuentros con Viqui habían sido bastante fríos en general.

Sin embargo, cuando me levanté a la mañana siguiente caí en la cuenta de que no tenía planes para el domingo. Después de dos días de marcha el personal no iba a salir mucho mas por gasto que por falta de ganas. Odiaba aburrirme cuando no tenía que estudiar así que empecé a pensar qué hacer. No había partidito con los amigos, aunque alguno proponía al menos tomar una cerveza por la noche. Pero faltaba mucho para eso.

Al final quedé con Claudia para charlar después de comer y tuve el impulso de preguntarle a Alba si tenía planes. Me propuso tomar un café pero me coincidía con la hora en que iba a charlar con mi exnovia así que le dije si podíamos quedar más tarde y me propuso ir al cine. Al final pasé de no tener planes a cerrar una tarde-noche completa: charla con Claudia primero, cerveza con amigos después y cine con Alba y quien se quisiera apuntar.

La charla con Claudia fue bien contándonos nuestra semana. Cuando llevábamos un rato hablando tuve un arranque de sinceridad.

-¿Te acuerdas que te di a entender que había estado con otra persona mientras estabas en Italia?
-Sí.-respondió escuetamente.
-Pues he tenido un mal paso con esa persona.-respondí.
-¿Y eso?
-Me lie varias veces con ella cuando tú no estabas.
-¿Pero llegasteis a salir?
-No, no. Yo te estaba esperando, pero ella se me ofrecía.
-Te conozco Luis, puedo imaginármelo. ¿Qué ha pasado ahora?
-Tiene novio y aunque yo ya no tengo interés en ella me ha molestado que me trate como a un estorbo, a un apestado.
-Y habéis peleado.
-Sí.

Claudia no decía nada así que añadí:

-Le he echado en cara sus pocos escrúpulos buscándome sabiendo que tenía novia y ahora ella me huye. El problema es que tenemos amigos comunes.
-Luis, ella tendría pocos escrúpulos, pero los cuernos me los pusiste tú no ella. Tu sentimiento de culpa no fue por ella, fue porque no eras capaz de perdonarme una infidelidad cuando tú me eras infiel. No la culpes de algo que es culpa tuya.
-La culpo de que me buscara descaradamente y ahora pase de mí.
-¿Quieres algo con ella?
-Noooo. Que va. Pero una cosa es no querer y otra muy distinta dejar que me utilizara sin escrúpulos y ahora me tire.
-¿Y qué ha pasado para que me cuentes esto?- preguntó.
-Ayer peleamos. Yo quería una explicación y ella me evitaba. La forcé a dármela y fue cruel conmigo. La amenacé con hablar con su novio.
-Eso está mal. Es impropio de ti. Tú tienes buen corazón pero mala cabeza, por eso tuviste remordimientos y cortaste conmigo.
-No iba a hacerlo, sólo quería que se diera cuenta que ella se metió por medio de una pareja y yo también podía hacerlo.
-¿Y?
-Me ofreció sexo a cambio de que no lo hiciera.
-Menuda joya tu amiga. Dime que no lo has hecho.
-Claudia. Soy yo, tu Luis. Le canté las 40 y me fui dejándola toda cortada.
-Eso esperaba yo de ti.
-¿Te acuerdas las horas que echábamos mientras yo te contaba todos mis líos?
-Sí. Y este ratito se parece.
-Sólo que tú ya no me quieres.-dije con pena.
-Eres un idiota de campeonato.
-¿Por contarte estas cosas?
-No. Por pensar las otras. Te quiero mucho Luis, sólo que ahora mismo de otra manera.
-Ya. Para la otra manera tienes a Gianni.
-No vamos a discutir eso otra vez. Me alegro de que seas sincero y empieces a quitarte ese velo conmigo. Y tu reacción con esa chica es la mejor que podías tener. Evidentemente le interesabas y ya no por lo que sea, porque ese chico le gusta más simplemente. Pero está claro que no tiene ya otro interés en ti y que no tiene escrúpulos de ningún tipo. Haces bien en alejarte de ella.
-Gracias, mamá, jajajaja.
-Que tonto eres, jajaja.

Me despedí afectuosamente de mi ex con la sensación de que había aportado un granito más a mi proyecto de recuperarla. Me duché y me arreglé para tomar una cerveza con los amigos. Como una hora más tarde llegó Alba sola a donde estaba yo con mis amigos. Ninguna amiga suya aparentemente se había unido al plan y mis amigos preferían quedarse tomando cerveza a ir al cine pese a que mi padre me había dejado el coche y podía llevarlos. Ninguno quiso así que Alba y yo nos fuimos a por el coche.

Alba estaba demostrando ser una niña muy apañada pues hablando con ella no te aburrías y era dada siempre al comentario agradable y a la sonrisa. Me alegraba de haberla conocido mejor e incluso cuando regresamos del cine se lo hice saber diciéndole cuanto me alegraba haber descubierto una amiga como ella.

-Luis, ¿tienes prisa?
-Pues no.
-¿Te apetece que tomemos algo?
-Pues sí, jajaja.

Llevamos el coche a mi casa para dejarlo aparcado y como eran aun las 12:30 de la noche aproximadamente nos acercamos andando a un pub cerca de su casa. Ella se pidió una Coca-Cola y yo me pedí un licor de guindas. El problema para mí fue que nos sentamos de frente cuando toda la noche habíamos estado sentados al lado el uno del otro en el cine y en el coche.

Alba es una chica muy discreta en el vestir. Para ir al cine se había puesto un pantalón de pana con botas bajas y una de las blusas del tipo que ya le había visto con cuello de pico y sobre ella un jersey de pico también. Mi problema al sentarse de frente fue que era incapaz de evitar que mis ojos miraran sus tetas. Por más que lo intentaba se me iban solos. Y es que conocedora mejor que nadie de su fisonomía Alba solía llevar siempre la blusa abierta hasta el punto exacto que ocultaba su ropa interior. A diferencia de otras chicas que aprietan su pecho para aparentar que tienen más ella lo hacía por todo lo contrario. Si en el bikini sus tetas desbordaban el triángulo de tela que las sostenía cuando se vestía la prenda interior las contenía bajo la ropa pero ella no dudaba en mostrar la zona donde ambas masas chocaban apretadas y turgentes. Y todo ello enmarcado en el triángulo que formaba el pico de su blusa. Pero ese día el jersey de pico se ajustaba a su cintura con un elástico ancho bajo el que asomaban los picos de su blusa. De esa forma aun destacaba más la redonda inmensidad de sus pechos y se elevaba su canal.

No sé si la chica estaba acostumbrada a sentir como la miraba o si disimulaba su incomodidad al comprobar como mis ojos no podían evitar pasearse por su escote pero yo sí lo estaba pasando realmente mal y tampoco quería darle mala impresión, por lo que excusándome en un foco que me molestaba me cambié de silla sentándome a su lado. Así pude contener mejor la dirección de mis ojos. Sin embargo me pareció percibir una pequeña sonrisa de satisfacción en ella al notar mi nerviosismo. O fue una impresión mía agobiado por la querencia de mis ojos de volver una y otra vez a la puerta de toriles.

No recuerdo ni de que hablamos pero cuando la acompañé a su casa y me despedí de ella hasta Semana Santa me obligó a prometerle que la llamaba para ver cofradías juntos. Viendo el panorama que se me presentaba para la fiesta con Pablo ennoviado, Nieves descartada y el recuerdo de la Semana Santa anterior con Viqui me pareció buena idea quedar con ella y los que se quisieran apuntar.

Por fin cuando me acosté pude recopilar en mi cabeza todos los hechos del día y viendo como me había ido comportando yo durante todo el fin de semana pude dormir con la satisfacción de haber agregado un granito de arena más a mi reconquista de Claudia. En tres meses volvería y para entonces me vería ya como al Luis de siempre. Y caería de nuevo en mis brazos. Soñar es gratis…

El lunes regresé a la residencia con tiempo de tomar una cerveza antes de cenar con Ángela. Marcos estaba con Silvia y nos fuimos los dos solos. Al rato llegó Víctor. Nos contamos nuestro fin de semana y nos fuimos a cenar a la residencia. Al estar con ellos tuve una extraña sensación: la de que en realidad yo había vivido el último año y medio dos realidades paralelas: mi ciudad y la residencia.

En mi ciudad había conocido a Viqui y salido con ella ocultándoselo a todos en la residencia. Había tenido la aventura con Nieves, que había sido transparente para mis amigos mientras mis compañeros de residencia vivían ajenos a todo.

Por el contrario en la ciudad donde estudiaba había conocido a Claudia, había metido la pata con María, salido con Marta y hasta tenido algún devaneo con Marina, Blanca y Silvia. Casi nada de eso era sabido por mis amigos. Había participado en una fiesta Erasmus con final casi de orgía.

Sólo había una persona común a ambos lugares y conocida al menos de oídas en los dos sitios: y era Claudia. Ella era la persona más importante que había pasado por mi vida en todo ese tiempo. Necesitaba hacérselo saber. Aunque seguramente ya lo sabía. Ese pensamiento aunque ocultando algún dato, llámese alguna aventura de cada sitio, se lo deslicé a Ángela cuando nos despedíamos en el pasillo para ir a dormir. Su respuesta me dejó pensativo:

-Luis, no quiero amargarte el momento. Pero no has pensado que a lo mejor ¿llegas tarde? La has cagado con esa chica y quizá tus palabras ahora le suenen a intento vacío por recuperarla.

De nuevo mi montaña rusa de sentimiento. Hacía las cosas bien con Nieves, pero me podía salir mal con Claudia. Intentaba hacerlo bien siendo sincero y mostrándole mis sentimientos a tumba abierta pero podía ser yo el que cayera dentro del agujero.

Otra mala noche sin poder dormir escuchando la respiración profunda de Marcos satisfecho de su Silvia. No lo envidiaba por su chica, pero sí envidiaba en ese momento su suerte de estar con quien él quería. Tenía que ser paciente. Claudia volvería. Me había dicho que me quería. Volvería…

Un comentario sobre “La residencia (99)

  1. Me encanta Claudia es buena Chica..Ojala ysi regrese contigo Luis pero esta muy complicada la cosa porque tu eres muy debil cuando miras unas piernas con falda.Espero y ya te aplaques, pues mira lo que paso con Blanca.. pienso que Claudia si te quiere pero es rasonable y conoce tus debilidades

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