ECONOMISTA

El lunes a media mañana, me llamó Claudia al trabajo, estaba bastante alterada y hablaba muy deprisa.

―No te lo vas a creer, me ha llamado mi tío Gregorio, quieren ofrecerme un puesto de trabajo en la Consejería de Educación, parece que les corre prisa, ha quedado un puesto vacante…¿qué hacemos?

Aquello nos pilló por sorpresa totalmente, me hizo gracia la pregunta de qué hacemos, como si yo fuera a formar parte de esa decisión, Claudia llevaba años dando clases en el instituto y ahora que por fin había conseguido llegar a directora le ofrecían un nuevo cargo político de libre designación. Su tío Goyo, hermano de su padre, había estado toda la vida metido en política y parece que querían colocar a mi mujer en un puesto de nivel alto en la administración.

No me dio tiempo a asimilar la llamada de Claudia, yo estaba tranquilamente en mi oficina, saboreando una taza de café y recordando lo que había pasado el sábado por la noche cuando mi mujer llegó de fiesta. Se había cumplido una de mis fantasías de manual de buen cornudo, que ella saliera de marcha con sus amigas, en este caso Mariola y que llegara a casa sin ropa interior.

Lo peor no es que llegara sin el tanguita, que a saber dónde lo había dejado, lo peor es lo caliente que llegó. Mientras me despertaba y abría los ojos Claudia ya se estaba bajando la cremallera de su falda de cuero y me estaba plantando el coño en la boca. Quería correrse con mi lengua.

A pesar de acabar de despertarme se me puso dura en un instante y Claudia fuera de sí, comenzó a restregarse contra mi cara.

―Vamos cómemelo cornudo…eso es…¿has visto que vengo sin ropa interior?, no eres la primera persona que me lo come esta noche, te lo puedo jurar ―me dijo Claudia jadeando.

Esas palabras me volvieron loco y me sorprendió aún más, cuando Claudia sentada en mi cara, echó la mano hacia atrás y me sacó el pito del pijama para comenzar a pajearme.

―Noooooooo, Claudiaaaaaa, nooooooooo, no hagas esoo, ahhhhhhhhhh, no me toques ―dije revolviéndome como pude.

Pero ya era tarde, fue una corrida casi inminente, mi polla empezó a escupir semen empapando la mano de mi mujer que no paraba de decir.

―¡¡¡Eres patético cornudo, eres patético!!!

Luego se sentó en mi pecho y se quedó mirándome unos segundos, para después meterme en la boca los dedos manchados con mi propia corrida.

―Límpiame bien cornudo, no quiero que dejes ni rastro…
―Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm……….mmmmmmmmmmmm…

Uno a uno me fue metiendo los dedos en la boca hasta que no quedó ni rastro de esperma en ninguno de ellos. Ahora tenía la boca cubierta de sus jugos y de mi semen que me resbalaba con dificultad por la garganta.

―Vamos trágatelo joder, eso es…trágate tu propia corrida cornudo ―dijo Claudia pegándome un tortazo.

Estaba agresiva, excitada, alterada, luego se volvió a sentar en mi cara y se quitó la camiseta dejando libre sus tetas. Empezó a frotarse contra mi boca alcanzando el orgasmo también bastante rápido, mientras se pellizcaba ella misma los pezones. Cuando terminó se metió en el baño a lavarse los dientes y a desmaquillarse antes de dormir.

No me dejó hacer más preguntas sobre lo que había pasado esa noche. Solo sabía que otra persona le había comido el coño antes que yo y que había llegado a casa sin ropa interior.

Volviendo a ese lunes, todo iba demasiado deprisa, esa misma noche habían preparado una cena informal, con su tío Gregorio y otro político que debía ser Director General de algo de formación del profesorado o una cosa así, en la Consejería de Educación, quedamos con mis suegros para que se hicieran cargo de las niñas y acudimos a la cita Claudia y yo.

A mí todo esto me parecía muy precipitado, ahora teníamos la vida organizada, no nos hacía falta el dinero y en un principio acudimos a la cita más bien por cortesía hacía su tío, que era el que había dado el nombre de mi mujer para el puesto. Claudia se vistió de manera informal, pero elegante con unos vaqueros ajustados y un jersey de color azul clarito, junto con unos buenos zapatos de tacón.

Cuando llegamos al restaurante ya estaba su tío Gregorio junto con otro señor, se levantaron de la mesa para saludarnos y volvimos a sentarnos los cuatro. Le eché una ojeada rápida a Basilio, que así se llamaba el político que estaba con el tío de mi mujer. Era un señor bastante bajito, sobre 50 años, apenas mediría 1,60, mi mujer con tacones era más alta que él, complexión media, gafas de pasta y lucía una calva particular, con mucho pelo y bastante rizado por los laterales y la parte de atrás.

Enseguida Basilio sacó sus dotes de buen político, era muy hablador y bastante simpático, aunque a mí había algo desde el principio que no me gustaba de él, no sé, todo lo que decía me parecía muy falso de contenido. Era un charlatán.

―Ya me ha dicho tu tío que eres directora del instituto, necesitamos gente como tú, encajas perfectamente en el perfil que estamos buscando, edad, buen curriculum, trabajadora, con experiencia en el sector.

“Y ya si es mujer y tiene buena presencia, mejor” pensé yo.

―Estamos en un momento importante en la educación, tú no te preocupes por el puesto que tenías en el instituto, te lo dejamos guardado en excedencia el tiempo que estés en la Consejería, pero yo creo que ahora tienes que ir un poco más allá, dentro de poco se avecinan reformas en la ley de educación, necesitamos opiniones, sobre todo la gente que lleváis tanto tiempo al pie del cañón, dando clase, vosotros sabéis de primera mano lo que está pasando y como se puede mejorar, pero también queremos perfeccionar la formación del profesorado y ahí básicamente es de lo que nos encargamos nosotros…

Apenas podía intervenir mi mujer, cuando iba a objetar algo enseguida Basilio eludía el tema y lo llevaba donde él quería. Hablaba mucho, pero escuchaba poco.

―Tendríamos que pensarl…
―Te necesitamos para ya Claudia, te voy a ser sincero, es muy buen puesto y encajas perfectamente en el perfil. No tienes nada que pensar ―sentenció Basilio.

Mi mujer miró a su tío Gregorio, que le dijo que sí con la cabeza como animándola a que aceptara, luego Claudia me miró a mí.

―Tendríamos que ver los horarios y cómo me puedo organizar, tenemos dos niñas, además voy a hacer una buena faena en el instituto que acaba de empezar, va a ser un lío…ahora que se queden sin director así de repente.
―Por eso no te preocupes, esta misma semana dejamos solucionado tu sustituto en el instituto, estaría bien que fuera uno de los profesores que está ahora, seguro que ya tienes algún candidato que pueda encajar, dínoslo y eso lo dejamos solucionado lo más rápido posible para ocasionar las mínimas molestias en el funcionamiento del instituto y al alumnado ―dijo Basilio que parecía que no aceptaba el no por respuesta.

Vi en Claudia que ya tenía la idea en la cabeza. El tal Basilio se lo había vendido muy bien y mi mujer se veía perfectamente en ese puesto y por qué no, más adelante en otro puesto político de más nivel dentro de la Consejería. Claudia era ambiciosa en su trabajo y la estaban ofreciendo la posibilidad de ir un poco más lejos.

Esa misma semana anunció que dejaba el puesto de directora en el instituto. Empezaba una nueva vida para nosotros.

―No me has contestado a lo que te dije ―preguntó Lucas.
―¿Todavía estás con eso?, déjate ya de bromas, al final voy a pensar que me lo estás diciendo en serio ―dijo Mario.

Lucas dejó el cuaderno de dibujos que estaba ojeando sobre la cama y se sentó al lado de su amigo que garabateaba algo en una hoja grande.

―Es completamente en serio, le gustas a Mariola y quiere follar contigo, tú dime si a ti te gustaría o no…
―Pero Lucas, es tu…no sé cómo decirlo, tu novia, tu chica, estás con ella…
―¿Yo?, jajajaja, no…solo es una follamiga, ella seguro que se acuesta con otros aunque no me lo diga y a mí me deja hacer lo mismo…yo en la universidad pienso echarme novia, Mariola es lo que es, me saca 20 años…lo pasamos bien y punto…y ahora me ha dicho que le gustaría estar contigo…
―¿En serio?…¿y a ti no te molesta que me acueste con ella?…no sé, es un poco raro…
―No tío, hablamos de muchas cosas, de situaciones morbosas y salió tu nombre, Mariola me dijo que le gustas y que no le importaría acostarse contigo…
―Joder, ¿habláis de mí?
―Alguna vez…
―¿Y qué se supone que tengo que hacer?, te digo que sí que quiero estar con ella y nos organizas tú la cita, o como va esto?
―Jajajaja, sí, más o menos…
―No sé, me da mucho corte…
―Venga no seas rajado, está muy buena…
―Ya, ya lo sé que está buena, te recuerdo que la he dibujado muchas veces…
―¿Entonces?
―No sé…es muy raro…
―Pásate un día por el banco y la ves vestida con una faldita o unos vaqueros bien ajustados, verás cómo se la marca el culazo, venga no me digas que no te gustaría metérsela por el culo a una directora de banco…
―Joder Lucas, dicho así…
―Entonces le digo que sí…
―Pero…pero cuándo sería?
―Cuando quieras…
―Déjame pensarlo un poco ―dijo Mario.
―¿Te parece si esta semana organizo un partido de pádel y así la ves?, hablamos luego un poco con ella para que te empiece a dar más morbo…
―No tengas prisa…
―Es una cerda total en la cama, engaña mucho la pinta de pija, pero tiene un vicio la cabrona, jajajajaja, ni te imaginas lo que pasó el domingo cuando fui a comer a su casa…
―¿Qué pasó? ―preguntó Mario.
―Me dijo que había salido de fiesta la noche anterior con Claudia…y no me quiso contar que es lo que pasó, pero la profe había terminado en su casa y se había dejado el tanguita allí en el suelo…
―Venga ya…
―Joder eso pensé yo, ¿cómo cojones te puedes dejar el tanga en casa de tu amiga?, pero Mariola me juraba que era cierto…no me quiso contar lo que había pasado entre ellas, pero insistía que la creyera, el tanguita era de Claudia.
―¿Y qué pasó?
―P

ufffff

ffffffffffff, de todo, primero me dijo que lo cogiera…eran la hostia tío, así como con encajes, era suavecito, tipo seda, estas zorras llevan una ropa interior que con tocarla se te pone dura…no me podía creer que tuviera en la mano el tanguita de Claudia.
―Mmmmmmmmmm, ¿y qué hiciste?…
―Me dijo Mariola que lo oliera…
―¿Qué olieras el tanga?, joder…
―Sí, tío me hizo sentarme a su lado y me lo puso en la nariz…
―¿Es en serio?…¿y cómo olía? ―preguntó Mario.
―No puedo describir lo que sentí, esas cosas de oler la ropa interior y tal no me ponen nada, nunca me ha gustado eso, de hecho me daba bastante asco, pero ese tanguita era especial, dejé que Mariola me lo restregara por la cara y te lo juro, me las puso en la nariz y aspiré y mmmmmmmmmmmmmmm…el olor del coño de Claudia se me metió hasta dentro, me atravesó desde la nariz hasta la polla, se me puso durísima…
―Joder…¿tan bueno era ese olor?

Lucas se mordió los labios y movió la cabeza.

―Lo mejor del mundo, yo mismo me apreté el tanga contra mi nariz y aspiré varias veces, tuve que cerrar los ojos para centrarme en lo que estaba sintiendo…y mientras Mariola aprovechó…
―¿Aprovechó para qué…?
―¿Tú qué crees?…se puso a hacerme una mamada…
―Ahhhhhhhhhhh, jajajajajaja…¿y qué pasó luego?
―Mariola tenía ganas de marcha, se desnudó y delante de mí, me arrancó el tanguita de la cara y me dijo “¿quieres que me lo ponga?”
―Y se lo puso…
―No solo eso, se notaba que era más pequeño que su talla, la gomita lateral se la apretaban mucho contra la cintura, era muy morboso tío…y luego me dijo que me la follara, que me la follara con el tanguita de Claudia puesto.
―Noooooooooooo….
―Sí, se puso a cuatro patas y aparté la tira que se la metía por el culo para metérsela desde atrás, yo estaba que no podía más y ella se dio cuenta, me dijo que no me corriera que quería hacer una cosa…
―¿Otra sorpresa?
―Sí, la última, dije que hiciera ya lo que tuviera que hacer, porque no me aguantaba más…
―¿Y qué hizo? ―preguntó Mario.
―Pues me hizo tumbarme en el sofá y se quitó el tanguita, luego lo cogió con la mano y me envolvió la polla con él…
―¿Que te envolvió la p…?
―Sí, la polla, me la cubrió por completo y se puso a hacerme una paja apretándome con la palma de la mano por arriba, no tardé en empapar de lefa el tanga de Claudia, ¡¡¡joder tío, me corrí en el tanguita de la profe!!!
―¡¡Qué cabrón con suerte!!, y esa Mariola es una buena puta ―dijo Mario.
―Ni te lo imaginas tío el vicio que tiene, va de pija y en el fondo es una guarra de cojones…pero tranquilo, que dentro de poco vas a averiguar lo que es follar con ella, ¡¡te lo vas a pasar de puta madre!!
―Joder Lucas, me has convencido ―dijo Mario con una empalmada que no podía disimular―. Lo dejo en tus manos…cuando me digas, voy donde sea para acostarme con Mariola…
―No quiero que solo te acuestes con ella joder, quiero que la des duro, que le hagas de todo, que la folles la boca a lo bestia, que se la metas por el culo, que te corras en su cara y en su pelo, que la azotes fuerte…lo que se te ocurra…tienes carta blanca…puedes hacer con ella lo que te dé la gana…

La semana fue de locura, tuve que acompañar a Claudia al instituto para que recogiera sus cosas, estuvo un rato hablando con los compañeros, se disculpó con ellos e hicieron un consejo de urgencia para nombrar a una profesora como directora interina provisional. Después otro día me tocó llevarla a hacer papeleo y al nuevo edificio de educación, donde ya le habían asignado una oficina, tan solo quedaba la publicación de su plaza nueva en el boletín oficial de la comunidad. Eran unos días de no parar.

Y para colmo, el fin de semana me tenía que ir a unas jornadas informativas de empresarios, que habían organizado en Salamanca sobre pymes en el ámbito local, acompañando a Carlota. No me apetecía nada aquello y con la excusa de que la semana había sido muy agobiante intenté eludir ese viaje, pero Claudia me animó y me dijo que nos iba a venir muy bien tanto a Carlota como a mí, para así desconectar.

Así que el viernes, después de comer, pasé a recoger a la hermana de mi mujer por su nuevo piso de soltera, para ser primeros de octubre anunciaban un fin de semana con buena temperatura y Carlota me sorprendió con un vestido veraniego de tirantes que le llegaba hasta los pies. En el trayecto del portal hasta el coche me quedé mirando como la botaban las enormes tetas de su voluptuoso cuerpo mientras se acercaba.

―Llegas cinco minutos tarde ―me dijo con su tono habitual a modo de saludo

Luego dejó las maletas, esperando a que se guardaran solas en el maletero y se sentó en el asiento del copiloto. Me tocó meterlas a mí dentro del coche, una enorme maleta y una bolsa grande qué no sé qué llevaría ahí para solo dos días.

―Bueno, vamos a ver qué tal lo pasamos ―dije intentando ser un poco simpático, cuando volví a ponerme delante del volante, pero mi cuñada ni me contestó.

Vaya viajecito me esperaba con ella de dos horas. Iba a ser “muy agradable”, pero eso no era lo peor, es que además luego tenía que estar con Carlota dos días enteros en aquellas jornadas de empresarios. Se me iban a hacer eternos.

14

Todavía no sabía muy bien cómo me había metido en aquel lío, dejándome engatusar por toda la familia y ahora teniendo que aguantar a la persona más insoportable que conozco, pero el caso es que allí estaba viajando con ella.

Mi cuñada Carlota.

Es la mayor de los tres Álvarez, 46 años y recién separada del necio de Gonzalo. Estaba empezando a rehacer su vida, se había preparado un lujoso piso con todas las comodidades, pero seguía con el mismo carácter agrio de siempre. A mí físicamente me da mucho morbo y era una de mis musas pajilleras. Que sea la hermana de mi mujer hace que me excite más todavía, es verdad que en los últimos años se ha estropeado un poco, engordando quizás más de la cuenta.

Rubia, media melena y ojos claros, igual que Claudia, aunque algo más alta que mi mujer, estaría sobre el 1,65. De brazos regordetes, lo que más destaca en ella son sus enormes tetazas, fuentes de innumerables pajas, unas tetas grandes y desproporcionadas, que a pesar de los años, mantenían una firmeza considerable, los muslos también un poco anchos y el culo siempre lo había tenido grande, pero últimamente le había engordado, aunque era un culo de esos duros.

Casi nunca la había visto sonreír, salvo algunas veces jugando con los sobrinos, pero con un carácter muy serio, incluso más que Claudia, menos social con la gente por así decirlo. Decía las cosas de manera rotunda y tajante y siempre se hacía lo que ella quería. No estaba acostumbrada a que le dijeran que no.

Eso sí, una cosa no quita la otra, era una trabajadora incansable, en la empresa Álvarez era el pilar fundamental, estaba metida en temas de administración, en recursos humanos, nóminas, en una pequeña oficina en la que ya tenía seis personas trabajando para ella. Supongo que trabajar tanto era para olvidar que su vida amorosa había resultado ser un completo fracaso.

Casada con Gonzalo, no habían tenido hijos, no sabemos si porque no quisieron o porque no pudieron, y mi cuñado poco a poco la fue apartando de sus amistadas para hacerla muy dependiente de él y el caso es que ahora se encontraba más sola que nunca, desde que éste la engañó con Cristina y Carlota finalmente decidió divorciarse. Lo de Cristina fue la gota que colmó el vaso, ya que mi cuñado la había engañado muchas veces, a parte de ser un putero reconocido y sin duda alguna Carlota no era tonta y sabía de las andanzas de él, lo que pasaba es que siempre lo había dejado pasar, hasta lo de Cristina, que fue tan escandaloso y la dejó en tal evidencia que ya no pudo perdonárselo.

Apenas cruzamos un par de frases en todo el camino hasta que llegamos a las jornadas de empresarios de Salamanca, metí el coche en el parking del hotel y subimos a las habitaciones, que estaban contiguas.

―Vamos a descansar un poco que a las 17:00 empiezan las primeras conferencias ―dijo ella.

En cuanto entramos a la habitación me llamaron a la puerta, fui a abrir y era Carlota con cara de pocos amigos.

―¿Qué pasa? ―dije yo.
―Yo aquí no duermo, huele a tabaco la habitación que tira para atrás, voy a bajar ahora mismo a la recepción.
―Pues la mía está bien, no pasa nada Carlota si quieres te la cambio y ya está.

Pero Carlota avanzaba hacia los ascensores para bajar a recepción. Me tenía que haber quedado en la habitación y que lo resolviera ella, al fin y al cabo ya es mayorcita, pero al final decidí acompañarla. Empezábamos de cojones el fin de semana.

De muy malos modos le dijo a la recepcionista que la habitación olía a tabaco y que ella no iba a dormir allí.

―Pues verá, es que ahora tenemos el hotel completo, tenemos unas jornadas empresariales…
―Si, ya lo sé, por eso hemos venido, pero no me está dando una solución.
―Lo único que podemos hacer es que le llamo a una chica de la limpieza y que vuelva a limpiar su habitación y la deje bien ventilada.
―¿Y ahora no puedo descansar un rato, no?
―Siento mucho las molestias, intentamos ser muy cuidadosos con esos detalles….
―Sí, ya lo veo, ya…
―Mira Carlota, si quieres te pones en mi habitación y yo me cambio a la tuya, de verdad que no me importa ―dije yo interviniendo, ya que empezaba a llegar gente a la recepción y no quería que vieran el numerito de mi cuñada.

Carlota se me quedó mirando y luego la recepcionista, como esperando la respuesta de ella. Sin despedirse se dio media vuelta.

―Pienso poner una reclamación y una reseña negativa en internet ―dijo mientras se iba.

En el ascensor incluso me cayó una pequeña bronca, como si fuera un niño pequeño.

―Así no se solucionan las cosas, la solución la tienen que poner ellos y no nosotros ―me dijo.
―Bueno Carlota, no pasa nada, ventilo un poco la habitación y a mí no me importa, de verdad.
―Haz lo que quieras…

Finalmente nos cambiamos la habitación, cuando entré en la que tenía Carlota a mí no me olía a tabaco en absoluto y pensé que como puede haber gente que vaya así por la vida, como mi cuñada. La pobre chica de recepción con una educación exquisita no sabía que más decir o hacer, pero Carlota no atendía a razones.

Al poco salí y llamé con la mano en la habitación de Carlota.

―Ya es la hora ―dije yo.
―Vete bajando, que tampoco tenemos porque ir juntos a todos sitios ―me dijo abriendo un poco la puerta para luego cerrármela en las narices.

Me quedé unos segundos tratando de reaccionar ante lo que había pasado y encogiéndome de hombros me bajé yo solo. Entré en la sala donde se iban a dar las charlas, llevaba la acreditación al cuello y vi que había unas sillas colocadas, pero estaban sin numeración así que te podías sentar donde querías. Se habían juntado algún grupo de personas que hablaban entre ellos, pero no pude meterme en ninguna conversación, así que me senté solo esperando que empezaran las charlas.

Al poco apareció Carlota, le hice una seña con la mano para que me viera, pero una de dos, o no me vio o pasó de mí, el caso es que sentó sola en uno de los laterales y yo me levanté para ponerme a su lado. Lo veía absurdo haber ido juntos y luego estar cada uno sentado en un lado dentro de la sala.

―Te estaba llamando con la mano ―dije yo.
―Pues no te he visto.

Había bajado con el mismo vestido veraniego que llevaba durante el viaje y sin saber por qué me empezó a dar morbo verla así vestida. Le disimulaba muy bien las caderas, pero realzaba sus enormes pechos, además se había puesto unas gafas de color azul que le daban un aire más intelectual y luego cruzó las piernas haciendo que el largo vestido se enredara en ellas.

Intenté ser discreto, pero la vista se me fue un par de veces a su pronunciado escote sin que ella se diera cuenta, en los descansos salíamos fuera y me gustaba como se le bamboleaban los pechos al mínimo movimiento que hacía. Yo creo que hasta una vez me pilló mirando sus tetas. Estaban hinchadas y llenas de venas y esa noche decidí que tenía que masturbarme con ellas.

Se me acercó una chica de unos 40 años, también llevaba la acreditación al cuello, por lo que era una de las empresarias del congreso.

―Hola, eres David, ¿de zapatos Álvarez?
―Sí, ese soy yo.
―Qué tal encantada, soy Dolores ―y después me dio dos besos.
―Lo mismo digo, bueno, ella es mi cuñada Carlota, ella sí es una Álvarez original ―dije yo.

Carlota estiró la mano a modo de presentación, impidiendo que la chica se acercara también a besarla.

―Solo quería saludarte, a mi marido le encantan vuestros zapatos, son los que usa siempre, la verdad es que son muy bonitos, de unos años para acá cada vez más, además que no han perdido calidad…
―Bueno, eso intentamos…queremos dar buena calidad intentando que no suban mucho los precios, pero no es fácil, cada vez hay más competencia.
―Sí, me imagino.
―¿Y tú a que te dedicas, Dolores?
―Pues he montado un pequeño negocio de impresiones en 3D, hacemos un poco de todo, camisetas, tazas, cojines, la verdad es que de momento me va muy bien…

Me enseñó su página online y me pareció que hacía cosas muy chulas.

―Qué bonitas, luego si tengo un rato, te encargo unas cosas con el nombre de las peques, seguro que las encanta…unas camisetas y unas tazas.

Estuve hablando un rato con ella, era una chica muy agradable y físicamente no estaba nada mal, ni tan siquiera me di cuenta cuando desapareció mi cuñada Carlota, que se fue sin despedirse. Dolores era morena y según me dijo estaba casada, pero no tenía hijos, media altura y de cuerpo normal, pero tenía una melena súper rizada que era lo que más llamaba la atención en ella, aparte de una boca carnosa con la dentadura perfecta.

Nos despedimos cuando empezaba la siguiente charla, pasé a la sala y me senté junto a Carlota que me soltó de repente.

―¿Ya has terminado de ligar?

Me quedé tan sorprendido con su pregunta que creo que hasta me puse rojo de la vergüenza. Justo el conferenciante empezaba a hablar y preferí no contestar para no discutir con ella. Cuando terminaron las charlas yo solo tenía ganas de darme una ducha para cenar en el hotel y subirme a dormir a la habitación, pero Carlota tenía otros planes.

―Me han dicho que han abierto un japonés muy bueno, ya he reservado, no me apetece cenar en el buffet del hotel…

Por la cara que puse ella se dio cuenta que no me gustaba para nada la idea, además que sabe que no soy muy amante de la comida japonesa. Pero todavía tenía que darme la puntilla.

―Tranquilo hombre, que pago yo…no te preocupes…te invito…

Esa mujer era una fuente inagotable de todo tipo de recursos para dejarme en evidencia. Me pregunté cómo podía llevar tanto veneno dentro y la facilidad con la que encontraba las frases para hacer daño. Es que además le salía con naturalidad.

Después de ducharme estuve un rato hablando por teléfono con Claudia y le dije que todo iba bien y que su hermana me iba a invitar a cenar fuera del hotel.

―Oye David, gracias por lo que estás haciendo, te lo agradezco mucho…
―Esto me lo vas a tener que recompensar pero bien ―dije yo.
―Ya pensaremos en algo…
―Bueno anda, te dejo, que está tocando tu hermana en la puerta.

Salí de la habitación y Carlota me lanzó otro de sus dardos nada más abrir.

―Vamos, que tardas más en arreglarte que las mujeres…
―¿Está muy lejos el restaurante?
―No, muy lejos no está, pero no quiero ir andando que llevo tacones…si no quieres coger el coche pago yo también el taxi.

Carlota se había cambiado por completo, se había puesto unos pantalones de vestir azul marinos no muy ajustados, que intentaban disimular sus caderas y en la parte de arriba una camiseta blanca junto con una cazadora vaquera. Sabía bien como combinar la ropa para tapar lo más posible los defectos y realzar las mejores partes. Siempre había tenido muy buen gusto para vestir, igual que Claudia.

Para cenar, prácticamente fue ella la que pidió, eligiendo un menú degustación para dos personas. Yo pedí mi Coca cola y poco más. Como decía, no soy muy amante de la comida japonesa, aparte de que no sé coger los puñeteros palillos, con los que Carlota parecía era una experta.

―Si no sabes coger los palillos, ¿por qué no me has dicho nada cuando la he dicho a la camarera que se llevara los cubiertos, que no nos hacían falta?
―Es que ni me has dado tiempo a decir nada, a parte de que bueno, pues lo quería intentar lo de comer con los palillos.

Cuando regresó la camarera, Carlota le dijo.

―Trae un tenedor, que es que él no sabe comer con esto…
―Nunca he sabido cómo se cogen estas cosas…a ver cómo lo haces tú…
―Mira, ves, no es tan difícil, tienes que hacer presión con estos dedos de tal forma que quede así…

Copié lo que hacía Carlota, pero no me salía, aunque parecía que estaba cerca, pero ella me desanimó a seguir intentándolo.

―Bahhh, déjalo, mira ahí tienes el tenedor…

Al final la cena no estuvo tan mal como había pensado y como me dijo Carlota, me invitó a la misma, cuando salimos del restaurante hacía una noche agradable y las terrazas estaban bastante animadas.

―Gracias por la cena, ¿te apetece quedarte a tomar una copa?, esta vez te invito yo…
―Ah pues sí, por qué no?…

Nos sentamos en una mesa, a pesar de los años que conocía a Carlota nunca había llegado a alcanzar una confianza con ella como por ejemplo sí que tenía con Marina y me era difícil hablar de cualquier tema. Estuvimos comentando un poco lo de las jornadas empresariales, el horario del día siguiente y poco más. Luego cada uno cogió su móvil y así estuvimos un rato.

Nos volvimos andando al hotel, dando un paseo tranquilo y al llegar a las habitaciones nos despedimos hasta el día siguiente. Me metí en la cama con el ordenador y luego abrí el Skype desde mi otra cuenta personal, me apetecía guarrear un poco con Toni al que pillé conectado de casualidad.

―Qué tal David, estás solo, no?
―Sí, bueno estoy en Salamanca, he venido el fin de semana con Carlota, mi cuñada, tenemos unas jornadas de empresarios…mañana tenemos varias conferencias…y encima me toca aguantar a la hermana de mi mujer, menudo coñazo, menos mal que solo me queda mañana…
―Mmmmmmmmmmm, ¿y qué tal con ella?, te sigues pajeando con la hermana de tu mujer, no?
―Claro, muchas veces, pues regular con ella, es muy borde la cabrona, ¡¡menudo carácter tiene!!
―Esas son las que dan más morbo…
―Ya te digo, me gustaría pararle los pies, alguna vez, cerrarla la boca…
―Métela la polla en la boca para que se calle…
―Jajajajajajaja
―Jajajajajaja.
― Hoy llevaba un vestido que no veas, como se le movían las tetas…menudo escote!!!
―Mmmmmmm, has hecho alguna foto?
―No, no he podido, te apetece ver unas fotos de ella y las comentamos?, aquí en el portátil tengo varias de ella.
―Si, estaría bien.

Abrí la carpeta privada donde tenía las fotos que me iba guardando de mis cuñadas, fotos del verano, de alguna reunión, de bodas familiares. Fotos que estaban muy bien para cuando me apetecía pajearme con ellas.

Empecé con un par de fotos de la última casa rural, en verano, donde Carlota lucía un bikini blanco y un pareo, estaba sentada con Claudia.

―Mmmmmmmmmmmmmm, joder qué foto más buena…tu cuñada no está tan buena como Claudia, aunque es muy guapa también, pero tiene algo que me da bastante morbo y esas tetazas, joder, menudas tetas tiene, escribió Toni.

En cuanto se puso a hablar así de Carlota me saqué la polla, luego fuimos comentando las fotos que iba poniendo.

―¿Quieres ver cómo me corro con tu cuñada?, escribió Toni empezando a hacerme una video llamada.

Bajé el volumen del ordenador, al fin y al cabo Carlota estaba en la habitación de al lado y podía escucharme y luego acepté la videollamada. Toni se estaba masajeando su pollón y me dio mucho morbo que la tuviera así por las fotos de Carlota. No me acostumbraba al tamaño de su miembro y eso que se lo había visto muchas veces. Todavía tenía la esperanza de que Claudia quisiera quedar con él alguna vez.

Me encantaría ver a mi pequeña mujer empalada en semejante verga.

―¿Qué es lo que te gustaría hacer con ella?, lo que más te gustaría ―dijo Toni pajeándose ante la cam.
―Sin ninguna duda, tumbarme en el suelo y que se sentara en mi cara, que me plante el culazo en la cara y luego comerla el coño, que se frotara contra mi hasta que se corriera…
―Mmmmmmmmmmmmm, que cornudo eres…eso solo lo diría un cornudo…¿y no te gustaría que ella te follara el culo?, que se pusiera un arnés de los de Claudia y te follara bien…
―Joder sí, mmmmmmmmmmmmmm…eso también me gustaría…
―Te insultaría, te llamaría putita y te lo haría mucho más duro que Claudia, te correrías sin tocarte…
―Joderrrrrrrrrr ―dije masturbándome más rápido.
―Yo me correría en sus tetas, me correría tan fuerte que le salpicaría en la cara, en esa cara de zorra que tiene tu cuñada Carlota, pero tú como eres un cornudo te correrías patéticamente en el suelo mientras ella te folla el culo sujetándote por las caderas…como una putita…
―Ahhhhhhhhh, me voy a correr…ahhhhhhhh
―Yo también…ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh…me voy a correr viendo esas tetas de tu cuñada, ahhhhhhhh Carlota, mmmmmm.

Y Toni descargó una de sus tremendas corridas llenando la pantalla de mi ordenador de goterones blancos que escurrían hacia abajo a la vez que yo también llegaba al orgasmo viéndole y mirando a la vez, una foto de las tetas de Carlota en biquini del pasado verano.

Me encantó aquella corrida, no había sido una paja más con mi cuñada, había sido especial sabiendo que tenía a Carlota en la habitación de al lado y me corrí con bastante intensidad. Luego me despedí de Toni y me metí en la cama, tenía que descansar para la jornada del día siguiente.

Todavía me quedaba un día con Carlota.

Al menos, por la mañana, la princesa se dignó a bajar a desayunar con el resto de los mortales en el buffet del hotel, como no sabía muy bien qué hacer me preparé y me quedé sentado en la cama en silencio, esperando a escuchar la puerta de su habitación. Si le llamaba mal, me podía decir que ya éramos mayorcitos y que me bajara yo solo a desayunar, si me iba sin ella me iba decir que qué bien la esperaba, así que en cuanto oí la puerta de su habitación salí a la vez.

―Buenos días, ¿qué tal has descansado?
―Buenos días, regular, el colchón era demasiado blando, me duele todo ―dijo quejándose como siempre.

Después del desayuno reanudamos las jornadas empresariales, entre charla y charla salíamos a descansar unos diez minutos y al final, de hablar varias veces con Dolores hicimos buenas migas, incluso le hice un pedido de camisetas y tazas para Claudia y las niñas.

―¿Quieres una taza con tu nombre? ―le pregunté a Carlota.
―No, eso es una tontería ―dijo secamente.

Era evidente que a mi cuñada le molestaba mucho que hablara con aquella morena, no sabía si era porque pensaba que podía engañar a Claudia o estaba celosa como una niña pequeña porque no la hacía caso, pero como veía que eso la molestaba yo hablaba todavía más con Dolores, incluso alguna vez iba a buscarla. Era una chica muy simpática y extrovertida, todo lo contrario que Carlota.

A mediodía, mi cuñada me dijo que había reservado para salir a comer otra vez, que no iba a comer en el buffet del hotel, así que de nuevo me tocó acompañarla a otro restaurante que había leído que estaba bien y otra vez pagó ella, aunque no sé si ese dinero era suyo personal o lo estaba metiendo a gastos de la empresa y no me dijo nada. El caso es que me hacía quedar mal, como si fuera ella la que me estaba invitando constantemente.

―Esta tarde nos vamos para casa, cuando termine la última charla ―me dijo Carlota.
―Nooooo, después hay una cena y creo que iban a hacer una pequeña fiesta, a ver si encima nos vamos a perder lo mejor.
―No me apetece quedarme a esa estúpida fiesta.
―Por lo menos nos quedamos a la cena, estaría feo irnos así…total, ya que estamos aquí no perdemos nada, mañana domingo salimos tranquilamente por la mañana y a la hora de comer ya estamos en casa…
―Lo que tu digas, como has traído el coche me tocará quedarme ―dijo como si la estuviera obligando.

Por fin terminaron las charlas, solo quedaba una cena que habían preparado en el hotel para los empresarios y luego una pequeña fiesta para el que quisiera ir, a la que también estábamos invitados a un par de copas. Había pasado solo un día y medio desde el viernes, pero para mí había sido como un mes con mi cuñada Carlota, siempre tenía que tener cuidado con lo que hacía o decía para que no se enfadara. Era peor que una cría de cinco años.

Por lo menos se puso bien guapa para la cena, con un vestido medio veraniego escotado de tirantes y largo hasta los pies, parecido al del primer día, pero de color negro, con unos zapatos de cuña y yo me puse una camisa y americana, sin corbata.

Entramos en el comedor, habían dispuesto varias mesas y cada uno se podía sentar donde quisiera, eran mesas para seis u ocho personas.

―Menuda organización ―protestó de nuevo mi cuñada.

Me encontré a Dolores en el comedor nada más entrar.

―¿Qué tal, dónde os vais a sentar? ―me preguntó de manera amable.
―Pues no sé, estamos mirando, parece que te puedes poner donde quieras.
―No os he visto esta mañana en la comida.
―Hemos ido a la ciudad, aprovechando que estamos aquí nos hemos pegado una buena comilona.
―Habéis hecho muy bien…

Al final nos pusimos en una mesa los tres, por lo que al menos pude fastidiar la cena a mi cuñada, que no abrió la boca, además de pasar una velada muy agradable con Dolores.

―Oyes, te tienes que quedar a la fiesta y nos tomamos una copa ―me dijo Dolores.

Yo la verdad es que estaba bastante desentrenado, pero en la universidad era bastante guapo y tenía éxito con las mujeres y es que cada vez me parecía más que Dolores estaba flirteando conmigo, quizás solo eran imaginaciones mías, pues ella estaba casada como yo. Lo que me pasaba es que no estaba acostumbrado a que una mujer me tratara tan amable como lo hacía ella, a excepción de Marina. Pasaba demasiado tiempo con las Álvarez.

La que no quería ir de fiesta era Carlota, que me dijo que se subía a la habitación, que hiciera lo que me diera la gana. Cada vez estaba más enfadada por mi tonteo con Dolores, con la que yo no tenía pensado hacer nada, por supuesto, pero con tal de fastidiar a mi cuñada me mostraba con ella extremadamente educado y amable, a parte de pasármelo muy bien.

―Venga anímate, que si no le digo a Claudia que no has querido quedarte en lo mejor, no va a ser todo trabajar ―intenté convencerla.
―Venga que sí, sí que se viene ―dijo Dolores tirando un poco de mi cuñada por el brazo de un modo cariñoso.
―¡¡Qué pesados!!, vamos ―dijo Carlota dejándose arrastrar un poco.

En la sala de fiestas del hotel estaban casi todos los empresarios que habían estado en las jornadas informativas.

―¿Qué queréis tomar? ―pregunté yo.
―No hace falta que me pidas nada, ya soy mayorcita ―dijo Carlota cogiendo una silla alta para sentarse junto a la barra.

Dolores y yo nos quedamos mirándonos, nos sonreímos y luego pedimos para nosotros.

―Después salimos a bailar, me encanta hacerlo ―me dijo.
―P

ufffff

, yo hace siglos que no salgo de fiesta, estoy oxidado, a parte de que bailo muy mal ―le advertí yo.
―No tienes pinta de estar oxidado, ahora lo comprobaremos ―contestó Dolores con una mirada pícara.

Carlota puso cara de mala hostia y le pegó un trago a la copa. Cada vez que Dolores hacía una media broma veía como se quedaba con ganas de saltar hacia ella y agarrarla por los pelos. Yo estaba disfrutando con todo aquello, vengándome por el fin de semana que la insoportable de mi cuñada me estaba dando.

Salimos a bailar dejando a Carlota sola en la barra y no tardó en acercarse un señor de unos 50 años para hablar con ella, yo mientras bailaba con Dolores no quitaba ojo a Carlota que se despachó en unos segundos a aquel tío que se había atrevido a hablar con ella.

―A ver si se va tu cuñada y nos deja solos ―me dijo Dolores.

Yo me quedé mirándola y ahora sí, su cara picarona y de bromas parecía haberse transformado. No eran imaginaciones mías, aquella morena me estaba tirando los tejos y aunque estábamos bailando separados se movía de maravilla y mi polla reaccionó bajo los pantalones.

―¿Y para qué quieres que nos deje solos?
―¿Tú qué crees?, me has caído muy bien ―dijo levantando las cejas en un gesto que parecía evidente.

No quise contestar, yo estaba a gusto con el tonteo que nos traíamos, desde luego que no iba a hacer nada con Dolores, pero me lo estaba pasando muy bien con ella y de repente me entró calor.

―¿Nos tomamos otra copa?
―Vete tú a pedirlas, yo me quedo bailando ―me dijo Dolores.

Me acerqué solo a la barra, pero por otro lateral, no donde estaba Carlota que seguía sola mirando hacia donde estábamos nosotros. Entonces no lo vi venir, pero cuando estaba de espaldas pidiendo se me acercó el señor de 50 años que antes había estado hablando con mi cuñada. Era evidente que en la cena se había pasado con el alcohol y ahora llevaba una copa en la mano, le noté el aliento que le apestaba a Ginebra.

―Hola, perdona.
―Sí?
―Nada solo quería saludarte, soy Jacinto.
―Encantado, yo David.
―Perdona la indiscreción, verás, es que te he visto estos días con la rubia aquella ―dijo mirando hacia Carlota.
―Sí.
―¿Puedo preguntarte de qué os conocéis?
―Ehhhhhh bueno, digamos que trabajamos en la misma empresa.
―No te ofendas ehhhh, pero está muy buena, aunque es una borde de cuidado ―me dijo.
―Sí, bueno, no es muy amable que digamos.
―He ido a invitarla a una copa y poco menos que me ha llamado borracho, que no la tocara un pelo o algo así me ha dicho.
―Vaya, lo siento…
―Tienes suerte de tener una compañera de trabajo así, ya me gustaría a mí ver esas tetas todos los días…
―Bueno visto así…
―No me digas que no tiene buenas tetas, joder está tremenda, ¿no te pone? ―me preguntó.

Me extrañaba que aquel tío que no conocía de nada viniera a hablarme de Carlota y me dijera ese tipo de cosas, entonces no tardé en darme cuenta que lo único que buscaba era morbosear un poco hablando de Carlota y luego subirse a la habitación a hacerse una paja. Estaba siendo bastante directo, a parte de soez y vulgar, pero que aquel desconocido me hablara así de mi cuñada empezó a darme bastante morbo.

No tardé en empalmarme de nuevo, entre el tonteo de Dolores y ahora esto me estaba cogiendo un buen calentón sin pretenderlo, así que le seguí un poco el juego a Jacinto, a ver hasta donde llegaba.

―Sí, está bien…
―Solo bien, venga no me jodas, está para empotrársela toda la noche, oyes, te molesta si te pregunto si te la has follado?
―No, claro que no, solo somos compañeros de trabajo.
―Joder, pues yo si pudiera me la hubiera tirado, ¿sabes si está casada?
―Separada…
―Mmmmmmmmmm, perfecto…me gustaría intentar hablar con ella otra vez, sabes como podría entrarle para caerle mejor?, no sé…que le gusta…algo que le podría decir.
―En eso no puedo ayudarte amigo…
―Vaya que pena, al final me voy a tener que conformar solo con mirar esas tetazas, ¡¡son impresionantes!!…
―Sí, sí las tiene grandes…
―Grandes, no, ¡¡son enormes!! y es muy guapa, no me creo que no te ponga esa rubia…
―Bueno, algo sí me pone, pero no puedo hacer nada, aunque ella quisiera, estoy casado…
―Y qué joder, yo también estoy casado y haría de todo con ella ―me dijo.

La conversación se estaba poniendo interesante, me gustaba mucho morbosear con aquel desconocido hablando de mi cuñada.

―¿Y qué te gustaría hacer exactamente con ella? ―le pregunté.
―Estaría horas tocando y chupando esas tetas…y luego ese pedazo de pandero que tiene, porque eso no es un culo, es un pandero bien gordo, como a mí me gustan, se lo estaría azotando hasta hacerla sangrar, mientras me la follo a cuatro patas.

La polla me palpitó bajo los pantalones y el desconocido no dejaba de hablar de Carlota, sin duda alguna él también lucía una considerable erección hablando de mi cuñada.

―Me encantaría meter la cara en esos glúteos, que me hiciera chuparla el ojete…apartarla así la carne del culo y meter la cara dentro, sabes lo que te digo, no?…
―Joder sí…

Cuando estábamos en lo mejor de la conversación, apareció Dolores para interrumpirnos.

―Bueno, ¿vienes con esas copas o no?
―Sí, sí ya voy, bueno ha sido un placer, hasta otra ―dije despidiéndome de aquel tipo tan extraño.

Una hora más tarde y con otra copa más encima, ya tenía una sudada importante de tanto bailar y dar saltos, uno no estaba acostumbrado y en la sala cada vez hacía más calor. Dolores se me seguía insinuando y yo la seguía el juego. La que no había cambiado la postura era Carlota que seguía sin moverse en el mismo sitio donde la había dejado. Después de tanto tiempo consideré que al menos tenía que ir a hablar con ella, aunque fuera solo para ver que tal estaba.

Una de las veces que Dolores se fue al baño aproveché y me acerqué a la barra para hablar con Carlota, que me recibió con los brazos abiertos.

―¡¡Se te tenía que caer la cara de vergüenza!!
―¿Cómo dices?
―Tú tranquilo, sigue a lo tuyo, no te importa ni que esté yo delante para tontear con esa guarra…¿ya habéis quedado para veros luego en la habitación?
―Pero se puede saber qué tonterías estás diciendo Carlota?, es que estás borracha o qué?…

Desde luego que mi cuñada no parecía encontrarse en muy buen estado, eso a pesar de que no es que la hubiera visto beber mucho, como para que me dijera aquellas impertinencias que no venían a cuento.

―¡¡Eres como todos!!, aprovechas la mínima, a saber lo que estarías haciendo ahora si no estuviera yo aquí…
―Mira, vamos a dejarlo, porque es que no sé de qué vas…y a mí no me metas en el mismo saco que…
―¿Qué quién…?, dilo…de Gonzalo, quieres decir, verdad?
―Pues sí, ya que lo dices, sí, a mí no me compares con él, yo en la vida he engañado a Claudia, a mí no me compares con ese…con ese putero!!!, que te engañaba cada vez que veía una falda ―dije yo enfadado.

Sin saber cómo, me había enredado en una discusión absurda con mi cuñada, que no me llevaba a ningún lado.

―O sea, que sabías lo que hacía y no dijiste nada…
―¿Ahora tengo yo la culpa?, tú también sabías lo que Gonzalo hacía, no me digas que no, lo que pasa es que preferías hacer como que no te enterabas de nada…así vivías mejor…

Justo en ese momento apareció Dolores que se dio cuenta de lo que estaba pasando.

―¿Está todo bien chicos?
―La que faltaba, la guarra ésta, tú no te acerques a mi cuñado ―dijo Carlota desafiándola con el dedo.
―¿Pero qué coño dice esta tía? ―respondió Dolores.

Antes de que se montara un numerito decidí apartar a Dolores.

―No le hagas caso, por favor, no sabe ni lo que dice…
―Me ha llamado guarra, ¿pero ésta de qué va?
―Está mal, se ha separado hace poco del marido, por favor no se lo tengas en cuenta…
―No deberías defenderla, lo que ha hecho está mal…
―No, no la defiendo…pero no quiero que vaya a más, no sé qué le pasa, pero nunca había visto así a mi cuñada…
―Mira mejor me voy…
―No, quédate, lo estábamos pasando muy bien, deja que me encargue de ella…
―Que se vaya, déjala ir ―gritó Carlota.
―No tengo que aguantar esto, adiós ―dijo Dolores que se marchó de la fiesta sin tan siquiera despedirse de mí.

No es que fuera a hacer nada con ella, pero me lo estaba pasando muy bien y Carlota me había arruinado la noche. Lo que faltaba para rematar el fin de semana. Me giré para recriminarle su actitud.

―No sé a qué viene esto que has hecho…de verdad que no lo entiendo…

La cara de Carlota era un poema, parecía estar a punto de llorar, preferí no ensañarme con ella y ser amable, aunque no se lo mereciera.

―No me gusta verte así, tienes que pasar página Carlota, olvida ya el pasado, eres joven, guapa, tienes buen trabajo y…
―¡¡Y un culo que no me cabe en el taburete!! ―dijo intentado bajar.

Tuve que sujetarla por el brazo para que no se cayera.

―Me encuentro muy mal, ayúdame a bajar…
―¿Pero qué te pasa?, has bebido tanto?
―No, pero no estoy muy acostumbrada y me ha sentado muy mal…no sé si es la música, el calor o que…ayúdame a salir de aquí…

Apoyándose en mí salimos de la sala como buenamente pudimos, en vez de dirigirme hacia las habitaciones me metí en unos jardines que tenía el hotel, para que Carlota pudiera andar un poco y que se despejara con el aire de aquella noche otoñal.

―¿Pero qué haces?, ¿dónde estamos? ―me preguntó cuando se dio cuenta que no íbamos a las habitaciones.
―A ver si se te pasa un poco el mareo que llevas…
―Joder, pensé que íbamos a la habitación, ¿es qué no haces nada bien?, ¡¡mierda, no puedo aguantarme más!!
―¿Y ahora qué te pasa?
―¡Que me estoy meando y no puedo más! ―dijo metiéndose por un pequeño camino más apartado.

Luego había unos arbustos junto con dos grandes arboles donde parecía que daba menos la luz, Carlota dejó el camino y se metió allí pisando el césped.

―¿Pero qué haces?
―¿Tú qué crees?, vigila anda, que no venga nadie ―dijo Carlota agachándose junto al árbol.

No me lo podía creer. De repente mi cuñada se bajó las bragas poniéndose de cuclillas a dos metros de mí. Su enorme culo apareció ante mis narices y un enorme chorro de pis salió potente rompiendo el ruido de la noche. La pija de Carlota parecía de lo más vulgar en esa postura.

―¡No mires joder!
―Que no estoy mirando ―dije girándome.

Ella había echado las manos hacía atrás y se agarraba como podía en el árbol más grande del jardín. Yo vigilaba que no viniera nadie sujetando su bolso, me daba mucha vergüenza la situación, que era bastante extraña. Yo allí como un tonto esperando a que Carlota terminara de mear.

―Dame papel ―me dijo ella.
―No tengo…
―En el bolso, en mi bolso hay pañuelos…

Me acerqué donde estaba Carlota rebuscando en su bolso, saqué un paquete de pañuelos y luego le di uno. Se limpió y lo dejó allí tirado en el césped, pero cuando intentó incorporarse no podía y tuve que ayudarla agarrándola por el brazo. Menudo show. Carlota intentándose subir las bragas con una mano y yo junto a ella sosteniéndola también el bolso. Era para verlo.

Entonces Carlota perdió el equilibrio y tuve que sujetarla con fuerza para que no se cayera encima del pis, nos giramos sobre el árbol y de repente me encontré de espaldas al tronco y con el voluminoso cuerpo de mi cuñada contra mí, mientras sus pesadas tetazas me aplastaban el pecho, tuve que agarrarme donde pude para no perder el equilibrio y una mano fue sin querer a parar a su inmenso culo. La escena cada vez era más ridícula.

No sé ni como sucedió o si ella interpretó que la estaba metiendo mano, pero de repente me encontré a Carlota besuqueándome el cuello.

―Menuda borrachera llevamos ―dijo Carlota intentando justificar lo que sucedía.

Luego bajó la mano y poniéndomela sobre el paquete me frotó con ella. ¡¡¡No podía creerlo!!!, en aquellos jardines oscuros y apartados mi cuñada Carlota me estaba empezando a pajear por encima del pantalón…

Un comentario sobre “Cornudo. Fuego en el cuerpo (5)

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s