ALMUTAMID

Esa era la clave. Ángela me la había dado. Iba a reconquistar a Claudia. Sólo tenía que ser yo mismo otra vez. Ella era mi confidente, mi consejera, mi amiga. Así se fue enamorando de mí a pesar de mis errores. Pero mi sinceridad abría su corazón. Y la perdí precisamente por abandonar esa sinceridad. Ella fue sincera conmigo, pero yo no. Y mi sentimiento de culpabilidad dio al traste con todo.

Evidentemente es una conclusión que alcancé por la mañana, pues cuando me había acostado el viernes noche el anís de Ángela me había dejado grogui en pocos minutos. Pero por la mañana se me despejó la mente. Empezaba a ver las cosas con claridad. Echaba tanto de menos mis charlas con Claudia que el poder hablar con Ángela con la misma sinceridad me había encendido la bombilla.

¿Por qué era capaz de abrirme de esa manera con Ángela? Porque ella no era un objetivo sexual para mí. ¿Por qué lo había hecho con Claudia un año antes? Porque veía imposible que ella se pudiera fijar en mí y eso me liberaba con ella. Justo lo que perdí al engañarla con Nieves. Mi pecado no había sido follarme a Nieves, había sido ocultarlo. Ni siquiera cuando ella se sinceró conmigo tuve los cojones de contarle lo que yo había estado haciendo. Ella me contó lo que le había pasado aun sabiendo que consecuencias tendría en mí. Yo la dejé precisamente por no atreverme a contarle mi realidad, mi confusión. Pero ¿y si volvía a mostrarle mi lado inseguro? ¿Si la convertía de nuevo en mi espejo mágico? ¿Si le demostraba de nuevo mi vulnerabilidad y como necesitaba de sus buenos consejos?

Algunos os preguntáis también qué pasó con Nieves. Manteníamos un contacto mínimo pero amistoso. Pero nada que ver con lo que habíamos sido antes de Navidad. Nos contábamos como nos habían ido los exámenes o lo que habíamos hecho en alguna salida, pero tras el palo que me había dado yo había perdido gran parte de mi interés en ella. Estaba convencido que cuando nos volviéramos a ver quizá cayera un polvo pero no sentía el mismo interés por ella. Yo era un mal novio como ella me había dicho, pero ella no tenía escrúpulos en llevar vida casi de pareja con ese mal novio de otra. No me quito mi culpa, que es casi toda en que nos enrolláramos. Pero su actitud no le daba derecho a tratarme como lo había hecho. Eso y el casi mes y medio sin vernos había apagado bastante mi interés por ella.

Así que parte de mi encrucijada se despejaba. Encontraba una forma de intentar recuperar a Claudia, descartando a Nieves y por supuesto a Blanca. Seguiría los consejos de Ángela y me apoyaría más en mis amigas a las que descartaba para algo distinto a nuestra amistad a pesar de sus bromas, pues dudo que ninguna de las dos se plantee nada más conmigo que la amistad que teníamos.

El primer paso era disfrutar del carnaval con ellas. Habíamos quedado en casa de Marta y Silvia para que Marcos y yo dejáramos allí una muda y salir desde allí. Quien iba a decir que Marcos y Silvia duraran tanto. Yo salí ya disfrazado de la residencia con mi cara pintada de azul, una vieja sudadera negra, la falda escocesa de Ángela y unas medias viejas de fútbol caídas. Para redondear la imagen del héroe escocés me había comprado una peluca y una espada. La mochila a la espalda desdecía un poco del disfraz pero daba el pego. Aunque noté algo de frío al salir sobre todo en las piernas supuse que en los bares y con algo de alcohol se me pasaría.

Cuando llegué a casa de Marta ya se había puesto su disfraz. Era un vestido de flecos años 20 con su cinta en el pelo una pluma y hasta una boquilla de fumar larga con un cigarro en la punta. Hasta me hizo el bailecito del charlestón para mostrarme como le quedaba, y le reconocí que estaba realmente guapa.

Al poco asomaron Marcos y Silvia. Se habían disfrazado de enchufes, Silvia de hembra y mi compañero de macho. Con cartón había hecho una caja que se encajaban en los hombros. La de Silvia con un gran círculo pintado y los dos huecos de las clavijas algo separados a ambos lados de su cuerpo. La de Marcos con dos clavijas de gomaespuma que se insertaban en los agujeros de Silvia como nos demostraron al enseñarnos el disfraz tan aparatoso aunque obligando a Marcos a agacharse. Toda una metáfora.

Ángela llegó después de mí por su cuenta porque le faltaba un detalle de su disfraz y se iba a pasar por un bazar para comprarlo. Se había vestido de amazona con una de sus mallas deportivas sobre las que había dispuesto unas telas de tigre o leopardo a modo como de falda y anudada a un hombro. Sandalias y el detalle humorístico es que se había comprado una teta de goma que asomaba sobre la piel de leopardo y un arco con flechas. Le reímos la ocurrencia mientras esperábamos a Miriam. Por fin llamó al porterillo y bajamos.

Miriam venía disfrazada de monja pero debajo de los hábitos se había puesto un liguero que asomaba por una raja de la falda. Tras alabarnos nuestros disfraces nos fuimos primero de cerveceo entrando en la euforia de la fiesta con muchas risas y los primeros abrazos. Evidentemente la coña más repetida fue tocarle la teta de goma a Ángela y no sólo las chicas y yo, sino también algún aprovechado más con la broma que molestó bastante a mi amiga obligándome a poner alguna mala cara.

Estábamos pasándolo muy bien pero terminamos entrando en el mismo pub donde el año anterior había estado con Víctor y Lourdes, y con Claudia. Allí la había besado por primera vez y me lo había devuelto aunque después ella misma le había quitado importancia. Pero ya me quería ahí. Lo supe después. Y había sido la primera vez. Ese recuerdo y esa constatación derrumbaron mi buena noche. Mientras mis amigos bailaban me quedé en la barra bebiendo. El bajón era igual que el que me había dado en fin de año con la ventaja de que ahora podía andar. Tres veces vinieron Ángela y Marta a buscarme para bailar y tres veces las rechacé. Las dos primeras de buenas, la tercera de malas. El bajón era grande.

Marta se dio cuenta y se interesó pero yo la rechacé negando que me pasara nada. No iba a contarle que suspiraba por un beso de Claudia. Les pedí que siguieran divirtiéndose que ya se me pasaría. Pero la verdad es que el alcohol tiene dos posibles efectos: euforia o depresión. Y a mí me estaba deprimiendo. Y no era capaz de disimularlo como otras veces. Aunque la borrachera al menos consiguió que mi cabeza pensara menos, pero de ser el alma de la fiesta empezaba a ser un lastre para mis amigos. No recuerdo bien qué pasó después pues tengo visiones entremezcladas con pérdidas de memoria, pero a la mañana siguiente me desperté en calzoncillos con Marta durmiendo a mi lado abrazada a mí. ¿Nos habríamos enrollado? ¿O sólo dormido como las dos veces anteriores?

No me atreví a moverme. Tampoco digo que me molestase. Estaba encantado de su abrazo pero me chocaba que pudiera haber pasado algo vista su actitud anterior. Aunque yo me había pillado una buena papa, ¿ella también? Se despertó al fin. Saldríamos de dudas.

Se sorprendió al verse abrazada a mí y se soltó separándose y sentándose. Estábamos acostados al revés que las ultimas veces: ella por fuera y yo por dentro de la cama pegado a la pared.

-Perdona, Luis. ¿Te he despertado?
-No, que va. Ya estaba despierto.
-¿Cómo estás? Menuda pillaste anoche.
-Tengo resaca pero creo que bien. ¿He dormido mucho?
-¿No te acuerdas de nada?- me preguntó Marta con cara de extrañeza.

Joder. Algo había pasado y ni me acordaba. ¿Nos habíamos enrollado? Debió notar mi zozobra y me sonrió. ¿Qué habría pasado?

-Vale. No te acuerdas, jajaja.- dijo Marta sonriendo.
-¿De qué me tengo que acordar? ¿Tú y yo…?- pregunté descolocado.
-Noooo, jajaja. Que va, Luis. No creo ni que pudieras, jajaja.
-¿Entonces?
-Te pillaste una borrachera buena. Estabas un poco decaído pero de golpe te pusiste peleón. Casi te peleas con un tío que se metía con la teta de goma de Ángela. Después en otro bar un tío te preguntó que si eras escocés de verdad y casi le arreas en la cara. Menos mal que te paramos. El tío era un poco chulo la verdad, pero con la papa que llevabas te habría dado bien. Le enseñaste el culo levantándote la falda y te dijo que ni escocés ni tío con huevos. Casi la lías bien. Te tuvimos que volver a agarrar y después quería quitarte los calzoncillos para tirárselos para demostrarle lo escocés que eras…

Yo escuchaba atónito la historia con cara de no creérmelo mientras Marta seguía contando.

-…ya los tenías a medio muslo cuando te volvimos a agarrar. Medio bar te vio el culo y no sé si algo más.
-Madre mía. Qué vergüenza…-contesté tapándome la cara con las manos.
-Bueno. Estabas gracioso en realidad. Pero ya se hizo bastante tarde y nos vinimos. Ángela me ayudó a traerte porque ibas diciéndole cosas a la gente por la calle.
-¿Qué cosas?- pregunté temiendo oír la respuesta.
-Nada, jajaja. Ibas buscando ingleses para que Braveheart los matara. Y cuando alguien te contestaba te dabas la vuelta y te levantabas la falda haciéndoles un calvo.
-Madre mía…¿Y vosotras?
-Partidas de risa contigo, la verdad.
-Bueno. ¿Y cuando llegamos a aquí?
-Pues nada. Te desnudamos entre Ángela y yo y te acostamos. Caíste redondo en cuanto te metimos en la cama.
-Gracias. Y perdón por el espectaculito. ¿Y dónde está Ángela?
-Está durmiendo en el sofá. Te metimos aquí por si te caías durmiendo. Pero que va, has dormido del tirón.
-¿Tú has dormido bien?- pregunté.
-Muy bien. No te has movido en toda la noche.
-Como estabas abrazada…

Marta se puso colorada de golpe pero contestó rápidamente:

-Ha sido algo instintivo. ¿Te he molestado?
-No seas tonta.- respondí sonriendo- Me encanta que mis amigas me abracen, y especialmente tú.- dije pasando mi brazo por detrás de su espalda para que cayera sobre mi pecho.

Marta se dejó arrastrar pegando su cabeza a mi pecho desnudo.

-Gracias.-le dije.-Sois mis ángeles. Siempre cuidando de mí.

En ese momento llamaron a la puerta del dormitorio.

-Chicos, ¿estáis visibles?

Era Ángela que nos habría oído hablar.

-Pasa…-contestó Marta.
-Ey, jajaja. Qué a gustito estáis los dos.-comentó Ángela sentándose a los pies de la cama con las piernas recogidas como suele.
-Te veo las bragas.- dije al verla.
-Mejor no te cuento lo que te vimos nosotras anoche, borrachuzo, jajajaja.-contestó.

De nuevo me contó su versión de mis tropelías hebrio. Pero en un momento dijo:

-Oye, tengo frío.
-Vente aquí con nosotros.-le dije

Le hicimos hueco junto a la pared y Ángela se sentó a mi lado tapándose las piernas desnudas con el nórdico. Estaba encantado de estar entre mis dos amigas en la cama y supongo que sería por la resaca pero mi churra afortunadamente no se despertaba. Así estuvimos un rato más comentando jugadas de la noche anterior hasta que empezamos a oír golpes en la habitación de al lado y gemidos de chica.

-Ya se han despertado.-comentó Marta- Éste es mi despertador de los fines de semana.
-Vaya tela, ¿no? No se cortan.
-El chaval tiene que ser bueno para que le dure tanto a Silvia.-dijo Marta con ironía.
-Luis vive con él sabrá que herramienta tiene.-comentó Ángela.
-No voy por ahí fijándome en la churras de mis amigos. Pero vamos, no lo he visto empalmado pero de normal no calza mal.
-¿Tú crees que Silvia sale con él por su polla?- preguntó Ángela.
-Conociéndola no me extrañaría.-respondió.
-¿Tú saldrías con alguien por su chocho?- me preguntó Ángela.-Aunque claro es distinto, los chochos son todos iguales.
-Para nada-respondí- Los hay gorditos, planitos, con los labios apretados, con los labios asomando, pelones, con bigote, jajaja, hay de todo. Pero para vuestra tranquilidad, a mí me gusta la chica y si me gusta ella el coñito va en el lote.
-Lo mismo con las pollas, jajajaja.-respondió Marta.

Entonces abracé a mis amigas pegando sus cabezas sobre mis hombros y mi pecho y dije:

-A ver a quien le explico yo que me he metido con dos bombones en la cama.
-Y yo con un tío…jajajaja- respondió Ángela- No abrazo a un hombre así desde que lo hacía con mi padre de pequeña.
-Oye, que lo mío es más gordo.-añadió Marta con guasa- Que yo estoy con mi ex y una lesbiana.

Reímos los tres hasta que de golpe las chicas echadas en mi pecho se miraron sonriéndose y de golpe empezaron a clavar sus dedos en mi barriga haciéndome cosquillas.

-Parad, parad, por favor.- pero no me hacían caso- Parad que me meo, que vomito, que las dos cosas…

Salí corriendo de la cama al baño porque realmente me meaba y me venía un vómito dejando a mis amigas riéndose en la cama.

Lo primero que me llegó fue el vómito. Trabajo me costó no mearme encima mientras abrazaba el wc. Largué gran parte de lo bebido la noche anterior y después vacié la vejiga. Me atacó un dolor de cabeza terrible y sensación de marea. Los achaques de la resaca sustituyeron traumáticamente el placer que había sentido con mis ángeles apoyadas en mi pecho calentitos en la cama.

Regresé con mala cara al dormitorio donde las chicas se habían quedado charlando. Al verme llegar se dieron cuenta de mi mal cuerpo. Entonces Ángela se ofreció a acompañarme a la residencia para que comiera algo y durmiera una buena siesta. Nos vestimos y así hicimos tras agradecerla a Marta que nos acogiera.

Comer caliente y dormir me vinieron muy bien, aunque quizá tuvo algo que ver el ibuprofeno que me había tomado al llegar a la residencia. Me desperté pero me quedé tirado en la cama. Sin embargo, consultando el móvil de golpe me llegó un mensaje de Claudia. El corazón me dio un vuelco y lo abrí presuroso.

-Hola, Luis. ¿Cómo estás?
-Hola princesa.
-Que cariñoso. ¿Y eso?
-Pase lo que pase tú siempre serás mi princesa.
-¿Ha pasado algo que no me hayas contado? Jajaja.
-Han pasado muchas cosas.
-Bien. Tengo una aburrida tarde de domingo. Puedes contármelas.
-Para empezar tengo un resacón terrible de anoche.
-¿Otra vez en carnaval? Jajaja. ¿De qué te has disfrazado esta vez?
-De Braveheart.
-Jajajaja. Estarías muy gracioso. Pásame una foto que te vea.
-Pues creo que no tengo. Le pediré a alguna amiga que me la mande y te la paso.
-Vale. Entonces te lo pasaste bien.
-No estuve mal a pesar de algún recuerdo pero con la papa que me pillé no me acuerdo de media noche.
-Tú siempre igual con el alcohol.
-Bueno y ¿tú qué tal?
-Pues aquí el carnaval es diferente. Es parecido al de Venecia. Buenos disfraces muy currados y la gente posando. Pero después la mayoría de la gente no se disfraza y el ambiente de los bares es el de cualquier finde pero con gente disfrazada.
-Entonces ¿no te disfrazaste?-pregunté.
-No. No estoy saliendo mucho otra vez.
-¿Y eso?
-Ya sabes que me quiero centrar en sacar buenas notas.
-¿Y Gianni?
-Luis, no es mi novio. Hacemos nuestras vidas.

“Pero te lo follas” le iba a decir, pero me contuve.

-Bueno.-siguió Claudia- ¿Y qué más cosas han pasado por ahí?
-Pues los exámenes bien. He aprobado todas menos una pero tú sabes que después en junio las recupero.
-¿Y qué más cosas han pasado?
-Puff. No sé si debería contarle estas cosas a mi ex.
-Luis, siempre has podido contarme todo, otra cosa es que no lo hicieras.

Esa puya me la tenía que tragar así que escribí:

-Bueno. Pues verás. ¿Te acuerdas la chica con la que me había enrollado?
-Sí. La de los gemidos, jajaja.
-Pues me ha pegado hongos.
-Pero Luis. Esto es de 1º de primaria de sexualidad, ¿cómo no te pones protección?
-Un calentón, Claudia. Ya me conoces. Además contigo lo hacía a pelo.
-Pero éramos novios y se suponía que no follábamos con nadie más.- me recalcó.
-Vale, es verdad. Pero eso es lo de menos.
-¿Entonces?
-La niña se está tirando a otro del equipo a la vez que a mí. Se lo tiraba a pelo y no me dijo nada.
-¿Te interesa esa niña?
-La verdad es que me he dado cuenta de que no.
-Pues, Luis. Ya sabes lo que tienes que hacer. Una enfermedad venérea puede ser muy peligrosa. Esta vez ha sido algo leve. Los hongos se pueden pillar en una ducha compartida aunque en el caso de los hombres lo más común es transmitirlos por vía sexual.
-Gracias doctora. Lo sé. Ya lo tengo decidido. ¿Sabes cuál es mi problema? Que te echo de menos.

Claudia no contestaba. ¿La había molestado? Esperé nervioso pero no pude más y añadí:

-No lo digo por acostarnos. Echo de menos tus consejos. Tu compañía. Tu saber llevarme. Que fueras mi princesa.
-Luis. No voy a hablar eso contigo ahora por aquí. Sabes que me tienes para lo que necesites pero no quiero hablar de eso así.
-¿Es malo que te eche de menos?
-No.
-Sé que estoy un poco perdido. También estaba perdido el año pasado y tú me enderezaste. Y me diste lo mejor y yo la cagué.
-Luis. Aquí no. Te sigo queriendo mucho y me vas a tener siempre dispuesta a ayudarte pero cuando yo vuelva ya hablaremos lo que tengamos que hablar.
-¿Quieres que recuperemos la costumbre de hablar todos los domingos por la tarde?
-Claro. Me parece bien.
-Me alegro. ¿Te va bien con Gianni y por eso no quieres hablar del tema?
-Luis. No. En serio. No es eso. Gianni no tiene nada que ver en que no quiera hablar de nosotros ahora.
-¿Folla mejor que yo?
-Luis. ¿Quieres que me arrepienta de haberte dicho que hablemos los domingos?
-Vale. Perdona. Pues no veas que vergüenza pasé.- dije para quitar hierro a la conversación.
-¿Cuándo?
-En el médico. Me tocó una señora mayor y me riñó cuando le conté lo que me pasaba y encima le tuve que enseñar la churra.
-Jajajaja. Normal. Tiene que examinar la zona para ver que tipo de erupción tienes. Lo tuyo será candidiasis. ¿Tenías enrojecimiento en el prepucio y la base del glande especialmente brillante?
-Pues me picaba y tenia el nabo colorado, jajaja.
-Que brutito eres jajaja. Eso es que apenas tenías síntomas aún. Mejor, así se cura antes.
-Con lo que me ha mandado ya no me pica.
-Me alegro. Espero que hayas aprendido la lección.
-Sí. Las dos. No juntarme con niñas malas y tomar precauciones.
-No es una niña mala. Sólo es descuidada como tú.
-Vale. Acepto la reprimenda.
-Luis. Me alegro mucho de hablar contigo.
-Yo también. Perdona por lo de antes.
-No pasa nada. Yo también te echo de menos algunas veces.

Nos despedimos dejándome un extraño sentimiento de que la llama aun no se había apagado pero de que quería evitar hablar del tema hasta que no volviera. ¿Por qué no me decía nada? Podía ser clara y matar mis esperanzas. Porque yo se lo estaba diciendo. Reconocía mi culpa. Si no había marcha atrás que me lo dejara claro.

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