BAJOLASSÁBANAS

Capítulo 7 Un soplo de aire

Dejé el teléfono encima de la mesa, Lola se levantó y salió de la cocina dejándome solo, ya no me podía creer nada de ella, sentía un puñal atravesando mi espalda, sus lágrimas, sus palabras…todo era teatro.

Repasaba una y otra vez los mensajes de texto intentando comprender lo que estaba pasando, era como una película de terror en la cual morían todos los personajes quedando solo uno, y ese uno, no era yo, fui a la foto de contacto queriendo ver la cara de Sergio, necesitaba ponerle rostro, no había foto solo un estúpido muñeco de peluche, ni siquiera daba la cara, me levanté apoyándome en la mesa, mi cuerpo estaba roto, ya no sabía qué hacer, tirar la toalla y dejar definitivamente esa ruleta rusa o apretar otra vez el gatillo y que el bombo decidiera mi suerte, salí a la sala con la boca seca y el nudo de mi garganta apretando cada vez más fuerte, Lola estaba sentada con los ojos irritados, tenía la vista perdida en algún rincón de la habitación, sus piernas cruzadas dejando que su pie danzará como el segundero de un reloj, tic..tac…tic…tac, mi tiempo se acababa y no encontraba la respuesta que necesitaba, la dejaba…aceptaba…

– Será mejor que nos vayamos Carlos.-Su voz sonó serena.-Ya no hay nada más que decir.-Dijo poniéndose de pie.

– ¿Me quieres? .-Volví a repetirle la pregunta.

– ¿A quién te refieres?,¿ al celoso?, ¿al amargado?, nunca te preguntaste si yo era feliz con tus celos y manías, ¡jamás!, me gustaría saber dónde se quedó aquel hombre con el que me casé…aquel que llegué a amar hasta la médula, ¡dime!, ¿qué hice mal?, ¡jamás!, ¿me oyes?¡jamás!, te fui infiel, ¿y sabes porque?…porque nunca había necesitado a otro hombre, ya lo tenía en casa…pero de un año para otro se volvió…un amargado y celoso, acusándolo injustamente, mermando mi personalidad hasta el extremo de hacerme desaparecer como persona, humillándose gratuitamente, así que cuando me preguntas si te amo¿A qué Carlos te refieres?.-Sus palabras habían salido como flechas clavándose en todas las partes de mi cuerpo.-¿Acaso te he juzgado yo?, ¿he dicho algo de Vanesa?, sí lo de los mensajes ha sido muy fuerte, lo reconozco, pero reconoce que te he contado la verdad y no he querido seguir con el juego¿es verdad o no?.

– Sí.-Contesté con un hilo de voz, no daba tiempo a que pudiera reaccionar a todos los golpes.

– Ya te digo que aquí acaba lo nuestro, y no te preocupes, no pienso molestarte más.-Lola se dirigió a la puerta.

– Acepto.-Las palabras se escaparon de mi boca.

– ¿Qué aceptas? .-Dijo Lola volviendo sobre sus pasos.-¿Ser un cornudo?.

– Si lo acepto.

– ¿Y eso por qué?, ¿tanto has cambiado para rebajarte de esa manera?, no sabes lo que significa ser un cornudo, no tienes ni puta idea, así que mejor olvídalo.-Dijo saliendo de la sala, se iba a ir y no tenía nada con que retenerla.

– No, no pienso rendirme, ya no me preocupa perder todo incluso mi moral, no te vayas.-Dije gritando.

Lola volvió a entrar con una sonrisa sarcástica

– ¿Tu…tú me hablas de moral?, ¿tú?,¿ dónde estaba tu moral cada vez que me ponía ante el espejo con miedo de enseñar más o menos?, ¿dónde estaba tu moral cada vez que me sacabas arrastras de un local diciendo que tal o cual me miraba demasiado o si yo lo miraba demasiado?, ¿dónde estaba?,¡hijo de puta!, ¿por qué crees que deje de hacer topples en la playa?,¡cabrón de mierda!, no lo sabes ¿verdad?¿a qué no?, claro que no, ¿para qué?, si tú estabas bien, que coño te importaba, pues te lo digo para ver si así lo entiendes de una puta vez, prefería joderme, sí,sí…joderme cabrón, con tal de estar bien contigo, tenía miedo que en cualquier momento creyeras que alguien me miraba más de la cuenta.-Sentía como si el suelo de la habitación se moviera bajo de mis pies.-¿Y ahora me dices que aceptas?, ¡vete a la mierda!.-Dijo en dirección a la cocina.

Lola había estado golpeando mi pecho con sus puños cerrados, notaba que con cada palabra iba un golpe en mi pecho, su cara roja y sus venas hinchadas, mientras yo recibía aquellos golpes, sus palabras formaban una película, la película de mi vida que ahora podía ver, me venían aquellas imágenes a la cabeza, recordaba haberme enfadado con ella por tonterías que después arreglábamos en casa, es verdad que cuando nos casamos Lola siempre tomaba el sol en topples y poco a poco lo dejo de hacer pero desconocía que hubiera sido por mi culpa, pero como dicen; no hay más ciego que el que no quiera ver. Mis pasos siguieron a Lola hasta la cocina me sentía como un gatito siguiendo a su dueño para recibir su plato de leche.

– Empecemos de cero.-Dije sin mucha seguridad, Lola estaba poniéndose un café, al oírme giró su cabeza para mirarme, sus ojos me estaban examinando.

– No podemos empezar de cero hasta que no me cuentes qué pasó con Vanesa, entonces podremos empezar a hablar.-Por lo menos había conseguido detener la hemorragia, sabía que el tratamiento sería doloroso pero debía aplicármelo.

– Esta bien, te contaré todo, pero salgamos a la terraza allí estaremos más relajados.-Esperaba que al aire libre me fuera más fácil abrirme a ella, estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de estar con ella.

-Sal tú, yo voy a ducharme y salgo.

Salí pensando por un momento si sería una excusa para poder hablar con Sergio y ponerlo al día, pero no quise seguir con eso, ya había aceptado ser un cornudo y lo peor era que esperaba que ella me aceptara como tal, era como una operación sin anestesia en la cual el bisturí tiene que cortar aún provocando dolor para que el paciente se salve, y así sería.

Estuve quince minutos esperando en la terraza, le daba vueltas al hecho de contarle a Lola lo sucedido con Vanesa y no sabía por dónde empezar, hasta que apareció por la puerta, llevaba una camiseta donde se marcaban sus pezones y unos pantalones cortos, venía andando con unas gafas de sol a la vez que escribía en el teléfono y una botella de agua bajo el brazo, un chasquido sonó dentro de mi, pero sabía que me tendría que acostumbrar a aquellas situaciones.

-Y bien, cuando quieras soy todo tuya.-Dijo depositando el teléfono sobre la mesa.

-Lo último que te conté fue lo del coche con Vanesa y Sebastián,¿cierto? .-Cogí la botella para beber, tenía la boca seca y todavía no había empezado, me sentía como un alumno delante del director del colegio.

-A sí es, estaban masturbando a tu Venus delante tuyo.-Dijo repitiendo mis últimas palabras con ironía.

***************

– Párate y compramos unas pizzas.-Dijo Vanesa señalando una pizzería.

-Vale, ¿De qué la queréis? .-Preguntó Sebastián después de frenar bruscamente.

-Que sea suave.-Contestó Vanesa.-¿Y tú Carlos? .-Dijo girándose para mirarme entre el hueco de los asientos.

-Me da lo mismo.-Contesté, me di cuenta que Vanesa en ningún momento había soltado mi mano, me daba la sensación que quería hacerme partícipe de lo que allí ocurriera, eso me daba tranquilidad a la vez que me excitaba, a pesar de sentir esas emociones percibía algo desconocido para mí, algo que no me permitía estar completo.

Una vez que Sebastián se bajó del coche Vanesa volvió a girarse.

-¿Cómo estás cornudito?.-Su sonrisa ocultó el significado de la palabra, simplemente lo tomé como un juego.

-Bien.-Dije sintiendo mi verga totalmente parada, percibía la humedad de mis slips envolviendo por completo mi paquete, estaba excitado imaginando escenas de Vanesa.

Miré a Lola, veía una fina sonrisa en sus labios, se debía estar imaginando la escena e intentando comprender cómo era posible que yo hubiera permitido todo aquello, no fue fácil de comprender para mí con lo cual pude entender sus dudas.

-Quiero que seamos francos.-Dijo Vanesa apretando mi mano más fuerte con voz baja pero firme, miraba sus ojos los cuales esperaban mi afirmación.

-De acuerdo.-Sentía mi pulso a toda máquina.

-Siento una atracción por ti, creo que eso lo sabes, pero si tú sientes algo por mí, piensa que yo no soy Lola, soy como soy, ¿lo entiendes?, soy libre y siempre seré libre, y si tú decides estar a mi lado tienes que entenderlo.

-Si.-Dije sintiéndome como un ciego caminando en un laberinto.

-Nunca he sido de un hombre ni nunca lo seré, antes de seguir lo tienes que tener claro, jamás te obligare a estar conmigo pero tampoco permitiré que me juzgues, eres libre de elegir.

-¿Y si te dijera que querría intentarlo?.-Se que esbocé una sonrisa mirando como el brillo de sus ojos volvía a emanar ternura.

-Sería maravilloso, y no habría nada más que pudiera desear, pero primero tienes que saber realmente lo que quiero y deseo, la clase de mujer que soy, esta noche voy a follar con Sebastián y me gustaría que estuvieras presente, quiero que me veas como me folla pero no participarás, simplemente miraras.-Vanessa se quedó mirándome esperando que asimilaba sus palabras, por mi mente saltaron muchas imágenes de los dos.-No pienses que es para humillarte ni para provocarte, solo quiero que si llega un día en el cual estemos juntos sepas a qué atenerte,¿podrás?.

Una sensación extraña recorrió mi cuerpo, por un lado me excité al pensar en verlos juntos y por el otro desconocía si podría soportar ese acuerdo en una relación estable,pero por lo menos sabía lo que tendría con Vanesa; una relación abierta.

-Quizás, no lo sé, tampoco voy a mentir, tú me atraes y creo que siento algo por ti, deseo…amor, no tengo ni idea de lo que es…pero quizás valga la pena intentarlo.-Sonreí mirando su rostro angelical nada más engañoso que eso, debajo de ese rostro había deseo, lujuria, todo ella estaba envuelta en puro erotismo.

Por el retrovisor del coche percibí que llegaba Sebastián con un par de las típicas cajas de pizzas, Vanesa sonreía satisfecha con mi respuesta.

-¿Tienes cervezas en casa Vanesa? .-Dijo pasándome las pizzas.

-Si, no te preocupes.-Vanesa seguía sin soltar mi mano, era como si me quisiera guiar por aquel remolino de sensaciones, y conseguía tranquilizarme.

-Disculpa pero necesito una cerveza.-Lola se levantó de la silla, pude ver cómo su rostro estaba mojado por las lágrimas, la seguí con la mirada hasta que entró en la casa, notaba que a medida que le contaba más sobre Vanesa más me alejaba de ella.

El sol ya estaba en lo más alto haciendo que el calor aumentara considerablemente, al momento Lola apareció con dos cervezas en la mano.

-He supuesto que querrías una, si quieres podemos seguir dentro de casa aquí hace demasiado calor.-Dijo dejando mi cerveza sobre la mesa.

La miré intentando recordar nuestros momentos… nuestra vida juntos, pero cada vez se hacía más difícil no mezclar aquellos recuerdos con todo lo que Lola me había contado.

-Como tú quieras.-Dije dándole un trago a la cerveza.

-Seguimos aquí y si vemos que…no se.-Su voz salió entrecortada, estábamos los dos agotados de aquella situación.

-No te preocupes pues seguimos dentro.

Lola caminaba delante de mí, sus caderas se movían haciendo que mis recuerdos fluyeron como el agua de un manantial, todavía no me creía como habíamos llegado a aquella situación.

Nos sentamos en el sillón notando el cambio de temperatura, separados cada uno en un brazo dejando espacio entre los dos… un espacio que cada vez era más grande, mi cabeza decía que aquello no iba a terminar bien, nuestra relación ya estaba rota solo nos quedaban los recuerdos, demasiado poco bagaje para poder volver a lo de antes.

La miré antes de seguir hablando, sus gafas de sol habían desaparecido dejando que se vieran sus ojos rojos, su semblante era serio pero no autoritario.

-Sigue por favor.-Dijo descubriendo mi mirada.-Acabemos con esto cuanto antes.-Sentenció.

-Íbamos cogidos de la mano por la calle.-Comencé a hablar sin mirar a Lola, notaba que se estaba rompiendo por dentro a medida que escuchaba.-Sebastián llevaba las pizzas delante nuestro, me sonaba extraño que el que se la fuera a follar y sin embargo era a mí a quien cogía de la mano, mire a Sebastián buscando algo de enfado por la situación pero no percibí nada en el que pareciera molestarle, Vanesa movía sus caderas sensualmente haciendo eterno el camino hasta su casa.

-Me gustaría ducharme¿puedo? .-Dije nada más entrar en su casa.

-Por supuesto, al final del pasillo está el lavabo, entra que ahora te llevo toallas.-Dijo Vanesa dándome un beso cariñoso en los labios.

El lavabo era el clásico de los años noventa, sus azulejos y grifería clamaban una reforma, me miré al espejo descubriendo en mi rostro algo que no conocía…miedo, tenía miedo de meterme en algo que no sabía si podría soportar, en mi vida hubiera imaginado una situación similar, al momento se abrió la puerta, Vanesa entro simplemente con unas bragas brasileñas siendo perceptible su pubis.

-Mira te dejo estas toallas y un albornoz…¿estás bien? .-Dijo, supongo que es verdad que la cara es el espejo del alma.-Sabes que no tienes que hacerlo…

-Ya lo sé.-Dije intentando sonreír.

-Te esperamos para cenar.-Dijo saliendo del lavabo.

Me desvestí pensando en todo aquello, me preguntaba el porqué de aquel miedo, ¿qué podía pasar?, deje que el agua cayera sobre mi intentando quitar algo más que mi entrepierna manchada por mi propio semen reseco, en un momento me vino a la cabeza, no era miedo lo que sentía…era culpabilidad, me sentí culpable de aquella situación, no hacía un mes que habíamos estado juntos y yo me excitaba con una mujer a los dos días, me dejaba llamar cornudo y lo peor era que me excitaba la posibilidad de serlo, y mientras todo eso pasaba por mi cabeza mi mano aferraba mi verga percibiendo la fogosidad de esta, la mano subía y bajaba haciéndome sentir más bajo…más bajo pero como si de una droga se tratara no lo podía parar, necesitaba estar, sentir ese momento, mis piernas se doblaban cayendo de rodillas en el baño a la vez que por mi mano corría un fino hilo de semen, me levanté y volví a enjabonarme.

Al salir vi que ya estaban sentados en el sofá, en una pequeña mesa estaban las pizzas junto a tres cervezas, oí como hablaba.

-¡Venga que la pizza se enfría! .-Dijo Vanesa al verme aparecer.

-Si que tengo un hambre que me muero.-Dijo Sebastián apurándose, este estaba solamente con sus slips, se notaba un cuerpo musculoso, sus rastras caían sobre un lado de su pecho, me senté al lado de Vanesa sintiendo como su pierna se pegaba a la mía, la cena pasó hablando de cosas sin importancia en medio de una atmósfera cargada de erotismo, Vanesa repartía las miradas entre los dos, a veces Vanesa colocaba su mano sobre mi pierna encendiendo mi cuerpo, era como si quisiera que yo también formaba parte, mis ojos recorrían su cuerpo observándola, sus pechos duros, su piel tostada, sus piernas cruzadas,sus labios dibujados linealmente en sus rostro, sin duda era la musa de cualquier pintor, tenía ese don de hacer que siempre estuvieras encendido, que la desearás en cualquier momento.

-Voy a hacer un peta.-Dijo Sebastián levantándose.

-¿Cómo estás? .-Vanesa se giró hacia mí, sus piernas se abrieron por el movimiento.

-Bien, tranquila.-Dije sonriéndole.

Vanesa cogió mi mano llevándola hacia el triángulo, levantó la costura de la braga la metió dentro, noté su calor, mis dedos recorrieron sus labios sintiendo sus formas, sus ojos no dejaban de mirarme viendo mi cara de deseo, era como la manzana prohibida allí estaba su mejor secreto, los dedos buscaron el interior de su cueva, Vanesa se separó un poco para ayudar, nuestros labios se juntaron nuevamente, su mano desató el albornoz dejándome desnudo, su mano comenzó a jugar con mi pecho.

Sebastián caminaba hacia nosotros con un porro en la mano completamente desnudo, me di cuenta que mi turno llegaba a su fin, sin saber el porque mi mano abandonó su coño, Vanesa me sonrió agradecida de mi postura, Sebastián se plantó enfrente de Vanesa quedando su verga flácida delante de los ojos de esta, mi cuerpo empezó a sudar sintiendo la morbosidad del momento, Sebastián le ofreció el porro a Vanesa pero esta negó con la cabeza.

-Prefiero esto.-Dijo cogiendo la verga de este, nuevamente giró su cabeza para verme, al momento volvió su vista a la verga que ya sostenía entre sus manos, levantó la verga para poder besar sus huevos, Sebastián tenía poco bello con lo cual podía apreciar la lengua de Vanesa recorriendo cada uno de ellos, miraba hacia arriba mostrando su sonrisa lasciva, Sebastián apoyo una mano sobre la cabeza de esta mientras que con la otra daba pronunciadas caladas a su porro, seguramente sería como estar en lo alto de la cima, que más podía desear el en ese momento, su porro y una mujer como Vanesa arrodillada ante el chupándole sus huevos”el puto amo del mundo”, mi cuerpo cada vez estaba más mojado, intenté mantener la compostura lo máximo posible, Vanesa fue subiendo por el tronco despacio sin prisa, tenían toda la noche, cuando llegó al glande se detuvo en el recreándose con lamidas, su lengua lo enrollaba, hasta que hizo desaparecer toda aquella verga en el interior de su boca, Sebastián gimió en ese momento, Vanesa la mantuvo en el interior de su boca durante unos segundos, después comenzó a mover su cabeza adelante y atrás en un principio despacio para luego aumentar la velocidad, podía ver aparecer y desaparecer la verga de Sebastián rodeada de los labios carnosos de Vanesa, sentí mi mano rodear mi parada verga ni siquiera supe en qué momento comencé, no había podido resistirme ante aquel espectáculo, la verga de Sebastián aparecía brillante por las babas de Vanesa mientras los gemidos de este ya eran claros haciendo una sintonía de ruidos entre él y ella absorbiendo su verga, Sebastián la agarró para levantarla y fundirse en un beso, Vanesa se volvió poniéndose apoyada en el respaldo del sofá dejando su culo a disposición de Sebastián, busco mi mano apretándola fuertemente, traspasábamos nuestra excitación, Sebastián bajo sus bragas gasta sacárselas acto seguido hundió su cara entre las nalgas de Vanesa en ese momento pude ver la representación del placer en el rostro de esta puso sus ojos en blanco a la vez que mordía su labio inferior, quería besarla, tocarla pero no era mi momento, me olvide de Sebastián solo quería verla gozar, su cabeza empezó a moverse hacia adelante despacio empujada por los movimientos de las embestidas de Sebastián, Vanesa abría la boca intentando aspirar aire, una y otra cada vez más rápido la verga se le hundía hasta las profundidades de su ser y mi mano subía y bajaba sobre mi verga simplemente con ver su cara podría llegar a correrme, sus gemidos cada vez eran más fuertes, mire a Sebastián tenía tensado su cuerpo mientras bufaba, sus dos manos agarraban las caderas de Vanesa acometiendo con todas sus fuerzas, el sudor de su cuerpo hacía que brillara, al final se tensó sacó su verga y espesos chorros de semen fueron a parar sobre la espalda de Vanesa, Vanesa se dejó caer sobre mi hombro, mientras seguíamos cogidos de la mano, tenía revuelto el pelo, el sudor de su cuerpo se mezclaba con el mío, nos quedamos mirando y nuestros labios se encontraron , percibía el sabor del sexso de Sebastián pero no me importó, en ese momento la deseaba.

-Gracias.-Dijo susurrando una vez nos separamos.

Sebastián se desplomó sobre el sofá.

-¡Dios eres maravillosa! .-Dijo besando a Vanesa.

-Si ya lo sé, pero creo que sería mejor que te fueras ya es tarde.-Le dijo para sorpresa mía.

-¿Tan pronto? .- A Sebastián le sorprendió igual que a mí.

-Si, necesito estar con Carlos y ahora mismo me sobras.-Dijo riendo.

-Como quieras princesa.- Dijo sin atisbo de rencor en sus palabras.

Una vez que Sebastián salió por la puerta Vanesa se sentó a mi lado abrazándome.

-¿Todo bien? .-Dijo apoyando su cabeza en mi pecho.

-Si, pero no sé qué quieres de mí.-Mis labios besaron su mojada frente, desconocía para que me quería,¿qué pintaba yo allí?.

-No es fácil encontrar a un hombre que me respete, que no pregunte o cuestione mi vida.-Dijo levantando la cabeza para mirarme.

-¿Y tú crees que yo sería ese hombre?.-Me vinieron tus palabras, “celoso””controlador”

-No lo sé, pero me gustaría intentarlo, desde el primer día me atrajiste, no puedo decir los motivos y por supuesto no sabía nada de tu historia con Lola, pero sé que en verdad no eres de esa manera que describes, desconozco tus motivos para dudar de tu mujer, quizás necesitabas abrirte con alguien que no te conociera, igual te sentías encerrado en ti mismo con miedo a salir de tu caparazón, a veces no es fácil romper los roles que alguien impone por ti, tu familia, amigos, conocidos son muchas veces los principales frenos de nuestros sentimientos, ¿Qué pensaría tu familia si se enterara de lo que ha sucedido hoy?, ¿te ayudarían ?,¿seguirán viéndote igual?, no lo creo, seguramente habría como mínimo comentarios por unos y por otros el total silencio, y el miedo a eso es lo que nos hace esclavos de nuestra propia vida, intentamos mantener las pautas marcadas por una sociedad manchada de hipocresía.-Escuchaba su voz imaginando a mi familia y amigos, tenía razón no lo comprenderian.-Ahora sí tú quieres nos duchamos y después me gustaría que me hicieras el amor, no quiero follar…quiero hacer el amor,¿Quieres?.

¡Dios!, lo estaba deseando, esa noche recorrí todo su cuerpo con delicadeza, sin prisa, esa noche era mía y lo que pasará al otro día sería otra historia.

Cada vez estábamos más juntos, hasta que un día Vanesa se mudó a mi casa.

Me quedé mirando a Lola sus ojos estaban perdidos en la habitación.

-Tu casa.-Dijo mirándome, no me había dado cuenta del significado de las palabras, ya no era nuestra casa, la había despojado de ella sustituyendola por Vanesa.-Sigo sin entender porque me has vuelto a llamar, ya tenias a tu zorra y ella a su cornudo,¡¿para qué coño me llamaste?!.-Lola escupió sobre mí aquellas palabras.

Continúe hablando no quería entrar en una guerra dialectal con Lola, nuestros mundos se separaban a medida que recordaba a Vanesa.

Todo iba bien, estábamos juntos nunca se volvió a repetir lo de aquel día, sabía perfectamente que ella era libre igual que yo, pero a pesar de todo había algo que no me permitía sentirme lleno, era como un vacío que no conseguía llenar hasta que un día que estaba repasando unas facturas en el ordenador, no sé el porque encontré una carpeta de fotos dentro de la de un cliente, al abrirla descubrí fotos nuestras del viaje de novios en París, sentí como si una daga atravesará mis pulmones dejándome sin aire, en ese momento descubrí lo que provocaba mi vacío.

-¿La quieres? .-Vanesa estaba a mi lado sin que me hubiera dado cuenta.

-No lo sé…ya no lo sé.-Dije sintiendo como las lágrimas empezaban a descender por mis mejillas.

-Creo que es mejor que lo averigües, por mí no te preocupes, entendería perfectamente que la quisieras, vamos a hacer una cosa, yo me volveré a mi piso, no quiero presionarte y si vuelves con ella prefiero que no me encuentre aquí, y si no solo llámame.

-Ya es tarde Vanesa.-Dije rodeándola con mi brazo.

-Nunca es tarde Carlos, habla con ella, yo seguiré aquí.-Dijo Vanesa besándome.

Así que llamé a mi hermana para pedirle tu teléfono ya que en anterior me salía que no estaba disponible, note a mi hermana rara e incluso me preguntó si estaba seguro y que tú ya no eras la misma, en eso no se equivocaba.-Me detuve mirando a Lola.-Esa es mi historia, te toca, como llegaste…ya sabes con tu jefe.

Lola se levantó del sofá sin decir nada, en ese momento creía que se iría sin contármelo.

-Me voy dar una vuelta, necesito despejar mi mente, ahora mismo no puedo hablar lo siento, no me saldrían las palabras.

La vi cómo se perdía en el pasillo , me di cuenta de la diferencia entre las dos, Vanesa no se escondía ante nada ni nadie y Lola era todo lo contrario, sumisa pero podía ver la vergüenza en sus ojos, cargada con deseo sí, pero había algo en ella que detestaba en lo que se había vuelto, estaba seguro que luchaba cada día contra su cuerpo pero no lo conseguía, no sé si yo había sido el culpable de su mutación pero sin duda ya no podría verla con los mismos ojos, los dos éramos nuevos en ese mundo, y quizás ella pagó un precio más alto que yo.

Decidí salir a caminar, no quise agobiarla cuando estuviera lista retomaríamos la conversación, eran las cuatro y el sol seguía castigando mi espalda, recorrí el paseo marítimo observando a los turistas desafiando al sol, se veían grupos de jóvenes riendo mientras que algún que otro quería demostrar lo machito que era ante las chicas lo típico de la adolescencia, ¿quién no había pasado por eso?.

Recibí un mensaje de Vanesa, ella sabía que estaba con Lola, no dejaba de sorprenderme su generosidad, hacía más de un mes que no nos veíamos y sin embargo sabía que podía confiar en ella.

16:05 Vanesa

Todo bien ? cornudito.

16:07 Carlos

No lo sé.

16:10 Vanesa

No te rayes y piensa con la cabeza…pero recuerda que siempre estaré aquí pase lo que pase.

16:15 Carlos

Lo sé, gracias

16:19 Vanesa

¿Dónde estás ?

16:21 Carlos

He salido a dar una vuelta, necesitaba aclarar mis ideas, ¿y tú ?

16:26 Vanesa

En casa, ayer me llamó Marta proponiéndole un día para hacer de modelo.

16:28 Carlos

Esa Marta…no se… la vez que la vi me miró con cara extraña.

16:35 Vanesa

Jaja, estaría celosa.

16:37 Carlos

Celosa, por?

16:40 Vanesa

Cotilla, jaja, ¿cómo crees que conseguí el trabajo?

En ese momento mi corazón empezó a bombear más fuerte, decidí sentarme en una terraza, notaba una sonrisa en mis labios.

16:45 Carlos

No me jodas?

16:48 Vanesa

Pues si…es una bollera que le gusta comer chochitos jóvenes….uhmmm y que bien lo hace.

16:50 Carlos

Qué fuerte…

16:52 Vanesa

Ahora en serio….¿cómo lo llevas?

16:58 Carlos

No se…es muy fuerte lo que ha hecho…

17:00 Vanesa

Que ha pasado?

17:10 Carlos

No sé qué decisión tomar, no es la misma…es como si ya no nos conociéramos…ya no sé qué creerme, no se distinguir entre la verdad y la mentira…no se…no se Vanesa, igual es mejor dejarlo como esta.

17:15 Vanesa

Lo que decidas estará bien para mí, pero piensa que si cierras la puerta ya no la podrás abrir de nuevo.

17:20 Carlos

Ya lo sé y es lo que temo, te dejo quiero volver y solucionar este tema, luego hablamos.

17:22 Vanesa

Ok, un beso.

17:23 Carlos

Un beso.

Tenía que volver y acabar con todo aquello, para bien o para mal se tenía que terminar, necesitaba retomar mi vida buena o mala pero sería mía, con Vanesa sabía a lo que me esperaba pero con Lola…¿qué me esperaba con ella?, ¿hasta donde llegaría su jefe?, pero seguía siendo Lola, una parte muy importante de mi vida.

Volví a casa con mi cabeza más liada que cuando me fui, Lola estaba en la terraza pues el sol ya empezaba a aflojar dejando que pudiéramos sentarnos mirando al horizonte.

-Cuando quieras.-Dije sentándome en la silla, Lola me miró detrás de sus gafas de sol y volvió a dirigir su vista al horizonte, pasaron un par de minutos en los cuales mantuvimos silencio, simplemente mirábamos la lejana línea del horizonte quizás buscando las respuestas en ella.

-Bueno…-Lola dudó antes de empezar a hablar.-Al principio todo iba bien con Marcos y David, se portaban bien conmigo e incluso me regalaban ropa y zapatos aunque todos tenían el mismo corte, me querían ver cómo a su puta y en aquel momento no me importaba, es más me excitaba yo de treinta y cinco años seducía a dos veinteañeros, me pasaba todo el día estudiando en casa…muchas rayas de coca y sobre todo buenos polvos, no había nada establecido, unas veces con uno y otras con el otro, incluso dependiendo de la fiesta con los dos a la vez, eso estaba bien…si…estaba bien.-Lola se detuvo un instante se quedo con la vista perdida como recordando.-Pero no todo es así de fácil, fui idiota al pensar que podía salir bien, una tarde aparecieron con dos chicas, María e Isabel, me quedé de piedra al verlas, eran las hijas de dos compañeras mías de universidad, Carla y Sara, ¿Te acuerdas de ellas?.-Dijo mirándome.

-Si, las que estuvieron en casa para las navidades.-Sus rostros me vinieron a la cara, recuerdo como sus maridos no dejaban de mirar a Lola durante toda la noche.

-Esas exactamente, olvidaremos la bronca que tuvimos cuando se fueron, ¿no? .-Su comentario irónico no pasó desapercibido para mí.- Al verlas allí no supe cómo reaccionar, ellas no me conocieron gracias a Dios, iban vestidas como dos putitas buscando polla.

-Lola estas son María e Isabel.-Dijo Marcos cogiendo a las dos por la cintura, por los ojos que ellas traían vi que iban puestas, se acercaron a mí y me dieron dos besos, recuerdo todavía su olor a perfume, eran tan jóvenes ¡por Dios!.

Recuerdo que me levanté enfadada y me fui a la cocina, estaba rabiosa ya no porque hubieran traído dos adolescentes a casa sino que me estaban dando de lado.

-¿Qué pasa Lola? .-Marcos había venido detrás de mí sin enterarme.

-Nada, no pasa nada.-Intentaba disimular mi enfado.

Marcos se acercó a mí, puso sus manos en mi cintura y acercándose a mi oído.

-¿Está celosa mi puta?.-Dijo susurrando.-Que no se te olvide que aquí no eres más que una puta y las putas no se quejan.-Me cogió fuerte de mis mofletes haciendo que mis labios dibujaron una o.

-No estoy celosa.-Dije notando como se mojaban mis ojos.

-Entonces dime cuál quieres que me follé primero, a María o a Isabel, con cuál quieres compartir mi polla.-No solo me rebajaba a su puta si no que me obligaba a elegir a una.

-No lo sé…no lo sé.-Mi voz salía entrecortada, sentía miedo, celos, y muy a pesar mío, excitación.

-Más vale que te quedes callada y no me jodas,¿Lo entiendes? .-Dijo metiendo su mano por mi escote y agarrando mi pezón con fuerza.

-Si…si lo entiendo.-Dije abriendo la boca para intentar soportar el dolor de sus dedos en mis pezones.

Marcos salió de la cocina mientras yo me quedaba temblando, no me atreví a salir hasta que estuve segura que estaban en las habitaciones, esa noche dormí en el sofá oyendo los gemidos de aquellas chicas, esnife dos rayas para dejar de escuchar, pero solo me venían las imágenes de sus madres, si ellas se enteraban de aquello no podría explicárselo e incluso me podían denunciar, por abuso de menores, al final a las cinco de la mañana me desperté con el ruido de los tacones, al cerrar la puerta todo se quedó en silencio, a partir de ese día Marcos y David cambiaron, ya no les valía ni como puta ni como compañera de piso, en ese momento sentí lo que significaba la soledad, a principios de diciembre Marcos y David se irían con sus familias saltándose las dos últimas clases, el último día era domingo por la tarde estaba comiendo en la cocina cuando entró Marcos.

-Lola, tenemos que hablar.-Dijo sentándose en la mesa conmigo.

-Dime.-Yo sabía que pasaba algo, hacía días que los veía distantes y murmurando a mis espaldas, yo llevaba tiempo durmiendo en el sofá, me sentía más tranquila y viendo que ellos no reclamaban mi presencia era una tontería dormir en la misma cama, en algún momento pensé en buscar piso pero lo iba dejando más que nada por mí situación económica.

-Volvemos después de reyes, tienes todo el mes para buscar piso, creo que es mejor que cuando volvamos ya no estés.-Dijo poniendo cara de pena.

-¿Ya os habéis cansado de vuestra puta?.-Dije llena de rabia.

-No es eso y lo sabes.-Marcos se levantó y salió sin decir nada más.

Él lunes amanecí sola en la casa, Marcos y David madrugaron para cojer sus vuelos, al verme sola me derrumbé llorando, me llamé estúpida, puta, zorra y todo lo que te puedas imaginar, estuve dos días sin salir de casa, prácticamente hasta que termine la coca que aún tenía, fui a las dos clases , decidí salir y así por lo menos me distraería, las clases se convirtieron en un martirio, prácticamente solo hacía acto de presencia pues no podía concentrarme,mi mente solo pensaba en lo que iba a hacer, pensé en llamar a Cristina pero no me atrevía, me había comportado tan mal que me era imposible volver con ella, el último día Antonio uno de los profesores me dijo que Juanjo me había invitado a la fiesta navideña que se hacía todos los años en la universidad, ¿Te acuerdas lo bien que nos lo pasábamos?.-Lola se dirigía a mi, me acordaba de aquellas fiestas, todo el mundo acababa medio borracho e incluso Lola y yo habíamos descubierto ciertas infidelidades al colarnos en algún despacho, nos hacíamos los borrachos y todo quedaba ahí.

-Estuve por rechazar la invitación pero pensé en Juanjo, el siempre me ayudó y no quería quedar mal con el, la fiesta era un viernes por la noche en un salón de actos de la misma universidad, estuve una tarde completa para elegir la ropa, estaba nerviosa por presentarme a mis compañeros sin saber qué es lo que sabían de mi, al final opté por ponerme un vestido negro con escote en la espalda, el que me regalaste para las navidades pasadas.-Me recordó Lola, recordaba aquel vestido, me gustaba pues Lola tenía que ir sin sujetador pues al llevar la espalda descubierta le quedaría feo, sus pechos se movían debajo de aquel vestido haciendo que sus pezones quedarán tiesos, eso me volvía loco y ella lo sabía con lo cual su excitación aumentaba considerablemente.

-Al entrar en el salón una mezcla de sentimientos me embargaron, había mucha gente hablando entre ellos, por un lado me daba miedo encontrarme con alguien y por otro lo deseaba, deseaba recuperar mi vida, una gran barra atravesaba la sala con camareros sirviendo copas y canapés, deje mi abrigo en un guardarropa improvisado, donde una chica se encargaba de guardarlos en unos percheros, la decoración era la típica de Navidad, recuerdo que me reí al verla, era todo tan clásico, la vida entre aquellas paredes había continuado sin mi, eche una ojeada buscando a Juanjo, antiguos alumnos me reconocieron cosa que me alegré, me hacían ver que algo de mi seguía vivo, al final descubrí a Juanjo estaba entre un grupo de profesores, poco a poco con miedo me fui acercando a él, desconocía si Juanjo sabría algo de mi, notaba un nudo en el estomago, por suerte me vio, se disculpó cortésmente del grupo y lo abandonó para saludarme.

-¡Lola!, estás guapísima.-Dijo abrazándome, me dieron ganas de llorar entre sus brazos, era como si me sintiera segura, con Juanjo era como volver a casa, a sus cincuenta y cinco años era toda una institución en el mundo jurídico.

-Gracias, tú también.-Dije haciendo como si le arreglara el nudo de su corbata.

-¿Ya has visto a tus compañeros?.-Sus manos sujetaron las mías.

-No acabo de llegar, hay mucha gente¿no?.-La verdad es que no me apetecía ver a ninguno de ellos, tenía celos de sus vidas, seguirían con sus parejas, sus clases…una vida normal, cosa que para mí en ese momento ya me parecía cosa del pasado.

-Pues la verdad es que si, ven vamos a tomar algo y me pones al día.-Me estremecí ante aquella propuesta; al día, no podía ponerle al día, como explicarle mi día a día , mientras atravesábamos la sala hasta llegar a una de las barras colocadas en el otro extremo iba dándole vueltas a la historia que debiera contarle, un montón de mentiras se acumulaban en mi cabeza mientras intentaba crear una película que fuera creíble, por un momento pensé en disculparme con el con la excusa de ir al lavabo, una raya de coca me haría estar más segura, pero por desgracia esa noche no llevaba nada, al final llegamos a la barra.

-¿Qué tomas?.-Dijo levantando la mano para llamar la atención de un joven camarero bastante ajetreado.

-Whisky con hielo.-Necesitaba algo realmente fuerte.

-¡Wow!, vas fuerte.- Dijo riéndose.-Pues pediré lo mismo.

-Por una de mis mejores alumnas y profesoras.-Juanjo hizo chocar nuestros vasos a la vez que me cogía por la cintura.

-Gracias pero no creo que sea yo tan buena como crees.-Dije sonriéndole.

La conversación derivó en mi último año, al comenzar a contarle que…bueno tú y yo…pues que nos habíamos dado un tiempo Juanjo se puso serio.

-¿Porqué no me dijiste nada?.-Juanjo seguía con su mano en mi cintura moviéndola lentamente.

-No quería preocuparte.

-Sabes que puedes confiar en mí Lola, ¿trabajas en algo?.-Por un momento pensé que me podía ayudar, podría volver a dar clases e intentar volver a ser yo misma.

-Ya lo sé, pero en aquel momento…no se.-Mis ojos comenzaban a mojarse y eso era lo último que quería que pasara.

-Ven vamos a un sitio más tranquilo y me cuentas.-Juanjo me llevaba de la cintura sorteando a la gente, de vez en cuando se paraba para saludar, estos se me quedaban mirando, Juanjo hablaba con ellos mientras su mano seguía sujetándome, me sentía como una acompañante, él sonreía a la gente y volvíamos a andar, deseaba llegar al sitio que fuera, cada vez las miradas eran más provocadoras, más insultantes, supongo que nadie sabía que no éramos más que colegas y aquella mano era simplemente una demostración de amistad entre amigos.

Al final conseguimos llegar a las puertas del claustro, Juanjo sacó unas llaves del bolsillo y abrió la puerta, me hizo salir primero y luego volvió a cerrar, sentí el frío en mi cuerpo provocando que mi piel se erizara.

-Vamos a mi oficina, estaremos más tranquilos.

-¿Pero y los demás invitados?.

-No te preocupes, por diez minutos no se van a enterar y lo primero ahora eres tú.-Aquello me conforto, quizás si pudiera pedirle la oportunidad de volver a dar clases, su mano seguía en mi cintura pero esta vez más cerca de mis nalgas, supongo que al estar fuera de la vista eso le dio más seguridad.

-Pasa.-Dijo abriendo la puerta de su oficina.-Encendió las luces y me señaló un sillón dándome a entender que tomara asiento.

-Un whisky.-Dijo descubriendo una botella guardada en un armario.-Pero tendremos que aprovechar los mismos hielos.-Mi vaso aún estaba medio lleno pero lo acabo de llenar hasta el borde, él se fue a echar pero mirándome.

-Uf, yo no puedo, tengo mucha gente que saludar y muchos tragos que compartir con ellos, dijo sentándose en el borde del escritorio.-Cuéntame, donde estás ahora, sé que estás haciendo el master y también sé que te has saltado muchas clases.-Eso sonó como a un profesor metiendo la bronca a su alumno.

-Si, lo sé, pero me ha sido difícil concentrarme.-Las mentiras me estaban matando, sí que había sido difícil pero no por la separación precisamente, Marcos y David habían sido los culpables de eso y yo por supuesto, me había pasado tres meses follando y esnifando coca, ese había sido el bagaje de mi vida desde que deje la universidad.

-Si ya lo sé qué fácil no ha podido ser, ¿cómo te puedo ayudar?.-Juanjo se puso de pie y caminó hasta ponerse en mi espalda, yo lo seguía con la vista pensando en que quizás era el momento de pedirle que me dejase volver.

-Me podrías dejar dar clases de nuevo.-Dije sin mirarlo, me sentía abochornada por pedírselo.-Sus manos se apoyaron en mis hombros.

-No se Lola, no es fácil, tengo todos las clases ya asignadas.-Sus manos masajeaban mis hombros.-Al irte tuve que hacer juegos de equilibrio, a parte no sé si estás preparada.-El tono de su voz había cambiado, no podría explicarlo pero ya no era aquel Juanjo amable, era más duro.-A demás tu historial…uf… no sé si estaría a la altura que exige la universidad.-Sus palabras fueron como una daga clavada en medio del pecho.

-¿A qué te refieres?.-Dije temblando.

-Lola,Lola, los jóvenes no saben mantener la boca callada, pero a mí eso no me importa,siempre puedo buscarte otro puesto…digamos más apropiado para ti.-Sus manos estaban jugando con el botón que estaba en mi nuca, mis manos temblaban.-No se, se oyen cosas que en un principio no me las creí.-El botón se abrió y las manos de Juanjo comenzaron a bajar por los costados de mi cuerpo acariciando mi piel.-Pero claro, uno vale, pero cuando oyes la misma historia repetida al final acabas creyéndola.-Sus manos entraron en la parte delantera de mi vestido, recorrían mis pechos libres.-Pero sabes que a mí no me gusta acusar a nadie sin pruebas, a sí que llame a dos individuos.-Estaba perdida, Juanjo lo sabia todo desde un principio.-Marcos Sánchez Romero y David Pérez Cubierta, uf, los dos con una gran trayectoria familiar en este mundillo.-Sus dedos apretaban mis pezones, yo estaba parada como en shock.-Y si quieres que te diga la verdad me creo antes a ellos que a una simple puta, que viene a una institución como está intentando engañar a un amigo y compañero de toda la vida, a un amigo que le ayudó, pero es verdad no eres más que una zorra, y puesto que lo eres no hay mejor forma de ganarse el puesto demostrando lo guarra que eres.

-Juanjo, por favor yo no quería mentir.-Dije llorando.

-Si eso ya lo he visto.-Juanjo descubrió mis pechos bajando mi vestido, me deje hacer, era un barco a la deriva, me levantó dejando caer mi vestido al suelo, sentí el frío de la habitación pero más que el frío era la vergüenza.-¿Qué puedo hacer por ti?.-Sus labios besaban mis pezones.-Dime ¿qué puedo hacer por ti puta?.

-No lo sé…-Ya no sabía qué hacer ni qué decir, me daba lo mismo, era como si mi mundo acabará de explotar.

Juanjo metió su mano entre mis piernas acariciando mis labios suavemente mientras sus labios mojaban mis ya duros pezones, un dedo se introducía dentro de mi coño notando mi humedad.

-Tengo un puesto vacante para ti.-Dos dedos estaban dentro de mi cuerpo, instintivamente abrí las piernas dejando más espacio para su mano.-Pero te lo tendrás que ganar, me tienes que hacer un favor.

Sentía la follada que sus dedos me estaban dando tan fuerte que me tuve que sujetar a su brazo para mantener el equilibrio.

-Lo que quieras.-Dije susurrando.

Al momento dos hombres mayores entraron en el despacho, tendrían unos sesenta años como mínimo, uno era bastante alto pelo canoso pero abundante para los años y el otro completamente calvo con bastante barriga, al entrar lo primero que vieron fue a una mujer desnuda y abierta de piernas mientras Juanjo la follaba con los dedos.

-Alberto, Antonio.-Dijo al verlos.-Estos señores son unos buenos amigos que se merecen un buen trato, yo me voy pero me gustaría que los trataras como tú ya sabes.

-Joder Juanjo, vaya puta.-Dijo Alberto que era el más alto.

-Esta es Lola, una antigua alumna y profesora.-Juanjo seguía hablando con sus dedos dentro de mi coño.-Saluda a los señores Lola.

-Buenas noches señores.-Dije susurrando intentando cerrar mis piernas del placer que sentía, ya era una puta hasta en mi misma universidad.

Juanjo sacó los dedos empapados de mis fluidos llevándoselos a su boca, los chupó sin dejar de mirarme.

-Estás deliciosa Lola.-Sin decir nada más se fue dejándome con aquellos hombres desnuda.

-Ven aquí.-Dijo Antonio agarrando mis nalgas con las dos manos.-Juanjo tiene buen gusto.

No sé el tiempo que pasé con ellos en el despacho de Juanjo, me deje hacer…simplemente deje que la corriente me llevará, solo recuerdo escenas como si fueran fotografías pegadas en el álbum de mi vida, yo encima de Alberto mientras se la chupaba a Antonio, los dos follandome a la vez, aquellas vergas ni grandes ni pequeñas colándose por cada uno de mis agujeros, el olor a sexo que destilaba mi cuerpo y la sensación de sentir el semen cayendo por todo mi cuerpo, los sudores mezclados con el alcohol y la colonia de mi cuerpo, tan solo fotografías de mi álbum, al final se vistieron, yo estaba tumbada en el suelo repleta de semen más o menos seco, antes de marcharse Antonio sacó un par de billetes de su bolsillo y los tiro sobre mi cuerpo.

-Eres una buena puta.-Oí como se cerraba la puerta dejándome en silencio, entonces estallé, mis ojos se llenaron por completo de lagrimas estaba perdida, sin rumbo, no tenía dinero ni casa ni trabajo, no tenía nada.

Salí de aquella oficina rota, intente arreglarme lo mejor que pude, solo quería irme a casa y pensar en lo que haría al otro día, al llegar a la puerta un sudor frío me recorrió, no sabía si abrían echado la llave y me tendría que esperar a que vinieran a abrirme añadiendo mas si cabía mi humillación, por suerte la habían dejado abierta, empecé a caminar entre la gente con la vista clavada en el suelo, cuando sentí una mano sujetándome por el brazo, al girarme sentí un pinchazo en el estómago.

-¡Lola!.-Era Susana.

Llevaba un vestido rojo, abierto por el costado dejando que su pierna quedara al descubierto, un escote de rejilla semi transparente dejando sus pechos casi visibles simplemente unos adornos tapaban parte de estos para disimular, sentí como me temblaron las piernas de la emoción.

-Hola, ¿Qué haces aquí?.-Dije después de sentir sus carnosos labios besando mis mejillas, su olor, su tacto todo ello me reconfortó.

-Una amiga me invitó.-Dijo sonriéndome.-¿Y tú ?.

-El director de la universidad me invitó y como que fui alumna primero y maestra después…pues bueno aquí estoy.-No podía apartar la vista de sus ojos.-Pero me voy ya es tarde.-Me tenía que ir, Susana se daría cuenta de lo que había pasado, simplemente con mirar mi ropa arrugada y mis cabellos aunque intenté arreglarlos se notaban despeinados, ya no decir el olor de mi cuerpo.

-Susana!, por fin te encuentro.-Un hombre trajeado, apareció de la nada.

– ¡Sergio!.Te he dejado libertad de movimientos, estabas muy ocupado con tus amigos.-Le dijo, note cono Sergio me repaso de arriba a abajo con su mirada.-Perdona, esta es Lola, una buena amiga, él es Sergio magistrado de poder judicial.-Dijo abriendo los ojos de manera burlesca.

-Hola que tal estas, no le hagas mucho caso, son celos.-Dijo riéndose antes de darme dos besos, su perfume era intenso, notaba la fuerza de sus manos sujetándome por la cintura.

-No te irás ahora, tenemos muchas cosas de las que hablar y Sergio está muy ocupado no me dejes sola.-Dijo haciendo pucheros de forma graciosa.

-No se es que yo…-Por un lado quería estar con ella a la vez que sentía miedo…miedo de mi, Susana era diferente, desde un principio me dijo lo que era sin rodeos, y en cierta forma era como un flotador en medio de la tempestad por la que estaba atravesando.-Estoy cansada Susana, mejor quedamos otro día y hablamos, ¿te parece?.-Dije sintiendo pena de mi decisión.

-Mañana.-Dijo sin pensarlo.-Mañana te llamó y pasamos el día juntas, y no quiero un no como respuesta.-Dijo al verme dudar.

-Vale mañana.-Dije sonriendo.

-¿Me lo prometes?.-Susana me había cogido de las manos como dos buenas amigas.

-Te lo prometo.-Mi cuerpo se excitó simplemente por ese gesto de complicidad.

-Pégate una buena ducha, hueles a zorra.-Dijo disimuladamente a la vez que me daba dos besos de despedida.

-Si…si,hasta mañana.-Dije avergonzada.

-Un placer Sergio .-Le dije sin atreverme a darle dos besos, por si se daba cuenta igual que Susana.

Al entrar al piso me fui desnudando hasta el plato de ducha, sentía asco de mí misma y mucho rencor hacia Juanjo, jamás pensé que él se aprovecharía de aquella manera, el estaba felizmente casado, ¡joder!, conocía a Esther su mujer, sus dos hijas Ana y Gloria que habían sido alumnas mías, si me lo hubieran dicho hubiera puesto mi mano en el fuego por el, pero así eran las cosas, la gente a veces no son lo que parecen.

A las diez sonó mi teléfono, un número desconocido pero supe que era Susana, eche la vista atrás y recordé aquel día en el metro, si aquel día hubiera contestado quizás no estaría en la posición que estaba, no habría conocido a Marcos ni a David, igual no me habría peleado con Cristina y ahora tendría un lugar donde ir, ¿cuántas cosas hubieran cambiado?

-Si?.-Deseaba oír su voz.

-Hola guapa, ¿ya despierta?.

-Si, ya llevo un rato.

-Paso a buscarte, mándame tu posición por whatsapp.

-Ok, te lo mando ahora mismo.

Le mande mi dirección y decidí olvidarme por un día de mis problemas, tenía que desconectar de mí misma cosa difícil pero debía de hacerlo.

Me di una ducha rápida mientras pensaba en la ropa, al salir de la ducha abrí la ventana para ver el tiempo, hacia un día frío y nublado cosa que me entristeció, como sabes odio los días de invierno, así que busque entre mi ropa hasta decidir qué serían unos leotardos, un jersey de lana y unas botas negras, mi vieja chaqueta de cuero marrón por si tuviera frío.

A la hora entró un mensaje de Susana diciendo que me esperaba enfrente de casa, un escalofrío recorrió mi cuerpo, me miré al espejo intentando descubrir algún desperfecto en mi pelo y después de repasar mi silueta en el salí emocionada como una adolescente en su primera cita.

Un claxon me sitúo a Susana en un Audi 4 X 4 negro metalizado, Susana sacó la mano por la ventanilla para hacerse ver, unas gotas comenzaron a caer para mí desesperación.

-Vaya día….

Me cogió por el cuello sin dejarme acabar de hablar, nuestras lenguas se juntaron sin hacerse preguntas.

-Que ganas tenía de besarte.-Dijo sonriendo.

-¿Dónde vamos?.-Dije reponiéndome de la bienvenida.

-No se, con este día igual sería mejor que fuéramos a mi casa y así hablamos tranquilamente,¿te parece bien?.

-Si claro.-Como si me llevas al mismísimo infierno, pensé.

Susana vivía en una casa en la falda de la montaña debajo mismo del Tibidabo( para los que no conozcáis Barcelona, el Tibidabo es un parque de atracciones situado en una de las montañas de Barcelona), una casa prácticamente nueva en medio del bosque, un sitio idílico aunque para mí demasiado peligroso en verano, demasiados árboles para quemar, pero tenía encanto, unas grandes vidrieras que te hacían visible prácticamente en toda la casa pero al estar rodeada de árboles era muy difícil que alguien que no fuera a la casa pasara por allí, dos plantas con cuatro dormitorios con sus respectivos cuartos de baño, todo estilo industrial, techos altos, suelo de madera antigua, una amplia cocina americana y un salón con chimenea y dos grandes sofás, la temperatura del interior hizo que mi ropa se pegara a mi cuerpo enseguida,la chimenea estaba encendida cosa que hizo que pensara que Susana tenía planeado llevarme a su casa.

-Ponte cómoda, en la habitación de arriba tienes ropa más cómoda.-Me quede parada pues no tenía ni idea de dónde estaría dicha habitación y no era cuestión de ir entrando en las habitaciones como si fuera mi propia casa.

-Ven, vamos.-Dijo cogiendo mi mano.

Un distribuidor con varias puertas hasta que abrió una, una cama de hierro forjado con un visillo a modo mosquitera la cubría, un armario empotrado cuyas puertas eran espejos, un tocador con frascos de colonia y un retrato de Susana en blanco y negro, la foto tenía ya algunos años, se veía a una cría vestida con la típica toga el día de su graduación.

-Mi graduación de Economía.-Dijo al verme interesada en la foto.

-¿Economía ?.-Dije sonriéndole, eres de números.

-Bueno, quizás fue lo único bueno que saqué de mi padre.-Sus tono era de rencor.

-Mira ponte esto, seguro que te quedará bien.-Susana había sacado unos pantalones cortos de deporte y una camisa tres tallas más grandes que la mía.-Me cambio y te espero abajo, hoy tengo ganas de cocinar.

-¿Tú cocinas?.-Dije sorprendida pues nunca me la hubiera imaginado entre fogones.

-Pues claro, ¿tiene algo de malo?.-Dijo abrazándome.-Todavía no me conoces, espera y ya veras las sorpresas que te puedo dar.-Susana me sujetó la cabeza para besarme con fuerza, nos veamos como si no hubiera un mañana, mis brazos la rodearon libremente acariciando su espalda, quería sentirla dentro de mi.

-Tranquila putita, hay tiempo para todo, ahora cámbiate y baja a ayudarme, hoy aprenderás a cocinar.-Dijo dándome una palmada en mis nalgas.

Al salir Susana de la habitación sentí que un calor dominaba mi cuerpo, miraba la ropa desnudándome deprisa, sentí la humedad de mi vagina apoderándose de mis labios, cuando me puse la camisa sin darme cuenta me mordí el labio inferior llena de lujuria, deseché ponerme sujetador y haciendo un nudo sin abrocharme la camisa baje a la cocina, notaba como mis pechos se movían libremente dando más excitación a mi cuerpo, quería que Susana me comiera entera, que no pudiera resistirse a tocarme, besarme o lo que que quisiera.

Susana estaba en la cocina, llevaba unas bragas brasileñas y una camiseta ancha sin mangas, íbamos las dos descalzas sintiendo el calor del suelo de madera.

-Wow, sabía que estarías de muerte.-Dijo nada más verme, me hinche como una pava deseándola.

-Échame una mano, saca dos cebollas y las troceas bien pequeñas…

Susana hizo un cordero al horno, fue uno de los me mejores momentos de mis últimos tiempos, allí estábamos las dos sin prisas ni presiones, sencillamente dos mujeres que se deseaban.

-¿De dónde te viene esto de la cocina?.-Le pregunté a Susana.

-De toda la vida, soy la única chica de cuatro hermanos, mi padre un militar chapado a la antigua y mi madre la virgen María, así que no me quedó otro remedio, al principio lo hice por obligación pero con el paso del tiempo encontré en la cocina un punto muerto a mi vida, me gusta, siento que me relaja.

-¿Y Pierre ?.-Tenía que preguntar por el, me lo imaginaba con ella en aquella cocina, seguramente desnudos haciendo algo más que cocinar.

-En Francia, suele pasar las Navidades con su familia.-Me sentí aliviada, tenía miedo que en cualquier momento se presentará y no supiera que decirle.-¿Y tú ? ¿Dónde pasaras las Navidades?.

-No lo sé, no tengo ni idea de lo que haré mañana así que menos aún en Navidades.-Sentí nostalgia, me vino a la mente las navidades en casa de tu familia.

Lola se detuvo mirándome, las navidades en casa eran especiales, mi familia era muy conservadora con las tradiciones cosa que a mí no me hacía gracia pero a Lola se le notaba siempre feliz en esas fechas.

-Pásalas conmigo.-Lola continuó hablando.-Eso es pásalas en mi casa, yo no me voy a ninguna parte así que un poco de compañía no me iría mal.- Susana se había acercado a mi, podía notar sus labios casi rozando los míos, sus ojos verdes brillaban haciéndome estremecer.-¿Que dices?.-Sus labios depositaron un suave beso en mi mejilla justo cuando los míos se abrieron esperando su lengua.

-Si.-Dije recomponiéndome.-Pero no quiero ser una carga…

-No digas tonterías.-Dijo cortándome en seco.-Metió su mano por dentro de la camisa acariciando mi pecho suavemente, notaba como mis pezones se ponían rectos por ese tacto.-A demás así no estarás sola, no quiero que te vuelvas a perder.-Sus dedos apretaban con fuerza mi pezon,sus ojos brillaban más al ver como abría la boca aspirando una bocanada de aire.-Pero venga vamos a comer que el cordero se enfría.-Dijo volviendo a ser una simple mujer cocinando, tenía las piernas temblando y mi vagina excitada, me hubiera masturbado allí mismo.

Nos sentamos a la mesa y Susana quiso ponerse al día preguntándome qué es lo que me había pasado desde que me fui del barco de Pierre, cuando le describí lo sucedido con Marcos y David sus ojos volvieron a brillar imaginándose la escena.

Eran las cinco de la tarde cuando terminamos de comer, Susana había permanecido en silencio escuchándome, se oía el chispear de la chimenea creando un ambiente cálido mientras Susana apuraba la segunda botella de vino, en ningún momento me interrumpió.

-Vaya, veo que te lo has pasado muy bien.-Dijo sonriendo cuando termine de explicarle prácticamente mi vida.-Recoges todo, yo me voy a duchar.-Dijo levantándose de la mesa.

-Si por supuesto.-Dije sorprendida pues esperaba que me dijera otra cosa, o que quisiera comentar algún detalle, pero sin embargo simplemente se levantó y desapareció por las escaleras, me levanté y recogí los platos, fregué los trastos y los sequé dejando todo como estaba cuando llegue.

A la media hora Susana apareció con un camisón transparente, se podían ver sus grandes pechos con aquellos aros que me habían vuelto loca en el barco, yo seguía sentada en la mesa esperándola nerviosa pues desconocía que es lo que quería hacer, aunque deseaba que me abrazara para poder besar otra vez sus labios algo me decía que debía esperar a que ella lo decidiera.

-Ven vamos a la sala.-Dijo cogiendo mi mano.-Estaremos más cómodas.

Susana tiro unos cojines delante de la chimenea para sentarnos sobre ellos, nuestra espalda se apoyaba en los pies de los sillones.

-¿Qué quieres Lola ?.-Dijo pasando su brazo por mis hombros para que me apoyara sobre sus pechos.

-No lo sé, me siento cada vez más perdida.-Dije levantando la cabeza para poder mirarla.

-Ya lo veo, pero todo tiene solución.-Susana desató mi camisa haciendo que se abriera por completo dejando mis pechos al descubierto.-Simplemente has elegir a las personas adecuadas para que te ayuden.-Sus manos recorrían mis pechos suavemente.-Lo primero que vas a hacer es dejar de consumir coca como una loca, yo solo consumo cuando quiero.

-No sé si podré.-Dije sintiendo como su mano bajaba por mi cuerpo hasta el borde de mi pantalón.

-Yo te ayudaré, ¿quieres que te ayude? .-Su mano se hizo un hueco para descender por dentro del pantalón, mis piernas se abrieron permitiendo que su mano abrazara mi sexo sin dificultar.-Pero para ello necesito que confíes en mí, y hagas lo que te digo sin rechistar, te puedo asegurar que puedo hacer de ti una persona nueva,simplemente di que sí.-Sus dedos acariciaban mis labios vaginales despacio sin prisa, percibía sus dedos como simples roces que provocaban la pasión en mi interior.

-Si.-Dije a la vez que dos dedos habían entrado en mi coño abriendo las paredes vaginales.

Nuestras bocas se juntaron por fin, lo había estado deseando desde el día anterior y ahora ya la podía sentir en mi cuerpo.

-Vamos a la cama.-Susana se levantó agarrando mi mano, la seguía viendo sus caderas moverse delante de mí, era como si me llevase en volandas deseando llegar a la habitación, quería meterme en su cuerpo, recorrer sus líneas con mis labios, notar la humedad de su interior en la lengua, quería ser suya al cien por cien.

Nos tumbamos en la cama sintiendo nuestras lenguas, era un beso eterno, no podía dejar de besar sus labios sintiendo su aliento, su perfume mezclado con el mío, sus manos deslizaron mis pantalones hasta quedar a la altura de los tobillos, sus pechos eran acariciados por mi mano recorría los aros suavemente con mis dedos.

Susana besaba mi cuerpo dejando un rastro húmedo por mi cuerpo con su lengua, descendía a través de mis pechos hasta mi ombligo jugando en la oquedad de este a la vez que sus dedos entraban con total libertad en mi interior, mi gemidos aumentaban a la vez que me sentía llena, nuestros cuerpos se convertían en uno solo compartiendo fluidos y sudor, los gemidos de placer eran los únicos que tenían libertad para escaparse siendo su prisionera, prisionera de sus manos, de su lengua, su boca llegó por fin a mi interior sesgando con su lengua, absorbiendo mi ser, un dedo busco mi negro agujero acariciando su contorno, yo estaba a su merced simplemente me dejaba llevar sintiendo el escalofrío que me producían sus dedos, uno después otro hasta tener los tres en el interior de mi ano, mi clítoris era mordido acompasando el ligero picor que me producían los dedos en mi recto anal, luego dos…tres dedos invadieron mi vagina quedando penetrada por mis dos cavidades, mire los ojos de Susana descubriendo lujuria en ellos, sus labios brillaban producto de mis fluidos, uno…otro y hasta otro fueron orgasmos encadenados, mis piernas impregnadas de mis propios fluidos, no soportaba más placer e instintivamente mis piernas intentaban cerrarse dejando prisionera la cabeza de Susana entre ellas, dos palmadas en mis inglés me indicaron que no me estaba permitido cerrar las piernas todavía.

-¡Abre las piernas zorra!.-Decía Susana lascivamente.

No sé cuánto tiempo estuve vaciándome en sus labios o en sus manos, al final hizo el camino opuesto hasta encontrar mi boca, volviendo a juntar a dos lenguas amigas jugando alocadamente.

Susana se levantó de la cama dejándome sedienta de su cuerpo, quería devolverle todo el placer que ella me había dado, la seguí con la vista hasta que salió de la habitación sin decir nada, mis dedos volvieron a mi coño intentando recordar todo el placer que hacía escasos momentos Susana me había proporcionado, cuando la vi con un arnés del cual colgaba una verga negra y grandiosa, jugaba con sus manos imitando una masturbación mirándome con lujuria, al llegar a la cama me levantó agarrando mi pelo hasta bajarme de la cama.

-¿Quieres jugar puta?.-Dijo golpeando mis pechos, sentía una mezcla de miedo y excitación.-¡Contesta!.-Su mano seguía golpeando mis pechos.

-Si.-Dije sonriendo sádicamente.

-¿Vas a ser una buena zorra?.-Susana me estiraba de un pezon.

-Si.-Era lo único que decía, sobraban las palabras.

Hizo que me pusiera a cuatro patas sobre el piso, se puso delante de mi esgrimiendo aquella verga de silicona, sin preguntar abrí la boca intentando introducir lo máximo posible aún sin poder, era demasiado grosos para mi boca.

-Eso es, abre bien la boca, traga….traga zorra.-Me tenía sujeta del pelo con una mano mientras que con la otra empujaba la verga, sentía que mi boca se desencajaba intentando albergar aquella verga de silicona en su interior. Sentí untar mi ano con un líquido lo introducía junto a sus dedos sintiendo cómo se escurría entre mis piernas, empujó mi cuerpo para quedar apoyada con mis codos en el suelo y mis nalgas a su disposición, poco a poco fue empujando abriendo las mis paredes anales, un poco…un poco más hasta que sentí que estaba completamente empalada, el dolor se liberó por todo mi cuerpo sintiendo que me había roto, esperó durante unos segundos que se me hicieron eternos y comenzó a follarme primero despacio para ir poco a poco aumentando la velocidad, llego un momento que me sentía empujada con fuerza notando sus inglés chocar contra mi cuerpo, mi cabeza se levantó por la fuerza de tirón de pelo para introducir dos dedos en mi boca.

-Chupa puta, no querías ser una zorra, demuéstrame lo puta que puedes ser.-Sus dedos se metían provocando arcadas, creía que me iba a morir en cualquier momento, pero sus guantazos tanto en mi cara como en mis pechos me decían que seguía viva, pero sin embargo sentía como me estaba calentando todo aquello sintiendo un placer extraño en mi, una marea de placer invadió mi cuerpo hasta gemir como una zorra, quería más…más de aquello, deseaba que hiciera conmigo lo que le diera la gana, cerré los ojos y sentí como me corrí.

Al despertar noté el dolor de mi cuerpo, mis pechos estaban rojos a sí como nos nalgas, un increíble escozor me recordaba lo que había sucedido aquella noche, mi cuerpo destilaba sexo por los cuatro costados así como mis sabanas permanecían mojadas producto de mis fluidos, Susana se quedo un tiempo en mi cama, acunando mi cuerpo.

-Mañana estarás dolorida, te dejaré una crema para tu ano, te duchas y te la pones, no te preocupes yo haré que tu culo sea perfecto.

Después se levantó dejándome sola en la cama, conseguí dormir sobre las tres de la mañana pensando en un nuevo día.

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