LUIS5ACONT

Un poco de esperanza.

Esta vez, disponían del apartamento para ellos solos, por lo cual la tarde de sexo fue intensa y agotadora.

Comenzaron por el salón, en unos preliminares que los pusieron tan calientes que no llegaron al lecho. Caricias y magreos en el sofá, una masturbación mutua y sexo oral los dejaron listos para el orgasmo.

– Vamos a la cama – pidió Lita. Julián asintió, pero en el momento en que ella paso antes por la nevera a coger algo de beber para llevárselo a la habitación, el chico puso los ojos en su culo, que se movía bonito y apretado con cada paso que daba. Cuando se agachó, vio asomar su sexo, rodeado de pelos negros que escapaban por el hueco que formaban sus muslos, alrededor de los labios vaginales húmedos por la excitación. Y entonces, deseó tenerla en ese mismo instante. Se incorporó y (cogiendo a una sorprendida Laura por la cintura), la empujó de forma brusca contra la barra americana, penetrándola desde atrás.

Fue un impulso brusco, animal, pero era más que deseo. Era un sentimiento de posesión como no había experimentado nunca. Y como en toda posesión, en el fondo lo que expresaba era necesidad. Necesitaba saber que ella lo amaba, que él podía satisfacerla, que lo deseaba, que compartían algo especial entre los dos, algo que hasta ahora había creído percibir con otras muchachas pero que, de repente, era consciente que solo había sido una sombra del verdadero sentimiento: nada que ver con la realidad que distinguía cuando estaba con Laura ¿Era aquello amor? Si no lo era, desde luego, era lo más cerca que había estado de sentirlo y aquella emoción todavía por clasificar lo enardecía aún más.

Ella se dejó hacer, apoyando las manos sobre la barra y empinando el culo para recibir mejor sus embestidas, un poco dolorosas al principio, soportables después y placenteras al final. Tanto que lo dejó correrse, llegando ella misma al orgasmo unos instantes después y quedando enganchados como dos perros, aferrándola por las nalgas y apretando todavía la verga en su interior durante un buen rato. Pasaron unos minutos sin que, a pesar de haber recuperado el aliento, ambos pudieran articular palabra. Cada vez que Julián intentaba retirarse, Lita pegaba el culo contra sus muslos y su pubis para seguir sintiéndola dentro y, pasando la mano por entre sus piernas, le agarraba las pelotas y las apretaba, obligándolo a continuar en su interior mientras sus músculos vaginales seguían contrayéndose, tratando de exprimir de su falo hasta la última gota de semen.

Cuando por fin lo dejó desacoplarse, se oyó un borbotón y Lita notó correr el esperma por sus muslos. Sin ni tan siquiera hacer el intento de limpiarse, se giró y lo besó profundamente en la boca. Así, abrazados y comiéndose a besos, recorrieron el camino de la cama y de allí ya no salieron en las tres horas siguientes.

Apenas Julián pudo recuperarse, Laura tomó ahora la iniciativa, haciéndole una mamada que dejó la verga llena de saliva. Comprobó con la mano como resbalaba, dirigiéndole una mirada de vicio y luego lo montó, clavándosela hasta que toco los huevos con los labios mayores de su coñito, todavía empapado de flujos y semen, ya que solo se había limpiado un poco por fuera. Así, dio inicio a una cabalgata salvaje y dura, follándolo tan fuerte como él lo había hecho apenas un rato antes, todo sazonado con pellizcos en las tetillas, arañazos en el pecho y fuertes sentones en su pubis.

Un orgasmo se avecina. Ella grita, se retuerce, se aprieta las tetas con las manos, boquea como un pez fuera del agua, grita de nuevo… cuando acaba, se la saca, la chupa de nuevo y se da la vuelta. Se la introduce otra vez, en esta ocasión con el culo mirando hacia Julián, que lo mira hipnotizado mientras ella lo mueve despacio, arriba y abajo. Su coñito abraza la polla y la engulle, una y otra vez. Nadie habla de coger un preservativo, que está en la mesilla, al alcance de la mano y menos, cuando Laura aumenta el ritmo. De espaldas al chico, se guía por sus jadeos para aumentar la cadencia hasta que él la aferra por las nalgas y se la clava muy hondo, forzándola a detenerse, mientras vuelve a eyacular en su interior.

Descanso y sueño breve, solo para despertar unos minutos más tarde y continuar con nuevas caricias, besos, lametones, más sexo…Agotados y doloridos como si hubieran repetido la pista americana del cuartel durante toda la tarde, pero satisfechos, estaban ahora tumbados en la cama, Julián con la mirada perdida en algún rincón del techo y ella, con la cara y el brazo apoyados en su pecho, contando sus respiraciones.

– ¿Qué va a pasar con nosotros Julián?

Como si volviera de otro mundo, Julián hizo un esfuerzo por entender la pregunta

– ¿A qué te refieres?

– En un mes terminas la mili – Laura se preguntaba sí Paqui no tendría razón: ¿qué pasaría cuando Julián volviera a Madrid? Era un tema que ambos habían esquivado, pero al que desde la conversación que tuvo con su amiga, no dejaba de darle vueltas.Tras unos segundos, Julián pareció entender.

– Pues… No lo sé ¿A ti qué te gustaría que pasara?

De un revés le había devuelto la pelota a su campo. “Que escurridizo eres cariño”, pensó Laura, “pero no te vas a escapar ¿Quieres que muestre yo mis cartas primero?: de acuerdo”.

– ¿Te gusta Cádiz?

– No está nada mal, es un buen sitio siempre y cuando no estés en la armada.

– Te quejarás tú de la Marina…

Efectivamente, pensó el de Madrid: la Marina no lo había tratado del todo mal, no se podía lamentar porque, dentro de lo malo, había pasado una mili bastante aceptable, pero eso no quitaba que hubiera perdido un año de su vida haciendo de criado de un coronel, lejos de su casa y sometido a una disciplina en la que él no encajaba ni por asomo.

– Sí – concedió – podría haber sido peor.

– Si no hubieras venido no me habrías conocido a mí.

– Eso es verdad – dijo él pasándole la mano por la espalda en una caricia suave, acabando en su cachete, que apretó con la palma de la mano.

– Podrías quedarte – aventuró ella – en Algeciras se puede encontrar trabajo, yo conozco gente.

Julián se tomó su tiempo antes de responder, mientras la cabeza de Lita subía y bajaba con cada respiración de su pecho. Ella, por el contrario, se sorprendió a sí misma conteniendo el aliento.

– Sí, podría pensarlo.

Lo había dicho en tono pausado y grave, pero precisamente por eso, a la chica se le iluminó la cara con una sonrisa que él no pudo ver, aunque si notó como suspiraba, soltando de repente el aire acumulado. Ese “podría pensarlo” le sonó como una promesa.

Suficiente, pensó para sí misma mientras cerraba los ojos y se dejaba vencer por un dulce sopor.

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