SERGIO CANEVA

Se acallaron nuestras voces el silencio inundó el aire,

egos bordando desaires  ¡el diálogo sepultó!

transformando nuestras horas en rutina desmedida,

con palabras que cautivas el tiempo las secuestró.

Pues fueron presas de orgullos, indiferencia homicida,

de cizaña revestida que el silencio alimentó

y poco a poco apagó lo que adentro ayer latía,

enmudeció día a día, el diálogo entre los dos.

Y se sumió nuestra vida ¡en calvarios silenciosos!,

que fueron perdiendo el gozo de amena conversación,

ganando el desinterés, ¡la apatía ¡ colmó espacios,

cediendo sutil su pasó, a dos extraños sin acción.

Se acallaron nuestras voces y de lo que ayer fue nuestro,

quedó tan solo un desierto que el convivir empeoró,

se perdieron los proyectos, los sueños, aspiraciones,

perdió al acallar sus dones, un amor que se acalló.

Un comentario sobre “¡Enmudecidos!

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