BAJOLASSÁBANAS

Capítulo 5. Las puertas del averno.

Aquella noche no pasé de un amargo duermevela, desde la cama escuchaba los movimientos de Lola, la entrada y salida de la ducha, los pasos descalzos por la casa, y una conversación que me llegaba muy a pesar mío distorsionada, solo las risas llegaron claras clavándose en mi cuerpo; deseaba saber con quién hablaba, a quien iban dirigidas, pero ya no me tocaba preguntar, tal vez, me lo diría ella, o quizás no, y se quedarían en las sombras de la duda; la maldita duda.

Esa mañana me levanté igual que si no hubiera dormido, necesitaba un café para sentirme persona, aún quedaban ecos de las risas de Lola en mi cabeza, sentía como la tormenta amenazaba con descargar sobre mi, al entrar en la cocina percibí el olor a café descubriendo que Lola había madrugado más que yo; como siempre había sido, me serví una taza y salí a la terraza creyendo que estaría allí, pero me equivoqué, y por el silencio de la casa supe que me encontraba solo, decidí sentarme en una de las hamacas y esperarla.

– ¡Carlos! .- Lola me despertó.- el palero le cubría el cuerpo, pero los dos bultos que se marcaban supe que no llevaba la parte de arriba del bañador; ¿qué mejor forma de despertarse?

– …Hola..- dije saliendo de mi aturdimiento.

– ¿Has almorzado?

– Café.

– Hay cosas que no cambian, ¿qué quieres hacer?

– No sé.

– ¿Seguimos? .- note cierto miedo en su pregunta., pero yo tenía tantas preguntas que aunque hubiéramos estado un año, no las hubiera terminado.

– Si, creo que será lo mejor.

– Ahora vengo, ¿seguro que no quieres almorzar algo? .- me dio la sensación que Lola quería ganar tiempo.

– No, estoy bien, no tengo hambre.

– Bueno, ¿por dónde íbamos? .- dijo una vez que se cambio, olía el champú de su cabello, su camiseta estaba mojada, no se había acabado de secar.

– …Marcos, en su casa.- le recordé reviviendo las imágenes de Lola siendo follada por un niñato.

– Marcos…si es verdad, bueno aquella noche me sentí libre, creía tener claro que aquello no pasaría de un polvo, una noche, pero no me di cuenta que me había metido en los rápidos , y es muy difícil detener la canoa.

**************

A la mañana siguiente, recuerdo que me levanté agotada, miré el cuerpo desnudo de Marcos, me reí, lo veía igual que un angelito, su cara de crío, estas loca Lola me dije, tendría que haberme marchado, pero no lo hice, quería disfrutar un poco más, ¿a quién le amarga un dulce?, me duché y preparé café, mientras esperaba a que despertara, pensaba en todo lo que había cambiado mi vida, tú, Pierre, Susana y ahora Marcos, había dejado la universidad, todo mi mundo había girado por completo, empezaba a dudar de quién era en verdad, como si todo hubiera sido un sueño.

– Buenos días preciosa. – Marcos me rodeó con sus brazos acariciando mis pechos. Notaba que entre sus piernas había algo que también se había despertado, sonreí para mí.

– Buenos días Marcos.- le contesté dejándome querer, aquel momento me traía recuerdos, y pensé que no quería que dejara de abrazarme, me daba miedo de que se rompiera el momento.

Me giró y nuestras bocas se juntaron, sus manos recorrieron mi espalda hasta llegar a mis nalgas, ya me había perdido en sus manos, no pude, no quise, dejar de acariciar su verga, dura, caliente, la recorría despacio. Besaba su pecho recorriendo con mi boca, lo deseaba, poco a poco me fui agachando sin dejar de mirarle a los ojos, no quería perderme la expresión de satisfacción que tenía, me sentía como una cría, juguetona, la chica mala de la clase.

– ¿Me la quiere mamar Dolores? .- aquel juego de roles me hacía gracia.

– Si, señor Sánchez de Toledo.

Contesté metiéndome en el papel de maestra, a la vez que lo masturbaba, veía como el glande aparecía y desaparecía ante mis ojos, quería mantenerlo en ese punto de excitación, poco a poco empecé a meterlo en la boca, veía su sonrisa cargada de lujuria, sujetó mi cabeza obligándome a meterla por completo en mi boca, mientras él comenzó a follar mi boca, cogió el vaso que tenía con café, me separó y metió su verga, como si estuviera mojando un churro; ¡Dios mío!, aquello era tan sucio que me hizo reír.

– Así no se te enfría.- dijo volviendo a perforar mi boca.- Que guarra eres Lola, toda una guarra.- le oía decir, y tenía razón, en aquel momento no era más que una guarra, pero no me importaba, solo quería hacerlo correr, quería verlo retorcerse de placer, y al final se corrió llenando mi boca.

Aquella mañana me fue imposible salir de su casa, nos pasamos la mañana devorándonos como dos enamorados, aún sabiendo que no era más que un espejismo, me sentía tan bien, que no quería romper con todo aquello.

– ¿te quedas a comer?.

– No, creo que para ser la primera vez, ya está bien..- dije apartando su cuerpo de mi, aunque hubiera querido lo contrario, aquello era peor que la droga, deseaba enterrarme entre sus brazos y dejar que pasara el tiempo, tenía miedo de salir a la calle y que todo se desvaneciera como una huella en la arena, que la primera ola la borra sin dejar rastro de ella. – a parte que me gustaría ayudar a Abbud, tengo una amiga que trabaja en una ONG, quizás ella pueda echarle una mano.

– Una amiga, suena interesante.- dijo sonriendo pícaramente.

– Olvídate de ella, está casada.

– ¿Está tan buena como tú? .- sus manos jugaban con mis nalgas desnudas, no podía dejar de sonreír.

– Aún más, imagínate, mulata.- veía como su sonrisa se volvía más lasciva.- Tiene unas tetas que marean…pero lastima, está casada y es muy feliz.- terminé cortándole sus sucios pensamientos.

Dejé a Marcos que se imaginara a Anabel, hacía mucho tiempo que no nos veíamos, la última vez fue en el lanzamiento del último libro de su marido.

– Los recuerdas¿no? .- me preguntó subiendo sus piernas a la silla.

– Si.

Como no me iba a acordar de aquella extraña pareja, él era escritor, se veía buena persona, ella, una exuberante mulata, no tenían nada en común, aún recordaba cómo era el centro de atención, Lola todo era decirme que eran un matrimonio estupendo; pero yo siempre pensé que ella le era infiel, era imposible que un hombre como Alonso tuviera una mujer como Anabel, no, por mucho que dijera Lola, aquella mujer no le era fiel.

– Siempre la envidie. – continuó hablando Lola mirando al infinito.

Eran la pareja perfecta, ella una excelente abogada, él un escritor de éxito, a pesar de la diferencia de edad, se les veía tan enamorados que sentía celos. Aproveché el trayecto del taxi para llamarla.

– ¿Anabel?

– ¿Lola? .- podría reconocer su voz entre un millón de voces, aquel deje cubano se había quedado perpetuado en su acento.

– Si, cuánto tiempo, sé que no hemos hablado desde hace mucho, pero tengo un conocido al que me gustaría ayudar.

– No te preocupes, yo tampoco te llamé, ¿de qué se trata?

– ¿Aún estás en la ONG?, es sobre extranjería, no sé si tú podrías…

– Claro, mira, esta noche nos juntamos unos cuantos compañeros, vente, seguro que a Alonso le encantará verte.

– Me apunto, ¡joder!, me ha gustado volver a hablar contigo, pásame la dirección y la hora, y nos vemos allí.

– A mí también me ha gustado que me llamaras, aunque solo sea para pedirme un favor pillina.- dijo simulando estar enfadada.

El resto del trayecto me sentía feliz, era como si hubiera revivido, sentía el sol entre los nubarrones, volvía a estar viva, por supuesto que no era más que un maldito espejismo; pero en ese momento no lo sabía, o no quise.

A las diez entraba en la sala que habían reservado los compañeros de Anabel, me sentí un poco fuera de lugar, tenía miedo a las preguntas, sobre todo, porque sabía que Anabel y Alonso preguntarían por ti, y no tenía ganas de responder, aún me hacía daño. Recorrí la sala buscando a mi amiga, era imposible que pasara desapercibida, así que simplemente esperé a que apareciera, me senté en la barra y pedí una cerveza, veía como la sala se iba llenando por momentos, eran las nueve y Anabel no aparecía, y cuando estaba por irme, los vi entrar, y nuevamente sentí envidia, allí estaban, cogidos de la mano, se había acentuado la diferencia de edad, pero aun así ella se sentía feliz al lado de su esposo; y me pregunté¿porqué hicimos lo que hicimos?.

– ¡Lola!, estas…estas igual,¿verdad Alonso?.

– Desde luego,¿cómo estás Lola?

– Bien..muy bien.- por Dios, no preguntéis más, me dije.

– Ven, te voy a presentar a Susana, ella es la que se encarga de extranjeria, vamos ahora, que luego con los cubatas ya no estará para pensar demasiado.

Dejamos a Alonso en la barra, y Anabel me guío por entre la gente, no sin detenerse para saludar, hasta que encontramos a Susana, u a mujer ya entrada en la cincuentena, tenía una sonrisa que trasmitía paz.

– Susana, esta es una muy buena amiga mía, necesita que le echéis una mano.

Anabel nos dejó en un rincón de la sala y volvió junto a Alonso. La conversación se basó en temas legales, me pidió toda la información sobre el estado de los padres de Adbbud, me dio una dirección de correo y me prometió mirarlo, no sin dejarme ver que aquello lo hacía por ser amiga de Anabel, pues estaban sobrecargados de faena.

La dejé que disfrutara con sus compañeros prometiendo que le enviaría toda la documentación. Me acerqué a Anabel la cual estaba en un corro bailando, me presentó a sus compañeros y, ala media hora, recibí un mensaje de Marcos.

* Donde estás?

* Con unos amigos.

* ¿Con la buenorra de tu amiga?

*. Jaja, con ella y su marido. No se te olvide?

*. Me gustaría verte. Dime dónde estás y voy.

*. Jaja, jaja no.

* pues tú misma, voy yo o vienes tú, pero necesito verte.

Miré a Anabel, ella estaba entre su gente, y lo mejor que podía hacer antes de que comenzaran las preguntas era irme. Así que hice como si me hubiera salido una urgencia y me despedí de los dos, aunque Alonso ya iba un poco cargado, cosa que Anabel le recriminó.

Le mandé la dirección a Marcos y lo esperé en la puerta de la discoteca, allí estaba, esperando a que mi joven amante me recogiera, ahora, diría que era como una puta esperando a su cliente.

Después de veinte minutos vi el deportivo, se abrió la puerta y apareció David, lo conocía de la universidad, también había sido alumno mío, me quedé parada sin saber qué hacía él allí.

– Pasa Lola.- David echó el asiento hacia delante y se sentó detrás, sentí como los nervios se apoderaban de mí, fue la primera vez que pensé en las consecuencias de enrollarme con un antiguo alumno, seguramente todos sus compañeros sabrían de lo nuestro.

– …Hola…

Marcos no me dejó terminar, me cogió atrayendo mi cara para besarme ante los ojos de David, jugaba con mi lengua sin dejarme escapar.

– Cuánto te echaba a faltar preciosa.- ok las ruedas chirriando sobre el asfalto, en los ojos de ambos vi el rastro de la coca.

– ¿Dónde vamos?

– A Badalona, hay un garito que mola.

Durante el trayecto Marcos acariciaba mis piernas por el interior de mi falda, intenté detenerlo, pues tenía miedo que tuviéramos un accidente, pero me fue imposible, y le dejé hacer, podría ser peor la cura que la enfermedad, por suerte no había mucho tráfico y en diez minutos estábamos en la antigua fábrica del Anís del mono, un lugar donde van las parejas.

– Hazte una línea nen.- le dijo David.

Marcos sacó una paperina y la extendió sobre su propia cartera.

– Tu primera.- me dijo.

– No, Marcos, no me apetece.

– ¡qué le des hostia!

He hice lo que nunca tuve que hacer, pero aquello no era otra piedra más en mi camino, esnifé no una, sino dos rayas.

Marcos salió del coche y abriendo mi puerta me sacó, sé que no podía dejar de reír, sentía como si mi corazón fuera a tres mil revoluciones, notaba sus nalgadas con la mano hasta llegar a la orilla del mar, David venía detrás con una manta que extendió, nos sentamos los tres, uno a cada lado, sus manos recorrieron mi cuerpo y se intercambiaban mi boca, para mí era como si flotara, no quiero echarle la culpa a la droga, eso sería muy fácil, estaba caliente, excitada.

Recuerdo que nos quedamos los tres desnudos, y cogidos de la mano nos metimos en el agua, estaba helada pero no me importó, volvieron a abrazarme para seguir besándome, unos dedos jugaron en mi coño y sentía como sus bultos iban aumentando.

– Vamos fuera, estaremos mejor.- dijo Marcos sin dejar de agarrar mis nalgas, una vez en la arena me puse de rodillas recibiendo ambas vergas, por suerte la noche nos cubría.

Esa noche pase de ser Lola a ser la puta Lola.

Mi vida se convirtió en un torbellino, el problema fue que me olvidé de Cristina, apenas la veía simplemente cuando iba a casa a coger ropa, normalmente lo hacía de noche, inconscientemente sabía que no podía explicarle en lo que se había convertido mi vida, me sentía demasiado sucia, hasta que un domingo por la noche llegué sobre las cuatro de la mañana; ese día no me encontraba bien y decidí dejar a los chicos y pasar la noche tranquila, coincidió con uno de los días de la regla que junto a la coca creó una bomba dentro de mí, al llegar a casa me la encontré en mi habitación tumbada en mi cama.

– ¡Cristina! ¿Qué haces aquí ?

– Tenemos que hablar Lola.

– Hoy no, vengo muy cansada.

– ¡Joder!, vamos a hablar ahora.- Cristina se levantó con cara seria.- ¿Qué coño te está pasando?. -Dijo poniéndose enfrente de mí.- Vienes drogada todos los días, no veo que ni siquiera estudies, ¿pero qué coño estás haciendo?

– Lo que me sale del coño Cristina.- Ahí fue cuando la coca habló por mí.- ¿Quién coño te crees que eres?, ¿mi madre?.- No me di cuenta que le estaba chillando a mi último flotador, a la persona que me había ayudado, vi las lágrimas de Cristina sin entender mi comportamiento.

– Vete a la mierda Lola, ¿me oyes?, a la puta mierda!.- Cristina salió chillando de mi habitación.

– ¡Que te follen Cristina! .- Ya no hablábamos las amigas, era la ira por su parte y la coca por la mía.

Al otro día decidí que me tenía que ir de su casa y hablé con Marcos.

– Vente a nuestro piso, hay suficiente sitio para los tres.

– ¿Seguro?. -Deseaba oír aquello, los necesitaba.

– Si por supuesto, haz las maletas que pasamos a buscarte.

Tuve la suerte que Cristina se fue a un congreso a Madrid, aproveché para recoger todo, solo me llevaría ropa así que lo demás lo empaquetaba y lo llevaría a un trastero, de esos que alquilan por meses. Me pasé todo el día separando las cosas, sobre las once de la noche apareció Marcos y otro chico Xavier, se notaba que venían puestos, a Xavier lo conocía de la universidad, era de su misma edad, también parecía bastante fuerte, nada más entrar sentí como sus miradas recorrían mi cuerpo, yo llevaba unos pantalones cortos y la camiseta que compramos en Ibiza, no sabía que vendría, esperaba a Marcos y David.

Nada más entrar Marcos hizo tres rayas encima de la mesa de la cocina, realmente lo necesitaba, me sentía fatal con lo que estaba haciendo, cuando me agaché para esnifarla Marcos se puso detrás de mí, pasó las manos por debajo de mi camiseta agarrando un pecho con cada mano.

– Has visto que tetas tiene la puta- Dijo mostrándome a Xavier.-Porque eres mi puta ¿verdad? .- Sus dedos oprimían mis pezones, yo simplemente sonreí mirando a Xavier.

– Sí, soy tu puta.-Dije poniendo cara de zorra.

– Si, eres mi puta y te encanta mamar pollas, Xavier sácatela para que te la chupe, ya verás que es una pasada, yo voy a cargar el coche mientras tanto, y si de paso quieres fallártela…tú mismo, hay confianza.

Xavier no dudó, se bajó los pantalones allí mismo, tenía una verga más grande que Marcos y David, poniendo mi cara de puta me arrodillé, la cogí entre mis manos y comencé a ensalivarlo despacio, me quitó las manos y cogiendo la camiseta la sacó por mi cabeza quedando con los pechos desnudos, la colocó en medio de ellos, yo le sonreía viendo cómo se frotaba la verga entre mis pechos, veía como asomaba la punta de su verga a la que le dedicaba mi lengua.

– Eso es puta, sigue moviendo tus tetas.-Yo más caliente no podía estar, sus insultos no eran más que elogios para mí, era la mejor puta.

Me levantó del suelo, agarró mis pechos devorando mis pezones mientras yo jugaba con su pelo, me dio la vuelta y yo misma me quite los pantalones, una nalgada después de otra.

– Dime que te folle.-Decía antes de descargar su mano contra mi nalga.

– Si hijo de puta, follame, follame cabrón.

La sentí entrar de golpe, me hizo daño pues no dio tiempo a lubricarme, golpeaba mis caderas a toda velocidad sintiendo como sus huevos chocaban con mi culo, tuve suerte que no apareció Cristina en ese momento, allí estaba yo a cuatro patas en medio de la cocina siendo follada por un chico de apenas veinticinco años, Xavier me estuvo dando bastante rato, yo había tenido varios orgasmos y él aún no se había corrido, hasta que empecé a notar que se corría y saliendo de él logré que fuera sobre mis nalgas.

A la una y media después de haberme duchado salimos de casa de Cristina, ese día entré en mi nuevo hogar, Marcos y David ya tenían a la puta en casa.

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