MOISÉS ESTÉVEZ

La dejó en la cama medio dormida, se dio una ducha y puso la cafetera.
Cuando se levantó, sirvió dos tazas y encendió un cigarrillo que compartirían.

  • ¿Has dormido bien? –
  • Como un bebé – Respondió María bostezando y con los ojos todavía
    somnolientos, a la espera de que la cafeína fuera haciéndole efecto.
  • Tengo que contarte algo y creo que es importante, por lo que necesito
    que te espabiles. Me gustaría conocer tu sincera opinión. – Le dijo sonriendo.
    Vincent le contó lo de la carta que le había llegado días antes. Le explicó
    su contenido y la evidente conexión de este con su truculento pasado, y que no
    se explicaba cómo, de repente, se encontraba medio sumergido en una mar de
    dudas.
  • Con unas simples líneas, mis pretéritos actos me han golpeado con
    dureza, y ahora la verdad es que necesito que me eches un cable, te
    necesito… –
    María se quedó desconcertada, incapaz de articular palabra. No
    esperaba una cosa así, por lo que con la idea de ganar tiempo para ofrecerle
    una respuesta a Vincent, le rogó que le diera unos minutos para ducharse.
    Mientras digeriría la noticia. Él le comentó que sin problemas y que se iría
    vistiendo para salir a dar un paseo y tomar el aire si a ella le apetecía…

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