BAJOLASSÁBANAS

Tempestad.

– ¿Estás bien?. -Lola se detuvo en seco, quizás fuera mi cara mezcla de asombro y excitación.

– Si…pero…no te reconozco.

Sonrío como el que sonríe a un niño pequeño.

– Carlos, muchas cosas han cambiado, seguramente tú también has sufrido un giro en tu vida, ¿o no?.

Si, yo había sufrido cambios, o simplemente salió mi verdadera personalidad, ¿pero qué hubiera pasado si Lola no me hubiera dejado?, en mi interior seguía echándole la culpa a ella, ella…fue la que me empujó a comportarme de aquella manera, todo iba bien…todo iba bien ¡por Dios!, había sido un año lleno de subidas y bajadas, desde el día que Vanesa me besó saliendo del restaurante mi vida se había vuelto una montaña rusa, desde tocar el cielo con mis manos a enterrarme en el mismo infierno, pero para mí solo había una culpable…Lola.

– Dime qué piensas, tenemos que ser francos el uno con el otro, si no nunca podremos avanzar.- Lola me conocía bien, sabía que estaba luchando con mis demonios, la deseaba con todas mis fuerzas y a la vez la odiaba.

-Háblame de ella, ¿quien es?, ¿como es?, yo también quiero saber.- Cogió mis manos para apoyarlas sobre sus piernas, ese mínimo roce con su cuerpo hacia que me abandonara,mis ojos se nublaban y el nudo de mi garganta amenazaba con dejarme mudo, pero ¿como contarle mi infierno?.

¿Como decir que Vanesa me metió en un juego del cual no podía salir?, si lo hacía, las pocas posibilidades que había de que volviéramos a estar juntos desaparecerían por completo, pero si quería volver a recuperarla tenía que ser sincero.

– Mira vamos a comer algo, y así te relajas, ¿te parece?.- Se puso de pie manteniendo mis manos en las suyas, de pie mirándome con ternura e intentando que me recompusiera, realmente la amaba. -Conozco un sitio donde hacen unos bocadillos buenísimos, ¡vamos!.

Bajamos del mirador sumergidos en nuestros propios pensamientos, ella se había abierto a mí y sin embargo yo llevaba toda mi mierda encerrada en mi cerebro, la terraza donde habíamos empezado aquella conversación estaba recogida, seguramente los patos estarían acurrucados en cualquier rincón esperando un nuevo día, y allí estábamos nosotros cogidos de la mano, cualquier persona que nos viera pensaría que éramos una simple pareja de novios, le daba vueltas a las palabras de Lola, nunca me la hubiera imaginado con otra mujer, y menos consumiendo droga, ¡ella ni siquiera fumaba tabaco!, todo era demasiado extraño para mí, me preguntaba qué quedaba de la mujer con la que me casé.

Caminábamos por las Ramblas sintiendo el movimiento de sus caderas, no había soltado mi mano haciéndome más difícil dejarla marchar, deseaba que no acabara aquel trayecto, no sé si podría desprenderme de ella al acabar aquella noche, entramos en la calle del Carmen, como siempre abarrotada de gente de todas las razas, árabes, asiáticos, paquistaníes, normalmente eran calles peligrosas para caminar de noche, podía ver algunas miradas dirigidas a Lola, aquello me ponía en guardia sin saber que ella no necesitaba que la defendiera de nadie, segura de sí misma marcaba el paso, al final llegamos a un pequeño local, una pequeña barra con diversos bocadillos con muy buena pinta, desconocía aquel local, una barra con sillas era los únicos espacios libres que quedaban.

– ¡Lola!.- Un joven árabe la saludo nada más verla.

– ¡Abbud!.- Dijo Lola sonriéndole.

Los ojos del muchacho se encendieron al ver que Lola lo saludaba., salió de detrás de la barra y ante mis ojos beso a Lola en los labios, Lola soltó mi mano para abrazarlo, mi cabeza comenzaba a estallar, no lo entendía, no entendía aquel cambio en nuestras vidas.

– Abbud, este es Carlos.

– Un placer Carlos.- Dijo con un castellano perfecto.

– Abbud es un buen amigo.- Y seguro que algo más que un buen amigo pensé.

– ¿Que vas a querer?

– Yo quiero uno de ternera picante, pon dos, a él también le gustará.

– Sentaos donde podáis, o si quieres puedes pasar a dentro, tú misma.

– Quizás mejor dentro, tenemos que hablar y aquí hay demasiada gente.

Lola me guío hacia lo que parecía un patio interior, simplemente una mesa con dos viejas sillas.

– Aquí estaremos más tranquilos.- parecía estar en su casa.

– Parece que lo conoces muy bien.- Dije intentando que mi voz saliera con tono neutro.

– Si, conozco a la familia de Abbad.- Lola me miró intentando captar mis pensamientos.- Mira vamos a dejarnos de juegos, si, si me he follado a Abbad, ¿vale?, ya está, así no hace falta que te estés preguntando si sí o si no.- Su franqueza me cogió desprevenido.

– Es a penas un muchacho.- Dije interrogándola.

– Diecinueve años,¿ pero que tal si esa parte la dejamos para más adelante?, me ibas a hablar de esa chica.

Dijo como si no hubiera pasado nada, me acababa de decir que se había tirado a un joven de diecinueve años árabe y allí estaba sin inmutarse.

– O si quieres lo dejamos aquí y ya está.- Había vuelto la coraza de Lola, no estaba dispuesta a que cuestionara sus hechos.- Te voy a contar todo, si crees que no podrás soportarlo o simplemente no quieres…no pasa nada, nos vamos y ya está, pero no vengas con tus celos porque no te los voy a tolerar; ya no.

Apareció una mujer con nuestros bocadillos provocando nuestro silencio, la mirada de Lola se había vuelto fría, los dejó en la mesa junto a un par de cervezas y se fue sin decir nada.

– Perdona, no volverá a pasar.- Dije encogiéndome en la silla.

– No te preocupes, cuéntame algo de ti.

Le hice un pequeño resumen de mi vida hasta llegar el momento en el que me vio con Vanesa.

– Al final fuiste tú el que me puso los cuernos.

Lola mostró aquella sonrisa de perdonavidas, no noté ironía en aquella frase, más bien quiso enfriar el tema, pero tenía razón, fui yo el que fue infiel, continúe contándole una parte de mi vida que me hubiera gustado que jamás ocurriera.

*********************

Después de que nos vieras acompañe a Vanesa al trabajo, era una vieja casa en la Barceloneta, una escuela de pintores, Vanesa toco el timbre y al momento nos abrieron, subíamos por unas escaleras estrechas, ella iba delante mientras yo no podía quitar la vista de sus caderas, al llegar al segundo piso nos recibió una mujer mayor, alrededor de sesenta años.

– ¡Marta!.- Vanesa la abrazo con ternura.

– Llegas tarde muchacha.

– Lo siento Marta, se me ha hecho tarde, el es Carlos un amigo.

– Pasad, pasad, llevan rato esperando.- Dijo la mujer obviando mi presencia.

La sala estaba iluminada por una claraboya que permitía que entrara la luz natural, habían cuatro hombres y una mujer, todos ellos pasaban de los sesenta años, al entrar los saludó con la mano.

– Quédate aquí, voy a cambiarme.- Dijo besándome en los labios.

Todo el mundo cogió sus instrumentos colocándose en unos pequeños taburetes delante de unos lienzos blancos, me situé en una esquina esperando a que aquello comenzara, Marta situó una silla en medio de la sala a la vista de todos, y noté que me miró percibiendo algo que me extrañó.

Escuché como se abría una puerta y al momento apareció Vanesa desnuda, me dio un vuelco el corazón parecía la Venus en el cuadro de Santo Botticelli, lo único que variaba era el color de su piel y sus rizos, se dirigió hacia la silla poniendo una pierna en cada lado de tal manera que se podían ver cómo sus labios vaginales se abrían como una flor, apoyó los codos en las rodillas colocando su cara entre las manos, al momento llegó Marta para acomodar su pelo en un costado de manera que casi tapara uno de sus pechos y sin decir nada se retiró.

No me explicaba cómo aquellas personas podían pintar sin alterar su trazado, mis manos sudaban simplemente por el hecho de verla, Vanesa era como una roca, no movía ni un solo músculo de su cuerpo, solo a veces levantaba su mirada para encontrarse con la mía realizando un amago de sonrisa al comprobar que aquello me excitaba.

La deseaba, me dieron ganas de abrazarla allí mismo, cubrir su cuerpo de aquellas miradas, entre mis pantalones crecían las ganas de poseerla, y eso ella lo sabía.

Me quedé mirando a Lola, continuaba con la mirada clavada en mi, nuestros bocadillos descansaban en la mesa intactos, me parecía imposible estar contándole eso , estar hablando de los deseos por una mujer que no era ella.

– Continúa, no pasa nada.- Una dulce sonrisa me tranquilizó.- Se que no es fácil pero tienes que sacarlo , así nos será más fácil.

Bebí un trago de mi cerveza sin dejar de mirar sus ojos, desde luego no estaba siendo fácil, pero a medida que me vaciaba me sentía mejor.

La sesión duró un par de horas en las cuales hubo dos descansos, en los cuales Vanesa se cubría con una bata blanca que aún la hacía más sensual.

– ¿Qué te parece?.- Me dijo en uno de esos descansos, habíamos salido de la sala para tener más intimidad.

– Raro.- Dije con una sonrisa nerviosa.- Para mí sería difícil poder pintarte sin poder tocarte.

Le pasé mis brazos por dentro de la bata tocando su cuerpo desnudo, no la pensaba soltar, una risa sensual apareció antes de besarnos, quería que aquello acabara para poder llevármela.

– ¿Pasarás la noche en mi casa? .- Vanesa me había leído el pensamiento.

– Si tú quieres si.

Sus nalgas cayeron prisioneras de mis manos, las recorría por dentro de la bata descubriendo todo su contorno.

– Te has puesto cachondo hay dentro, te he visto.

– ¿Cómo quieres que no me ponga cachondo?Eso es imposible. -Dije apretando más sus nalgas.

– Cuando me veías ¿tenías ganas de masturbarte? .- Su mano se dirigió a mi entre pierna, pasaba la mano sobre mi verga.

– Si…me la hubiera sacado allí mismo.- Dije mordiéndole su labio.

– ¿Eso hubieras hecho por mí ?.- Había esquivado la cremallera de mi pantalón, mis slips fueron una débil frontera que cruzó apenas sin esfuerzo.-¿Qué más harías por mí?.- Su mano aprisionaba mi verga subiendo y bajando lentamente.- Dime qué harías cornudo.- Ni siquiera me detuve a pensar en el significado de sus palabras, era como si estuviera en un trance.

– Lo que quieras.- Mis palabras salían entrecortadas, su mano no me daba tregua.

– Empieza por correrte para mí, cornudo.

Sentí que me corría llenando toda su mano, no dejó de moverla e incluso aumentó sus movimientos.

– Eso es córrete cabrón, hijo de puta.- La mano de Vanesa menguó su velocidad, ya había conseguido hacerme correr, se dedicó a acariciar mi verga esparciendo mi semen por todo el tronco.- Ni se te ocurra limpiarte, ¿lo harás por mí ?.- Un beso selló mi boca sin dejarme responder, me encendía a cada segundo manteniéndome en un delirio continuo.

– Nos van a pillar.- Dijo recuperando la compostura,sus ojos brillaban como si hubiéramos hecho una travesura.

Oímos pasos al otro lado, la venían a buscar para continuar la sesión, Marta apareció detrás de la puerta, asomó la cabeza como si con eso pudiera disimular la intromisión.

– Cuando quieras Vanesa.

– Voy Marta.

– Vamos.- Dijo besando mis labios.- Pero compórtate.- Su mano se dirigió hacia mi paquete agarrándolo suavemente.

– Lo intentaré.- Nos reímos los dos de la situación, en mi interior solo estaba esperando el momento de estar con ella a solas, era mi Venus.

– Ósea, ¿me estás diciendo que era tu Venus? .- Lola me estaba mirando con cara extrañada.- ¿Tú sabes lo que me estás diciendo?.

– Si…lo sé. – Era difícil de explicar, cómo decirle lo que sentí por Vanesa, yo que me había comportado como un marido celoso, no tenía explicación, y lo peor era que omití las palabras de Vanesa, como explicarle que me había humillado de tal manera, que me había llamado cornudo y yo simplemente lo acepté.

– Si también estabas…no sé qué hacemos aquí.

– No…

– Es igual, continúa no te tenía que haber cortado, sigue por favor.- No podría explicar la manera en que me miraba Lola, me sentía idiota hablando de Vanesa con ella, tragué un bocado del bocadillo de ternera que me estaba abrasando el estómago, por un momento pensé que Abbud se había vengado de mi poniéndome el doble de picante.

– ¿Quieres otra cerveza? .-Dijo adivinando lo que pasaba en mi estómago.

– Si la verdad es que es un poco picante.- Por no decir que era demasiado.

– Voy a buscar un par de cervezas, ahora vuelvo.

Lola se levantó y pude apreciar su cuerpo de nuevo, desconocía los motivos pero era como si hubiera mutado, no sólo su imagen si no su carácter, era más fuerte, desde que comenzamos a hablar siempre fue ella la que llevaba el paso sin darme tiempo a recomponerme, estaba allí buscando respuestas y sin darme cuenta era yo el que estaba rindiendo cuentas.

Mientras esperaba que regresara Lola con las cervezas le daba vueltas a mi cabeza a toda aquella situación, recorrí aquel viejo patio con la vista preguntándome cuántas veces habría estado Lola allí , habían algunas viejas plantas y poco más, la mesa era redonda de jardín, seguramente aprovecharán para comer o cenar los mismos empleados, habían pasado diez minutos sin que Lola regresara, no sé el porqué pero comencé a recelar de aquella situación, en cualquier otro momento lo habría achacado a muchos factores, podría haber aprovechado para ir al lavabo, mucha gente en la barra y estaba esperando…pero a esa Lola y con Abbad no creía que la hiciera esperar, desconozco los motivos ¿o porqué engañarme?, quería saber qué es lo que estaba haciendo, me levanté y entré en el local sintiendo como bombeaba mi corazón, imaginaba tantas imágenes que incluso se mezclaban entre ellas sin darme tiempo a ordenarlas en mi cabeza.

– Hace tiempo que no venias,¿dónde has estado?

Abbud estaba abrazado a Lola, sus manos descansaban en las nalgas de ésta, las acariciaba mientras que Lola tenía sus brazos cruzados en el cuello de este.

– A ver cuando hago un hueco y vengo a verte, estoy muy liada ahora mismo.- Sus bocas estaban a escasos centímetros, Lola advirtió mi presencia pero no alteró su posición.- Venga dame esas cervezas.

Me di media vuelta y regresé al patio, al momento llegó con las cervezas.

– ¿Por dónde íbamos? .- Dijo dejándolas sobre la mesa, dejaba claro que no iba a dar ninguna explicación.

****************

La sesión duró poco más de media hora aunque para mí fueron horas, no hacía más que recorrer su cuerpo desnudo, sus pechos, sus pezones tiesos no sé si por la excitación o por el tiempo que llevaba desnuda, a veces me buscaba con la mirada a la cual respondía pasándome la mano sobre mi entrepierna como si de un juego se tratara advirtiendo una sonrisa, aquel juego me excitaba hasta un límite que jamás hubiera pensado, aquel cuerpo sería mío, podría ser yo el que lo recorriera con mis manos.

Nada más salir nos abrazamos fundiéndose en un beso.

– ¿Cómo está mi amigo?.- Dijo posando su mano en mi abultado bulto.

– Deseando tenerte a solas.

– Eres un pervertido, pero eso me gusta.

Sonó un claxon provocando que giramos nuestras cabeza buscando de donde procedía.

– ¡Mira! Allí está Sebastián.- Lo vi en un viejo Honda verde claro aparcado en doble fila.

– Le he llamado para que venga a casa.

Vanesa prácticamente me arrastró hasta el coche, me subí en la parte trasera quedando detrás del asiento del copiloto, Sebastián me saludó con un gesto de su cabeza.

– ¡Sebastián! que puntual.- Vanesa se lanzó a su cuello besando su boca, podía ver cómo se abrían sus labios notando el traspaso de lenguas jugando en sus bocas.

– Estas preciosa. -Dijo separándose de ella.

Sebastián había pasado la mano por debajo del vestido de Vanesa acariciando sus piernas, me sentía extraño viendo aquella situación, por un lado estaba furioso de la presencia de este, pero por otro lado no era la primera vez que los veía juntos y en aquella ocasión fui yo el que rechazó participar, notaba la humedad en mis slips cosa que me hacía parecer sucio pero que aumentaba mi morbo, hacía prácticamente una hora que Vanesa me había masturbado y seguía estando caliente.

Sebastián puso el coche en marcha sintiendo como sonaba hasta el último tornillo, nos metimos en la Ronda Litoral; está recorre toda la costa hasta salir por Montjuic, como era de esperar agarramos un atasco, la mano de Sebastián seguía en las piernas de Vanesa pero esta vez buscando llegar más profundo, Vanesa pasó la mano por el costado del asiento buscando la mía, nos veíamos a través del retrovisor, entrecerró los ojos como queriendo sentir aquellos dedos jugando dentro de su coño,me imaginaba sus piernas abiertas, su fino tanga en un costado permitiendo el libre acceso de los dedos de Sebastián mientras sonaba Bob Marley; Is this love.

¿Es realmente amor lo que siento?

¡Quiero saber,quiero saber!

¡Tengo que saber, tengo que saber!

Yo estoy dispuesto

¡Así que pon las cartas sobre la mesa!

Lola había comenzado a tararear la canción, se me pasó por la cabeza que quizás conociera a Sebastián, habían tantas cosas que desconocía de esa Lola.

– ¿Te la sabes?

– Si, la verdad es que nunca le había prestado atención, pero conocí a alguien que era un amante de Bob Marley.- Los pelos se me pusieron de punta, pero no quise decir nada, si era verdad que me iba a contar todo en algún momento saldría Sebastián, iba a dejar que las sorpresas vinieran de una a una.

– Perdona, sigue por favor.- Dijo acabando su bocadillo.

Sentía como Vanesa movía sus caderas sintiendo la mano de Sebastián bajo su vestido, de golpe el coche de delante frenó provocando que casi nos diéramos con él.

– Conduce, vas a provocar que nos matemos.- Vanesa cerró sus piernas riendo.

Hasta el frenazo no me di cuenta de mi excitación, el bulto de mi pantalón lo demostraba.

Mire a Lola descubriendo una sonrisa en su cara.

– ¿Qué? .- Dije algo molesto por aquella sonrisa.

– Realmente me estás sorprendiendo.- Dijo arqueando sus cejas.

– ¿Por?

– ¿Tú ?, el hombre celoso, deja que masturben a su Venus.- Dibujo unas comillas imaginarias.- En tus propias narices y además te pones cachondo, perdona pero eso no me lo esperaba de ti.

Cómo explicarle que esa noche sacó mi parte más oscura, que realmente me demostró lo que podía llegar a hacer.

– Es muy tarde, mañana tengo que madrugar.- Lola se quedó mirando su teléfono, me di cuenta que ella quería seguir nuestra conversación tanto como yo.- ¿Qué te parece? .- Se detuvo pensando en sus palabras.

– ¿Qué me parece¿el qué? .- Sabía que Lola propondría otro día, la conocía.

– Podemos quedar el sábado, conozco a una amiga que tiene una casita en Sitges.- Sus ojos brillaron, Sitges es un pueblo costero, el lugar en que nos conocimos un verano, ella sabía que aquel lugar nos traía buenos recuerdos a los dos.

– Hace un rato dijiste que hoy sería la última vez¿qué ha cambiado?.- No sé el porqué pero me sentía fuerte, aunque lo estaba deseando no quería ceder ante ella.

– Creo que nos merecemos un descanso, no quiero que te ilusiones, no volveremos a lo de antes, ya no, pero quiero que cuando nos separemos no quede nada por decirnos, que nos podamos mirar a la cara como dos personas adultas que se quisieron y se respetaron, ¡además lo estás deseando!.- Nos pusimos a reír los dos, si yo la conocía ella también a mi.

– Me parece bien¿cómo quedamos?

– Te pasaré a buscar por tu casa sobre las nueve.- “Tu casa”, que frío sonaba, siempre fue nuestra casa, sentí un pinchazo al sentir aquellas palabras, se me hizo un nudo en el estómago pero intenté que no se notara.

– De acuerdo.

Esa semana la pasé organizando mi mente, el hecho de haber ocultado parte de la historia a Lola me carcomía, me sentía avergonzado pero en mi interior sabía que me excitaba el recordar todo aquello, sabía que al final acabaría por contárselo simplemente quería esperar el momento adecuado, la noche del viernes se me hizo eterna, sentía nervios como si fuera la primera cita, hice una pequeña maleta, una muda, un par de camisas y el bañador, desconocía si acabaríamos bajando a la playa.

A las diez me entró un mensaje de Lola, me esperaba en doble fila, apuré el café y salí de casa, el nudo en mi estómago cogió vida.

Oí un claxon, Lola tenía un descapotable, me quedé de piedra, no sabía cómo era posible que ella pudiera tener ese coche, pero viéndola en el me di cuenta que a aquella nueva Lola le pegaba, su corto vestido ibicenco hacía que resaltará su piel morena, unos zapatos rojos de tacón reafirmaron sus gemelos haciéndola una diosa.

– ¡Wow!, no te esperaba en este coche.- Dije abriendo la puerta.

Acomode mi maleta en los asientos traseros y subí sin saber cómo acabaría ese fin de semana.

Mientras conducía no pude dejar de mirarla, ella lo sabía y de vez en cuando giraba su cabeza y me mostraba una sonrisa, su pelo rapado la hacía atrevida, sensualmente provocativa, su collar indicaba su carácter transgresor, sin duda habían cambiado muchas cosas.

– ¿Cómo van las cosas en tu empresa? .- ella fue quien rompió el silencio.

– Bien, y veo que a ti tampoco te va mal.- sonrió sin dejar de mirar hacia la carretera.

– No me quejo.

– Sigues en la universidad.-

Sabía que aquello recordaría nuestros últimos días, por un momento me arrepentí de hablar de sus clases en la universidad.

– No… eso se acabó.- Parecía que le costaba seguir hablando.-Trabajó en una empresa de exportación e importación, en el departamento jurídico.

Al llegar a un punto de la carretera de Garraf se paró en un pequeño hueco en la cuneta.

– ¿Te acuerdas de aquel día? .- Dijo mirándome.

– Ya lo creo, pero¿era aquí ?

– ¡Claro!,¿ no ves la fuente? .- Su mano me señaló la vieja fuente, era verdad aquel fue el sitio.

Al momento nos pusimos a reír, fue una noche después de venir de fiesta, todavía éramos novios, habíamos bebido mucho y a demás íbamos muy calentitos, Lola me retó a hacer todas las curvas mientras ella me masturbaba, aún recuerdo cómo se bajó los tirantes de su vestido para hacerme perder, menos mal que no había policía, hubiera sido una situación difícil de defender, ¿Lola haciéndome una paja con las tetas fuera.? seguro que la multa no nos la quitaba ni Dios, por supuesto que no conseguimos acabar las curvas, me detuve en el único lugar libre que había, nos pasamos a los asientos traseros para acabar follando como dos locos¡Por Dios!,¿ como se me podía haber olvidado?.

– Vaya noche. -Lola reía mirándome a través de sus gafas, hubiera dado mi vida por qué aquel momento se detuviera en el tiempo.

– Joder, si, vaya polvo.- Dije riendo sintiendo como un trozo de mi se rompía.

Arrancó dejando atrás algo más que un simple hueco en la carretera, al entrar en Sitges nos acogió el bullicio de la gente, estábamos en temporada alta con lo cual el pueblo estaba al completo, se veían a los turistas colorados de las horas de sol, gente de un lado para otro.

– ¿Dónde está? .-Pregunté intrigado pues estábamos saliendo del pueblo.

– Allí.- Lola señaló una mansión encima del barranco.

– ¿Esa? .- Dije alucinando.- Vaya, tu amiga debe de tener mucha pasta.

– La tiene.- Dijo mirándome de soslayo, comprobando mi deslumbrada cara.

Llegamos a una verja forjada, habían cámaras de seguridad en cada esquina, un gran jardín nos dio la bienvenida, activó un mando a distancia y la puerta del garaje se abrió dejándonos paso a la vez que yo seguía dentro de mi alucinación, desde luego aquella casa debía de costar millones, para ella era como si fuera una cosa normal.

Saqué las dos maletas pequeñas y la seguí por una puerta que daba directamente a la vivienda; un distribuidor y entramos al comedor,había un gran ventanal que permitía salir a la terraza con vistas a la bahía.

– Déjalas aquí y salgamos a dar una vuelta¿te apetece?, luego ya las colocaremos en las habitaciones.- “Las habitaciones”, sin duda no íbamos a dormir juntos.

– Perfecto.- Mi voz soñó con cierta decepción, pero todavía tenía esperanzas de que algo cambiara entre nosotros.

– Voy al baño y nos vamos.- Lola desapareció dejándome solo en aquella sala, comencé a caminar , estaba decorada con objetos marineros, al pasar por una cómoda me quedé parado delante de una foto, estaba Lola flanqueada por un hombre y una mujer, estaba hecha en la playa, los tres estaban sentados en la arena desnudos, en ese momento pude poner rostro a Pierre y Susana, sin duda eran ellos.

– Pierre y Susana, aquí en Cala Majó.- Dijo Lola confirmando mis pensamientos.- ¿Nos vamos? .- Dijo sin darme tiempo a realizar ninguna pregunta.

Estuvimos paseando por el pueblo, ninguno de los dos quiso hablar, ya habría tiempo más tarde, aunque para mí iba a ser más difícil, ahora tenía los rostros de Pierre y Susana.

Entramos al Cable, un bar de tapas muy conocido en la zona, buen precio y buenas cervezas, Lola preguntó por mi familia, siempre decía que me tenía envidia pues ella era hija única y sus padres hacía mucho tiempo que se habían separado, en cierta manera creo que tomó a mi familia como propia, mis padres la adoraban igual que mis hermanas; no quise contarle el dolor que supuso nuestra separación , no deseaba hacer que se sintiera culpable por ello, a media tarde regresamos a casa, había una parte de mí que no deseaba que llegara el momento de volver a hablar del pasado, quería dejarlo ir, pero en la vida real eso no sucede, tienes un pasado y has de vivir con ello, lo afrontas, tragas saliva e intentas seguir de la mejor forma.

Dejé la maleta en la habitación, me preguntaba cuántas veces había dormido Lola y con quién; y aunque ya sabía las respuestas no podía dejar de hacerlo.

Me puse unos pantalones cortos y una camiseta y fui a buscarla, estaba sentada en la terraza, una mesa de mármol blanco junto a dos cervezas me esperaban para continuar la historia.

Lola llevaba un fino pantalón corto junto a una holgada camiseta, al verme llegar levantó la vista, ella sabía que teníamos que continuar hablando.

Sentía las gotas de sudor recorriéndome el cuerpo.- Lola comenzó a hablar, con su vista fija en el horizonte.

****************

– ¿Qué buscas Lola? .- Susana acariciaba mi pecho jugando con mi pezón.

– No lo sé.- Dije girando mi cuerpo para mirarla, sus ojos verdes estaban fijos en mis pechos.

– Esto no es un juego, no somos muñecas con las que puedas jugar hasta que te canses, ¿lo entiendes?

Ni siquiera me había dado cuenta que el barco se había detenido, pensé que de un momento a otro Pierre aparecería descubriéndonos desnudas en su cama.

– Si, lo sé, pero no tengo fuerzas para pensar.- Quería volver a sentirla, pasé mis dedos sobre sus pechos jugando con los aros.-¿No te molesta?.- Pregunté mirándola.

– No, al revés,siento placer, si quieres te enseño un sitio, es amigo mío y no te cobrara mucho.- Su mano descendía haciendo remolinos sobre mi piel, deseaba que no se detuviera. -Pero antes tienes que saber lo que quieres, si realmente estás dispuesta no tendré ningún inconveniente en ayudarte.

Un dedo recorría la separación de mis labios amenazando con invadir mi coño, abrí las piernas haciendo saber que estaba dispuesta a la invasión, no tardó en doblar dos dedos e introducirlos, mi mano agarraba aquel pecho, lamía sus pezones jugando con mi lengua sus aros, bajé por su cuerpo hasta quedar a los pies de la cama hundiendo mi cabeza en aquel triángulo, succionando sus labios hinchados sintiendo su humedad, su hinchado clítoris intentaba escaparse a mis dientes, estaba atrapada en aquella fuente, jugaba com mi pelo, sentí unas manos jugando con mis caderas, otras manos diferentes a las de Susana, gire mi cabeza y allí estaba Pierre, sonreía viendo la situación, me giré abandonando el coño, Pierre se agachó ofreciéndome sus labios, nuestras bocas se unieron desesperadas, como si se conocieran nos comimos, Susana se incorporó para sentarse detrás pasando las piernas alrededor mío, Pierre estaba sin camisa dejando que pudiera acariciar su pecho mientras Susana atrapaba mis pechos desde atrás, estiraba mis pezones a la vez que apartaba mi pelo dejando mi nuca libre para besarme , mis manos fueron bajando por el cuerpo de Pierre hasta llegar a su cremallera.

– ¿Estás segura?.-La voz de Pierre sonó en un dulce susurro.

Ni siquiera le contesté, lo deseaba, deseaba tenerlo entre mis brazos, jamás estuve tan segura de algo, mis dedos desabrocharon el botón, aparecía su pubis rasurado, lo besaba mientras bajaba su cremallera dejando que los pantalones cayeran por su propio peso, Susana hizo que me pusiera a cuatro sobre la cama, enseguida vi su verga, bronceada, daba pequeñas sacudidas al sentirse libre, la boca de Susana jugaba con mi coño, separaba mis nalgas dejando paso a su lengua, la cual corría entre mi ano hasta morderme mi botón hinchado, mire a Pierre mientras sujetaba su verga, sus ojos me miraban profundamente, mi mano subía y bajaba aquella piel descubriendo su glande, pasaba mi lengua saboreando su ser, sus testículos se movían al ritmo de mi mano y sus manos capturaron mi cabeza atrayéndola hacia su verga, me quitó las manos y simplemente abrí la boca; jugo con su verga en mis labios, yo sacaba mi lengua esperando el regalo, poco a poco la fue introduciendo, llenando todo el espacio, lamia con la lengua intentando mojar todo aquel cuerpo, empezó a meter y sacar como si me estuviera follando, Susana abría mis nalgas e introduciendo la lengua en mi agujero e intercambiaba la lengua con sus dedos, sentía como estiraba el aro anal, dos dedos, los sacaba y volvía a meter, a la vez que con otra mano frotaba mi clítoris.

Pierre sacó su verga de mi boca, agarraba mi pelo levantándome la cabeza para que lo mirara, veía sus ojos de satisfacción, restregaba su húmeda verga por mi cara jugando con ella, Susana se había sentado apoyada en el cabecera con las piernas separadas.

– Date la vuelta.

Pierre me giró para quedar de frente a Susana, ahora era ella la que agarrando mi pelo me llevó hasta que mi cabeza quedó enterrada entre sus piernas, era una muñeca en sus manos, es lo que deseaba, deseaba que jugaran conmigo, me hundí sacando mi lengua para volver a jugar entre sus labios, los separé para poder llegar más profundo, sentí como la verga de Pierre entraba dentro de mí, sus manos agarraban mis caderas, enseguida empezó a aumentar la cadencia de sus movimientos, me sentía llena, me movía en aquella cama adelante y atrás, estaba extasiada, mis pezones eran apretados por los dedos de Susana haciendo que abriera más la boca, Pierre la sacó y comenzó a jugar con mi ano, la sentía húmeda de mis propios fluidos, sentí que me venía simplemente con aquel tacto esperando a que entrara por mi parte oscura, poco a poco se fue abriendo camino despacio, era como si me abrieran en canal, descansaba y volvía a meterla como si reconociera el camino antes de profundizar, así hasta notar cómo sus testículos ya tocaban mi cuerpo, descansó para que mi cuerpo se acostumbrara al invasor, apreté mis dientes aguantando el dolor, poco a poco fue entrando y saliendo, una mano me acariciaba mi clítoris compensando el dolor, de golpe empezó a follarme más deprisa, ya no había compasión, lo oía bufar, los golpes de sus caderas llenaron la habitación, se salía abría mis nalgas dejándome abierta totalmente, escupía mojando mi ano para entrar de golpe, perdí la cuenta de mis orgasmos, Susana me dio de beber su jugos los cuales absorbía sin dejar espacio sin lamer, Pierre agarró con fuerza mis nalgas y llenando todo mi espacio con su semen caliente, me desplome sobre el pecho de Susana extenuada, mis cabellos se pegaban a mi rostro empapado de sudor, las gotas de semen se escapaban por mi piel recordando que aquello había sido real, Susana me apartaba el pelo como si fuera una niña pequeña, las manos de Pierre soltaron mis nalgas para tumbarse al lado, podía sentir el calor de su cuerpo, Susana se incorporó lo justo para alcanzar la cajita plateada, mojó un dedo para untarlo con los polvos blancos, abrí la boca esperando que nuevamente me llevará a la cima, movía sus dedos dentro de mi boca recorriendo mi paladar y dientes como si fuera una limpieza, después ella repitió otra vez pero sin nada en sus dedos simplemente quería que se los lamiera, dos dedos jugaban como si fuera una verga, las manos de Pierre volvieron a jugar con mi cuerpo, agarraba mis pezones estirando con fuerza a la vez que besaba mi cuello sudoroso.

Cogió mi mano para llevarla a su verga, ni siquiera lo pensé, comencé a subir y bajar de nuevo, Susana movía sus dedos en mi boca como si me estuviera follando, mi excitación subía por segundos, Pierre se puso de pie en la cama ofreciéndome de nuevo su verga, mi boca se abrió automáticamente para volver a tenerla dentro, notaba el sabor agrio de los restos de mis fluidos, no me importaba quería notar cómo me llegaba a la garganta, entraba y salía de mi boca deslizándose por mi lengua.

– Follame.- le rogué mirando sus ojos.

Me di la vuelta ofreciendo mi cuerpo, sus dedos entraron en mi coño masturbándome con fuerza haciéndome arder, sentía como recorría por todo mi cuerpo llamas devorándome, Susana estaba sentada con cara de vicio, una sonrisa marcaba su rostro, los labios vaginales se abrían cediendo el paso a su verga, Pierre hizo una coleta con mi pelo obligándome a levantar la cabeza.

– Mueve el culo puta.- Decía dándome palmadas en mis nalgas cada vez más fuerte, un escozor se mezclaba con mis orgasmos.- Si quieres ser una puta lo serás, serás la más puta de todas.-

Me escupía las palabras en mi oído, pero me daban igual, cada vez estaba más extasiada,una sensación de suciedad me cubría mi mente, pero solo pude disfrutar…disfrutar….me sentía llena por dentro y por fuera, mi mente se desconectó dejando a mi cuerpo disfrutar sin límites, solo movía mis caderas para follarme yo sola, él simplemente ponía la verga para que yo la introdujera lo más profundo que pudiera, sentía como me corría una y otra vez, de golpe me la sacó.

– Date la vuelta zorra. -Pierre me giro estirando mis cabellos como si fueran las riendas de una yegua.-Abre la boca guarra.-La voz de Pierre era diferente, parecía mister Jekyll y mister Hyde, se transformó olvidando su voz melosa para convertirse en tosca, abrí la boca para recibir todo su semen, sentía como mi cara se llenaba, me relamía como una vulgar puta.

Agarrando mis mejillas escupió dentro de mi boca, me volvió a meter su verga para que siguiera chupando hasta el último rastro de semen que pudiera quedar, una vez que consideró que ya tenía bastante se bajó de la cama cogiendo su ropa.

– Vístete y sal de mi barco zorra.- Dijo girándose antes de desaparecer por la puerta que daba a cubierta.

Me giré hacia Susana, no podía creer que me echara de aquella manera.

– Ya lo has oído puta, sal del barco, mañana te llamaré, si todavía quieres jugar nos veremos, pero piénsalo bien porque no hay marcha atrás, has querido jugar a ser una vulgar puta y has jugado, de ahora en adelante las normas ya no serán las mismas, ¡¡qué te vayas zorra!!.

Recogí mi ropa notando como las lágrimas me nublaban los ojos, no entendía nada, me vestí y salí a cubierta, Pierre no estaba cosa que agradecí pues no sabía cómo comportarme, ya no era la misma que se había subido al barco esa mañana, me había comportado como una zorra, ¿que podía reprocharle?.

No me atrevía a coger un taxi, sentía vergüenza de mí misma, mi pelo estaba revuelto y podía oler mi sudor mezclado de olor a sexo e incluso en mi cara había restos de semen que se empezaban a secar, corrí por la calle rogando no encontrarme a nadie conocido, sentía mi corazón latiendo a tanta velocidad que pensé que me saltaría del pecho.

-Quizás fue la cocaína la que te hizo portarte así.-Lola se quedó mirándome moviendo la cabeza y una sonrisa apareció diciéndome que yo no entendía nada.

-No Carlos, ellos me preguntaron si estaba segura, la coca lo único que hizo fue darme el valor para hacerlo, desde que subí a aquel barco estaba dispuesta a hacer lo que ellos quisieran, no…no es que estaba dispuesta…deseaba que ocurriera.

Me imaginaba a Lola corriendo de aquella manera, parecía imposible que hubiera llegado a ese estado, pero ¿quién era yo para juzgarla? .- Lola le dio un trago a su cerveza vaciándose completamente.

– Voy a por otra¿quieres algo?.

– Estoy bien.

Lola entró en la casa, la noche había caído sobre Sitges, se podían ver los barcos volviendo a puerto, la situación de la casa era extraordinaria, colocada en lo alto del barranco te permitía admirar toda la bahía sin tener el problema del bullicio nocturno, apareció con otra cerveza, sus pechos se movían libremente bajo la camiseta, el contorneo de sus piernas se hacían más visibles por culpa del pantalón corto de su pijama, sentía dolor por haber dejado que todo aquello hubiera pasado, se volvió a sentar apoyando los talones en la silla y un nuevo trago de cerveza; estaba haciendo tiempo para seguir hablando.

**************

-Al llegar a casa encontré a Cristina sentada en el sofá, me había olvidado de ella, por supuesto que se dio cuenta de mi estado.

– ¡Lola!¿qué te ha pasado?.

– Nada Cristina.- Dije pasando de largo para entrar en mi habitación lo antes posible.

– ¡Lola!¡Qué pasa?.- Cristina hablaba detrás de la puerta, mientras yo estaba tumbada en la cama llorando sin consuelo, me sentía sucia, no podía hablar por el nudo de mi garganta, solo quería estar sola, ¿cómo contarle a Cristina lo sucedido?, ¿decirle que me había comportado como una furcia?¿ que había tomado cocaína?

– Déjame Cristina, hablamos mañana.- No sé ni cómo pude pronunciar aquellas palabras sin que se notara mi estado, sabía que Cristina no se conformaría con aquella respuesta, oí que volvió al salón esperando a que saliera de mi habitación, me sabía tan mal por ella, siempre se preocupó de mí, ella me aviso sobre Pierre y yo no le hice caso, seguramente si se lo contara se sentiría culpable, cuando la única culpable de aquella situación no era otra más que yo.

Me quedé en mi habitación hasta las doce de la noche, escuché que Cristina se dio por vencida y se fue a dormir, aproveché para salir de mi habitación y meterme en la ducha, dejé que el agua corriera por mi cuerpo, sentía mi ano abierto quizás tuviera algún desgarro, me venían las imágenes de Pierre penetrándome con fuerza, o cuando me ofrecí a él y a Susana entre mis piernas, era todo como imágenes superpuestas, las lágrimas se mezclaban con el agua, me enjabone pensando que todo se iría por el desagüe, pero lejos de eso lo único que hacía era excitarme más, mis dedos entraron en mi coño recordando una vez más lo que había sucedido ese día, luego me rebotaban las palabras de Pierre; “puta, zorra, si quieres ser una puta lo serás, serás la más puta”, me corrí recordando sus palabras, conseguí conciliar el sueño después de prohibirme repetir, no podía convertirme en una puta, pero al momento mi cuerpo pedía lo contrario, al final decidí que aquello se había acabado, me apuntaría a la academia y me sacaría el máster, sería una forma de centrarme.

El primer día de clase pensé que me había equivocado, volver a sentarme en un pupitre pero esta vez siendo alumna me resultaba extraño; me sentía como una intrusa en medio de aquellos jóvenes que habían sido alumnos o podrían haber sido, recuerdo las miradas descaradas de algunos de ellos, todo el mundo rondaba los veinticinco y yo a mi edad…. allí sentada, por suerte en cuanto empezaba la clase mi mente se olvidaba de todo que no fuera derecho.

– Hola, soy Marcos.- Marcos era un compañero de clase que anteriormente había sido mi alumno.- ¿No sé si te acuerdas de mí? .- Dijo situándose a mi lado justo al terminar la clase.

– …Vagamente, disculpa.- La verdad era que me acordaba bastante de él, hijo y nieto de jueces.- Para los rostros soy muy mala.- Dije disponiéndose para levantarme.

– Usted es Dolores…- Marcos se levantó a la misma vez que yo.- La tuve hace dos años.

– Usted es Marcos….¿Qué?.- Por un momento quise entrar en su juego.

– Sánchez de Toledo.- Sin darme cuenta estábamos andando a la par por el pasillo, de soslayo vi las caras de alguna chica mirándome con cara de pocas amigas.- No me digas que no te acuerdas…- Marcos pasó del usted a tutearme en décimas de segundo.

– Sánchez de Toledo…claro…¿tú eres su hijo?, claro que me acuerdo.- Marcos era el típico alumno que mágicamente aprobaba siempre al final de curso, recordaba haberle llamado la atención cosa que a él ni siquiera le incomodaba.

– Aún recuerdo tus broncas en clase,¿qué haces aquí? .- Habíamos llegado a la puerta de la academia y él seguía a mi lado.

– Tenía ganas de reciclarse.- Dije buscando un taxi con la vista.

– Si quieres te llevo, tengo el coche allí aparcado.- Como no, el señorito tenía un deportivo esperándolo.

– No gracias, prefiero irme en un taxi.

– No seas tonta, a estas horas no encontrarás ninguno, ven yo te acerco.- Marcos pasó su brazo por mi cintura guiándome hacia su coche, y yo accedí…; esa fue mi primera vez, una de muchas que vendrían después.

– Creo que más de una me va a tomar manía.- Marcos arrancó y por su forma de salir no es que fuéramos a pasar desapercibidos.

– Igual es a mí al que cogen manía.- Dijo sonriendo.- Cada día no toca la lotería.

– Ahora soy un boleto de lotería.- Dije devolviendo la sonrisa.-” Además llevamos hablando ¿cuánto?, cinco….diez minutos ¿y crees que has ganado el gordo?.

– Eso lo has dicho tú.- Marcos se detuvo en el semáforo.- ¿tú qué crees? .- Dijo sin mirarme.

Me quedé mirando su semblante, su destacada nuez, su pelo perfectamente peinado, un bronceado que no era de playa que destacaba sobre el azul claro de su camisa de marca.

– Creo que es tarde, mañana tengo que hacer muchas cosas.

– Buena respuesta para un abogado.- Marcos apretó el acelerador al ponerse el semáforo en verde.

– Te mentiría si te dijera que me sentí incómoda.- Lola parecía mirar al mar, como si buscara una excusa entre sus olas.- era..no sé cómo explicarlo, veía su mirada clavada en mi cara, con tanta seguridad, que me hacía sentir deseada.

– Un día podemos quedar para tomar una copa.- me dijo nada más parar el coche delante de la puerta de Cristina.

– Así de rápido.- no sé el porqué quise jugar con él.- ¿es una cita o algo así?.- le sonreí dejándome querer, aquello era como si fuera una adolescente, y en aquel preciso momento era lo que más deseaba, hubiera muerto si con ello consiguiera volver al inicio.

– ¿una cita?, por mí vale, aunque yo hablaba de una copa.- sé que me sonrojé.

– No lo sé, estoy algo liada.- cuando fui a darle un beso en la mejilla, giró su rostro para poder besarme en los labios.

– Perdona, no lo pude evitar.

– Nos vemos mañana en clase.- salí del coche sonriendo por su atrevimiento.

Cuando su coche se perdió en el tráfico, no pude evitar sonreír como una colegiala, me sentía renovada, extraña, sé que sonara patético, yo y el; una madura pavoneándose con un ex alumno, ahora, sé que era patético, solo humo que se desvanece cuando se apaga la hoguera dejando solo cenizas.

Al entrar en casa, vi a Cristina, estaba sentada en el sofá mirando el televisor, en su mirada percibí todas las preguntas que ella no quería verbalizar.

– Bueno,¿me vas ha decir lo que te pasó el otro día? .- preguntó intentando ver que no estaba molesta.

– Nada, tonterías Cristina, siento mucho haberme portado de aquella manera.- me senté junto a ella para abrazarla. – soy una idiota y no te merezco. – besé su mejilla igual que una niña pidiendo el perdón de su madre.

– No digas tonterías, sabes que te quiero mucho,¡joder!, y me tenías preocupada, ¿Carlos tuvo algo que ver?. – supongo que en aquella pregunta encontré la salida fácil, hice lo que jamás tuve que hacer; mentir.

– …Si…hemos hablado. – te juro que cada palabra que decía era un puñal clavándose en mi vientre. – Me ha vuelto a reprochar lo de Pierre…- Salvé a Pierre a cambio de ti.

– ¡Hostia!, que pesado, ¡por Dios!, lo siento Lola. – me abrazó fuerte, y aún así sentí el frío recorriendo mi cuerpo, era como si te hubiera vendido.

– Me voy a la cama, estoy muerta, te quiero un montón.- y huí quemándome por dentro, hubiera sido tan fácil explicarle la verdad; que Pierre me habían follado como a una zorra, y después simplemente me echaron a la calle como a una simple puta, sucia, humillada, y lo peor ; en ningún momento los culpé.

****************

– Necesito un cigarro.- dijo negando con la cabeza.- ¿has vuelto a fumar?, ya me entiendes, a parte de porros.- dijo dibujando una tímida sonrisa.

– No, a parte de los porros de aquel día, no.- quise sonreírle, ambos necesitábamos sonreír, reírnos de nuestras propias mierdas.

– Al otro día…- aspiró el humo del cigarro entornando los ojos, buscando las palabras.- Marcos volvió a sentarse a mi lado, no puedo mentirte, una parte de mí lo deseaba, deseaba sentir que era deseada por alguien, olvidarme de Pierre, Susana, de ti.- levantó la vista comprobando cómo caían sus palabras sobre mi, “olvidarme de ti”. – pero para mi sorpresa, no comentó nada, se dedicó a seguir la clase, salvo algún guiño a un par de estudiantes, que no dejaban de mirarlo, quizás en ese momento me sentí celosa, no sabía a qué había venido lo del día anterior, ¿solo estaba jugando conmigo?, incluso pensé que yo no era más que una parte de un estúpido juego. Al terminar la clase me levanté sin dirigir la palabra, quería irme y me dije que al siguiente día no me sentaría con él.

– ¡Lola!. – oí que me llamaba. – ¿te puedo llamar Lola?. – preguntó cogiendo mi brazo.

– Si, no hay problema. – miraba su rostro, sus ojos azules y sus labios que me sonreían.

– Tenemos una cita, ¿te acuerdas?.

– Pues no me acuerdo.- le contesté con picardía.- hoy no parecías muy interesado.

– Pues aunque no lo parezca, te invito a cenar.

– ¿hoy?.

– Hoy es un día como otro cualquiera, conozco un sitio que hacen que se coma estupendo. Venga, no perdamos tiempo, aquello se pone a rebosar y si vamos tarde no encontraremos sitio.

Aquella noche fue cuando conocí a la familia de Abbud, como viste, no es un lugar donde iríamos a cenar, somos ciegos ante lo que nos es extraño, la cuestión es que Marcos quiso ir simplemente porque era un punto donde adquiere la cocaína.

– Pide lo que quieras, ahora vengo, tengo que hacer algo.- me dijo una vez nos habíamos sentado.- lo vi salir del local hablando por teléfono, supongo que llamaba al camello.

– ¿Qué le pongo?.- me sorprendió que Abbud careciera del acento marroquí, cosa difícil, normalmente por mucho que estudien en nuestro idioma, el acento queda como una ancla, clavando tu origen, pero en Abbud, si no fuera por sus definidos rasgos no sabrías que era Arabe.

– No sé, ¿un bocadillo de esos que he visto en la barra?.

– De ternera picante ¿va bien? .- dijo sonriendo.

– ¿picante?, venga, me voy a arriesgar.

Al momento llegó Marcos guardándose una papelina en su bolsillo trasero.

– ¿Ya has pedido? .- preguntó sentándose a mi lado, demasiado cerca.

– Ternera picante,¿ tú ya has pillado?. – Marcos sonrío al ver que me había dado cuenta de todo.

– Chica lista.- su mano se posó sobre mi pierna.- ¿Consumes?.

– No.- su mano acariciaba mi pierna por encima del pantalón, sé que tendría haberlo parado; pero tenía derecho a no hacerlo, nunca pensé que nos volveríamos a ver, además tú estabas con…

– Vanesa.- le recordé el nombre.

– Si, con Vanesa, perdona, pues eso, era un hombre mucho más joven que yo, que me acariciaba la pierna, ¿por qué no disfrutarlo?; Lola un polvo y para casa me dije.

Levantó la mano para que Abbud, me di cuenta que este no nos quitaba la vista de encima, y en su manera de mirar sabía que estaba nervioso.

– Otro de ternera picante y una cerveza.

– Señor Marcos…

– No Abbud, no he tenido tiempo, pero no te preocupes que mañana me pongo.- le contestó sin dejarle terminar.

– Perdón señor Marcos, ahora mismo traigo su bocadillo.

– ¿Qué pasa con el chico?

– ¡Uff!, nada, solo que esta gente piensa que porque seas abogado ya puedes hacer milagros.

– ¿Qué tipo de milagros?

– Tiene los padres sin permiso de residencia, pero ya he hablado con unos contactos y no consigo nada, la verdad, es que ya no he insistido, pero no se lo voy a decir.

– Pues tendrías que decírselo.- no pude aguantar su altanería.- él confía en ti, si no puedes tú, buscará otra manera, pero si no…

– Vale, vale. Prometo decírselo. Te pones más guapa si cabe cuando te enfadas.

– Gracias.- le dije sin poder dejar de sonreír. – pero es más, yo conozco a gente que trabaja precisamente en esos casos, ya me encargo yo. – había algo en mí que me hacía querer ayudar, igual fueron sus ojos verdes, su inocencia.

– Todo para ti, guapísima. – giró mi cara y me besó en los labios, y sin darme cuenta ya teníamos nuestras lenguas jugando.

Las palabras de Lola se convirtieron en imágenes, los veía besándose en aquel bar, mi mujer, mi Lola.

Esa noche fue la primera de muchas que pasé en su casa, era un piso en la zona alta, típico de niños de papá, durante el trayecto no dejamos de besarnos, si, sé que es una locura, una de tantas que he cometido, pero en aquel momento me sentía bien, no buscaba una pareja, y sabía que aquello no pasaría de ser un rollo de una noche.

Al entrar en su casa no nos dimos tiempo para las palabras, sus manos rodearon mi cuerpo, de igual manera nuestras lenguas, me sentía prisionera y al mismo tiempo libre, no tardó en desnudar mi cuerpo en mitad del salón, su boca se perdió en todos los rincones, cerraba los ojos sintiendo como el placer se extendía por mi cuerpo.

– Ven aquí. – dijo levantando mi cabeza por el pelo, me quedé de rodillas mientras él se bajaba los pantalones. – ¡mama Dolores!. – yo le sonreí al darme cuenta que usaba Dolores, dando entender que se estaba follando no a Lola, si no a su antigua maestra.

Me quedé mirando como su verga cabeceaba delante de mis ojos, me sentía tan excitada que no podía dejar de sonreír, agarré aquel cuerpo caliente entre mis manos, la acariciaba sintiendo su humedad, su olor, besé su prepucio, Marcos la sujetó por la base, la restregaba por mi rostro obligándome a seguir con mi lengua, hasta que sentí como invadió mi boca, la aguantaba en mi interior hasta quedarme sin aire, podía percibir el placer que sentía mi profanador, sus caderas se movían en un lento vaivén, dándose el tiempo de descubrir el territorio, poco a poco fue incrementando las cadencias.

– Eres preciosa Lola.- me levantó sujeta por el pelo, me guió hasta la mesa, sentí como mis pechos se aplastaron contra la mesa, Marcos se escurrió entre mis nalgas, sentía su lengua recorriendo el interior de mi vulva, deseaba que me penetrara, que terminará con aquel sufrimiento.

– ….Metemela…follamé…- intentaba decirle entre gemido y gemido.

– ¿Quieres que te folle puta?.- dijo levantando mi cabeza por los pelos.

– ….Si cabrón, follate a tu maestra.- le dije escupiendo las palabras, lo odiaba por hacerme esperar, por rogarle que me follara.

– Quédate quieta.

Marcos desapareció y yo le obedecí, si moverme, me quedé exponiendo mis piernas abiertas, contando los segundos, apareció con una caja de condones; ¡hostia!, estaba tan excitada que ni siquiera pensé en ese detalle, ¡Dios!, era como si me hubiera poseído la diosa Afrodita.

En aquel salón me poseyó tantas veces como quiso, solo fui una muñeca para él, y lo disfruté, me dejé llevar como la canoa sobre los rápidos de un río, sin timón, sin rumbo.

Lola se levantó estirando su cuerpo, llevábamos tres horas sentados en la terraza, nuestros cuerpos comenzaban a entumecerse, Lola se asomó a la terraza apoyando los codos sobre el balaústre dejando la cerveza en el. Su silueta se marcaba sobre el horizonte, como si estuviera dibujada sobre él, mantenía la pulsera en su tobillo, sus piernas se habían estilizado, remarcando sus gemelos, levantó su rostro y una pequeña brisa removió su pelo; ¡Dios!. ¿Cómo pude dejarle escapar?, me pregunté sintiéndome el mayor imbécil del mundo.

– Salgamos a cenar, hace una noche preciosa. – me dijo girando su rostro, dejando sus ojos clavados en mí.- necesito despejar la mente, ambos lo necesitamos.- dijo rectificando. – ¿Nos damos un respiro hasta mañana?

– Si, por supuesto.

Y aquella noche caminamos como una pareja, nos paramos en los puestos de marroquinería del paseo marítimo, Lola se compró un pareo, el joven africano le sonrió agradecido cuando Lola pago lo que le pifio sin regatear el precio, nos tomamos unos bocadillos en la calle del Pecado, y caminamos por la orilla del mar, permitiendo que las olas nos mojaran los pies primero y desaparecieran después; tal vez era como nosotros, nos queríamos, pero nos retiramos, dejando el recuerdo en nuestra piel.

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