ANDER MAIS

Capítulo 1

Consecuencias

Al día siguiente, lunes, me levanté cansado tanto física como mentalmente por todo lo ocurrido durante el fin de semana y lo hablado con Natalia. Su deseo de no querer seguir con aquellos juegos había sido un duro golpe para mis deseos y fantasías, pero podía entenderla. Tenía miedo, como lo tenía yo, que aquello se nos fuera de las manos y afectara a nuestra relación. Y eso era algo que ninguno de los dos queríamos que sucediera.

Así que ese día iba a ser el primero donde iba a dejar atrás mis fantasías, mis morbos, y tratar de volver a lo que éramos antes: una pareja completamente normal. ¿Podría conseguirlo? Debía hacerlo. Era lo que Natalia quería, lo que ella me había pedido y no podía obligarla a hacer algo en contra de su voluntad. Y eso suponía contactar con Víctor.

Debía hablar con él para contarle lo sucedido durante el fin de semana. Aunque supuse que algo ya debiera saber por medio de sus amigos. Pero, aun así, debía hablar con él y explicarle de mi boca lo ocurrido al llegar a casa; contarle la charla que habíamos tenido Natalia y yo. Debía asegurarme que Víctor se olvidaba de todo y cortaba todo contacto con ella.

Como todas las mañanas, me aseé, desayuné y me fui al trabajo dejando a mi chica durmiendo en la cama. Era el último día que podría levantarse tarde. Al día siguiente empezaba a trabajar en “Las Oficinas”. Eso me recordó que, esta misma mañana, debía pasarse por allí para llevar la documentación necesaria para formalizar su contrato y recoger el uniforme que estrenaría al día siguiente.

Ese pensamiento, que otras veces me habría excitado, esta vez no lo hizo. Y es que, aparte de dar por terminados nuestros juegos, Natalia también me había pedido que, al menos durante un tiempo, no me pasase por el bar por miedo a ponerse nerviosa con mi presencia allí. Así que, lo que tanto tiempo llevaba deseando, el verla exhibiéndose ante la clientela masculina de aquel local, también se había evaporado.

En pocas horas había pasado de la euforia más absoluta, al creer que por fin se iba a cumplir mi sueño, a la debacle en la que me hallaba ahora, donde todo lo había perdido. Menos a Natalia. Eso jamás. Y si ese era el precio que debía pagar, lo haría con gusto. Le di un beso en su mejilla, vi cómo se agitaba en sueños al percibirlo y me fui a trabajar.

Lo bueno del trabajo, es que consiguió que mantuviera mi mente ocupada y no recayera en mis viejos hábitos de recrear las escenas eróticas y sensuales que habíamos vivido con Marta y Pedro, durante nuestra escapada de fin de semana. La jornada así se me hizo más llevadera y tolerable. Cuando esta llegó a su fin, salí con el propósito de regresar a casa y reencontrarme con Natalia. En el móvil, no tenía noticias de Víctor y dudé si escribirle, pero al final no lo hice.

Ya en casa, me encontré con que Natalia no estaba y deduje que debía estar con el tema del trabajo. Me senté en el sofá y me dispuse a ver la tele mientras esperaba que volviese. Poco después, sentí las llaves en la cerradura anunciando su llegada.

—Hola, Luis. ¿Ya estás en casa? —preguntó desde la entrada.

—Sí. ¿Qué tal en el bar? —le pregunté desde donde estaba sentado.

Sus pasos resonaron por el pasillo y no tardó en aparecer ante mí. Verla, me impactó. Me sorprendió bastante que se hubiese arreglado con esmero para hacer aquel simple trámite. Me daba la sensación que no hacía falta tanta ostentación. Se había maquillado a conciencia y, como vestimenta, lucía una falda corta y una blusa bastante atrevida que, bajo su cazadora abierta, mostraba un escote la mar de sugerente. No sabía por qué, pero mi chica había acudido a realizar aquella gestión queriendo sentirse sexy y atractiva.

—¿Qué traes ahí? —le pregunté, señalando la bolsa que dejó sobre el sofá cuando se sentó en él junto a mí, mostrándome una porción bastante generosa de sus muslos debido a lo escueto de su falda.

—El uniforme —me aclaró mientras lo sacaba de la bolsa para mostrármelo—. Esta es la camisa que debo llevar mañana cuando vaya… ¿Qué te parece? ¿No crees que es algo pequeña? Me da que me va a ir algo justa de aquí… —dijo señalando sus tetas.

—¿No te la has probado? —le pregunté.

—No. Gonzalo me ha dicho que eran para otra chica, pero que nunca las llegó a estrenar porque lo dejó… que me la probara en casa, que creía que me serviría pero que, si no era así, que ya me pediría otra talla más grande… —me explicó Natalia mientras se colocaba la camisa por delante, como queriendo hacerse una idea de cómo le quedaría puesta.

—Pues pruébatela y así sales de dudas… —la animé, aun cuando, a simple vista, me pareció que con aquella camisa iba a marcar sus tetas de una forma brutal.

Natalia se apresuró a hacerlo. Se quitó la cazadora y la blusa que llevaba, quedando en sujetador y empezando a colocarse la camisa, abotonándola con tranquilidad mientras yo no perdía detalle de lo que hacía. Como suponía, al llegar a la altura de sus pechos, le costó sobremanera cerrar el botón que quedaba justo en medio de ellos.

—¿Qué te parece? —Me preguntó mientras se miraba el escote—. Bufff… me aprieta mucho ¿no? ¿Se me ve algo si me agacho? —me preguntó mientras se inclinaba dándome una visión espectacular de su escote.

—Bueno, la verdad es que te marca mucho, pero el escote no es para tanto… Y no, no se ve nada, cielo… —quise tranquilizarla aunque estaba seguro que iba a llamar poderosamente la atención al día siguiente en el trabajo.

—Me la pondré porque no tengo más remedio —me dijo no muy segura—, pero creo que le voy a pedir a Gonzalo una talla más… Este botón parece que vaya a saltar de un momento a otro… Menuda vergüenza si eso pasara…

—Tranquila, que eso no va a pasar… —le contesté queriendo calmarla pero sin poder dejar de imaginar esa escena: el botón saltando y mi chica mostrando sus tetas cubiertas por el sujetador a toda la clientela del bar—. Te queda muy bien y el color te favorece… Y si no te sientes cómoda con ella, pues haz lo que has dicho: pídele a Gonzalo una más grande y ya está…

—Sí, eso haré… Gracias por tu apoyo, amor… Estoy de los nervios… bufff… —resopló Natalia—. A ver cómo me va… Mañana tengo jornada hasta las cinco y estoy atacada solo de pensarlo… Menos mal que cuento con el apoyo de Alicia, que si no… Y por cierto, debo preparar unos leggins para completar el uniforme… —dijo acordándose y levantándose para ir a buscarlos. Al levantarse, aprovechó para quitarse la camisa, meterla en la bolsa y quedarse en sujetador.

Natalia se fue al dormitorio y yo me fui al baño, escuchando desde allí como trasteaba buscando los leggins que debía llevar al trabajo. Verla probándose la camisa, me produjo una ligera desazón ya que, después de mi promesa, no iba a poder disfrutar de la imagen de mi chica vestida de aquella guisa, trabajando mientras los clientes no le quitaban ojo de encima, deseando que aquel botón saltara por los aires.

—Mañana me ha dicho Gonzalo que me darán el otro uniforme, el de las tardes… que lo pediría hoy y mañana ya lo tendría… y también calzado… —me dijo Natalia desde la habitación.

Enseguida sus pasos resonaron por el pasillo e hizo su aparición en el baño. Se desmaquilló mientras la observaba en silencio. En la habitación, se había desprendido de la falda y estaba en ropa interior, no pudiendo evitar contemplar la belleza de su cuerpo.

—Ese sí que me da un poco de miedo… —me comentó—. Por lo que he visto es súper escotado y ajustado… Voy a ir casi enseñándolo todo, Luis… Solo espero no tener problemas con nadie…

—Ya verás como no… —dije abrazándola por detrás—. Todo irá bien…

—Eso espero… —dijo ladeando su cuello para que pudiera besarlo, cosa que hice al instante, mientras mis manos subían a acariciar sus pechos—. Me van a mirar mucho, cielo…

—Pues que lo hagan… ya sabes que no soy celoso… —dije sin querer insistir mucho en ello.

—Lo sé… ya sé que estas cosas te ponen… —insistió Natalia—. Pero no quiero que esto nos cause algún problema… Ya sabes…

—No lo hará… —quise tranquilizarla mientras seguía con mis toqueteos—. Las veces que he estado allí, la gente se ha comportado de forma educada y respetuosa… Que miran, pues sí, pero nada más…

—Ya… pero también aprovechan siempre que pueden para tontear con las camareras… —comentó arqueando su espalda y agarrando mi cabeza para que siguiera besando de aquella manera su cuello—. Así, amor… qué bien… Sobre todo con Alicia… —dijo mientras suspiraba al contacto de mis besos.

—Bueno… pero porqué Alicia disfruta con ello… —dije recordando a la que iba a ser su compañera—. A ella le encanta exhibirse y sentirse deseada y, si de paso se gana con ello unas buenas propinas… Ella está muy contenta trabajando allí… por lo que parece.

—Sí, es una chica muy maja… Hoy he hablado con ella otro rato y me ha explicado más cosas del trabajo… —me contó provocándome un ligero temor—. Me ha dado bastantes ánimos y es un alivio saber que vamos a ser compañeras…

No dije nada porque no quería seguir hablando de Alicia. Era una de las cosas negativas de aquel trabajo, y más ahora, que pretendía llevar una relación normal con mi chica. Me daba pánico que ella pudiera contarle que nos habíamos besado y lo que aquello provocaría con mi chica.

Seguí besando a Natalia mientras no podía evitar llevar mis manos a su culo, acordándome de forma inevitable del de Alicia, redondito y respingón. Bajé sus braguitas muslos abajo, acaricié sus nalgas desnudas y empujé levemente a Natalia haciendo que se reclinara sobre el lavabo. Fui descendiendo mientras besaba su espalda hasta llegar a su culo, besando sus nalgas y llevando mis dedos a su sexo para acariciarlo.

En ese momento, me acordé del momento en que vi a Alicia limpiando el lavabo, el día del beso. Inclinada como estaba ahora Natalia, mostrando su perfecto culo. Deseé que fuera ella la que estuviera allí, recostada y ofreciéndome sus nalgas para que las besara, las chupara y toqueteara a placer. Estaba claro que aquella chica ejercía alguna clase de influjo sobre mí, que me hacía enloquecer solo de pensar en ella como me estaba sucediendo en ese instante.

Llevado por mi calentura y con Alicia en mente, enterré mi rostro entre las nalgas de Natalia, chupando y lamiendo todo lo que encontraba a mi paso pero, para mi consternación, Natalia decidió cortar aquello por lo sano.

—Para Luis… —dijo dándose la vuelta—. Ahora no… vengo cansada y no me apetece… dame un rato y luego, si quieres, hacemos algo…

Natalia se fue, saliendo del baño y dejándome allí tirado y con un empalme brutal. No tuve más remedio que darme una ducha fría para bajar aquello y, aun así, solo lo conseguí después de hacerme una buena paja mientras pensaba en el culo de Alicia.

Cenamos, vimos la tele un rato y, cuando nos acostamos, ninguno de los dos hizo nada para reanudar lo que habíamos interrumpido en el baño. Mientras Natalia se quedaba casi al instante dormida, a mí me costó algo más. De nuevo, me volví a plantear la posibilidad de escribirle a Víctor y cerrar definitivamente aquel asunto. Pero volví a desistir de hacerlo. Estaba Natalia al lado y era demasiado arriesgado. Pero me conminé que, al día siguiente sin falta, me pondría en contacto con él y zanjar aquel tema de una vez.

Al día siguiente, después de mucho tiempo que no lo hacíamos, nos levantamos a la vez. Natalia empezaba ese día en su nuevo trabajo. Desayunamos juntos en la cocina, mientras yo trataba de apaciguar algo sus nervios, asegurándole que lo iba a hacer muy bien y quedando en que luego la llamaría para ver cómo le iba en su primer día. Me despedí de ella con un beso y me fui al trabajo.

Allí, otro día más, me enfrasqué en mi labor buscando abstraerme de todos los pensamientos y quebraderos de cabeza que últimamente asolaban mi vida; la mayoría creados por mí en mi búsqueda de realizar aquel sueño, aquella fantasía de tener otro tipo de relación con mi chica; una más abierta y liberal donde ambos pudiéramos mantener relaciones con terceras personas.

Durante la hora de la comida, vi que tenía un mensaje de mi chica donde me decía que todo iba bien. No obstante, me contó que a primera hora, fruto de los nervios, lo había pasado algo mal. Me tranquilizó saber que todo parecía ir bien y no la llamé por miedo a molestarla o ponerla nerviosa.

Solo me quedaba solucionar el tema de Víctor que, francamente, no sabía cómo abordar. Después de lo hablado con Natalia, estaba claro que aquello debía acabar. Pero mi miedo era Víctor. Temía que después de haberse acostado con mi chica no lo aceptara o, peor todavía, que siguiera en contacto con ella a mis espaldas.

Por mi mente no dejaban de sonar las palabras de Marta donde me decía que Víctor estaba muy ilusionado con Natalia y que hacía tiempo que no le veía así. ¿Se habría enamorado o encaprichado con ella? ¿Y Natalia? ¿Lo estaría ella de él? Estaba claro que, cada vez que salía a relucir en alguno de nuestros juegos, como el del sábado noche con el consolador, ella reaccionaba de una forma brutal, excitándose de una manera nunca vista por mí. Quizás ya era demasiado tarde y el mal ya estaba hecho; que llevado por mis morbos los hubiera entregado el uno al otro y ahora los dos eran incapaces de renunciar al otro.

Todo era un puto desastre y estaba claro que las cosas se habían salido de madre, escapado de mi control, si es que alguna vez lo había tenido. Pero debía intentarlo. No me quedaba otra. Y, de una manera u otra, tenía que conseguir que Víctor saliera de nuestras vidas.

La tarde se me hizo eterna y pesada y, cuando por fin conseguí salir, me dirigí al coche con el propósito de llegar a casa y estar con mi chica, saber cómo le había ido el día y olvidarme de todo y todos. Solo ella y yo. Pero las cosas siempre acaban por torcerse y a mí fue eso lo que me sucedió. El móvil empezó a sonar mientras conducía y, viendo que era un número desconocido, lo ignoré. Tres llamadas después y ante su persistencia, aparqué el coche donde pude y contesté….

—Sí… —dije de forma seca y poco amigable.

—Vaya… ¿así es como saludas a los amigos? —me dijo la inconfundible voz de Víctor.

—Ah… hola… es que no había reconocido el número y estaba conduciendo…

—Vale, vale… ahora lo entiendo… jajaja… Seguro que pensabas que quería venderte algo, eh… jajaja… —rió con ganas—. Te estoy llamando desde la empresa… Tenía un momento y quería hablar contigo, viendo que no me has dicho nada de lo del fin de semana…

—Bueno, me imagino que tus amigos algo te habrán contado, ¿no?

—Sí, pero me interesa saber tu opinión y tu punto de vista —me dijo Víctor—. Al parecer, salvo algún contratiempo, todo salió bastante bien, ¿no? La cosa, en cierto modo, avanzó…

—Sí y no… —dijo apesadumbrado—. La cosa empezó relativamente bien, con Natalia tomando la iniciativa y coqueteando con Pedro para complacerme… Follamos sin que le importara que nos escucharan. Luego salimos por ahí con tus amigos de paseo y Natalia habló a solas con Álvaro, cómo habíais planeado. Incluso vio a Pedro desnudo en el lago sin parecer molesta por ello…

—Jajaja… normal… menudo cuerpazo tiene el cabrón… —dijo con algo de envidia Víctor—. Pero, escuchándote, no veo donde está el problema…

—Espera, que hay más… —le interrumpí para seguir contándole—. Esa noche salimos de fiesta con los ellos, con los tres. En la disco le confesé que la había visto con Riqui bailando y dejándose tocar el culo…

—¿En serio? —me cortó Víctor—. ¿Tú? ¿Y cómo se lo tomó?

—Pues cómo crees… Mal… Que si lo sentía, que si el alcohol… ya sabes… Pero conseguí convencerla de que no me importó y que me gustó verla así; alentándola a que hiciera lo mismo con Pedro, cuando la sacara a bailar, y así vería que no me molestaba en absoluto…

—Joder, tío… menudo crack estás hecho… —dijo con admiración Víctor—. ¿Y funcionó…?

—Sí… Se dejó tocar y no pasó nada. Incluso yo se lo toqué a Marta y no pareció importarle…

—Espera, espera… ¿le tocaste el culo a Marta? —dijo extrañado.

—Sí y más cosas que luego te contaré… Pero, a lo que íbamos… Pedro, Marta y Álvaro salieron al aparcamiento a follar y a provocar a Natalia y nosotros lo vimos todo… Y, mientras estábamos allí, Natalia quiso sincerarse a su manera y me contó parte de lo sucedido con Riqui en el aparcamiento. Solo que, según ella, solo se dejó besar y estuvo a punto de chupársela…

—Bufff… —bufó Víctor al otro lado de la línea—. Esto cada vez se pone más interesante, Luis… Sigue contando, por favor…

—Como era de esperar, volvió a mostrarse arrepentida, a pedirme perdón; que el alcohol y la excitación de lo ocurrido aquella noche le había hecho perder la cabeza… Y yo a decirle que no pasaba nada, que la entendía, que no estaba enfadado… Total, que pareció relajarse y la acabé masturbando mientras veíamos el polvo entre Marta y Pedro…

—Jajaja… muy bien, Luis… Vas aprendiendo…. ¿Y qué más? Quiero saberlo todo, Luis… —me afanó a continuar.

—Pues ya ahí, después de unas copas más, decidimos regresar al hotel… Marta nos invitó a ir a su habitación y acabar la noche allí, pero Natalia no quiso y acabamos en la nuestra… Ahí fue cuando estrenamos el consolador que le compré…

—¿Y qué tal fue la experiencia? ¿Disfrutó nuestra chica con esa polla parecida a la mía?

—Ya lo creo… —afirmé sin poder evitar recordar cómo gozaba con el dildo clavado en su interior—. Incluso, cuando le pedí que me contara alguna experiencia suya con una polla así, se inventó una historia sobre un rollo de una noche con un hombre maduro mucho más mayor que ella y con un pollón más grande incluso que aquel consolador. ¿Te suena de algo?

—Algo sí… jajaja… Qué cabrona…

—Lo de Riqui sí, pero lo tuyo no tuvo valor para confesármelo… —dije con algo de malestar—. La cosa es que follamos usando el consolador y recreando que era otra persona… Ella me dijo que Pedro, pero estoy casi seguro que pensaba en ti y, bueno, luego hablamos… Una cosa llevó a la otra y acabó accediendo a que viniera Pedro y hacerle una mamada mientras yo miraba…

—Joder… Esto es bueno, muy bueno… Nuestra chica se está soltando a marchas forzadas… —dijo con alegría Víctor—. Esto es mucho mejor de lo que me esperaba…

—Aún no he acabado, Víctor… y ya te aviso que no te hagas ilusiones… —quise advertirle—. Pedro vino y, aunque le costó, al final acabó en la cama con él y chupándosela… y yo mirando… Pero entonces apareció Marta…

—¿Marta? ¿Y qué pintaba Marta ahí? —dijo confuso y eso me hizo creer que, si había hablado con ella, no le había contado todo lo sucedido.

—Bueno… quería estar conmigo… —dije algo cortado—. La cosa es que todo iba bien hasta que Marta quiso chupármela y Natalia, que estaba a punto de ser penetrada por Pedro, se levantó para impedirlo… Y ahí se acabó la noche… Volvió a sacar a relucir el alcohol, que todo se nos había escapado de las manos, que aquello había ido demasiado lejos… Lo de siempre…

—Bufff… pues menudo corte, ¿no? Con lo bien que parecía ir todo… —dijo sonando serio—. La verdad es que me sorprende lo de Marta… Si ella no hubiera entrado, Pedro se la hubiera follado contigo delante, ¿lo sabes, no?

—Puede… no lo sé… No sé si la echaron para atrás los celos o fue el verme allí mirándola en esa situación…

—Claro… puede ser… —dijo Víctor pensativo—. Pero, aun así, los avances son muchos y creo que, siguiendo así, dentro de nada nuestra Natalia será toda una zorrita que se dejará follar delante de ti…

—No creo que vaya a ser así…

—¿Por qué dices eso? —me preguntó algo preocupado por el tono de mi voz.

—Porque luego, al día siguiente, lo hablamos y Natalia fue tajante… no quiere que se vuelva a repetir, jamás… Que la cosa se desmadró y estuvo a punto de cometer una locura; que luego nos íbamos a arrepentir y nuestra relación salir dañada… Y lo peor, aparte del alcohol, me acuso casi de obligarla a hacer lo que hizo… Un desastre, vamos… Y, para rematar la cosa, me ha prohibido pasar por “Las Oficinas”… No me quiere por allí. Dice que la voy a poner nerviosa y tal…

—Dios… —exclamó Víctor ya claramente preocupado—. Ahora empiezo a entender tu desánimo…

—Pues ya ves… al final acabó fatal la cosa y salí de aquel hotel peor de lo que había entrado… No sé, Víctor… creo que esto no va a funcionar, que Natalia no va a cambiar y ya no sé si vale la pena seguir intentándolo… Creo que lo mejor será dejar todo esto y llevar una vida normal, como antes… —le dije planteándole ya mi decisión de cerrar aquella etapa.

—Te entiendo, Luis… Y mira que no lo comprendo… Natalia parecía decidida a sincerarse, a contártelo todo… Está arrepentida y con remordimientos. Pensé que, con un poco de ayuda y con tu colaboración, acabaría abriéndose y dejándose de tonterías…

—Pues ya ves que no ha sido así —le contesté—. Mira, yo tenía el morbo de verla con otro y ya he cumplido esa fantasía. Ahora creo que será mejor pararlo todo… Continuar, lo único de que va a servir es para dinamitar mi relación y que todo se vaya a la mierda, y yo no quiero eso…

—Ya… Yo tampoco quiero eso, Luis… Nunca he querido ser un problema para vosotros, lo sabes… Pero no es tan sencillo, Luis… —dijo serio—. No creo que sea tan fácil como dices dejarlo todo atrás y hacer como si nada hubiera pasado…

—¿Por qué lo dices? —dije siendo ahora yo el preocupado—. ¿Ha pasado algo o sabes algo? No me jodas, Víctor…

—Verás, es que el otro día no te conté todo lo que había hablado con Natalia —me contestó él—. No quería contarte esto hasta ver cómo os iba el fin de semana…

—¡¡Pero el qué!! —grité desesperado ante sus evasivas—. Se suponía que ibas a contármelo todo y ahora resulta que no es así… ¿Qué es lo que os traéis tú y Natalia a mis espaldas?

—No te pongas nervioso que tampoco es nada del otro mundo —intentó tranquilizarme Víctor—. El otro día se puso en contacto conmigo para decirme que ya le había llegado un paquete que le había enviado…

—¿Un paquete? ¿Qué paquete? —pregunté extrañado.

—Me imagino que el sábado estrenó un conjunto nuevo de lencería, ¿verdad? Pues se lo compré yo… Es lo que le había prometido a cambio del tanga que me dio el día de nuestro encuentro… —me explicó.

Yo me quedé mudo, sin saber qué decir, mientras recordaba el conjunto que llevaba aquella noche, aquel conjunto tan suave y que tan caro me había parecido. Era increíble. Víctor regalándole ropa íntima y ella aceptándola como si fuera algo normal. Si ya antes tenía la sensación que todo aquello se me había escapado de las manos, esa revelación confirmaba mis sospechas.

—Aproveché la llamada para insistir en que debía hablar contigo, contarte lo ocurrido y asegurarle que no creía que fueras a montar ningún drama por ello —siguió hablando Víctor ante mi silencio—. Pero ella no parecía estar por la labor… Me dijo que no te lo podía contar, que tenía que seguir siendo un secreto entre los dos y que lo ocurrido solo fue un calentón que se le fue de las manos…

De nuevo se hizo el silencio entre los dos mientras yo trataba de asimilar lo que acababa de contarme, pensando en si me estaba contando toda la verdad o solo lo que a él le interesaba.

—Y me imagino que debió enviarte una foto con él puesto ¿no? —dije rompiendo el silencio y cayendo en la cuenta que, con el rollo que ellos se llevaban, solo se hubiera conformado con llamarlo para agradecerle el regalo y avisarle de su llegada.

—Sí… —respondió Víctor confirmando mis sospechas—. Pero tampoco creo que sea para tanto, Luis… No te dije nada, porque pensé que te gustaría que lo hiciera; que tu chica vistiera la ropa que yo le había comprado… pensé que te excitaría…

—Pues ya ves que no… —dije enfadado—. ¿Pero sabes lo que más me jode, Víctor? ¡Las mentiras! Me has mentido. Has roto la confianza que tenía en ti y ahora ya no puedo creerte, porque ya no sé si me dices toda la verdad o estás jugando a dos bandas…

—Luis, no te enfades… Nunca te he mentido… Solo no te conté esto, porque me pareció una buena idea esperar a cuando regresaras, y así decirte que el conjunto de lencería con el que Natalia te había sorprendido, era cosa mía… No era un engaño, sino un sorpresa —me respondió algo alterado—. No creí que te lo tomarías así…

—¿Y cómo quieres que me tome? —dije con rabia—. Habláis por detrás; montáis planes de los que no sé nada; os hacéis regalitos y, por si no fuera poco, os mandáis fotos sugerentes… ¿Qué pensarías tú en mi lugar?

—Ya… si te entiendo y comprendo tu reacción, pero te aseguro que solo fue eso… un regalo por el tanga que me dio. Y lo de la foto… pues yo que sé, una forma de mostrarme lo bien que le quedaba y ya está… Yo no se la pedí, que te quede claro… No sé, quizás le daría morbo que la viera así… —se excusó Víctor—. Y para que veas que no tengo ningún problema ni te oculto nada, te la envío para que la veas tú mismo…

Al instante, mi móvil vibró y vi que me había llegado por whatsapp la foto que Natalia le había enviado. Una foto de ella con el conjunto que él le había regalado hecha a través del reflejo del espejo de nuestro baño. Verla sonriente mientras posaba para él, hizo aumentar mi enfado y mi sensación de decepción ante ellos dos.

—¿Luis? —preguntó Víctor ante el silencio que se había hecho mientras contemplaba la foto—. ¿Estás ahí?

No podía hablar, no me salían las palabras. ¿Qué podía decir? Me sentía engañado, estafado y muy defraudado con ellos aunque, especialmente, con mi chica. La misma que me había dicho que no quería aquello para nosotros, la que no quería hacerme daño, la que no quería poner en riesgo nuestra relación…

Y ahí estaba, mandándole una foto a su amante con la lencería que él mismo le había regalado.

—¿Luis? Di algo, por dios… Me estás empezando a preocupar… —dijo Víctor algo angustiado ante la falta de respuesta.

Colgué. Era inútil decir nada. No quería saber nada más de él ni de aquel embrollo en el que me había metido por culpa de mis morbos y fantasías. Lo único que me habían traído eran problemas y quebraderos de cabeza, y ya no podía seguir así. Si Natalia no quería aquel tipo de vida, pues yo tampoco.

Pero, ¿podía confiar en que mi chica mantuviera su palabra y no pretendiera seguir como hasta ahora, manteniéndose en contacto con Víctor y llevando esa doble vida a mis espaldas? No podía estar seguro pero no me quedaba otra que confiar en ella, en su palabra. Una relación sin confianza está abocada al fracaso y, si ese era el camino que quería seguir Natalia, pues poco podía hacer para evitarlo. Y, aunque me doliese sobremanera, si ese era el tipo de relación que quería mi chica, yo no estaba dispuesto a ello.

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