ESTRELLADELASNIEVES & PARALAALEGRÍA

Sonó el timbre de la puerta, abrí los ojos de golpe, como si se tratase de una gran hecatombe, me había quedado dormido por completo.

–  ¡Tu padre!   -Cristina saltó de la cama como si la hubieran pinchado y desnudos como estábamos, el olor a sexo invadía la habitación–,  abre tú mientras yo me visto.

–  ¡Voy!   – grité intentando ser convincente para aquellos que estaban en la otra punta de la casa, había sido una noche tan intensa que mi cuerpo pedía a gritos, descanso.

Mientras Cristina entraba en la ducha salí corriendo al mismo tiempo que con movimientos torpes me colocaba unos pantalones cortos.

–  Buenos días hijo,   -mi padre sonrío dándose cuenta que me había cogido el toro por haberme dormido o bien porque imaginaba que había tenido una noche toledana, y no se equivocaba en nada.

–  Buenos días padre, pase, lo siento pero me dormí, ¿Paco?   – pregunté mirando por encima de su hombro sin descubrir a nadie.

–  Está esperándonos en el coche.

–  Tome asiento, no tardo nada. Voy a buscarlo y nos tomamos un café antes de salir.

Dejé a mi padre en la puerta y fui corriendo a buscar a mi amigo, Paco; lo encontré apoyado en la puerta del coche, revisando de forma incansable su teléfono, iba con sus eternos tejanos y camisa blanca, resaltando su perfecto moreno de albañil.

–  ¡Paco!, entra a tomarte un café, antes de irnos.   -le grité antes de llegar a su altura.

–  No me jodas que te has dormido hoy también.

–  Lo siento, nos acostamos tarde y ni me he enterado de la alarma del móvil.

Al entrar en casa encontré a mi padre sentado en la cocina y a Cristina que se había duchado a velocidad de vértigo con su camiseta mojada por no haberse secado por completo, le daba un aire de princesa de las tinieblas.  Por suerte se había colocado sujetador, si no hubiera sido así, sin duda se le hubieran marcado los pezones, mantenía su pelo enrollado en una toalla rosa. ¡Dios!, aun con ropa de estar por casa no dejaba de estar preciosa, y vi que Paco opinaba igual que yo pues los ojos se le iluminaron.

–  Buenos días guapa

–  Hola Paco, cuánto tiempo sin verte, te haces de rogar para que nos visites.

–  Ya sabes, la falta de tiempo.

–  Será eso,   -y una dulce sonrisa iluminó su rostro.

Cristina lo abrazo para darle dos besos;    _“supongo que no te importaría verme con Paco; porque en eso se basa todo esto, tú disfrutas con mi amiga y yo con tu amigo”_,   no pude evitar traer su terrorífica frase a mi mente mientras las manos de Paco cogieron su cintura, la cosa más normal para mí tomaba en ese momento un significado muy distinto, no había nada nuevo en sus comportamientos, y sin embargo yo no dejaba de magnificar hasta el más absurdo movimiento;    _” se ve que tiene una buena herramienta”_

–  ¿Un café?

–  Venga.

–  Me doy una ducha rápida y nos vamos.   -les dije, dejándolos en la cocina.

Egoístamente por mi parte, agradecí que estuviera mi padre presente en ese momento, aun sabiendo que era una estupidez más, por mi parte, me sentí mejor.

Todo era lo más normal y no hubo nada que me indicara que el trato de Cristina con Paco fuera diferente al de otros días, pero cada vez crecía algo dentro de mí que me angustiaba al llegar a cuestionarme hasta el más pequeño detalle entre ellos. Y quizá por ello,  apuré la ducha para salir cuanto antes del cieno en el que me estaba metiendo. Al entrar en mi habitación donde Cristina se estaba cambiando, volví a descubrir sus pechos libres, la mágica bailarina disfrutaba de un sensual movimiento mientras se ajustaba las mallas de deporte.

–  Nos vemos en casa de tus padres.

–  ¿Sales a correr?

–  Si, necesito estirar las piernas, date prisa y no hagas esperar a tu padre.

–  Voy tarde por tu culpa.  Si no me dejas dormir qué culpa tengo yo de mi despiste.  – le dije agarrando sus duras nalgas.  

–  ¿Seguro que yo soy la culpable?   – preguntó metiendo la mano entre la toalla que estaba enredada en mi cintura, sus dedos acariciaron mis huevos de forma desvergonzada-,    ¿o fue ver cómo Lola me comía el coño para terminar follándome como un toro al llegar a casa?, casi me violas.   -su mano comenzó una dulce masturbación-,   esta noche quiero que me vuelvas a follar igual que anoche.

–  Si sigues así, será imposible que salga de esta habitación.  

Mi cuerpo estaba hirviendo por la calentura que había cogido entre unos y otros, o simplemente por mí mismo, y así seguía a esas horas de la mañana.

 La noche había sido una locura pues al entrar en casa comenzamos a besarnos como si se nos fuera la vida en ello, pero no eran besos de amor ni de marido y mujer, no. Habían pasado pocas horas y en ese momento, con la visita a escasos metros aquello era distinto ya que en mitad del cuarto Cristina rompió todos los tabús cuando decidió arrodillarse y bajar mis pantalones con tanta fuerza que llegó a hacerme daño en la verga por lo dura que estaba.  

No existieron palabras dulces ni de ninguna otra clase, no hacían falta, actuábamos como animales en celo hasta que vio que si seguía por aquel camino me correría, y con una cara de maldad que asustaba o enloquecía, se levantó para bajarse las mallas, se apoyó en la pared ofreciendo sus nalgas, su mirada lo decía todo y por eso me enterré en ella, su cuerpo se echaba de forma graciosa hacia atrás para ser ella misma la que imprimiese el ritmo; una mano en su cadera y la otra en su pelo suelto hacían lo necesario para que mi escroto golpeara con fuerza sus nalgas, giró su cara sonriente, cara de puta, Cristina, mi mujer, se había quedado en la puerta, aquella era otra persona diferente, una desconocida para mí, la morbosidad de su cara encendía mi cuerpo, solo quería follarla con todas mis fuerzas;    _puta, zorra, guarra_,   la parte más oscura de mi la insultaba, quería doblegar su cuerpo a golpes de cadera, como si con eso hiciera que se diera cuenta que no hacía falta más personas, que nosotros dos éramos más que suficientes.

La noche continuó en el dormitorio, parecía que nos habían embrujado, hasta bien entrada la madrugada donde dos cuerpos sudados quedaron tendidos, extenuados de sexo. Qué sentido tenía lo que estábamos haciendo a escasos metros de mi padre y de Paco, ¿era yo el protagonista de sus sueños, o acaso lo era Paco a tan pocos metros de ella? No lo sé, el cambio de la noche al día y del día al presente fue brutal, mi ánimo cambio, como lo hizo mi polla al dejar de sentir placer, y para terminar de matar mi dolorida lívido sus palabras me sonaban cortantes aunque estoy seguro que no lo fueron

–  Anda vístete.   – dijo liberando mi verga-,   por cierto, he quedado con Gema en los Cármenes, ya te contare…,   ¿porque quieres saber lo que pasó, verdad?.   – dijo rematando su frase aderezada con risa de buscona, se dio media vuelta para coger el sujetador deportivo que estaba tendido en la cama.  

–  Eres muy mala.   -le contesté dándole un manotazo en sus nalgas.

–  Y esto sólo es el principio.   -sentenció.

La mañana pasó mirando tabiques, techos y suelos, como había dicho mi padre la pared de la que me habló sostenía el piso superior y tirarla podría ser un peligro.

–  ¿Te vienes a comer Paco?   -preguntó mi padre cuando ya estábamos de vuelta en Granada.

–  Gracias, Pedro, pero hoy como con unas madrileñas.

–  Haber cuando sientas la cabeza muchacho que ya no eres un crío para ir de flor en flor.

Qué raros somos los humanos, en ese momento sentía envidia de Paco, aquella confianza que tenía con mi padre era tan especial, que a veces dudaba de poder conseguir que mi padre me viera de la misma forma.

–  No valgo para tener una novia, para mirar siempre la misma cara, las mismas conversaciones, los mismos miedos e inquietudes, eso lo dejo para otros, ¿aguantar cada día a la misma?, ni loco Pedro, no soy como tu hijo, ¡ojo!, que lo respeto, ¿pero sabes la cantidad de mujeres casadas que buscan fuera del matrimonio lo que no tienen dentro?, No te lo tomes como algo personal, no quiero decir que Cristina…   -Paco se giró para mirarme-,   ya me entiendes amigo.   -Lo mire guiñándole un ojo, con eso teníamos bastante para evitar equívocos,  ” se ve que tiene una buena herramienta”,  odiaba todo aquello, quería volver a hablar con mi amigo sin tener que medir mis palabras.

–  Anda, anda, exagerado, si buscan fuera de casa es porque dentro no la atienden, mira mi hijo, diez años de matrimonio y míralos, como el primer día, ¿o no es así, Marcos?

Supongo que no te importaría verme con Paco”,    el sol se nubló especialmente para mí, miré a mi padre a través del retrovisor teniendo claro que esperaba una respuesta, él no era consciente del nudo que apretaba mi nuez, impidiendo que el oxigeno llegara al cerebro, y comencé a contar mentalmente uno, dos, tres segundos.

–  A mí no me metáis en vuestras divagaciones, además, Paco ya es mayorcito para que yo le dé lecciones.   -Salvé el obstáculo a última hora, mi padre sonrío satisfecho por mi respuesta;    “– Si tú supieras_”,    pensé.

Paco se bajó a una manzana de casa de mis padres, sinceramente, lo agradecí. Al entrar, un fogonazo de felicidad me llenó por completo, Cristina estaba ayudando a poner la mesa junto a mi prima, la Cristina que la noche anterior se había abierto de piernas para que una desconocida, una puta, le comiera el coño, la Cristina que deseaba dar un giro a nuestra vida, esa misma se comportaba como la mujer perfecta, otro momento de mi vida que quería guardar, retenerlo como el mayor de mis tesoros.

–  ¿No quieres saber lo que me ha dicho Gema?   -el momento duró hasta los cafés, volvía su cara de chica mala, más de puta que de chica mala, últimamente era lo que pensaba cuando hablaba de aquella manera.

–  Se lo ha follado seguro   -contesté bajando la voz, quise seguirle el juego.

–  Ni te lo imaginas, se montó un trío con los dos en el hotel.

La conversación quedo ahí, pues el marido de mi prima volvió del lavabo y mi prima apareció con la cafetera en la mano, por suerte mi padre se había quedado dormido en el sofá como era de esperar, fiel a su costumbre.

–  Le prometí a Lucas visitar la Alhambra, ¿os apuntáis?   -Le preguntó Sara a Cristina, aunque sonaba más a ruego que a otra cosa.

–  ¿Mañana?

–  Cuando os vaya bien.

–  Saaaara, por favor, que tendrán cosas qué hacer, no podemos disponer de su tiempo como si fuera nuestro. No os preocupéis, si podéis venir, estupendo, y si no fuera así, pues no pasa nada,   -dijo Lucas.

–  No, no, podemos ir pasado mañana, es que hoy he visto a una amiga que hacía tiempo que no veía y hemos quedado para mañana, pero vaya pasado mañana si queréis podemos quedar, sin problema por nuestra parte.

– Pues no se hable más, en eso quedamos.

Estaba deseando salir de casa de mis padres para que me pusiera al día sobre el tema que me tenía en ascuas, estaba seguro que esa amiga no era otra que Gema, ¿qué habría pasado entre ella y los catalanes?

–  ¿Me vas a decir que está pasando o me lo tengo que imaginar?,   – le pregunté nada más cerrar la puerta de la casa de mis padres.

–  Me sabe mal, perdóname, cariño, pero hemos quedado con Gema, Inés y Pedro para visitar Sierra Nevada. No he podido decírtelo antes…  – me dijo poniendo cara de cordero degollado.  

–  No pasa nada, no te preocupes, ¿pero qué ha pasado con Gema?   -entendía que no podía habérmelo dicho delante de mi familia, pero el supuesto trío de Pedro, Inés y Gema no me daba buena sensación.

–  ¿Estás seguro que quieres saberlo?

–  ¡Joder Cristina!, me tienes de los nervios, ¿me lo vas a decir de una puñetera vez?, joder, no creo que sea idiota para no entenderlo, ¡hostia!   -me estaba cansando de su jueguecito, vamos, que me estaba comenzando a cabrear.

–  Te pones muy idiota, ¿lo sabías?,   -ahora resulta que era ella la que se enojaba.

–  ¡Coño!, estás que si te lo digo, que si no, que si ahora adivínalo, por favor, ¿se la folló o no?, con eso me conformo, no creo que sea tan difícil

……Tus besos saben tan amargos….

…..cuando te ensucias los labios…

…..con mentiras otra vez….

La canción de Malú llenó el habitáculo nada más arrancar.

–  Se la folló, ayer…   – soltó de improvisto.

–  Joder con el abuelo,   -ahora era yo el que me quedaba con la boca abierta y mira que era lo que me esperaba.

–  Después de dejarme se fueron a comer, Pedro se sentó a su lado e Inés enfrente, las miradas entre el matrimonio daban a entender que estaban de acuerdo en todo.

–  O sea, que son de esos que les va lo de intercambios   -entendía que aquel matrimonio les fuera ese rollo pero lo de Gema, con ese cuerpazo, que podía tener tantos tíos como le diera la gana, no sé qué le atraía o qué veía en Pedro, quitando la polla que calzaba claro.

–  Ya te lo dije, se les notaba mucha seguridad, y su forma de ser se veía que para ellos era todo tan normal.

–  ¿Normal?, no sé qué ves de normal en todo esto, lo que pasa es que Gema es una zorra, eso sí que es normal; normal sería estar con tu pareja, almorzar juntos, ducharse juntos, si es lo que te place, y hacer el amor hasta hartarte; eso es normal y no andar follando con uno y otro.

–  Te presentas como un abuelo, parece mentira que tengas treinta y cinco años, cualquiera que te oiga hablar pensará que estás más cerca de los sesenta.   -dijo con desprecio o indiferencia.

–  Noooo, tú mira a tu alrededor y dime la gente que va follando con desconocidos.

–  A mi me da igual lo que hagan los demás, como tampoco sé a cuántos de ellos le comieron la polla en el coche mientras su mujer estaba al lado, mirando.  Y si encima permite que la misma zorra le coma el coño a su mujer, que la trate de puta, zorra y guarra en sus narices, y se corre mientras una desconocida está entre sus piernas, ¡joder!…, muy normal no es.   -aquello había sido un golpe bajo y juro por Dios que lo acusé. No sé qué expresión tuve que poner porque ella de inmediato comenzó a acariciar mis piernas con toda la dulzura del mundo, dándome a entender que aquello no era un reproche; una sonrisa dulce aunque en exceso forzada, intentaba apaciguar los demonios que me empezaban a mortificar.

–  Eso es distinto,   -atiné a decir aún confundido por la respuesta de ella-.    _”¿te gusta zorra?, eres una guarra, zorra, cerda_,    la imagen de Lola tratando a mi mujer de aquella manera tan obscena se revolvían  en mi interior;   _ culpable_  grité hacia mis adentros.

–  Claro, eso es distinto porque el hombre al que le comieron la polla eres tú, no te lo echo a la cara, Marcos, en serio, al revés, es todo lo contrario,  lo disfruté de una manera que ni te lo puedes imaginar; cariño, no le des tantas vueltas, Gema no le hace daño a nadie, bueno, no sé si sus parejas consienten o no, pero ella siempre dice que lo asumen, yo no entro en si es lógico o deja de serlo, ella vive su vida como nosotros la nuestra.   -Cristina movía sus dedos en mi pierna de forma traviesa–    si te apetece podíamos quedar con ellos esta noche.  

–  ¿Con Pedro e Inés?   -pregunté de forma vacilante.

–  Y con Gema, los podemos llevar al Nazarí.

–  ¿Dónde me estás metiendo Cristina?, estoy noqueado, no paras de empujarme al abismo y lo que es más triste, parece que disfrutas con ello.

–  No empieces, Marcos.   -mi pierna se sintió huérfana cuando dejó de sentir sus dedos–   le das vueltas a todo, relájate y no pienses tanto en el mañana y disfruta el presente que se nos escapa entre los dedos; sí, ayer Gema se lo folló, bueno más bien el a ella, ¿y por eso no podemos quedar con ellos para echar unas risas?

–  Tú sabes que no voy por ahí, que no son esos mis miedos, no me tomes por tonto, Cristina.  Mira, dejémonos de juegos, estoy tan desconcertado que lo que te voy a preguntar me hace daño sólo imaginarlo no te quiero decir, hablarlo,  acaso, ¿te gustaría follar con Pedro?, y no me vengas con rodeos ni gilipolleces, te conozco, aunque estos últimos días me has sorprendido.   -la mire no con fuerza pero sí seguro, estaba hasta las narices de andar con rodeos desde hacía algún tiempo–,   si es eso dilo, por favor, no soporto más esta incertidumbre.   -Cristina se quedó mirando a través de su ventanilla, como si no se atreviera a mirarme directamente. Aquellos segundos parecían horas, llegaba el momento de su confesión.

–  Te juro que yo nunca haré nada que te dañe, para mí tú eres y serás siempre lo más importante en mi vida, así que contestando a tu pregunta te digo que sólo si tú lo apruebas, si no estuviéramos juntos, si no fueras lo más importante para mí, ayer mismo me lo hubiera follado.   Su confesión caía como puñetazos directos a mi mandíbula-.   No preguntes el porqué, aparte de tener una de las pollas más grandes que he visto, además tiene algo sumamente extraño que me atrae sin conocer dónde está la causa, tanto él como ella tienen ese don que te hacen vulnerable, sin darte cuenta vas cayendo en sus garras, así me encuentro al lado de ellos.

–  ¿Qué pasó ayer Cristina?, dime, pasó algo, ¿verdad?    -el corazón me latía con tanta fuerza que me hacía daño;    _no quiero oírlo_,  grité para mis adentros, si solo lo imaginaba podía aguantarlo, pero si era verdad me destrozaría, ¿y si era verdad?.

–  Sí,….  -otro golpe y caería a la lona noqueado, un sudor frío nació en el cogote, apoderándose de mí–    No me lo follé Marcos, te lo juro.   – terminó la frase sin mirarme.

–  ¿Entonces?, ¿de qué va todo esto?   -el claxon de un coche me asustó, me acababa de saltar un semáforo en rojo.  

–  Tranquilízate,  Marcos, ¡por Dios!, que nos vamos a matar.   -Cristina había puesto las manos en el salpicadero en un acto reflejo.

–  ¿Qué me tranquilice?, dime cómo puedo hacerlo   -conducía sin ver, tan solo se reproducía de forma continua en mi mente la imagen de mi mujer siendo follada por Pedro-   ¿Qué pasó ayer, Cristina?, y no me vengas con que me tranquilice.

–  Tira para el mirador de San Miguel, que está más cerca que nuestra casa, prefiero decírtelo con el coche parado, no nos hemos matado de milagro.

–  Pero…

–  ¡No!, cuando lleguemos hablamos, estamos justo al lado.

Los cinco minutos del trayecto se hicieron eternos, pasaba de la ira a la pena en segundos, quería chillar, llorar, correr sin mirar atrás, y una parte de mí quería claudicar, tirarlo todo a la basura, estaba a punto de desfallecer, quizás si dejaba salir mis lágrimas conseguiría romper con el muro que me impedía entenderla.

–  ¿Qué pasó?   -volví a preguntar una vez que apagué el motor, sobre Granada se estaba poniendo el sol, era una hermosa vista, demasiado para aquel momento.

–  Te lo cuento, pero no te alteres.   -su mano volvió a mi pierna, me sentí incómodo y por ello la aparté–.   Cuando te fuiste, Pedro me preguntó qué te había pasado, Gema e Inés estaban nadando, mientras me hablaba sus ojos recorrían mi cuerpo, te juro que sentía su mirada como si fueran dedos.   “_ espero no haber hecho nada que ofendiera a tu marido”,   me dijo al tiempo que se levantaba de la toalla, cogió dos cervezas, se agachó nuevamente delante de mí.

–  No, -le contesté-, y al mismo tiempo tuve que tragar saliva para que me salieran las palabras, era pura morbosidad, él miró por encima del hombro dándome tiempo para poder ver nuevamente su verga, ¡joder Marcos!, me entraron ganas de estirar la mano para coger aquel trozo de carne, se sentó a mi lado, le dábamos la espalda al mar, su cuerpo se pegó al mío, desde el agua sólo nos podían ver la espalda, olía la crema de su cuerpo cuando su mano se posó sobre mi pierna.

_  Me gusta ese tatuaje.    

_  Gracias -le dije-, aunque más bien le contesté como una niña pequeña e indefensa pues sus dedos hacían círculos en el interior de mis piernas, deseaba que subieran y al momento lo contrario, quería levantarme e irme, pero al momento quería que continuara un poco más, sus dedos subían despacio dándose su tiempo y estando al alcance de mi ingle, llamaban a las puertas de mi entrepierna,  y su voz me sacó del ensimismamiento en el que me encontraba.  

–  Inés y yo vivimos un estilo de vida diferente, ella disfruta de mi felicidad y yo de la suya, te puedo asegurar que nos queremos más de lo que te puedas imaginar porque lo primero siempre somos nosotros, si alguno se siente incómodo, esto se para, se interrumpe o deja de producirse, y una de las premisas principales es que nos respetamos,  no vamos rompiendo matrimonios.

–  Lo entiendo, -respondí- pero lo único cierto es que no conseguía centrar mi mente, sólo notaba como su mano iba acercándose peligrosamente a mi coño, absorbía todas mi fuerzas que en ese momento eran pocas.

–  No, no lo entiendes,  dijo acercando su boca a mi oído con su voz aterciopelada mientras acariciaba mi lóbulo, me estremecía, mis temblores debían de percibirse a la fuerza por eso no supe reaccionar cuando al mismo tiempo que me dijo   “tú no sabes que estás haciendo”,  sus dedos encontraron mi coño.

–  No me lo puedo creer   -hasta ese momento la había estado escuchando sin decir nada, reproduciendo las palabras de Cristina en mi cabeza, pero aquello ya era mucho para un solo trago y me ahogaba, necesitaba el aire y no podía gritar. Abrí la puerta del coche y comencé a vomitar, no quedó nada por echar de mi cuerpo, todo estaba ahora en la tierra, hasta mi alma.

–  Sí, deja que te cuente todo, no quiero que te imagines cosas que no son,  por favor, necesito contártelo   -Pasados unos minutos, Cristina me besó dulcemente en los labios, no supe apartarlos porque no era capaz de reaccionar y al final sentí asco de mí mismo y de ella. Y tenía razón, tenía que saber lo que ocurrió aunque de sobra sabía que algo nuevo empezaba en nuestras vidas, el tiempo diría si conseguiría encajar cada golpe sin caer al precipicio, porque aquello cada vez se parecía más a un salto al vacío.

–  Te juro que al sentir sus dedos,    -Cristina siguió hablándole a través del cristal como si se lo estuviera contando al anochecer de Granada–   con solo eso notaba que me ponía a mil, mi corazón parecía salir del pecho ¡uf!, era tan excitante. “Vamos al agua,  ya te he dicho que yo no rompo matrimonios”,   me dijo al ver mi cara de sorpresa, se levantó y me dio la mano con la que me había estado tocando el coño para ayudarme a levantar, hasta eso fue tremendamente morboso, aquellos dedos impregnados por mi olor.  Y eso es todo lo que pasó entre Pedro y yo.

–  ¿Te dejaste meter mano por un extraño?   -le pregunté intentando mantener los nervios y la cordura-,  así de fácil, te abriste de piernas para que…,   -me detuve intentando medir las palabras.

–  Si, ya te he dicho que porque…

–  Porque estás conmigo, ya, ¿y ahora qué toca?, ¿aplaudirte?, ¿darte mis bendiciones?, porque si te soy sincero estoy tan perdido, que te juro que estoy por…   – otra vez los demonios querían tomar la palabra.

–  ¿Estás por…?.   -Cristina se comportaba como un tiburón cuando huele la sangre- Ayer me comió el coño una puta, y no pareces muy afectado por eso.

–  Otra vez, y otra vez con la dichosa puta, ¡joder! ¡Supongo que caí como un gilipollas en TU trampa!.

–  ¡Sí!, la dichosa puta que nos hizo correr a ambos, ¿cuál es la diferencia?, te lo estoy contando ¿no?  Todo surgió, Marcos, te juro por lo más sagrado que nunca lo planee, surgió y lo disfrutamos.

–  Sí, me lo cuentas, pero ¿por qué no me lo dijiste ayer?

–  Bastante bronca tuvimos; no, ayer quería terminar el día sin más gritos, no me comporté bien y me arrepiento.

–   ¿Te arrepientes de que?, ¿de lo que pasó con Gema o de que Pedro te metiera tres dedos en el coño? ¿O te arrepientes de no haberlo hecho?

–   De lo de Gema, y de que no estuvieras cuando Pedro…

–   ¿Qué quieres que diga?, ¿te hubiera gustado dejar que Pedro hiciera contigo lo que quisiera delante de mí?

–   Ojalá hubieras estado, lo hubiéramos disfrutado juntos, igual que ayer con Lola, ¿o no fue eso lo que ocurrió?

–  ¿No pasó nada más?   -las tripas se retorcieron en mi interior; un extraño había jugado con su coño y yo simplemente preguntaba si no había pasado nada más, ¡Dios!, estaba andando sobre el filo de una navaja y no me daba cuenta que eso podía significar mi perdición.

–  Te lo juro por lo más sagrado, no volvió a hacer ningún intento de querer hacer algo más conmigo, y te puedo asegurar que me dejo caliente como a una perra; alguna mirada pero cuando entramos al agua me dejó de lado, se juntó con Gema e Inés, y me sentí como una cría castigada a la hora del patio, una parte de mi quería que volviera a tocarme, ¡joder!, necesitaba sentir sus dedos de nuevo en mi coño, que me hubiera dejado tocarle la polla, allí en medio se la hubiera mamado.   -Cristina seguía sin mirarme, se lo contaba a ella misma, sé que en aquel momento se había olvidado que su marido estaba a su lado, sus manos se movían nerviosas frotando sus piernas.

–  ¿Nos vamos?,   -le pregunté sintiéndome vacío, no sabía qué hacer ni qué decir; me lo había confesado y en ese punto sólo tenía dos opciones: irme de casa, o intentar llevarlo lo mejor posible, ser un maldito consentidor    _ ” yo no rompo matrimonios”_,  le había dicho Pedro, eso aún me daba esperanzas, si hubiera sido otro seguro que no se hubiera comportado de esa manera, conocía a Cristina para saber que cuando se ponía cachonda no tenía medida, lo único es que hasta ese momento, había sido yo el único que conseguía llevarla a ese estado–   ¿Desde cuándo?   -le pregunté con toda la normalidad que en ese momento podía–   ¿desde cuándo tienes esas fantasías?

–  No lo sé, pero hace tiempo que bueno, no sé, oyes cosas por un lado, hablas por otro, y vas creando sueños y fantasías, te imaginaba follando con Gema, luego cuando te encontraste con Laura, me masturbé pensando que te la follabas en nuestra cama y yo estaba con vosotros.  ¿Quieres que quedemos esta noche?   -sus ojos rogaban, suplicaban por qué yo lo aceptará, pero ante esa pregunta no supe reaccionar y bien fácil era decir sí o no, respondí con otra pregunta

–  ¿Qué pasará si vamos?

–  Nada que tú no quieras, nada que no queramos los dos, te lo juro.

–  ¿Sabes lo que me estás pidiendo?

–  Te pido que disfrutemos juntos, que no pongas barreras, juntos como siempre lo hemos hecho, es mi mayor ilusión y mi mayor deseo, la liberación total. Hacemos una cosa, vamos y nos tomamos una copa y ya está.

–  ¿Y cómo miró a la cara a Pedro?, ¡joder que te ha metido tres dedos en el coño!

–  Te puedo asegurar que él no te va hacer sentir incómodo, no es de esos, para ellos es lo más normal del mundo, Inés seguro que sabe de sobra lo que hizo su marido, es más, si se ha follado a Gema, para ellos no significa nada más que sexo, se aman tanto o más que tú y yo.

–  Una copa.

–  Vale   -sus ojos se encendieron como una niña el día de reyes.

–  Cristina, una copa.   -remarqué las palabras asegurándome de que me había oído y entendido.

Pero Cristina ignoró mi última frase, encendió el teléfono proyectando la luz de éste en su cara, y supe que ella no buscaba una copa más sino embriagarse hasta perder el conocimiento por el puro placer de sentirse deseada.

–  Ya se lo he dicho, en una hora en el Duende.

En el trayecto a casa mi estómago se revolvía, nuevamente; los nervios se iban acumulando,    _una parte de mi quería que volviera a tocarme, ¡joder!, necesitaba sentir sus dedos de nuevo en mi coño_ ,   la miraba de reojo recordando sus palabras, la quería tanto que hubiera hecho cualquier cosa por ella.    _ no rompemos matrimonios_.   ¿Cómo me podía tomar aquellas palabras después de saber que él la deseaba y que para ello la había llegado a masturbar como a una cualquiera?,    _igual que ayer, ¿o no lo disfrutaste?._,    Lola volvía a aparecer, la veía agachada con mi polla en su boca y Cristina a mi lado, besándonos, compartiendo ese momento.

–   ¿Qué quieres que diga?, ¿te hubiera gustado dejar que Pedro hiciera contigo lo que quisiera delante de mí?

–   Ojalá hubieras estado, lo hubiéramos disfrutado juntos, igual que ayer, ¿o no lo disfrutaste?

…..Eres para mí como agua clara

…..que corre hacia mi corazón como un río

…….. Que nace y muere en el fondo del mar

Sonaba la música tomando el caos de mi mente, llevándome hacia aquel intervalo de sentimientos.

…..Eres para mí como la luna…

….. Desnuda ante la noche….

…..Guiando mis pasos…

…….Hasta el amanecer.

Final del capítulo V

continuará

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