BAJOLASSÁBANAS

Capítulo 3 La ceguera

Oí voces procedentes de otra habitación, mis riñones estaban doloridos por culpa de un viejo colchón puesto directamente en el suelo, una silla con mi ropa doblada era el único mobiliario que disponía, por una sucia ventana entraba el sol iluminando unas paredes limpias de cualquier objeto decorativo.

Al salir descubrí la amplitud de la casa, era muy antigua la cual habría sido el hogar de una familia pudiente, necesitaba un analgésico urgentemente la cabeza me estaba matando, podía percibir que las voces procedían de la otra punta de la casa; me urgía encontrar la habitación de la noche anterior para poder recuperar mi móvil.

Recordé que Vanesa lo cogió , recordaba todo lo ocurrido; Vanesa se había enrollado con Sebastián delante mío…las insinuaciones de esta para que me uniera…me quede mirando…luego la cerveza…y hasta ahí llegaban mis recuerdos, el paso de la habitación a la cama donde había amanecido quedaba en una espesa nube, decidí ir en busca de mi móvil, escuché a Vanesa que hablaba con una mujer con acento inglés, aunque dominaba bastante el castellano, parecía una conversación muy amena.

– ¡Hola!, cómo has dormido! .-Dijo al verme salir al patio, su amiga se quedó mirándome, tenían una taza en la mano y un cigarro el cual compartían las dos.

– Buenos días.- Dije un poco cortado por la presencia de la extraña.-Bien, un poco duro el colchón.- Dije intentando ser gracioso a la vez que me acercaba a ellas.

– Ella es Sara, una amiga.

Sara se levantó para darme dos besos.- Su perfume me cautivó, fresco y juvenil.

– Sabes por dónde anda mi móvil?.

– Está en la sala, encima de la mesita.- Dijo Vanesa riéndose del estado en el cual acabé la noche. – Espera te acompaño, no quiero que te pierdas.

Llevaba las mismas mayas que la noche anterior, a la luz aquellas caderas eran más peligrosas si cabe, desprendía olor a champú, la seguí sin descuidar sus piernas, al entrar en la sala.

– ¡Oye! – Dije sujetándola por el brazo haciendo que se girara. – Siento si anoche…no estoy acostumbrado a fumar…

– Tranquilo. – Puso sus manos sobre mis pómulos. – No tienes que darme explicaciones.- Acto seguido posó sus labios en mi mejilla prolongando un beso, en cualquier momento podría haberlo definido hasta maternal pero visto lo de la noche anterior era sensual sin ser provocador.- Además creo que te mereces un descanso.

Alargó la mano entregándome mi teléfono, como un acto de reflejo quise revisarlo descubriendo que se había descargado.

– Si quieres te dejo un cargador.- Me dijo notando mi impaciencia.

Mientras mi teléfono estaba cargándose acompañe a Vanesa con una taza de café, nos sentamos en el patio junto con su amiga.

Sara estudiaba filología española, escocesa de veinticinco años y llevaba un año en España , tenía un bonito cuerpo que resaltaba su juventud, un suéter largo junto a unos tejanos rotos en sus rodillas la hacían más esbelta.

– ¿A qué te dedicas Vanesa?. – Le dije a mi desconocida anfitriona.

– ¿Soy modelo de artistas.- Una sonrisa picarona acompañó a su respuesta.

Por un momento me la imaginaba posando con aquel maravilloso cuerpo, sentía celos de aquellos pintores la podían observar durante horas, dibujar su cuerpo línea a línea.

– ¿Y tú? .- Vanesa se había levantado de su banco acercándose más a mi.

– La verdad es que lo mío no es tan romántico como lo vuestro.- En cierta forma me daba vergüenza decir que no era más que un triste fontanero.- Tengo una empresa de instalaciones de riego para jardines.- Lo de la empresa ya sonaba más importante, también omití que el único trabajador era yo.

– Suena bien señor empresario.- Vanesa había puesto su brazo sobre mi hombro haciéndome sentir su pecho , miré detenidamente su rostro como harían aquellos pintores con sus brochas, durante un segundo dudé en besar sus labios semi abiertos.

– Me tengo que ir a trabajar. -Dijo Vanesa rompiendo aquel momento.

Miré el móvil que ya había cargado algo, descubriendo una llamada de Lola, mis manos se quedaron aferradas al teléfono, repase el historial y efectivamente tenía dos llamadas, una a las doce y otra a las doce y media.

– Voy al metro si vas en la misma dirección podemos ir juntos.

– Vale, sí yo también voy al metro.- Dije mirando su rostro, no sabía que quería Vanesa después de lo sucedido la anterior noche, desconocía tanto de ella, como de esa casa.

– ¿Y Sebastián ?. – No lo había visto en ningún momento.

– Trabajando, hoy empezaba muy temprano.- Vanesa ya me esperaba con un pequeño bolso.- ¿A que se dedica?. – No me imaginaba a Sebastián trabajando con aquella indumentaria.

– Es músico callejero, en esta época del año aprovecha la afluencia de turistas.- Eso ya me cuadraba más con su estilo.

Vanesa cogió mi móvil de las manos y como si fuera suyo introdujo su número de teléfono.

– Aquí tienes mi número, por si algún día quieres tomar algo.- Dijo devolviéndome el teléfono acompañado de un guiño.

– Seguro que te llamo.- Dije con una sonrisa un tanto tonta, una cría de apenas veinticinco años me manejaba como ella quería, pero ¿qué quería yo?.

Íbamos andando, se podía ver la sensualidad que emanaba del cuerpo de Vanesa, tenía la capacidad de hacerme olvidar a Lola, sabía que Lola había llamado aunque no entendía las horas, un domingo a las doce de la noche no era una hora normal, no la llamaría, no quería que descubriera ningún síntoma de debilidad, había estado un mes sin llamar y no pensaba permitir que me tratara de aquella manera, no, el hecho de estar con Vanesa me hizo creer que podía sustituirla, además si quería algo de mí volvería a llamar, mi lado egocéntrico salió a flote.

Eran las cuatro de la tarde cuando decidí llamarla, había estado nervioso desde que había llegado a casa, al final decidí realizar yo el primer paso.

– Hola Carlos. -No entendí que el teléfono de Lola lo contestara Cristina.- Esta mañana sin darme cuenta me llevé el teléfono de Lola.- Cristina había notado mi extrañeza al escucharla.

– Hola Cristina… tengo unas llamadas perdidas de Lola…- No sabía continuar, ¿que decirle?, ¿me muero por saber de ella?, no, eso sonaría con demasiada angustia.

– Si quieres te paso el teléfono fijo de casa, seguramente la encontrarás allí.

– Gracias.

– Carlos…-

– Dime Cristina.- Dije al oírla antes de colgar.

– Ella se merece que la trates bien. -Su voz era firme. – Si de verdad la quieres respétala.

– Si, claro…siempre lo he hecho.- Estuve a punto de decirle quién era ella para cuestionar o opinar mi relación con Lola, no tenía ni puta idea de lo que pasaba entre los dos. – Gracias Cristina.- Gracias por nada pensé.

– ¿Si?- Una voz de hombre con un acento extraño contestó, un puñetazo se estrelló contra mi estómago, ¿quién era ese hombre?

– ¿Está Lola?. – Dije intentando mantener la calma.

– Está en la ducha, si quiere le digo que lo llame más tarde, ¿usted es?

– …Su marido.- Mi voz ya no era amistosa, me imaginaba a Lola saliendo de la ducha con una toalla enrollada en su cuerpo, eso o quizás ya no necesitaba taparse, tantas cosas habían cambiado porqué esa iba a ser diferente.

– ¿Carlos?. -Dijo manteniendo el tono de voz a pesar de mi entonación.

– Si, ¿no sabes que está casada? igual no te lo ha dicho.- Me hubiera gustado darle un puñetazo a través del teléfono ¿quién coño era?

– No es asunto mío, luego le digo que te llame y hablas con ella.- Su tono hacía que me subiera por las paredes, no se inmutaba por la situación, se estaba follando a Lola y ni siquiera se alteraba cuando lo descubría su marido.

– ¿Cómo ha sido?

– ¿El que Carlos?

– El follarte a mi mujer cabrón.

– Me parece que te estás equivocando, yo no me he follado a Lola así que creo que es mejor que hables con ella antes de sacar conclusiones equivocadas.

– Seguro…le puedes decir que no quiero saber nada de ella, que no hace falta que llame, te puedes quedar con esa puta.

– Necesitas que alguien te ayude amigo.

– ¿Quién cojones te crees que eres para darme consejos?.- Colgué la llamada, no soportaba seguir oyendo.

*********************

Hacía una semana desde que me había encontrado con Lola en el Mediterráneo, durante ese tiempo me dediqué a buscar retazos de nuestra vida juntos, buscaba nuestros mejores momentos, el día que la conocí, los cumpleaños en la casa de Olot, era la mejor manera de pasar el tiempo muerto.

Por fin un viernes recibí su mensaje, ni siquiera me llamó, habíamos quedado en un parque del centro de la ciudad, este tenía un bar con una terraza en frente de un lago, los patos se sumergían buscando su alimento mientras el sol calentaba con fuerza, hacía ya un año desde que Lola me había abandonado, un año sin ella.

Al verla llegar un nudo se apoderó de mi garganta, sus pantalones tejanos pegados a su cuerpo como si de un guante se tratara, un fino suéter de rejillas y unos zapatos de tacón de aguja, al sentarse descubrí un tatuaje en su empeine.

– Hola Lola. -Volvimos a repetir los besos de cortesía.

Enseguida llegó una chica para preguntar lo que deseaba beber, no lo dudó, cerveza negra, mientras hablaba con la chica descubrí que su collar había cambiado, este parecía que era un poco más ancho, negro y unas finas piezas de diamantes incrustadas.

– Aquí estoy Carlos, pero hoy será el último día que hablemos, esto no se puede alargar más, no nos hace ningún bien, quiero que lo sepas.- Su voz era fría. -Ahora quiero que me escuches, quiero que entiendas por que no volveremos a estar juntos, nunca, Carlos… no volveremos a lo de antes.- Demasiados golpes seguidos, no me podría mantener en pie durante mucho tiempo, era una muerte anunciada.

– Está bien, pero la última vez que hablamos tus ojos no decían eso, tus ojos decían…

– No te equivoques.- Ni siquiera me dejó acabar la frase.- Lo único que pudiste ver en mis ojos era pena, lástima por ti, y si entendiste otra cosa te equivocaste, no te quiero, ni quiero que formes parte de mi vida, la única razón por la que he venido es por darte las explicaciones que te mereces.

– No lo entiendo Lola, no entiendo que es lo que te pasó¿fue por lo del crucero?

– El crucero solo fue la gota que colmó el vaso Carlos, ¿de verdad?¿De verdad ni siquiera te has puesto a pensar en lo que me hiciste?, te empeñas en que siempre sea yo la que tenga que justificarme, ¿quieres saber qué pasó aquel día en el crucero?

– Ya me da lo mismo Lola.- Me levanté dispuesto a terminar.

– No eres hombre ni para soportar tus propias mierdas.- Lola estaba encendida.- ¿Quién huye ahora?.

Me volví a sentar, quería demostrarle que no me iba a acobardar.

– Por lo menos no has perdido el orgullo.- Su voz era irónica, sus ojos se encendieron al verme sentar de nuevo, aquella sin duda no era Lola.

En ese momento comenzó a relatar todo lo sucedido desde que nos montamos en aquel crucero.

– Aquel crucero era nuestro nuevo comienzo, porque aún creía en nosotros, después de tanto tiempo juntos iba a darte una oportunidad, pero tú seguiste a lo tuyo, con aquellos muchachos solo hablé aquel día ¡por Dios!, ¿en tu cabeza no cabe la idea de que puedo relacionarme con hombres sin tener que follar?.- Lola me miraba fijamente sin darme tregua,¿le habían lavado el cerebro?era imposible que hubiera cambiado tanto en tan poco tiempo.- Me gustaría saber que te ocurrió, tú no eras así Carlos, cuando nos conocimos eras abierto, sensible, divertido.

– ¿Y tú eras así?, mírate pareces..pareces una…- No quería seguir hablando.

– Una puta, es eso lo que quieres decir? .- Dijo retandome a pronunciar esa palabra.

– No lo sé, dímelo tú. .-Me apoyé en la mesa, nuestros ojos mantenían una lucha de poder.

– Siempre lo he sido para ti, yo era como un trofeo, un puto trofeo¡Hostia!, y ahora que no estoy contigo ya puedes justificarlo, seguramente soy la puta que siempre has deseado, pero no me disfrutas¿no?, lo que no soportas es no controlar mi vida, mis amistades he incluso mi ropa, realmente tú nunca me has querido, simplemente era un cuerpo para tu uso exclusivo, sin importarte lo que sentía, jamás busque a nadie para sustituirte, pero tus celos nunca dejaron que lo vieras.

– ¿Tus amistades?, jamás te prohibí tener amistades, ni escogía tu ropa, no sé de dónde sacas eso.- No podía creer que me acusara de aquello.

– ¿De verdad?, que parte de los últimos cinco años no recuerdas, es irónico que por lo menos no lo reconozcas, ¿amistades?, ni siquiera recuerdas tus cambios de humor cuando te nombraba a cualquier compañero, eso sí, si era una mujer jamás ponías pegas, dime ¿quiénes son mis compañeros?.- Su mirada me interrogaba, la verdad es que desconocía quienes eran.- No lo sabes, porque nunca me atrevía a nombrarlos, prefería que no lo supieras a tener que aguantar tus arrebatos.- Lola se calló viendo cómo encajaba aquella serie de golpes.

Una falsa calma se estableció, yo intentaba descubrir en sus ojos encendidos cualquier ranura que me permitiera hallar algún signo de debilidad, pero era un muro infranqueable.

– Aquella noche estuve en el barco.- Dijo Lola rompiendo la calma.

– …Eso no es verdad, yo te busqué.

– ¿Donde?,¿ en el bar emborrachándose?, aquella mañana baje a Sicilia llorando, sabes que mi ilusión era pasear por sus calles, pero la mayor ilusión era hacerlo contigo, estuve deambulando sin sentido durante toda la mañana, no podía estar allí, aquella no era la Sicilia que había soñado, me faltabas tu, faltaba mi marido al lado mío, riéndonos, sentados en alguna terraza o simplemente buscando algún rincón para hacer el amor, y te odié, te odié con todas mis fuerzas por haberlo echado a perder, por romper nuestro sueño, el sueño de ser felices el uno con el otro, a las tres volví al barco, pasé por nuestro camarote quería hablar contigo, seguramente te habría insultado pero quería…solo hablar, te busqué y no te encontré, habías bajado a Sicilia, mi mundo se cayó no podía haber sido peor, te maldije, maldije Sicilia y aquel maldito crucero, subí a la cubierta superior compré una cerveza y me senté viendo Sicilia, las horas pasaban y no sabía qué hacer, te quería pero a la vez te detestaba, fui cambiando de cerveza mientras veía caer el sol sobre el Mediterráneo.

En ese momento unas lágrimas recorrieron sus mejillas, Lola no era tan fuerte como aparentaba ser, intentó secarlas con la palma de su mano,¡ por Dios!aquellos ojos aún eran más bonitos y profundos cuando se enrojecían por las lágrimas.

– Me quedé dormida en aquel banco, eran las tres y media cuando una pareja me despertó pensando que me pasaba algo, entonces decidí volver al camarote, y allí estaba mi marido, borracho…

– Si me lo hubieras dicho, lo habría comprendido.

– ¡¿El qué?!.- Lola gritó a la vez que hacía aspavientos con las manos, me dio la sensación que éramos el punto de interés de la terraza.- ¡Por Dios!, ¿pero te estás escuchando?, ¿me hubieras comprendido?¡joder!, ¡¿no te das cuenta que el problema es tuyo?!, ¡son tus malditos celos!. – Lola se calló al darse cuenta que su voz sobresalía por encima de todas.- Mejor que nos vayamos a otro sitio, estamos dando el espectáculo.- Dijo levantándose de la mesa.- Estaba claro que quería terminar conmigo.

Me levanté para pagar, vi en los ojos de la dueña del local cierto alivio por nuestra marcha, sin darnos cuenta habíamos sido el centro de atención; nos fuimos sintiendo que las pocas personas que estaban nos miraban, asegurándose de que nos íbamos o sintiendo pena por no enterarse del final.

Fuimos subiendo por el parque hacia el mirador, allí habían bancos que nos podrían dar más intimidad, caminábamos en silencio cada uno pensando en el siguiente asalto, antes de llegar Lola se detuvo mirándome.

– Te acuerdas de lo que pasó en este mismo parque.

Me vino a la mente ese día, habíamos ido a pasear y acabamos escondidos entre dos árboles semi desnudos haciendo el amor.

– Si.- Dije sintiendo anhelos de aquellos tiempos.

– No podemos seguir de esta manera.- Dijo cogiéndome la mano, desconocía a qué se refería. – Podemos hablar como dos adultos, ¿lo intentamos?.- En ese momento notaba que mi garganta se estrechaba, aquello me rompió por completo, la quería…pero me di cuenta que la tenía que dejar marchar, apreté su mano intentando mantener su contacto en mi memoria, simplemente asentí con mi cabeza mientras miraba su rostro mezcla de ternura y lástima.

– El día que volvimos a Barcelona desde Roma.- Seguimos andando y para mi sorpresa Lola no soltó mi mano, simplemente eso me hacía soportar aquel trago tan amargo.

– Ese día al llegar a Barcelona pensé en dejarte, ya no podía más, me senté en un bar del aeropuerto delante del tablón de vuelos, veía todos aquellos destinos reflejados en él, ni siquiera me importaba a donde iban, simplemente pensaba en coger uno de ellos…desaparecer…pero no pude, llamé a tu hermana, necesitaba oírla, necesitaba que alguien me ayudara a tomar ese vuelo, tu hermana me convenció de que no era la mejor manera de terminar las cosas, que hablara contigo primero, ella es tu hermana y lo entiendo, así que saqué fuerzas y volví a casa, pero he de reconocer que tal vez fui cobarde o simplemente me di por vencida, durante el trayecto a casa iba pensando cómo afrontarlo, cómo conseguir que todo volviera a la normalidad, pero yo no era ya la misma, mi vaso se había colmado y una simple gota haría que rebosara mezclando lo bueno y malo de nuestros diez años.

Una y otra vez yo iba negando con la cabeza, no por el hecho de que Lola no tuviera razón, si no por mi comportamiento hacia ella, simplemente no me había dado cuenta que siempre la tuve a mi lado pero mi ceguera me impidió verla, llegamos al mirador , una brisa nos saludo dándonos la bienvenida, se podía ver el mar jugando con las olas.

– Mira, vamos a aquel banco, estaremos más tranquilos.- Dijo Lola guiándome hacia una parte del mirador.

Lola se sentó cruzando sus piernas, de nuevo vi el tatuaje sin tener miedo a ser descubierto, me dio la sensación que era el dibujo de un ave, parecía un ave del paraíso.

– ¿Cuándo te lo has hecho? .- Dije señalándole.

– Hace seis meses.- Dijo Lola mirándome con ternura.

– Nunca te gustaron los tatuajes.- Me di cuenta que la volvía a cuestionar.

– No, pero es que muchas cosas han cambiado Carlos.- Dijo Lola sin reprocharme aquel comentario – Carlos…sé que lo has pasado mal, pero para mí tampoco ha sido fácil, si te acuerdas comencé a dar clases de repaso, creo que fue mi peor decisión, no conseguía centrarme en aquellos muchachos, ellos se estaban jugando su carrera y yo simplemente solo podía pensar en lo nuestro, y aún fue peor al comenzar el curso, Juanjo.

– ¿Quién es Juanjo ? .- Sin darme cuenta dejaba aflorar mi vena celosa.

– Juanjo, es el rector de la universidad, y no sigas por ese camino.- Lola se había dado cuenta de las intenciones de mi pregunta.- Juanjo me llamó un día a su despacho preocupado por mi, no pude mencionar lo que realmente pasaba, simplemente le dije que estaba muy preocupada por un asunto familiar, y como siempre me comprendió, incluso me ofreció sustituirme por el tiempo que yo creyera necesario, estuve a punto de aceptarlo pero dudaba si podría estar contigo sin odiarnos, ¿te imaginas la situación ?, no podía trabajar ni tampoco estar en casa, me sentía vacía y sola, además tampoco podía hablar con nadie de nuestro entorno, simplemente con Helena, gracias a ella pude aguantar, pero bien sabes que las cosas no se arreglaban, tu cerrado en banda con tu orgullo y yo quizás cansada de luchar, hasta que decidí que lo mejor era separarnos un tiempo, simplemente quería saber si de verdad te quería, si de verdad quería a ese Carlos, no al Carlos con el que me casé, el nuevo hombre celoso, desconfiado, acaparador y…manipulador en el que te habías vuelto.- Sentía mis lágrimas inundarme los ojos, no me reconocía en las palabras que salían de su boca.

– Pero no tardaste mucho en sustituirme.- Le dije recordando el día que llamé a casa de Cristina y me contestó un hombre.- Pude ver en los ojos de Lola lástima.

– Pierre….- Me dio la impresión de que sus ojos brillaron a pronunciar ese nombre.- Ese día no pasó nada con Pierre.- Dijo dibujando una pequeña sonrisa, tal vez con cierta pena.- Como siempre jamás te paraste a pensar que tu mujer no se iba acostándose con el primer tío que pasara, Pierre es amigo de Cristina, y precisamente la noche anterior se había quedado a dormir en ¡EL SOFÁ!.- Lola remarcó las palabras.- Pierre vive en un barco, y ese fin de semana lo tenía en dique seco arreglando unas vías en el casco, simplemente eso, durmió y después de tener una charla no muy amigable con un marido celoso, se despidió y se fue a su barco, ¿has visto qué sencillo? .-Ahora Lola estaba tirando de ironía, mientras yo me hacía más pequeño en aquel banco.

-Precisamente fue él, él me aconsejó llamarte aquel domingo, decía que si realmente había algo entre nosotros no podía dejar pasar el tiempo sin averiguarlo; el tiempo no cura Lola simplemente cierra heridas, a veces no están curadas haciendo que toda la vida te recuerden el dolor.- Sentía que Lola hablaba de él con cierta devoción, se podía ver en sus ojos perdidos recordando ese momento.

*****************

Cuando colgué el teléfono se rompieron todos mis esquemas, me había vaciado por completo y decidí que ya era el momento de volver, tenía claro que Lola me había engañado, comencé a meter en una caja lo poco que dejó, no quería tener nada que pudiera recordarme que alguna vez estuvimos juntos, descubrí que el piso estaba aún más vacío pero había algo de lo que me era imposible deshacerme, los rincones, su butaca junto a la ventana, a ella le gustaba ponerse en los días de lluvia, abría un libro y se dejaba llevar por sus páginas , a mí me volvía loco verla a trasluz, sin que se diera cuenta le sacaba fotos intentando reflejar aquella paz, podía deshacerme de la butaca, pero como deshacerme de aquel recuerdo, él parquet en el cual sus pies descalzos corrían intentando huir de mis cosquillas, aunque siempre se dejarán atrapar, esas cosas no las podía tirar al contenedor, eso lo llevaría para siempre, cada vez que pisara mi casa algo me recordaría a ella, lo único que podría hacer era venderla, no necesitaba una casa tan grande, podría alquilar un loft en el centro, pero estaba mi taller; todo jugaba en mi contra.

Empecé a beber, necesitaba beber, tenía en mi mente todas las excusas que Lola me había dado, mis cuñados…tenía que hablar con ellos,me los imaginaba con ella, Lola desnuda acariciando sus vergas mientras se reían del cuñado, seguramente empezaría por Paco era el mayor,mientras Xavier urgiría con sus dedos en medio de sus nalgas, siempre adoré sus nalgas, firmes y duras, acto seguido se cambiarían la posición y sería Paco quien jugaría con su lengua entre los labios de su coño, Lola aceleraría su respiración…eso siempre le pasaba, era como un tic, antes de tener un orgasmo su respiración aceleraba, su ano era virgen así que seguramente no habría una doble penetración, o tal vez ya no era y me lo había ocultado, ¡por Dios!, me venían imágenes como si de una película se tratara, notaba que me excitaba haciéndome más idiota, las imágenes de Lola cabalgando una verga mientras que su boca albergaba la otra, luego los dos a la vez para acabar bañada de semen en medio de la cama , notaba como mi verga luchaba contra mi pantalón, vaya panorama, borracho, empalmado y llorando.

Mi mano subía y bajaba la piel a la vez que cerraba los ojos intentando ver más imágenes de ella con otros hombres, los dos muchachos del barco, seguro que cuando los vi aquella mañana venían de un camarote, dos jóvenes con una madura, su sueño cumplido, una muesca más en su revolver, me imagine una doble penetración ya no dudé, lo más seguro era que ella hacía tiempo que había perdido su virginidad anal, unas cervezas, una cama revuelta y los tres follando sin miedo, mientras el cornudo estaba en el bar…borracho, sentí como mi mano se llenaba de semen manchando mis pantalones, me senté en el suelo, no podía más; dejé que las lágrimas se juntaran con el sudor de mi cuerpo.

Durante dos semanas dándole vueltas al asunto de vender la casa, llamé a inmobiliarias para preguntar por los precios de mercado, el taller decidí que no sería un problema siempre podría alquilar un local cerca del piso, pero lejos de mejorar por mis nuevas expectativas empeoraba al ver que prácticamente mi vida se quedaba atrás.

Hacía dos semanas que había tenido la conversación, ¿si se podía llamar así?, con el que creía era el amante de Lola, era lunes por la mañana y decidí que no podía seguir de aquella manera, prácticamente había abandonado mi negocio, y lo peor era que no aguantaba estar solo, necesitaba salir y despejarme, me vino a la mente Vanesa, decidí llamarla para quedar a comer, tenía ganas de verla aunque en lo más profundo de mí lo que quería era tapar a Lola, necesitaba sustituirla.

– ¿Vanesa?

– ¿Si?… ¿quien es?

– Carlos, no sé si te acuerdas de mí.- Me sentí defraudado al escuchar que no me había reconocido.

– ¡Ah!, si Carlos, perdona, no conocía el teléfono, ¿cómo estás?.

– Bien ¿y tú ?

– Bien…- Vanesa parecía desconcertada del motivo de mi llamada.

– Me he acordado que dijiste que podíamos quedar para tomar algo…- Me sentí mal,¿cómo decirle que la quería usar para olvidarme de Lola?

– Bueno…esta tarde tengo un pase a las cinco, si quieres podemos quedar para comer.

– Si, sería perfecto, ¿donde quieres que quedemos?

– Si te va bien podemos quedar en la estación de Francia, conozco un garito que está muy bien y está relativamente cerca de mi trabajo, conozco a los dueños y de paso los saludo,¿A las tres te va bien?

– Perfecto, nos vemos, un beso.

– Un beso.

Me sentí afortunado, podría estar con ella a solas, disfrutaría de su cuerpo sin tener a nadie a su alrededor, durante un rato sería mía, repasé esas palabras en mi mente recapacitando sobre ellas; Es simplemente una comida, me dije, sintiéndome idiota.

A las tres estaba en la puerta de la estación, me había vestido de domingo intentando disimular los nervios que tenía, me sentía inseguro hacía mucho que no quedaba con una mujer, me daba cuenta de lo oxidado que estaba, revise una y otra vez mi dentadura comprobando que no hubiera nada que pudiera echarla para atrás, dude en echarme colonia pues no estaba muy actualizado me daba miedo de hacer el ridículo.

Pasaban diez minutos de la hora cuando una moto se detuvo delante, un chico alto y una muchacha con un vestido corto, los cascos me impedían ver sus rostros, al ver bajar a la chica no lo dudé, era Vanesa, se quitó el casco y esperó a que el muchacho se quitará el suyo, él tendría unos veinte años, con melena rubia sujeta en una coleta, Vanesa se tiró a su cuello besándolo, podía ver cómo sus bocas se abrían juntando sus lenguas, no pude quitar la mirada aún con peligro de parecer un simple mirón, cuando se separaron le dio el casco y arreglándose el pelo me saludó con una hermosa sonrisa.

Aquella mujer podía competir con la diosa Afrodita, tenía el poder de seducir y hacer perder la cabeza a cualquier mortal sin importar el sexo.

– Hola Carlos.

Su vestido era un guante en su cuerpo, observé que se le marcaban dos puntos adivinando que sus pechos se movían libremente bajo el vestido, me vino a la mente cuando la vi desnuda la otra noche, redondos, suaves, sus caderas se movían con musicalidad haciéndola seductiva.

– Hola, ¿Tú novio?. -Dije señalando al chico que ya se perdía entre el tráfico, una parte de mi se sentía molesta, aún sabiendo que ella no me pertenecía, esa fracción no soportaba quedarse al margen.

– No, simplemente un buen amigo, ¿vamos? .- Vanesa no se paró a dar más explicaciones cosa que yo hubiera deseado; otra vez.

Al lado mismo de la estación estaba Amor Francés, un restaurante desconocido para mi, un pequeño garito,nada más entrar una joven saludó a Vanesa, se fundieron en un abrazo para después besarse en los labios.

– Esta es María.- Dijo presentándome a su amiga.- El es Carlos.

María tendría alrededor de los cuarenta años, era ancha de cintura sin ser excesiva, por el contrario su pecho se veía pequeño, larga melena rubia y de piel muy blanca, al juntarse las dos se podía ver el contraste de colores, el moreno de Vanesa la hacía más pálida, por un momento pude apreciar aquel juego de cuerpos imaginando cómo serían desnudas en una misma cama¿quién llevaría el mando?¿Cuál sería la dominante en el juego?.

– Hola, ¿cómo estás? .- María me besó en los labios algo que me dejó parado, por un momento dudé de no haber pensado en voz alta.- Sentaos, ahora mismo mando a Pepe para que os tome nota.

Vanesa escogió una mesa pegada a la ventana, se veían los turistas cargados con sus maletas andando de un lado para otro.

– ¡Bueno!quien tenemos aquí. – Al quitar la vista de la ventana vi a un hombre abrazado a Vanesa.- Cuanto tiempo sin verte.-Sus manos estaban peligrosamente rozando las nalgas de esta.

– Si, hacía mucho que no venía a veos.- Vanesa tenía sus brazos rodeando el cuello de aquel hombre, esta tenía que ponerse de puntillas para quedar a la altura de sus ojos, sus nalgas tiradas hacia atrás ofreciéndoselas, era pura sensualidad, por un momento me hubiera gustado ver cómo aquellas manos se aferraban a su trasero, sus manos las podrían haber cubierto por completo.

– ¿Qué vais a querer? .- Dijo liberándola de sus brazos.

– Pescado¿te gusta el pescado? .-Vanesa se había sentado enfrente de mí.- Si, tú mismo, mientras sea pescado.- Vanesa pidió por los dos sin darme opción a poder contestar.

El hombre de unos cuarenta años desapareció entre unas cortinas mientras Vanesa me sonreía, la sentía cerca y a la vez a un mundo de distancia, era la fruta verde que deseas pero que no puedes comer.

– Cuéntame, ¿cómo estás? .- Sus manos alcanzaron las mías por encima de la mesa.

La comida pasó explicando mi vida, como amaba a Lola, y como se había derrumbado como castillo de naipes, las acusaciones de Lola sobre mis celos, Vanesa escuchaba sin decir nada, creo que hubiera sido una buena psicóloga, sabía escuchar, prácticamente sin darme cuenta le había contado todos nuestros secretos a una mujer que ni siquiera conocía.

– ¿Alguna vez la descubriste con otro?.

– No…pero eso no significa que…

– Ósea, simplemente creíste saber que te engañaba por…no se…¿unos pantalones ajustados y una conversación con alguien al que tú no conocías?. – Vanesa negaba con la cabeza.

– No, pero si no dime ¿por qué se fue si no es porque ya tenía a otro?

– Y según tú ¿cuándo comenzó a engañarte?. -Vanesa comenzaba a cuestionar cada una de mis palabras, notaba mi muro agrietandose por los envites de esta.

– No se, Vanesa, no quiero seguir con esto.- Me sentía débil ante las preguntas, intentaba buscar las respuestas haciendo que yo mismo me cuestionara.

– Creo que vamos a seguir con esto, así que piensa en tus diez años de matrimonio cuál fue el punto de inflexión, donde comenzaron tus celos según ella y sus infidelidades según tu.- Su mirada no dejaba escapatoria.- Piensa que esto lo hago por ti, tienes mucha mierda en tu cabeza que necesita salir al exterior.

– No se, todo cambió hace cinco años más o menos, era diferente…-Me di cuenta que buscaba algún hecho real que pudiera demostrar sus infidelidades pero no los encontraba, pero a pesar de ello sabía que me era infiel.

– ¿Y tu?, tus sentimientos hacia ella no pudieron cambiar de un día para otro, soy mujer y sé que una persona no cambia de golpe, no puede ser que estuvierais cinco años bien y de golpe Lola se vuelva infiel, además según tú con varios hombres. Eso no me cuadra, lo siento pero no lo entiendo, al igual que no entiendo tus celos, no comprendo cómo de golpe te volviste tan controlador.-Vanesa lanzaba embestidas una detrás de otra, pero sus ojos hacían que me tranquilizara, tenía el don de dominar a las bestias que tenía en mi interior.

– Si te lo hubiera dicho,¿cómo hubieras reaccionado?.

– Mal, supongo.- No sabía a qué venía esa pregunta, era evidente.

– ¿Nunca te planteaste compartirla?, según tú, ella dice que te ama, piensa que te podía haber dejado cuando quisiera y sin embargo no lo hizo,eso te lo tienes que plantear, te dejo cuando tú, y perdona que sea tan directa, te comportaste como un hombre inmaduro, inseguro de sí mismo, ella igual te estaba mandando señales que tú no te permitiste entender o las confundiste.

– Debes saber qué es lo que deseas tú, en qué lugar te colocas respecto a ella, dudo que mantuvieras tu matrimonio tanto si no fuera que…-Vanesa se detuvo midiendo sus palabras.

– ¿Qué? .- Salté como gato panza arriba.

– Que anhelabas que fuera cierto, que quisieras ver a Lola con otro o otros, que realmente fuera lo que tú cuerpo sexualmente hablando deseaba, pero tu mente racional lo rechazaba y no podía admitir que simplemente es lo que querías, entonces creaste los celos como escudo protector hacia tus sentimientos.

– ¿Estás insinuando que deseaba ver follar a Lola con otros? .- Sentía que mi cabeza no podría aguantar más aquella conversación.

– En el fondo querías ser testigo de su infidelidad, pero no podías caer tan bajo, entonces creaste los celos para poder echarle a ella la culpa, ahí fue donde confundiste esos sentimientos, la culpabilidad te venció , quizás te fue más fácil buscar responsables que admitirlo, cosa típica de los hombres, ante todo tenéis que ser los machos, así de sencillo.

– No sé a qué viene esto.- Me estaba empezando a molestar sus comentarios.

– Piénsalo, pero conmigo no vale lo del machito, conmigo no.- Su tono y mirada habían mudado, ahora eran serios y no sé el porqué, pero me dominaban como si fuera un niño pequeño.

Vanesa miró el móvil, se nos había pasado la comida volando, ni siquiera habíamos tomado café y ya eran las cuatro y media.

– Nos tenemos que ir o llegaré tarde.- Dijo poniéndose de pie.

María y Pepe se negaron a cobrarnos, Vanesa se volvió a despedir tan efusivamente que hizo imaginarme que hubo algo entre ellos, quizás un trio o por separado, las imágenes de ellos gozando con Vanesa aparecieron en mi mente, me la imaginé en posturas con María mientras Pepe se deleitaba masturbandose viendo aquellos cuerpos retozar, hubiera dado cualquier cosa por poder haber estado presente.

Salí de aquel restaurante noqueado, Vanesa había encadenado golpe tras golpe sin dejarme reaccionar, no me dio tiempo a cubrir mi guardia, cogió mi mano guiándome, me chocaba ir de la mano de otra mujer que no fuera Lola, iba a remolque como barco a la deriva, demasiadas preguntas y pocas respuestas ¿tendría razón?¿sería… un cornudo consentidor?, no sé si sería capaz de ver a Lola con otro hombre, alguna vez me la había imaginado…tenía que reconocerlo, pero de eso a verlo realmente, eran palabras mayores, había visto a Vanesa, pero ella no era Lola, no tenía el mismo peso, sin embargo la deseaba,¿ podría llegar el momento en que podría sentir celos?, mi cabeza estaba a punto de explotar.

– Tranquilo Carlos, no le des tantas vueltas a tu cerebro.- Vanesa se había detenido intuyendo la guerra que mantenía conmigo mismo.

Pasó los brazos por mi cuello, sus labios buscaron los míos que no dudaron haciendo que nuestras lenguas se juntaran, ¡Oh Dios!, ¿qué mejor manera de despertarse que esa?, juraría que se detuvo el tiempo, pase mis brazos apoyándolos en su cintura a escasos centímetros de aquellas nalgas, era la primera vez que sentía su cuerpo, sus pechos apoyados en mi pecho sintiendo la dureza de sus pezones, quería devorarlos lo deseaba con toda mi alma, deseaba esos pezones en mis manos, besarlos, morderlos saborear la sal de su cuerpo, sabía que a pocos centímetros de mis manos estaban aquellas nalgas que había visto ofrecerse a Pepe y a Carlos, Vanesa se separó de mí dejándome un vacío.

******************

El día estaba cayendo, allí seguíamos intentando resumir nuestras vidas, clavándose un puñal como si fuera una obra griega, nuestro final jamás sería nada romántico.

– Decidí hablar contigo esa misma noche, estaba dispuesta a vernos, no sé si hubiera valido la pena, pero creía necesario afrontar aquella situación¿ pero qué pasó?, simplemente aquel Carlos volvió a sacar lo peor de él; volvió a dudar de mi, no me diste opción, cuando escuché hablar a Pierre contigo pensé que no habría marcha atrás, lo nuestro no tenía futuro.- Las lágrimas de Lola mojaban su mentón, estuvimos unos minutos mirando al vacío, cada uno revivió aquel episodio.

– ¿Lo amas? .- Dije rompiendo aquel silencio.

Lola se detuvo unos segundos mirándome como buscando palabras en su mente, su mano subió hasta su collar recorriendolo con sus dedos que peregrinaron sobre su piel hasta encontrar las pequeñas argollas situadas en el lateral de este.

– Solo te he amado a ti, a él…simplemente lo deseo.- Me di cuenta que me había respondido con dos tiempos de verbo, y yo era el pasado así como Pierre era presente y tal vez futuro.- El me hizo ver la diferencia entre uno y otro, no creo que vuelva a amar jamás.- Lola dejó el collar apoyando su mano en su pierna para volver a mirarme, sentí un frío extraño recorriendo mi cuerpo.

– Aquel día fue el comienzo de una nueva vida, Pierre se dio cuenta que me derrumbaba, me pasé el día encerrada en mi habitación, me sentía vacía, no encontraba ninguna excusa para poder volver contigo y eso me hacía daño, al otro día Cristina me aconsejó aceptar la propuesta de Juanjo y cogerme unos días libres, hable con Juanjo y no dudó en cederme el tiempo que yo creyera necesario, Cristina se tomó unos días para estar conmigo, fueron días vacíos, no sabía qué hacer ni cómo comenzar sin ti, salíamos a dar largos paseos por Barcelona, Cristina conseguía que por unas horas liberara la cabeza, pero al llegar la noche cuando estaba en mi habitación todo volvía a comenzar.

Un día bajamos hasta el puerto a ver a Pierre, vivía en un viejo barco de vela, trabajaba como asesor, de origen francés hijo de pescadores y como tal amante del mar, estuvimos hasta bien entrada la noche oyéndole hablar de experiencias vividas, de cómo decidió dejar una casa fija y vivir en su pequeño velero, su voz melosa junto a su acento francés hacía que no pudieras dejar de mirarlo, era sencillo y nada presuntuoso, simplemente era un hombre que sabía vivir su vida a su manera, sin preguntar ni cuestionar a los demás él decía ; Vive y deja vivir.

Antes de subir al taxi pues las dos íbamos un poco ebrias, Pierre me dijo que aquella era mi casa y que cuando quisiera podía ir a verlo, recuerdo los dos besos de despedida y un ligero apretón en mi brazo como si con eso quisiera infundirme valor, una vez en marcha Cristina me guiñó un ojo.

– Sabes que te quiero mucho¿verdad?. -Cristina me abrazó bajo la mirada del taxista.- No te enamores de Pierre, es un alma libre.- No sé si aquellas palabras eran para proteger a Pierre o por lo contrario a mi, Cristina me besó en la frente para el desespero del taxista que tal vez esperaba algo más morboso.

Cristina comenzó a trabajar dejándome sola, decidí salir cada día a caminar mientras pensaba en mi futuro, también aproveche para actualizar mis estudios de derecho, no sabía si volvería a la docencia pero el Derecho como bien sabes siempre me fascinó, así que decidí que no podía permitirme el lujo de abandonarlo.

En uno de esos paseos llegué hasta la estación de Francia.- Lola se detuvo mirándome y entonces caí en la cuenta, conocía lo que venía después, un manto negro me cubrió.

– Te vi, ibas con una mujer de la mano.

– Te puedo…

– No.- Dijo sujetando mi mano con fuerza.- No te pido explicaciones Carlos, me sentí rara, eso no lo puedo esconder, pero a la vez sentí como si me liberara de un peso, vi que con ella tal vez podrías ser feliz, que ella te haría estar completo, reconozco que lloré de vuelta a casa sintiéndome perdida, pero jamás te lo reproché, ya he dicho que te amaba.- “Te amaba”, usaba la palabra en pasado.

Eran las seis de la tarde y me sentía agobiada de estar en casa, decidí salir a caminar para despejarme mis pasos me llevaron al puerto , no sé si fui consciente de hacerlo o simplemente quise, Pierre estaba en cubierta, no dije nada y subí al barco, al llegar me sorprendí al ver que estaba acompañado de una mujer, él lejos de sentirse mal por mi visita inoportuna noté que se alegraba de verme.

– ¡Lola! .-Gritó desde cubierta, hizo que me sintiera a salvo…segura.

– La mujer se giró en mi dirección, por su rostro se veía que era mayor que nosotros, aunque sus cincuenta años no habían estropeado su cuerpo; la mujer vestía un traje chaqueta negro, resaltaban sus pendientes de oro sobre su pelo recogido en una coleta.

– Esta es Susana.- Dijo Pierre una vez que llegué a su altura.

Susana se levantó para darme dos besos, los cuales se posaron muy cerca de mis labios haciendo que me pusiera tensa, una sonrisa pícara apareció en su rostro cuando se separó de mí.

– Siento si te he molestado, tenía que haberte llamado.

-¡Oh!, no pasa nada, siéntate con nosotros, íbamos a abrir una botella de vino que ha traído Susana.- Dijo señalándome una silla de madera vacía, voy a buscar otro vaso.

Pierre desapareció dejándonos a las dos, Susana se sentó mirándome, una sombra apareció en su cara cuando este se fue, no era de molestia quizás de pena por no estar a solas con él, me sentí mal por ello, seguramente le había roto los planes.

Pierre apareció con un vaso, Susana no dejaba de mirarlo mientras hablábamos, en su rostro se podía ver que estaba enamorada de él, creo que me tenía que haber marchado para dejarlos solos, pero algo dentro de mí se negaba a irme, era como no querer cederle, era la segunda vez que lo veía pero sentía que lo conocía de toda la vida.

Susana trabajaba en la aduana del puerto, hacía un año que se conocían, en ningún momento pregunté la relación que había entre ellos, no parecían pareja eso se notaba pero sí que había algo entre ellos, aceptó mi presencia y participó en la conversación, Pierre era un hombre muy versado pero jamás hacía por demostrarlo, hablaba de las puesta de sol en alta mar destacando que eran las más bellas que jamás había visto, su vena marinera dominaba esos sentimientos, también que la mar podía ser peligrosa y traicionera, la comparaba a un matrimonio, cosa que hizo que nos riéramos los tres; A pesar que todo está en calma un simple viento te puede sorprender y romper tus velas llevándote a la deriva.

– No creo en el matrimonio, es una pérdida de tiempo y energía.-Dijo Susana mirándome. -Por lo que veo estas casada.- Mi alianza seguía en mi mano, noté como Pierre siguió mi mirada observando el anillo, conocía lo que había pasado y pude apreciar cierta incomodidad por la pregunta de Susana.

– Sí estoy casada…aún.- Un cierto brillo apareció en los ojos de Susana.

– Mañana si el mar lo permite saldremos a navegar¿te apuntas? .- La pregunta me cogió de sorpresa, instintivamente mire a Susana, sin darme cuenta estaba disputando a Pierre con ella.

– Por mí no hay problema.- Dijo Susana mirándome , me dio la sensación que era ella la que daba su aprobación.

– ¿A qué hora partimos?.- Dije como una niña que se apunta a una excursión,

– A las ocho, tráete ropa que no te importe que se moje o que se pueda estropear.

A las doce llegaba a casa con una sensación extraña, me sentía atraída por él pero había algo que se escapaba a mis instintos, aquella mujer me hacía sentir miedo y a la vez me sentía atraída por su fuerza, tenía más peso sobre Pierre que yo, lo había notado en la miradas que se entregaban, sus risas disimuladas o simples gestos que ellos solo conocían, haciéndome a un lado pero a la vez intentando atraerme, esa noche la pasé pensando en lo que estaba haciendo, sin darme cuenta me estaba metiendo en un remolino de sensaciones a las cuales no estaba preparada, jamás sentí aquel miedo, era como el primer día de clase en el cual tu estómago se encoge por la emoción y a la vez el temor a lo desconocido.

A las seis de la mañana ya no podía estar más en la cama, había estado toda la noche dando vueltas sin poder conciliar el sueño, una y otra vez se repetían en mi cabeza las palabras de Cristina “No te enamores de Pierre, es un alma libre” haciendo que me cuestionara mi actitud.

Escogí unas mallas de deporte y una camiseta corta, decían que haría un día caluroso, decidí que iría andando y así despejar o mejor dicho aclarar mis ideas, en el fondo no sólo pensaba en Pierre si no que Susana era parte de aquello, desconocía que había entre ellos y eso me preocupaba, me sentía como si caminara sobre un campo de minas y en cualquier momento me podría estallar, la ciudad comenzaba a despertar mientras que yo seguía entre sombras, el caminar de la gente yendo y viniendo hacia sus destinos me dio añoranza, hacía escasos meses yo estaría entre ellos, tenía una vida o por lo menos creía yo, quizás una vida entre sombras pero al fin y al cabo era una vida.

A medida que me acercaba al puerto mi cuerpo se tensaba provocándome frío, mis manos sudaban haciendo que me sintiera insegura, tuve que luchar contra mi mente que pedía dar media vuelta y olvidarme de todo aquello, pero desistí, no me podía comportar como una cría, Pierre no se merecía eso, había sido muy cordial conmigo.

Al llegar los vi sentados en cubierta, sentí celos o envidia, encajaban a la perfección, ambos tenían una taza de café en la mano, Susana vestía una camisola larga semi transparente dejando ver un bañador rojo, y Pierre unos tejanos cortados cortos sin ninguna gracia, pero le daban cierto romanticismo, una camisa azul por fuera de los pantalones,sus piernas se veían musculosas con algo de vello, el color indicaba las horas de mar que habían soportado.

– ¡Buenos días! .- Pierre me había descubierto.

– Buenos días capitán.- Dije en plan jocoso, intentando ocultar mis dudas.

Una vez que subí a bordo Susana se acercó abrazándome, sentí sus pechos chocar con los míos mezclando el perfume, esta vez sus labios se posaron sobre los míos un momento efímero pero cargado de sensualidad, Pierre me abrazó besándome en la mejilla, hubiera deseado sentir sus labios en los míos, quizás me hubiera infundido algo de seguridad.

Hicimos tiempo tomando café, según Pierre el mar era caprichoso y las corrientes de aire venían cuando ellas querían, sobre las nueve salíamos de puerto, Susana y yo íbamos sentadas en proa mientras que Pierre subido a popa manejaba el timón, el barco iba rompiendo pequeñas olas, la sensación de miedo no impedía tener la impresión de sentirse libre, podía comprender el amor que sentía Pierre por el mar,me daba cuenta que Susana no perdía detalle de mi cuerpo, cuando nuestras miradas coincidían sin dejar de mirar mi cuerpo simplemente sonreía, un giro del barco me cogió desprevenida haciéndome rodar, las manos de Susana me sujetaron a escasos centímetros de la barandilla.

– Será mejor que te sujetes a mi.- Susana me había pasado su brazo sobre mi cintura, podía sentir su cuerpo caliente una sensación extraña recorrió mi cuerpo. -Pierre disfruta tanto del mar que a veces se olvida de sus pasajeros.- Dijo Susana antes de apretarme contra su cuerpo.

Como decía Pierre el mar puede traicionarte, y ese día lo hizo, empezaron a levantarse las olas haciendo difícil estar en cubierta.

– ¡Será mejor que vayáis dentro! .- Gritó Pierre desde el puente.

Susana se levantó dándome la mano, yo sentía que mi estómago empezaba a quejarse de aquel trajín de olas e intentando mantener el equilibrio conseguí traspasar la puerta de madera que llevaba al camarote.

– Ven siéntate conmigo.- Susana se había sentado en un pequeño sofá que hacía las veces de una improvisada cama, una pequeña mesa donde reposaban los restos del almuerzo, por un momento eché en falta la seguridad de tierra firme, Susana volvió a abrazarme sintiendo que el miedo comenzaba a invadirme.

– Tranquila, esto no es nada, simplemente unas cuantas olas.

– Creo que me estoy mareando.- Me sentía mal por ser tan frágil.

– Ven acuéstate y apoya tu cabeza sobre mi.- Susana se corrió dejando sitio para que me pudiera tumbar, apoye mi cabeza sobre sus desnudas piernas.

– Si mejor, pero todo me da vueltas.- Dije intentando sonreír, aunque bien sabía que de un momento a otro todo lo que había en mi estómago tendría que salir.

– Espera un momento, creo que necesitas algo que te dé fuerza.- Susana se levantó, entró en otro cuarto, supuse que sería donde Pierre dormía, sentía como el camarote daba vueltas encima de mi cabeza, al momento apareció Susana con una pequeña caja metálica.

– ¿Qué es eso?.- Dije sospechando que era algún tipo de droga.

– No seas cría, esto te ayudará.- Susana volvió a sentarse, apoyó mi cabeza sobre sus piernas.- Además no querrás quedar mal ante Pierre¿verdad?

– ¿Qué quieres decir? .- Sus ojos verdes se clavaron en los míos.

– Hemos salido a navegar por ti. -Susana usaba la uña del meñique como si fuera una cucharilla.

– No lo sabía, pensaba que…

– Andas como una perra en celo ¿ crees que no se nota?.- Veía como ese dedo se acercaba a mí mientras que con la otra mano retiraba el cabello de mi rostro.- Te vas a portar bien, si quieres jugar con los grandes no puedes ir de muñequita.- Su dedo entró en mi boca repartiendo toda la cocaína en ella.- Eso es, ya veras como te sentirás mejor.- Su dedo seguía jugando en mi interior.

Comencé a sentirme más tranquila y a la vez más segura de mí, aún seguía moviéndose aquel camarote pero ya no eran los efectos del mareo, Susana tenía sus manos por dentro de mi camiseta, ni siquiera me di cuenta cuando lo hizo, sus dedos agarraban con fuerza mis pezones haciendo que abriera la boca para aspirar aire, aprovechó para introducir su lengua en ella volviendo a sentir aquellos polvos blancos siendo esta vez su lengua era el vaso conductor, su mano desocupo mi pecho descendiendo por mi vientre, sentía como apretaba mi boca succionando, su mano se coló por dentro del pantalón hasta encontrar mis labios inferiores, me sentía bien, era libre de separarme de ella, pero desde hacía tiempo no me sentía así, sin cuestionar ni preocuparme de lo que pudiera pasar, sus dedos consiguieron humedecer mi vagina entrando en ella, yo había tomado partido y sujetaba su cabeza pegándose más a mí, se separó sin dejar de masturbarme con dos dedos dentro de mi coño.

– ¿Quieres jugar putita.?- Dijo mirándome, mi cabeza afirmó sonriéndole, podría echarle la culpa a la droga, que quizás también jugó su papel, pero la verdad era que quería romper, romper con todo lo que había sido, romper con el silencio que un día se creó dentro de mi, romper con las normas impuestas por nuestra falsa modestia, quería experimentar.

Susana sacó su mano despacio con sus dedos mojados, miraba aquellos dedos que habían estado jugando en mi interior y observaba su mirada de lujuria mientras apoyaba sus dedos en mis labios; exhalaba mi propio sexo, dulzor y agrio, sin pensar abrí la boca dejando paso, los movía en mi boca igual que había hecho antes con la cocaína.

– Eres un diamante en bruto.

No hacía más que mirar sus ojos verdes notando el vacío que habían dejado aquellos dedos , mi dedos ocuparon aquel espacio, los movía siguiendo el ritmo que Susana marcaba en mi boca succionando todo lo que podía, exhibió una sonrisa de satisfacción sabía que había domado a la fiera, a partir de aquel momento sin darme cuenta me convertí en su gatita.

– ¡Levanta! .- Se puso de pie, aguantando los vaivenes del barco. -Vamos a dentro, estaremos mejor.- Me esperaba en la puerta de la habitación con la caja plateada.

Me levanté intentando dominar el balanceo del barco, me sentía flotar con lo cual me era más difícil mantener el equilibrio, su mano me tiró de mi hasta el marco de la puerta sujetándome fuerte por la cintura , al momento su boca me estaba besando, me agarré a su cuello intentando no caerme, su lengua jugaba con la mía recorriendo cada rincón de mi boca.

Entramos en la habitación unidas por nuestras lenguas; había una cama perfectamente arreglada,una estantería completa de libros junto a una pequeña mesita, todo perfectamente arreglado cosa rara para un hombre que vive solo.

Susana dejó la caja encima de la cama, y sus manos comenzaron a desnudarme, iba a ayudarla con mis pantalones, deseaba quedarme desnuda para ella.

– ¡Déjame a mí!.- Dijo Susana sujetándome los brazos con tono imperativo. -Déjame quiero hacerlo yo, por favor. -Dijo suavizando su voz.

La puerta estaba abierta, si Pierre bajaba me podía ver desnuda, pensé que quizás fuera lo mejor, que me viera desnuda con Susana, que descubriera quién era en el fondo, sus manos bajan mis pantalones besando cada centímetro que quedaba desnudo, una sensación extraña recorría mi cuerpo, estaba semi desnuda ante una mujer desconocida, un frescor inundaba mi pubis, Susana se quedó arrodillada a escasos centímetros , su respiración rebotaba en mis labios excitándome.

– Quiero comerte, ¡Dios!.- Al momento percibí su lengua profanando mi interior, recorría cada rincón, todo mi cuerpo se estremeció haciendo que intentara echar mi cuerpo hacia atrás, pero sus manos se apoderaron de mis nalgas apretándome más hacia ella, mordía mi clítoris suavemente, mordía y al momento lamía, me acabó de quitar los pantalones dejándome desnuda de cintura para abajo, de un empujón me tiró sobre la cama quedando boca arriba, entonces vi su cara cargada de lujuria, sus ojos brillaban como las llamas de una hoguera.

Comenzó a desnudarse despacio contemplándome , su camisola quedó tirada en el suelo junto a mis pantalones, sus pezones quería romper aquel diminuto bañador, deseaba verlos, jamás hubiera pensado que podría anhelar algo con tanta fuerza, sus manos desataban sus tirantes dejándome ver dos preciosos senos adornados por dos pequeños aros en sus pezones impidiendo que pudiera quitar la vista de ellos, sin darme cuenta mi mano se había colado entre los labios de mi coño, me estaba masturbando para ella, una risa apareció en sus labios al descubrir mis dedos usurpando mi ser.

– Puta, eres una puta.- Susurraba.

El hecho de que me insultara provocaba que me encendiera todavía más, mis dedos jugaban en un mar de fluidos, mi mano libre acariciaba mis pezones, comenzó a bajar su bañador haciendo eterno su descenso, hasta descubrir unos labios abiertos dejando ver un piercing en su clítoris.

Sin dejar de sonreír fue caminando a gatas por encima de la cama, como si de un juego se tratara,retrocedí como queriendo escapar, hasta tocar mi espalda con el respaldo de la cama, sin escapatoria me vi atrapada por sus labios, nuestras bocas ya se conocían y bailaban como una pareja experimentada, mi lengua ya no se escondía sino que presentaba batalla, recorrí su boca mientras ella cedía permitiendo la invasión.

Mis labios recorrían su cuello escuchando como ronroneaba dejándome libre el paso, era la primera vez que mi cuerpo se unía con una mujer, era la primera vez…que no lo hacía por amor si no por placer,entretanto mi mano se adelantó a mi boca buscando aquel piercing, mis dedos jugaban con él sintiendo la humedad de su vagina, no podía dejar de besar aquellos pezones, tenía tanto que explorar, Susana lo sabía, sabía mi inexperiencia y como buena maestra guió mi cabeza hacia el centro del universo, los quería devorar, mordía y empapaba con mi boca aquella fuente, conociendo sus interiores, las manos de Susana sujetaban mi cabeza a la vez que movía las caderas intentando sentirme más adentro, mi lengua entraba y salía como si de una ola en la playa se tratara.

– Meteme dos dedos cariño. -Susurraba entre gemidos.

Como buena aprendiz obedeciendo al maestro mis dedos ocuparon todo aquel espacio a la vez que mi boca no dejaba de absorber sus labios, dos pistones encendían aquel motor, nuestros cuerpos comenzaron a sudar juntando olores, las caderas de Susana cada vez se movían más deprisa igual que mis dedos, sentía más cerca sus fluidos esperando que me inundarán todos mis sentidos, al final sus caderas ejercieron un espasmo e inmediatamente me bañaron, sus manos me empujaron hacia arriba hasta unirnos como si fuera un pacto, repartimos sus fluidos en nuestras bocas.

– Ahora me toca a mí zorra.- Dijo Susana dejándome ver sus dientes blancos en una sonrisa perfecta.- Pero antes hay que reponer fuerzas.

Susana volvió a coger la cajita plateada, esta vez no me negaría, deseaba seguir en aquel mar de olas, su dedo corazón apareció blanco ante mi boca, no lo dudé lo saboree como si de una felación se tratara, volví a sentir aquella montaña rusa, mientras veía a Susana hacer lo mismo.

– Abre las piernas.- Dijo sujetándome los carrillos de mi boca.

Era su gatita y mi cuerpo era suyo, tenía tanto que aprender que estaba dispuesta a saltar por la borda si ella me lo hubiera pedido.Sus labios comenzaron a besar mi coño, un dedo jugaba con mi perineo despacio, dos dedos ya introducidos me llenaban por completo, sentí el dedo invasor llamando a las puertas de mi ano, solamente podía morder mi labio inferior y agarrarme a las sabanas de la cama, su cabeza se movía arriba y abajo sin dejar lugar vacío, un dedo consiguió entrar haciendo que sintiera un poco de dolor, ¿pero qué era el placer sin dolor?, enseguida mi cuerpo se acostumbró a estar completo de sus dedos, me sentía penetrada por ambos orificios a la vez, no pude más y me vacíe, sentía como todo mi ser se escapaba de mi ofreciéndome paz, paz después de mucho tiempo, tranquilidad y armonía, no había preguntas, ni nadie que me cuestionase.

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