ALMUTAMID

Las palabras de Marta me ayudaron a sentirme mejor. Pero no quitó que en los días siguientes me automortificara recordando el cúmulo de errores cometidos. Y aunque hay cuestiones que no se pueden controlar, pues la ruptura con Marta había abierto la puerta con Claudia, nuestro fin había sido motivado por errores propios, su forma de ocultarme la beca, dejarme de lado cuando quería acompañarla, mi cabreo mal resuelto liándome con Nieves, y todo el cúmulo de errores posteriores por no saber tener quieta la cabeza de abajo. Daba por acabada mi historia con Claudia y, por algún motivo, también con Nieves.

Sin embargo, y a pesar de las malas noches y de mis sentimientos de culpa, conseguí centrarme en los exámenes. También me ayudó poder salir a correr todas las tardes con mi tobillo bastante recuperado y ganando forma progresivamente. En apenas una semana había ido ganando algo de fondo y estaba seguro de ir recuperando paulatinamente mi velocidad. De hecho, los exámenes estaba convencido de aprobarlos y ya había comunicado mi regreso al equipo.

Otro puntal que me hacía lamentarme pero no desfallecer era la cercanía de Marta. De hecho cada vez estaba más convencido de que si no se cruza María en nuestro camino probablemente Marta y yo seguiríamos juntos y es que a su belleza de cuerpo menudito de caderitas estrechas, vientre plano y pechos pequeños, unía una cara muy bonita y una forma de ser excepcional aunque bastante menos segura que la de Claudia, motivo principal de nuestra ruptura allá por el mes de junio.

Pero la realidad es que por más que me lamentara la vida continuaba y entraba en una nueva etapa de mi vida. Y Marta ganaba posiciones en esa nueva vida convirtiéndose en mi gran amiga y confidente. Aunque sospechaba que quedaba algún rescoldo de nuestro antiguo fuego no iba a cagarla insinuándome u ofreciéndome a ella. Si me apretaban las ganas tenía a Blanca, aunque no era una prioridad, o si no ya me mataría a pajas como hacía antes de conocer a Viqui.

De hecho, nuestra cercanía se sentía en conversaciones cada vez más íntimas. Bueno, miento. Yo me abría con Marta pero ella seguía un tanto hermética cada vez que intentaba sonsacarle sus sentimientos o si le gustaba alguien. Pero yo empezaba a no tener secretos para ella y la última tarde de estudio habíamos hecho un descanso y mientras ella se tumbaba en la cama haciendo estiramientos con sus leggins y una sudadera yo hacía unas flexiones en el suelo. Era una forma de relajarnos. Pero al terminar empezamos a charlar, y fue ella la que me sonsacó una curiosidad que tenía:

-Oye, me dijiste el otro día que tenías una historia con alguien que conozco, aclárame eso.-me sonsacó.
-No sé si debo, porque lo mismo te enfadas conmigo o con ella.
-Que idiota eres…-me dijo tirándome una babucha a la barriga.
-A ver…esto entre tú y yo, ¿vale?- le pedí sentándome en la cama al lado suyo.
-De esta boca no va a salir.
-Vale…pues, ¿te acuerdas cuando Angela y Miriam se liaron?
-Claro. Menudos shows nos han dado después.
-Pues yo las pillé.
-Eso lo sé. Pero ¿pillladas pilladas?
-A ver, que no vi nada, pero se intuía todo. Y por la mañana la actitud de culpabilidad de Miriam pues lo decía todo. Pero vamos que ella misma me lo confesó después.
-Y tú ¿qué tienes que ver en todo esto?
-Pues. A ver…como yo las había pillado al final cada una por su lado me contó su parte. Ángela lamentándose de que Miriam no se aclarara y Miriam con un lío tremendo en el que se portó bastante mal con Ángela no dando la cara.
-Vale. Eso más o menos yo lo sabía. Pero sigo preguntando ¿y tú?
-Miriam quería aclarar su tendencia sexual y quería tirarse a un tío.
-¿No?- contestó Marta poniendo los ojos como platos.- ¿te la follaste?
-No, no.
-¿Y?
-Me lo propuso.
-¿Cómo?- el anonadamiento de Marta era difícil de describir.
-Pues me llevó a su casa con la excusa del trabajo que teníamos que hacer y me lo soltó.
-Será zorra…Venga, va. Cuéntame.
-Pues yo quería saber por qué y se lo pregunté, vamos, que por qué yo.-expliqué a Marta.
-¿Y qué te dijo?
-Que como tenía novia no iba a salir de ahí y que además estaba bueno. Y eso que entonces no tenía estas abdominales. -le dije a Marta levantándome la camiseta para fardar.
-No seas tonto creído. -me contestó dándome con el dorso de la mano en la barriga- Y sigue contando.
-Pues con la excusa quería saber si se iba a poner cachonda conmigo.
-La mato…
-¿Y eso?- pregunté por su reacción.
-Yo me entiendo, Luis. Sigue contando porfi.
-Pues nada que me tocó la polla, y qué quieres que te diga, yo no soy de piedra pero eso se puso como una piedra.
-Vaya tela…
-Pero aquí viene la bomba.
-Miedo me da…
-Que no, Marta, ya verás. Cuando la veo toda decidida a probar va y me dice que es virgen.
-¿Cómo?
-Sí, como lo oyes.
-Ja. Ja. -contestó con ironía- ¡Virgen!. Pero se te quería zumbar.
-Pues eso fue lo que me cortó. Le solté el típico rollo de que la primera vez tiene que ser con alguien especial y tal y me vestí y me fui.
-Pero si aún te queda conciencia…jajajaja.-se rio de mí.
-No sé quien es más idiota de los dos.-le dije con cara de pocos amigos.
-Que no, jajaja. Es que Miriam es para matarla. Va de lista y de diva, se te quiere levantar con una excusita a pesar de cosas que ella sabe y encima la muy idiota es virgen. Ya tendré dos palabritas con ella.
-Me has jurado que no se lo contabas a nadie.
-Mierda. Pero es que nuestra amiguita se las trae. ¿No te has dado cuenta como le gusta pincharme contigo? Sabe que fuimos novios y me viene todo el día con que Luis para acá y Luis para allá.
-Bueno eso tendría sentido si entre tú y yo hubiera algo, pero como no es así.-dije quitándole importancia al berrinche que se estaba pillando Marta con Miriam.
-Claro…-respondió algo turbada- entre tú y yo sólo puede haber amistad…venga, cambiando de tema. ¿Y Blanca?
-Eres una capulla. Yo te lo cuento todo y tú a mí nada.- le dije con cara de ofendido.
-Si tuviera algo que contarte sobre otro chico te lo contaría, pero no hay nada.- se justificó.
-Pues nada. No la he visto por la facultad estos días aunque me ha escrito varios mensajes agradeciéndome los apuntes que le dejé. Le están sirviendo mucho.
-Los apuntes o los pollazos, ¿no?
-Pero qué bruta eres, jajaja. No hemos hablado de eso.
-Antes de una semana te la estás follando otra vez.
-Que va. No creo. Vamos yo no voy a buscarla desde luego.
-Pero ella a ti, sí.
-¿Me estás dando permiso?
-Jajaja. Que tonto eres. Tú haces con tu cuerpo lo que te de la gana, tú sabrás. Ya sabes lo que pienso. Pero eso es cosa tuya.
-Da igual. No tengo muchas ganas ahora de nada.
-Jajaja. Es lo más gracioso que has dicho en toda la tarde. Luis, que te conozco…Venga anda, vamos a echar otro rato de estudio que esto se acaba.

No sé si había hecho bien en contarle lo de Miriam, pero desde luego que se lo merecía por metida, por cotilla y por indiscreta.

Efectivamente Marta no se equivocó demasiado. A la semana siguiente empezaron a salir las notas de los primeros exámenes. Algún aprobado raspón pero todo iba bien. Y no sólo para mí. Blanca apareció por el fondo de un pasillo bastante nutrido de personal a esa hora para abrazarme y darme dos besos muy sonoros agradecida porque gracias a mi apuntes había aprobado una asignatura.

Tras decirme que ya me contaría que pasaba con las demás se despidió de mí. Marta me miró con cara de “Ya te lo dije” mientras Carlota sonreía intentando no decir nada y la bocazas de Miriam soltó:

-No sé qué les das Luis, que las pones a todas cachondas.

Marta la mataba con la mirada mientras yo negaba con la cabeza más por controlar a ésta que por responder a Miriam. Y es que saltaban cada vez más chispas entre las dos y yo empezaba a sentirme culpable por haberle contado a Marta mi affaire de hacía unos meses. Busqué la forma de salir del paso de las dos molestias: la efusión pública de afecto de Blanca y como cada vez se llevaban peor Marta y Miriam. La situación también evidenciaba que yo cada vez estaba más cerca de Marta.

Aquella semana además volví al equipo. Pude entrenar con normalidad aunque notaba la pérdida de un pico de velocidad pero estaba decidido a solucionarlo con los entrenamientos y además acudiendo corriendo a los mismos. Además los días que no entrenaba salía a correr. Aunque se me hinchó ligeramente el tobillo tras el primer entrenamiento la tobillera cumplió con su función y apenas me dolió golpear el balón con fuerza. Mi único miedo era otra torcedura o una mala patada jugando por lo que noté ya en el entrenamiento que ante cualquier riesgo en vez de encarar al contrario como solía buscaba a un compañero e intentaba la pared en vez del cambio de ritmo.

Cuando el jueves nuestra hinchada femenina me vio en el banquillo recibí bastantes saludos y felicitaciones. Además me sentí arropado por la presencia de Marta, Miriam y Carlota, además de Blanca y sus compañía inseparable de niñas de primero y su amigo gay. Cuando salté a la pista en la segunda parte como refresco escuché gritos de “Luisinho, Luisinho…” desde la grada. El partido no me salió como quería, y aunque el rival era fácil y la coyuntura favorable, pues ya ganábamos cuando salté al campo, mis pocos intentos de regate no me salieron provocando algún contraataque del contrario innecesario. Lo único positivo, aparte de volver a jugar, fue que metí un gol de picardía dando un taconazo de espaldas a la portería cuando el portero salía a tapar mi posible pase al compañero que venía solo de frente. Me gané el regocijo de la grada y de nuevo los gritos de “Luisinho…”.

En el vestuario recibí las felicitaciones del equipo, especialmente de Dani, aunque me afeó las pérdidas de balón que contra otro equipo habrían podido salir caras. Me disculpé reconociendo que me faltaba velocidad y prometiendo jugar más en equipo.

En el pub todo volvía a la antigua normalidad, antes de los exámenes y sobre todo antes de mi lesión. El haber salido de las semanas de exámenes se comprobaba en las ganas de juerga del personal. Sin embargo mis amigas se fueron pronto. Yo bastante eufórico me entregué a la cerveza y los abrazos con los compañeros. Fue cuando al sentarme en una banqueta cuando Blanca se despegó de su grupito de amigos y vino a felicitarme en persona. Me dio un abrazo pegándome sus tetas al pecho y yo de manera inconsciente la recibí dándole palmaditas en el culo.

-Ay, Luis. ¡Qué bien has estado hoy! ¡Y que golazo!
-Bueno, no ha sido para tanto.
-Es que eres el mejor…-dijo sentándose en mi muslo de forma que mi mano podía acariciar la parte que sobresalía de su culo.

Por un momento recordé como había conocido a Marta sentándose de aquella manera sobre mí y qué diferente la veía ahora. Entonces ella iba por mí y aunque no se dejó manosear como otras chicas no se quejó cuando acariciaba su culo. Ahora ni me atrevía a algo así, ni ella me buscaba igual. Pero la voz de Blanca me devolvió a la realidad temporal y a la diferencia de culo.

-…como has engañado al portero. De verdad, qué alegría que vuelvas a jugar.

Justo en ese momento se acercó Dani a nosotros diciendo:

-Hombre Blanquita, ya te echaba de menos aquí. Cuídame a Luis, que tenemos que ponerlo a tope para el equipo.

Blanca se quedó muy cortada con las palabras de Dani y se ruborizó poniéndose colorada.

-Chiquilla, jajaja.-reaccionó Dani a la actitud de mi amiga- No te cortes. Sólo te pido que me lo animes para que rinda en el equipo. Venga parejita, ahí os dejo.- comentó justo antes de irse para otro grupo.
-¿Qué te pasa, Blanca?- pregunté.
-Me he quedado cortada con Dani.- me respondió.
-¿Por qué? – contesté- si él ya sabe que somos amigos.
-Ya, bueno. Pero es que, bueno. Tú ya sabes que yo…y él.
-Ya sabes que no me importó. No te obligo a nada.
-Pero tú te has portado tan bien conmigo con los apuntes y tal, y, bueno, que tú me gustas más que él.
-Vaya, pues yo creía lo contrario, jajaja.-respondí – El es más alto, más fuerte, más guapo…
-No. Más guapo, no.
-Gracias por lo que me toca.- respondí acercando mucho mi cara a la suya mientras la asía por la cintura.

Blanca me besó y yo se lo devolví empujando con mi lengua para encontrar la suya. Tras unos instantes besándonos nos separamos y me encontré con su sonrisa.
-¿A qué hora tienes que estar en la residencia?- me preguntó.
-A las 11, como siempre.
-¿Quieres que pasemos antes por mi casa…?-me preguntó tocándose el pelo.

Joder. Que proposición. ¿Cómo iba a decir que no?

-¿Quieres devolverme los apuntes?- pregunté.
-Igual que tú me los diste…-contestó acariciándome el paquete haciéndome dar un respingo.
-Vámonos…-respondí.

Cogí mi macuto y el abrigo mientras ella hacía lo mismo y salimos hacia la puerta mientras veía como Dani me guiñaba un ojo.

Por el camino nos parábamos de vez en cuando a besarnos y meternos mano. Blanca no se cortaba y en cada parada disimuladamente me sobaba el paquete llevándome empalmado todo el camino hasta su casa. Yo para disimularlo pegué mi cuerpo a su espalda de modo que hicimos un buen trecho frotando mi polla contra su culo aun más duro por la sujeción del vaquero que llevaba.

En su portal nueva parada para para comernos la boca y meternos mano. Parecía como si haber follado en mi dormitorio hubiese despertado la voluntad de la chica dejando de mostrarse tan inocente y pasiva como mostró en nuestros primeros encuentros. Yo llevaba dos semanas sin follar. Ni siquiera me había hecho una paja agobiado por el recuerdo de la conversación con Claudia. Pero ahora Blanca estaba despertando en mí el deseo y prometía ser un buen polvo.

Abrió la puerta con la llave conmigo pegado a su culo y pasamos a la casa. Al atravesar el salón nos cruzamos con sus dos compañeros de piso, una chica gordita y el chaval gay de la facultad.

-Hola…-dijo Blanca con una risa tonta- Es Luisinho.
-Encantado. – respondí cortado intentando disimular mi empalme mientras el chaval me miraba anonadado.
-Hola- respondió la chica.
-Yo ya te conozco- le dije yo al chaval que asintió con la cabeza observándome antes de guiñarle un ojo a Blanca.
-Bueno, vamos a mi cuarto – dijo ésta tirando de mi mano- Luis es el amigo que te dije y tengo que devolverle unos apuntes.

Salimos del salón ante la cara de asombro de sus compañeros de piso y entramos a su dormitorio aguantando la risa. Nada más entrar tiró su abrigo y se lanzó a comerme la boca sobándome otra vez el paquete comprobando que no se había ido su dureza. Me quité yo también el abrigo y sin darme tiempo a reaccionar Blanca me estaba sacando camiseta y sudadera de un tirón enganchándose las prendas en mis brazos mientras ella tiraba para desnudarme. En cuanto mi torso quedó libre se lanzó a besarme de nuevo mientras ahora sus manos abrían mi cinturón y soltaban de un tirón los botones de mi vaquero.

Con la risita con la que llevaba un rato se agachó a sacarme botines y pantalón. Quería desnudarme y yo no iba a poner pegas. Me dejó en calzoncillos con el bulto totalmente marcado. Se puso de pie y se lanzó de nuevo a por mi boca apoyando su mano en mi pecho. La tenía fría y di un respingo.

-Tienes la mano helada…jajaja- le dije para disculparme.

Puso cara de traviesa y se acercó de nuevo a besarme sin tocarme pero de golpe sentí como colaba su mano en mi calzoncillo agarrándome la polla con la mano fría y después las pelotas. Ahora el respingo fue mayor acompañado de su risita.

-Has sido mala- le dije al oído mientras me besaba el cuello- Ahora vas a tener que calentarme.
-Pues lo tienes muy calentito, jijiji…- respondió.
-Estás hoy muy traviesa.
-Ajam…-contestó comiéndome la oreja rozándome el glande con la yema de su pulgar.
-Llevas un rato tocándome la polla. ¿Tienes ganas de polla?
-De tu polla, Luis…
-Pues podrías calentarla con tu boquita…

Blanca no respondió y siguió comiéndome el cuello con su mano dentro de mi calzoncillo pero poco a poco empezó a descender por mi pecho chupando mis pezones y jugando con su lengua en mi ombligo hasta quedar de rodillas delante de mí. Me miró con la misma cara de traviesa otra vez y bajó mi calzoncillo haciendo que mi polla saltara fuera. Se relamió la boca y agarró mi nabo descubriendo mi glande para poder pasarlo por sus labios haciéndome estremecer. Después agarrando mi churra hacia arriba empezó a lamer el tronco sin dejar de mirarme. Dos semanas sin correrme y ver la cara de la niña jugando con mi polla me tenían malo y más cuando sin esperármelo tras lamer el troco se metió un huevo en la boca mientras me pajeaba suave.

No sé que había hecho la niña en Navidad pero desde la mamada en el banco a esto había mejorado mucho. Y más aun cuando se metió mi glande en la boca y empezó a apretar con sus labios.

-Joder,Blanca….-se me escapó con los ojos como platos y la respiración agitada.

Ella seguía apretando con sus labios y su lengua la punta de mi nabo generándome unas sensaciones de placer que ya no recordaba. Entonces empezó a tragar. Temí que me hiciera daño con los dientes pero se endosó más de media polla sin lastimarme ni al metérsela ni al empezar a soltarla. Se me escapó con cierto alivió:

-Ummmm, que bien Blanca…

La chica se sacó mi polla de la boca y pajeándola suave me preguntó sonriendo:

-¿Te gusta?
-Me encanta…

De nuevo se tragó despacio mi polla, pero esta vez casi se la traga entera. Sentía su garganta y como ella cerraba los ojos para soltarla con pucheros en los ojos.

-Ufff, Blanca…

Ahora varias chupadas rápidas y otra vez hasta el fondo aguantándola un momento. Joder que mamadón me estaba dedicando. Pero si seguía así le iba a llenar la garganta de semen en dos chupadas así que con la excusa de que estaba vestida la hice levantarse diciéndole:

-Oye, que yo también quiero ver ese cuerpecito…

Blanca se levantó y la ayudé a quitarse el jersey. Pero mientras se quitaba la camiseta yo me eché en la cama apoyado sobre los codos dejando que mi polla dura y brillante por su saliva tomara protagonismo en su visión. Blanca me sonrió dudando porque prenda seguir y yo la animé:

-Enséñame las mejores tetas de la facultad.
-¿Las has visto todas?
-No me hace falta…lo sé…
-Seguro que has visto unas cuantas, jajajaja…

Me encogí de hombros disfrutando de como esas masas de carne luchaban contra la gravedad y sin darle tiempo a preguntar añadí:

-El otro día me quedé con ganas de ver mejor ese culito con el tanguita. ¿Hoy hay sorpresa?
-Tendrás que descubrirlo, jajaja.
-Date la vuelta y lo vemos…

Blanca obediente me dio la espalda para desabrocharse el vaquero y bajarlo lentamente. Efectivamente llevaba otro tanga similar al de aquel día pero en color fucsia contrastando con el sujetador blanco que se había quitado. Casi me levanto de la cama para agarrar ese culazo pero mientras ella lo ponía en pompa para sacarse los pantalones yo miraba embobado tocándome el nabo.

Cuando terminó se dio la vuelta con un “Tachán” y se acercó hacia mí. Le ofrecí la boca y ella la recibió con mucha lengua mientras mis manos amasaban sus duras nalgas.

-¿Y ahora qué más quiere el señor?- me preguntó.
-Pensaba que ibas a follarme…
-¿Traes condones?
-No lo había previsto…

No sé qué cara de decepción debí poner pues Blanca inmediatamente me dijo:

-Algo podremos hacer…

Pensé que me la iba a mamar un rato hasta que me corriera, pero se ve que ella venía tan salida como yo porque inmediatamente añadió:

-Con tu experiencia aguantarás y avisarás ¿no?

Mientras hablaba puso sus rodillas a ambos lados de mis muslos. Yo me dejé caer atrás en la cama apoyando la espalda en el colchón a la vez que Blanca se acomodaba para sentarse sobre mi polla. Me iba a follar a pelo y yo no iba a quejarme. Una vez acomodada sobre mí se echó hacia adelante para ofrecerme su boca que yo recibí un instante pues al sentir sus enormes senos apoyarse en mi pecho cambié la dirección de mis labios lanzándome por sus pezones. Yo me daba el festín y seguramente ayudaría a la chica a mojarse para estar bien lubricada para recibirme.

Tampoco se alargó mucho. Pese a los gemiditos dulces y agudos con los que reconocía el trabajo de mi boca en sus tetas y hasta un momento en que con la misma voz me dijo “Mama, mama, bebé…” poniéndome burrísimo, fue ella la que se enderezó para retirando el tanga con la mano dirigir mi polla a su raja.

De nuevo ocurrió como en nuestro primer polvo. Pero al estar sin condón esta vez la sensación fue mucho más intensa al sentir no solo lo apretado y lo estrecho, sino además su calor y su humedad empapándome el glande nada más apoyarlo en sus labios mayores. De nuevo sentí cierta dificultad para que entrara toda mi churra en ese chocho tan apretado pero Blanca era ahora la que marcaba la profundidad de la penetración. En vez de dejarse caer iba poco a poco subiendo y bajando muy suave, muy despacio consiguiendo que entrara mi polla poco a poco y que su vagina se acomodara a mi misil invasor. Pero me estaba rozando de tal manera el glande que me provocaba tal placer que temía que el misil explotara antes de tiempo.

Por fin su culo se desplomó sobre mis muslos y mis pelotas sintiendo como su coño se había tragado mi polla entera. Blanca al dejarse caer había vaciado sus pulmones con uno de sus gemiditos pero más largos y había apoyado sus manos en mi pecho cerrando los ojos como si el estar llena le provocara gran placer. Esperó a acomodarse mientras yo acariciaba sus muslos y sus nalgas y abrió los ojos mirándome con una sonrisa cortada y las mejillas encendidas y me dijo con esa voz tierna:

-Ummmm, Luis. Te siento entero.
-¿Te gusta?
-Me encanta sentirte.

Entonces Blanca inició un movimiento de cadera muy suave donde no se levantaba de mi regazo pero notaba como mi polla se rozaba dentro de su coño. Desde fuera parecía como si apretara las nalgas pero su cuerpo apenas se movía pero cada movimiento de ella se transmitía directamente a mi nabo generándome un placer desconocido. Era una sensación como si su coño apretara mi polla, especialmente el glande para ordeñarlo. No sé si ella era consciente de lo que ese movimiento me provocaba o si era algo fortuito pero su cara reflejaba también placer y cada contracción de sus músculos se reflejaba en una pequeña contracción de su cara y un gemidito. Y al mirarla se ruborizaba como si se avergonzara del placer que sentía a cada contracción de sus músculos y a mí me encendía más. Pero dejaba que fuese ella la que mandara pues tener sus pechos colgando cerca de mi cara y su espalda encorvada para poder acercarse a mí me facilitaba el doble placer de ver y sentir.

De hecho levanté mi cara para poder besarla y poder sobar sus pechos mientras ella seguía apoyada en mi pecho. Al inclinarse hacia mí dejó que parte de mi polla quedara fuera de su chocho y liberara espacio entre mis caderas y su culo permitiéndome cierta movilidad y que fuera yo quien ganara iniciativa ganando ritmo. Apoyé mis pies en el filo de la cama flexionando mis piernas y empecé a taladrarla con fuerza haciendo que mis bolas botaran al ritmo e intensidad de la follada.

Blanca se inclinó hacia adelante dejándose caer sobre mí pegando sus tetas a mi pecho y empecé a sentir como sus gemidos se ahogaban. Creo que se estaba corriendo. Y digo creo porque yo estaba a punto y recordé de golpe que estaba sin condón de modo que asustado le dije que se apartara que me corría. Blanca se dejó caer al lado mía y sin darme tiempo a pajearme yo mismo me agarró el nabo empapado por sus flujos y empezó a meneármelo agarrándolo fuerte por el tronco haciendo que el cosquilleo que ya tenía en los huevos subiera por dentro de mi polla expulsando el primer lefazo que saltó con fuerza salpicándonos. Con una risa nerviosa siguió maneando saltando los siguientes chorros menos potentes pero más densos que resbalaban por su mano y mi polla. Fue aminorando la velocidad hasta que le rogué que parara sustituyendo la paja por una suave caricia y una sonrisa angelical que contrataba con el sudor que perlaba su cara y las mejillas encendidas.

-Jajaja, Luis. Vaya chorros.
-Es que había mucho amos reconcentrado en mis pelotas.
-Jajajaja. Que gracioso eres. No te muevas que te limpio antes de que lo pringues todo.

Blanca se levantó poniéndose bien el tanga para cubrir su raja y sacó de su armario un paquete de toallas húmedas. Tras limpiarse la mano me limpió con cuidado el vientre y la polla ya bastante relajada. Tiró las toallitas a una papelera que tenía junto a su mesa de estudio. Yo me tendí a lo largo de la cama mientras ella buscaba una camiseta.

-No te pongas nada.- le dije desde la cama- me gusta verte así.
-Pero voy a coger frío.
-Vente conmigo que te de calor.

Blanca se volvió a la cama tumbándose boca abajo apoyada en sus brazos observándome. Yo me puse de lado y empecé a acariciar su espalda notando como le daba un escalofrío y su piel se erizaba poniéndosele de gallina.

-¿Te lo has pasado bien?- le pregunté.

Asintió con la cabeza sonriendo con los labios cerrados mientras yo recorría con mi dedo su espalda y su culo.

-Yo también. Me has dejado sin palabras.- añadí.
-¿Yo? Jajaja. ¿Por qué?
-Porque te noto diferente a otras veces.

Hizo el gesto de apartarse el pelo de la cara con un giro de cabeza y contestó con media sonrisa:

-Sólo he hecho lo que me dijo Dani. Cuidarte…jajaja.
-¿Por qué él te lo ha dicho?- pregunté dejándome caer para quedar boca arriba pasándome los brazos por detrás de la cabeza.
-No. Jajaja. Porque soy la envidia de toda la facultad.
-Era nuestro secreto, ¿no?- pregunté incómodo.
-Eso era cuando tenía novia. Pero ahora a nadie le importa si juego con tu churrita…
-Oye, no la ofendas…
-Jajaja. Perdón. No se incomode usted señora polla, jajajaja.- dijo mirándome mi polla caída sobre mi muslo.
-Yo no insulto a tu chochito, y eso que hoy ni lo he visto. Que la última vez le di dos besitos.
-Jajajaja. Que arte tienes Luis, me parto contigo.

Aprovechando su risa empecé a hacerle cosquillas en la cintura. Blanca se reía y se retorcía clavándole mis dedos en las partes de su barriga que no conseguía cubrir con los brazos.

-Jajajaja, por favor, jajajaja, para….-me pedía mientras yo no dejaba de provocar su risa con mis cosquillas.
-Esto por faltarle el respeto a mi reputada churra.
-Jajajaja. Para, jajajaja. En serio…si me gusta mucho, jajajaja.

Dejé de hacerle cosquillas y la chica se estiró en la cama. Entonces caí en la cuenta.

-¿Qué hora es?- pregunté mirando mi reloj.- Mierda, no llego a la residencia.
-¿Ya no te dejan entrar?
-No. Hasta las 7 ya no abre.
-Bueno, quédate conmigo esta noche.
-¿No te importa?- pregunté mirándola a los ojos.
-Para nada.

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