ALMUTAMID

En la cena tuve que aguantar cierto cachondeo. Media residencia sabía que había estado follando con alguien en mi dormitorio pues los gemidos de Blanca se oían perfectamente desde el pasillo. Marcos sospechaba por qué lo había echado de la habitación. Víctor me había visto pasar con Blanca y Ángela había sido la primera en comentármelo. Conclusión, era cuestión de horas o días que todo el mundo conociera mi aventura. Bueno, no tenía novia ni motivos para dar razones a nadie si me daba una alegría al cuerpo.

Sin embargo, empecé a darme cuenta de que mis triunfos sexuales podían tener consecuencias en las relaciones con mis amigas. Al día siguiente en clase me encontré con Blanca por los pasillos. Realmente me sorprendía que en tres semanas anteriores ni la había visto y tuve que haber ido yo a buscarla y de buenas a primera al día siguiente del polvo me la encontré de frente con todo su grupito de amigas y el chico gay. Además me dio un abrazo y dos besos muy efusivos para que todo el mundo fuese consciente de nuestra “amistad”. Tras las típicas preguntas de que tal la noche y si le estaban sirviendo mis apuntes nos despedimos con otros dos besos muy sonoros y una gran sonrisa.

-¿Hay algo que no me hayas contado?- preguntó Marta.
-Bueno, le he dejado unos apuntes míos del año pasado y está agradecida.

Marta levantó una ceja inquisitiva pero no insistió. El problema vino después cuando Miriam soltó la bomba comiendo al mediodía:

-Hey, pichaloca, jajaja. Que me ha contado un pajarito que Luis se pegó el lote con cierta muchachita.

La cara de Marta era todo un poema. Pero no dijo nada así que Miriam insistió:

-Pues, Martita. Que nuestro Luis ayer se llevó a una amiguita a su dormitorio y se pasó toda la tarde pim pam con la niña, jajaja. Y se la oía gritar de gusto en toda la residencia.

Notaba como la cara de Marta pasaba de la extrañeza, al cabreo y de éste a la decepción y respondí a Miriam.

-¿Por qué no tu pajarito y tú no arregláis vuestros problemas en vez de meteros en la vida de los demás?
-Mira que eres borde, hijo. Tampoco estoy diciendo nada malo ni mintiendo.-contestó Miriam.
-Por eso estaba tan contenta, ¿verdad Luis?- preguntó Marta.- Era la niña del pub, la de los apuntes. Tenías que hacerlo.
-No tengo novia. Estoy libre, ¿cuál es el problema?
-Tú eres el problema, Luis. ¿Quieres ser un picaflor? Vale, muy bien. Dedícate a mojar el churro con cualquiera para satisfacer tus instintos más básicos, muy bien. Pero después no pidas explicaciones como las que me exigías cuando lo dejamos.
-No voy a discutir esto contigo. Es absurdo- me defendí- Tú me dejaste aun sabiendo que era mentira el cuento con el que te fueron y ahora te comportas como si todavía estuviésemos juntos. ¿Qué tiene de malo que a la niña yo le guste? Eres el perro del hortelano, no comes ni dejas comer…
-Eres un imbécil, Luis. No sé como me pude enamorar de ti.
-Chicos…-intentó mediar Miriam- creo que he metido la pata. ¿Por qué no lo habláis cuando estéis más tranquilos?
-Vete a la mierda- contestó Marta muy cabreada- Estás disfrutando con esto.

Miriam sin decir más se levantó y se fue. Marta volvió algo más tranquila a hablarme:

-En serio, Luis. ¿Tan importante es echar un polvo?
-No tengo pareja. Le gusto a la chica. Ella me gusta a mí…
-¿Te gusta? ¿Estáis saliendo?
-Bueno, no. Me gusta para eso…
-De verdad, cuanto me decepcionas. Es que no lo entiendo. ¿Quién está aquí ahora Jeckyll o Mr. Hyde? ¿Cómo puedes ser tan atento, tan amable, un verdadero amor? Estos días estudiando y estando tan a gusto. El otro finde, que fuiste todo un caballero durmiendo conmigo. No te entiendo. ¿A mí también me habrías echado un polvo?
-Tú eres diferente, Marta.

Su cara se relajó pasando de la indignación a la pena.

-¿Diferente por qué?
-Porque tú nunca serías un polvo para mí. Pasé contigo días muy felices aunque la hijaputa de María nos jodiera bien, eso sí, con colaboración tuya. A pesar de todo mantenemos una buena amistad que tú te empeñas en fastidiar por unos extraños celos.
-No son celos, Luis. Es que…

Se quedó pensando qué decir, pero no arrancaba. Me impacienté y pregunté:

-¿Qué?
-Es que no…no, yo, este, verás…

Marta titubeaba, pero no terminaba la frase. Por fin dijo:

-…no quiero que te eches a perder. Esa niña no te conviene y te va a traer problemas. Y yo…yo, te quiero…
-¿Me quieres?
-Te quiero ayudar, Luis.
-Pues menuda bronca me has echado. Es que a veces parece que no piensas.
-Marta, claro que pienso. Mira. Pienso que tú me dejaste por una mentira de María. Pienso que Claudia se fue a Italia. Pienso que intento otras cosas y no me salen. ¿Tan mal está que me divierta con esa niña?

Mi amiga se quedó cortada con mi reflexión quedándose en silencio pensativa. Parecía dudar y querer decir algo, pero no se atrevía hasta que por fin dijo sin atreverse a mirarme:

-Tienes razón. No tengo derecho a meterme en tus cosas si conmigo te portas bien. ¿Verdad?
-Venga, no le des más vueltas.-quise cortar el tema- Sólo ha sido un polvo, ella no significa nada para mí.
-Lo vas a estropear otra vez.
-Vale. ¿Nos vamos a estudiar?
-Hoy no puedo. Mañana hablamos ¿vale?

Se levantó y se fue tras darme un beso en la frente. ¿A qué venía tanta inquina a Blanca? De todos modos ya ajustaría cuentas con Miriam con sus cotilleos fuera de lugar. La iba a joder simplemente contándoselo a Ángela, y quizá contándole algo más.

Al final cuando se me bajó el cabreo me pensé mejor lo de contarle a Ángela la propuesta que en su día me había hecho Miriam. Lo de ellas era como el Guadiana, estaban y no estaban, y ni siquiera sabía si al final se habían enrollado o no. Me pasé la tarde estudiando pero cuando llegó mi descanso para hacer ejercicio me di cuenta de que necesitaba algo más y aunque me faltaban algunos días para poder empezar a correr según el consejo médico me puse una tobillera ajustada y salí. Noté los más de dos meses de inactividad. Había ganado fuerza y volumen en los brazos, hombros y pecho pero me sentía más lento y pesado al correr. De hecho había perdido fuerza en las piernas.

Decidí intentar hacer mi ruta habitual pasando por el parque donde hacía mis ejercicios. Llegué bien, incluso a buen ritmo, pero tras hacer mis series de brazos, pecho, espalda y abdomen me costó bastante correr de vuelta a buen ritmo regresando a un trote cochinero. No estaba en condiciones de volver al equipo al menos hasta que recuperara algo de fondo y sobre todo mi velocidad. No era un gran regateador y sin mis cambios de ritmo y mi velocidad, Luisinho dejaría de ser una estrella.

Lo bueno de mi preocupación por mi estado físico es que me sacó de la cabeza la absurda discusión con Marta. Además cuando regresé a la residencia me encontré una disculpa de Miriam en el móvil. Menos mal que no la había cagado vengándome de ella al más puro estilo María. Y esa fue mi reflexión durante la ducha. Tenía que aprender a controlar mis impulsos. Estaba más irascible y reservado desde que había vuelto de las vacaciones de Navidad hacía ya casi un mes. Romper con Claudia primero, y el palo que me había dado Nieves después, habían hecho mella en mi carácter solo suavizada por la amabilidad de Marta. Pero el polvo con Blanca ponía en peligro esa amistad. Es verdad que ella no tenía derecho a molestarse por mis asuntos privados, pero por otra parte no quería perder mi mayor sustento en ese momento en la facultad y casi en mi vida.

Tras el palo con Nieves nuestras conversaciones se habían ido espaciando y ya no era mi confidente como lo había sido antes. De hecho sentía un cambio en mis sentimientos hacia ella. Empezaba a interpretar su comportamiento hacia mí como una actuación sólo para entretenerse conmigo. ¿Realmente era una persona con los pocos escrúpulos para provocar, buscar y enrollarse con un tío con novia para después despreciarlo? ¿O en realidad le pasaba como a Marta? Era capaz de ver en mí grandes virtudes pero también grandes defectos. Se quedaba con mi amistad y mi saber estar, y no dudo, que con los buenos polvos que le echaba, cada vez más convencido de que era un buen follador, pero no le interesaba una relación conmigo.

Como echaba de menos poder hablar estas cosas con Claudia como un año antes. Necesitaba una confidente. Alguien que me diera buenos consejos. Porque me daba cuenta que salvo con ella mis relaciones empezaban a ser vacías. A Nieves solo le interesaba mi cuerpo y los buenos ratos que le daba. ¿De Blanca? No sabía que esperar. En ningún momento yo le había expresado otra intención por mi parte más que tener sexo. De hecho la chiquilla tampoco había demostrado buscar algo más que fardar de mi amistad aunque podría ocurrir que ahora fardara de algo más. Tampoco debía andar locamente enamorada de mí cuando me había prácticamente ignorado después de las vacaciones y se había tirado a Dani. Bueno, mientras la cosa no se torciera podía tener asegurados unos buenos polvos con la niña teniendo en cuenta que yo era el primero que no estaba dispuesto a acudir a Nieves después de nuestro último encuentro. Mientras tuviera donde mojar el churro no le iba a dar la sensación de que la necesitaba. Y según me sentía tratado por ella por mi propia dignidad tenía que evitar volver a caer en lo que yo vislumbraba como un engaño, haciéndome creer siempre algo más de lo que realmente esperaba de mí.

En la cena tuve que aguantar de nuevo el pitorreo de algún compañero imitando los gemiditos de Blanca. Pero dejé caer un comentario lapidario: “Ríete de como las hago gemir de gusto mientras tú te matas a pajas…”, lo que casi me cuesta que me partan la cara. Tener a Víctor y Marcos cerca fue una gran ayuda evitando la pelea de gallos.

Víctor por su parte me prometió no contar el sucedido a Lourdes pero de nada sirvió, pues aquella noche recibí mensaje de Claudia preguntándome con mucha sorna si iba a insonorizar el dormitorio.

-Ya te han ido con el cuentecito.-contesté tumbado en la misma cama donde tantas veces había yacido con ella.
-Luis ya conoces al personal. Están deseando contar un cotilleo y más si pueden hacer daño.
-¿Y a ti que te parece?
-Mira que eres tonto. Te di libertad estando juntos así que ahora ¿qué quieres que te diga?
-No sé. A lo mejor te molesta.
-No vayas por ahí, Luis.
-Bueno, ¿y tú qué?
-¿Yo? Ya me conoces, agobiada por los estudios.
-Pero me dijiste que allí todos los exámenes eran en enero. Ya has acabado.-le respondí.
-Pero hasta no ver las notas no me voy a quedar tranquila.
-Eres la mejor. Seguro que son buenas. Descansa unos días y relájate.
-Ya hemos tenido de eso aquí.
-¿Y eso?
-El día que terminan los exámenes aquí sale todo el mundo de fiesta.
-¿Cómo antes de Navidad?-pregunté ocultando mi deseo de saber si había tenido alguna aventura.
-Mucho más. Bares, discotecas, casas. Todo lleno de estudiantes de fiesta. Es curioso, Luis. Aquí se sale mucho menos que allí de marcha. Pero cuando cortan las clases o los exámenes se montan unas fiestas que allí ni nos imaginamos.
-Ya me imagino. Borracheras y tal.
-¿Y tal? Jajaja. ¿Por donde vas Luis?
-Nada, nada. Por saber si te lo has pasado bien en esos desmadres.

Me iba a pillar y me pilló.

-Luis, estás deseando saber si me he enrollado con alguien como tú, ¿no?
-No tienes por qué contarme nada.
-Bueno. Somos amigos. Tú acabas de reconocerme que has pasado un buen rato con una nueva amiga.
-Pero a ti te da igual.- respondí con desdén.
-Eso ya lo hablaremos cuando estemos en persona.
-Bueno, ¿has tenido algo o no?
-¿De verdad quieres saberlo?
-Somos amigos. Quiero que seamos confidente como antes. Tú ya sabes que mi churra ha estado jugando por ahí. Te han ido con el cuento y no te lo he negado.
-Bueno. En esta nueva amistad nuestra quieres recuperar el grado de confidentes que teníamos antes de salir por lo que veo. Aunque yo no muestro mi desagrado si lo hubiera, pero te conozco Luis…
-Prefiero saber a vivir en la ignorancia.-respondí con seguridad.
-Bueno, pues ha habido algunos cambios. En la fiesta me encontré a Gianni.
-Ese imbécil.
-Ese imbécil se disculpó reconociendo que se había pasado conmigo y que había abusado porque yo le gustaba mucho.
-¿Y no te lo habrás creído después del acoso que te hizo?
-No. Pero me ha dado algo que necesitaba después de que cortáramos, mimos y ganas de escucharme.

El corazón se me aceleró. No podía creerme lo que estaba leyendo. Claudia con Gianni. Imposible. Claudia no es de ese tipo de niñas fáciles de engañar como Blanca. ¿Qué estaba pasando? Necesitaba saber más.

-Pero, ¿estás saliendo con él?
-Como ya no compartimos piso tomamos café o alguna cerveza algún día.
-No digo eso. Digo salir de salir.
-Luis ¿crees que voy a salir con un tío con un temperamento peor que el tuyo? Jajajaja. Ya vengo escarmentada.

Respiré hondo. Afortunadamente no veía mi cara ni notaría lo acelerado que tenía el pulso en ese momento.

-Bueno, ¿y entonces?
-Bueno, siempre me pareció que estaba muy bueno pero lo rechacé por ti. Tú ya no estás.
-¿Sois pareja???
-No, jajaja. Luis. Que no. Pero me lo he follado.

Me quedé helado. No sabía que decir. Por mi cabeza pasaba la imagen del italiano velludo con esa polla larga y colgona poniendo sus garras sobre mi chica. “Soy imbécil” me decía a mí mismo. “Por un desliz me cargué la relación y ella se venga de mí tirándose al espagueti. Mierda.”

-Sabía que te iba a molestar. Pero tú querías saber y yo te lo he contado.
-Pero Claudia.- por fin escribí- Con cualquier otro. No lo entiendo. Pero Gianni no después de lo que te hizo pasar.
-Luis, no lo quiero. Ni siquiera me gusta su forma de ser. Pero me ha servido para ahogar otras penas y relajarme después de los exámenes. Y pare eso el tío me sirve. Ya le he dicho que cuando me ponga a estudiar otra vez se acabaron las salidas. Pero mientras me entretiene. En mayo vuelvo a casa y no habrá más Gianni.

Incómodo con la conversación. Busqué la forma de despedirme de ella para tener varios días para asumir lo que me contaba. Ahora prefería no saberlo y no habérselo preguntado. Y lo peor, tenía la sensación de que había una parte de venganza en todo ello. Estaba confuso. Necesitaba hablarlo con alguien.

Que mala noche pasé. Me sentía la última mierda del mundo. Pero si seré imbécil. ¿Cómo podía haberla dejado escapar? Y ya era tarde. Si había dado el paso es porque daba lo nuestro por cerrado. Y encima con el Gianni de los cojones. 70.000 estudiantes y se tiene que liar con ese. Estaba claro que era su forma de vengarse de mí. Había decidido darse un revolcón o lo hacía con quien más podía joderme. Y sin ocultarlo.

Cada vez que cerraba los ojos veía a mi Claudia comiéndole la polla o cabalgando sobre ese larguirucho canijo y velludo con nariz para regalar. Y todo ¿por qué? Porque sentí vergüenza de contarle las veces que yo la había engañado. Yo creía que me esperaría. ¿Pero yo le había dado motivos?

Y encima otra vez con los putos exámenes por medio. Me pasó con Marta y ahora con Claudia. Desde luego tenía que hacer lo posible por intentar que todo esto no me afectara. Eran pocos días ya, hasta mitad de febrero. Tenía que demostrar mi fortaleza en los estudios aunque no dejara de lamentarme por dentro. Estaba tan ofuscado que ni me acordaba de Blanca.

No aguanté más de tres días. Necesitaba romper. Necesitaba un hombro amigo en quien descargar mis sentimientos pero no me fiaba de nadie. Víctor se lo contaría a Lourdes. Y lo último que quería es que Claudia supiera que estaba hecho una mierda. Marcos me escucharía pero no me aportaría nada más. Ángela era buena niña pero tendría que ponerla en demasiados antecedentes. A Miriam ni loco, lo aprovechará en mi contra en cualquier momento o lo chismorrearía por ahí. Nieves estaba lejos y no me entendería. Marta. Ella era la mejor persona con quien me trataba en ese momento. Ella sería. De hecho no la iba a buscar porque ella ya me había encontrado.

Debo ser un libro abierto pues llevaba varios días diciéndome que me notaba raro cuando retomamos nuestras tardes de estudio haciendo pelillos a la mar de nuestra última discusión. Una tarde mientras estudiábamos en su casa me notó especialmente decaído y me dijo que me pasaba algo. Tras la típica negación me lo sonsacó. Cuando empecé a contar en el fondo era una liberación. Llevaba días con el corazón en un puño y empezaba a soltarme.

Viendo de que iba el tema Marta se levantó de su silla de estudio y me levantó del suelo donde yo estaba tirado estudiando y me hizo sentarme al lado de ella en la cama.

-Venga cuéntame.-me dijo con ojos amorosos.
-Claudia se está follando a otro tío.
-Luis. Tú te estás follando a otra tía.- me respondió con simpleza y obviedad.
-Pero Blanca es un entretenimiento. Pero yo…-iba a decir que todavía quería a Claudia pero me reprimí y terminé diciendo- Yo no quiero nada más allá con Blanca.
-Pero el día que terminasteis abría las puertas a que estuvierais con otras personas.- me explicó.
-A ver. Es que esto es difícil de contar.
-Tienes toda la tarde. Para eso estamos las amigas.
-Va para largo…

Marta se escurrió atrás en la cama dejando su espalda apoyada en la pared y yo apoyé mi cabeza en su regazo como si fuese mi diván de psicólogo y empecé a contar.

-Después de esto lo mismo hasta me dejas de hablar.-anticipé.
-No creas. Te conozco más de lo que piensas.
-Cuando Claudia me dijo este verano que se iba a Italia peleamos. Fue nuestra primera pelea y yo me fui muy cabreado porque presentía que si se iba acabaríamos rompiendo. Estaba tan furioso con ella que estaba decidido a romper.
-¿Y qué paso?
-Me enrollé con otra tía…
-Pero Luis…
-Lo sé. No estuvo bien. Pero lo hice. Aunque cuando volvimos a hablar después de haber pensado hicimos las paces y le di todo mi apoyo pues era muy importante para ella.
-¿Y le contaste el rollo?
-No. Bastante mal lo había hecho ya con mi falta de comprensión para sumarle unos cuernos.
-Bueno, y ¿qué paso?
-Que cuando se fue a Italia me dijo que entendería que yo tuviera algo y yo me lo tomé al pie de la letra.
-¿Blanca?- preguntó.
-No. La misma chica del verano.
-Empezaste una relación con esa chica.
-No, no. Cuando yo iba a mi ciudad nos enrollábamos pero sin plantearnos nada.
-Joder, Luis. Te pierde un revolcón.
-¿A ti no te gusta follar o que?- le pregunté incómodo.

Me dio un golpe en el hombro y me dijo:

-Precisamente tú no puedes preguntar eso.
-A lo mejor lo hacías por obligación.
-Ay, Luis. A veces no das para más, hijo. Claro que me gusta, pero con mi chico. No con cualquiera. No es follar. Es disfrutar con el chico que te gusta. Sentir. Darle placer y tú recibirlo de él.
-¿Has estado con alguien después de mí?
-No.
-¿Y eso?
-No me ha gustado nadie.
-¿Y ahora no te gusta nadie?
-Estamos hablando de ti, Luis. Venga, sigue contando.

Me acomodé de lado sobre su muslo y seguí contando:
-Bueno, que en Navidad cuando nos vimos me contó que en la fiesta de fin de curso con la borrachera se había liado con un tío. Se sentía fatal. Me lo dijo totalmente arrepentida y con lágrimas en los ojos y yo le quité importancia. Pero después me entró un remordimiento terrible. Y…

Se me hizo de golpe un nudo en la garganta y Marta empezó a acariciarme la cabeza revolviéndome el pelo.

-Pshhh, tranquilo…
-…y, yo avergonzado por haber estado con la otra chica y haber tonteado con Blanca, bueno y alguna otra cosilla que no debería contarte porque la conoces, pues, yo…yo corté con ella. Y ella pensó que era por sus cuernos. Pero era por los míos. Y ahora…

No me imaginaba que iba a acabar llorando delante de Marta por Claudia pero al contar todo lo que llevaba dentro no pude evitarlo mientras mi amiga no dejaba de acariciarme la cabeza.

…y ahora ya se acabó para siempre porque ella actúa como si ya todo fuese agua pasada y además se ha buscado al tío que sabía que más me dolería…y, y…
-Tranquilo Luis. Suéltalo.
-Y soy un mierda que no valgo para nada. Porque sólo hago daño a las chicas que me gustan y estropeo todo lo bueno que tengo. Y todo por imbécil, y por salido, y por egoísta…

No pude seguir y empecé a sollozar apretando la cara contra el muslo de Marta que me frotaba la espalda. Pasados unos minutos mi amiga que no dejaba de acariciarme me dijo:

-Luis. Vales mucho. Pero no lo sabes. Ese es tu problema. Quieres ser quien no eres. Te crees el más guapo de la clase, el más listo, el más envidiado y te encanta tener a las niñas pendientes de ti. Pero en el fondo tú disfrutas más con una relación tranquila y sosegada. Sí, echando tus polvetes, que te gusta mucho y lo haces bien. Pero te dejas arrastrar por otras formas de ser que no son la tuya. Por eso me dolió que te liaras con Blanca. Yo sé que no te gusta. Bueno, te gusta pero solo para eso. Por eso me disgustó. Luis, si te quisieras más a ti mismo y no necesitaras aparentar quien no eres te iría mejor. Y ahora no estarías lamentándote por haber perdido a Claudia o…

Hizo un silencio. Y terminó.

-Es normal que ahora te sientas así, pero cuando te serenes te sentirás mejor. Ya lo has soltado.

Me levanté para abrazarla y darle las gracias. Y para demostrarle mi agradecimiento me la llevé a invitarla a una cerveza. Aunque no hablamos más del tema durante la charla en el bar yo volví a sentir la cercanía del rato en que me había confesado en su regazo.

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