ESTRELLADELASNIEVES & PARALAALEGRÍA

CAPITULO III

–  Pásame la arena.  – Mi padre, aún con setenta inviernos a sus espaldas era capaz de acarrear un saco de veinticinco kilos a la espalda, como si estuviera relleno de paja.

–  ¡Deje que yo lo lleve yo!

Paco se adelantó, si no fuera él mi mejor amigo hubiera sentido celos, pero Paco era como de la familia, y en los últimos años la mano derecha de mi padre pues ambos se dedicaban a las chapuzas en las horas y en los días libres de mi amigo y en los de mi padre, que eran todos al estar ya jubilado. Después de que la burbuja inmobiliaria estallara mi padre fue despedido de la constructora, en aquella época yo terminaba mi carrera; fueron años duros para la familia que sólo contaba con el sueldo de mi madre, cajera de un supermercado, que apenas ganaba los mil euros mensuales y muchas horas a sus espaldas, aun así se apañaron para poder pagar los masters que terminé por cursar; todavía me pregunto cómo pudieron hacerlo aunque hoy diría que estaban hechos de otra pasta, “ apretar los riñones y empujar”, decía mi madre cuando salía el tema.

Eran las diez cuando tres bocadillos de tortilla nos reunió a la sombra de la higuera.

–  Mañana echamos el suelo, Paco,   -dijo, padre, deteniendo su bocadillo a la vez que miraba el viejo granero.

–  Sí, Pedro   –” sí, Pedro, eso está hecho”-, ni señor, ni muchísimo menos Don, a mi padre no le hacía falta nada de aquello, sencillo, franco y campechano, honesto, humilde y modesto, reservado y tremendamente trabajador, así era él.

Hacía más de una semana de la cena con Gema, extraños días en los que la imaginación de Cristina había provocado una catarata de emociones chocantes y excitantes, situaciones que a su vez provocaban las más desconcertantes actitudes, Gema y Laura formaron parte de nuestras noches de sexo, unas veces era una, o la otra y hasta las dos a la vez, Cristina susurraba sus nombres al mismo tiempo que me masturbaba, recreando escenas, posturas…, imaginadas como si de una película porno se tratara, y cuando parecía que ya no podría aguantar más, Cristina tomaba el control y me montaba  rematando aquel eterno torrente de placer, demostrando su poder sobre mi cuerpo, pero ante todo sobre mi mente, de eso no fui consciente hasta algunas semanas después cuando mi vida dejó de ser la que yo quería, aquella con la que había soñado durante tanto tiempo.

Aquel día me había acercado al tajo, como lo llamaba Paco puesto que siempre me gustaba echar una mano, aunque éstas no estaban acostumbradas a acarrear carretillas con ladrillos ni a remover la arena ni a llevar cubos llenos de mezcla, ni mi espalda soportaba demasiados sacos de cemento sin que terminara por resentirse mis cervicales. Pero me gustaba estar con padre, era como si con ello pudiera devolver algo de lo mucho que había recibido de él.

–  Bueno, ¿qué te cuentas?   -Me preguntó Paco, aprovechando que mi padre nos había dejado solos.

–  Nada de particular, bueno…, aparte de que mi empresa se va a la mierda, nada nuevo. -Contesté apurando la lata ya caliente de mi refresco.

–  ¿Tan mal está la cosa?

–  Si, Paco, me daría con un canto en los dientes si aguantara un año; pero paso, odio hablar de esa maldita losa que tenemos encima en estos momentos aunque mi angustia no vaya nunca a desaparecer por ello, el problema no tiene solución, o quizá sea mejor decir que ahora es cuando hay un problema.   -Bastante tenía con aguantar las presiones de mi familia política, especialmente en lo relacionado con este tema como para tener que darle el coñazo a Paco de ello.

–  Cambiemos de tema,   -se lo dije modificando, con un gran esfuerzo, la oscuridad que comenzaba a aparecer en mi rostro por una triste sonrisa.    -Y tú, ¿qué, alguna novedad?

Básicamente nuestras conversaciones se basaban en mujeres y fútbol, el tema político hacía años que había quedado apartado; él, radical de izquierdas mientras que yo me movía más en el nuevo socialismo, eso nos había llevado a muchas discusiones que hoy tendrían el calificativo de absurdas, férreas convicciones pues ninguno se movía de su posición.   –” Sólo hay tres cosas que separen a los amigos: religión, política y una mujer”-,   aquellas palabras de mi abuelo seguían vigentes después de tantos años, así que quitamos la política y salimos ganando, religión procesábamos la misma y sobre mujeres, cada cual la suya, aunque el único que estaba casado era yo mientras que él iba con tantas como pudiera.

–  Pues yo el otro día pillé cacho.   -Paco se infló como un pavo real, no era nuevo que se hubiera liado con alguna tía, a pesar de su aspecto agitanado, tosco y algo ordinario,  tenía algo que a las mujeres atraía, ese don que por mucho que quieras imitar es imposible, se tiene o no se tiene, y él lo tenía.

–  Cuenta.   -Le pedí más por él que por mí.

–  Una pija…, ¡joder!  – Se echó mano al bolsillo trasero de su mono de trabajo sacando su teléfono.

–  No me digas…

–  Pues sí, vas a alucinar.   -Su teléfono quedó a la altura de mis ojos, un vídeo donde una rubia aparecía haciendo una mamada con ganas y con maestría, y de fondo se podía oír a Paco llamándola de todo menos guapa.

–  ¿De dónde has sacado a ésta?   -Pregunté sin dejar de ver cómo la polla de mi amigo se perdía entre los labios de la rubia que no dejaba de mirar hacia el teléfono con ojos de lujuria.

–  La pillé en el Duende.   -El Duende era un tablao flamenco donde paraban todos los turistas, coto de caza para Paco.

–  ¿Qué te parece?

–   Vaya guarra.   -y no podría explicar el porqué, quizás por aquella costumbre tan ancestral de competir entre machos, saqué mi teléfono y busqué la foto que le hice a Gema y Cristina en la última cena, se les veía de medio cuerpo hacia arriba, sonriendo y sin que se dieran cuenta de que hice la foto más pendiente de sus pechos que de su rostro; aquello no igualaba a lo que Paco me había mostrado pero seguro que ganaba muchos puntos hasta acercarme.

–  ¿Mira?, el otro día cené con Gema… ¡joder!, no veas cómo me puso la hija de puta.   -Paco se quedó mirando la foto con aquellos ojos de lobo que conocía tan bien; en aquel momento no supe leer lo que me decía aquella mirada pero nuevamente me adelantó.

–  Sí, todo lo que tú quieras pero está muy buena, lástima que sea tan estirada, tan engreída y soberbia y no digamos hasta qué punto puede ser arrogante y vanidosa…aunque para follar tampoco es que importe mucho.   -Sus ojos se movían por la pantalla que fue agrandada para ver más de cerca-.    Vaya dos…,   -se cortó cuando se dio cuenta que estaba incluyendo a Cristina. 

–  Esta muy buena.   -Dijo zanjando el tema.

Sus ojos…, sus ojos brillaron y sentí una punzada de culpabilidad, hacía diez años desde la ultima vez que vi aquella expresión de desconcierto y de tristeza, y me sentí culpable;   -“Tienes suerte amigo”-,   sus palabras de hacía diez años retornaron a mí, fueron dichas entre dos amigos borrachos por el mucho alcohol ingerido aquella noche, sus palabras arrastradas por la lengua acartonada donde la mente deja libre al alma para expresar lo que siente. Aquella frase quedó enterrada para mí sin darle importancia aunque su significado era más profundo, Paco se enamoró de Cristina desde el primer día que la conoció, para él era mucho más que un polvo, sólo lo detuvo la frontera de nuestra amistad, ¿cuánto duraría esa fina línea imaginaria al que inconscientemente llamó frontera? La balanza se inclinó hacia mí, me favorecieron los dioses o simplemente la suerte, yo fui el elegido, quizá, en parte, porque él me dejó el campo libre. Jamás dudé de él, ni me llegué a sentir nunca celoso, era Paco el Gitano, mi verdadero amigo; en ese momento apareció una sonrisa de niño malo en su rostro, y sin dejar de mirar mi móvil

–  ¿Si te digo una cosa no se lo dirás a nadie?   -Aquella pregunta estaba de más, sabía de sobra que me lo iba a decir de todas formas, demasiados años juntos nos hacía transparentes como el cristal, éramos un libro abierto el uno para el otro, el hoyuelo que se le formaba cuando la parte izquierda de su labio se levantaba ligeramente indicaba que estaba deseoso de hablar.

–  Suéltalo.   -Dije riendo.

–  Me la he follado….

–  ¿Cómo? ¿A quién?   -Aquello era una pregunta estúpida, en la foto sólo aparecían Gema y Cristina, por descarte era Gema, aunque un escalofrío recorrió mi cuerpo, ¡diossssssssss, que no fuera a ella!

–  A Gema, ¡coño!  -Contestó asombrado de mi duda.

–  A la guarra de la amiga de Cristina, porque te aseguro que es una guarra follando, tío.

–  ¿Cuándo? ¿Dónde?….

–  Espera, espera.   -Paco terminó su lata de cerveza que seguramente estaría tan caliente como lo estaba mi refresco, y más por mantenerme expectante que por beber.

–  Fue hace dos meses.  -Se dignó a continuar al mismo tiempo que tiraba su lata vacía a un cubo viejo que hacía las veces de papelera.

–  Me la encontré una noche de fiesta cuando iba con un pedo que te cagas, se ve que su pareja la había plantado o algo así, al menos eso es lo que me repetía de forma insistente.   – Me vino a la mente el pobre Manuel Enrique, aunque desconocía cuánto tiempo llevaban juntos, pero conociendo a la arpía de Gema adiviné que mucha gracia no le debió de hacer-,   la invité a una copa y a la media hora la zorra me la estaba mamando en el garaje, ¡es la hostia!

Paco me contó con todo lujo de detalle aquel polvo, en mi cabeza se creó una variedad de imágenes de Gema, y de nuevo apareció Cristina,   –” Que me gustaría que se hiciera realidad, lo de Gema, que te la follaras”-.

Apareció padre con su eterno pañuelo atado en la cabeza, las arrugas bañadas por el sudor y con el moreno eterno daban fe de los años trabajando a la intemperie y a pesar de los esfuerzos en los que había ” apretado los riñones”, como decía él, jamás perdió ni su buen humor ni su eterna sonrisa.

–  ¿Qué?, ¿vamos al tajo?   -dijo sacándose el palillo que un día había sustituido al cigarrillo sin boquilla;   “_ O dejas el tabaco o el trabajo, Ramón, tus pulmones no dan más de sí_”.   La advertencia de Federico, doctor y amigo íntimo de mi padre fueron demoledoras, el peligro a no poder trabajar hizo que después de más de cuarenta años fumando, padre decidiera cambiar cigarros por palillos.

Eran las siete de la tarde cuando llegaba a casa con los huesos molidos y aunque intenté disimularlo delante de padre y de Paco, los dos se echaron a reír al ver cómo arrastraba los pies y como me costaba doblar las piernas, desde luego no era trabajo en el que yo disfrutara, pero las palabras que un día pronunció mi padre pesaban como losas sobre mí:   –” aquí aprenderás realmente sobre la construcción, hay cosas que sólo viéndolas de cerca llegarás a comprender”-;    aún recordaba el día que las pronunció ya que me había tomado de peón para reparar el campanario de la vieja ermita de San Miguel, una obra en la que mi padre no cobraba aunque siendo fiel devoto del Arcángel estaba claro que lo hacía por devoción“.    “_ Aquel que no planta, ¿qué espera recibir?”_,    me dijo justificando su acto altruista.

–  ¡Por fin!

Cristina me recibió con los brazos abiertos, vestía una vieja camiseta con un millón de lavadas que dejaba transparentar sus pezones siempre dispuestos para la guerra y unas bragas negras que a gritos pedían ser liberadas.

–  Qué cara traes hijo, tu padre te ha dado caña.    -Una sonrisa burlona dibujó su rostro, justo antes de que nuestros labios se juntaran.

–  He hablado con Gema.    -El agotamiento apenas me permitía seguir la conversación, el plato de ensalada se me estaba haciendo interminable, más que nada porque mi cuerpo pedía a gritos rendirse ante mi cama y sólo esperaba que Cristina respetara mi descanso.

–  ¿Me oyes?    -Insistió al ver que seguía perdido en el plato.

–  Sí,sí…,  perdona, ¿cómo está?    -La verdad es que me importaba un comino y más en ese momento, si me hubiera dicho que había un terremoto no hubiera movido ni mis doloridas pestañas.

–  Aburrida.   -Continuó al ver que prestaba algo de atención.

–  Manuel Enrique se fue el lunes y ya la conoces, no sabe estar sola.   -En eso estaba de acuerdo con Cristina, sobre todo después de la confesión de Paco.

–  Estoy pensando que podíamos ir a la playa los tres.   -Los ojos de Cristina me indicaban que había algo detrás de esa simple propuesta.

–  ¿Por qué los tres?, el domingo era para nosotros.   -El cansancio no me dejaba pensar con fluidez obviando leer entre líneas.

–  Sí, podríamos ir a Torrenueva…   -Cristina hizo oídos sordos a mi dura reflexión y dejó las palabras en el aire, intentando que yo mismo creará la imagen de Cristina y Gema en la playa nudista, sin ropa ninguno de los tres. ¿Cristina me estaría empujando a dar otro paso?

En vista de que ella seguía en su misma línea no tuve más remedio que aceptar aunque yo no lo deseara, aunque no soportara su presencia pero estaba tan extenuado, tan agotado que ni tan siquiera tenía fuerzas para replicarle

–  Por mi bien, pero…   -A pesar del cansancio mi cuerpo se despertó ante las imágenes que mi cerebro creaba. Y una fina sonrisa descubrió mi pecado.

–  Eres un cerdo.   -Cristina sonrió adivinando mis pensamientos.

–  Aunque quiero que sepas que no me importaría, al revés, te lo dije y te lo vuelvo a repetir, me pone muy guarra que pienses así, y más en ella.   

Cristina jugó con el tenedor entre sus labios, si fuera otro momento, igual ese detalle hubiera pasado desapercibido pero allí, hablando de Gema e imaginándola desnuda ante mí, cobraba otro sentido; lujuria, erotismo, placer, todo en aquel movimiento del tenedor jugando con sus labios, joder, medio-muerto y pensando en follar. Con razón dicen ellas que los hombres no tenemos remedio.

–  ¿No te ha contado nada Paco?

–  ¿Sobre qué?

–  ¿Si te digo un secreto no se lo dirás a nadie?   –malditas promesas lanzadas al aire-.   ¡Venga!, no me creo que Paco no te haya dicho que se había follado a Gema.

–  A ver, algo me ha contado.   –se me escapó. Maldito chivato, pensé.

–  ¿Tú qué sabes?  Mira que sois patéticos los tíos, no sabéis guardar un secreto.

–  Tu tampoco.   -Intenté hinchar mis velas.

–  Lo mío no era un secreto, Gema me lo dijo al otro día, se encontraron y surgió, no hay que darle más vueltas, se ve que Paco tiene una buena herramienta.   -Definitivamente no iba a terminar mi ensalada.

–  No me dijiste nada, y ahora de golpe lo sueltas, de verdad que estas semanas has sido un descubrimiento para mí.

Le dije encogiendo los hombros, era todo tan extraño que me empezaba a desbordar, daba la sensación que Cristina había sido abducida por un ente, aquella Cristina era tan rara que no parecía la misma, pero tenía que darle la razón en que el sexo  de la última semana había sido tan bestial, que no podía rechazarlo.

–  ¿Y lo que has descubierto té ha gustado?

–  Sí,  pero…

–  ¿Pero qué?   -dijo con tono cansino, tenía sus brazos cruzados bajo sus pechos, esperando mi respuesta.

–  No es lo mismo follar teniendo fantasías, que llevarlo a cabo.

–  ¿Me estás diciendo que no te follarías a Gema o a Laura?

–  ¡Joder! Claro que me las follaría, igual que tú lo harías con Manuel Enrique, ¿o no es verdad?

–  Ya lo creo, e incluso me gustaría seguir los pasos de Gema.

–  ¿A qué te refieres?

–  ¿De verdad quieres saberlo?

–  Nos estamos sincerando, así que suéltalo.

–  Paco. Me gustaría comprobar lo que me dijo Gema.

–  ¿Lo de su polla?

–  Entre otras cosas, igual que me gustaría verte follar a Laura, supongo que no te importaría verme con Paco; porque en eso se basa todo esto, tú disfrutas con mi amiga y yo con tu amigo, es lo justo.

– A Paco me lo dejas fuera de tus historias, busca otro nombre, con ese me niego. Creo que se nos está yendo la olla, no dudo que Paco te quiera follar, tú sabes, igual que yo, que él estuvo coladito por tus huesos, pero es mi mejor amigo, por lo que esa línea no la cruces nunca, yo no lo soportaría y el daño que me harías no compensaría nunca tu disfrute, tenlo en cuenta si sientes realmente algo por mí, y piensa siempre que todo esto se nos puede ir de las manos, una vez empecemos… ¿a dónde nos llevaría?

–  ¿Y adónde nos lleva nuestra cansina vida?   -sus ojos se abrieron de par en par.

–  Tenemos una vida que no está mal, al menos a mí me hace feliz.

–  ¿No está mal?, hasta el coño estoy de todo, hemos estudiado como gilipollas, somos los primeros de nuestra promoción y estamos a puertas de que nos den una patada en el culo, tu familia no me traga, y la mía, que te voy a decir de mi familia; ¿una vida de puta madre? hasta el coño estoy de aguantar a los unos y a los otros, y para colmo la zorra de Laura  buscándote para transmitir las órdenes de su dueño; ¿sabes una cosa?, que les den a todos, hasta ahora me he comportado como una niña buena, pues que se preparen, y quiero que estés conmigo, pero si tú no quieres estar a mi lado, tú mismo, ya te iré contando.

Cristina se levantó sin dejar que dijera una sola palabra más, ella había decidido, ahora era yo quien tenía la última palabra, si la seguía o si me apartaba de su camino, cosa que me iba a ser poco menos que imposible por la enorme admiración que sentía por ella, el amor que yo quería entregarle era tan puro, el amor que recibía de ella estaba cubierto en los últimos días por una fina capa de harina que le ocultaba la cara, así que bien sabía que la seguirá hasta el infierno pero desconocía hacia dónde nos llevaba aquella nueva situación, yo intentaría estar alerta pero era tan difícil puesto que en el fondo sería como saltar de un avión sin saber si el paracaídas se abriría a tiempo.

La encontré sacando los platos del lavavajillas, me parecía ser la mujer más fuerte del mundo, siempre segura, irrompible, y sin embargo había una Cristina que desconocía, sé que estaba cansada, harta de lidiar con unos y con otros, siempre cedió a mis manías, se olvidó de ser una Sánchez y de todos los beneficios que aquel apellido llevaba consigo, ella hubiera podido escoger a quien quisiera como pareja y sin embargo fue a mí a quien eligió,   _” Aunque para no querer nada de su familia, bien te aprovechaste”_.    Gracias a tu familia tu marido puede vivir en una casa que si no hubiera sido por tu padre jamás le hubieran concedido la hipoteca”-,   ¿o es mentira?…, mentira…, mentira, los ecos de la voz de Gema estallaban en mi cabeza,   _”¡hasta el coño!”….

–  Está bien.

–  Esta bien ¿qué?

–  Pues eso.

–  No, pues eso no, quiero que lo digas con todas las palabras, no como si te estuviera forzando, di que quieres follarte a Gema, y a la zorra de Laura o a la que te de la gana, di que no te importaría que me follara a Paco, ¡joder!, por una vez en tu vida toma una decisión con valentía.

Cristina sacaba los platos violentamente, los golpes de estos llenaban el silencio que se había creado entre los dos, aquello se estaba convirtiendo en un ultimátum,    _di que no te importaría que me follara Paco_ ,   no me la imaginaba con otro y menos con Paco, aquello no era blanco o negro, habían tantas tonalidades que me era imposible tomar una decisión, mientras los ruidos de la vajilla continuaban abandoné la cocina sin darle respuesta.

–  ¿No vas a decir nada?   -Su grito me acompañó hasta la habitación.

Antes de llegar, Cristina me alcanzó, rodeando mi cuerpo, apoyó su cara en mi espalda desnuda.

–  Perdona, no te quería gritar.    -Me di la vuelta encontrando sus negros ojos brillando, unas lágrimas estaban forzando por salir.

–  No, tienes razón, pero todo es tan rápido…, que me sobrepasa.

–  Ya lo sé, pero ya me conoces cuando algo se mete en mi cabeza no tengo freno, pero si quieres podemos ir más despacio, ¿vale?

–  Vale.

Cristina besó mi boca a la vez que metía su mano entre mis piernas agarrando una asustada verga, pero no hizo falta mucho tiempo para que reconociera su tacto, al mismo tiempo que sus manos bajaron mi pantalón cortó hasta los tobillos mientras yo la miraba sin dejar de acariciar su pelo enredado en mi mano.

–  ¿Quieres que te la mame?  -Era una situación tan lasciva que no hacía falta nada para volverme loco.

–  Sí, cómeme la polla, Laura.   -Le dije volviendo al rol que últimamente estábamos tomando.

–  Eres un hijo de puta.

Me mostró su sonrisa unos segundos antes de que hiciera desaparecer mi verga en su boca, cerré los ojos sintiendo el contacto de su lengua recorriendo mi polla, el calor de su boca se esparcía por todo mi ser, no era la primera vez que Cristina me hacía un oral pero aquel día era diferente, sus ojos entrecerrados y cargados de sensualidad, sus movimientos se volvieron más salvajes, sacaba mi verga y después de sonreír escupía y la volvía a introducir aspirando todo mi aroma, como si quisiera arrancar toda mi existencia. Mis manos sudorosas seguían intentando sujetar su cabeza, hasta que mis músculos se tensaron y en contra de lo habitual Cristina sujetó mis piernas evitando que me retirara, era la primera vez que me correría en su boca y descargué en su interior casi en contra de mi voluntad, y no porque no me gustara sino porque era como si mi cuerpo se sintiera mal ante aquella contra orden ya estipulada entre ambos;   _” Avísame, o no te la volveré a mamar”_,   las palabras que Cristina me había dicho al principio de nuestra relación retumbaron en el mismo momento que ella me liberó levantándose rápido y dirigiéndose al lavabo, tapándose la boca con su mano.

Aquello acabó con las pocas fuerzas que me quedaban;    _” esto es demasiado”_,  palabras que no llegué a verbalizar, allí en medio del pasillo con mi pijama en los tobillos y reviviendo todo a través de la humedad que recorría mis muslos, a paso lento me subí el pantalón mientras volvía a apoyarme en la pared.

Cuando entré en el baño, Cristina me sonrió a través del espejo con el cepillo de dientes ocupando el lugar donde escasos momentos, antes, había estado mi polla, yo le devolví la sonrisa, oriné y después de desnudarme me metí en la ducha deseando que ya no quisiera nada más de mi cuerpo, necesitaba descansar y dormir.

–  ¿A las diez va bien para quedar con Gema?   -Preguntó escupiendo la crema de dientes.

–  Como quieras.

–  Vale, le mando un mensaje.

–  Pero sólo para ir a la playa, ¿no?.

–  De momento vamos a la playa, no te preocupes, pero si surge algo, ¿quién soy yo para impedirlo?   -Su voz de niña mala me erizó el vello al mismo tiempo que algo dentro de mi me decía que sería imposible que Gema quisiera algo conmigo, incluso de que yo lo quisiera con ella; pero sólo de pensar en que había alguna posibilidad de gozar aquel cuerpo, hizo que mi miembro diera una sacudida;

–  “_ La invité a una copa y a la media hora la zorra me la estaba mamando en el garaje; ¡es la hostia!_”,    Paco lo había hecho, pero yo no era Paco ni quería serlo, además no nos aguantábamos el uno al otro. No, sería imposible aunque decepcionara a Cristina.

Me tumbé en el sofá intentando descansar, entre mi padre y Cristina me habían dejado sin fuerzas para nada, si agotador había sido el día la incansable persistencia de Cristina me tenía al borde del colapso.

–  Te tendrías que depilar.

–  ¿Cómo?   -le pregunté medio adormilado aunque al instante mis ojos brillaban como faroles.

–  Que te tendrías que depilar, a Gema le gustan depilados.

–  Cristina por favor, no empieces.   -Le contesté algo cansado de aquel juego, en el fondo quería follarme a Gema pero por otro lado tenía miedo a ser rechazado y quedar en ridículo o como un imbécil.

–  Hemos quedado que te tirarías a Gema, ¿no?

–  No, hemos quedado que iríamos poco a poco, que no es lo mismo.

Cristina apartó mis piernas para hacerse sitio en el sofá, colocándolas por encima de las suyas y metió sus manos por la pernera del pijama acariciando mi escroto.

–  Pues hazlo por y para mí, ¿o no te ha gustado?

–  Como no me iba a gustar aunque me ha sorprendido que dejarás que me corriera en tu boca.

–  No te he dejado, lo he querido, hay tantas cosas que no he hecho hasta ahora y una de ellas era esa, y si seguimos…, prefiero que seas tú el primero.   –” prefiero que seas tú el primero”-,    sus palabras entraron como el arado en la tierra creando un surco y mi desconcierto.

–  ¿Podemos hablar de otro tema?   -Necesitaba desconectar, todo aquello me estaba superando.

–  ¿De qué quieres hablar, del trabajo?

–  Pues sí, ¿qué vamos a hacer?  Si el proyecto que estaba haciendo se lo queda tu cuñado, no se, ¿vuestro equipo tenía algo que pueda ser interesante?

–  Mi equipo está más pendiente en echar currículos en otras firmas que en lo que tienen delante, huelen a muerto y eso no es bueno.

–  ¿Entonces?

–  Bueno, podríamos buscar trabajo en Madrid o Barcelona, aunque no creo que allí la situación sea muy diferente a la de aquí.

–              ¿Alguna vez te llegaste a plantear en serio trabajar con tu cuñado?   -Aquella era una pregunta que siempre tenía guardada, era como si planteársela pudiera crear una frontera entre los dos.

–  ¡Claro!, me estás hablando del mejor estudio de arquitectura, donde la nómina más baja que pudiera conseguir sería dos o tres veces mayor a la que tengo, hasta tú te lo harías, muchos de los compañeros que tenemos matarían por entrar, tendría que estar loca para no planteármelo.

–  Quizás te equivocaste, tendrías que haber aceptado la oferta que te hizo Roberto.  -Aquella conversación empezaba a escocerme.

–  No me equivoqué, te escogí a ti, y tú estás por encima de todo y de todos, pero dejemos el asunto, el tiempo dirá, si es verdad que nos despiden pues nos sentaremos y decidiremos qué hacer.  -Dijo sellando mi boca con sus labios-.    Y depílate, mañana quiero que Gema te vea listo para dar batalla, además si te depilas parece que la tienes más grande,   -dijo apretando mi verga.

–  ¿Nos iremos a una nudista?

–  Pues claro, así tiene más morbo.

A las diez de la mañana llegábamos a la puerta de Gema, por supuesto antes de salir de casa Cristina se había asegurado de que mis partes estuvieran como las de un recién nacido, no es que yo me dejara melena, pero nunca había llegado a rasurarme, pero para eso estaba mi mujer, la cual recorrió mi piel tan sensible, con la cuchilla, asegurándose que no quedaba ningún vello perdido.

Apareció Gema por la puerta, unas grandes gafas de sol ocultaban sus ojos de víbora, pero aquel cuerpo no tenía desperdicio.    _” La invité a una copa y a la media hora la zorra me la estaba mamando en el garaje, ¡es la hostia!”_,   aquellas palabras de Paco acompañaban cada paso de Gema acercándose al coche, una corta camiseta dejaba que el bañador apareciera acariciando el aire y así, de esa forma, cada paso era un castigo para mí.

–  Esta buena, ¿a que sí?   -la mano de Cristina se posó sobre el triángulo que formaban mis piernas, ¡Dios! Como la odiaba en ese momento, me estaba empujando a la montaña rusa en la que se estaba convirtiendo mi vida.

–  ¡Uff!, sí, Cristina, pero dame mis tiempo, quiero llevarlo a mi manera, ¿vale?.

–  Que tonto eres, pero vale, tomate tu tiempo, pero no me pidas a mí lo mismo.

–  ¿Qué quieres decir?

–  Ya lo sabes.   -me contestó justo cuando Gema abrió la puerta del coche.

–  Hola guapi.   -Dijo arrastrando la palabra.

–  Hola, me parece que alguien estuvo de fiesta.

–  Pues sí, he estado a punto de llamarte para cancelar lo de la playa. Eran las cinco cuando me acosté.

–  Bueno, seguro que valió la pena.   -Hasta el momento no me salí del papel de chofer.

–  Tampoco fue muy allá. Buenos días. Marcos.

–  Buenos días, Gema.   -Ya no podía sacarme de la cabeza a Gema chupándosela a Paco, entre todos me estaban volviendo loco.

–  ¿A qué playa vamos?   -En ese momento rogué a todos los santos que Cristina hubiera recapacitado y fuéramos a una playa normal.

–  A Cantarrijan.  -le contestó Cristina sonriendo, tanto Gema como yo nos quedamos en silencio.

–  ¿A Cantarrijan?, ¡chiquilla!   -Gema se quitó las gafas en un acto de sorpresa.

–  ¿Estás segura?.

–  ¿Y por qué no?, ¿no te dará corte porque viene Marcos?

–  ¿A mí?, ¡ea!, hoy me vas a ver el coñito, espero que no te emociones y puedas darte la vuelta. – me dijo golpeando mi hombro por encima del asiento.

–  No seas mala aunque después de lo que le contó Paco…   -Cristina dejó la frase en el aire buscando que Gema se sintiera aludida.

–  ¿Y qué te contó Paco?

–  Déjalo, no me contó nada…

–  Cuenta, qué te contó el gitano, seguro que se hizo el machito.

–  Que no, no me dijo mucha cosa y en todo caso,  lo que me dijo queda entre él y yo.  -le dije intentando mantener la calma, miré a Cristina regañándola con la mirada, “ya te vale, Cristina”.

–  ¿Pero es verdad que tiene una buena herramienta?   -le preguntó ella a Gema, obviándome y riéndose lascivamente.

–  No está mal, la verdad. Hoy podré hacer comparaciones.

–  La de Marcos también está bien.

No sé si lo dijo para darme ánimo o porque realmente sentía lo que decía, yo nunca le había visto la verga a Paco pero mentalmente odiaba las dichosas comparaciones, no es que fuera un portento pero me consideraba uno más entre la media, ni grande ni pequeño, y hasta ese momento nunca dudé de mis atributos, tanto físicamente como en el acto sexual, Cristina se había corrido mil veces ante mi, tanto por penetración como en el sexo oral se retorcía bajo mis labios, en ese momento me sentía el Dios del universo y ver su silueta retorcerse e intentando apartar mi cabeza de entre sus piernas era lo que más me ponía, hacerla llorar de placer, detenerme unos segundos viendo su rostro cargado de deseo era mi fin cuando estaba con ella.

–  No digo que no, pero para saberlo tendrías que comparar.

–  ¡Hey! Que estoy aquí.

–  ¡Uy!, salió el marido celoso.

–  Lo mismo digo,   -salió Cristina en mi defensa-,   para saberlo tendrías que comparar.

–  Es bueno saberlo, ¿qué opinas Marcos?

Aquello se estaba complicando, miraba de reojo a Gema que me contemplaba con su cara mezcla de arpía y de zorra.

–  Que estáis locas.

–  Sí, será eso.  -Contestó sacando la lengua de su boca y moviéndola como una serpiente.

Por suerte había poco tráfico y en menos de una hora estábamos aparcando cerca del chiringuito, no más de un cuarto hora andando hasta el lugar que ellas escogieron en la Cala Cantarrijan, y por equipaje apenas una bolsa donde iban las toallas y una pequeña nevera donde varias cervezas se estaban enfriando, esos eran los bultos; iba maldiciendo mi suerte pues había olvidado la sombrilla, por el contrario, ellas se reían de mí pues auguraban una mala noche porque terminaría más colorado que un tomate. Las dos iban delante cogidas del brazo riéndose de algo que desconocía pero que me daba más miedo que tranquilidad, me estaba metiendo en la boca del lobo sin que nadie me obligara a ello pero sin dejar de hacerlo.

–  Ven aquí, no te quedes detrás.   -Cristina se separó de Gema esperando a que yo llegara a su altura.

–  Tengo una buena vista desde aquí.

–  Pues ya veras las vistas cuando lleguemos.  -Gema no parecía la misma, no estaba acostumbrado a hablar con ella en un plan de amigos.

Llegamos a la playa como si formáramos un trío perfecto, ni en mis mejores sueños hubiera imaginado ir cogido del brazo de ambas; me daba miedo pensar que en cualquier momento Gema diría cualquier cosa y todo, incluidas mis fantasías, se caería como un simple castillo de naipes, tan frágil y a la vez tan erótico.

Tres o cuatro parejas iban a ser nuestros compañeros de playa pues estaba siendo un verano raro en cuanto a la presencia de bañistas y eso suponía que se podía disfrutar de cierto anonimato, impuesto por la tranquilidad y la ausencia de gente.

Estiramos la toalla en la zona menos transitada y concurrida, llegaba el momento de desnudarse.

–  Tu primero.   -dijo Gema mirándome.

–  No seas así,  -le reprendió Cristina- no le hagas caso, haz lo que quieras cariño, no te agobies.

–  Perdona, tu marido me va a ver en pelotas así que no me vengas con rollos, o se despelota o nos vamos a otra playa.   -replicó Gema.

–  No pasa nada, tiene razón.  -Me parecía mentira estar de acuerdo en algo con ella, pero era lo justo.

Me quité la camiseta a la vez que Gema hacia lo mismo, parecía que nos estuviéramos retando, Cristina quedó al margen de nuestro peculiar duelo, hasta que los pechos de Gema quedaron libres, mi vista recibió un baño de sensaciones aunque he de reconocer que ese fue el peor momento, aquello que tantas veces había imaginado estaba frente a mí y para equilibrar ese instante yo debía actuar de igual forma, aunque mis tetas no fueran tan sugerentes.

–  ¿Qué pasa, nunca has visto las tetas de una mujer?

–  Yo me voy al agua.   -No me di cuenta que Cristina ya estaba totalmente desnuda.

–  ¿Sabes una cosa?   -por primera vez desde que la conocía pude ver sus ojos sin odio.

–  ¿El qué?

–  Se me olvidó el hecho de por qué nos odiamos.  -sus manos descendieron su short tejano dejando al descubierto el pequeño triángulo que cubría su pubis.

–  Yo, tampoco, sólo sé que lo único que hacemos es dañarnos.

–  Tienes razón pero esto no significa que no te culpe de muchas cosas.

–  Creo que podré vivir con ello.   –le dije con una sonrisa, en ese instante me bajé mi bañador un tanto inseguro, al momento pude descubrir sus labios totalmente depilados, hasta me daba la sensación de poder oler su sexo.

–  Me voy al agua antes de que se te ponga dura,   -me dio la sensación que se mordió el labio inferior, sus hermosas nalgas bailaban a cada paso, sé que se reprimió al darse prisa, quería que viera perfectamente su culo y de paso, que sufriera. Desde el agua Cristina no perdía detalle de la escena, su sonrisa dejó de ser discreta y yo tuve la impresión que éramos sus marionetas, hasta el punto que todo le estaba saliendo como ella había programado;   _”cuando algo se mete en mi cabeza no tengo freno”_

Final del tercer capítulo.

Continuará

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