Mª DEL CARMEN MÚRTULA

Nadie ignora que somos seres dualistas, el bien y el mal residen en cada uno y luchan por dominar nuestro interior. Y el peligro es que uno se acostumbra a todo, hasta a uno mismo… Este es el mayor enemigo contra el que he de luchar.

Muchos de nosotros nos sentimos confundidos e inseguro, sumergidos en nuestras propias oscuridades y luces, experimentando nuestros éxitos y fracasos…, ¿cómo plantea Andrés este problema?

     —Un día empecé a creer en la capacidad positiva que había en mí mismo y decidí dedicarme a desarrollarla evitando todo lo negativo que también vi en mí. Empecé reflexionando en un orden nuevo, en una humanidad donde el bien de cada uno venciera al mal que la naturaleza, por sí imperfecta, ha colocado en nuestro interior. Vi más allá de una existencia tangible, algo que no se puede apoyar en lo evidente, en lo demostrable, pero que existe y se manifiesta en lo mejor de cada uno de nosotros.

» Tú misma experiencia te habrá llevado a reconocer que en nosotros hay dos fuerzas que luchan por dominarnos. El bien y el mal. Están ahí y nunca somos capaces de conseguir que vivan con armonía porque no son compatibles y a la vez no nos podemos liberar de ninguna de ellas. Hay pues, que conocerse por dentro, saber cuáles son las fuerzas personales que más poder tiene en nosotros y tratar de analizar que clase de persona queremos desarrollar. Reconociendo que siempre el mal es más fácil y por tanto más peligroso.

» Mira, una persona que no sabe controlar su maldad difícil­mente podrá entender, aceptar, ayudar a los otros. Si tú no has controlado tus ambiciones desordenadas, difícilmente podrás presentarte como líder para ayudar a los demás, puesto que irás movido por la ambición, el poder, el dominio. Por eso lo primero que se has de aprender es a saber dominar el mal que crece en tu interior. Nosotros somos nuestro primer enemigo y hay que ir ganando las batallas correspondientes según las edades psicológicas.    

  » El alcanzar el equilibrio interior es tarea de toda la vida. Hay que ir orientando nuestro corazón para que no caiga en la opresión, abuso, rencores, egoísmos, envidias, odios, celos… todo esto son tumores del espíritu del mal que está en nuestra naturaleza, que van minando la capacidad de relacionarnos con amor. El conquistar un bienestar interior, hace que disfrutemos de una auténtica reconciliación con nosotros mismos, como pri­mer peldaño para reconocer comprensivamente la realidad dis­tinta del otro y acogerlos para buscar juntos el bien común.

  » Verás. La soberbia, el dominio, el egoísmo, la autosuficiencia son los enemigos más peligrosos del hombre interior. No se trata de inteligencia ni de cualquier estrategia humana, sino que, si de veras deseas vivir conquistando el bien de tu interior, tienes que ejercitarte en la paciencia, la fe, la humildad y la confianza estando en una actitud constante de interiorización, de escucha en tu interior. Lo primero la paciencia porque es un proceso de por vida, la fe porque es asunto de la dimensión transcendente del hombre que nunca se impone, pero que se debe de pedir con empeño y constancia, en alerta permanente de renuncia a lo que el mal te sugiere, la humildad porque no es cuestión de creerte con la suficiente fuerza para salir triunfadora y la confianza porque sabemos que al final es el bien el que ganará la última batalla si somos perseverantes. Puede ser que nunca hayas oído hablar de esto antes, pero es la verdad más existencial que se te puede plantear en la vida.

—¿Por dónde empezar?

—Lo primero por creer que el Señor está en tu interior para ayudarte a ir venciendo tu mal. Él está en tí, en lo más profundo de tí misma, en todo lo bueno que tú deseas. Ya lo posees, pero tienes que ir haciéndolo presente. Tienes que ser consciente de su presencia, deseándolo sinceramente y estando sin reservas abierta a su voz.

—¿Dónde habla?

—En multitud de ocasiones cotidianas. En todo lo bueno que hay en tí y a tu alrededor. En el ejercicio del amor gratuito, en la lucha por la justicia y la acogida a todos, en tantas personas como nos hablan del bien con sus buenas obras… en fin, si estás atenta puedes descubrirle y con ello sin duda que cambiará tu punto de vista ante la vida.

 » Es una buena guía en el campo psicológico de la persona, la aceptación de uno mismo tal como es en realidad, con sus luces y sombras sabiendo que podemos ir conduciéndo­las hacia el equilibrio interior, pues esto, no sólo evita muchos males, sino que nos lleva a conquistar la verdadera satisfacción.

» Es una asignatura para toda la vida.  Pues es la corrupción interior la que destruye toda posibili­dad de ir creando paz y hermandad a nuestro paso. Por lo tanto, lo primero que hay que intentar es el destierro interior de nuestro deseo de codi­cia, el afán de ser más que los otros, el querer tener y dominar, poseer y acumular…, en fin, esos hijos perversos del egoísmo humano que son los enemigos irreconciliables del auténtico amor y que están en el fondo de todo ser humano, fruto de nuestra naturaleza.

       Relato sacado de la novela “S.H. El Señor de la Historia”    http://minovela.home.blog

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