ANDER MAIS

Capítulo 22

Fantasías a dúo

Entramos en la habitación en completo silencio, sin saber muy bien qué hacer ni cómo actuar. No tenía ni idea de lo que pasaba por la cabeza de Natalia pero por la mía, con aquella montaña rusa de sensaciones en que llevaba sumido toda la noche, en esos momentos me sentía en la más profunda desazón.

Natalia, sin decir nada, se fue al baño y yo empecé a desvestirme de forma desganada. Me quité toda la ropa, quedándome en ropa interior y me dispuse a buscar en la maleta el pijama para ponérmelo y pasar la noche. Un ruido a mi espalda me hizo girarme y allí, apoyada contra la puerta del baño, me miraba una Natalia completamente desnuda.

—¿No pensarás que la noche ha acabado para ti? —me dijo sensualmente.

Atónito y paralizado, observé como Natalia se acercaba a la cama, viendo como oscilaban aquel par de tetas que siempre me volvían loco, y se dejaba caer sobre ella.

—Venga, Luis… ¿Me vas a dejar aquí tirada, caliente y abandonada? A ver si voy a tener que replantearme la invitación e ir a la habitación de al lado… —dijo Natalia palmeando la cama e invitándome a acercarme a ella.

Me acerqué, aunque sin saber muy bien qué pretendía Natalia ni de mí ni de nada, a tenor de cómo había discurrido la velada.

—No te pensarías que te ibas a escapar esta noche de mí… —me dijo llevando su mano directamente a mi entrepierna.

Natalia abrió sus piernas y me mostró su sexo, húmedo y ardiente, incitándome y debo decir que de forma efectiva, porque no pude negarme más y hundí mi rostro entre ellas, chupando y lamiendo como un loco, mientras Natalia me acariciaba la cabeza y lanzaba gemiditos de placer, provocados por mi laboriosa lengua.

—Joder, Luis… qué bien… sigue, por dios…

—¿Y si no lo hago? —dije parando e intentando provocarla—. ¿En serio te irías ahí al lado a buscar a Pedro?

—No… qué voy a querer ir a buscarle… Solo quería provocarte, porque sé que te gustan estas cosas… Yo quiero estar contigo… con mi chico… Anda, porfi… sigue chupando…

Volví a hundir mi rostro en su sexo, reanudando mis lamidas, pero enseguida otra cosa hizo que ambos nos quedáramos paralizados. Del otro lado de la pared, empezaron a escucharse gemidos desaforados y el rítmico golpeteo de la cama contra la pared.

—Joder… —exclamé mirando a mi chica—, menudo polvo le están pegando…

Natalia no dijo nada, solo escuchaba y vi como tenía sus mejillas encendidas. Hubiera dado lo que fuera por saber qué pasaba por su cabeza en esos momentos, si se arrepentía de no haber aceptado la invitación y poder ser ella la que disfrutara de semejante polvazo.

—Si quieres… podemos ir… —dije buscando gastar la última bala que tenía en la recámara.

—¿Qué dices? —replicó en apariencia molesta—. No digas tonterías… ¿Y qué pintamos nosotros ahí? ¿Nos liamos entre todos en una especie de orgía?

—Tampoco es eso, cielo… no hace falta que hagamos nada con ellos… solo mirar o follar, pero sin que nadie más participe…

—Bufff… quita, quita… De mirar ya he tenido bastante por hoy y de lo otro… no me sentiría cómoda haciendo algo tan íntimo y con unos extraños mirando… —contestó descartando cualquier remota posibilidad que quedara de unirnos a ellos—. Por cierto, ¿no tenías algo para mí?

—Joder… —dije acordándome del consolador. Con todo lo que había ocurrido, me había olvidado por completo de él.

Me levanté, fui a mi maleta, y extraje el paquete, que le tendí a mi chica.

—Te he comprado esto —le dije a Natalia—. Un regalo que ya llevaba queriendo hace tiempo comprarte y que espero te guste…

Natalia, algo nerviosa e ilusionada por ver qué le había comprado, fue desenvolviendo el paquete hasta descubrir lo que había dentro.

—¿Y esto? —preguntó mirando con sorpresa el consolador—. ¿Por qué me has comprado esto?

Por su tono de voz, yo no acababa de saber si la había vuelto a joder o solo era la sorpresa al no esperarse algo así. Vi como abría la caja, sacaba el consolador, que sostuvo en su mano, y empezó a reír, no sabía si fruto de la borrachera que aun llevaba o cachondeándose de mí por haberle comprado esto.

—Dios, es enorme… Te has pasado un poco, ¿no? Esto no creo ni que me entre… —dijo mientras lo miraba con detalle y sus manos intentaban abarcar aquel consolador a duras penas.

No respondí, porque sabía que aquello no era cierto. Recordaba cómo, para mi sorpresa, había conseguido meterse en su coño el pollón de Víctor que era aún más grande que aquello que sostenía en sus manos.

Mientras ella observaba, tocaba, palpaba y manoseaba aquel falo de plástico, yo acabé de desnudarme, dejando al aire mi miembro totalmente erecto. Y es que verla tocando aquella polla de goma, me estaba poniendo a mil y en esos momentos, a pesar de los gemidos y golpes en la otra habitación, solo tenía en mente el poder estrenar el nuevo juguete que acababa de regalarle a mi novia.

—¿Te gusta? ¿Quieres que lo usemos? —dije acercándome a ella y besando su cuello.

—Es muy grande… —replicó ella, pero ladeando su cuello para facilitarme la labor.

—Mejor, ¿no? Así pruebas algo diferente, amor… Para algo más normal, ya tienes la mía… —dije mirando como sostenía el consolador—. Y ahora que caigo, debe ser parecida a la de Pedro o, al menos, esa impresión me dio…

—Ya… puede… —contestó todavía algo reticente, pero cada vez más rendida a mis deseos, dejándose besar el cuello y acariciar sus pechos por mis manos.

—Yo creo que sí… Imagínate lo que vas a disfrutar cuando te metas ese pedazo de polla dentro… será como si Pedro te estuviera follando… Mira cómo me pongo solo de imaginármelo…

Cogí su mano y la llevé a mi polla, dura y tiesa a rabiar, acariciándola ella con una mano, mientras con la otra hacía lo propio con la de plástico. El ver sus manos llenas con dos pollas diferentes y tan distintas, hizo que aún me excitara más, si es que eso era posible.

—Es más grande que la mía… —le dije viendo como ella no dejaba de tocar las dos, como si estuviera comparándolas.

Natalia, en un gesto que me sorprendió, puso el consolador al lado de mi miembro, comparándolos ahora sí, viendo de primera mano la diferencia de tamaño y grosor que había entre los dos.

—Joder… Seguro que no me entra… —comentó sin poder apartar la vista de los dos miembros.

—Seguro que sí… Solo es cuestión de lubricar la zona para que esté lista… No sabes el morbo que me da imaginarte con algo así dentro… bufff… —dije pasando ya de besar su cuello a hacerlo sobre sus pechos, devorando sus generosas formas y engullendo los pitones en que se habían convertido sus pezones.

—¿Y esto cuando lo has comprado? —preguntó entre gemidos.

—El viernes, cuando salí del trabajo, me paré en un sex-shop a comprarlo… Ni te imaginas la vergüenza que pasé…

—Me lo puedo imaginar… No te veía capaz de hacer algo así… Nunca dejas de sorprenderme, cariño… —dijo Natalia volviendo a acariciar mi cabeza y empujándola levemente hacia abajo.

La miré, ella sonrió y volvió a empujar mientras en su mano sostenía el consolador. Sonreí a mi vez y me apresuré a cumplir sus deseos. Al instante, ya estaba de nuevo entre sus piernas, chupando sus labios, lamiendo su clítoris e impregnándome del sabor y el olor que emanaban de su interior.

—Eso es, cielo… Joder, qué gusto… Prepárame bien para que pueda meterme esto…

Sentirla decir eso, aumentó más mis ganas de verla clavada en aquel consolador. Y mirarla… mirarla ya me volvía loco. Y es que todo lo que nos rodeaba emanaba sexo por los cuatro costados. Sus ojos encendidos, su boca entreabierta, sus manos ocupadas acariciando sus tetas y el consolador; incluso a veces tocando con él sus pechos, los gemidos que no trataba ya de ocultar, el olor a sexo y sudor que empezaba a cubrir el ambiente. Y todo aderezado con los gritos, gemidos y golpeteos de la otra habitación donde a Marta debían estar dándole de lo lindo.

—Prueba… —me dijo Natalia alargándome el consolador e invitándome a penetrarla con él.

Tener aquella polla de plástico en mi mano y lista para metérsela en el coño de mi chica, me dio un morbo terrible. Miré a Natalia y la vi expectante, ansiosa, pero a la vez nerviosa. Me acerqué a su sexo y empecé a rozar sus labios con el glande de aquella polla, mientras me dedicaba a besar el interior de sus muslos, aumentando su excitación y completamente pendiente de sus reacciones.

El plástico, ya embadurnado de sus fluidos, estaba listo para entrar y, con ese fin y sin dejar de besar la cara interna de sus muslos, lo apoyé en su entrada y empujé levemente, viendo como esta se abría y, de forma gradual, iba engullendo al invasor hasta que, sin nada de esfuerzo, el glande se perdió por completo dentro de ella.

—Para un momento… —me pidió Natalia, medio recostada y observando todo lo que hacía—, me duele un poco… es que es enorme…

—Tampoco creo que sea para tanto… —dije mirándola fijamente—. Más que la mía, está claro, pero hay muchos hombres con algo así e incluso mayor, ¿no? Víctor, por ejemplo… Ya lo viste en la playa nudista… Seguro que, empalmada, es más grande que esta…

No me pasó por alto el rictus en el rostro de mi novia al nombrar a Víctor, pero consiguió recomponerse rápido y hacer como si no le hubiera afectado su mención.

—Creo que necesita un poco más de lubricación —dije sacando la polla de su interior—. Pruébala cielo… Ya verás qué bien sabe… —le pedí acercándola a su boca y viendo como ella se retiraba algo—. ¿No quieres probarla? Bufff… es que cada vez que la miro, le veo más parecido a la de Víctor…

Volví a acercar el consolador a sus labios y esta vez no giró su cara. Un leve empujón y sus labios se abrieron. Seguí presionando un poco más y, poco a poco, aquello fue entrando en la boca de mi chica.

—Así, cielo… mira qué polla tienes en la boca… Muévete tú, Cómete este pollón… —le dije mientras sujetaba el pene de plástico con una mano y con otra me masturbaba.

Natalia empezó a mover su boca, haciendo pequeños ruidos de succión, mientras simulaba hacer una felación a aquella polla de plástico. Cada vez estaba más entregada y, buena prueba de ello, era que llevó su mano a su entrepierna donde empezó a estimularse, deseando poder meterse dentro aquello de una maldita vez.

—Sabía que te iba a gustar… —dije mientras la veía chupar el consolador y masturbarse con cierta ansiedad—. Me encanta verte disfrutar con este pollón…

Estaba claro que ambos teníamos en mente la misma cosa: el polvo entre Natalia y Víctor de la semana pasada, pero ninguno de los dos iba a ser capaz de reconocerlo.

—Para, para… —me dijo Natalia tratando de apartarse del consolador—. Necesito respirar… Dios, es que es enorme… Anda, trae la tuya que necesito sentir una polla de verdad…

Me acerqué a ella y, sin esfuerzo, se metió toda mi polla dentro de su boca, iniciando una mamada algo acelerada, mientras en su entrepierna coincidían nuestras manos buscando estimular aquella zona.

—Estás empapada, cielo —le dije llevando mi mano a mi boca y probando sus fluidos—. Vamos a probar de nuevo… seguro que ahora entra…

—No sé… es que es demasiado grande…

—Porque ahora estás acostumbrada a la mía, pero me imagino que habrás probado otras más grandes, ¿no?

—No… Así de grandes, no… —dijo con una mueca en su rostro. Estaba claro que mentía.

—Venga… Si no pasa nada… Sabes que no soy celoso… Puedes contármelo… Sabes que no me importa que me cuentes estas cosas… sino recuerda lo de Alberto o lo que me has contado antes de Riqui… —dije volviendo a hundir mis dedos en su encharcado coño.

Natalia no dijo nada, solo volvió a meterse mi polla en su boca y a reanudar la mamada como si no hubiera un mañana. Al lado, parecían que se estaban dando una pequeña tregua a tenor de la ausencia de ruidos.

—Alberto no la tiene así… —me dijo interrumpiendo la felación-. Es normal, como la tuya…

—¿Y Riqui? —le pregunté.

—Algo más grande que la tuya pero no mucho… —dijo calibrando la medida del consolador—. Pero definitivamente más pequeña que esto…

—Pues con algún otro… Seguro que alguna vez habrás catado una polla así… —insistí yo.

—Es que… no sé… me da cosa… no me siento cómoda hablando de estas cosas y no me gustaría que te enfadaras o algo… —dijo renuente.

—¿Y porque habría de hacerlo? ¿Lo he hecho antes cuando me has confesado que casi se la chupaste a Riqui? El pasado es eso, pasado, y ahora estás conmigo —quise tranquilizarla.

—¿Seguro? ¿No te cabrearas si te cuento algo así? —dijo Natalia—. Porque… sí, en mis años universitarios, sí… alguna así sí probé…

—Puedes contarme lo que quieras, cielo… —la animé—, sabes que todo esto me encanta… ver cómo te miran, cómo te desean… Y nunca te lo había reconocido, pero muchas veces he fantaseado con verte con otro hombre, follando… —dije mientras miraba como mi chica ensalivaba el glande antes de volver a metérselo en su boca.

—¿Sí? ¿Eso te pone? —dijo melosa—. ¿Por eso te has puesto así cuando te he confesado que casi se la chupé a Riqui? ¿Qué casi me dejo follar por él?

—Bufff… sí, me pone un montón… Solo de imaginarte allí arrodillada y con su polla en tu mano… —dije excitado.

—¿Pero es solo eso? ¿Una fantasía, una imaginación? —Me preguntó indecisa—. Es que no sé si es solo eso o… bueno… nada, déjalo…

—No, di, lo que sea… Di lo que quieras decirme, en lo que estás pensando… —la apremié, pensando en que, por fin, íbamos a tener esa charla que tanto tiempo llevábamos postergando y que habíamos iniciado en el aparcamiento de la discoteca

—Es que, a veces, me da la sensación que es algo más que solo una fantasía… —dijo titubeante—. A veces siento como si realmente desearas verme con otro hombre… en la realidad. No sé… igual son imaginaciones mías… -siguió hablando sin mirarme y masturbándose mientras hablaba.

—Si te soy sincero, yo tampoco entiendo muy bien qué me pasa… Nunca me había ocurrido algo así con ninguna otra pareja anterior, solo contigo… Contigo es como si hubiera perdido mis miedos e inseguridades y, en lugar de sentir celos cuando te veo o me cuentas esas cosas, siento orgullo y placer… Me excito en lugar de sentir miedo a perderte… Es complicado de explicar… —le dije emocionado porque, por fin, aquel tema hubiera salido a la luz.

Natalia me miró fijamente y creí ver un brillo de emoción en sus ojos, como si mis palabras hubieran tocado su fibra y estuviera a punto de llorar. ¿Amor? ¿Emoción? ¿O acaso dolor o liberación por los remordimientos de todo lo que seguía ocultándome?

—Vale… te lo voy a contar… —dijo tras unos segundos de silencio y mi corazón se aceleró al escuchar sus palabras creyendo que, por fin, se iba a sincerar conmigo como yo había hecho con ella, contarme todo—. Hubo una vez en que tuve algo con un tío con una polla como esta… puede que incluso mayor…

Natalia me dijo esto mientras cogía el consolador, lo acariciaba y calculaba con sus dedos, como tratando de recordar la diferencia de tamaño entre aquel pene de plástico y la polla que estaba volviendo a traer a su mente.

—¿En serio? —dije excitado a más no poder y esperando que empezara a contarme su encuentro con Víctor.

—Yo, entonces, debía tener unos veinte años y estaba en la universidad… —empezó a decirme, y provocándome una tremenda decepción—. Yo era bastante lanzada por aquel entonces, no te lo voy a negar, y trabajaba en un pub sirviendo copas los fines de semana…

—Ajá… —asentí algo decepcionado por cómo iban yendo las cosas.

—Cómemelo un poco mientras te voy contando, Luis —me pidió Natalia—, a ver si ahora entra…

Obedecí, y me encontré su coño empapadísimo y con sus labios hinchadísimos.

—Oh, sí… joder… qué bueno… —gimió de gusto al sentir mis labios de nuevo sobre su sexo—. Fue con un tío que era amigo del jefe… Era mayor que yo, unos 35 o así… Me sacaba unos quince años… ¿Te imaginas?

Claro que podía, ya que lo había visto en primera persona y empezaba a preguntarme dónde pretendía ir Natalia con aquella historia.

—Bufff… estoy súper cachonda… Sigue comiéndolo, cielo… —me animó mi chica—. La verdad es que el tío estaba bastante bien… Venía mucho por el bar y ya sabía por una amiga que se lo había tirado, que estaba muy bien dotado y que era un hacha en la cama… ¿Me sigues?

De mi boca salió una especie de gruñido afirmativo mientras seguía enfrascado devorando el coño de Natalia y pensando en que su historia cada vez se parecía más a lo que realmente había ocurrido entre ella y Víctor.

—Joder, ya están de nuevo… —dijo Natalia interrumpiendo la narración, al sentir como los gemidos y el cabecero golpeando la pared se reanudaban—. Una noche salimos todos de fiesta y él no se cortó un pelo a la hora de ligar conmigo… Al final me fui con él a un chalet que tenía en las afueras… bufff… Cuando bajé sus bóxer y salió aquella polla… Nunca había visto algo igual… -me dijo mientras se retorcía sobre la cama fruto del placer que mi boca y aquella historia le estaban provocando.

—Sigue… —dije intuyendo que estaba a punto de correrse.

—Me queda poco… Cuando te avise, me metes ese pollón eh cielo… —me pidió entre suspiros—. Tenía una polla enorme que casi ni me entraba en la boca… Me ha recordado esa sensación cuando me has metido el consolador en la boca, Luis… Esa sensación de tener la boca llena… Después recuerdo que, sobre un sofá, me comió el culo y el coño… Era todo súper extraño… Nunca pensé en llegar a eso con él, pero ahí estaba, fuera de mí y disfrutando como nunca… Había perdido completamente el juicio y todo por culpa de aquella polla… ¿Sabes que casi dejo que me folle a pelo? Joder, sigue así… Ya casi estoy…

Por si tenía alguna duda, aquello acabó por aclararme que Natalia me estaba contando su encuentro con Víctor pero a su manera, situándolo en un pasado lejano y no en el cercano pasado fin de semana.

—Acabamos en su habitación, comiendo el coño de nuevo, preparándome… mmm… me matas, Luis… —prosiguió ya costándole hablar—. Y entonces me la metió, Luis… me la clavó enterita… Ahora, Luis… mira, ahora si entra…

Me apresuré en hacerlo, cogiendo el consolador y llevándolo a su vagina. Entró más fácilmente que la primera vez, casi engullendo su coño aquel falo de plástico. Natalia estaba sedienta de sentir aquella polla y, cuando quise darme cuenta, estaba completamente insertada en su interior.

Viendo su cara de éxtasis y la facilidad con que aquello había entrado, sin esperar instrucciones por su parte, empecé a mover el consolador metiéndolo y sacándolo, follándola con él. Con cada arremetida mía, su cuerpo se contorsionaba y le arrancaba un hondo gemido que salía de lo más profundo de sus entrañas, compitiendo a la par con Marta que gritaba de forma desaforada al otro lado de la pared.

—Joder, cielo… te la has metido toda… ya sabía yo que sí eras capaz… —dije entusiasmado—. Grita todo lo que quieras, disfruta sintiendo esa polla dentro de ti, como te llena entera… demuéstrale a Marta y a esos como disfrutas con este pollón…

—Sí… sí… joder… me siento llena… Pedazo de polla… Qué gorda es… —gritaba Natalia, fuera de sí, mientras recibía las embestidas de aquella polla de látex de forma cada vez más violenta.

—¿Así te folló ese tío? ¿Te la metía así de fuerte?

—Sí… me follaba así… me partía con su pollón, empujando sin parar, follándome como nunca… Me voy a correr… No pares… —siguió gritando Natalia totalmente descompuesta.

Nuestros movimientos eran tan bruscos y salvajes que, con cada embestida, la cama golpeaba la pared, siendo completamente imposible que en la otra habitación no nos estuvieran oyendo, pero me daba completamente igual. Estaba enteramente centrado en dar placer a mi chica, en ver como su cuerpo se retorcía sobre la cama y entrecerraba sus ojos, enajenada por el placer que la embargaba.

—Me corro… me corro… —anunció como pudo Natalia antes de sentir como su cuerpo se agitaba fruto del orgasmo alcanzado.

Quedó inerte sobre la cama, extenuada pero, por el rictus de su rostro, satisfecha con el placer recibido. Pero yo también quería correrme, necesitaba hacerlo.

—Quiero follarte… —dije sacando el consolador de su interior—. Ponte a cuatro patas…

Natalia obedeció casi por inercia y contemplé su culo y sus labios bien abiertos, dilatados como nunca lo había visto. La penetré sin ninguna dificultad, empezando a moverme casi sin sentir ninguna resistencia o presión en su interior.

Excitado a más no poder, la penetré con furia mientras sentía mi polla adentrarse una y otra vez en aquella oquedad demasiado grande para el tamaño estándar de mi polla, consciente que, pese a ello, no iba a durar demasiado teniendo en cuenta el estado extremo de excitación en el que estaba sumido.

Paré momentáneamente para coger la polla de plástico y, aprovechando lo que me dijo la dependienta, de que podía pegarse con la ventosa que llevaba, lo hice contra el cabecero de la cama, justo delante de Natalia que la observaba ensimismada.

—Chúpala, cielo… —le pedí—. Hazlo como lo hiciste con ese tío… o como casi estuviste a punto de hacer con Riqui… o cómo te mueres de ganas de hacer con Pedro…

Natalia no dijo nada, pero acercó sus labios y empezó a lamer aquella polla de plástico, mientras yo reanudaba mis penetraciones viendo extasiado como mi chica, poco a poco e inmersa en aquella fantasía, empezaba a engullir aquel falo.

—¿Te gusta? —dijo parando de chupar el consolador—. ¿Te pone ver cómo se la chupo a otro?

—Sí… me encanta… Sigue chupándosela… No sabes cómo me pone verte así… —insistí ya fuera de mí y penetrándola con inusitada fuerza.

La escena era súper morbosa, conmigo penetrando con una fiereza que no recordaba haber usado nunca con mi chica, mientras ella recibía con entereza mis arremetidas y chupaba con glotonería aquel falo de plástico que ahogaba sus gemidos.

—Me corro, Natalia… Me voy a correr… —le anuncié al sentir aquel cosquilleo típico antes de alcanzar el clímax.

No pude aguantar más y exploté, derramándome en su interior, sintiendo como me vaciaba de forma abundante y sintiéndome embargado por aquella placidez que siempre acompaña al momento en que sientes que te vacías. Exhausto, me recosté sobre su espalda mientras contemplaba que, ajena a todo, Natalia seguía mamando aquella polla de forma compulsiva.

Tras unos instantes, pareció recobrar la lucidez y sentí como me apartaba, se deshacía del consolador que quedó sobre la cama y se levantó para ir al baño mientras veía como sus flujos resbalaban por sus muslos. En aquellos momentos de ausencia, no supe qué podía pasar a continuación.

Aunque ninguno de los dos lo había mencionado, estaba claro que Víctor había estado presente en la mente de los dos mientras follábamos. Pero que no hubiera sido completamente sincera, que hubiera usado aquella historia para colarme su encuentro con Víctor no sabía si era una buena o una mala señal. ¿Habíamos avanzado algo o estábamos en el mismo punto que los días anteriores?

—¿Estás bien? —le pregunté cuando regresó.

—Sí, aunque me siento algo mareada… Me he pasado con el alcohol… —me dijo.

—¿Pero te ha gustado? El polvo, me refiero… —dije sin saber muy bien qué respuesta me iba a encontrar—. Ya sabes… el consolador y todo lo que hemos hablado…

—Ha estado muy bien… —reconoció de forma relajada y apoyando su cabeza sobre mi pecho desnudo.

—¿Puedo preguntarte algo, Natalia? —le pregunté con algo de temor.

—Dime…

—¿En quién pensabas cuando chupabas el consolador de esa manera?

Natalia levantó sus ojos y me miró como buscando saber qué intención tenía con aquella pregunta y supongo que sopesando cuál iba a ser su respuesta.

—¿Importa? —dijo tratando de esquivar el asunto.

—Sí… me gustaría saberlo… me pica la curiosidad por saber a quién tenías en mente mientras lo hacías… y no me vengas que conmigo que nos conocemos…

—Vale… —dijo dándose por vencida—. Pero no te mosquees eh… Pensaba en Pedro…

—¿En Pedro? —dije, aunque intuía que no era del todo cierto.

—Bueno, entre el jaleo que tiene ahí montado y que su polla debe ser más o menos como esta… ¿Te ha molestado? —preguntó queriendo saber si estaba enfadado.

—¿Quieres dejar de preguntarme siempre lo mismo? No, no lo estoy… al contrario, estoy excitado de solo pensarlo… Es que recuerdo cómo te ha estado tocando el culo esta noche y solo de imaginar que estuviera aquí, con nosotros, y tú con su polla en la boca… Joder… Mira, ya se me está poniendo dura otra vez…

—Ya veo, ya… —dijo asombrada Natalia y rodeando mi miembro con su mano—. Si te digo algo, ¿prometes que no te vas a cabrear?

—¿Qué me quieres decir? —pregunté pensando en con qué me iba a sorprender ahora mi chica.

—Pues que, cuando hemos venido del baño Marta y yo y me he sentado junto a él, habrás visto que hemos estado hablando los dos… —dijo empezando a masturbarme.

—¿Y? —pregunté ansioso—. ¿De qué habéis hablado?

—No sé cómo, pero ha intuido que los habíamos visto en el aparcamiento y me ha preguntado que si me había gustado lo que había visto…

—Joder… —dije—. ¿Y qué le has respondido?

—La verdad… que sí… —me contestó melosa sin dejar de pajearme—. Ha sido entonces cuando él me ha contado que querían invitarnos a su habitación esta noche, que querían que nos uniéramos a ellos y hacer algo así como un intercambio de parejas…

—¿De verdad? —dije aparentando estar sorprendido—. ¿O sea que tú ya lo sabias? Lo de la invitación.

—Ajá… —asintió Natalia acercando su boca a mi polla y lamiendo mi glande—. Pedro me ha confesado que lleva todo el día muriéndose de ganas por ver su polla en mi boca, Luis… ¿Te lo puedes creer? Así, tal cual me lo soltó.

—Bufff… joder, Natalia… ¿En serio? ¿Te ha dicho eso? —dije incrédulo—. ¿Y tú? ¿Qué le has dicho tú?

—Que siguiera soñando… jajaja… Que tengo novio y al único al que se la iba a chupar era a ti… —dijo ante de meterse mi polla en su boca.

—Joder… qué bueno… —suspiré—. Pero, ahora en serio, Natalia… y no me lo digas para quedar bien… ¿eso es lo que realmente piensas?

Natalia interrumpió la mamada y me observó. De nuevo las dudas la asaltaban pero el brillo en sus ojos la delataba.

—No… —negó de forma pícara, decidiéndose definitivamente—. Sinceramente, pensaba que a mí también me gustaría sentir su polla en mi boca, sentir cómo me la llenaba con ella… No te puedo negar que pensar en hacerlo me dio cierto morbo.

—¿Lo dices en serio? —pregunté y vi como ella afirmaba algo avergonzada, antes de reanudarme la mamada—. Joder… Entonces, si es así, ¿por qué no lo haces?

—¿Cómo dices? —exclamó Natalia levantando su cabeza y mirándome sin comprender.

—Que porque no lo haces…. Si tantas ganas tienes de chupársela, si tantas ganas tienes de probar su polla, que porque no vas y te das ese gusto… y te lo das tu también -le dije con total sinceridad, ante su cara de estupor.

—¿Es una broma no? —dijo sorprendida.

—No… —negué—. Tú dices que quieres hacerlo, él también, y yo, después de lo que me has contado de Riqui, me muero de ganas por ver cómo lo haces… Natalia, quiero que le chupes la polla a Pedro…

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