ALMUTAMID

Una mañana en la facultad me despisté de mis amigas y fisgoneé por donde estaban las aulas de primero. Efectivamente localicé la clase de Blanca. Pero no podía buscarla. El encuentro tenía que ser casual.

En un cambio de clase mientras mis compañeras iban a coger sitio a la cafetería me pasé por el pasillo de Blanca. Me la encontré hablando con Dani, con el capitán del equipo. Era nuestro líder natural. Ya hablé de él en capítulos anteriores cuando entré en el equipo. Es un tío con 23 años. El mayor del equipo. Alto, fuerte. En las duchas es el opuesto a mí. Ancho de espaldas con pelo en el pecho que le baja en una línea por la barriga hasta el nabo. Barba cerrada y pelo muy corto. Y aunque quede feo decirlo bien armado cuando se sobaba la polla al salir d ela ducha. Un toro en toda regla. Un tío además con liderazgo en el equipo. Tenía novia pero no la conocíamos y sabía de buena tinta que se había follado a parte de nuestras supporters de los jueves. Marina por supuesto. Era el tipo de tío que le iba, más que yo. Pero sabía de alguna más.

Verlo con Blanca me incomodó. Conociendo como se arrimaba la niña y con quién estaba me daba la sensación de que me estaban levantando el plan. Antes de que me diera tiempo a quitarme de en medio me vio Dani que me llamó para saludarme. No nos veíamos desde antes de Navidad. Tras los saludos de rigor y la típica pregunta de cuando me incorporaba el equipo me explicó que Blanca se había convertido en une de las seguidoras más fieles del equipo.

-Lo sé- expliqué- Antes de mi lesión nos conocimos y se portó estupendamente conmigo durante el tiempo que estuve con la pierna enyesada. La verdad que le estoy muy agradecido, pero últimamente no la he visto mucho.

A Blanca empezó a subírsele el color de las mejillas.

-Ahn- respondió Dani- Me alegro por vosotros. Luis es nuestro mejor jugador. Estamos notando demasiado su falta.
-Bueno- añadí- La semana que viene ya quiero empezar a correr y si todo va bien para cuando pasen los exámenes vuelvo al equipo.
-Me alegro mucho, Luis.-habló por fin Blanca.
-Bien, tío. ¿Cómo no lo has comentado antes?
-No quiero adelantarme y que se me vuelva a abrir el tobillo. Pero me muero por darle al balón.

Dani me abrazó con tanta fuerza que casi me hace daño.

-Bien. Luisinho, bien.

Blanca aplaudió quitándose la incomodidad de mi llegada. ¿Se la estaría follando Dani? Sería eso. Joder, a lo mejor por eso estaba pasando últimamente de mí. Bueno tendría que comprobarlo. Así que seguía delante con mi plan. Afortunadamente Dani colaboró retirándose y dejándome a solas con Blanca.

-Luis, cuanto me alegro de que vayas a volver a jugar.
-Gracias, bombón. Tenía que haberte avisado de que no iba a ver los partidos.-le dije ladinamente- Aunque ya veo que has hecho amistad con más gente del equipo.

Se puso colorada como un tomate. Estaba claro que si no se había follado a Dani desde luego había tonteado con él. En el fondo me daba igual, yo sólo quería follármela también. Y si de verdad se abría de piernas con quien destacara en el equipo yo desde luego me lo merecía más que nadie. Así que sin intención de molestarla continué:

-Bueno, ¿y qué tal llevas los exámenes?
-Buah, Luis. No muy bien, la verdad. Aunque todavía no he hecho ninguno creo que mis apuntes no son buenos y aunque me los empolle no voy a ser capaz de aprobas más de una asignatura.
-Pero ¿de donde los has sacado?
-Entre los que he tomado yo en clase y he intercambiado con otras compañeras, pero yo veo muy poco lo que tengo.
-Si quieres te echo una mano…-me ofrecí.

Y efectivamente era mi intención, echarle una mano a ese cuerpo apretado que ya conocía pero que no había conseguido disfrutar del todo.

-¿De veras, Luis?
-Claro. Podemos hacer una cosa. Me puedes enseñar tus apuntes. Y si los veo flojos te puedo dejar los míos del año pasado que me sirvieron para sacar buenas notas.

De golpe se me abrazó como otras veces tras los partidos diciéndome:

-Gracias, Luis. Eres el mejor, en todo. De verdad.

“Bueno. Te falta probar algo…” pensé. Pero en vez de eso le hice la siguiente proposición:

-Mira. Como no sé que asignaturas son te propongo una cosa. Te vienes una tarde a mi residencia con tus apuntes. Los veo y ya sabiendo donde está el problema te busco los míos del año pasado y puedes copiarlos o llevártelos y ya me los devuelves.
-Vale. ¿Cuándo te viene bien?- me preguntó.
-¿Cuánta prisa te corre?
-Pues cuanto antes mejor.
-Hablo con mi compañero de habitación y te aviso. Luego te mando un mensaje.

Me despedí de ella con la satisfacción de que mi plan estuviera marchando y de que Blanca pareciera dispuesta. Al mediodía le pregunté a Marcos que planes tenía para la tarde y lo convencí para que se fuera a buscar unos libros a la biblioteca de su facultad y que aprovechara para estudiar allí. Como me dijo que sí vi el cielo abierto y durante la comida le dije a Marta que esa tarde me quedaba a estudiar en la residencia. Le extrañó pero no comentó nada. Ya sólo me faltaba avisar a Blanca. Le mandé un mensaje para decirle que Marcos estaría fuera esa tarde y podríamos ver sus apuntes con tranquilidad. Al minuto me respondió con un gracias y emoticonos de besos. Quedamos en vernos en una hora. Tenía el corazón acelerado y cierto cosquilleo en los huevos.

Evidentemente no había avisado a Blanca del calor tan insoportable que hacía en mi habitación de la residencia. Eso era parte de la táctica para provocar el encuentro. Aunque cuando llegó a la residencia y bajé a la recepción a recogerla se extrañó al verme aparecer en calzonas y una sudadera.

Mientras subíamos al dormitorio miraba curiosa la residencia. De casualidad me crucé con Víctor en el pasillo que salía al baño. Los presenté explicando que era compañera de la facultad. Entramos del gélido pasillo al horno que eran los dormitorios de la residencia en invierno y noté como Blanca se sofocaba. Mientras yo me quitaba la sudadera quedándome con la camiseta ella hacía lo propio con su abrigo, y pude comprobar que llevaba debajo un jersey de cuello vuelto bastante grueso y unos vaqueros con botas. Se iba a cocer. No le dije nada pero sus mejillas subían de color haciendo contraste con la palidez de su piel de niña castaña clara.

Sacó sus apuntes de la carpeta y me los pasó. Me senté en la cama ofreciéndole a ella la silla del escritorio. Los observé. No eran muy buenos. No por ser de una alumna de primero, sino porque eran ideas sueltas, inconexas unas con otras impidiendo usarlos para redactar un tema con lógica. Se lo expliqué comentándole que para poder estudiar bien esa asignatura necesitaba tener mejor ordenados los apuntes. Me levanté para sacar del cajón mi carpeta con apuntes del año anterior y busqué los de esa asignatura. Le dije que leyera el primer tema y lo comparara con los suyos. Evidentemente eran más apuntes de María que míos, pero eso no se lo iba a explicar. Noté cierta decepción en su cara. Sus apuntes eran terribles. Su sofoco aumentaba.

Antes de que me pidiera poder llevárselos y se fuera le pregunté por otras asignaturas. Le propuse que ojeara todos mis apuntes y seleccionara lo que les podían servir. Me lo agradeció probablemente sin sospechar como me los quería cobrar yo. Para no parecer pesado dejé que fuera mirando los temas y apuntes de las distintas asignaturas mientras yo estudiaba tirado en la cama. Dejé pasar como media hora observando como su cara se llenaba de gotitas de sudor y el sofoco de sus mejillas ya llegaba a su frente antes de preguntarle si tenía calor.

-Mucho, Luis. ¿No se puede bajar la calefacción?
-Es central. Está muy mal hecha. Te cueces en los dormitorios y te congelas en los pasillos. ¿Te quieres poner más cómoda?
-Es que no traigo nada debajo.
-¿Quieres que te preste una camiseta?
-Gracias. ¿Dónde puedo cambiarme?- preguntó.
-Si quieres me salgo un momento, pero ya nos hemos visto todo.

Blanca dudó un instante entre que decir o hacer pero al final me adelanté sacando una camiseta del armario mientras le decía:

-Me doy la vuelta para que estés más cómoda.
-Gracias, Luis. No sé como agradecerte todo, de verdad.

“Yo sí lo sé…” pensé mientras me daba la vuelta.

-Te la he sacado larga por si quieres quitarte los pantalones.-le hablé de espaldas- yo ya ves que vivo en calzonas.
-Pero me da corte si viene tu compañero y me ve así. Qué se va a pensar.
-Tenemos un sistema para avisar que nadie entre en la habitación ni llame.-le expliqué.- Si quieres lo pongo en la puerta.
-Pero se va a pensar que estamos haciendo otra cosa.
-¿Te avergüenza pensar que alguien cree que estás enrollándote con Luisinho?

Se quedó callada y como no respondía me di la vuelta. Estaba colocando los pantalones en la cama. Sin decir nada volvió a sentarse en la silla juntando las piernas dejándome ver sus cachas apretadas con sus piernas desnudas hasta los pies donde llevaba unos calcetines largos medio caídos. Estaba cortada pero no sé si por la situación o por mi pregunta. Yo no comenté nada más y disimulé sacando un calcetín del cajón del armario para ponerlo en la puerta.

-¿Para qué es eso?- preguntó.
-Para que Marcos no entre. No creo que piense que a las 6 de la tarde estamos aquí follando, tranquila.

Blanca se puso colorada. Admito que esa mezcla entre inocencia y frescura me ponía como una moto. Retomamos la actividad aunque yo estaba más pendientes de sus piernas que de mis apuntes. Tenía que mover ficha.

-¿Te importa que haga mis ejercicios mientras miras mis apuntes?
-No, Luis, Por favor. Es tu habitación. No quiero molestarte. Si quieres me voy.
-Para nada, mujer. Así ya te los llevas todos hoy y te organizas el estudio y planificas y tal.
-Vale, pero tú haz tranquilo lo que vayas a hacer.

Saqué la esterilla y la extendí en el suelo. Empecé a hacer flexiones pero al empezar a romper a sudar me detuve y me quité la camiseta. Blanca me miraba de reojo y estaba poniéndose colorada. Creo que mi táctica estaba funcionando. Disimulé mi alegría haciendo una tanda de flexiones. Mientras hacía los descansos y bebía agua la observaba. Hacía esfuerzos para no mirarme. Me puse a hacer abdominales de frente a ella para que viera mis piernas abiertas y yo poder mirarla mientras tanto. Estaba muy cortada. Se le notaba. Pero me miraba de reojo. Vi que empezaba a recoger y me levanté rápidamente acercándome a ella.

-¿Ya los has visto todos?- pregunté.
-Sí, Luis. Muchas gracias. Me cambio y me voy.
-Puedes quedarte todo el tiempo que quieras.
-Tú estás a tus cosas y yo…
-No, que va. Me he puesto a hacer ejercicios para esperarte, pero si ya estás libre podemos quedarnos un rato charlando o lo que quieras.- le propuse.
-Es que me da corte estar así, jajaja. Yo con tu camiseta y tú sin ella.
-Es que con el calor que hace en la habitación lo mejor es hacer el ejercicio sin ella. Así no la sudo. ¿Te ha molestado?
-No, no. Que va…

Entonces le cogí la mano y la llevé a mis abdominales totalmente marcados tras el ejercicio y la pasé por ellos diciendo:

-Mira como se me ponen. ¿Te gusta?

Hizo además de retirar la mano pero finalmente la dejó apoyada. Estaba ruborizada y acalorada. Llegaba al punto de no retorno. O triunfaba o me mandaba a la mierda pero había que intentarlo. Sin soltar su mano la bajé hasta mi paquete y dije:

-Y mira como se me pone esto contigo…

-Luis, esto no está bien…-fueron sus palabras al sentir la dureza de mi nabo al apoyar yo su mano sobre mi paquete.
-Pero si antes de Navidad me lo estabas proponiendo tú.-argüí- ¿Es que ya no te gusto?
-Claro que me gustas, Luis…
-Pues es muy fácil. Yo te gusto y tú me gustas. Estás buenísima. Llevo semanas pensando en poder estar contigo y no sabía como proponértelo. Y claro…-expliqué haciéndome el inocente- hoy al tenerte aquí en mi cuarto, con mi camiseta, tan guapa. No he podido reprimirme. ¿Te he molestado?
-No, si me gusta gustarte…pero, jo. Yo estaba deseando pero como tú no ibas los jueves y tal. Y tu lesión, como que ya no ibas al equipo, y, bueno…yo.
-¿Es por Dani?

Su cara cambió ensombreciéndose. Bajó la mirada y se quedó cabizbaja frente a mí pensando que yo me iba a enfadar.

-Pero Blanca-añadí- No somos novios. No puedo exigirte nada. ¿Te gusta Dani? Es normal. Si es por eso, te dejo tranquila.
-No es eso, Luis. Ofú, que lío…

Empezaba a temer que me quedaba sin echarle el polvo. Pero no me había mandado a la mierda a pesar de mi descaro. No todo estaba perdido. La tomé otra vez de la mano en la senté en la cama haciendo yo lo propio a su lado muslo con muslo, y que muslos que tiene la niña.

-Venga cuéntame.

Sin levantar la cabeza me contó que ella seguía yendo a los partidos de equipo y que la semana anterior Dani la había cogido por la cintura y la había tenido sentada encima suya todo el rato. Yo le dije que como yo, pero ella me explicó que Dani era más directo y que esa noche se habían enrollado.

-No pasa nada, Blanca.
-Es que…- de nuevo me evitó la mirada.
-Te lo follaste…
-Bueno, el a mí.-trató de defenderse.
-Jajaja. Eso es cosa de dos, Blanquita. O quieres o no quieres.
-Ya. Bueno. Pues eso. Y ahora vuelves tú. Y yo no sé…
-Yo no me enfado. Conozco a Dani. Lo he visto salir con muchas chicas a pesar de tener novia.
-Bueno. A saber tú con cuantas…
-Yo soy diferente, Blanca. Yo sólo me voy con las que merecen la pena. Por eso me interesas tú.

De golpe se iluminó la cara de la chica. Era el momento de dar el paso antes de que se lo pensara. De modo que sin darle tiempo a decir nada acerqué mi cara a sus labios y la besé con dulzura. Por un instante se puso tensa, pero de inmediato se relajó y abrió su boca ofreciéndome su lengua. ¡Conseguido! Era la primera vez que besaba a Blanca y en sus besos unía la inocencia y torpeza que ya había demostrado al mamármela en el bando. Tras comprobar que respondía y se entregaba mis manos entraron en juego recorriendo su muslo apretado y obteniendo ligeros gemiditos de la chica. Mi polla se volvió a endurecer de un golpe llena de alegría.

El siguiente paso era desnudarla de una vez. Aunque ya le había visto las tetas e incluso el chocho no la había visto totalmente desnuda abandonada a mi disfruta y ya era hora de conseguirlo. Así que me apresuré a quitarle la camiseta. Mientras jalaba hacia arriba me preguntó dudosa:

-¿Seguro que no viene tu compañero?
-Con el calcetín en a puerta sabe que no puede molestar.

Para cuando terminé la frase la camiseta estaba ya caída en la silla y yo peleaba por desabrochar su sujetador. Jamás he entendido con qué facilidad las mujeres abrochan y desabrochan la prenda con una sola mano mientras que yo con dos soy incapaz de hacerlo. Tanto que al final la chica fue la que pasó su mano por detrás para desabrocharlo. Espectaculares. Ya he descrito anteriormente las tetas de Blanca pero no por ello dejaba yo de sorprenderme como luchaban contra la gravedad esos dos pechotes coronados en un pezón rosado que me lancé a chupar alternativamente mientras amasaba el otro. Pero me podía el ansia y la prisa a la vez que me apretaba el calzoncillo por lo que en vez de deleitarme un buen rato en el magreo y chupeteo de aquellas tetas me levanté de la cama y me quité calzonas y calzoncillos de un tirón dejando que mi polla se liberara observada por la atenta mirada de Blanca. Dudé si plantársela en la boca pero recordé su torpeza mamando y lo descarté. Pero recordé su chocho apretado y cambié de plan.

La tumbé en la cama con su colaboración y le saqué las bragas sin haberme dado cuenta de que eran un tanga de esos deportivos con tira ancha. Me había perdido el espectáculo de ver ese culo encuadrado por la prenda. Pero había prioridades. Quedó descubierto su pubis con un triangulito bien recortado de vello castaño enmarcado entre el arranque de sus muslos. Su monte de Venus era muy pronunciado y con la escasa luz que se colaba bajo la litera no de jaba ver su raja, pero me puse de rodillas a los pies de la cama y avancé hacia ella obligándola a abrir sus piernas para colarme entre ellas.

-Luis, por favor, con condón…-me pidió con voz melosa.
-Tranquila, todavía no te voy a meter la polla.

Dicho y hecho. Apoyé mis manos a los lados de sus caderas y empecé a jugar con mi lengua en su ombligo. Se movía como si ya estuviera metiéndole mano en los bajos y sólo estaba en su barriga. Imaginaros qué pasó cuando empecé a descender por su pubis y mi aliento ya alcanzaba su raja. Al acercar mi vista a su coño pude ver sus grandes labios mayores, apretados y sonrosados como toda ella y su barriga agitada por la respiración. Tras mirar su chocho a escasos centímetros de mis ojos levanté la mirada comprobando como esperaba nerviosa mi siguiente paso y no la defraudé bajando la cara y lanzando un lengüetazo de abajo a arriba en el que recogí toda su esencia amplificando su excitación y ganándome un: “ayyyyyy, Luiiiiiiis” que me supo tan a gloria como su humedad. Hundí mi cabeza entre sus piernas aferrándome a sus muslos mientras Blanca gemía y soltabas ayes lastimeros muy excitantes.

Rememorando aquel momento caigo en la cuenta de que diferentes son las mujeres cuando colamos nuestra cabeza entre sus piernas. El chocho de Blanca era el quinto que me comía en mi vida. E independientemente de que los hay más alargados como el de Claudia, pequeñitos como el de Marta o apretados como los de Viqui, Nieves y Blanca, ninguna se comportaba de la misma manera al sentir mi lengua trasteando dentro de ellas. Mientras Claudia telegrafiaba la escena con sus comentarios que sólo se convertían en silencio cuando se corría, Viqui, Marta y Nieves gemían dulcemente dejándose hacer. Pero Blanca era toda una novedad para mí. Se retorcía literalmente de placer apretando los músculos de las piernas y arqueando la espalda de modo que no llegaba a levantar el culo de la cama porque yo la sujetaba y todo ello con gemidos lastimeros muy agudos y constantes que probablemente se oían en las habitaciones contiguas y en el pasillo.

Pero yo estaba a lo que estaba y la comida de coño me tenía en el cielo viendo disfrutar a la chica y con mi churra babeante esperando su momento de entrar en acción. Me moría por empalarla pero no quería perderme el espectáculo de ver como se corría por las lamidas, chupadas y paseas de mi lengua dentro de su coño. Y a juzgar como me estaba empepando la cara no debía faltar mucho para aquello así que para completarlo clavé mi dedo anular en su coño mientras succionaba su clítoris. Casi me levanta de la cama a mí con la fuerza con la que arqueó la espalda de modo que entre mi boca y mi dedo conseguimos que Blanca se corriera muy al estilo de como me estaba demostrando pues sus gemidos se aceleraron y su quejido se hizo más lastimero, casi doloroso hasta ahogarse. Entonces dejó de hacer fuerza con las piernas y su espalda se relajó.

Me quedé de rodillas observando como Blanca se relajaba. Era un espectáculo verla retorcerse de placer y escucharla. No veía el momento de saber como sería echarle un polvo. Me levanté a coger un condón dejándola abandonada en la cama como una maja de Goya. Mientras abría el cajón para coger la cajita la escuché hablarme con voz melosa:

-Mmmmmm, Luis. Qué bien lo haces. ¿Quieres que te la chupe yo?
-Tranquila. Se me está ocurriendo algo mejor.-respondí volviendo junto a ella y abriendo el envoltorio del preservativo.

Blanca observaba como me lo ponía sin perder detalle. En cuanto lo desenrollé totalmente volví a colocarme de nuevo entre sus piernas de rodillas abriéndolas. Su coño brillante y rosado estaba listo para ser penetrado.

-¿Quieres que te la meta?- le pregunté mirándola seriamente a los ojos mientras apoyaba mis brazos a ambos lados de sus pechos.

Blanca asintió con la cabeza y me dispuse a dirigir mi nabo a su raja. Nada más sentir el roce arqueó la espalda. ¿Era pose o realmente era tan sensible? Más aun cuando acerté con la entrada e hice el intento de penetrarla. Estaba muy apretado. Ni cuando desvirgué a Viqui había tenido esa sensación. Estaba empapada y aun así mi polla entraba con dificultad. Tuve que ir haciendo penetraciones cortitas poco a poco metiendo y sacando para meter un poco más. Y cuando conseguí meter media polla notaba como las paredes de su vagina apretaban mi churra. Era increíble. Más apretado y calentito que ningún coño que hubiese probado hasta ahora. Y es que la palabra que definía a Blanca era apretada. Apretada de carnes, con sus muslos y nalgas duras, de pechos, voluminosos y desafiantes, y ahora también apretada de coño.

-Qué buena estás…-es lo primero que salió de mi boca cuando conseguí clavársela al fin hasta las pelotas mientras Blanca de nuevo arqueaba a espalda ahora dificultada por mi peso sobre ella.

La postura del misionera dejó mi cara frente a la suya y empecé a comerle la boca sin moverme todavía esperando que en algún momento la tensión de su coño se relajara para poder penetrarla con facilidad, pero eso no ocurría y empecé un ligero movimiento de caderas que provocó que iniciara su gemidito, esta vez junto a mis oídos. El tonito y cadencia me calentaban y me invitaban a chocar mis caderas con más fuerzas contra las suyas.

-¿Sientes mi polla?
-Ay, sí…
-¿Te gusta?
-Sí, ay, ay…
-Me moría de ganas por follarte…
-Que bien lo haces, ay, ay…
-Pues ahora te vas a enterar…

Por fin iba a hacer lo que llevaba esperando desde que nos liamos en el baño del pub. Se la iba a clavar a cuatro chocando mis caderas contra ese culazo apretado hasta vaciar mis huevos en ella. Así que me salí de ella que se quejó:

-No la saque, Luis, ay….

Tiré de su brazo para que se incorporara y la puse de rodillas. Pensó que quería que me la chupara o algo porque se agachó para quedar a la altura pero sin decir nada hice que se diera la vuelta dejando su culo a mi disposición. Qué espectáculo, ese culo increíble listo para mí con las piernas entreabiertas y su raja diciéndome: “Fóllame…”

No perdí el tiempo y me acomodé detrás de ella pasando mi polla por sus nalgas. Lástima de condón. Habría disfrutado más rozando mi glande desnudo y sensible por su culo hasta llegar a su raja. Pero, increíble. Cuando fui a meterla de nuevo me costó trabajo. Su coño pese a estar mojado volvía a cerrarse. De nuevo penetraciones cortas y a sacarla un poco para poder entrar un poco más. Tardé más de la cuenta en conseguir clavársela hasta las pelotas mientras ella ya me deleitaba con sus gemidos y ayes. Una vez clavado el nabo empecé con penetraciones rítmicas pero poco profundas para acostumbrar a su chocho a mi churra invasora. Una vez comprobado como apenas dilataba empecé a cumplir mi fantasía.

Primero me detuve para poniendo mi pecho sobre su espalda besarle la nuca provocándole escalofríos y sobar sus tetas que colgaban.

-Cómo me gustas, Blanca…eres increíble. Tenía que haberte follado hace mucho tiempo.
-Ay, Luis, ay…
-Y ahora te vas a enterar…

Solté sus tetas para cogerla por las caderas y una vez bien agarrada empecé a penetrarla con mayor fuerza y profundidad haciendo que sonaran nuestras pieles al chocar. Ese era mi sueño desde que descubrí su culo. Pero mejor aun de lo imaginado. Pues a lo apretado de su chocho y al choque de mis caderas contra sus nalgas tenía que sumarle sus gemidos agudos y a un nivel que seguro oían desde fuera una vez más. Pero me importaba un rábano. Estaba disfrutando del polvazo y de ese cuerpo serrano. Pero entre lo apretado de su coño, la visión de mi polla entrando con su culo y sus gemidos a ese ritmo iba a durar poco. ¿Y qué más daba? Si ella ya se había corrido.

-Me voy a correr, Blanca…¿dónde quieres que te lo eche?
-Donde tú quieras, ay, ay…
-¿Quieres dentro? ¿En la espalda? ¿En tu boca?
-Ay, ay, ayyyyyyy…

Blanca se estaba corriendo y no me dio tiempo a pensar más. El cosquilleo anunciador de mis huevos ya subía por mi espalda. Como no detuve el ritmo con el que taladraba a la chica en cuanto noté como la sensación de placer pasaba de los huevos a mi polla empecé a soltar lefazos dentro del condón mientras repetía: “Me corroooooo…”.

Cuando terminé correrme me salí de Blanca y me tumbé en la cama algo sudoroso y con la respiración aun acelerada. Ella había aguantado a cuatro mientras yo terminaba de correrme y al tumbarme hizo lo propio echándose a mi lado. Le ofrecí el brazo y se echó en mi hombro besándome con una sonrisa que denotaba su alegría por lo que acabábamos de hacer.

-Tengo que quitarme el condón antes de que se me baje…-le dije sacándome el condón con cuidado de no derramar el contenido.

Aun así tenía la polla pringada de mi semen. En un fogonazo de atrevimiento le dije:

-Estoy pringadito, jajaja. ¿Me limpias?
-¿Voy por papel o algo?- me preguntó ofreciéndose.
-O con la boquita…

Se quedó pensando un instante seguramente si yo estaba de broma o realmente se lo estaba pidiendo, pero de inmediato se puso otra vez de rodillas en la cama llegando a la altura de mi polla y cogiéndola con una mano casi fláccida ya bajó la cabeza y se la metió en la boca pasando la lengua por ella. Entre lo sensible que estaba recién corrido y que no me lo esperaba casi me corro otra vez pero acariciándole la espalda le dije:

-Para, para, que me voy a empalmar otra vez y la liamos, jajaja.

Blanca se puso de rodillas en la cama mirándome con cara de niña que ha hecho bien lo que le mandaban. Esa mezcla de inocencia y de atrevimiento me ha podido siempre y en esta niña estaban en altas dosis.

Tiré de ella para que se echara de nuevo a mi lado recordándole cuanto me había gustado el rato que habíamos echado. Entonces cayó en la cuenta:

-Oye, tu compañero estará a punto de llegar.
-¿Qué hora es?-pregunté.
-Las 8.
-Guau, qué tarde. Contigo se me pasa el tiempo volando.

Nos vestimos pudiendo por fin ver como quedaba ese culo con aquel tanga y la acompañé a la puerta. Después me fui a la ducha satisfecho como nadie hasta que me encontré a Ángela en la entrada.

-¿A quién te has traído Luis?
-A una compañera de clase para estudiar.
-Jajajaja. Estudiar dice…estaba media residencia en tu pasillo escuchando como gemía tu amiga…

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