JULIO ALTÁN

Hace cuanto no viajaba por esta ruta…, la verdad no lo recuerdo, más de una año tal vez, parece una eternidad la que ha transcurrido desde ese último viaje… no lo hice rápido, más bien lento, volví a sentir lo mismo que la primera vez que lo realice, vi los mismos paisajes, los veía más bonitos que antes, tal vez por el remolino que cosas que pensé y sentí al volver a pasar por esos lugares, es la ruta de…. ya no importa, ni recordarlo es bueno,

Al llegar a cierto lugar me detuve, recordé muchas cosas como nuestro hotel por ejemplo, ¿Nuestro Hotel?  En realidad lo era, allí nos refugiábamos de todos y de todo para vivir y sentir nuestros sentimientos.

Al llegar a mi destino baje al parque cuando el sol ya declinaba y los colores naranjas aparecían en lo alto, me senté y pedi que lustraran mis botas tal como lo hice la primera vez que vine, fume un cigarrillo, al terminarlo me dirigí al hotel donde pernoctaría y planearía mi visita a la playa de la mañana siguiente, deseaba salir lo más temprano posible para poder ver la salida del sol.  Me registre para luego de darme un baño bajar a refrescarme a la piscina, era el único loco que a las siete de la noche estaba nadando, una bella chica me pregunto sobre la hora en que deseaba tomar mi cena diciéndole que a eso de las nueve estaría bien, cenaría en el bar acompañado de una botella de vino tinto, un róbalo con camarones, una ensalada gourmet y queso de leche de búfala, eso estaría bien para esa noche que pensé seria atormentadora, pero a eso había llegado, a deshacerme de esta opresión de una vez por todas.

Salí del hotel a dar una pequeña vuelta por el parque y por fin me tome una fotografía en un lugar que desde la primera vez quise hacerlo, me pare a la par de la escultura, la cámara hizo clic y luego la abrace para que se volviera a escuchar ese clic, una chica que pasaba cerca tubo la gentileza de tomarme estas fotos, escuchaba bullicio en el parque: personas contentas deambulando y charlando para pasar el tiempo.

Regrese al hotel y entre directamente al bar, uno de los meseros me reconoció y pronto fue a saludarme sirviendo mi cena pero más rápido que eso sirvió mi copa de vino, me senté donde fue nuestro lugar favorito, nuestra mesa, sentí el exquisito sabor del vino mientras en el ambiente se escuchaba una de nuestra canciones, le bajaron un poco el volumen a la música para que diera lugar a las conversaciones que se daban en todas las mesas que estaban ocupadas, me sentía muy bien de estar nuevamente en ese lugar y también me sentía muy bien de estar solo mientras a lo lejos llego a mis odios una conversación que sin querer escuche.

—¿Qué haces aquí?  —Una voz femenina hacia esa pregunta en un tono que denotaba enojo y diría que hasta rencor.

—Solamente paseando ¿Qué tiene eso de malo?  —El hombre que respondió lo hizo de una forma tranquila, sin mostrar ningún sentimiento como si no le importara lo que estaba ocurriendo.  La chica no creyó en la sinceridad de la respuesta repitiendo varias veces la pregunta hasta que el hombre cambio el tono de su voz.

—Bueno… quise… quise venir a recordar tantas cosas.  —Esta repuesta llevaba mucha duda, como si no quisiera que se supiera la verdadera intención de su presencia en el lugar, pero no entendía si su presencia en el bar o en la ciudad.

—¿Te lastiman esos recuerdos?  —Ahora pareciera que el tono de la chica era conciliador y de comprensión.

—Al principio sí, ahora ya no.  —La voz de ambos cambio por completo, ahora más parecía que se trataba de una plática de enamorados o algo parecido.  Yo me quede atento tratando de escuchar toda la conversación que a pesar no era de incumbencia me abstrajo de mis pensamientos.

—¿Y… a que se debe eso?

—Recuerdo que tú dijiste que es cuestión de costumbre, al pasar el tiempo el sentimiento pasa quedando solo un recuerdo y este se va diluyendo en el tiempo para terminar en el olvido, cuando se deja de sentir.

—Creo que me equivoque.  —En esta afirmación escuche dolor y arrepentimiento.  Intuía que se trataba de una pareja que termino una relación amorosa y nuevamente se volvían a encontrar luego de… no sé ni de cuánto tiempo.

No lograba ver sus rostros pero seguía con interés su conversación para no perderme nada de lo que dijeran porque pensaba que podría ayudarme con mi propio enredo mental.

—¿Por qué dices eso?

—¿Hace cuánto tiempo fue que nos dejamos?

—Hace ya más de un año.

—¿Aun piensas en mí?

—Eso ya no importa.

—¿Por qué crees que no importa?

—No importo antes ¿Por qué importaría ahora?  —Luego de esas preguntas y respuestas rápidas nuevamente note reclamo pero esta vez fue en la voz masculina que pareciera no entender algo que comencé a percibir: ella estaba intentando reconciliarse.

—¡bien importo!  —Su respuesta fue enfática y llena de determinación.

—¿Entonces porque te casaste con otro?  Pero te seré sincero, ahora pienso en ti más que antes.

—¿Y eso, no entiendo? 

—No lo sé, pero ahora que no estamos juntos te siento más cercana a mí.

—Igual me pasa, ahora que estas ausente, siento que te quiero y me haces falta ¿Volverías con migo?, ¿Si aún me amas y yo te amo porque no? Yo si volvería contigo.

—Tú ya perteneces a otro, sabes, a veces pienso que lo que te gusta es jugar con los hombres, sentirte deseada y eso te agrada y no puedes vivir sin ese juego.

—Tú fuiste importante para mí.

—No lo creo, estoy seguro que para ti fui tan solo un hombre más que tuviste encima, solo eso.

—¿Te lastime… verdad?

—¿Y qué pensabas, que no tengo sentimientos?  Mira, jugué, aposte y perdí, así es la vida, eso puedo entenderlo, si tu me hubieras mostrado un poco de respeto te aseguro que hasta seriamos buenos amigos, pero solo jugaste, me diste alas mientras andabas con el otro, las cosas que me dijiste, las que me reprochaste, y luego tu correo electrónico, solo me hubieras dicho que querías a otra persona y me hubiera ido tan tranquilo, pero no, pienso que querías lastimarme a propósito.

—Eso no es cierto.

—Es posible, pero eso me diste a entender.

—Ya lo deje, el matrimonio no funciono, ¿Por qué no vamos a casa como antes?

–A tu casa no vuelvo a poner un pie nunca más ¿Recuerdas las cosas que me dijiste?

—¡Olvídalas!

—¿Para qué volver? Para que dentro de dos meses estemos en las mismas y me vuelvas a mandar por el caño.

—¿Qué me estas tratado de decir?

—Son tus palabras, tú misma dijiste eso, además si me querías y te fuiste con otro será porque viste en él algo que te importo más.

—¿Porque no quieres volver a la casa? ¿No recuerdo nada de lo que te dije?

—Me dijiste: Me arrepiento de haberte llevado a mi casa.  Me arrepiento de haber involucrado a mi familia en todo esto.  Me reclamaste el haber cocinado para mí y haber hecho limpieza en mi casa  ¿No crees que eso fue ofensivo?  —Amargura fue lo que percibí en ese momento en la voz del hombre que intentaba definir los motivos que lo llevaron a donde supongo deseaba: a estar frente a ella pare tener esa conversación y que sus dudas desaparecieran.

Nunca supe si lograron reconciliarse porque ambos se hicieron reclamos en esta conversación que decidí ya no continuar escuchando porque su historia me pareció familiar, pero hay algo que me llamo la atención: Ahora que ya no están juntos ambos dicen quererse, luego de un tiempo distanciados se dieron cuenta que se quieren, pareciera ser que se necesita estar lejos para sentir el amor, definitivamente es una de esas cosas que cuesta entender en la vida.

Pedí mi segunda botella de vino y me fui a mi habitación, deseaba pensar en todo lo que viví en esta región pero la conversación que escuche no me dejaba en paz, salí a fumar al balcón con la mente en blanco y me di cuenta que en realidad se quiere más cuando no se esta con esa persona, posiblemente no sea en todas pero si en la mayoría, me di cuenta que el amor tiene que ver más con la ausencia que con la presencia para manifestarse cual es.

Un comentario sobre “Ausencia

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