ANDER MAIS

Capítulo 21

Parejas, sexo y confesiones

—¡No jodas! ¿En serio? —exclamé sorprendido.

—En cuanto te has ido, Marta ha empezado a besarse con Pedro y ha sido Álvaro el que les ha dicho que porque no salían fuera y… bueno, ya sabes… —dijo Natalia como en shock—. Joder, es que es muy fuerte…

—Ya… —dije mientras recordaba lo que me había dicho Marta de provocar a Natalia y si aquello también formaría parte de su estrategia—. Oye y… no sé… ¿no te pica la curiosidad?

—¿Qué quieres decir?

—Pues eso, que es algo que no he visto nunca así, en directo y… bueno… que me gustaría verlo… ¿Tú no?

—¡Qué dices! Ni loca… Menuda vergüenza si nos ven… —dijo Natalia negando con su cabeza.

—No tienen por qué enterarse… Nos escondemos bien y vemos cómo funciona eso… No me creo que no sientas curiosidad… —insistí—. Además, después de todo lo que hemos compartido ya con ellos, tampoco creo ya que les moleste que los veamos… jajaja… Venga, vamos…

Cogí la mano de Natalia y ella, sin oponer resistencia, se dejó arrastrar fuera del local, demostrando que en parte se moría de ganas de ver aquello, de ver como Pedro se follaba a Marta, con Álvaro mirando en primera fila. Fuera, al girar la esquina del local y adentrarnos en el aparcamiento, vimos que estaba bastante oscuro y eso nos facilitaría la tarea de aproximarnos sin que se dieran cuenta de nuestra presencia.

Buscando el amparo de un muro que allí había, nos fuimos acercando al lugar donde Pedro había aparcado el monovolumen con el que habíamos venido. A lo lejos, divisamos el vehículo y tres figuras junto a él. Con todo el sigilo del mundo nos acercamos hasta tener una buena visión de lo que ocurría, sin llamar su atención.

Recostados contra el lateral del coche, Pedro y Marta se besaban con lujuria desatada, mientras Álvaro lo contemplaba todo de forma natural, supuse que ya acostumbrado a eso y a cosas mucho más fuertes todavía. Las manos de los dos amantes recorrían el cuerpo del otro de forma ansiosa y voraz, dejando bien a las claras lo excitados que estaban.

Creyéndose solos y con relativa intimidad, Pedro no tardó en colar su mano bajo la falda y tocar su culo por debajo de esta, mientras Marta no paraba de frotar su cuerpo contra la erección de su amante. Estaban ambos desatados y eso era palpable en el ambiente.

Dando un paso más en aquella escalada lujuriosa, Marta pugnó con los botones del pantalón de él y no tardamos en ver cómo estos caían al suelo junto a su ropa interior, saliendo a relucir el miembro de él, que Marta no tardó en rodearlo con su mano y empezar a masturbarlo.

Marta, por primera vez, se giró a su marido y le dijo algo que no pudimos entender. Luego, ante la respuesta de Álvaro que tampoco pudimos escuchar, ella sonrió a su marido, y se acuclilló hasta meterse la polla de Pedro en la boca, iniciando una mamada frenética que el hombre disfrutaba enormemente a tenor de sus bufidos que exhalaba. Álvaro, a su vez, empezó a acariciarse su miembro por encima de la ropa, mientras observaba como su mujer daba placer oral a otro hombre.

No pude evitar sentir un conato de envidia por la compenetración de aquella pareja; de cómo disfrutaban de sus gustos sexuales de forma libre y consensuada, todo lo contrario a lo que éramos Natalia y yo, y que no sabía si algún día íbamos a conseguir lograr. Una Natalia que, por cierto, no perdía detalle de todo lo que ocurría y cuyas mejillas estaban encendidas.

Junto al coche, las tornas pronto cambiaron y, tras una corta conversación entre los tres, Marta se recostó sobre el capó del coche. Pedro se acercó a ella, le subió la falda, le quitó su braguita y enterró su cara entra las piernas de ella mientras, a escasos centímetros, Álvaro ya se había sacado su polla y empezaba a masturbarse viendo aquello.

—Joder… —susurró Natalia, hablando por primera vez desde que habíamos llegado—. No me lo puedo creer… se lo está comiendo delante de su marido…

—Pues yo no lo veo muy molesto que digamos… —dije en referencia a Álvaro, que parecía disfrutar enormemente con aquella situación.

—Ya lo veo, ya… —dijo Natalia—. Me lo había dicho pero no acababa de creérmelo…

Se hizo un momento de silencio, en donde ambos contemplamos cómo Pedro se esmeraba en devorar el coño de una Marta que no dejaba de gemir mientras apretaba el rostro del hombre contra su entrepierna, buscando que siguiera con sus atenciones en aquella zona que tanto placer le estaba proporcionando.

—Antes, cuando se la estaba chupando, me acordé del verano pasado… —dijo Natalia rompiendo el silencio.

—¿Qué? —pregunté no comprendiendo lo que había dicho, absorto como estaba viendo aquella escena.

—Que cuando se la estaba chupando, me he acordado de las fiestas del pueblo… —insistió Natalia—. Antes me has dicho que te había decepcionado que no hubiera confiado en ti para contarte lo ocurrido… Pues ahora quiero hacerlo, decirte lo que pasó o más bien estuvo a punto de pasar…

Su rostro estaba encendido y le costaba mirarme a la cara. Y yo, sorprendido por aquel giro inesperado, callé esperando por fin la confesión de mi chica y que me contara como casi se folla a Riqui aquella noche.

—Cuando estábamos en la feria, Sandra y yo nos fuimos a mear, y entonces aparecieron Andrés y Riqui… —me dijo casi en un susurro—. Yo estaba muy bebida, lo estábamos las dos y, bueno… ellos dos empezaron a enrollarse en plan bestia y me excité viéndolos, Luis… Me puse muy cachonda y le pedí a Riqui que me llevara junto a ti y eso hizo o eso creí yo… Estaba tan borracha, que no me di cuenta que me había llevado al aparcamiento y allí… pues me besó, Luis… Te juro que quise quitármelo de encima, pero estaba muy cachonda y me dejé llevar… ¿Estás enfadado? —me preguntó con temor.

—No, no estoy enfadado, cielo… —dije abrazándola por detrás—. Puedo entenderte… el alcohol, Riqui que era atractivo, la excitación acumulada durante toda la noche… Yo seguramente tampoco hubiera podido resistirme en una situación así… ¿Pero solo pasó eso? ¿Qué os besasteis?

—Bueno… no… —dijo avergonzada—. También me tocaba, cielo… las tetas, el culo… incluso llegó a bajarme la parte de arriba y besarme las tetas… Te juro que no sé qué me pasó, pero estaba rendida, entregada y no hacía nada para pararle…

—Joder… —dije reviviendo lo sucedido aquella noche y sintiendo mi polla completamente hinchada bajo el pantalón.

—Lo siento… de verdad que lo siento… Sabía que te ibas a enfadar… —dijo temblorosa—. Por eso no te dije nada…

—No estoy enfadado… —repetí, cogiendo su mano y llevándola a mi entrepierna—. Lo que estoy es cachondo… No sabes lo que me pone escuchar lo que hiciste con Riqui…

Natalia me miró extrañada, confusa, sin comprender nada de todo aquello. No podía culparla. Tantos meses sintiéndose mal por aquello y ahora se encontraba con esa reacción por mi parte. Eso sí, su mano no se apartó de mi polla y empezó a moverse recorriendo con ella toda la longitud de mi erección.

—¿Y qué más? ¿Te folló? —le pregunté, aunque ya sabía la respuesta—. ¿Dejaste que te follara?

—¡No! —Negó con vehemencia—. Pero si estuve a punto de chupársela…

—¿Cómo? —pregunté extrañado, sabiendo que aquello no se ajustaba a lo ocurrido.

—Era incapaz de parar y negarle nada y, después de la comida de tetas que me pegó… pues él quiso que se la chupara… Y lo siento, pero iba a hacerlo, Luis… Así de enajenada estaba… Se sacó la polla y yo, arrodillada como estaba Marta, se la cogí para llevarla a mi boca… —dijo evidentemente excitada con lo que contaba, ya que su mano se movía con brío sobre mi entrepierna y sus muslos se frotaban entre sí tratando de aliviar su calentura.

—¿Y? —pregunté intrigado por saber por dónde iba a salir mi novia.

—Pues nada… que la fortuna se alió conmigo y aparecieron unos chicos por allí… —me dijo—. Aquello me hizo reaccionar y me escapé de allí en tu búsqueda… Al poco nos encontramos. ¿Te acuerdas?

—Ajá… —asentí, sin comprender por qué me había explicado aquella versión edulcorada de lo que realmente había sucedido entre ellos, obviando que sí se la había chupado y que, cuando había huido, era cuando estaban a punto de penetrarla.

—Dime algo, Luis… —me rogó sin dejar de tocar mi polla, pero de forma más sosegada—. De verdad que lo siento… Aun hoy no entiendo qué me pasó esa noche…

—No estoy enfadado… —repetí por tercera vez besando su cuello y sintiendo como se destensaba—. Y te agradezco que, por fin, hayas confiado en mí para contarme algo así…

Aunque sabía que no me había dicho toda la verdad, al menos era un paso en el camino correcto, un avance. Que viera que no me enfadaba, debería otorgarle más confianza como para contarme todo lo demás, así que no quise presionarla más.

—Se la va a follar… —La avisé haciendo que volviera a prestar atención a la otra pareja.

Desde nuestro escondite, vimos cómo Marta se alzaba del capó y se dirigía a la puerta lateral del monovolumen que abrió, se tendió sobre los asientos y expuso su culo para que Pedro lo usara a su antojo. Pedro, a su vez, conversaba con Álvaro sobre algo que no llegábamos a escuchar, pero que enseguida supimos el qué.

Álvaro sacó de su bolsillo un preservativo que le tendió a Pedro, él le agradeció el gesto y se apresuró el romper el precinto, enfundarse su polla desnuda en él y acercarse al coño de Marta, que lo esperaba anhelante. La escena era muy parecida a lo ocurrido entre Riqui y Natalia, y era inevitable que ambos pensáramos en ello después de lo que acabábamos de hablar. Pero claro, desconociendo ella que yo lo sabía.

—¿Le hubieras dejado? ¿Follarte? —le pregunté mientras veíamos a Pedro apuntando su polla al coño de Marta.

—¿Sinceramente? —dijo de forma tímida—, no lo sé… Pero si estuve a punto de chupársela… no sé si habría sido capaz de negarme si él hubiera querido follarme… Es que no sé cómo explicarte lo que pasó, porque ni yo misma lo entiendo…

—Bueno, puedo hacerme una idea… Riqui es un tío atractivo, con carisma y que tiene pinta de saber tratar a una mujer… algo así como Víctor… —Aproveché la ocasión para sacar a relucir al otro hombre con el que mi chica había tenido algo—. Habíais bailado juntos, te había tocado y me imagino que tú te habrías rozado con ya sabes qué… Luego el alcohol, la calentura que llevabas con todo lo ocurrido aquella noche… el taxi, el restaurante… todo se fue acumulando y tenía que estallar por algún lado…

—Entonces, ¿no estás enfadado? —volvió a preguntar por enésima vez.

—No, no lo estoy. Si te comprendo perfectamente… —dije mientras observaba como Pedro hacía sufrir un poco más a Marta, frotando su erección contra la raja de ella y retrasando la penetración—. Yo, en tu lugar, tampoco habría sido capaz de parar… Además, ya sabes cómo me ponen estas cosas… saber que otro ha estado a punto de follarte me ha excitado que no veas…

—Ya lo veo, ya… —dijo Natalia, algo confusa, palpando mi erección—. A veces no te entiendo… No sé si no me quieres lo suficiente o qué, pero lo normal es que estuvieras enfadado y cabreado…

—Al contrario. Te quiero igual o más que antes, cielo… —le aclaré—. Por confiar en mí y contarme eso y porque sé diferenciar el amor del sexo. Lo único que lamento es no haber estado allí para verlo… Me encanta cuando sacas a esa Natalia lanzada, morbosa y sexual…

—¿Sí? Pues a lo mejor tendré que sacarla más a menudo… —dijo mientras suspiraba al sentir mi mano en su muslo—. Yo también te quiero, Luis… no sabes cuánto…

En el coche, Pedro se posicionó detrás de una anhelante Marta y, poco a poco, fue clavando su polla en el interior de su sexo. Cuando lo hizo, el gemido que soltó llegó con nitidez a nuestra posición, aumentando nuestra libido de forma exponencial. No pude evitar pegarme aún más a Natalia, hacer que notara mi cuerpo y sentir el suyo, como se estremecía ante la tremenda calentura que la debía recorrer por dentro.

Mientras Pedro empezaba a moverse follándose a Marta y Álvaro avanzaba para no perder detalle del polvo que le estaban metiendo a su mujer, yo aproveché la circunstancia para empezar a tocarle las tetas a una Natalia que no rechazaba mis avances y a seguir manoseando sus muslos.

Un gemido se escapó de su garganta mientras no dejaba de mirar lo que ocurría en el coche, supuse que rememorando lo ocurrido y lo que pudo haber sido si aquellos chicos no hubieran aparecido. Mi mano siguió su camino avanzando muslo arriba y ella los separó inmediatamente, dejándome el paso franco para que pudiera alcanzar su intimidad.

Antes de llegar, ya noté la intensa calor y la humedad reinante en la zona. ¡Dios, cómo estaba mi chica! ¡Completamente empapada! Cuando alcancé su ropa interior, sus braguitas estaban totalmente pegadas a su pubis, costándome separarlas de su piel para poder acariciar su sexo sin ropa de por medio.

Un nuevo gemido se escapó de su garganta cuando mis dedos recorrieron sus labios abiertos e inflamados, abriéndose aún más de piernas y casi rogándome con todo su cuerpo que siguiera, que ni se me ocurriera parar. Tampoco es que pensara hacerlo. Mis dedos buscaron su entrada y se colaron en su interior con suma facilidad, casi absorbidos por una vagina hambrienta deseosa de tener algo dentro satisfaciéndola.

—¿Te gusta, Natalia? —le pregunté mientras empezaba a mover mis dedos dentro de ella, sacándolos y metiéndolos de forma lenta—. ¿Te gusta lo que ves?

—Sí… —susurró quedamente—. No pares…

—Mira cómo se la folla mientras la mira su marido… —dije en referencia a una Marta que recibía con gozo las fuertes arremetidas de Pedro mientras su esposo se masturbaba frente a ellos—. ¿Ves cómo disfruta?

—Joder, sí… la están matando de placer… —dijo una Natalia a la que ya le costaba enfocar la mirada debido al juego de mis dedos en su interior.

—¿Te da envidia? ¿Te gustaría estar en su lugar? —le pregunté queriendo que empezara a soltarse, que se abriera a mí confesando sus más oscuros deseos.

—No… —negó aunque con poca convicción—, no podría hacerte algo así…

—¿No? —contesté arreciando el movimiento de mis dedos—. Ya estuviste a punto de hacerlo… ¿Y si a mí me gustara verte así? ¿Y si yo te diera permiso? ¿Lo harías?

—No… -volvió a decir—. No quiero volver a fallarte…

—No lo harías… Yo estaría allí contigo… —dijo besando su cuello y arreciando el movimiento de mis dedos—. Podrías disfrutar de otra polla aparte de la mía; de las dos si tú quieres… Solo tienes que decir que sí, amor, y podrías disfrutar de la polla de Pedro esta noche, sentirla dentro de ti, llenándote…

—No… —Su voz fue apenas un leve quejido, pero seguía negando lo evidente y eso me frustraba.

Que incluso después de haber confesado a su manera lo ocurrido entre ella y Riqui ella siguiera negando la mayor, me soliviantaba. Ya no sabía qué hacer para que confiara en mí y dejara salir a aquella bestia sexual que ya había vislumbrado en los brazos de Víctor y que a mí me negaba.

A pocos metros de nosotros y, aparentemente ajenos a nuestra presencia, Pedro daba los últimos coletazos antes de correrse dentro de una entregada Marta que me había parecido que ya había alcanzado su orgasmo unos instantes antes. Álvaro, a su vez, se pajeaba de forma frenética hasta que, no pudiendo más, acabó por correrse sobre el suelo del aparcamiento.

—Joder, Natalia… que ya han acabado… —dije viendo como aquellos tres empezaban a recomponerse sus ropas dando por finalizado su encuentro sexual-. Nos van a descubrir…

—Ahora no pares… sigue… me falta poco… —me rogó ella.

Parapetados tras aquel muro para que no nos descubrieran, con una mano tapando su boca para que no escucharan sus gemidos y la otra enterrada entre sus piernas, moví mis dedos en su interior de forma brutal mientras con el pulgar atacaba sin piedad su clítoris, llevando a Natalia al paroxismo del placer.

No tardé en sentir como su cuerpo se convulsionaba junto al mío, su corrida empapando mis dedos y como, medio desfallecida, se recostaba sobre mí tras aquel orgasmo devastador. Respirando aun con dificultad, pero algo más consciente de nuestra situación, se apretujó contra mí, mientras sentíamos pasar a aquellos tres de regreso al local sin percatarse de nuestra presencia.

Cuando se alejaron, nos separamos y no dijimos nada mientras ella se recomponía sus ropas tratando de ocultar lo que habíamos hecho. En ningún momento me miró a la cara; me imaginé que el batiburrillo se sensaciones y pensamientos que debían pulular por su cabeza debía ser brutal y no quise presionarla más. Ahora la pelota estaba en su tejado y de ella era la decisión final.

—Será mejor que regresemos antes que piensen algo raro… —le dije empezando a andar hacia la puerta. Natalia me siguió en silencio y sumida en sus pensamientos.

Entramos y nos acercamos a la barra simulando venir ambos del baño para disimular. No parecieron sospechar nada, actuando de forma natural y normal. Nuevas bebidas fueron pedidas y pronto consumidas, empezando a ser algo alarmante el nivel de alcohol que llevábamos por dentro. Ya había perdido la cuenta del número de copas que llevaba a mis espaldas.

Natalia, sentada a mi lado, parecía algo ausente y distante, cosa que no pasó desapercibida para Marta.

—¿Me acompañas al baño? —le dijo a mi chica que, sorprendida, solo asintió y la acompañó.

Yo me quedé con Álvaro y Pedro, sumido en mis pensamientos y haciendo cábalas sobre lo que estarían hablando Marta y Natalia en el baño.

—Confía en ella… —me dijo Álvaro—, sabe lo que se hace…

—Sí… —corroboró Pedro—. Además, ella es la primera interesada en que esto salga bien… se muere de ganas por follar contigo…

Álvaro río y asintió y yo no pude evitar sonrojarme algo ante aquella afirmación. No acababa de comprender por qué una mujer como Marta podía sentirse atraída hacia mí cuando tenía cerca a alguien como Pedro, con mejor cuerpo, polla y experiencia follando que yo.

Las chicas regresaron del baño, ambas sonrientes y con aparente complicidad entre ellas. No sabía lo que debía haber ocurrido allí dentro pero estaba claro que la Natalia que había regresado era otra, más alegre, distendida y animada. Y lanzada. Porque, lo primero que hizo, fue sentarse junto a Pedro y decirle algo al oído que hizo sonreír al hombre.

Aun estuvimos como una media hora más allí, cayendo dos rondas más que empezaron a hacer mella en nosotros, sobre todo en Natalia que se comportaba de forma desinhibida y alegre, riendo las ocurrencias de Pedro y hablando continuamente con él; los dos pegados, con la mano de él siempre en su cintura sin que ella pareciera darle importancia a ello.

La noche allí ya no daba más de sí y Marta propuso regresar al hotel. Tanto Pedro como Álvaro accedieron al instante y, tanto Natalia como yo, accedimos también. Habíamos jugado nuestras cartas y era el momento de ver si todo aquello había servido para algo.

El regreso al vehículo, en grupitos, fue algo extraño. Natalia y Pedro iban algo separados y hablando entre ellos de vete a saber qué, aunque podía intuirlo. Álvaro, solo, iba en cabeza. Y yo, en medio y un poco pendiente de todo y todos, andaba junto a una Marta exultante y que me miraba de reojo como con ganas de decirme algo.

—¿Te ha gustado? —me preguntó al fin.

—Sí —dije sin tratar de negar lo innegable.

—Ya me imaginaba que nos habíais visto… —dijo Marta—. No sabía si Natalia iba a dar el paso y que todo el plan no hubiera servido para nada…

—Mujer… tanto como para nada… —dije tratando de bromear—. Aunque no lo hubiéramos visto, el polvo nadie te lo quitaba, ¿no?

—Jajaja… —rió divertida ante mi respuesta—. Eso es verdad… no me puedo quejar, no… Y lo que está por venir, espero que aun sea mucho mejor…

—Si Natalia accede… —le recordé.

—Lo hará… ya lo verás… en eso está Pedro… —me explicó—, derribando los últimos muros para evitar que tu chica se eché atrás… le tiene muchas ganas… ¿lo sabes, no? Y tu chica a él… de eso hemos hablado en el baño… Estaba muy confundida después de lo que habéis hablado…

—Me ha parecido necesario… —dije—, quería demostrarle que verla con otro no era un problema para mí… Ya empiezo a estar cansado de tanta mentira…

—Te entiendo perfectamente… Para llevar este tipo de relación, hay que poder confiar plenamente en tu pareja… —aseveró—, sino, la relación está condenada al fracaso… Y creo que sí, que aceptará venir con nosotros… el saber que no la has dejado y no le has dado importancia a su rollo con ese chico, creo que ha ayudado a abrirle los ojos…

—Eso espero… —dije esperanzado.

—¿Tú estás de acuerdo? —Volvió a preguntarme—. ¿En verla con otro? ¿Y en estar conmigo?

La miré y vi su rostro algo expectante, como si se pensara que al final iba a ser yo el que se tirara atrás en el último momento. Nada más lejos de la realidad.

—Sí, a las dos cosas —le dije sonriendo.

Ella sonrió también y avanzamos en silencio hasta llegar al coche. Nos montamos todos en él con una sensación extraña, al menos por mi parte, recordando que precisamente donde estaba sentado, momentos antes había estado el cuerpo de Marta tendido allí y siendo follado por Pedro. Sentí, ante esos recuerdos, como mi polla reaccionaba poniéndose dura. Y a tenor de las miradas que Natalia me dirigía, a ella le pasaba tres cuartos de lo mismo.

El trayecto de vuelta se hizo manteniendo una conversación superficial, sobre temas banales, como si nadie se atreviera a decir o hacer algo que pudiera estropear lo que estaba previsto y planeado. No tardamos demasiado en llegar y, cuando salimos, entramos en el hotel como antes, separados en grupitos.

Pero esta vez distintos. Álvaro y Marta iban juntos, abrazados, cuchicheando entre ellos de forma amorosa y cómplice. Pedro, detrás de ellos y lanzando miradas furtivas a mi chica, supuse que su real objetivo para esa noche habiéndose tirado ya a Marta. Y Natalia y yo, al final, cerrando la procesión.

Cogidos de la mano, seguíamos a nuestros compañeros de velada sin intercambiar palabras, notando algo nerviosa a mi chica, pero a la vez excitada. Y también bebida. Aunque no sabía si lo suficiente como para dar aquel paso. A medida que nos acercábamos a la habitación, mi nerviosismo iba en aumento, sabiendo que se acercaba el momento crucial de la noche, el todo o la nada.

—Bueno, chicos… ya hemos llegado… —dijo Marta anunciando lo evidente, ya que estábamos delante de su puerta y abriéndola—. Me lo he pasado genial y hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien…

Los demás asentimos dándole la razón. Nadie podía negar que habíamos disfrutado aunque estaba claro que unos más que otros.

—Pero la noche es joven… —prosiguió Marta—, y no tiene por qué acabar aún… ¿Qué decís? ¿Queréis seguir pasándolo bien y alargar la velada hasta que nuestros cuerpos aguanten?

La invitación estaba clara. Álvaro fue el primero en avanzar y adentrarse dentro de la habitación, guiñándome un ojo de forma cómplice mientras lo hacía. Pedro se movió avanzando ligeramente, pero se detuvo, buscando con la mirada a una Natalia indecisa.

—¿Venís? —preguntó él, incluyéndome en sus planes por primera vez en la noche.

Yo miré expectante a mi chica, esperando su respuesta. La mía la tenía clara, pero ella era la que debía dar el paso, aceptar o negar. Suya era la última decisión. La vi mirarme, mirar a Pedro y luego a Marta.

—No creo que sea buena idea… —dijo al fin—. Estoy algo cansada y, además, prefiero estar a solas con Luis.

La decepción en el rostro de Marta y Pedro era palpable y me imagino que en la mía también, pero hice lo imposible para que Natalia, cuando me mirara, no lo notara. Pero el mazazo había sido terrible. Tantas expectativas, tantas esperanzas y todo se había ido al garete. Ni ellos ni Víctor ni yo habíamos conseguido convencer a mi chica para dar aquel paso. Y si no lo habíamos conseguido aquella noche, dudaba que pudiera hacerlo algún día.

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