ALMUTAMID

El regreso a la residencia fue en realidad bastante triste en realidad. Con el corazón roto por Claudia, el orgullo rebajado por Nieves y la churra contenta por haber tenido juego en las vacaciones. Pero el panorama que se me imponía en los meses siguientes no era muy halagüeño.

Todo en la residencia me recordaba a Claudia y mi terrible error. Cuando le conté a Víctor la noche que llegué lo sucedido ya estaba informado. Lo curioso es que tanto Claudia como yo dábamos la misma versión sin habernos puesto de acuerdo y era simplemente la distancia. Una decisión acordada de dejarlo mientras estuviéramos separados. Quizá a Lourdes le contó la verdad, pero ella a Víctor le había dicho lo mismo que yo a mi amigo.

Yo ya había hablado con Claudia antes de volver a Italia e incluso le había mandado algún mensaje para saber como se había encontrado todo a su llegada. Todo era correcto, amable. Pero algo frío. Yo ya no era su gordo ni ella mi princesa. Pese a ello nos comunicábamos como antes de nuestra ruptura pero no habíamos vuelto a hacer videoconferencia.

El primer día de clase informé de mi cambio de estado civil. En principio era una confidencia a mi círculo más cercano en la residencia y la facultad. Sin embargo, ya el jueves siguiente la misma Blanca me vino con el cuento y de paso a preguntarme por mi tobillo y si ya podía jugar. Tras explicarle que seguía de baja le conté que había hablado con el equipo para que metieran a alguien más en previsión de que yo no me recuperara. No le hizo mucha gracia mi comentario.

Otra sorpresa durante las vacaciones había sido que Silvia y Marcos habían estado escribiéndose y hablándose. El chaval estaba ilusionado pero yo tenía la duda de si explicarle o no lo que me había pasado a mí con ella. De nuevo echaba de menos a Claudia. Ella sabría que hacer. Pero no quería depender de ella en estas cuestiones. Tenía que aprender a elegir yo el camino correcto. Pero si el chaval se enamoraba me dolería que lo pasara mal por yo haber provocado esa relación.

La única que tuvo una reacción seria conmigo sobre el tema preocupándose por mis sentimientos y sin querer saber detalles fue Marta. Todas las demás buscaban algún detalle escabroso de por medio que justificara que cortáramos pero Marta sólo quería que yo estuviera bien. Desde luego admito que la esperanza de un futuro mejor me hizo llevar este duelo bastante mejor que en el caso de cuando Marta me había dejado. Lo paradógico es que mi consuelo entonces había sido Claudia y ahora era la propia Marta.

Que mi duelo estuviese mejor llevado tenía que ver seguramente con que pese al chasco con Nieves me había dado una de arena, pero también una de cal enrollándonos en su trastero el mismo día. De hecho me sorprendí no buscando descaradamente a Blanca para para follármela ahora que estaba libre. Pero es que la niña tampoco me perseguía de la misma manera. De hecho el jueves no fui al partido pese a poder andar con normalidad y preferí quedarme en la residencia haciendo ejercicio. Admito que el hecho de que tanto Claudia como Nieves me dijeran que me notaban más fuerte y con la musculatura más marcada empezaba a obsesionarme con mi entrenamiento diario, no tan orientado a la forma física como antes sino más a la estética. Me sorprendía a mí mismo mirando en el espejo el contorno de mis pectorales y abdominales o como engordaban mis bíceps. Supuse que cuando volviera a correr se me pasaría.

Supe al día siguiente que Blanca había estado en la reunión en el pub tras el partido del jueves. Parecía que yo ya era historia para ella. Me daba coraje no habérmela beneficiado antes y que ahora empezara a pasar de mí cuando estaba ya libre para follármela sin remordimiento.

Los exámenes se acercaban y queríamos corrernos una buena juerga antes de que nos tuviéramos que encerrar a empollar. Bueno a Víctor ya sólo lo veía en el comedor, y Lourdes sin Claudia no le parecía tan buena idea lo de venirse a estudiar a la residencia pues ellas eran compañeras de clase y se apoyaban. Así que al final tanto el estudio como la marcha tuvo que ser con mis Ángeles de Luis. Pues de los 4, tres éramos compañeros de clase y sólo Ángela estudiaba otra carrera.

Los primeros exámenes eran un miércoles así que decidimos corrernos la gran juerga el sábado y dedicar el viernes a estudiar. Ya habíamos empezado algunas tardes a compartir y comparar apuntes Miriam, Marta y yo en casa de ésta, motivo por el cual me había perdido el partido del equipo. Por más que pregunté a Miriam por su historia con Ángela no decía ni prenda, pero sabía que tenían altibajos porque lo notaba en el ánimo de Ángela en el comedor. Ahora también podía darle dos pollazos sin problemas, pero si ella no me buscaba evidentemente que no se lo iba a recordar.

El viernes antes de la juerga preexámenes estábamos en el salón de Marta haciendo un descanso cuando nos planteamos que hacer. El problema de Ángela y el mío siempre era el mismo: el toque de queda en la residencia. Además la compañera de piso de Miriam se quedaba el fin de semana para estudiar y ya no contábamos con su salón para dormir. También creo, aunque no lo dijo, que no quería que la compañera supiera nada de su historia con Ángela.

Al final Marta ofreció su piso. Tirábamos un colchón al lado de su cama para uno y el sofá para el otro. Empezaríamos cenando algo y haciendo botellón en el piso y después nos iríamos de pubs. Todo pintaba bien salvo que se lo comenté a Marcos y éste a Silvia que rápidamente decidió apuntarse al plan y que mi compañero también durmiera en el piso, evidentemente con ella. Al menos alguien follaría esa noche.

El sábado nos reunimos los 6 en el piso de Marta con comida y bebida. Casi a la 1 de la mañana salimos de pubs repitiéndose la historia de los bailes de mis amigas. Se les veía contentas, pero Ángela decidió a tiempo de llegar a la residencia volverse. Evidentemente estaba enfadada con Miriam por ocultar a su compañera que tenía una amiga, ni siquiera una novia, una amiga.

Por otra parte daba bastante corte ver a Silvia saludando tíos con Marcos muy cortado. La forma de saludarlos me daba que pensar que se había tirado a más de uno, pero mi compañero era bastante ajeno a eso. Y cuando Silvia iba a darle piquitos Y refregarle las tetas el chaval se venía arriba. Tenía mis remordimientos por haberlo empujado a algo que parecía que se estaba convirtiendo en una relación.

Mientras los demás nos divertíamos Miriam se retiró un poco cortada por la reacción de Ángela quedándonos los 4. Mientras Silvia bailaba haciéndose notar y Marcos la observaba, Marta y yo nos quedamos charlando en la barra. Yo me había controlado bastante con el alcohol después de la papa de año nuevo así que empezó a entrarme suelo. Cerca de las 6 de la mañana conseguimos convencer a Silvia para irnos a dormir. Mientras los otros dos iban metiéndose mano y comiéndose la boca a cada rato Marta y yo volvíamos como dos amigos hasta que noté que tenía frío y la abracé para calentarla. No se quejó y así llegamos a su casa.

Una vez organizado el dormitorio empecé a desnudarme pero Marta me dijo:

-Luis, córtate…
-Pero si solo voy a quedarme en calzoncillos para acostarme. Y aparte, si ya me has visto en bolas.-contesté.
-Pero ahora sólo somos amigos.

Dejé el pantalón, el jersey y la camisa en la silla del dormitorio y me fui al baño a lavarme los dientes y vaciar la vejiga. Al salir me dijo Marta:

-Llama cuando vuelvas que voy a cambiarme…

Iba a replicar que a qué venía tanto pudor pero por no discutir respondí con un lacónico “Vale…” encogiéndome de hombros. Tuve que esperar que saliera Silvia del baño para entrar yo. Al verme sólo con los calzoncillos y una camiseta me recorrió de arriba abajo con la mirada y me soltó:

-Te vas a librar porque ya tengo compañía.
-Buenas noches, Silvia.- respondí entrando al baño quitándole importancia.

Cuando terminé mis abluciones nocturnas regresé al dormitorio de Marta. Llamé a la puerta y me dejó pasar. Se había puesto un pijama muy infantil de personajes Disney. Entre su delgadez, su estatura ya sin los tacones que había usado para salir y su cara aniñada con el pelo suelto, Marta se veía entrañable con su pijama salvo por el detalle que no se me escapó de que el frío del invierno hacía que sus pezones se marcaran en le tela del pijama demostrando que había toda una mujer dentro de la prenda como yo ya conocía.

Como hacía frío me acosté en el colchón a la espera de que Marta terminara en el baño. Las sábanas estaban heladas y la manta que me habían dejado para echarme por encima no ayudaba mucho. Marta volvió en su acostó en su cama a medio metro de mí por encima y por el lado. Nos pusimos a comentar como había ido la noche, incluido el enésimo culebrón entre Ángela y Miriam cuando empezamos a escuchar nítidamente la voz de Silvia a un tono inapropiado para la hora y la supuesta intimidad de lo que estaba haciendo:

-Mmmmmm, chup, chup…que polla más rica tienes Marcos….es la mejor polla que me he comido nunca…mmmm.

Marta y yo nos quedamos en silencio hasta que con una risita tonta me susurró:

-Luis, creo que te está dedicando el show, jijiji…
-Calla y deja que el chaval lo disfrute.- le dije a Marta.

De fondo se escuchaba como Silvia hacía ruidos seguramente comiéndose el nabo de mi compañeros y exagerando sus comentarios:

-Mmmmmm, me encanta tu polla….no me cabe entera…sí, sí…¿Ya me la vas a dar primor?

Escuchamos un profundo gemido masculino y dejamos de oír a Silvia unos instantes hasta que por fin habló de nuevo:

-¿Te ha gustado rey? Me encanta tu leche…

Sonido de besos.

-Joder, el pobre Marcos no se ha podido controlar…-me susurró Marta.

Yo me salí del colchón helado y me subí a la cama de Marta metiéndome con ella.

-¿Qué haces Luis? No estarás pensando…
-Que no, que en el colchón estoy helado. Déjame hueco que sólo quiero taparme con tu nórdico.

Marta se pegó a la pared evitando rozarme. Se oía la voz de Silvia pero no estábamos pendiente de lo que decía mientras yo le explicaba a Marta que Marcos me había explicado que era de corrida fácil pero que a Silvia no le importaba.

-Calla- me pidió Marta- a ver que hacen ahora.

Al callarnos se entendía de nuevo a Silvia y oímos como decía:

-Así, así. Clávamela fuerte, Marcos….mmmm, ya quisieran otros tener esa polla….
-Otro recadito, jijiji- me soltó Marta.
-¿Y qué sabe ella como ando yo de tranca?- me defendí.- ¿O tú tuviste alguna queja?
-Ninguna en ese sentido, jajaja. Calla, anda, jijiji…

Silvia seguía con sus ánimos al chaval:

-Mmmmm, así, así….mmmmm, lo vas a conseguir, Marcos….vas a hacer que me corra….mmmmm, ay, ay, ay…
-Bien, chaval…-comenté al oído de Marta.
-Arghhhhh, mmmmmm….

El gemido de Silvia se confundió con un bufido de Marcos.

-Marcos 2, Silvia 1…-susurré.
-Jijiji…que tonto eres…-me contestó Marta.

Sonido de besos y de nuevo la voz de Silvia:

-Jajaja. Eres una máquina Marcos…ya está dura otra vez, jajaja. Y qué rica…
-Se la está comiendo otra vez…-dije.
-¿Te has metido a comentarista? Jijiji…-dijo Marta que le costaba aguantar la risa.
-Te informo.-me justifiqué.-Me encanta escucharte reír.
-Luis, ahora no. Uy. Se ha callado. ¿Que estará haciendo?
-Con la boca llena no se habla.- expliqué.
-Verdad, jajaja.

Pero ahora no era silencio sino un sonido de muelles y cama moviéndose.

-Vaya con tu amiguito…-dijo Marta.
-Es Silvia cabalgándoselo seguro.-comenté.
-Pero está callada.
-Pensará que estamos dormidos y ya se está dedicando sólo a disfrutar con Marcos.

Pero al momento de nuevo Silvia explotó en un retahíla de síes, ayes, mmms y alabanzas al miembro viril de Marcos haciendo que Marta y yo nos riéramos a dúo. Por fin, traca final con supuesto orgasmo de la futura enfermera y tercera corrida de mi compañero. Besos y por silencio.

-¿Aplaudimos?- pregunté.
-Ni se te ocurra, jajaja. Venga vamos a dormir.
-¿Abrazados?
-Luis…
-Jajaja. Que descanses, Marta.- dije dándole la espalda para dormir.
-Que descanses, tontín, jajaja.

Me desperté dándome cuenta de que Marta me tenía el brazo pasado por la cintura. Giré la cabeza para ver si dormía o estaba despierta comprobando que aún estaba en los brazos de Morfeo. Estábamos en la postura de la cucharita pero con ella detrás de mí. Con cuidado de n despertarla me giré para estar boca arriba y poder mirarla con la cabeza girada. No se dio cuenta y su mano seguía agarrada a mi vientre.

Mirando al techo, calentito en la cama con Marta empecé a meditar. Me sentía muy afortunado a la vez que triste. Había tenido tres parejas, Viqui, Marta y Claudia, en algo más de un año y las tres eran unas niñas preciosas e inteligentes. Cada una a su manera, Viqui con sus carnecitas y su aparente inocencia. Marta con su fragilidad de ánimo y su aparente fragilidad física, tan delgadita, tan pequeñita, pero tan ágil y rápida, propio de gimnasta. Y Claudia, la más fuerte de las tres en cuanto a carácter, puede con todo, hasta conmigo. Y sus piernas…las piernas de Claudia me enloquecieron desde el primer día que la vi en el pasillo de la residencia, tan largas que parecían no acabarse nunca. Y pensar la cantidad de veces que me colé entre ellas.

A Nieves no sabía si contarla entre mis chicas tras el palo que me había dado en Navidad. Aunque también me hacía sentirme afortunado los ratos pasados con ella. Especialmente en el puente de la Inmaculada. El baño con las velas mientras nos masajeábamos bajo el agua era inolvidable. Entre el amanecer caliente y los recuerdos la erección matutina no se bajaba y me avergonzaba que Marta se despertara y se diera cuenta. ¡Qué tontería! Si en otras ocasiones yo habría intentado provocarla viendo mi calentura. Pero ahora era mi amiga, mi mejor amiga. Mi compañera de estudios y de confidencias. Había sustituido a la pérfida María en los estudios y a mi Claudia como confidente. Y es que Claudia y yo seguíamos hablando muy continuamente pero ya no me atrevía a contarle mis sentimientos como antes. Ahora era Marta.

Sentí que se desperezaba y al abrir los ojos y darse cuenta de que me abrazaba quiso retirar el brazo pero se lo retuve diciendo:

-A mí no me molesta, si ya no tengo novia…

Finalmente lo quitó tirando con más fuerza y añadí:

-…ni que estuvieras tocando algo por ahí abajo.
-No te hagas ilusiones.- respondió semibostezando.
-No me las hago. A todo esto, buenos días.

Estirándose y recuperando la sonrisa contestó:

-Buenos días….¿cómo has dormido?
-Desde luego más calentito que ahí abajo. Muy agustito. ¿Y tú?
-Bien, la verdad. Eres una estufita, jajaja. Ya no me acordaba.

Al final nos quedamos un buen rato charlando en la cama. Su pierna se rozaba de vez en cuando con la mía pero no parecía importarle. Lo malo es que mi empalme no bajaba y con los calzoncillos no había forma de disimularlo. No iba a ser yo el que se levantara hasta que no bajara aquello. Pero Marta quiso salir al baño:

-Levanta, Luis, que me meo, jajaja.
-No puedo.
-¿Cómo no vas a poder?
-Sal por encima de mía.
-¿Estás tonto?
-Porfa…

Me miró extrañada pero de golpe se le iluminó la cara:

-Jajaja. Pero serás cerdo…
-Que no es eso. Que no es por eso. Es una erección matutina. Sale sola, no por estar caliente ni nada.
-Ahora entiendo tanto rocecito de pierna.
-¡Pero si eras tú!- me quejé.
-Anda aparta, que no pasa nada…

Me levanté medio de espaldas a ella que me miró de reojo al salir ligera al baño. Me puse el pantalón aprisa y a su vuelta pude disimular. Cuando volvió nos fuimos a la cocina a hacer algo para desayunar. Tras el desayuno fuimos a recoger el colchón donde en principio yo iba a dormir. Por el pasillo nos cruzamos a Marcos en calzoncillos camino del baño. El chaval se metió corriendo al servicio al vernos asomar por la puerta del salón y Marta me dijo:

-Ya he perdido la cuenta de los tíos que he visto desfilar del dormitorio de Silvia al baño.
-Y te metías conmigo porque estaba en calzoncillos.
-Tú no eres de los salidos que se tira Silvia.-me explicó.
-Marcos tampoco.
-Es verdad. No sé si deberías hablar con el chaval.
-Lo sé. Yo quería que se espabilara, pero me da miedo que se cuelgue de Silvia.- le dije.
-Pues Luis, los buenos amigos son los que dicen la verdad aunque sea dura.
-Mira que buena frase- respondí- a lo mejor algún día te pido que me cuentes alguna verdad.
-No vayas a empezar, anda…-se escurrió de mis preguntas.

Al mediodía Marcos y yo nos fuimos a la residencia para almorzar y dejamos a las dos chicas en el piso. Empezaban los exámenes y se acababa la juerga. Me lo había pasado muy bien con las chicas y poder dormir con Marta me había traído buenos recuerdos.

Las cosas habían cambiado para mí mucho en apenas un mes. De estar con Claudia, disfrutar de Nieves y tener a Blanca había pasado a perder a Claudia, no saber si tenía a Nieves y perder a Blanca que ya no mostraba el mismo interés por mí. Marta era mi mejor apoyo, y aunque en clase nos reuníamos con Carlota y Miriam, cada vez pasábamos más ratos juntos. De los trabajos que habíamos hecho en el primer cuatrimestre habíamos decidido estudiar juntos. En ocasiones con Miriam, pero la mayoría de las veces los dos solos.

Era una estudiante implacable como Claudia, y aunque no se agobiaba tanto por la nota también se le notaba una cierta ansiedad en época de exámenes, siendo mi compañía a la vez un apoyo en su estudio y una forme de desincentivación. Y el motivo era que cuando nos metíamos una tarde a estudiar, generalmente en su casa, cuando yo me cansaba me ponía a hacer ejercicio. Mis flexiones y abdominales eran para mí la forma de liberar la tensión pero ella me recriminaba que dejara de estudiar ese largo rato. Pero no llegaba a echarme de su casa pues yo echaba un par de horas de estudio más después de mis ejercicios, con el tiempo justo de volver a la residencia para ducharme y cenar.

Sé que Claudia a través de Lourdes sabía que yo estudiaba con Marta pues no me había preguntado como estaba organizándome el estudio. De hecho, la rutina con Marta era muy diferente a la que había vivido en los exámenes finales del curso anterior cuando me pasé la época de exámenes al ritmo férreo de estudio que imponía Claudia, eso sí con el premio de dormir con ella por la noche después de un buen polvo.

Y eso me fallaba. Estaba claro que con Marta no iba a caer. No era de enrollarse sin más y yo no iba a pedirle salir para que me mandara a la mierda y fastidiar la relación tan agradable que teníamos en ese momento. Así que mi relax era machacarme a ejercicios como descanso en medio del estudio y machacármela en la ducha cuando la tensión me podía.

Pero es que cuando has tenido mucho te enganchas. Mi último año había sido una montaña rusa de relaciones y sexo. Del sexo inocente con Viqui pasé a, y todavía no había hecho un año, follarme a Marina y a la propia Viqui. Después vino Marta, muy estricta de cara a la relación pero más abierta en la cama que Viqui. Todavía a veces la miraba de reojo sin terminar de comprender como esa cabecita tan pequeña se había podido tragar mi polla. Y no es que lo mío sea descomunal, más bien normalita pero yo sería incapaz de tragarme una croqueta o un flamenquín de ese tamaño.

Y de su lío mental pasé a Claudia. Eso sí que fue una sorpresa. El amor de mi vida resultaba que también estaba enamorada de mí. Ese fue mi zenit. Pero claro, yo no podía estarme quieto y estaba tan creído que la primera niña mona que me respondió un tonteo tenía que caer. ¿Tenía necesidad? Ninguna. Pero mi poca cabeza, el rápido ascenso desde pardillo a héroe. Las buenas notas, la liga de fútbol. Todo era demasiado para asimilarlo en tan poco tiempo. Había pasado de mendigar sexo a ser millonario. ¿Y tenía queja de Claudia? Ninguna, era más imaginativa que yo. Pero el despecho es malo en una relación. Y me tomé su beca como una traición. Y lo pagué después complicándome la vida con Nieves…y encima de amiga con derecho empezó a convertirse en algo más.

Aunque sigo teniendo la sensación de que Nieves fue tendiendo la red para cazarme yo estaba encantado dejándome atrapar. Tan solícita, tan dispuesta a complacer. Sin poner reparos a lo que se me ocurriera: follármela en la discoteca, dale, ponerla a mamar cuando me apetecía, venga, follármela por el culo, pues también. Y después el palo, que seguía sin entender y sin asumir. Había dejado a mi novia. ¿Qué más quería? Aunque seguíamos hablando yo me cortaba a la hora de mostrar la cercanía que exhibía con ella antes de Navidad. Yo me había aclarado. ¿Por qué no se aclaraba ella? ¿De verdad no sentía nada por mí? ¿Sólo sexo? ¿Te follas a un amigo con el que dices tener mucha afinidad en todo ¿Y ya? Cuando regresara a final de febrero no estaba seguro de quedar con ella. Si ella no me lo proponía yo no iba a humillarme para que pensara que buscaba un polvo a cualquier precio.

Y Blanca. ¡Blanca!. Estaba a punto de caramelo. Mis reparos hicieron que fracasara al follármela. Pero entonces estaba cubierto, sabía que en pocos días estaría con Nieves y Claudia. Pero ahora era diferente. Ella podía ser el alivio de mis tensiones sexuales. Pero la liga se cortaba durante los exámenes. Tenía que abordarla por los pasillos para ver como tosía…Total, ya no tenía novia. ¿Qué me impedía follarme a quien me apeteciese?

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