ECONOMISTA

3

Víctor estaba en la terracita del restaurante, del pequeño hotel donde se solía alojar. Había ido a pasar una semana a Menorca, al hotel de Fermín y Marisa. Llevaba una camisa blanca con dos botones desabrochados, barba de tres días y el pelo canoso medio despeinado, lo que le daba un aire más bohemio.

Miró el móvil y tenía un mensaje de Claudia.

Claudia 13:24
Me gustaría hablar contigo, llámame, no sabemos nada de ti.

Chasqueó la lengua y negó con la cabeza antes de dejar el móvil en la mesa. Todavía se acordaba de lo que había pasado dos semanas antes. No se podía sacar de la cabeza como el patético marido de Claudia se la follaba delante de sus narices. Sí, el cornudo al que tantas veces había humillado se había puesto detrás de ella y había desvirgado ese culo que tenía que ser para él.

Recordaba como la sujetaba por la cintura y embestía su pequeño cuerpo haciéndola gemir, mientras Claudia ponía los ojos en blanco. Ni tan siquiera reparó en él cuando se empezó a vestir y luego salió de la habitación. No le necesitaba para llegar al orgasmo, hasta el picha corta de su marido había conseguido hacer que se corriera, justo antes de descargar dentro de su culo.

Se le ocurrieron toda clase de venganzas, pero le aterraba la idea de volver a quedar con ellos, ya no iba a ser lo mismo, no podría mirarle a su marido por encima del hombro. Eso era lo que más le gustaba. Humillar al cornudo delante de su mujercita.

Todavía podía hacer muchas cosas con Claudia, aquella mujer le gustaba de verdad, pero le podía su orgullo de macho, sentía que no iba a ser lo mismo si se veían de nuevo. Claudia ya no le iba a volver a ver igual, después de que David le hubiera vencido en su terreno.

Era mejor olvidarse de ellos. Tenía que pasar página, aunque esta vez le iba a costar. Nunca había conocido a una mujer como Claudia, quizás Paloma podía compararse, pero pocas más consideraba que podían alcanzar ese nivel.

Mientras pensaba estas cosas apareció Arancha, la hija de los dueños del hotel, junto con su novio, lucía una buena barriga de embarazada y cruzó por la terraza con un vestido rojo muy veraniego. Por un momento se llegó a asustar, pero las cuentas eran claras, podía estar tranquilo, el hijo que Arancha llevaba en el vientre no era suyo, habían pasado más de diez meses desde la última vez que se la había follado.

Ella le vio, pero no le dijo nada, luego se abrazó a su padre al que dio dos besos y el yerno le estrechó la mano a Fermín. Cuando éste se acercó a la mesa Víctor le dio la enhorabuena.

―Enhorabuena Fermín, no sabía que ibas a ser abuelo…
―Sí, ya nos queda poquito, dos meses y medio o así, que ganas tengo de ver al pequeño…
―¿Es chico?
―Sí, un niño, le van a poner de nombre Fermín, para seguir con la tradición familiar, se llamará igual que mi abuelo y que mi padre…y que yo claro.
―Me alegro mucho, ¿le puedes decir a Arancha que estoy aquí?, me gustaría saludarla…
―Sí, claro.

Arancha y su novio se habían metido dentro del hotel, habían entrado en la cocina y estaban saludando a su madre. Al poco entró Fermín para sacar un plato y se acercó a la mesa de Víctor.

―Ya se lo he dicho a Arancha, lo que pasa es que han salido por el otro lado, ya se iban, me ha dado recuerdos para ti, me ha dicho que a ver si puede pasar otro día para saludarte.
―Que pena, me encantaría…

Por la noche, después de cenar salió a dar una vuelta solo, se sentó en una terraza y se pidió una copa para disfrutar tranquilamente del ambiente de la isla. Estaba distraído y ni tan siquiera se percató de que había dos chicas que no le quitaban ojo y habían empezado a cuchichear mientras le miraban. Al rato se acercó una de ellas a su mesa.

―Hola perdona, ¿me puedo sentar?
―Sí, claro, por favor ―contestó Víctor haciendo el gesto con la mano de que tomara asiento.

Antes de hacerlo, la chica se inclinó sobre él y le dio un par de besos.

―Soy Luz, verás estoy aquí con una amiga y me gustaría presentártela ―dijo mirando en dirección a la mesa de la que se había levantado.

Víctor miró hacia allí y una chica le saludó levantando una copa con la mano. Se quedó mirándola bien, morena, pelo corto, sobre 1,60, aproximadamente 35 años, era muy guapa, con la cara redondita y el pelo corto a lo chico le quedaba genial, llevaba una minifalda vaquera y un top blanco estilo hippie. En conjunto era una chica bastante atractiva.

―¿Es aquella?, es muy guapa, me gustaría mucho que me la presentaras, por favor ―dijo Víctor educadamente.

Luz le hizo un gesto con la mano a su amiga y ésta se levantó decidida para ir a su mesa.

―Esta es mi amiga Coral y este es…perdona, no me has dicho tu nombre.
―Víctor, me llamo Víctor ―dijo dando dos besos a su amiga.
―¿Y qué hace un chico tan guapo como tú aquí solo? ―le preguntó Luz.
―Lo mismo podría preguntaros yo a vosotras…
―Hemos preguntado primero…
―Pues trabajo en Madrid y me gusta venir de vez en cuando a Menorca a desconectar…
―¿Se puede saber en que trabajas?
―Sí, soy médico ¿y vosotras?
―Yo soy decoradora de interiores y Coral es profesora de instituto…¿dónde te hospedas? ―le preguntó Luz que claramente llevaba la voz cantante.
―Aquí arriba hay un hotelito, subiendo por esta calle a la derecha…
―Estás con Fermín y Marisa…
―¿Les conoces?
―Claro, Menorca es una isla pequeña, aquí nos conocemos todos…
―Bueno pues ya lo sabéis casi todo de mí, soy médico, de Madrid y donde duermo, hablarme un poco de vosotras…
―¿Y qué quieres saber? ―preguntó Coral.
―Pues todo lo que me podáis contar, ¿os puedo invitar a una copa?
―Claro.

Estuvo hablando casi una hora con aquellas dos chicas. Luego, la que se llamaba Luz dijo que se tenía que ir, aunque claramente su intención era dejar sola a su amiga con aquel atractivo seductor.

―Mañana te llamo y a ti, encantada de conocerte, mañana vamos a ir a una calita que seguro que no conoces, por si quieres venir con nosotras.
―Pues no suena nada mal ese plan, me apunto ―dijo Víctor.
―Vale, os dejo, queda con Coral y si eso te pasamos a buscar por el hotel.
―Hecho.
―Adiós, pasadlo muy bien.
―Lo intentaremos ―respondió Coral.

Cuando se quedaron a solas Víctor intentó invitarla a otra copa.

―¿Te parece si damos un paseo?, hay una heladería aquí cerquita ―dijo ella.
―Ahhh, pues ese plan suena mejor…

Se levantaron de la terraza y echaron a andar en dirección a la heladería, estuvieron hablando un rato de la isla, de sus trabajos, todo muy tranquilo y agradable. Un rato más tarde se marcharon a la la habitación del hotel de Víctor y echaron un buen polvo, aunque tampoco nada de especial, un misionero a buen ritmo hasta que Víctor se corrió dentro de ella, con preservativo, por supuesto.

Al día siguiente Víctor volvió a quedar con esas dos chicas, le pasaron a buscar al hotel y le llevaron a una pequeña calita que él ya conocía de otra vez que había estado hacía años. Apenas había gente, ocho o diez personas y en cuanto llegaron, las dos acompañantes se quedaron en topless.

―Estaría bien que te echaras un poco de crema ―le dijeron las chicas a Víctor cuando empezaba a picar el sol a mediodía.
―Yo creo que me voy a bañar, hace mucho calor ―dijo Coral.

Víctor se quedó mirando el culo que Coral lucía con un tanga de color negro, tenía un culito pequeño y redondo, aunque con un poco de celulitis, algo normal para tener 35 años y no hacer nada de deporte, pero era muy bonito y natural. La noche anterior habían estado follando y cuando terminaron Coral se fue para casa, a Víctor le hubiera gustado estar un rato más con ella, pero no le dio opción, en cuanto terminaron ella se vistió y le dejó solo en el hotel.

Se quedó hablando un rato con Luz, era algo más alta que Coral y tenía unos pechos perfectos de tamaño, le gustaba su melena rizada de color rojo y cuando se puso de pie también llevaba un tanga de color rojo, que cubría su trasero un pelín ancho de caderas.

La polla de Víctor empezó a cobrar vida bajo sus bermudas, le era difícil poderse mantener tranquilo estando así con sus dos acompañantes, además había una cosa que le gustaba especialmente y que no le habían contado la noche anterior.

Luz estaba casada.

Quizás si se hubiera enterado antes no hubiera terminado follando con su amiga, pero ya era tarde, así que no podía hacer nada. Mientras Coral se estaba bañando, ellos charlaron tranquilamente recostados en la arena.

―¿Y qué tal ayer?, ¿aprovechasteis la noche? ―le preguntó Luz.
―Eso mejor que te lo cuente tu amiga, no?
―Algo me ha contado ya ―dijo mirándole y levantando las cejas hacia arriba.
―Estuvo muy bien, dimos un paseo muy agradable, nos comimos un helado, que estaba buenísimo y terminó la noche bien.
―Le gustaste a mi amiga en cuanto te vimos en la terraza…
―¿Y a ti?
―¿A mí qué?
―Que si te gusté a ti o solo a tu amiga.
―Yo estoy casada ―dijo Luz enseñándole el anillo mientras hacía círculos en él con el dedo gordo de su misma mano.
―No te he preguntado eso, te he preguntado si te gusté a ti también…puedes opinar aunque estés casada, no?
―Por supuesto.
―¿Sabe tu marido que he venido con vosotras hoy a la playa?
―No, pero eso es una tontería.
―¿Y por qué no se lo has contado, si es una tontería?

Luz se quitó las gafas de sol y se le quedó mirando fijamente.

―Sí, lo es, pero no creo que le gustara mucho, que esté aquí haciendo topless con un desconocido a mi lado.
―¿Lleváis mucho tiempo casados?
―Cuatro años.
―¿Y de novios?
―Catorce…
―¿Hijos?
―No, ¿algo más o no has terminado el interrogatorio?
―¿Y puedo llamarte algún día?…
―Tú eres un cabrón, te has follado anoche a mi amiga ¿y ahora quieres ligar conmigo?
―No quiero ligar contigo, ¡quiero follar contigo! ―dijo Víctor en tono chulesco.
―Le gustas a mi amiga…
―¿Te lo ha dicho ella?
―Sí, pero tranquilo, no se va a encoñar contigo, sabe que te vas a ir en un par de días y seguramente no os volváis a ver, pero por lo menos tenla un poco de respeto cuando estés con ella…Coral es un amor y tiene muy mala suerte con los tíos, solo acierta con cabrones como tú.
―¿Entonces tú y yo no follamos porque le gusto a tu amiga o porque estás casada?
―¡Por las dos cosas joder!, o puede que no me gustes…menudo cabrón estás tú hecho…
―Me voy a bañar con Coral, piensa en la oferta que te he hecho…luego te paso mi teléfono…

Víctor se metió con Coral en el agua y se estuvieron besando un rato antes de salir. Le sobó el culo bajo el agua y ella le acarició su enorme polla dejándole con una buena erección antes de salir. Aprovechó para acariciar las pequeñas tetas de Coral mientras ella le sobaba el paquete. Cuando volvieron a la orilla Víctor no podía disimular la tremenda empalmada que llevaba bajo las bermudas. Tampoco quería hacerlo.

Le encantaba que Luz viera el enorme pollón que se le marcaba debajo del bañador. La tela se le pegaba al cuerpo y se le notaba perfectamente la forma de su miembro.

―Está buenísima el agua, ¿no te bañas Luz? ―preguntó Víctor.
―Sí, creo que sí, voy a darme un chapuzón ―le respondió ella poniéndose de pie.

Víctor se quedó mirando con todo el descaro las bonitas tetas de la pelirroja y el culo ancho de caderas mientras entraba en el agua, luego se tumbó en la toalla boca abajo al lado de Coral. Estiró el brazo y se lo puso sobre el culo, acariciándoselo muy despacio.

―¿Te vienes luego a cenar al hotel?, tú y yo solos…
―Me gustaría mucho…
―Pues quedas invitada ―dijo Víctor girándose para mirar en dirección al agua.

Antes de espiar a Luz, pudo ver la sonrisa de satisfacción de Coral, que seguía tumbada boca abajo, luego se quedó mirando a Luz cómo se bañaba. A parte de tener unas tetas casi perfectas, le encantaba sus caderas anchas, que no le pegaban para tener un culo tan delgadito. Se imaginó como tenía que ser follarse a aquella chica a cuatro patas, con ese pelazo rizado.

Así no se le iba a bajar la erección en todo el día.

Fueron a comer a un restaurante que había cerquita y después volvieron a la playa a pasar la tarde. Víctor se quedó dormido bajo la sombrilla mientras escuchaba a las dos amigas hablar y Coral le acariciaba la espalda. Cuando se despertó las dos se estaban bañando y Víctor se metió en el agua con ellas.

―Esto es el puto paraíso, me encanta este sitio y la compañía, ¡joder qué bueno!, podría pedirme una excedencia y quedarme aquí un año.
―Pues quédate, solo se vive una vez ¿y por qué no lo haces? ―le dijo Luz.

Entonces Víctor tuvo un pequeño cosquilleo en el estómago. La idea no era tan descabellada, la isla le gustaba mucho como vía de escape cuando estaba saturado de trabajo o necesitaba salir de Madrid, pero ¿vivir allí?. ¿Qué iba a hacer?, pasear, dormir, ir a la playa, follar y comer en los mejores sitios, eso estaba bien hacerlo un par de semanas, pero quizás hacerlo tanto tiempo se le podría hacer aburrido. Además, aunque económicamente tenía un buen dinero ahorrado, estar allí por ejemplo un año le iba a suponer un fuerte desembolso también.

Tenía que pensar en todas esas cosas, buscarse un alojamiento, no podía estar pagando hotel 365 días seguidos, a 150 euros la noche. La idea era muy bonita, pero no podía tomar la decisión de repente, por un calentón. Tenía que meditarla bien.

―Yo me salgo, ahora os veo ―les dijo la pelirroja.

Se quedó mirando otra vez el cuerpo de Luz, ganaba bastante en las distancias cortas, además todavía le parecía más atractiva con el cuerpo totalmente mojado. Mientras salía del agua se iba escurriendo el pelo que había dejado caer sobre un hombro y Víctor le echó un último vistazo a su culo antes de coger por la cintura a Coral.

―¿Lo de quedarte lo has dicho en serio? ―le preguntó ella buscando su boca para besarle.
―No, ojalá, aunque me ha emocionado la idea, tendría que pensarlo y planificarlo bien…
―Yo podría ayudarte a buscar algo para vivir y sobre todo Luz que conoce muy bien el tema ese de la vivienda.
―Bueno, bueno, tranquila…ha sido solo una idea, pero esta noche cenando lo hablamos tranquilamente.
―Me encantaría ―dijo Coral volviendo a besarle mientras pegaban sus cuerpos.

Notó la erección de Víctor bajo sus bermudas y metió la mano en el agua para acariciarle la polla.

―Estoy deseando repetir lo de anoche…
―Mmmmm, yo también ―dijo Víctor apretando el culo de Coral para pegarle contra su cuerpo y que ella notara la excitación que tenía.
―Va a ser mejor que nos separemos o no vas a poder salir del agua en un buen rato…
―Llevo todo el día así, uno no está todos los días con dos chicas tan guapas como vosotras medio desnudas…
―¿Qué pasa, te gusta Luz?
―Sí, es atractiva, aunque me gustas tú mucho más, por supuesto…
―Ahhhh bueno…ya me he dado cuenta cómo salías antes del agua, vamos a separarnos anda…

Víctor se dejo caer hacia atrás para meter la cabeza en las aguas cristalinas de la pequeña calita y se puso a nadar un rato, luego se volvió a acercar a Coral y le dio un beso acariciando su pequeño pecho desnudo.

―Creo que voy a salir ya, ¿te vienes?
―Me voy a quedar un poco más, me encanta bañarme y me relaja, ahora voy ―le respondió Coral.
―Como quieras, yo voy a ir saliendo ―dijo Víctor acercándose a ella y dándole un pico antes de dejarle sola.

En la orilla del mar estaba sentada Luz justo en el punto donde el agua ya empezaba a bajar por la marea, Víctor se puso a su lado.

―Esto es una maravilla…uffff que bueno…
―Desde luego, es lo mejor…como le gusta a Coral el agua, desde pequeñita, se podía pasar horas metida en el agua…
―Ya me he dado cuenta, esta noche hemos quedado para cenar Coral y yo, ¿por qué no te vienes tú también?
―Y llevo una vela, jajajaja, creo que paso, os dejo cenar solos…
―Me gustaría que vinieras…
―Mira tío, no sé de qué vas, pero si has quedado para cenar con Coral lo lógico es que estéis solos, te lo digo en serio, no hagas que mi amiga se encoñe contigo, es muy enamoradiza y a ti se te ve a kilómetros que eres un pedazo de cabrón…esta noche fóllatela, pero luego pasa de ella, cuanto antes mejor…
―¿Y si me gusta y quiero algo más con ella?
―Si te gustara no estarías intentando ligar conmigo a sus espaldas…ahí viene, shhhhhh, calla…
―¿De qué habláis vosotros dos aquí?
―De ti ―dijo Víctor.
―¿De mí?…¿y qué habláis de mí?
―Le estoy preguntando a Luz cosas de ti…
―Pregúntamelas a mí…
―Son cosas que tú no me puedes contar, prefiero que me las cuente tu amiga…
―Bueno pues me voy…
―Anda no seas tonta, siéntate aquí con nosotros ―le dijo Luz.
―Le estaba diciendo a Luz que se viniera a cenar con nosotros si quiere…
―Claro tía, vente…estaría muy bien…
―No, hoy me quedo en casa, que no le he hecho caso a Marc en todo el fin de semana…
―¿Marc es tu marido? ―preguntó Víctor.
―Sí.
―¿Desde hace mucho?
―Cuatro años…
―¿Tenéis hijos?
―No, no queremos tener hijos…ya te lo dije antes…
―Sí es verdad, perdona…
―Cuatro años, qué rápido pasa el tiempo, parece que fue ayer el día de vuestra boda ―dijo Coral.
―Sí, ha pasado el tiempo, bueno tendríamos que ir recogiendo ―dijo Luz poniéndose de pie.
―Vale, ahora vamos.

Cuando se levantaron Coral volvió a entrar en el agua para quitarse la arena del culo que se le había pegado al bañador, por estar sentada, Víctor regresó a las toallas y Luz ya se había puesto la parte de arriba del biquini y una camiseta de tirantes.

―Bueno, pues si esta noche no vienes a ti no creo que vuelva a verte, ya me voy mañana domingo por la tarde ―le dijo Víctor.
―Pues encantada de haberte conocido.
―Suelo venir todos los años a la isla…
―Me parece muy bien…
―¿Puedo llamarte la próxima vez que vuelva?
―Eres muy pesado tío, esta noche te vas a follar a mi mejor amiga y cuando vuelvas dentro de un año ¿quieres llamarme para follar conmigo?…¿es eso, no?…¿pero tú de qué vas?…shhhhh que ya viene Coral…

Víctor sacó una tarjeta personal de su cartera, donde venía su profesión y su número de teléfono y apuntó por detrás el 12, que era su número de habitación del hotel, se la dio con disimulo a Luz antes de que llegara hasta ellos su amiga.

―Llámame cuando quieras o pásate mañana después de comer, hasta las 18:00 no salgo del hotel…
―¡Eres un hijo de puta! ―dijo Luz cogiendo la tarjeta y guardándola rápidamente en su bolsa de playa.

Por la noche habían quedado a cenar en el restaurante del hotel, donde se hospedaba Víctor. Estaba sentado tranquilamente en la terraza tomándose una cerveza cuando llegó Coral. Se había puesto muy guapa, con un vestido de tirantes negro bastante cortito y unas sandalias que le quedaban muy bien. Le gustaba mucho a Víctor lo natural que era Coral, iba sin nada de maquillaje y tenía una cara muy guapa, le sentaba fenomenal ese corte de pelo a lo chico.

Víctor se puso de pie y le dio dos besos antes de que se sentara con ella en la mesa.

―Hacía mucho que no venía a cenar aquí…
―Pues está todo exquisito, Marisa es una excelente cocinera.
―Sí, ya lo sé, tiene muy buena fama en la isla.
―¿Quieres tomar algo?
―Pues una cerveza igual que tú, estaría genial…

Levantó la mano y una camarera se acercó hasta la mesa. Era una chica nueva, que Víctor no conocía, el hotel era pequeñito y tenía cuatro trabajadores para atender el restaurante, aunque ahora no estaba Arancha, que era la hija de los dueños y habían contratado a otras dos camareras.

―¿Nos traes otra cerveza, por favor?
―Sí, claro.

Luego se quedaron a solas en la mesa y comenzaron a hablar de lo bien que había estado el día.

―Lo he pasado fenomenal en esa calita que me habéis llevado, pienso ir más veces cuando vuelva a la isla…
―Me alegro que te haya gustado, ¿cuándo vas a volver?
―Suelo venir todos los años, ¿puedo llamarte cuando vuelva?
―Claro, yo aquí seguiré…

Entonces entró a cenar una parejita, eran jóvenes, tendrían sobre 20 años, le dijeron a Fermín que tenían reserva y el dueño del hotel les llevó hasta una mesa. Al pasar a su lado el chico se les quedó mirando y luego se detuvo.

―Hola Coral, ¡qué sorpresa! ―dijo el jovencito.
―Hola, ¿qué tal todo?
―Muy bien, he venido a cenar aquí con mi novia, ¿usted qué tal?
―Bien, aquí tomando algo…¿y la universidad?
―Bien, he terminado tercero de derecho, me va muy bien.
―Me alegro mucho, siempre has sido muy buen estudiante.
―Gracias, me ha gustado verla, que lo pase bien.
―Igualmente.

Cuando se fue el chico, llegó la camarera con la cerveza.

―Ahora en 30 minutos cenamos ―le dijo Víctor.
―Sin problemas, cuando quieras.
―¿Y ese chico quién era? ―le preguntó a Coral cuando se fue la camarera.
―Era uno de mis alumnos, la verdad es que estoy acostumbrada a encontrármelos por la isla, este chico creo que fue alumno mío hace tres años, doy clases a chicos desde los doce hasta los diecisiete.
―Es muy educado.
―Sí, bueno ya sabes, los profesores siempre imponemos un poquito a los chicos.
―Por cómo te ha mirado me ha parecido que le gustabas…no me extrañaría que en una isla tan pequeñita te encuentres alumnos por la noche y seguro que alguno habrá intentado ligar contigo…
―Bueno la isla es pequeña, pero eso de ligar no, no te digo que me dicen algo si me los encuentro de fiesta, pero no le doy importancia, además tampoco te creas que salgo tanto…

Justo en ese momento entró Arancha, la hija de los dueños, junto con su novio.

―Anda mira, es Arancha, no sabía que estaba embarazada ―dijo Coral.
―¿La conoces?
―Claro, aquí más o menos nos conocemos todos…
―¿También fue alumna tuya?
―No, es un poco más pequeña que yo, cuatro o cinco años, debe tener sobre los 30, cuando empecé a dar clases ella ya no estudiaba en el instituto.
―Espera un momento, voy a saludarla.

Víctor se levantó y se fue hasta donde estaba ella, también iban a cenar en el restaurante y se había parado a hablar con su padre.

―¡¡Hola Arancha!!, jo, qué alegría.
―Hola Víctor ―dijo ella dándole dos besos.
―Ya me había dicho tu padre que le ibas a hacer abuelo, estás muy guapa, ¿cuánto te falta?
―Pues dos meses y medio o así, es un chico.
―Sí, ya me lo había dicho Fermín, pues enhorabuena de verdad.
―Me dijo mi padre el otro día que estabas por aquí, pero no pude saludarte…
―Tranquila, no pasa nada.
―Bueno, este es mi novio, Joan, este es Víctor, un viejo cliente, lleva viniendo muchos años al hotel.
―Encantado.
―Lo mismo digo.
―Bueno pues me ha alegrado mucho de verte, te voy a dejar, estoy aquí cenando con una amiga.
―Pásalo bien.
―Pues que te vaya muy bien, la próxima vez que venga conoceré al peque, que vaya todo muy bien.
―Gracias Víctor ―dijo Arancha volviéndole a dar dos besos antes de despedirse.

Luego regresó a la mesa con Coral, estuvieron cenando un par de horas, tuvieron una velada muy agradable, ella era un encanto de chica, guapa, culta, educada, se podía hablar cualquier cosa con ella, incluso Víctor se empezó a plantear tener algo más en serio con Coral.

―¿Puedo hacerte una pregunta sin que te moleste?
―Sí, claro.
―No entiendo como una chica como tú no tiene pareja…¿cómo es que estás soltera?
―Me ha ido muy mal en el amor, he tenido varias parejas, pero…con ninguna…aunque lo mismo podría decirte yo a ti, un hombre como tú soltero, ¿has estado casado alguna vez?
―Lo mío es normal, soy un espíritu libre, bueno eso me digo yo para convencerme, jajaja, la verdad es que soy un cabronazo con las mujeres y ninguna me aguanta mucho tiempo…
―Puede ser, pero a mí me pareces muy guapo y además encantador…
―Mmmmm, muchas gracias, ahora que te conozco más estoy deseando que vayamos a mi habitación.
―Cuando quieras.
―Déjame que te invite a la cena y nos vamos.

Una vez que pagaron salieron de la terraza en dirección al hotel como si fueran dos amigos y llegaron hasta la habitación número doce. Dentro empezaron a besarse y Víctor metió las manos bajo la falda del vestidito de Coral acariciando su culo y se dio cuenta de que no llevaba ropa interior. Ella se dejó hacer mientras se seguían comiendo la boca. Empujó a Víctor para que se sentara en la cama y se inclinó hacia él desabrochándole el pantalón. Coral no tardó en sacarle la polla y comenzó a pajearle mientras Víctor no dejaba de acariciarle los glúteos.

Nunca había tenido una polla como esa en la mano, grande, potente, dura, con las venas marcadas, le encantaba cerrar los dedos sobre ella, era tan gorda que no podía abarcarla por completo, estaba muy excitada y tenía muchas ganas de verse empalada por semejante verga, pero no podía dejar de acariciar aquella polla. Nunca había tocado una así, tan perfecta. Era algo hipnótico.

―¡Qué bueno estás!

Rápidamente se quitó el vestido, sacándoselo por la cabeza y Víctor certificó que no llevaba ni sujetador ni braguitas, tampoco le hacía falta al tener el pecho tan pequeño. Coral se sentó sobre Víctor dejando la punta de la polla a la entrada de su coño, se inclinó sobre el bolso tratando de buscar un preservativo, mientras Víctor le besuqueaba las tetitas.

―Espera, espera, estate quieto…

Pero Víctor restregaba su polla entre los labios vaginales de Coral haciéndola gemir a cada roce. La propia Coral comenzó a mover su cuerpo como si estuvieran follando, sin dejar de buscar el preservativo en el bolso, que no llegaba a encontrar.

―Ahhhhh, joder, no puedo más…

Y desistió en su tarea, dejándose caer sobre la polla de Víctor, que sonrió triunfal al lograr su objetivo de follar a Coral sin condón. Se tumbó en la cama y le dejó a ella todo el trabajo, Coral se movía de maravilla, levantaba el culo y luego lo dejaba caer con fuerza, golpeando en las piernas de Víctor a cada sacudida. Qué manera de moverse, se había follado a muchas tías, pero pocas se movían como Coral que le estaba haciendo disfrutar de un señor polvazo.

Intentó levantarse para cambiar de posición, pero Coral no le dejó, quedaron sentados en la cama, abrazándose mientras Coral seguía moviéndose encima de él.

―¡¡No puedo más!! ―le indicó Víctor.

Coral se agarró más fuerte a él y con unos golpes de cadera secos y fuertes comenzó a moverse delante y atrás mientras Víctor se abrazaba a su espalda desnuda.

―¡¡No te muevas!!, ahhhh ―dijo Coral apoyándose sobre él.

Cerró los ojos y se abandonó al orgasmo que la hizo temblar de placer, eso hizo que Víctor tampoco pudiera resistir y explotó dentro de ella, llegando a correrse prácticamente juntos.

―Joder lo siento, no he podido aguantarme ―se disculpó Víctor.

Coral seguía encima de él moviéndose muy despacito, acariciando a Víctor del pelo y besándole por el cuello y las orejas.

―No pasa nada, ha estado genial, mmmmm…

Se levantó de la posición que tenía y el semen de Víctor se le escurrió entre las piernas. Menuda lefada le había dejado dentro. Tranquilamente fue al baño a limpiarse y luego volvió a la cama donde le esperaba Víctor desnudo.

―Me encanta lo natural que eres…ven aquí.

Comenzaron a besarse de nuevo y la polla de Víctor no tardó en reaccionar a las caricias que ella le hizo con la mano.

―Ahora me toca follarte a mí, ponte a cuatro patas…
―Mmmmmm.

Se puso detrás de ella y se la volvió a meter sujetándola por la cintura. Le encantaba la perspectiva que tenía del culo de Coral desde esa posición, ella se había abierto bien de piernas y le podía ver perfectamente el ano que pedía a gritos una polla. Esta vez no fue el Víctor romántico de antes, se convirtió en el Víctor depravado que le gustaba ser un puto cerdo y no tardó en follársela bien duro.

Coral no se quedaba atrás y también movía su cuerpo buscando que la enorme polla de Víctor le llegara hasta el fondo. Entonces Víctor le soltó un buen azote en el culo, PLAS, Coral abrió la boca y gimió, pero no dijo nada, entonces le llegó un segundo azote todavía más fuerte. PLASSS.

―Ahhhh, sííííí, dameeeeeee, dameeee…
―¿Te gusta esto, zorra?
―Síííí…me gusta…ahhhhhhh…

Y un tercer azote impactó contra su glúteo, que ya estaba enrojecido con los dedos de Víctor marcados en su piel.

―Ahhhhhhhhhhhh….

Durante veinte minutos se estuvo follando duro a Coral, sin dejar de azotar su culo, que tuvo que recibir cerca de 200 azotes siempre en el mismo lado. Ya no podía distinguir si era placer o dolor lo que estaba sintiendo, pero Coral volvió a correrse de nuevo unos segundos antes de que Víctor le sacara la polla del culo y comenzara a eyacular sobre sus glúteos y su espalda.

Luego cayó dolorida en la cama.

―Ahhhhh, joder, cabrón, ¡te has pasado!
―Perdona, pensé que te gustaba…
―Sí, claro que me gusta, si no te hubiera dicho que pararas, pero nunca me habían sacudido así, diossss…

Víctor se tumbó boca abajo a su lado y se quedaron mirando, le hizo un gesto cariñoso con el dedo en la nariz y los dos sonrieron. Hacía tiempo que no tenía una complicidad así con una mujer. Le gustaba todo de Coral, sobre todo lo natural que era. Además follaba de maravilla.

―Creo que es mejor que me vaya…
―¿Ya, por qué?, quédate a dormir.
―No, prefiero que no…lo hemos pasado muy bien y prefiero recordarlo así, como una noche fantástica…
―Quédate, mañana ya me voy…
―Tienes mi número, llámame cuando vuelvas…
―Lo mismo cuando vuelva ya tienes novio…
―Puede ser o no, pero tendrás que llamarme para comprobarlo…y ahora tengo que irme.

Se levantó al baño para limpiarse la corrida de Víctor en su espalda y luego se puso el vestido en apenas cinco segundos.

―Adiós, me ha gustado conocerte ―dijo subiéndose a la cama para darle un morreo de despedida.
―Te llamaré…
―Hazlo…

Y le dejó solo en la habitación del hotel. Era su última noche en Menorca y durmió de maravilla después de haberse corrido dos veces con Coral.

Al día siguiente bajó a desayunar tranquilamente a la terraza del restaurante, luego se dio un paseo y para terminar la mañana se pegó un baño en la playita que estaba pegada al hotel. Cuando terminó de comer se despidió de Fermín.

―Un placer como siempre…
―Luego te veo Víctor, ya he llamado a un taxi, para que pase a recogerte a las seis y llevarte al aeropuerto…
―Estás en todo…
―A los buenos clientes hay que cuidarlos bien…
―Me voy a echar un rato la siesta y luego ya os dejo la llave de la habitación…
―Cuando quieras Víctor…

Entró en la habitación e hizo la maleta dejándolo todo preparado antes de tumbarse un rato en la cama. Cuando estaba a punto de dormirse alguien llamó a la puerta de su habitación. De repente se le vino a la cabeza la imagen de Luz en aquella calita la mañana anterior, semi desnuda y mojada, mientras el sol hacía que le brillara la piel. Se le puso dura al instante y se agarró el paquete sonriendo. “Sabía que esta zorra iba a venir a follar conmigo”.

Cuando abrió la puerta se encontró frente a él a Arancha. El corazón le dio un pequeño vuelco porque no se imaginaba que era ella. Ni tan siquiera se había dado cuenta de esa forma tan característica suya de tocar la puerta, otros años que había ido a visitarle.

―¡Arancha!, ¿pero qué haces aquí?
―Shhhhh ―dijo empujándole hacia dentro y pasando a la habitación.
―No me imaginaba que eras tú…
―Me han dicho que ya te ibas hoy, ¿no te ibas a despedir de mí?

Arancha se quedó frente a él, llevaba un vestido de tirantes oscuro, con falda larga hasta los pies, pero que no disimulaba la enorme barriga de embarazada. Sus tetas lucían hinchadas y estaba muy guapa. Ciertamente, le había sentado bien el embarazo.

―Shhhhh, no hagas ruido, están todos durmiendo…estaba aquí en casa de mis padres y Joan se ha quedado dormido la siesta…
―No me lo puedo creer que hayas bajado a verme ―dijo acercándose a ella.

Fue Arancha la que se lanzó a besarle para inmediatamente bajar la mano a palparle el paquete por encima del pantalón.

―Desde que te vi el otro día no he dejado de pensar en esto ―dijo Arancha mordiéndose los labios.

Víctor la miraba detenidamente, sin dejar de sobar sus tetas que estrujaba hacia arriba con ganas.

―Mmmmm, con cuidado, que están muy sensibles…
―Nunca me he follado a una embarazada…
―¿Y quién te ha dicho que me vas a follar? ―dijo Arancha sacándole la polla.

Se puso de rodillas en el suelo y se quedó mirando la enorme verga de Víctor. Antes de empezar a mamársela le soltó un sonoro beso que retumbó en la habitación y luego la hizo rodar por la palma de su mano para restregársela por la mejilla.

―¡¡Coómo me gusta tu polla, mmmmm!!

Miró hacia arriba, mientras le sujetaba el miembro y Víctor le acarició el pelo.

―¿Alguna vez te la ha chupado una embarazada? ―dijo pasando la lengua desde los huevos hasta su hinchado capullo.

Sin dejar de mirarle, rodeó un par de veces con la lengua haciendo círculos y se la metió en la boca con ansia, la polla de Víctor le llenaba la boca y Arancha apenas podía respirar. Ella se esforzaba en metérsela hasta el fondo, pero era imposible, lo único que conseguía es que le diera arcadas y su boca se empezó a llenar de saliva.

―Glup, glup, mmmmmm, diosssss, me encanta ―dijo sacándosela de la boca para poder respirar un poco.

Sin dejar de meneársela con la mano volvió a mirar hacia arriba, se dio cuenta de que Víctor le estaba mirando el escote y le dejó que metiera la mano dentro de su vestido, para acariciarle las tetas.

―¡Se te han puesto enormes joder, vamos sigue chupando guarra!

Arancha se volvió a meter la polla de Víctor en la boca y cerró los ojos para disfrutar de ese trozo de carne caliente rozando su garganta.

―¿Y dices que tu novio está durmiendo arriba?
―Mmmmmmmm, sííí, ahhhhh ―dijo restregándose la polla otra vez por la cara.
―Hay que ser muy puta para ponerle los cuernos así…de esta manera…

Arancha se puso de pie y se limpió la saliva que cubría su barbilla y goteaba hasta el suelo. Sin decir nada se quitó el vestido y quedó frente a Víctor con unas enormes bragas negras de embarazada y un sujetador que apenas podía cubrir sus hinchadas tetas.

―¿Quieres follarme? ―le dijo sin dejar de pajearle.
―¿Cómo te quieres poner?
―Me da igual, como quieras…como más cachondo te ponga…con el embarazo estoy cerdísima, tengo ganas de follar a todas horas…vamos métemela como quieras, date prisa, no puedo quedarme mucho tiempo ―dijo bajándose las bragas.

Víctor le volvió a tocar las tetas y le desabrochó el sujetador, los pezones se le habían puesto grandísimos y los tenía muy oscuros, pero Arancha no tenía ninguna marca de biquini por lo que seguramente seguía tomando el sol en topless. Víctor se agachó para meterse un pecho en la boca y Arancha gimió apretándole la cabeza contra su cuerpo.

―Ahhhhhhhhhh, con cuidado, están muy sensibles…mmmmmm, eso eso…chúpamelas, ahhhhh…

Víctor estaba inclinado mamando sus tetas y Arancha no dejaba de menearle la polla a la vez.

―Mmmmmm, no puedo más, vamos Víctor, métemela, métemela ―dijo tumbándose en la cama.

Se puso encima de ella restregando su polla entre los labios vaginales de Arancha, que le esperaba abierta de piernas con su increíble barrigota.

―Vamossss, 

ufffff

, como sigas haciéndome eso, me voy a correr…métemela ya joder…
―Diosss, estás mojadísima…
―Venga date prisa…hazlo, ¡¡fóllame!!

Y la polla de Víctor se fue deslizando lentamente dentro de ella, hasta que estuvo dentro por completo. Víctor comenzó a moverse muy despacio, haciendo con tranquilidad todo el recorrido dentro-fuera, cuando la polla estaba a punto de salir se la volvía hasta los huevos. Cada vez que se la clavaba hasta el fondo Arancha gemía con la voz muy grave.

―Ohhhh, asííí, venga más fuerte…fóllame

Pero Víctor se la seguía metiendo despacio, recreándose en esa maravillosa sensación de follarse a una embarazada. Aquello le daba mucho morbo, se estaba follando a la hija de los dueños del hotel en el propio hotel y para más satisfacción el novio estaba también durmiendo a escasos metros de ellos, en la planta de arriba.

―Venga así, así, mmmmmm ―dijo Arancha acariciándose ella misma las tetas.

Víctor se la seguía follando en la postura del misionero, pero no quería apoyarse sobre ella, para no dejar su peso sobre la barriga, así que tenía los brazos apoyados en la cama y miraba a los ojos a Arancha sin dejar de métersela lentamente.

―¿Quieres que me dé la vuelta?
―No, me gusta así ―dijo Víctor acariciando su vientre con una mano.
―¿Te pone tocarme la barriga?
―Sí, está enorme…
―Puedes correrte encima si quieres, pero tienes que follarme bien, con ganas…vamos, dame más rápido…

Ahora se la metió fuerte en un golpe seco y luego se quedó parado con toda la polla dentro de ella.

―Ahhhhhh, sigueee, joder, me estás volviendo loca…

Otro golpe seco.

―Ohhhhhhhhhhh…

Y otro más, cada vez más rápido y más seguidos entre sí, ahora sí que se la estaba follando bien. Con embestidas secas y profundas, haciendo que chocaran los cuerpos con fuerza. Arancha se agarró a los brazos de Víctor, cada vez gemía más alto y Víctor le tapó la boca, pero ella estaba fuera de sí y le mordió la mano.

―Ahhhhhhh zorra, te vas a enterar…

Víctor se quedó de rodillas, con el cuerpo erguido para empezar a follársela así, mientras le sujetaba la barriga con las dos manos. Le daba igual si Arancha chillaba o no. No era su problema si le escuchaba el marido.

―Me encanta joder sigue, sigue follándome, ahhhhhh…

Con un último golpe de caderas comenzó a correrse dentro de Arancha, luego sacó la polla mientras eyaculaba y varios disparos cruzaron la barriga de ella, llegando a alcanzarla prácticamente hasta las tetas, que Arancha, fuera de control no dejaba de acariciarse.

―Eso esssss, córrete encima de mí, mmmmmm, ¡¡córrete encima de mí!! ―chillaba Arancha.
―Joder qué pasada ―dijo Víctor dejando la polla extendida sobre el coño de ella.

Arancha le agarró la polla y se la meneo despacio, exprimiéndole hasta la última gota mientras se la restregaba contra su cuerpo.

―Ohhhhh diosssss…joder tengo que irme, comó me has puesto…te volvería a follar ahora mismo.

La imagen de Arancha era dantesca, le salía semen del coño, en su vientre de embarazada llevaba cruzados varios lefazos, sudaba a chorros por la cara y no podía dejar de acariciarse con desesperación las tetas.

―¡Joder tengo que irme! ―dijo levantándose de la cama.
―Me ha encantado la visita…
―Mierda las bragas, ¿donde están las putas bragas? ―dijo Arancha dando vueltas por la habitación sin hacerle caso.

Cuando las encontró se las puso, entonces se dio cuenta de que Víctor también se había corrido un poco dentro de ella, pasó al baño a limpiarse un poco el cuerpo y luego se puso el vestido.

―Tengo que irme…joder como me has puesto, voy echa un asco…apesto a polla…
―¿Quieres ducharte?
―Tengo que irme ya…
―Espera ―dijo Víctor saltando de la cama y acercándose desnudo hasta la puerta.

Cogió a Arancha de la cintura y la dio la vuelta poniéndola contra puerta. Luego se puso detrás de ella y metió la mano bajó el vestido.

―Ummmmmm, joder, ¿qué haces?
―No quiero que te vayas tan cachonda…

De un solo tirón consiguió bajarle las braguitas antes de meter la mano entre sus piernas, acariciándola otra vez el coño.

―Ahhhhhhhhh, nooooooo…

Se giró un poco para comerse la boca con Víctor unos segundos, hasta que sintió el dedo gordo de él, abriéndose paso en sus entrañas.

Víctor le había metido el dedo por el culo.

Había formado una especie de pistola con sus dedos, el pulgar le tenía incrustado en su ojete y el indice y el corazón acariciaban su coño. Así comenzó a mover la mano delante y atrás y Arancha sintió que se le aflojaban las piernas.

―Ahhh ahhhh ahhh, sigue sigue, sigueeeee…diossss, ¡¡¡no puedo másssss!!!

Unos segundos más tarde ella volvió a correrse pegando la mejilla contra la puerta de la habitación. Tenía la cara desencajada, en una muesca de placer y como pudo se subió las braguitas y todavía jadeando salió de la habitación sin mirar atrás.

Víctor se quedó con la sensación de que Arancha se había marchado más cachonda de lo que había llegado.

Se tumbó un rato a dormir y cuando se despertó se pegó una ducha y bajó con las maletas. Le estaban esperando en recepción Fermín y Marisa que le desearon un buen viaje. Ni se podían imaginar que una hora antes Víctor se había estado follando a su hija.

Cuando estaba en el aeropuerto esperando al avión, recibió un nuevo mensaje de Claudia.

Claudia 18:45
Hola Víctor, llámame por favor. Tenemos que hablar…
4

No podía decir nada inapropiado, al fin y al cabo era mi cuñada, tampoco podía acercarme a ella para intentar algo así de repente, había en el ambiente una gran tensión sexual, al menos por mi parte y Marina, enseñándome sus preciosas tetas, seguía secándose el pelo, como si tal cosa, delante de mí. Entonces pensé, si a ella no le importaba mostrarme las tetas, ¿por qué no mirárselas y ser un poco descarado?, ¿es qué acaso no me las está enseñando?

Ese iba a ser mi plan, no podía hacer otra cosa más que mirarla, hacerlo con detenimiento, eliminando toda vergüenza, que se ella se diera cuenta que la estaba mirando, quizás así surgía un comentario y ella decía algo que pudiera dar pie a…, en definitiva, que quería ver cómo reaccionaba. Entonces lo hice, clavé los ojos en sus pechos, mientras le daba un trago a la cerveza con limón apurando el botellín hasta el final. Cuando Marina levantó la vista, se encontró a su cuñado disfrutando de sus tetas.

―Ya se ha terminado, ¿quieres otra? ―dije mostrándola el botellín y mi erección bajo las bermudas.
―Ehhh, no, mejor no…

En ese momento, quizás se sintió algo intimidada y sin saber que decir. Al fin y al cabo yo estaba a un metro de ella, con una empalmada tremenda y mirando con detenimiento sus pechos. Eran de un tamaño ideal, el ponerse silicona no había sido para tenerlas enormes, si no para volver a lucir una buena figura y ahora podía asegurar que le habían quedado perfectas, además las tenía muy bronceadas, sus tetas eran muy bonitas, con unos pezones pequeñitos y bastante oscuros.

Entonces me giré para ocultar mi erección y me puse sobre la puerta mirando hacia la piscina.

―Supongo que ya te subes a dormir ―dije yo.
―Sí, ya me he refrescado ―dijo dejando la toalla sobre la mesa―. Aunque ahora estoy muy bien, hace una noche perfecta, todo en silencio, sin niños…¡qué paz!, venga me tomo esa cerveza contigo.

Aquella frase hizo que mi polla palpitara de emoción, miré hacia atrás y ella estaba de pie todavía desnuda de cintura para arriba, tan solo llevaba unas pequeñas braguitas negras de bikini y tenía la camiseta en la mano, pero no acababa de ponérsela. No sabía muy bien por qué lo hacía, era como si estuviera encantada de estar así desnuda, delante de mí. La situación era comprometida, si bajaba algún familiar, se podían pensar algo raro, no era muy normal que estuviéramos los dos metidos en la caseta, a esas horas de la madrugada y compartiendo un botellín de cerveza mientras Marina me enseñaba las tetas.

―¿Te vas a bañar? ―me preguntó.

Yo me giré de nuevo y me quedé hipnotizado, como una especie de trance, al ver sus tetas de perfil, me encantaba la caída que tenían y ella se dio cuenta de donde tenía clavada la mirada. Se giró en dirección a la nevera y pude ver a Marina de espaldas. Tenía un culito pequeño y redondo. Me encantaba que estuviera así media desnuda y cuando se inclinó para coger otro botellín clavé la vista en su culo que lucía espectacular.

Eso no iba a ayudar mucho a que se me bajara la erección.

Luego vino hacia mí, mostrándome orgullosa otra vez las tetas, abrió el botellín y le pegó un trago.

―Compartimos éste en lo que se me acaba de secar el pelo.
―Me parece bien.

Y allí estábamos otra vez, uno frente al otro compartiendo una cerveza con limón bien fresquita. En ese momento de intimidad y viendo que mi cuñada no estaba incomodada por el hecho de enseñarme los pechos me arriesgué a hacerle un pequeño comentario.

―Te han quedado muy bien.
―¿Cómo dices? ―dijo Marina.
―Sí, los pechos, te han quedado muy bonitos…ese pequeño retoque que te hiciste.
―Gracias, creo que será mejor que me vista ―respondió ruborizada.
―Perdona, no quería, ha sido inapropiado, perdona…―dije volviéndome para mirar de nuevo hacia la piscina.
―No tranquilo, no pasa nada…
―Será mejor que me bañe…lo siento no tenía que haberte dicho nada.

Marina volvió a coger la toalla y se secó el pelo con ella. Me giré otra vez para verla mientras le daba otro trago al botellín, luego se lo pasé a ella dándoselo en la mano. Se inclinó frente a mí y le pegó un trago sin dejar de mirarme a los ojos.

Me quedé hipnotizado, paralizado. Marina me miraba fijamente enseñándome las tetas a menos de un metro de mí. La polla me volvió a palpitar bajo las bermudas. Ya me daba igual si ella se fijaba o no. Cuando me volvió a pasar el botellín me rozó con un dedo y luego siguió secándose el pelo otro poquito más.

―Bueno, pues ahora sí que me voy a subir a dormir.
―Yo me voy a dar el baño, ahora tengo todavía más calor.
―Te va a sentar de maravilla, ya lo verás.

Entonces Marina cogió una camiseta negra desgastada de los Rolling Stones, sin mangas y con los laterales abiertos y se la puso. Supongo que sería la camiseta que usaría para dormir. La imagen era igual de erótica que cuando estaba desnuda, la camiseta era tan amplia que se la veían perfectamente los pechos por los laterales.

Se acercó hasta mí y se inclinó para darme dos besos que me pillaron por sorpresa.

―Buenas noches.

Allí me quedé en el cuartito, solo, caliente y con la polla dura bajo las bermudas, apurando de un último trago el botellín de cerveza. Entonces cuando me giré, me encontré la toalla blanca encima de una silla, era la toalla con la que Marina se había estado secando el pelo. No sé por qué me acerqué a ella, la cogí y me la puse en la nariz, no olía a nada realmente, solo a limpio y a agua de la piscina, pero el saber que Marina se había secado el pelo con ella me excitó sobre manera. No podía sacarme de la cabeza la imagen de sus dos tetas desnudas y cómo se había mostrado ante mí. Me había calentado mucho la muy zorra.

Con tranquilidad me bajé las bermudas, estiré la toalla poniendo la mano debajo y luego me agarré la polla, envolviéndola con la toalla húmeda. Me pegué varias sacudidas, masturbándome despacio, disfrutando aquella noche calurosa, recordando las preciosas tetas de mi cuñada. Cerré los ojos, lo estaba haciendo muy despacio, no quería correrme, me encantaba el tacto de la toalla contra mi polla. El saber que Marina se acababa de secar el pelo con ella me ponía a mil. Abrí la boca, jadeando, entonces me giré hacia la puerta y me pareció ver que se movía una sombra.

Pegué un bote y dejé la toalla en la mesa mientras me subía las bermudas. Salí rápido, pero no había nadie. Debían haber sido imaginaciones mías. Me había confiado mucho y algún familiar me podía haber pillado masturbándome. Ya no me faltaba mucho y a pesar del susto quería terminar. Cogí de nuevo la toalla y me puse en la puerta del cuartito mirando hacia la casa para comprobar que no salía nadie. Me giré un poco y me bajé el bañador, volviendo a envolver la polla con la toalla. No tuve que hacer mucho más, me pegué otro par de sacudidas y comencé a correrme descargando la tensión acumulada durante el fin de semana y empapando por completo la toalla con la que se había secado Marina.

Luego me di un baño relajante, me tomé otra cerveza tranquilamente recostado en la hamaca, pensando en las tetas de Marina y esta vez sí, cuando subí a la habitación me quedé dormido en pocos segundos.

Al día siguiente me desperté más tarde de lo normal, habían desayunado todos y se estaban preparando para bañarse en la piscina. Vi la toalla que había usado por la noche tendida donde la había dejado yo y me acordé de lo que había pasado. Pensé que había sido un sueño, pero no lo era, había visto a Marina desnuda y habíamos compartido una cerveza mientras ella me mostraba orgullosa sus preciosos pechos.

Me fijé que mi cuñada le estaba poniendo crema a uno de sus hijos en un lateral de la piscina, me saludó con la mano cuando me vio, como si nada, para ella no había sido más que un juego y yo estaba encantado de que ella se sintiera tan cómoda conmigo, o que tuviera tanta confianza como para llegar a hacer esas cosas. Luego vino donde estaba yo.

―¿Qué tal el baño ayer? ―me preguntó.
―La verdad que fenomenal, me quedé muy relajado, he dormido como hacía tiempo que no lo hacía…
―Me alegro, oye David…¿te importa vigilar un poco a los peques mientras se bañan?, voy a ver si me dejan leer un rato tranquila.
―Sí, sí claro, sin problemas.

Luego se fue andando hasta una tumbona con sus mini shorts vaqueros, la parte de arriba del bikini y las gafas de sol puestas y yo me quedé embobado mirando su culo hasta que se recostó.

El día transcurrió con normalidad, hice alguna foto más y así terminó el fin de semana. Unos días más tarde estábamos en casa viendo en la tele el programa que presentaba Marina, al verlo recordé lo que había pasado en la casa rural. Esperé a que se durmiera Claudia y saqué el ordenador para buscar la carpeta donde tenía todas las fotos de mis cuñadas Marina y Carlota. Me recreé especialmente en las de ese fin de semana, haciéndome una tremenda paja con una foto de Marina sin poder dejar de mirar sus tetas y fantaseando qué habría pasado si me hubiera decidido intentar algo más con ella, en el cuartito de la piscina

Decidí firmemente, que si volvía a tener una oportunidad como esa, con mi cuñada, no la iba a desaprovechar. Quién sabe lo que podría pasar en un futuro. Lo que estaba claro es que parecía que a Marina le estaba empezando a gustar el jugar conmigo. Y ahora además, yo iba a ser su fotógrafo oficial en las redes sociales.

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