MOISÉS ESTÉVEZ

Los desguazabots ya venían de camino empuñados y personificados.
Las ordas malintencionadas y armadas hasta los dientes eran innumerables.
La preocupación, extrema, pero la confianza en nuestra reina era plena. Ella
sabría qué hacer y nosotros estábamos dispuestos a cualquier cosa. Todos los
flancos de la fortaleza se habían reforzado y los que resistíamos por aquella
época íbamos a vender cara nuestra piel, dispuestos a dar hasta la última gota
de nuestra sangre. No sería la última batalla, pero si una de las que negro
sobre blanco se plasmarían en los libros de historia para que los que fuimos
protagonistas no cayésemos en el olvido…

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