ALMUTAMID

La despedida en el autobús fue lo más triste que recuerdo en mi vida. Pese a ser un “hasta luego” la sensación era de definitivo adiós. Y la culpa era mía. No había estado a la altura y había sido su confesión la que había despertado mi conciencia. Como soy un blando y bien claro que me le dijo Claudia me puse a llorar cuando la chica de mis sueños subía al autobús. Pero esta vez su dureza se vino abajo y pude ver como ella también lloraba al sentarse en su asiento junto a la ventana evitando mirarme.

Aquel 28 de diciembre había sido una gran inocentada. Pero el 29 en que nos separamos y el 30 fueron terribles para mí. Los pasé encerrado en mi cuarto sin querer hablar con nadie lamentándome de mí mismo. Ni me duché aquellos dos días y tuvo que ser mi madre la que me obligara el día 31 antes de cenar.

Y es que apunto estuve de no ir a la fiesta de fin de año. La insistencia de Nieves, que creía que no quería ir por la muleta, y la obligación de mi madre de ducharme y arreglarme para la cena mudaron mi opinión. La había prometido a Nieves acompañarla el 31 y tenía que cumplir.

Una vez duchado y afeitado mientras me vestía frente al espejo me animé en cierta medida pues al probarme el traje noté que me entraba más estrecho de brazos, hombros y pecho. Ya no era un canijo y la lesión y mi obcecación por el ejercicio había desarrollado mi tercio superior como estaba comprobando. Me vi guapo, interesante y capaz de empezar de nuevo. Pero en este punto el recuerdo de Claudia me sumió de nuevo en la pena. Fue una recuperación fugaz.

Tras las uvas me recogió Nieves en su coche. En condiciones normales podíamos ir andando, pero el día que habíamos estado en el centro comercial se había ofrecido a recogerme en coche para que pudiera ir a la fiesta. Al verme alabó lo guapo que estaba con traje. Yo ni siquiera tuve el detalle de corresponderle con su abrigo largo que llevaba, que se abría dejando ver sus piernas asomando con medias y tacones. Después al llegar a la fiesta y despojarse de él ya si recuperé mis buenas maneras al recordarle porqué me había gustado más aquel vestido que había modificado ligeramente cubriendo los hombros y la espalda que dejaba libre el escote palabra de honor con una especie de chaquetilla muy corta.

Tras los saludos, abrazos y brindis la gente empezó a beber y bailar mientras yo empezaba a amargarme sentado en un sofá en un rincón del pub donde se celebraba la fiesta. Mi entretenimiento consistía en beber una copa detrás de otra y cuando algún amigo o Nieves venían un rato a darme conversación. Pero entre mi asqueamiento y mi estado de ánimo la fiesta para mí era una mierda.

Cuando la vejiga me apretó por primera vez fui con la muleta al baño y noté que me había colado con la bebida. Con algún traspié conseguí mear. De regreso a mi sofá me crucé con uno de mis amigos que se estaba enrollando con una chica en un rincón. Uno estaba triunfando más que yo. Pese a ser consciente de que había bebido demasiado continué. La siguiente vez que fui al baño me tuve que apoyar en las paredes pues con la muleta se me iba el cuerpo. Nieves me vio y avisó a Pablo para que me ayudara en el baño. Con su guasa habitual me dijo: “Apóyate en mí que la churra te la coges tú”.

No por eso frené mi ingesta de alcohol. Por lo que a la tercera vez directamente Pablo con la ayuda de Nieves me llevaron al baño, pero esta vez no había terminado de guardarme la polla cuando me vino un vómito. Me había pasado cuatro pueblos con la bebida y mi estómago había empezado a quejarse. Como pudo Pablo me sacó del baño ayudado de su fuerza y no recuerdo más hasta que me desperté en mi casa con una resaca tremenda la tarde siguiente.

Por lo que me contó Pablo aquella tarde del 1 de enero para saber cómo estaba la lie parda. Al ver mi estado Nieves y él me llevaron en coche a mi casa prácticamente cargándome entre los dos. Antes de llegar al coche volví a vomitar en la calle. Ya de camino en el coche a mi casa avisé que me meaba, algo de conciencia debía quedarme. Tuvieron que parar a toda prisa y me sacaron entre dos contenedores. Mientras Pablo me sostenía Nieves tuvo que abrirme el pantalón y sujetarme la churra para que no me pusiera perdido. Por supuesto, volví a vomitar en cuanto la chica me guardó la polla de nuevo.

Al llegar a mi casa, como yo era incapaz de entrar por mi pie entre la férula y la papa, me subieron en el ascensor. Con sigilo abrieron con mis llaves la puerta y me llevaron a mi dormitorio. Pero mientras intentaban quitarme el traje apareció mi madre asustada. Al trance de verme en estado tan lamentable hubo de sumarle la sospecha de que Nieves era mi novia, algo que desmintió la chica directamente y 15 veces tuve que desmentir yo los días siguientes. Me dejaron acostado con un cubo junto a la cama que volví a llenar varias veces el resto de la noche y la mañana.

Avergonzado por el relato de Pablo en cuanto fui recuperándome ligeramente casi ya por la noche llamé a Nieves avergonzado. Estaba muy enfadada conmigo. No sabía como disculparme, y por supuesto lo último que le iba a contar es que la tontería vino por estar amargado por mi pierna pero sobre todo por Claudia. Cuando ya parecía que mis disculpas hacían efecto me recordó la vergüenza que había pasado con sus amigas, a las que les había hablado muy bien de mí, y con mi madre preguntándole si era mi novia. Que además yo había estado muy desconsiderado diciéndole borderías mientras ella me ayudaba a mear. No sabía donde meterme y le propuse quedar para tomar un café y disculparme en persona. Pero me respondió con un lacónico: “Me lo pensaré…”

Mal final de año y sobre todo asqueroso inicio del siguiente. La había cagado y bien, y no iba a ser fácil arreglar las cosas con ninguna de las dos. Con Claudia era absurdo hasta que volviera y con Nieves intentaría explicarme antes de volver a la residencia.

La resaca me duró dos días con dolores de cabeza, mareos y nauseas, aunque podía comer. La bronca en casa fue de espanto aunque lo pero fue aguantar a mi madre indagando por Nieves, que si era muy mona, que si que guapa iba vestida, y que bien me había cuidado…

El día 4 por la mañana fui al médico. Mi madre había conseguido que me vieran la pierna en mi ciudad. La buena noticia fue que ya estaba curado el esguince. La mala, que el médico me prohibió correr y jugar al fútbol un mes más aunque ya pudiera andar sin férula y muleta. Estrené mis recobrados andares yendo a comprarle un detalle a Nieves para tener la excusa de dárselo y vernos antes de irme. El regalo era una tontería, una colgantito en plata con una llave por delante y grabado por detrás un simple: “Gracias”. Pero tuvo efecto pues cuando le escribí para decirle que tenía que dárselo no puso inconveniente en vernos. El día 5 no podía pues era tradición familiar ver la cabalgata en un balcón con sus abuelos y después cenar juntos y recoger los regalos, así que el día 6 por la noche para celebrar el final de las vacaciones.

Ya tenía claro lo que iba a hacer: disculparme y explicarle que ya no tenía novia y que quería dar un paso nuevo en nuestra relación. Seguro que el regalito serviría. Con suerte hasta nos enrollábamos como forma de reconciliación.

Por fin quedamos el día 6. Pasé a recogerla por su casa para cenar algo por allí cerca. Cuando apareció por el portal la vi preciosa con su abrigo corto y un vestido o falda de lana hasta medio muslo, medias a juego y botas. Nada más verla le di dos besos y le pedí una vez más que me perdonara por lo mal que había terminado la fiesta de fin de año. Tras quitarle importancia y felicitarme por poder caminar al fin me indicó un restaurante chino que había cerca.

Por el camino me contó alguna anécdota de la fiesta que yo me había perdido por mi borrachera. Dos amigos míos habían triunfado con dos amigas de Nieves. Ya les preguntaría a los muy mamones pues no me habían contado nada. De hecho al día siguiente habíamos quedado para una cerveza antes de comer y ya me contarían.

Llegamos al restaurante y pedimos un típico menú para dos con rollitos de primavera, arroz tres delicias, cerdo agridulce y pato al limón. De nuevo me disculpé por mi borrachera descomunal y haberla hecho quedar mal pero ella me explicó que ante sus amigas sólo era un amigo. No sabían que nos enrollábamos porque Leyre en su día había contado que yo tenía novia. Ahí encontré el momento de intentar decirle lo que quería. Saqué el detallito que le había comprado y se lo di. Tras objetar que no era necesario, lo abrió y me miró con cara indulgente.

-¿Te gusta?- le pregunté.
-Mucho.- respondió poniéndoselo por fuera del cuello vuelto de su vestido de lana.- ¿Pero qué significa esta llave?
-Bueno. Desde que te conocí has ido abriendo cada vez más puertas en mi interior siendo una persona inteligente, divertida, ocurrente y no digo más cosas por si nos oyen…-dije mientras Nieves cortada bajaba la mirada-… y por supuesto, guapísima. Eres una preciosidad que aun no me creo que haya visto algo en mí.
-Luis, ¿estás queriendo decirme algo? ¿Ha pasado algo con tu novia?
-Nieves, ya no hay novia.
-Pero, bueno…-se acercó a mí para que no nos oyeran- la otra noche cuando te tuve que ayudar a mear vi que te habías rasurado otra vez y supuse que era para estar con ella.
-Pues ya no hay ella.
-¿Qué ha pasado?
-Meses sin vernos y terceras personas.
-¿Te ha puesto los cuernos?- me preguntó levantando una ceja.
-Nieves…llevó acostándome contigo desde el verano. Y creo que lo nuestro es algo más que sexo. El día que pasé contigo en el puente de la Inmaculada fue inolvidable. Sentí que entre tu y yo había algo más. Intenté decírtelo pero te entretuviste en otras cosas…
-Ahn, ya. Jajajaja. Una cosita rica…
-Pero quiero que lo sepas antes de que me vaya.
-A ver, Luis que creo que sé por donde vas.
-Pues eso, Nieves. Que creo que entre tu y yo hay algo más. Y quiero que sepas que estoy dispuesto.

Nieves respiró hondo y me dijo con cierta ironía:

-Luis, eres el deseo de cualquier niña. Eres guapo, inteligente, divertido. Un gran conversador. Con mucha labia. Estás bueno y follas de lujo. Pero como novio eres un desastre. No llevabas saliendo un mes con tu novia y me estabas tirando los trastos en el chalé de Leyre. Si con dos tonteos me enseñaste la churra. En serio, me gustas mucho, muchísimo. Quiero seguir siendo tu amiga y que si nos apetece pues follemos cuando surja, pero ¿novia tuya?. ¿Para acabar coronada? Yo no voy a atarte en corto, y tú no vas a aguantar. Si te vas mañana. No, Luis. Por algo eludí la conversación cuando quisiste sacarla en la cama y fácilmente te la saqué de la cabeza…

La respuesta de Nieves me dejó frío. No sabía que responder. ¿Anteponía sus razones a sus sentimientos? ¿O es que no había tales sentimientos?

-Pensé que estabas sintiendo algo como yo, Nieves…-respondí cortado.
-Luis. No te lo tomes a mal. Me gustas mucho. Te aprecio mucho. Y ojalá fueras diferente en eso. De verdad. Pero vivo muy tranquila sin preocuparme por ti más que pasarlo bien cuando estamos juntos. Me has demostrado ser una persona increíble, de verdad. No eres el típico tío que sólo quiere sexo por sexo. Eres cariñoso, divertido. Me lo pasó muy bien contigo, cenando o tomando un café, o viendo una peli abrazados, de verdad. Pero no voy a empezar una relación con alguien que sé que me va a dar dolores de cabeza. Mira, a lo mejor si seguimos mucho tiempo así cambio de opinión pero ahora no puedo.
-¿Estás cortando conmigo?
-No, Luis. Sólo frenándote.

Me quedé tan cortado que no supe ni que más rebatir. Aun así Nieves tenía la habilidad de pasar los momentos incómodos con una palabra amable. Y consiguió al menos que se me pasaran las ganas de levantarme de la mesa e irme a mi casa.

Una vez terminamos de cenar salimos del restaurante camino de su casa. Iba agarrada de mi brazo como si no me hubiera dejado planchado unos minutos antes. Al llegar a su portal me preguntó:

-¿Cuándo vuelves?
-En teoría para el puente de febrero, que ya habré terminado los exámenes.
-¿Te das cuenta Luis de la tontería que ha sido pedirme salir cuando a lo mejor no te veo en casi dos meses?
-Desde el puente de la Inmaculada le estoy dando vueltas, Nieves. Lo pasé genial contigo a pesar de mi pata tiesa.
-Y yo también tontuno…-me dijo besándome en la mejilla.- Lo paso genial contigo. No te pongas triste. Ven…

Me tomó de la mano y me metió dentro del portal. Ya sabía donde me llevaba.

-¿Estás segura?- pregunté mientras abría la puerta de los trasteros.
-Shhhh. Calla.

Pasamos al pasillo que daba a la puerta de los trasteros y tomándome de la mano me condujo hasta la puerta de su trastero. Como llevaba las llaves en la mano abrió rápidamente encendiendo la luz para poder cerrar de inmediato. Una vez dentro Nieves se lanzó por mi boca. Yo respondí dejándome llevar sin mucho entusiasmo.

-¿No quieres despedirte?- me preguntó.
-Es que me has dejado chafado…
-No seas tonto, Luis.
-¿Es por la fiesta? ¿Por mi borrachera?

Ahí Nieves se detuvo.

-A ver, no te niego que me has enfadado mucho con tu actitud en la fiesta. Pero aunque sé que estabas así por tu novia en realidad me jodió más que me fastidiaras cuando me lo estaba pasando muy bien, y no precisamente gracias a ti. Sospechaba que tenía que ver con tu novia y verte la churra afeitada casi me lo aseguraba. Hoy sólo has hecho confirmármelo. Pero yo he decidido este tipo de relación y te agradezco lo que me has dicho hoy en la cena.
-¿Me lo agradeces? No te entiendo.

Mientras hablábamos Nieves había abierto mi abrigo y desabrochado mi pantalón ante mi pasividad.

-Luis. Me gustas, de verdad. Mucho. Pero mejor como ahora.
-Ufff. Qué fría tienes la mano…- me quejé cuando metió su mano dentro de mi camisa para acariciarme el pecho.
-Jajaja. Espera que me la caliento.

Y sin esperármelo metió la mano en mi calzoncillo encontrándose con mi polla aun blanda.

-Uy. Ahí la siento más fría aun.
-Que mona. Es la primera vez que te la toco así. Pero que poco dura jajaja. Ya se está despertando.

Ahí ya no aguanté más y tomándola por la cintura la pegué a mí para besarla con mucha lengua mientras ella gemía sobándome la polla dentro del calzoncillo.

-Este es mi Luis, jajaja. ¿Ves? No necesito salir contigo. Ya te tengo cogido por donde quiero…
-Eres cruel conmigo. Y te voy a castigar.
-Ah, ¿sí? ¿Cómo?
-Te voy a clavar la polla…
-¿Traes condones?
-¿Condones? Ya no usamos.
-Follaste con tu novia, ¿verdad?

Iba a mentirle pero no había necesidad y asentí.

-Si conmigo no usas condón entiendo que con ella tampoco…

A Nieves no la podía engañar. Sabía más que yo.

-…pues sin condón no me clavas nada.
-No seas mala que mira como me tienes.-supliqué.
-Algo se nos ocurrirá…-respondió pero para entonces yo ya tenía algo en mente.

Me puse de rodillas en el suelo con la polla tiesa fuera del calzoncillo y Nieves entendió mi idea. Se quitó el abrigo y se levantó el vestido hasta la cintura. Llevaba unas medias a medio muslo con unas braguitas de encaje negras. Sin perder el tiempo pegué mi cara oliendo su chocho sobre la braga pero de inmediato empezó a bajárselas dejando ante mi vista su chocho. Se había dejado crecer el vello desde nuestra ultima vez recortándoselo en forma de diamante. Lo observé y levanté la mirada para mirarle a los ojos comprobando lo complacida que estaba de mi agrado. Sin dilación me lancé a lamer. Casi la tiro al suelo del ímpetu y con risas se apoyó en la pared abriendo las piernas para facilitarme mi acceso. La actitud de Nieves en el sexo había cambiado mucho desde su aparente inocencia en nuestros primeros encuentros a su descaro y provocación actuales.

Le comí el chocho a lametazos y succiones clavándole un dedo durante unos 10 minutos entre gemidos de ellas y algún tirón de pelos. Y mientras le metía el dedo en el coño le pregunté:

-¿Y te follas a alguien más?
-Mmmm, no Luis….sólo tú.
-Y si te apetece follarte a otro ¿te lo follarás?
-Teniéndote a ti, ¿para qué? Arghhhh, me voy a correr…

Aceleré el dedo volviendo a lamer y succionar su clítoris hasta que noté como aumentaba su flujo y sus gemidos se entrecortaban. Me levanté del suelo agarrándome la polla babosa por el festín de chocho que me acababa de dar y besé a Nieves que estaba todavía sumida en su orgasmo. Con descaro le sobé el culo desnudo y le froté la polla. Al fin reaccionó devolviéndome los besos agarrándose a mi cuello.

-¿Ves Luis? Pocos tíos cambian su decepción por no poder follar regalándote una comida de coño como la que me acabas de hacer. Buen amante…mal novio.
-Pues ahora me lo voy a cobrar…-le dije guiñándole un ojo empujando su hombro hacia abajo.

Nieves se agachó sin resistencia y tras besar, lamer y oler mi polla empezó a mamarla con su maestría que no tuve más remedio que reconocer.

-Nadie me la come como tú…
-Lo sé…glup, glup…
-¿Y cómo sabes eso?
-Porque en cuento te agarró las pelotas y me la trago tres veces te corres como un cerdo…
-¿Y a qué esperas?

No fueron tres veces, pero no muchas más las que necesitó Nieves para devolverme el favor.

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