ANDER MAIS

Capítulo 19

El lago

Después de asearnos, bajamos a comer algo ya que estábamos famélicos y, además, teníamos que prepararnos para nuestro encuentro con Marta y Álvaro. Natalia había tratado de disculparse por haber aceptado sin consultarme, pero yo le quité importancia al asunto. Tampoco me parecía tan mala idea pasar la tarde en su compañía y tratar de averiguar qué pretendían ellos o Víctor, ya que estaban allí por él.

Y, en cuanto a la salida nocturna, tres cuartos de lo mismo. Sentía curiosidad por saber si Pedro iba a intentar algo con mi chica y ver si, siguiendo los consejos, instrucciones, órdenes o lo que fuera de Víctor, hasta dónde ella estaba dispuesta a llegar. O hasta qué punto estaba dispuesta a compartirlo conmigo.

En el comedor pudimos disfrutar de una comida sencilla pero apetitosa y tranquila. Por suerte, no aparecieron nuestros vecinos y pude compartir aquel tiempo con mi chica a solas. Una cosa es que no me molestara su presencia y otra era pasar todo el día con ellos. Una vez acabamos la comida, en un ambiente relajado y distendido, como en los viejos tiempos, como si nunca hubiera sucedido nada desde el verano pasado, donde dimos el pistoletazo de salida a nuestro morbo, decidimos subir a la habitación para cambiarnos y salir a hacer aquella ruta.

No tardamos en estar preparados y, mientras esperábamos que pasaran a buscarnos, miré a Natalia que estaba concentrada mirando cosas en su móvil. Aún seguía sorprendido por su forma de actuar de antes; nunca la había visto así y todavía estaba tratando de asimilar su cambio de proceder.

—¿Qué pasa? —me preguntó Natalia consciente de mi escrutinio.

—Nada, solo pensaba… —dije quitándole importancia.

—¿En qué? —insistió apartando el móvil.

—Bueno, en lo de antes… —contesté—. Me ha sorprendido, la verdad… No lo esperaba para nada, que hicieras algo así…

—¿Te ha molestado? —prosiguió algo preocupada-. Pensaba que era lo que querías…

—No, no… para nada… No me ha molestado —repliqué al instante y cogiendo su mano—, todo lo contrario… Solo es que, siempre que te he pedido que hicieras algo así por mí, siempre ha sido un poco por mi insistencia y hoy… pues como que ha salido de ti…

—Vale… bufff… me habías asustado… Por un momento pensé que te habías enfadado o algo… —dijo algo aliviada—. Ya sabes que hago estas cosas por ti, porque te gustan y, no sé, es que como estos últimos días, como te dije, me siento rara y lo he pagado contigo… pues me apetecía darte una alegría. Y aquí, lejos de donde nadie nos conoce, es más fácil… Como en el verano pasado… Pero no te creas que no me cuesta, eh… No me gusta que pueda la gente ir pensando por ahí que soy una guarra o algo así…

—Qué cosas dices, cielo… jajaja… —dije abrazándola—. Nadie va a pensar eso de ti. Y muchas gracias por hacerlo por mí. No sabes lo que me encanta verte así, libre, sin ataduras…

—¿De verdad?

—Sí, mucho e instructivo. Es como ver a esa Natalia que me dijiste que eras cuando ibas al pueblo de tu prima. Es como conocer una parte de ti que desconocía…

—Pero… yo ya no soy aquella chica, Luis —me dijo—. He cambiado, he madurado… No me apetece ya ser así… Estoy muy bien contigo…

—Y yo contigo…. Pero no sé qué tiene que ver una cosa con la otra, Natalia… —contesté—. En pareja también se pueden hacer cosas y ser un poco traviesos, ¿no crees?

—Miedo me das… —rió ella.

Unos golpes sonaron procedentes de la puerta y nos levantamos de la cama sabiendo que debían ser Marta y Álvaro. Abrimos la puerta, ya con nuestras cosas listos para irnos, y allí estaban los dos. Nos saludamos los cuatro y, tras las pertinentes presentaciones, enseguida salimos del hotel camino de aquella ruta que nos tenía que llevar a ese lago del que tanto les había escuchado comentar hacía unas horas.

Durante el camino, que transcurría por una zona boscosa bastante limpia y llevadera de hacer, Marta nos fue amenizando la ruta explicándonos las muchas veces que venían ellos por allí; que siempre que podían dejaban al niño con sus padres y se escapaban los dos para romper la rutina y reencontrarse como pareja.

A mí, conocedor de su historia por lo que me había contado Víctor, me asombraba y fascinaba a la vez, cómo compaginaban su vida familiar con el hecho de disfrutar de este estilo de vida que les gustaba. Me costaba imaginarme, en un futuro cercano, dejando a mis posibles hijos con sus abuelos para acompañar a Natalia a follar con Víctor. No sé, era algo extraño y difícil de pensar, aunque claro, nosotros aun estábamos dando los primeros pasos y ellos ya llevaban mucho camino recorrido.

Poco a poco, nos fuimos separando por parejas; Natalia caminando un poco por delante de mí, acompañada de Álvaro, y Marta y yo detrás. Natalia parecía disfrutar de la compañía de aquel hombre, viéndola como reía con sus ocurrencias y no pudiendo evitar pensar si todo aquello formaba parte de un meticuloso plan planteado por Víctor.

—No te preocupes —me dijo la parlanchina Marta, viendo cómo les miraba y el rictus preocupado de mi rostro—. Déjalos a su bola para que puedan hablar…

Ella se paró a descansar y, su marido y Natalia, al ver que no los seguíamos, se detuvieron también a ver qué pasaba.

—Vosotros seguid… No os preocupéis. Enseguida os alcanzamos… —les dijo Marta—. Luis cuidará de mí…

—Vale, cielo… Ahora nos vemos… Cuida de mi mujer, Luis. Y no te preocupes que yo me ocupo de la tuya… —dijo Álvaro.

Reemprendieron la marcha y no tardé en perderlos de vista, poniéndome bastante nervioso ante su desaparición. En ese instante, no tuve claro si me gustaba aquello que estaba sucediendo. Más bien no.

—Relájate, Luis… No va a pasar nada entre ellos dos… —dijo cogiendo mi mano—. Solo van a hablar…

—¿Hablar? —dije sin entender nada.

—Mira, cuando Víctor hace unos días no llamó y nos pidió nuestra ayuda, accedimos encantados… —Me fue contando—. Siempre es un placer poder ayudar a una pareja como vosotros a descubrir lo que quieren y en un ambiente controlado… No todo el mundo tiene esa suerte, Luis… Te lo digo por experiencia… A pesar de lo que puedas creer, a nosotros nos costó llegar a donde estamos ahora, y estuvimos a punto de romper lo nuestro más de una vez…

Me sorprendió su confesión. Lo poco que había visto de ellos, reflejaba que era una pareja bien avenida y que se querían, con muestras evidentes de cariño del uno al otro. No me los imaginaba discutiendo y a punto de romper su relación y, todo, por culpa de dejarse llevar por sus fantasías y morbos. Aunque, en cierto modo, podía entenderla. Nosotros aun no sabíamos en verdad qué carajo queríamos, y yo había temido en más de una ocasión que este camino nos condujera a la separación.

—Pero vosotros contáis con la ayuda de gente que os quiere, os puede aconsejar y se preocupa por vosotros. Como Víctor y ahora nosotros. Así que no tienes nada que temer… —siguió contándome Marta, poniéndose en pie—. Creo que ya podemos seguir…

Empezamos a caminar de nuevo y fuimos un rato en silencio, solo roto por nuestras pisadas y el sonido de los pájaros entre los árboles.

Hasta que Marta me agarró del brazo, comenzando a contarme:

—Sé que, como a mi Álvaro, te gusta ver a tu chica con otros hombres y por eso hemos pensado que sería buena idea que se quedaran solos ellos dos, que Álvaro pueda explicarle lo que pasa por su cabeza cuando hacemos estas cosas, lo que siente, el porqué lo disfruta… —dijo mientras seguíamos caminando pero a paso lento-. ¿Entiendes lo que quiero decir?

—Creo que sí… —dije asintiendo—. Pretendes que ella se ponga en mi piel, que comprenda mis sentimientos y mis deseos…

—Eso es… —asintió satisfecha—. Y se supone, o eso cree ella, que yo debo convencerte para que creas que es una buena idea el compartir a tu novia, explicarte lo excitante que es y los beneficios que eso os puede otorgar a la pareja… Aunque creo que no será necesaria esa charla, ¿no?

—Me parece que no. Pero siempre es agradable escuchar a gente con tus mismos gustos y deseos —respondí sonriendo—. Aunque no sé si lo conseguiréis con ella… Natalia es muy reacia con este tema, creo que por culpa de un ex suyo, y prefiere mantenerse al margen de estas cosas… Así ha sido hasta este momento, aunque me imagino que supongo ya lo sabrás… —dije suponiendo que Víctor le habría contado todo.

—Sí, algo me ha comentado Víctor de eso… Pero no te preocupes que, paso a paso, conseguiremos que lo vaya aceptando. Cuando quieras darte cuenta, podréis disfrutar ambos, juntos, de esta forma de vida…

—Eso espero… —dije algo intranquilo—. Aunque tengo miedo a que algo salga mal y lo nuestro se eche a perder…

—No lo creo. Os queréis, eso se ve… Y, bueno, también se escucha… jajaja… Qué menudo polvo os habéis pegado esta mañana… ¡Madre mía, qué manera de golpear la pared!… jajaja… Me habéis dado una envidia… -comentó divertida Marta y haciéndome enrojecer.

—Perdón si os hemos molestado… —me disculpé.

—No tienes nada por lo que disculparte… Si es normal… Espera tú a esta noche… jajaja… Entonces seré yo la que no te deje dormir a ti… jajaja… -contestó con la mirada brillante de excitación.

—¿Pedro? —pregunté, sabiendo que esa era una ocasión idónea para saber si ese hombre era el “famoso amigo de Víctor”.

—Sí. Aquí solemos quedar con él o con Víctor, a veces con los dos… —me respondió despejando mis dudas-. Y que dure… menudos polvos, dios mío… jajaja…

—Ya… de Víctor algo sí sé… de Pedro no puedo opinar, de momento… —dije recordando sus miradas a Natalia esa misma mañana.

—Víctor habla mucho y muy bien de tu novia. Hacía tiempo que no veía a Víctor tan ilusionado con una nueva chica…

—¿Y qué más tenéis pensado hacer, aparte de hablar con nosotros? —pregunté no sabiendo qué decir ante su afirmación sobre Víctor.

—Pues verás, habíamos pensado que, saliendo todos juntos esta noche con Pedro, podíamos montar algún tipo de numerito, donde Natalia y tú nos veáis en acción a los tres… —me explicó—. Que Natalia, después de esta charla con Álvaro, vea con sus propios ojos la práctica… besos, tocamientos… lo que surja. Lo iremos viendo sobre la marcha dependiendo de la reacción de ella… ¿Qué te parece?

—Bien, supongo… —dije no muy convencido.

No sabía si aquello iba a funcionar. Una cosa era explicarle a Natalia lo que motivaba o excitaba el verla en brazos de otros hombres y otra muy distinta llevar eso a la realidad. El hecho de que ella viera a Marta besándose o dejándose meter mano por Pedro delante de su marido, quizás podría excitarla, incluso infringirla curiosidad, pero nada tenía que ver con que ella aceptara dejarse hacer eso delante de mí.

—Confía en nosotros… —dijo Marta viendo mis dudas—. Ya verás cómo todo sale bien…

—Vale… —asentí no muy seguro—. Joder, ¿y estos dos donde se han metido?

—Puedes estar tranquilo que solo van a hablar… —volvió a intentar tranquilizarme Marta—. Si fuera con Pedro sería otra cosa… pero con mi Álvaro…

—Muy segura te veo yo a ti…

—Lo estoy, Luis —me contestó—. Conozco perfectamente a mi marido y sé que no hará nada, créeme… Él es lo que en este mundillo liberal llamamos un cornudo puro y duro… A él es lo que le gusta, verme con otros y en un juego morboso ser humillado por ello… Por eso te digo que jamás intentaría nada con tu chica…

La miré sorprendido deteniendo mi avance. ¿Eso era lo que yo quería? ¿Ver a mi chica con otros y ser humillado? No. Eso no era lo que yo quería. Para nada. Eso lo tenía clarísimo. Que me gustaba ver a mi chica con otros hombres, disfrutando de su sexualidad: definitivamente sí. Pero no que me humillaran o faltaran el respeto, ni aunque fuese en un “juego pactado”. Eso no. Y también quería participar de alguna manera, ser parte de sus encuentros y no un mero espectador. En ese momento, pensé que me había equivocado completamente al dejarme arrastrar por Víctor. Y conmigo a Natalia.

Absorto en mis pensamientos, ni me di cuenta de la cada vez mayor aproximación de Marta a mí, hasta que sentí sus labios presionando los míos, besándome. Sorprendido por su gesto, me quedé sin poder de reacción y sentí como ella intensificaba el beso a la vez que su mano se posaba sobre mi polla que, con vida propia, empezó incontrolablemente a crecer bajo su contacto.

—No… Tú no eres así… —dijo ella, separándose tras los escasos segundos que duró el beso—. En eso Víctor se ha equivocado… Tú no eres como Álvaro…

—¿Qué quieres decir? —pregunté no sabiendo de qué hablaba.

—Nada… Cosas mías… —murmuró ella queriendo cambiar de tema—. Vamos a buscarlos. No vaya a ser que ellos sí se piensen cosas que no son…

La seguí mientras mi cabeza daba vueltas a lo que acababa de ocurrir y a sus palabras. ¿Por qué me había besado y metido mano? ¿Qué había querido decir con que Víctor estaba equivocado conmigo? Joder, no entendía nada, cada vez menos. Parecía que por momentos la cosa se complicaba más y más.

A lo lejos, ya en la orilla del lago y sentados sobre una roca, divisamos a los dos, mirando hacia el horizonte y sumidos cada uno en sus propios pensamientos. Fuera lo que fuera que Álvaro pretendía decirle a Natalia, ya lo habría hecho. Ahora solo faltaba que a ella le hubieran convencido sus argumentos y aceptara incluirme en sus encuentros con Víctor o con quien fuese. La suerte estaba echada.

Mientras los observábamos, vimos a alguien en el agua nadando. Era allí donde tenía la vista clavada mi chica, en aquella figura que se aproximaba a la orilla y que pronto iba a salir a ella. Cuando lo hizo, comprendí el porqué de la atención de Natalia. Era Pedro.

Emergió del agua y caminó hasta donde estaban mi chica y Álvaro, mientras las gotas de agua caían por su piel morena, recorriendo su cuerpo atlético y musculado. Pedro tenía una figura admirable, me imaginaba que gracias al duro trabajo y a cuidarse algo.

Pero lo más llamativo no era eso, sino el ajustado bañador que lucía y que, una vez fuera del agua, marcaba un bulto bastante prominente bajo él. Empezaba a entender el motivo por el que Marta acudía encantada a esos encuentros. Y el porqué de las furtivas miradas de mi chica hacia esa parte de su anatomía. Después de su reciente experiencia con Víctor y, sabiendo que él debía haberle hablado de su amigo, ver que este también calzaba una buena herramienta seguro que le había hecho ganar puntos respecto a mi chica.

—¿Y este? —pregunté a Marta—. ¿No decía que no podía venir?

—Eso creía yo —dijo observando la escena desde la lejanía—. Habrá convencido a su hermana para que le deje escaparse un rato… Pedro, cuando se lo propone, puede llegar a ser muy convincente… Y, bueno, para que te voy a engañar, tu chica es muy guapa y seguro que se muere de ganas por tirársela… No habrá podido resistirse sin venir a verla.

Ya junto a ellos, Pedro cogió una toalla del suelo y empezó a secarse con ella, mientras conversaba como si tal cosa con Natalia y Álvaro; frotando con vigor su cuerpo para hacerlo entrar en calor, después de salir de la más que segura fría agua del lago. Pero a él no parecía afectarle, como si estuviera acostumbrado a bañarse con aquellas temperaturas. Cuando terminó de secarse, vimos cómo les decía algo que no pudimos escuchar a ellos dos y que, como respuesta a su comentario, solo vimos una sonrisa en Álvaro y un arqueamiento nervioso en los hombros de mi chica.

No íbamos a tardar en averiguar qué es lo que pretendía Pedro. Sin cortarse un pelo, se empezó a quitar el bañador mojado, quedándose completamente desnudo ante mi chica. Mientras repetía el proceso de secarse aquella zona, intentando descaradamente alargar al máximo aquel momento. No me pasó desapercibido el hecho que Natalia apenas apartaba la mirada de su polla colgante, algo morcillona ya, y que confirmaba que Pedro estaba muy bien dotado. Sin llegar a la enormidad de Víctor, pero no le iba mucho a la zaga.

—Es bonita, ¿a que sí? —dijo Marta de forma apreciativa y con un deje de deseo—. Y parece que a tu chica también le gusta lo que ve…

—Ya… —Fue lo único que atiné a responder, mientras veía como Pedro empezaba a vestirse ante la atenta mirada de Natalia—. ¿Vamos?

—Luis, espera… —me dijo Marta, cogiéndome del brazo y frenando mi avance—. Una última cosa… Esta noche, si todo va bien, si Natalia ve de buen grado todo esto… ¿qué te parece si os invitamos a nuestra habitación? Tú, yo, Pedro y Natalia… Álvaro a lo suyo. No te preocupes por él que solo mirará y ya está… ¿Qué te parece? Podrás ver por fin como se follan a tu chica y, bueno, pasar un rato conmigo…

Por primera vez desde que la había visto, la noté algo nerviosa y dubitativa, pareciéndome que aquella propuesta era espontánea y para nada planeada. ¿Tenía algo que ver con el beso de antes? La verdad es que la oferta era tentadora. Marta era una mujer espectacular y con unos pechos que poco tenían que envidiar a los de mi chica. Y la mera idea de follarme a aquella mujer casada, con un hijo y delante de su marido, le daba un plus de morbosidad tremendo. Entendía perfectamente por qué Víctor estaba enganchado a aquellas sensaciones. Era algo brutal.

Y si encima a eso le sumábamos que justo al lado iba a estar Pedro gozando del cuerpo de mi chica… bufff… no quería ni imaginármelo. Sería algo así como un intercambio de parejas, pero con Pedro en lugar de Álvaro. Un cosquilleo de excitación me recorrió el cuerpo y estuve a punto de lanzarme con todo en ese instante y aceptar su propuesta sin dudar, pero no podía hacerlo, no al menos en ese momento. Debía ir paso a paso, poco a poco, ver las reacciones de Natalia y que es lo que ella quería antes de dar un avance así. Había mucho en juego, demasiado, nada más y nada menos que nuestra continuidad como pareja.

—Mira, Marta… vamos viendo, vale… No sé lo que pensará Natalia de todo esto ni cómo le habrá sentado la charla con tu marido… Esta noche haced lo que teníais previsto y haremos según vayamos viendo, ¿vale? —le dije buscando demorar la decisión.

—Claro, claro… no puede ser de otra manera… —dijo firme—. Pero, si todo va bien y Natalia está dispuesta, ¿tú querrías pasar la noche conmigo?

Había un cierto anhelo en su voz, un deseo a que dijera que sí y, en cierto modo, me enterneció y llenó de orgullo que una mujer así se sintiera atraída hacia mí.

—Eso ni lo dudes —le dije sonriendo y guiñándole un ojo.

Ella sonrió también y me pareció que algo aliviada con mi respuesta, empezando a caminar hacia donde su marido y mi novia nos esperaban. Y Pedro claro. Cuando llegamos junto a ellos, nos sentamos cada uno con su pareja mientras disfrutábamos de aquel momento de paz y tranquilidad, rodeados de naturaleza y, aparentemente, ajenos a cualquier quebradero de cabeza.

No sé el rato que estuvimos allí sentados, hablando los cinco como si nos conociéramos de toda la vida; compartiendo anécdotas y riendo con las bromas de Álvaro y Pedro, mientras nos tomábamos unas cervezas que Pedro había traído consigo, departiendo como “viejos amigos” y haciendo que, tanto Natalia como yo, nos sintiéramos integrados y muy a gusto con su compañía. Tanto, que ya no le daba importancia a las miradas disimuladas que mi chica y Pedro se dirigían cada poco. Estaba claro que ambos se atraían, y eso era algo que podía jugar a mi favor esa noche para que todo saliera según lo planeado.

El ambiente se rompió cuando Pedro se despidió alegando que tenía que volver a hacer unas cosas y los demás, viendo la hora que era y que queríamos descansar algo antes de la salida de esa noche, decidimos regresar también de forma tranquila y relajada.

El regreso, cada uno lo hizo junto a su pareja, caminando Natalia y yo algo rezagados tras ellos, buscando así algo de intimidad para intentar saber qué pasaba por la cabeza de mi chica, que parecía algo pensativa y ausente.

—¿En qué piensas? —le dije pegándome a ella y empujándola levemente con el hombro, tratando de hacerla reír y sacarla del estado de trance en que se encontraba.

—En cosas… —dijo sonriendo levemente.

—¿En algo que te ha dicho Álvaro? ¿O en la polla de Pedro? –pregunté en tono jocoso—, miedo me da saberlo…

—Bufff… o sea que lo has visto… Calla, calla, que menudo corte… —murmuró algo sonrojada—. Y para que lo sepas, Álvaro se ha comportado como un perfecto caballero…

—Pues a mí no me ha parecido verte muy cortada mientras Pedro se secaba, que bien que mirabas fijamente… jajaja… —le contesté con sorna—. Y en cuanto a Álvaro… hasta los caballeros pierden la cabeza cuando pasan mucho rato con jóvenes virtuosas de grandes pechos y, encima, solos en medio del bosque… Tampoco le puedo culpar por fijarse en un bellezón como tú…

—Gracias por el cumplido —dijo sonriendo abiertamente—. Pero eso mismo lo podía decir de ti… Marta no está nada mal y también estabais solos y en medio de un bosque… y también tiene unos pechos generosos.

—Pues es verdad… No había caído hasta ahora… —dije dándome un golpe en la frente—. Será porque en mi cabeza solo tengo a una chica espectacular, de pelo negro y unas tetas y un culo de infarto… Pero oye, que ahora que lo dices y si no te importa, cambiamos y nos perdemos los dos un rato por ahí…

—Serás imbécil… —dijo divertida Natalia, soltándome un manotazo en mi brazo.

—Sí, sí… di lo que quieras pero, si en vez de Álvaro fuera Pedro, también pensarías lo mismo… en perderte un rato bajo el espeso follaje y…

—Qué cosas tienes —dijo, pero para nada molesta- Puede…

—¿En serio? —pregunté no dando crédito a que me hubiera dicho algo así.

—Bueno, ya te he dicho antes que es atractivo… Y si lo has visto, te habrás fijado en cómo se las gasta ahí abajo… Y es divertido, simpático… así que, ¿porque no? A nadie le amarga un dulce —volvió a repetir en un tono jovial, no supe si en broma o en serio.

—Joder, Natalia… no sé si preocuparme porque te guste Pedro o excitarme por las cosas que me dices… —le dije susurrando junto a sus oídos.

—Eso nunca, cielo… Yo solo te quiero a ti… Pero, como te digo, un dulce no amarga a nadie, ¿no? —me respondió guiñándome un ojo—. No sé si alguna vez me voy a acostumbrar a estas cosas, Luis, pero no voy a negar que me gusta provocarte así, ver cómo te encienden estas cosas…

—Yo tampoco acabo de entenderlo, pero es así… —reconocí mirándola fijamente—. ¿Y hasta donde estarías dispuesta a llegar?

—¿A qué te refieres? —me preguntó, aunque por el brillo de sus ojos ya debía intuir por donde iba yo.

—Pues está claro, ¿no? —le dije—. Estamos lejos de casa, con unos extraños que no volveremos a ver más y tenemos toda la noche por delante…

—¿Tienes algo en mente? —me preguntó de forma pícara.

—Si quieres, podrías vestirte de forma sexy esta noche… algo rompedor, que llame la atención… que yo pueda ver cómo todos te miran, te desean, que quieran ligar contigo…

—Es una idea la mar de sugerente, pero ¿no te pondrás celoso? Y, además, estarán por allí Álvaro y Pedro también… —dijo sin perder aquel ápice de voz sensual que llevaba utilizando desde que habíamos iniciado aquella conversación; en voz baja, para no ser escuchados.

—Sabes que no… ya lo has visto esta mañana… —respondí—. Álvaro está casado y parece buen tío y Pedro… pues no sé, me daría hasta morbo que intentaras algo con él… ¿Sabes que me recuerda a Víctor? Así, madurito, pero sexy y con una buena polla…

—Pues ahora que lo dices, sí… tiene un aire… ¿Y eso te pone? ¿Qué intente ligarme a un tío como Víctor? —dijo Natalia de forma sugerente.

—Un poco… Es que recuerdo cómo te miraba en la fiesta aquella del verano y… bufff… —dije buscando provocarla un poco—. Yo creo que, si no llegamos a estar Riqui y yo por allí, hubiera intentando algo contigo…

—Hala… jajaja… mira que eres bruto… —exclamó y rió divertida—. Para ti todos quieren follarme… jajaja… tirarse sobre mí en cuanto me pillen solita… jajaja…

—Es que estás muy buena, cielo… —le dije sinceramente—. Y con estos pechos… bufff…

—Hoy estás muy cumplidor, eh, amor… —dijo dándome un beso—. No te prometo nada pero déjame pensarlo, ¿vale?

—Claro —asentí al instante—. Tampoco quiero obligarte a hacer nada que no quieras, ¿eso lo tienes claro, no?

—Cristalino… —me dijo antes de darme otro beso y dejar aparcada allí la conversación.

El resto del camino lo hicimos en silencio, juntos, a mi parecer más unidos que nunca. No se había negado y, a tenor de su mirada y sus gestos de complicidad, me parecía que su respuesta estaba más cerca de ser un sí que un no. Quizás al final sí que podría dar resultado todo aquello; que la estrategia de Víctor y sus amigos diera sus frutos y mucho antes de lo que pudiera esperar.

Si Natalia al final accedía a salir esa noche en plan matador, sexy, provocando al personal con sus ropas y su figura infartante; si el plan de Marta de dejarse hacer delante de Natalia a manos de Pedro y después de la charla con Álvaro, donde le había expuesto sus pensamientos y sentimientos respecto al tema de compartir a su pareja, funcionaba, quizás esa misma noche podía ver culminada mi fantasía.

Si el hecho de imaginar a Natalia en la cama desnuda y siendo follada por Pedro, delante de mí, me ponía a mil, no menos me excitaba la idea de compartir la cama con ella, pero conmigo follándome a Marta. Fantasear con aquella bacanal de carne, donde los cuatro íbamos a dar rienda suelta a nuestros más bajos instintos, me exacerbaba.

Y eso me llevaba a otra cuestión que hasta ahora nunca me había planteado. Sabía que Natalia había llevado una juventud libertina y salvaje, que se había acostado con muchos y probado el sexo por sus tres orificios, pero, ¿había llegado a participar en algún trío? Era algo que me intrigaba y que me gustaría averiguar. ¿Quién sabe? Quizás en algo podía ser la primera vez conmigo. Quizás, si conseguía que todo saliera perfecto, podíamos follarnos entre los dos a Natalia; Pedro por su coño y yo, por fin, probando por primera vez su entrada trasera. Cuando llegué al hotel, apenas podía disimular la erección que tales pensamientos me habían provocado.

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