ALMUTAMID

Allí tumbados y a pesar de lo diferente de aquella habitación de hotel a mi dormitorio de la residencia reviví el maravilloso final de mi primer curso en la universidad con Claudia. Desnudos y abrazados con su mano acariciando mi pecho como solía me sentía en el cielo. Pero curiosamente casi no habíamos hablado desde que la recogí en la estación un par de horas antes. Fue ella la que empezó:

-Te noto cambiado.
-¿Y eso?
-Estás más fuerte.
-Pero si ni siquiera salgo a correr desde hace un mes con el esguince.

Jugando con su dedo en mi pectoral se explicó:

-Tienes más desarrollados los pectorales y los brazos. Y el abdomen más ancho pero sin barriguita, jajaja.
-¿Y ésta también está más fuerte?- le pregunté agarrándome la churra.
-Jajaja. Ésa ya estaba fuerte de antes…
-Bueno, como no puedo salir a correr me he machacado haciendo flexiones, abdominales y tal para mantener la forma. Aunque tú estás cambiada también. Te nota más delgada, con las costillas más marcadas. ¿Estás comiendo bien?
-Luis lo he pasado mal en mi piso, ya lo sabes.

La apreté más fuerte en mi pecho mientras miré a la ventana donde el sol del mediodía empezaba a colarse en la habitación.

-Bueno, ya ha pasado.
-Luis, tengo que contarte algo.

Su tono denotaba gravedad y empecé a temerme que sería algo que no me iba a gustar.

-Ha ocurrido algo justo antes de venirme.
-¿Gianni?- pregunté.
-No, no. No ha pasado nada con ese idiota.

Me tranquilicé por un momento. Debió notar como mi respiración y el latido de mi corazón se serenaban.

-¿Entonces?
-Ha ocurrido algo con otro chico…-explicó con la voz entrecortada.
-Algo, pero ¿qué algo?- pregunté notando como mi pulso se aceleraba de nuevo.
-Me enrollé con un tío en la fiesta de Navidad de la facultad…
-¿Lo conocías?- pregunté reprimiendo el sentimiento tan terrible que esa confesión me estaba provocando.

Ya sé lo que estaréis pensando. Que soy un cabrón. Que yo le tengo puestos unos cuernos de tamaño descomunal y no tengo derecho a molestarme siquiera. Pero ¿alguien ha dicho que las cuestiones de amor sean racionales y justas? Las personas a través de la educación aprendemos a controlar nuestros impulsos pero no dejan de estar ahí.

Tras un silencio incómodo pregunté:

-¿Qué pasó?
-No fue premeditado, ni me gustaba ese chico ni nada. No sé cómo pasó en realidad. Pero pasó.
-Dime…
-Allí el último día de clases es costumbre ir por las clases sacando a la gente y los estudiantes se van reuniendo por los pasillos con un licor típico de allí. Ponen música y la gente la verdad que descontrola bastante. Yo, con todo el estrés del cambio de piso, el viaje y tal pues me animé con otros compañeros y estuvimos bebiendo bastante y haciendo el tonto en las aulas de la facultad hasta que anocheció en que ya nos echaban de allí…

Yo escuchaba en silencio abrazándola por la espalda mientras ella seguía echada en mi pecho acariciándolo.

-…y un compañero y yo nos metimos en unos baños que hay en el campus. Y al salir pues sin esperármelo empezó a besarme. Quise rechazarlo pero no sé como lo hizo pero para cuando quise darme cuenta me había metido la mano en la braga y no podía resistirme. Perdí la noción del tiempo y me corrí en su mano mientras me besaba.

Muy serio le pregunte:

-¿Te lo follaste?
-No, Luis…
-Pues si es sólo eso.-le quité importancia.
-No fue sólo eso.- continuó mi chica- Me sentí tan cortada que no sabía que hacer después, pues creo que hasta el chico se sorprendió de como me había corrido. Pero él insistió entonces besándome y noté su polla durísima y me sentí mal si no hacía algo. Estaba bastante mareada por el licor ese, Luis.

Yo escuchaba en silencio así que Claudia continuó:

-Se la empecé a sobar pero el chico se la sacó del pantalón y se la meneé mientras él me sobaba el culo. Y, todo fue muy confuso, porque de verdad que fue casi sin voluntad. El chico me empujó el hombro hacia abajo para que me agachara y yo pues…
-Se la chupaste.
Entre sollozos Claudia asintió. Yo tenía sentimientos encontrados pues no oculto que a mi cabreo, dolor, celos….llamadlo como queráis se le unió mi culpa. Pues era consciente de que estando tan afligida por su infidelidad le haría aun más daño saber que prácticamente mantenía otra relación con Nieves y algún otro desliz. Ella demostraba sentirse más culpable que yo y explicó:

-Pero no me lo echó en la boca, Luis. Eso no. Me avisó.

Yo la apreté fuerte contra mi cuerpo pero no encontraba las palabras que quería decir. Buscaba la manera de hacerle saber que me disgustaba aunque la perdonaba sin que sonara así. Evidentemente yo no tenía derecho a exigirle cuentas, pero me dolía saber que su boca había sido besada por otros labios y que yo besaba la boca que unos días antes se había comido otra polla. Insisto. Sé que estaréis pensando, pero es muy difícil controlar ese tipo de sentimientos. Suena a machista, posesivo, anticuado, pero no hablamos de una conveniencia social, hablamos de sentimientos, y eso es lo que yo sentía en ese momento. Al final lo único que conseguí fue un silencio incómodo solo roto por sus sollozos.

-No ha significado nada, Luis. Ese chico no me gusta. Apenas le conozco y sólo pensaba en venir contigo. Pero la cagué y me merezco que hagas lo que quieras.
-No voy a hacer nada, Claudia. Si no ha significado nada no tendrías ni que habérmelo contado. Sería más feliz en la ignorancia. No voy a dejar de quererte…

Antes de terminar la frase mi novia había hundido su cara en mi pecho llenándolo de lágrimas conmoviéndome de tal forma que tiré de ella hacia arriba para poder abrazarla cara a cara y besarla.

La reconciliación, si es que hubo pelea, se saldó a la manera tradicional. O sea, con un polvo en la postura del misionero con mucho beso y abrazo y los golpes de cadera suficientes para que Claudia tuviera un orgasmo suave, aunque yo casi me despisto y me corro dentro sacándola con el tiempo justo para pringarle la barriga a mi chica para su regocijo por los abrazos que cayeron después.

La ducha posterior, individual aunque observada, pues mientras ella se duchaba para limpiarse mi semen yo la admiraba, y ella se sentó en el wc mientras yo me refrescaba, nos sirvió para darnos cuenta de que se nos hacía bastante tarde para comer. Nos vestimos y bajamos a los restaurantes cercanos al hotel donde conseguimos sentarnos en una terraza al sol disfrutando del mediodía tibio de un día soleado de invierno.

Durante la conversación hablamos de cuestiones variadas sin que ninguno de los dos sacara el tema de marras. Y admito que estábamos tan a gusto que se nos fue el sol y nos dio frío y como no podíamos ir a pasear y ya llevábamos dos polvos pues nos metimos en una cafetería cercana a tomarnos un café y planear la tarde. Yo podía andar pero no pasear así que se nos ocurrió que yo subiría a la habitación mientras Claudia buscaría comida y bebida preparadas para subirla a la habitación y ponernos una película en el televisor para verlas juntos tumbaditos en la cama.

Así hicimos. Yo me adelanté con mi muleta pues estaba a escasos 300metros del hotel y ella se fue a buscar un supermercado que había más abajo. Subí al dormitorio, puse la calefacción a tope de nuevo y me desnudé. Pensé dejarme los calzoncillos puestos pero como quería tenerla a ella totalmente desnuda opté por dejar la churra al aire provocadora. Al poco llamaron a la puerta y fui a abrir diciendo: “Qué pronto llegas princesa…”, pero me encontré con una señora extranjera de unos 70 años que me observó de arriba abajo disculpándose por el error mientras yo me escondía tras la puerta.

15 minutos más tarde llamaron a la puerta de nuevo y abrí con más precaución, pero esta vez ya era mi novia que se sonrió al verme desnudo. Guardó una botella de vino blanco en la neverita de la habitación y sacó batería de picoteo variado y un par de sándwiches. Como aun era temprano mientras yo buscaba una película ella se desnudo totalmente para mi regocijo. Pese a estar más delgada mantenía esa figura que me había enloquecido desde el principio y sus pechitos pequeños cónicos con grandes pezones que invitaban siempre a ser chupados.

Nos tumbamos en la cama uno al lado del otro con las almohadas apoyadas en el cabecero para estar apoyados en ellas y empezamos a picar mientras veíamos la película. De vez en cuando se escapaba una caricia a un muslo o a alguna barriga. La película se acabó y Claudia bajó de la cama para abrir la nevera y coger la botella de vino. La abrió con un sacacorchos que había en la habitación y sirvió dos vasos trayéndome uno a la cama. Brindamos y nos besamos.

-¿Te apetece comer?- me preguntó.
-Venga, vamos a disfrutar de esa cena suculenta.
-Yo me comía otra cosa antes…-dije mirándola con picardía.
-Cada cosa a su tiempo, jajaja.

Claudia sacó los sándwiches y nos los comimos charlando sentados en la cama. Estábamos con las piernas recogidas y abiertas de modo que nuestros sexos quedaban expuestos. En mi caso era algo evidente y difícil de ocultar, pero mi chica tenía su raja semiabierta frente a mí y yo no me cortaba mirándola de vez en cuando. Entre los sándwiches y la charla nos habíamos bebido casi la botella de vino.

Cuando me terminé el último sándwich me retiré para apoyar la espalda en el cabecero y poder estirar la pierna. Tanto tiempo en la postura anterior y sin férula me había hecho sentir una punzada leve de dolor y preferí no abusar de la postura. Claudia se quedó donde estaba para terminar su sándwich. Cuando acabó se retiró un momento al baño. Pensé que estaba orinando, pero en realidad se había ido a lavarse los dientes para quitarse los restillos del bocadillo. Cuando regresó cogió de nuevo su copa y se sentó a mi lado y con una sonrisita picarona apoyó la mano en mi muslo muy cerca de mi polla y dijo:

-Y ahora el postre…

Empezó a besarme y mi polla reaccionó de inmediato. Mi chica me sonrió al verla, dio un sorbo de vino y empezó a comerme el cuello mientras yo agarraba su culo. Otro sorbo y se lanzó a por mi polla. Tuve un flash, ¡era el mismo gesto que había hecho Nieves!. No, no. Era Claudia. Dos chupadas, y sorbo de vino con sonrisa pícara. ¡Sí! Era el mismo gesto. Le quité el vaso de vino y lo apoyé en la mesilla de noche. Ella lo debió interpretar como una invitación a chupármela más cómoda y sin cambiar la sonrisa se echó en la cama colocándose entere mis piernas y empezó a jugar con su lengua fría por el vino en mi glande. Me relajé de nuevo para disfrutar de la mamada. Pero cuando empezó a tragar polla de nuevo me vinieron las comparaciones. Ni la torpeza inocente de Blanca, ni la habilidad feladora de Nieves. Joder, Nieves me la comía mejor que mi novia cuando yo tenía la sensación de que nadie lo hacía mejor que Claudia. Ella se esmeraba en chupar, tragar y darme placer, pero en mi mente una y otra vez aparecía, no la imagen, pues estaba bajo las sábanas, sino el recuerdo de la última mamada que me había hecho Nieves en su cama y como en menos de diez minutos me había exprimido los huevos. Mierda, por culpa de ese recuerdo no estaba disfrutando del momento.

Quise parar a Claudia para sacarme de la cabeza esos pensamientos pero ella se obcecó:

-Quiero mi postre…

Otro pensamiento me asaltó. Y por mi mente pasaron palabras terribles: “Claro te gusta tanto mamarla que no pudiste contenerte con el italiano…”. Afortunadamente no salieron de mi boca. Enrabietado por los dos pensamientos hice que Claudia se girase y yo quedara arriba. Le ofrecí mi polla poniendo mis piernas a los lados de sus brazos y cuando la recibió con lametazos e intentando chuparla levantando la cabeza me eché hacia adelante y empecé a follarle la boca.

La obligaba a tragar cuanto podía para sacarla y volver a hundirla en su boca. Ella se tocaba el coño con la mano disfrutando de mi follada de boca pero a mí me llenaba más de rabia. Y más cuando yo tardaba en correrme y su masturbación casi la había llevado a su éxtasis. Por fin sentí que me venía y me vacié en la garganta de Claudia entre gritos mientras ella se corría con mi polla en la boca y su mano en su raja. Tenía las mismas sensaciones que cuando le había roto el culo en verano en su ciudad al contarme que se iba a Italia.

La confusión que experimenté cuando vi a Claudia hacer el mismo gesto de beber vino antes de chupármela y la rabia que lancé al imaginarla comiéndosela a otro tío se tornaron en remordimiento cuando mi chica, que ajena a mi pensamiento, se quedó dormida abrazada a mí tras un largo e intenso orgasmo de los suyos tras masturbarse mientras yo le follaba la boca.

No podía ser que Claudia me temiera por un desliz mostrando a la vez una sinceridad elogiable y un deseo de no ocultarme nada mientras que yo la engañaba regularmente manteniendo prácticamente otra relación con Nieves y jugando con fuego con Blanca hasta que me quemé casi follándomela en el baño del pub. Verla tan compungida y temerosa a la vez que tan feliz de estar conmigo una vez que pude pensar me estaba partiendo el alma. Ella no se lo merecía y yo no la merecía a ella.

Ella dormía plácidamente a mi lado feliz por mi resolución de no enfadarme por su desliz mientras que a mí el remordimiento no me dejaba pegar ojo. Yo podía ser muy egoísta, incluso malo. Pero con ella no. Ella era lo mejor que me había pasado en la vida y yo se lo pagaba siendo injusto con ella.

Tras horas intentando dormir aproveché que Claudia se había girado al lado contrario de la cama para levantarme. Meé en el baño, pero en vez de regresar a la cama me fui al ventanal a observar la calle solitaria en la madrugada donde sólo algún coche aislado pasaba de vez en cuando a aquellas horas. El día soleado había dado paso a una noche encapotada con una llovizna ligera típica del invierno. Pero ¿qué hacer?

Contarle todo, especialmente lo de Nieves, que me la había follado en la discoteca la semana después de saber que Claudia se iba la machacaría. Y saber que era mi follamiga habitual. Mi infidelidad con Nieves era más grave aún porque no había sido con el cuerpo, como ella, que se había dejado llevar por la borrachera y la fiesta. No, yo la había engañado con el alma planteándome con Nieves una relación. Lo de Blanca era anecdótico en comparación con Nieves.

Las gotitas en el cristal resbalaban a la vez que mi decisión tomaba forma. Claudia no se lo merecía, pero había que buscar la solución menos dañina para ella. ¿Cómo podía haber sido tan idiota? Teniendo a la mujer perfecta me había dejado llevar por mi capacidad para atraer a otras chicas. Había echado por tierra mi sueño por no ser capaz de controlar mi ego y lo iba a pagar Claudia.

Sin darme cuenta mi chica se había levantado de la cama y se había acercado a mí por detrás abrazándose a mi espalda:

-¿Qué haces aquí levantado? ¿Por qué no te vienes a la cama?

Suspiré y dije muy serio:

-Claudia, te quiero mucho. Muchísimo. Más que a nadie. Pero tenemos que hablar…

Mi novia aferrándose más fuerte a mi cuerpo respondió:

-Es por lo mío…¿verdad? Por haberte engañado.
-No. No me has engañado.-dije con voz sombría.- Pero me ha dolido. Y ese es el problema. Si no me lo hubieses contado habría estado mal por no ser sincera, pero al habérmelo contado también ha estado mal. Joder, que no quiero que nos hagamos daño.

Claudia se separó de mí y me cogió la cara para que la mirara. Descubrió que estaba aguantando por no llorar pero finalmente se me escapó una lágrima.

-Luis, ¿me estás dejando?
-No puedo dejarte.-respondí abrazándola de nuevo esta vez de frente para que no viera que realmente estaba llorando.- Pero no quiero saber que me has engañado y no quiero contarte que yo lo he hecho. Lo mejor es que nos planteemos un paréntesis y cuando vuelvas si no ha cambiado nada y nos queremos igual, y no ha aparecido nadie que me saque de tu corazón, lo intentemos de nuevo. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida y quiero que me sigas pasando, pero no quiero que nos hagamos daño. Y así nos lo vamos a hacer…

Claudia se quedó pensativa, en silencio pero sin soltarse de mí. Supuse que de mis palabras había interpretado que yo también había tenido algo. Pero lo que ocurrió después me dejó perplejo pero aumentó mi admiración por ella, pues me dijo:

-Luis, no llores. Desde que empecé contigo sabía que eras blando. En todos los sentidos. Desde que me fui a Bolonia sabía que esto terminaría pasando. Y llevo preparada para ello desde que supe que me iba, por eso dudé y si no hubiese sido porque al final decidiste apoyarme no me habría ido. En la residencia te trataba como a un hermano pequeño cada vez que metías la pata pero en vez de quitarme las ganas de estar contigo, me entraban más y más. Eres más noble de lo que te piensas pero eres un blando y hasta que no aprendas a controlar tus impulsos y dejarte arrastrar no vas madurar. Y aun así te quiero. Mucho. Quiero estar a tu lado.

Mientras me decía estas palabras Claudia había separado su cara de mi hombro y desabrazándose de mí había recogido mis lágrimas con su mano. Me había llevado ala cama y ayudado a tumbarme para a diferencia de como solíamos hacer apoyar mi cabeza sobre su pecho y acariciarme mientras me hablaba con ternura casi maternal.

-Por eso, Luis- continuó ya en la cama- yo sabía que esto iba a pasar. Las lágrimas que tú has dejado escapar ya las eché yo en verano comiéndome la cabeza ante la disyuntiva que se me planteaba, por eso ahora me toca ser más fuerte que tú. Como siempre. Yo sé que cuando yo vuelva te seguiré queriendo pero no sé si tú lo harás…

Fui a hablar y me detuvo con su mano en mi boca.

-…déjame terminar. Como yo contaba con esto no he dejado de esperarte. Pero sé que tú no lo harás. Por eso ya lloré en verano todo. Ya pasé tu duelo Luis. Me has regalado tus mensajes y videollamadas todo este tiempo, una visita sorpresa que sé que no salió muy bien. Perdóname. Y estos dos días que vamos a pasar juntos. No quiero saber más. Ya te lo dije antes de irme…

Por fin le flaqueó la voz a mi chica. Su entereza no podía ser normal. Ni tanta frialdad. Levanté la cabeza y la besé. Se aferró a mi cuello. Ahora ya lloraba.

-Te quiero, Claudia, te quiero mucho…
-Lo sé, imbécil…lo sé.
-Te esperaré…
-No prometas, Luis, lo que sabes que no vas a cumplir…-dijo buscando mi boca para volverme a besar.

Sin más palabras estuvimos besándonos y abrazándonos mientras amanecía y terminamos haciendo el amor muy despacito, pero muy sentido. ¿De verdad se había acabado todo con Claudia?

Un comentario sobre “La residencia (88)

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