MOISÉS ESTÉVEZ

Rachel no esperaba aquello. La proposición de Eric la cogió algo
desprevenida. Era cierto que después de recibir la fatídica noticia sobre las
intenciones de su marido y el tener que empezar desde cero en su vida, con lo
que suponía tanto lo uno como lo otro, su compañía le estaba facilitando
enormemente esta transición temporal.
En su interior no tenía que rebuscar demasiado para reconocer que
poco a poco aquella relación traspasaba los límites de una simple amistad, y
que sus sentimientos estaban a flor de piel. Todo ello, claro está, no quitaba
que se hallara reticente, que albergara temores, miedo a que por cualquier
motivo una situación así no saliera bien, por otro lado, algo lógico también en
condiciones normales, pensaba.
No se precipitó, y antes de darle una respuesta, le rogó que le diera algo
de tiempo. Le dijo que estaba encantada con su propuesta de futuro para
ambos, pero también sorprendida, y que tenía que hacerse algunas preguntas.
También le dijo que la decisión que tomara sería de todo menos acelerada y
considerando todas las posibles variables y sus consecuencias, de tal forma
que lo que tuviera que ser construido entre los dos, se hiciera sobre unos
sólidos cimientos, y sobre todo, teniendo en cuenta los sentimientos de él,
aunque tenía claro que fuera como fuese, nada ni nadie le ofrecería la
seguridad que buscaba…

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