MOISÉS ESTÉVEZ

En lo concerniente a las entrevistas de trabajo, se le había quedado un
buen sabor de boca. Tenía esperanzas de que en poco tiempo estaría
trabajando. Necesitaba el empleo, no ya tanto por el dinero, que también, sino
por el hecho de mantener la mente ocupada en algo diferente, en una tarea a
la que no estaría acostumbrado, ya que nunca había tenido un trabajo al uso,
lo que por otro lado le parecía un reto importante.
Ya en el apartamento, mientras seguía dándole vueltas a las
conversaciones que tuvo con los respectivos responsables de las empresas
que visitó, y conjeturando sobre los posibles derroteros, se acordó del maldito
sobre. Lo extrajo del porta documentos, pero antes de abrirlo y comenzar a
leerlo, se sirvió una copa.

  • ‘Estimado amigo. Imagino que ya sabe quién soy, o al menos, se hace
    una idea. Antes que nada, quisiera disculparme por mi primer intento a la hora
    de contactar con usted, creo que no fue de su agrado, y lo siento, mas no era
    mi intención causarle ninguna molestia.
    Usted, mejor que nadie entenderá la discreción de mis pasos, aún así le
    doy mi palabra que de aquí en adelante prescindiré de intermediarios.
    Me comentaron que se había retirado, lo que entiendo y respeto, pero
    me gustaría que hiciera una excepción conmigo y llevara a cabo un último
    trabajo. Sé que es reticente, pero al menos estudie el caso y mi oferta cuando
    llegue el momento, se lo ruego. Estaremos en contacto.
    Sin más, reciba un cordial saludo’ –

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