ANDER MAIS

Capítulo 18

El hotel rural

Al día siguiente, Natalia tuvo que despertarme porque me había quedado dormido. Demasiados quebraderos de cabeza y pocas horas de sueño. Mientras mi chica se duchaba, yo recogí un poco la habitación y preparé los desayunos para ir ganando tiempo. Después fue mi turno de meterme en la ducha mientras sentía trastear por la habitación a Natalia que, aunque había hecho la maleta la noche anterior, siempre añadía algo de última hora por si acaso.

Mientras me secaba, contemplé como Natalia se vestía. Unos vaqueros ajustados, una blusa que, sin ser muy escotada, abultaba sus pechos de una forma increíble y una cazadora corta vaquera sin abrochar. No era un modelito provocador ni enseñaba demasiado, pero le quedaba espectacular.

Cargamos las maletas en el coche y salimos en dirección al hotel rural. Yo conducía y Natalia me guiaba con el navegador del móvil ya que ninguno de los dos teníamos ni pajolera idea de por dónde quedaba aquel sitio. El viaje iba a ser de unas tres horas, más o menos, que a mí se me hicieron eternas entre el cansancio acumulado y los nervios por llegar.

Cuando por fin estábamos frente al hotel, sentados aun dentro del coche, nos quedamos unos instantes los dos en silencio observando el lugar. Por fuera parecía acogedor. Estaba situado en una zona tranquila y algo apartada de la localidad más cercana, que quedaba a varios kilómetros. Rodeado de naturaleza, el hotel estaba ubicado en una finca con árboles y jardines cuidados, que invitaba a pasear por ellos y desconectar del ruidoso mundo urbano del que veníamos.

Miré a Natalia, que parecía nerviosa, y posé mi mano en su muslo. Ella sonrió aunque sin borrar aquel rictus de nerviosismo que tenía dibujado en su rostro. Supuse que, sin saberlo, ambos compartíamos los mismos miedos e inseguridades, pero esperaba que, después de esos días, las cosas quedaran claras entre nosotros y volver a casa con una nueva relación redefinida. O eso deseaba. La alternativa no quería ni pensarla.

Entramos en la recepción donde fuimos recibidos por una chica muy simpática que enseguida se puso a comprobar nuestra reserva y a pedir nuestros datos. Mientras lo hacía, me fijé en una pareja que acababa de entrar por la puerta del hotel. El hombre, de complexión normal y pelo oscuro, debía tener unos 35 años o así. La mujer, algo bajita pero de curvas contundentes, pelo rubio teñido y ojos verdosos, aparentaba unos pocos menos, 30 o poco más.

En cuanto los vi, supuse que serían ellos: la pareja de la que me había hablado Víctor. Y es que, a tenor de lo poco que conocía a Víctor, ya tenía meridianamente claro que él prefería las chicas con pechos grandes, y estaba claro que aquella mujer cumplía sobradamente los requisitos para que Víctor se hubiera fijado en ella. Y ellos supongo que debieron reconocernos a nosotros porque, al menos ella, me sonrió de forma franca devolviéndole yo la sonrisa. Me tranquilizó ver que, a primera vista, parecían buena gente y eso alivió un poco mis miedos.

No me pasó lo mismo con otra persona que pululaba por allí; un hombre que llevaba ropa de trabajo y parecía estar esperando a que la recepcionista quedara libre para hablar con ella. Sus ojos no hacían más que saltar del cuerpo de Natalia al de la mujer que acababa de entrar por la puerta; sin cortarse un pelo, de forma algo descarada, centrándose especialmente en los pechos de ambas, la parte más llamativa de las dos mujeres.

Ver cómo miraba a mi chica, me hizo sentir incómodo aunque también algo excitado. Natalia, hablando con la recepcionista sobre rutas rurales, era ajena a las miradas de aquel hombre; que incluso llegó a moverse un par de pasos a su izquierda para tener una mejor visión del escote de mi chica, acrecentando mi malestar y nerviosismo por el descaro con que actuaba.

—Pedro… ¿has terminado con lo que estabas haciendo en el jardín? —le preguntó la recepcionista al hombre, dándose cuenta de su presencia y de cómo miraba a Natalia.

—No, Laura… solo venía a buscar una herramienta y a comentarte algo, pero ya veo que estas ocupada… Luego vuelvo… —dijo excusándose—. ¡Buenos días a todos! –Se despidió de todos los allí presentes.

—Me llevo estos folletos entonces… —comentó Natalia dando por finalizada su conversación con Laura.

—De acuerdo. Y recuerda, si tienes cualquier duda puedes preguntarme lo que sea… Tanto a mí como a Pedro que es el que acaba de irse…

—Ok —dijo Natalia cogiendo la llave, llegando a mí y marchando ambos hasta la que sería nuestra habitación. No me pasó desapercibida la fugaz mirada que mi chica dirigió a la pareja, supongo que también preguntándose si ellos serían sobre los que Víctor le había hablado.

Subimos a la habitación y nos dispusimos a relajarnos un poco antes de cambiarnos y salir a dar un paseo por la zona. Hacía un día magnífico para ello. Abrimos la ventana, que daba a un pequeño balcón con barandilla, desde el cual se podía disfrutar de una bella panorámica. Abajo, trabajando en el jardín, vimos a Pedro, el hombre que había estado mirando a Natalia de forma nada sutil.

—Mira, ahí está el tío de antes… —murmuré abrazando por detrás a Natalia y acariciando sus pechos por encima de su blusa.

—Quita… —dijo ella apartando mis manos—. No ves que está el salido ese ahí…

—Pensaba que no te habías dado cuenta —le dije—. Anda que se ha cortado en mirarte las tetas y el culo…

—Claro que me he dado cuenta… —reconoció mirándolo desde arriba—. Por eso le ha llamado la atención la chica de recepción… Hasta ella lo ha notado…

—Pues anda que has hecho algo para evitarlo… —contesté yo—. Qué pasa, ¿es que te gustaba que te mirara así?

—No es que me gustara o no, pero he recordado que estas cosas te ponen a ti… —dijo buscando mi mirada—. Además, la semana que viene empiezo a trabajar en el bar así que mejor me voy acostumbrando a miradas de este tipo, ¿no crees?

—Tienes razón… —asentí buscando sus labios—. Aunque hay que reconocer que el tío no está nada mal… ¿no?

—A ver si al final al que le va a gustar es a ti… jajaja… —rió divertida—. pero tienes razón, es atractivo…

—Ah… o sea que ahora es atractivo… —dije haciéndome el ofendido—. Pero eso no quita que siga siendo un salido… ¿no?

—Sí, pero un salido atractivo e inofensivo… —contraatacó ella.

—Así que también inofensivo…

—Sí, uno con el que poder jugar como a ti te gusta… —comentó de forma pícara, mirándome de forma provocativa y cogiéndome completamente por sorpresa—. ¿Quieres que lo haga? ¿Quieres que lo provoque un poco para ti?

No supe qué responder ante su propuesta que me había cogido totalmente de imprevisto. Natalia, viendo que no respondía, me llevó dentro de la habitación, donde vi cómo se quitaba la blusa, quedándose solamente con el sujetador. De la ropa que acabábamos de guardar en el armario, cogió un top ajustado y se lo puso, marcando unas tetas demenciales.

—¿Qué te parece? —dijo sacudiendo sus pechos con sus manos—. ¿Crees que le gustará lo que va a ver o no?

—Joder, Natalia… —respondí excitado ante la actitud desinhibida que estaba mostrando—. Miedo me da preguntar qué piensas hacer…

—Nada, solo hablar… —dijo divertida—. Tú escóndete y mira, como el día del repartidor…

Natalia salió de nuevo al balcón y se recostó contra la barandilla, haciendo que sus pechos quedaran apoyados contra ella, aumentando así el ya de por sí provocativo escote. Yo, escondido tras la cortina, no perdía detalle del brutal escote que lucía mi chica y esperaba con nerviosismo el careto que se le iba a quedar a Pedro cuando viera a mi chica así.

—Pedro, ¿no? —dijo Natalia llamando la atención del hombre, que enseguida se dio la vuelta y dejó lo que estaba haciendo—. Nos hemos visto antes en recepción…

—Ajá… —afirmó Pedro mientras, asombrado, contemplaba la panorámica que le ofrecía mi chica —. ¿Necesitas algo?

—Bueno, me gustaría preguntarte por algunas de las rutas de senderismo que hay por aquí… —dijo Natalia inclinándose algo más y acentuando su escote, casi al máximo, que devoró al instante Pedro— . Laura me ha dado unos folletos pero me ha dicho que si tenía alguna duda podía preguntarte a ti también…

—Claro… Laura, la dueña, es mi hermana —dijo él sonriendo abiertamente y costándole apartar su mirada de los pechos de mi chica—. ¿Y qué quieres saber?

—Pues verás… es que mi chico ahora está duchándose, pero luego teníamos intención de salir y dar un largo paseo… —comentaba Natalia tratando de alargar la conversación al máximo—, pero tampoco queremos algo que sea muy duro… ya sabes… somos de ciudad… jajaja…

—Vale, vale…jajaja… entiendo lo que quieres decir… —dijo él riendo y aprovechando para sacarse la camiseta que llevaba, limpiándose el sudor con ella y dejando al descubierto un torso fibroso y musculado—. Algo con buenas vistas, que te haga sudar un poco pero te permita disfrutar a la vez…

—Veo que lo has pillado… jajaja… —rió complacida Natalia que, al hacerlo, agitó sus pechos de forma llamativa, pareciendo que de un momento a otro se le iban a salir de la camiseta. Me pareció distinguir como uno de sus pezones ya casi asomaba.

Yo no quería perderme detalle de lo que estaba ocurriendo, excitado, empalmado, pero también extrañado por la actitud tan lanzada de Natalia. ¿Aquello también era para complacerme o lo hacía como parte de lo que le había pedido Víctor para convencerme? No tenía ni idea pero, si era así, lo estaba consiguiendo. No recordaba haber visto así a Natalia; con ese desparpajo, con esa soltura, dejándose querer por aquel hombre que, por cómo se estaba comportando y hablando, de inofensivo parecía tener más bien poco.

—Bueno, hay una ruta que sale de aquí cerca que cumple tus requisitos… —dijo mirándola fijamente—, acaba cerca de un pequeño lago donde suele ir la gente a bañarse en verano… Seguro que te gustará… Aunque es una lástima que no haga tiempo para ello todavía… sino, podías llevarte el bañador y aprovechar para darte un chapuzón antes de volver…

—Pues suena muy, muy bien… —le comentó de forma sensual.

—Lo es… —Pedro sonrío aún más, viendo que Natalia parecía seguirle el rollo—. En verano por las noches, la gente joven se acerca por allí y se montan unas buenas… Ya sabes, alcohol, risas, buen ambiente…

—Lástima que hayamos venido en esta época, ¿no? —dijo Natalia haciendo un mohín—. Quizás deberíamos volver más adelante…

—Pues estaría bien… Aunque ya te aviso que entonces no te hará falta el bañador… —prosiguió él, cada vez sonriendo más pícaramente—. Por las noches la gente suele bañarse desnuda… Pero eso ya… si te atreves, claro…

—¿Acaso lo dudas? —Fue la respuesta de Natalia.

—No lo sé… Acabo de conocerte… Aunque no voy a negar que verlo me resulta tentador…

—Jajaja… Anda que no tienes morro tú… —dijo divertida—. Anda, dime por donde está esa ruta, para ir luego mi chico y yo…

—Es una lástima que no pueda haceros de guía, aunque… —comentó él quedándose callado momentáneamente…—, se me acaba de ocurrir que sé quién puede hacerlo… ¡¡MARTAAA!!

Su grito nos cogió por sorpresa tanto a Natalia como a mí, que no entendíamos nada ni sabíamos quién era la tal Marta. Pero no íbamos a tardar en averiguarlo. Del balcón que había al lado del nuestro, apareció la mujer que había visto en recepción.

—Dime Pedro —dijo ella mirando hacia el hombre y luego hacia mi chica—. Hola…

—Hola —respondió Natalia algo descolocada, y girándose rápido para recolocarse bien su escote. En ese momento, como me suponía, pude descubrir que ya casi asomaban sus pezones fuera del sostén.

—Quería pedirte un favor, Marta… —dijo Pedro—. Esta chica, Natalia, quiere hacer la ruta del lago y como tengo trabajo no puedo hacer de guía…

—Y quieres que lo haga yo, ¿no? —acabó la frase Marta—. ¿Por qué no?. Será un placer acompañaros si no os importa la compañía… —dijo ahora dirigiéndose a mi chica.

—Eh… vale… —respondió Natalia dubitativa, que para nada debía esperarse aquello y no sabía qué contestar.

—Pues entonces, quedamos para después de comer, si os parece bien… —sugirió Marta—. Hay un par de horas de camino y es una ruta sencilla pero preciosa… Ya verás cómo os va a encantar… ¿Es tu chico ese con el que has venido? Mi marido, por cierto, se llama Álvaro…

—Sí, es mi chico… Se llama Luis… —dijo Natalia algo cortada ante la efusividad de Marta.

—Parece un buen chico… Está bien eso de hacer una escapadita romántica de vez en cuando… jajaja… No hay nada mejor para romper la rutina… —siguió hablando Marta—. Por cierto, Pedro, ¿esta noche vas a bajar al pueblo?

Con toda esta conversación, ambos habíamos dejado de prestar atención a Pedro que, ahora con un cigarro en la mano, seguía pendiente del pecho de mi chica.

—Claro. ¿Quieres que os baje? —preguntó él.

—Si me haces el favor… —dijo Marta haciendo un puchero—. Es que por aquí no hay demasiada diversión por las noches… Al menos en esta época del año…

—Sí, eso mismo le estaba explicando a ella —intervino Pedro que volvió a mirar a Natalia—, que en verano subimos al lago y nos bañamos como dios nos trajo al mundo…

—Calla, calla… —rió divertida Marta—. ¡Qué bien que nos lo pasamos!… jajaja… Tenéis que venir alguna vez… Menudas unas se montan allí… bufff…

Detrás de la cortina, escuchando sus palabras y recordando su cuerpo, no pude dejar volar la imaginación y visualizar su cuerpo desnudo saliendo del agua, viendo como las gotas de agua resbalaban por aquellas tetas grandes que poseía, para ir a la orilla donde, a tenor de sus insinuaciones, parecía que tenía lugar algo parecido a una orgía. ¡Joder! Si conseguía que Natalia aceptara nuestro nuevo estilo de vida, teníamos que volver sí o sí.

Y si yo estaba inquieto con todas aquellas insinuaciones, Natalia debía estar igual o peor que yo, ya que notaba como se removía inquieta y podía apreciar como sus pezones ahora se marcaban claramente a través de la camiseta.

—Oye —dijo Marta a Natalia—, ¿por qué no os venís vosotros también? Aquí por las noches hay poco que hacer y en el pueblo hay una discoteca donde poder bailar y pasar un buen rato… Si nos lleva Pedro, nos evitamos el tener que coger el coche, y podremos disfrutar como dios manda de una buena noche de fiesta… ¿Qué dices?

—Pues suena bien… —dijo, ahí sí, más animada Natalia—. Pero mejor lo hablo antes con Luis, a ver qué le parece. Pero en principio supongo que sí… Luego os lo confirmo…

Estaba claro que salir de noche sí le hacía ilusión a mi chica y por eso había aceptado con rapidez. Abajo, Pedro no apartaba sus ojos de los pechos empitonados de mi chica.

—Genial… —contestó Marta—. Bueno, os dejo que Álvaro se estará preguntando si estoy ligando contigo o qué… jajaja…

Pedro rió y pude ver como guiñaba un ojo, no supe si a mi chica o a Marta.

—Bueno, yo también me meto dentro, que Luis ya va salir de la ducha… —dijo Natalia despidiéndose también de Pedro-. Muchas gracias por todo…

—Ha sido un autentico placer… —contestó Pedro dando un último vistazo a sus tetas antes que Natalia desapareciera de su vista.

Natalia entró y cerró el balcón, apoyándose contra la puerta mientras lanzaba un resoplido. Estaba preciosa, con su rostro arrebolado, sus grandes pechos coronados por sus pezones duros, con aquellos tejanos ceñidos que le hacían unos muslos la mar de apetecibles.

—Joder, Natalia… —exclamé mientras me acercaba, excitado, pero a la vez con cautela al no saber cuál iba a ser su reacción.

—¿Te ha gustado? —preguntó mirándome de forma pícara y supe que ella lo había disfrutado tanto como yo.

—¿Tú qué crees? —dije llevando su mano a mi erección.

—Madre mía… Como estás… —comentó ella sin apartar su mano, recorriendo con ella mi miembro.

—Pues anda que tú… —dije llevando mis manos a sus pechos y tocando sus pezones enhiestos—. ¿Qué te ha puesto así? ¿Pedro, el saber que yo estaba ahí, o el tema ese del lago?

—Todo, cielo… bufff… —dijo moviendo con agilidad su mano sobre mi entrepierna—. Pero sobre todo saber que tú estabas ahí, cómplice, mirando.

No pude más y me lancé sobre ella, besándola con furia, mientras ella hacía lo propio conmigo. Nos fuimos desnudando con celeridad, lanzando nuestras prendas por doquier, buscando saciar lo antes posible la calentura que aquel episodio nos había provocado. Apenas habían pasado un par de minutos desde su entrada de nuevo en la habitación y ya estábamos ambos completamente desnudos, tumbados sobre la cama y besándonos con desenfreno.

—Métemela, Luis… Fóllame, por dios… —me rogó Natalia.

Mientras me colocaba entre sus piernas abiertas, frotando mi erección contra sus labios listos para recibirme, pensé en si forzar la situación utilizando lo que acababa de ocurrir, jugar con lo sucedido utilizando a Pedro. Pero no lo hice, me pareció arriesgado y demasiado pronto. Si salía mal, ya se iba a fastidiar todo el día y tenía muchos planes para esa noche.

La penetré sin más dilación y Natalia gimió al sentirme dentro. Nos volvimos a besar, mientras Natalia se afianzaba a mi cuerpo y yo empezaba a moverme con celeridad, follándola a buen ritmo, que gemía quizás demasiado alto teniendo en cuenta la hora que era y sabiendo que teníamos vecinos en la habitación de al lado que nos podían oír. Pero a ella parecía darle igual y a mí, para qué negarlo, escucharla gemir así me encantaba y me recordaba a cómo lo hacía aquella noche durante su encuentro con Víctor.

—Joder, Luis… Qué bien me follas… Me encanta… Sigue, Sigue… —gritaba Natalia, exacerbándome y provocándome.

Yo empujaba sin cesar mientras no podía evitar recordar las miradas de Pedro sobre el cuerpo de mi chica, como devoraba sus pechos, como se había insinuado veladamente y, a mi parecer, no me había parecido notar a Natalia especialmente molesta o contrariada. Ya me había confesado que encontraba atractivo a Pedro y, después de verlo sin camiseta y ver su pecho fuerte y musculado, seguro que aun debía haberle gustado más.

Mi imaginación volvió a hacer de las suyas y ya vi a Natalia en aquel lago, saliendo desnuda y mojada, caminando hacia la orilla donde la esperaba un Pedro desnudo y con una erección de campeonato. Se tiraban el uno sobre el otro, y allí mismo Pedro se la clavaba hasta sus entrañas, delante de todos, sin importarles lo más mínimo su presencia, dejándose llevar por el ambiente que les rodeaba, donde todo el mundo follaba los unos con los otros sin importarles nada.

Joder, joder, joder…

Mis arremetidas se volvieron furiosas. Natalia ahora ya gritaba, y el cabecero de la cama golpeaba de forma rítmica la pared que compartíamos con Álvaro y Marta que debían estar escuchándonos sin ninguna duda. Los dos estábamos desatados, sudando copiosamente y respirando con dificultad, pero completamente entregados a aquel polvo apoteósico que estábamos disfrutando.

—Me corro… Luis, me voy a correr… —gritó Natalia anunciando su orgasmo a los cuatro vientos.

Mientras Natalia se agitaba de forma convulsa, yo ya no pude aguantar más y me derramé en su interior. Los dos nos miramos, rojos por el esfuerzo, pero plenamente satisfechos. Nos besamos pero ahora con cariño, amorosamente, sin apartar los ojos uno del otro.

—Buffff…… Y acabamos de llegar… —dijo Natalia resoplando y provocando mi risa.

Tenía razón. Apenas habíamos llegado, y ya habíamos disfrutado de uno de los mejores polvos de los últimos tiempos. Y aún quedaba todo aquel día y parte del siguiente. Además de la sorpresa en forma de consolador que tenía guardado en la maleta. Y, por si eso no fuera poco, teníamos la salida esa noche con Pedro, Marta y Álvaro. La pareja, amigos de Víctor y que habían acudido a petición de él, seguro que algo debían llevar en mente para liberar a mi chica.

Y Pedro…

Recordé entonces el correo de Víctor donde me dijo que iban a reunirse con un hombre que trabajaba allí y con el que habían quedado. ¿Era ese hombre Pedro? ¿Era ese el amigo de Víctor con el que me había insinuado que mi chica podía pasar un buen rato? ¿Y ella lo sabía? Quizás por eso se había mostrado así de atrevida y lanzada; porque Víctor ya le había hablado de él. Quizás hasta le había insinuado o pedido que se lo follara… Viendo el influjo que tenía Víctor sobre mi chica, ya nada me extrañaba.

Pero Víctor me había dicho que Marta había quedado con él, y estaba casi seguro que el guiño de ojos iba hacia ella, hacia Marta. Pero, ¿y si me había engañado? ¿Y si lo tenía todo planeado para que yo me confiara en que Pedro iba a pasar la noche con Marta y Álvaro, cuando en realidad lo que quería y pretendía era que lo hiciera con mi chica?

Menudo lío tenía de nuevo en la cabeza. Pero debía reconocer que, la mera idea que aquel hombre se acostara con Natalia a petición de Víctor, casi como si actuara como su dueño o chulo, me excitaba de una forma enfermiza. Madre mía, menuda noche me esperaba…

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