ALMUTAMID

Una de mis características ya sabéis que es evitar los problemas, no por la vía de no provocarlos sino por la vía de no afrontarlos. Eso es a lo que me había dedicado estos meses manteniendo a Claudia mientras me enredaba con Nieves. Pero mis sensaciones de los últimos meses, llevaba casi dos sin ver a Claudia mientras que mi amistad con Nieves cada vez se parecía más a otra cosa, unida al hecho de estar con las dos durante las vacaciones me obligaba a decidirme en esta extraña bigamia de sentimientos confundidos.

Tenía la certeza que tras las fiestas me decidiría por una de las dos, seguramente Claudia, pero temía cagarla con una de ellas. Claudia me aportaba serenidad, sensatez y racionalidad en los momentos de zozobra, aparte de un sexo bastante abierto. Nuestra relación superaba el típico noviazgo convirtiéndonos en apoyo el uno del otro. Ella corrigiendo mis meteduras de pata y yo recuperándola para una relación normalizada, sin dependencias extrañas y sirviéndole también de bastón ante las dudas de sus estudios tan difíciles en un ambiente familiar poco propenso.

Pero Nieves había pasado de ser una chica curiosona y divertida, con la que empecé tonteando por mero juego de machito engreído, a convertirse en una amiga inteligente, segura y una auténtica bomba sexual. Había pasado de una pasividad seguramente estudiada a un papel protagonista que me había provocado algunos momentos de morbo y deseo superiores incluso a los vividos con Claudia. Y todo ello demostrándome inteligencia, saber estar, educación, buen gusto…en mi mente los adjetivos elogiosos se sucedían.

Las dos eran muy guapas, por lo que el físico en mi decisión empezaba a ser algo secundario. Tenían sus diferencias evidentemente. Claudia más alta y más delgada, pero Nieves con más culete y tetas más grandes. Las piernas de Claudia tan largas con sus shorts me enloquecían, como sus tetitas marcadas en la camiseta, pero la imagen del culo de Nieves cuando me la follé en la discoteca oponiéndose a mis golpes de cadera había sido un buen recordatorio en alguna paja a la que podía sumar también sus tetas asomando por encima del agua en nuestro reciente baño. Desde luego no podía quejarme. Y me quejaba. ¿Antes nada y ahora me tocaba elegir? Me gustaban las dos pero evidentemente tendría que terminar renunciando a Nieves si quería continuar con Claudia sin volverme loco.

A pesar de mi férula y mi muleta me planteé las vacaciones intentando salir especialmente a lugares a los que me pudieran llevar y recoger. El mismo día 22 de diciembre por fin ya con Claudia en España hablamos por teléfono intentando organizarnos. Descartamos que yo viajara por mi pata tiesa así que planteamos dos posibles soluciones: intentar pasar una noche juntos de alguna manera o que Claudia pudiera venir a mi ciudad y volverse en el día dada que no había demasiada distancia entre nuestras ciudades. Al final descartamos la segunda opción por el sobrecoste que le significaba.

Yo estaba empeñado en pasar la noche de Año Nuevo juntos pero era difícil encontrar alojamiento decente barato esa noche. Aparte a pesar de todo a Claudia le resultaba muy triste pasar esa noche solos cuando lo que queríamos hacer podría ser cualquier otro día. Por fin nos pusimos de acuerdo en que ella llegaría el día 28 y pasaríamos juntos ese día y el 29 haciéndole creer a mi madre que me quedaba a dormir en casa de algún amigo.

Pero estábamos a 22 y faltaban 6 días por lo que sin dudarlo le pregunté a Nieves si le apetecía quedar algún día conmigo y por supuesto que contestó afirmativamente. Al final como yo no podía pasear mucho quedamos en que el domingo me recogía, nos íbamos a un centro comercial y de ocio y según viéramos nos metíamos en el cine o nos quedábamos tomando algo, o las dos cosas.

Lo bueno de la férula es que me la podía poner con pantalones normales. Estaba un poco cansado ya de tanto chándal. Así que me arreglé para quedar con Nieves poniéndome guapo con unos chinos y una camisa bonita, jersey de pico y abrigo. Ella venía muy guapa también, con unos vaqueros que se ajustaban perfectamente a su culo y muslos con botas altas y un jersey de cuello vuelto que remarcaba el volumen de sus pechos. Además venía ligeramente maquillado resaltando el rosa de sus labios con brillo. Tuve que decírselo recibiéndolo con una sonrisa que iluminó el coche a pesar del sol que lo bañaba.

Era mediodía y nada más llegar al centro comercial nos fuimos a comer algo teniendo que hacer cola para coger mesa por la cantidad de gente que aprovechaba la apertura en festivo para completar sus compras navideñas. Comimos con nuestras conversaciones habituales mientras por mi cabeza no dejaba de repetirme: “Mira que guapa está”.

Después de comer entramos al cine a ver una película evitando las infantiles, pero también el cine estaba lleno, aunque en la oscuridad no pude evitar pasar mi brazo por su hombro mientras ella se acomodaba en el mío. ¿Pensé en meterle mano? Claro. ¿Tenía ganas? Muchas. Pero me contuve. En pocos días vendría Claudia y tenía que tomar una decisión. Pero Nieves, tan solícita siempre, me dijo que pusiera la pierna en alto sobre la suya para descansarla. Accedí y vimos la película con nuestros cuerpos más alejados por mi postura pero con su mano acariciando mi muslo de vez en cuando.

Al terminar era media tarde todavía así que pasamos al café. Comentamos la película y ahí empezó lo que me temía:

-Luis te noto algo más frío.-me soltó sin esperármelo.
-¿Frío? ¿Yo?
-Estabas más cariñoso últimamente. Pareces un amigo nada más.

Dude si decirle que eso es lo que éramos, pero no lo hice recordando que yo mismo le iba a plantear esa cuestión justo cuando ella decidió cortar la conversación de una forma en que no me quejaría: comiéndome la polla en su cama. Pero ella se adelantó:

-Entiendo que verás a tu novia esta Navidad y yo quizá te incomode.
-No digas tonterías. Yo te pregunté si querías quedar y estoy pasando un día estupendo contigo.
-Yo entiendo que te pueda resultar molesta. No quiero forzarte a nada.
-Nieves. No te entiendo. He quedado contigo y lo estoy pasando muy bien.
-Son cosas mías, perdóname Luis. Si me pongo pesada es cuando no vas a querer verme.
-Me encanta verte.
-Para follar…
-No sólo para eso. Lo sabes. Hoy no he intentado nada. Sólo pasar el día con tu buena compañía.- insistí.
-Te estás reservando para ella. Es normal, Luis. Te entiendo. No quiero entrometerme.
-Yo tengo para las dos…-me sorprendí escuchándome.

Pero a Nieves le hizo gracia mi comentario consiguiendo cortar una conversación que me estaba incomodando. Por fin hablamos de compras navideñas y le ofrecí ir de tiendas.

-¿Y tu pierna?
-Con poder sentarme de vez en cuando no tengo problema.
-Vale…jajaja. Me encantan las tiendas.

Pedimos la cuenta y nos fuimos hacia las escaleras mecánicas. No me esperaba aquella conversación.

Nieves se decidió pues aun no se había comprado un vestido para fin de año. Tras ojear algunos escaparates y entrar a ver alguna tienda finalmente se decidió por una conocida cadena gallega donde tenía cantidad y variedad. Vio distintos modelos hasta que por fin decidió probarse alguno. Aparte yo aproveché para ofrecerle también alguno que me llamaba la atención siendo alguno bastante provocativo con la espalda al aire o con escote pronunciado. Salvo uno con rayas de leopardo y brillos que rechazó por ser demasiado “cani” aceptó probárselos aunque reconociendo que para cenar con sus padres no eran los más adecuados.

Había cola en el probador pero aprovechándose de mi muleta pidió que nos dejaran pasar al probador de minusválidos que tenía una triple ventaja: puerta de madera en vez de cortina, mucha mayor amplitud y un banco corrido al fondo donde yo podía sentarme con la pierna apoyada mientras Nieves se probaba los vestidos.

Llevábamos unos 6 vestidos por lo que entendí que aquello iba para largo cuando me senté al fondo del probador. Nieves decidió empezar a probarse los que ella había seleccionado directamente. Para ello evidentemente tuvo que desnudarse quedándose en ropa interior. No sé si ella ya preveía algo o había sido casualidad pero llevaba un conjunto de tanga y sujetador verde botella de encaje que le sentaba de maravilla, especialmente el tanga dejando ante mi vista sus espectaculares nalgas. Cuando se agachó para sacarse el pantalón dejando su culo a escasos centímetros de mi cara se lo tuve que hacer saber dándole una palmada respondida con cara de reprimenda indulgente.

Se probó el primer vestido pero no se la veía convencida y yo le dije que esperaría a verlos todos para decidirme por cual le quedaba mejor. Los primeros eran vestidos incluso con manga larga o francesa, ajustados haciéndole un talle bonito marcando sus pechos. Uno de ellos era un mono con un hueco en la espalda pero muy alto de escote. Por fin se probó el primero que yo le ofrecí. Era un palabra de honor de los que se sujetan al pecho con dos copas rígidas subiéndoselo de modo que parecía más abultado aun. Se lo probó con el sujetador y le dije que le quedaba fatal así.

-Tú lo que quieres es que me quite el sujetador y verme las tetas…
-Claro.- le respondí con descaro.
-Pero el vestido es bonito.-contestó girándose para ver como le quedaba de cintura y culo.- Voy a vérmelo bien aunque esté sin tacones.

Me pidió que le bajara la cremallera y son quitarse el vestido se desabrochó el sujetador y se lo sacó por los brazos pidiéndome que le subiera la cremallera de nuevo. Le quedaba muy bien y se estaba gustando. Incluso se empinaba sobre los dedos de sus pies para parecer que llevaba tacones.

-Estás guapísima con ese vestido.
-¿Me lo verás puesto?
-Con esta pata así poca fiesta voy a tener yo este año nuevo.
-Bueno…podemos montarnos nosotros la fiesta en un sitio donde tú puedas estar.
-Eso estaría bien pero no quiero ser un estorbo.-me disculpé realmente pensando que para entonces yo ya me habría aclarado y no iba a tener más sexo con ella.
-Tú nunca estorbas, Luis.-me respondía mirándose al espejo.
-Venga pruébate el último.-le dije.

El último era bastante corto y aunque no era escotado llevaba casi toda la espalda al aire. Para probárselo tuvo que dejar sus tetas a mi vista durante un instante. No le gustó mucho ese vestido. Parecía decidida por el anterior. Pero aun así se miraba en el espejo. Finalmente negó con la cabeza y dijo mirándose al espejo:
-No. El otro me gusta más.
-Y a mí también.
-Decidido entonces.- zanjó quitándose la prenda para deleitarme de nuevo con su cuerpo sólo cubierto por el tanga verde.
-Ahora tenemos otro problema.-añadí.

Nieves me miró extrañada girándose para colgar el vestido en la percha y yo completé mi explicación diciendo:

-Estás tan buena y me has hecho un pase de modelos tan espectacular que mira lo que me ha pasado…-dije mientras me desabrochaba el pantalón y me sacaba la polla tiesa del calzoncillo mostrándole mi erección.

Nieves subió una ceja y respondió:

-Ese problema tiene fácil solución.

Ya sé lo que estáis pensando. Que si yo estaba tan decidido a zanjar con Nieves nuestra relación dejándola sólo en amistad como es posible que yo la buscara tan directamente. Que levante la mano quien teniendo a un bellezón de 19 años así delante suya casi en pelotas y sabiendo que puede tener sexo con ella no lo aprovecharía. Porque yo en ese momento fui consciente que me apetecía muchísimo. Que verla cambiarse varias veces y mirándose en el espejo me tenía como una moto y que cundo ya se quedó en tetas el pantalón empezó a apretarme. Y si encima la colaboración es inmediata ya está todo hecho.

Mi amiga se sentó en mi pierna sana acariciándome de inmediato la polla con su mano mientras yo buscaba su boca para besarla y su teta para agarrarla. Cuando me preguntó que tipo de cura quería sólo me planteé follármela. Pero no se lo dije. La hice levantarse y poniéndola como en la discoteca apoyada al espejo le retiré el tanga y acerqué mi polla a su raja. Ni siquiera comprobé con la mano si estaba mojada. Lo estaba, pues mi polla resbaló por su humedad hasta quedarse atrapada en su coño que se iba abriendo por su empuje y cogiéndola por la cadera y el hombro en una extraña postura con la pata tiesa apoyada en el banco empecé a penetrarla suave al principio y más fuerte después. Lo más morboso no era pensar que a escasos centímetros de nosotros pasaba gente a otros probadores o se probaba ropa en uno de ellos. Lo más morboso para mí era mirarnos fijamente a través del espejo mientras chocaba sus caderas contra ese culo que llevaba un rato deseando con su tanga verde.

Lo que tienen esos polvos es que son rápidos e intensos. La postura me permitía clavarle la polla mientras le agarraba una teta. La dureza de sus pezones me indicaba que estaba caliente y disfrutando, y su gritito apagado me confirmó su orgasmo que celebré apretando mis caderas para que sintiera mi churra totalmente insertada en ella. Cuando terminó y previendo que yo no podía dar mucho más sin riesgo de correrme me salí de ella y me senté en el banco aduciendo cansancio por la pierna, pero Nieves se arrodilló entre ellas y me dijo:

-Tú no te escapas así.

Y sin dilación empezó a mamármela con la misma energía y maestría que en la cama la mañana de nuestra última despedida. Su forma de sorber apretando mucho los labios a rededor de mi glande acompañada de su mano subiendo y bajando por el troco de mi nabo y el bote de mis pelotas hicieron que en apenas un par de minutos descargara mi semen en su boca viéndose obligada a tragárselo por el sitio donde estábamos. Sin embargo a diferencia de otras veces después de correrme se quedó unos instantes jugando con mi polla en su boca con los ojos cerrados prolongando mi placer mientras yo acariciaba su espalda hasta que levantándose me preguntó:

-¿Satisfecho?
-Contigo, siempre…
-Pensé que hoy no ibas a querer nada.
-Es imposible teniéndote así…-respondí buscando su boca para besarla mientras acariciaba su culo aun con el tanga descolocado.

Tras unos instantes de besos, caricias y arrumacos Nieves se vistió y yo me recompuse. Pagó el vestido y salimos de la tienda. Al dejarme en casa le dije:

-Me encantaría verte el vestido puesto el 31…

Una vez más mis propósitos se quedaban en agua de borrajas. Había sido capaz de rechazar a Blanca pero no a Nieves. Y no fue algo meramente sexual el pillarla en el probador, fue evidentemente en gran parte consecuencia de nuestra conversación. Ya no éramos amigos. Éramos algo más. Y me daba cuenta de que no era tan fácil de solucionar. Sólo esperaba que ver a Claudia provocara en mí una solución a mi dilema.

Con la excusa de que el domingo había abusado estando demasiado tiempo paseándome con la pata tiesa evité a Nieves el día 26 y el 27. Eso sí, tras mi promesa de pasar juntos el 31 ella ya se estaba encargando de organizar una fiesta a la que yo pudiera acudir. Fue relativamente fácil teniendo en cuenta sus amistades. Unos amigos suyos organizaban una fiesta alquilando un pub cerrado para ellos y allí sería fácil en uno de los sofás habilitarme un rincón para poder descansar. El inconveniente: era la misma fiesta a la que iban Leyre y Pablo, lo que sirvió para que yo tirase de otros amigos con la promesa de que Nieves les presentaría a sus amigas solteras. Fiesta privada de unas 50 personas y con trono para mí. Evidentemente iba a ver a Nieves con el vestido puesto.

Pero antes de todo eso el 28 lo pasaría con Claudia. Tenía sensaciones encontradas: por una parte tenía muchísimas ganas de verla y hacerle el amor, pero también tenía miedo de descubrir unas sensaciones que me alejaran de ella. Además al hablar con ella el día de Navidad la noté rara, aunque supuse que sería por no podernos ver aún.

Para hacer más especial nuestro reencuentro conseguí encontrar un hotel de tres estrellas muy cerca de la estación de autobuses y me había asegurado de que me reservaran una habitación en la planta alta desde la que se veían al fondo algunos de los monumentos principales de la ciudad. Ya que no podía llevarla a pasear al menos que disfrutara de las vistas. Me había salido más caro que un hostal pero como estaba saliendo muy poco estaba gastando menos. Un cosa por la otra y Claudia se lo merecía.

Para asegurarme la coartada en casa había avisado a Pablo de que supuestamente me quedaba a dormir con él. Le sorprendía que no dijera en casa que dormía con una amiga si no quería decir novia, pero tras explicarle lo pesada que se pondría mi madre entendió que quisiera ocultar mi noviazgo. Bueno, en realidad había algo más. Mi madre me había visto salir con Nieves alguna vez en el coche, y aunque era sólo una amiga, aparecer con Claudia generaría un interrogatorio que no tenía ganas de aguantar.

Aquella mañana preparé una pequeña mochila con algo de ropa para el día siguiente y un par de calzoncillos. También un regalo que había preparado para Claudia en realidad meses antes, una cadenita de plata con medio corazón con mi nombre para ella y el suyo para mí. Me fui en autobús a la estación y llegué casi media hora antes de la hora prevista de su llegada.

Por fin apareció por la puerta del autobús enfundada en un chaquetón negro, con unos vaqueros negros y sus botas de tipo militar. Estaba pálida pero era una palidez hermosa y su rostro se iluminó cuando me vio apoyado en mi muleta. En cuanto la persona que iba delante se apartó corrió hacia mí para abrazarme y zamparme un beso muy largo que se transformó después en multitud de besos por toda mi cara justo antes de regresar a mis labios. Al abrazarla yo me pareció notarla más delgada. Al preguntarle si quería un café me dijo que no quería perder el tiempo y que necesitaba hacerme el amor de inmediato por lo que hice el además de coger su mochila para llevarla pero Claudia me la arrebató de inmediato tirando también de la mía:

-¿Cómo vas a cargar tú con las mochilas y la muleta? Anda trae bobo…

Tardamos en llegar al hotel bastante más de lo que la distancia marcaba por las constantes paradas para abrazarnos y besarnos. Definitivamente estaba más delgada pero su culo seguía igual de bien puesto como podía comprobar al agarrárselo cuando nos parábamos.

Al ver el hotel se sorprendió, pero más aún cuando comprobó las vistas desde el ventanal de la habitación. Era una sexta planta desde la que se veía la avenida donde estaba el hotel abajo, y frente a nosotros los jardines que la bordeaban, todo el caserío apiñado del centro con las torres de las iglesias, el palacio real con sus jardines y destacando sobre todo la mole inmensa de la catedral con su famosísimo campanario. De hecho abrimos todos los cortinajes para poder disfrutar las vistas y que la luz blanca de una mañana soleada de invierno inundara la habitación.

Tal y como me había anunciado así ocurrió pues en menos de 5 minutos estábamos los dos totalmente desnudos tirados en la cama comiéndonos a besos y abrazos. Sin embargo a diferencia de otros reencuentros nuestros el sexo era pausado. Besos prepartidos por todo el cuerpo evitando el contacto directo de las zonas más erógenas. Era un goce de cuerpos como anticipo prolongado de lo que vendría después. Yo me había rasurado de nuevo para Claudia y aun estaba suavecito como pudieron comprobar sus labios.

Pero yo no podía aguantar más y me lancé a por sus pechos besando, lamiendo, succionando e incluso dándole suaves mordisquitos a sus pezones ante su regocijo expresado en leves gemiditos y caricias a mi cabeza y cuello. Pero cuando yo pretendí bajar por su barriga ella me giró para devolverme el cuidado a mis propios pezones incluidos los mordisquitos que me provocaron extrañas sensaciones de dolor leve y placer que agradecí con gemidos de aceptación.

Llevábamos más de media hora desnudos en la cama y salvo algún roce a mi polla nuestros sexos aun no habían sido puestos en escena. Pero es que no había prisa. No tenía necesidad de vaciarme pues disfrutaba más llenándome de su cuerpo. Admito que al besar sus caderas estuve tentado de lanzarme a por su coño, pero Claudia siempre adivinaba mis intenciones y se giraba o buscaba posar sus labios en mi espalda o vientre. Yo estaba encantado, así que dejé que la situación se prolongara mientras mi novia quisiera. Y fue ella la que se decidió montarse sobre mí apretando su sexo contra el mío y decirme al oído: “Ya tengo ganas de sentirte dentro…”.

Me senté para quedar frente a frente en el momento que nuestros cuerpos se enlazaran y mientras yo acomodaba la postura Claudia se acomodó dirigiendo mi polla a su raja y se fue sentando lentamente notando como mi nabo se abría paso en su coño bien lubricado hasta quedar ensartada vaciando sus pulmones y abrazándose fuerte a mí. De nuevo la pausa. De nuevo mi chica ya penetrada por mí se abrazaba fuerte a mí con su cabeza en mi hombro y sus manos en mi espalda abarcándome. Yo la apreté también contra mí.

Por fin Claudia me habló:

-Luis, me pasaría así toda la vida. Pegada a ti. Sintiéndote en lo más hondo de mi ser.

Yo la apreté más fuerte aun durante un instante hasta que por la postura me empezó a molestar la espalda por lo que me dejé caer hacia atrás dejando a mi chica sentada sobre mí. Ella apoyó las manos en mi pecho y empezó a mover las caderas para iniciar el roce de nuestros sexos. Su cara se contraía con cada roce mientras yo gemía muy bajito mirándonos a los ojos. Posé mis manos en sus muslos recorriéndolos hasta sus nalgas provocando que el movimiento de caderas se transformara en trote. No dejábamos de mirarnos. Quise cambiar de postura para marcar yo el ritmo pero Claudia me sujetó diciéndome:

-Te he dicho que te iba a hacer el amor yo…

Relajé mi cuello y abdomen mientras mi novia picaba espuela sustituyendo el trote por galope haciendo que sonaran nuestras pieles al chocar. Yo agarraba su nalga y una teta pellizcando su pezón. En unos diez minutos su rostro empezó a contraerse y Claudia aceleró el ritmo de la cabalgada dejándose caer sobre mí y subiendo para clavarse mi polla. Le faltaba poco. Ya la conocía bien. Y por fin se dejó caer cerrando los ojos y bajando la cabeza apretándome el pecho con sus manos casi haciéndome daño mientras sus piernas temblaban y se intentaban cerrar más sobre mí. Yo apretaba mis nalgas para seguir rozando mi glande dentro de su coño sintiendo sus contracciones pero tuve que parar para volver a sentarme y abrazarla fuerte. Más de 5 minutos pudimos pasar así hasta que me dejé caer de nuevo arrastrándola conmigo para que quedara sobre mi pecho que empezó a besar diciendo:

-Mmmmm, Luis. Te necesitaba…

La abracé fuertemente mientras no dejaba de besarme el pecho pero ella se salió de mí echándose a mi lado y apoyó su cabeza en mi hombro y su muslo en mi pierna para agarrar mi polla empapada por sus jugos y pajearme al principio suave y después más rápido. 5 minutos más y empecé a desparramarme sobre mi barriga y la mano de mi chica que observaba satisfecha el resultado de su “manufactura”.

Cuando terminó de vaciarme se levantó presurosa al baño y me limpió con papel mientras yo iba recuperando mi respiración y mi churra su tamaño. Habíamos subido la calefacción al entrar en la habitación para poder estar desnudos y nos quedamos abrazados tumbados en la cama totalmente relajados tras hacer el amor. Ya era mediodía.

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