MOISÉS ESTÉVEZ

Su preferido sin duda el de zanahoria, pero no era ni el lugar ni el
momento. Su terapeuta le dijo que en circunstancias excepcionales recurriera a
él – vaya, viva el colesterol por prescripción facultativa – aunque él prefería
encender un pitillo acompañado de un americano doble. Ahí llegaban, a la hora
y al sitio indicado por su cliente. Dos tortolitos que buscaban una intimidad
clandestina y adúltera – a veces la vida te hace coincidir con personas que
creías no volver a ver – Dejó el café en el salpicadero de su desvencijado
Mustang y sacó su vieja cámara réflex dispuesto a hacer su trabajo…

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