ANDER MAIS

Capítulo 17

Sex shop

El día siguiente era el último que íbamos a estar cerca de “Las Oficinas” y de Alicia. Acabamos a eso de las siete y, como casi siempre, nos acercamos al bar a tomar algo antes de volver a casa. Entré con una sensación rara en el cuerpo. Por un lado, miedo a la reacción de Alicia al verme ya que ese día no habíamos ido ni al café de la mañana ni el del mediodía con las prisas por acabar el trabajo. Pero, por otro lado, deseando volver a verla, contemplar su cuerpo con aquel uniforme que tan bien le quedaba y volver a sentirla cerca.

A esas horas, había poca gente y pudimos coger un buen sitio en un extremo de la barra. Como no, Alicia se acercó a nosotros y, después de saludarnos a ambos con un par de besos en las mejillas que a mí me supieron a poco, se apresuró a traernos las cervezas que le habíamos solicitado. Mientras nos las bebíamos, no podía apartar la mirada de ella, viendo cómo se movía de un lado a otro, sirviendo, saludando. Todo de una forma natural pero sumamente sexy y provocadora.

Viéndola, deseé que algún día Natalia fuera como ella. Poder verla con ese desparpajo moviéndose de un lado a otro, sin importarle que la miraran, propiciando que lo hicieran, enseñando pero sin ser vulgar, actuando con la naturalidad y sensualidad que desprendía Alicia por los cuatro costados, que incluso se permitía el lujo de interactuar con sus compañeras con complicidad, como cuando la vi palmear el trasero de Alexia sin que ella le reclamara nada sino todo lo contrario.

Antes de irnos, me acerqué al baño. Dentro, mientras vaciaba la vejiga, maldije la presencia de Eduardo que no me permitía hablar con Alicia y preguntarle el porqué de su actitud y su beso. Pero, estando él delante, no podía arriesgarme y darle más carnaza, cuando él ya estaba convencido que a Alicia el que le gustaba era yo.

—Hola, Luis —La voz de Alicia me sobresaltó nada más salir del lavabo y ni tiempo tuve de reaccionar cuando me vi arrastrado por ella dentro de una estancia que parecía ser un almacén.

—Alicia… ¿Qué haces? —pregunté sorprendido y algo acojonado con sus intenciones.

—Tranquilo… solo quería hablar sin que tu compañero nos molestase… —dijo peligrosamente cerca de mí—. Pensaba que estabas enfadado por lo de ayer… como no habías venido en todo el día…

—Teníamos que acabar el trabajo —me excusé—. Aunque sí me gustaría hablar sobre lo ocurrido. Tengo novia, lo sabes. Así que lo que sea que crees que sientes por mí no va a poder ser…

—Ya… lo sé… pero eso no hace que me gustes menos… —dijo Alicia mirándome fijamente pero, al menos, sin dar señales de ir a intentar algo—. Solo quería hablarte sobre el trabajo… ¿Le has dado mi numero a tu chica?

—Sí… —reconocí nervioso.

—Ella me llamó por la mañana, de tu parte, y preguntándome por el trabajo. Hace un rato le he escrito yo a ella y hemos quedado que se pase mañana por la mañana para la entrevista con Gonzalo. También le he dicho lo de no decir que tiene novio y que mejor diga que viene de mi parte, que es amiga mía… ¿Sabes? Tú chica es muy maja y creo que nos vamos a llevar bien… si hasta nos gustan los mismos chicos…

—Alicia… —dije tratando de evitar que volviera a provocarme.

—Jajaja… tranquilo, Luis… estoy trabajando y soy toda una profesional… —dijo guiñándome un ojo—. Otra cosa es cuando estoy fuera… le he explicado un poco sobre lo que hay que hacer, los uniformes y todo eso y la he visto bastante receptiva. También te informo que he quedado con ella a primera hora para tomarnos un café y hablar un poco antes de la entrevista. ¿Qué te parece?

—Genial —dije sinceramente—. Te estás portando muy bien con ella y te estoy muy agradecido por todo lo que estás haciendo…

—¿Cómo de agradecido? —preguntó ella avanzando, acorralándome contra la pared y ya casi completamente pegada a mí.

—Alicia… —protesté—. Qué te acabo de decir… Natalia… no puedo…

—Es una lástima… —dijo separándose levemente, besando su dedo y llevando este a mis labios—. Pero no pasa nada… puedo esperar… y yo soy de las que no se rinden, Luis…

Alicia se separó definitivamente, se asomó por la puerta y me hizo una seña para que saliera fuera. Lo hice y me fui directo al baño de nuevo, a refrescarme el rostro y que Eduardo no notara nada de lo que me acababa de pasar. Joder. Lo que me faltaba. Casi agradecía que, ahora que la obra estaba acabada, no vendría tan continuo por allí y eso significaba no ver tanto a Alicia. Pero, a tenor de lo que me había dicho, casi se podía asegurar que el trabajo iba a ser para Natalia y ellas dos parecían haber conectado bien por lo que había deducido de las palabras de Alicia. Y eso podía ser un serio problema. Que mi novia se hiciera amiga de la chica que decía que le gustaba, no tenía claro que fuera una buena idea.

Cuando regresé, le dije a Eduardo que debíamos irnos y enseguida nos despedimos de Alicia. De nuevo dos besos como siempre, como si nada hubiera ocurrido entre nosotros. Solo su sonrisa la delataba. Nos dirigimos con la furgoneta a la empresa y allí, con mi coche, regresé a casa donde me esperaba mi chica, ajena a mis juegos con Alicia.

—Hola, cielo —dijo después de besarnos—. Llegas tarde ¿no? y hueles a cerveza… seguro que te estabas despidiendo de Alicia… —dijo en tono guasón.

—Algo así —dije siguiéndole la corriente—. Teníamos que acabar la obra hoy pero sí, nos hemos acercado para despedirnos y, de paso, preguntarle por si sabía algo del trabajo… Ya me ha dicho que ha hablado contigo esta mañana…

—Así es… —dijo melosa—. Y aunque me siento algo celosa por decir que su culo era mejor que el mío… —dijo recordándome lo sucedido durante el polvo del día anterior—. Tengo que reconocer que parece maja… y también guapa…

Puse una cara de extrañeza y Natalia sonrió al ver mi rostro.

—No pongas esa cara… —me dijo divertida—. Hemos estado hablando sobre el trabajo, el dinero, la clientela y todo eso…. Y no he podido evitar preguntarle sobre el tema del uniforme… Después de lo que me dijiste, pues no lo tenía muy claro si iba a ser capaz de estar trabajando según cómo vestida… pues ella me ha tranquilizado mándame una foto para que viera que no era para tanto…

Vi cómo abría el móvil y buscaba hasta encontrar una foto que me enseñó. En ella, salía Alicia tal como la había visto hoy minutos antes, lista para ir a trabajar. Sus leggins ajustados marcando culo y muslos y la camiseta ceñida resaltando sus pechos de una forma sexy pero para nada vulgar.

—He quedado con ella mañana para tomar un café.

—Ya… ella me lo ha contado.

—¿Ah sí? ¿Hablas de mí con ella? —dijo bromeando.

—Claro. De ti y del trabajo… ¿Por qué? —pregunté extrañado.

—Pensaba que dedicarías tu tiempo a ligar con ella y a mirarle el culo… como parece gustarte tanto…

—Serás… -dije aparentando enfadarme.

Me abalancé sobre ella, haciéndola recular mientras no paraba de reír, cayendo los dos sobre el sofá, yo debajo y ella encima de mí. La abracé y nos quedamos mirando los dos, llevando mis manos a su culo que toqué por encima de los tejanos que esa tarde llevaba puestos.

—Ya te he dicho que prefiero mil veces tu culo —le dije mientras amasaba su culo—. Y en cuanto a lo de ligar… no lo he hecho, pero si tú quieres que lo haga…

Natalia me miró sorprendida y yo aproveché aquel momento de indecisión para desplazar una de mis manos a su parte frontal, colarse por su cintura y bajar hasta su sexo, recorriendo su pubis rasurado hasta alcanzar sus labios vaginales. Ella se estremeció al sentir mi intromisión pero no dijo nada.

Mis dedos empezaron a recorrer su raja y al instante el rostro de Natalia se contrajo fruto del placer, sin hacer nada, solo tumbada sobre mí, mirándome, dejándose masturbar.

—¿Eso es lo que quieres, Natalia? ¿Qué coqueteé con tu nueva amiga? ¿La que tiene mejor culo que tú? —le dije buscando provocarla.

—No… Eres mío… Esa no tiene nada que hacer —dijo entre suspiros, ya que mis dedos ya se movían con cierta celeridad entre sus labios húmedos e hinchados.

—Y lo seguiré siendo… Pero reconoce que algo te pone… Quizás no seas tan distinta a mí y también te excite la idea de ver a tu chico exhibiéndose ante otra chica, como a mí me pone verte a ti haciendo con otros tíos…

—No… Pero no pares… sigue así… joder…. —dijo al sentir mis dedos colándose en su interior—. Muévelos… no pares… estoy cerca…

Con sus brazos apoyados contra mi pecho, sus ojos cerrados, sus labios entreabiertos y su pelvis oscilando al son que marcaban mis dedos, decidí no seguir insistiendo más en aquel tema y hacer llegar al clímax a mi chica. Pocos instantes después, noté en mis dedos como su vagina se contraía y como sus fluidos manaban de su interior a la vez que ella exhalaba un hondo suspiro.

Tras unos segundos en que no nos movimos ninguno de los dos, al final fue Natalia la que reaccionó abriendo sus ojos, mirándome fijamente, antes de darme un profundo beso como agradecimiento y marcharse camino del baño a limpiarse. Yo, empalmado, me levanté para ir a la cocina a preparar la cena. El resto de la noche transcurrió sin mayores novedades y sin que ninguno de los dos dijera nada sobre lo sucedido en el sofá.

El viernes por la mañana, nervioso ante el encuentro entre mi chica y Alicia y la posterior entrevista, no paraba de mirar el teléfono y la hora, ansioso por saber algo, lo que fuera, de lo que sucedía entre ellas y si todo había ido bien con el trabajo. Cerca del mediodía, nos llamaron a mí y a Eduardo al despacho donde el jefe nos felicitó por el trabajo realizado y, como agradecimiento, dándonos la tarde libre.

Esa noticia, me alegró sobre manera. De esa forma tenía toda la tarde por delante para hacer algo que llevaba días con ello en mente pero que, por una cosa o por otra, había ido postergando: la compra del consolador. Mi idea era llevarlo a la casa rural y esa tarde era la última oportunidad que tenía para poder hacerlo. Cuando salí del trabajo, conduje hasta el aparcamiento solitario para poder hablar tranquilamente con mi chica.

—¿Cómo te ha ido la mañana? ¿Ya has tenido la entrevista? —le pregunté por mensaje, no queriendo llamarla por si aun estuviera reunida con Gonzalo.

—Muy bien, cielo… ahora dentro de un rato me la van a hacer… —me dijo—. Le ha salido un contratiempo al jefe y por eso no me la ha hecho todavía… Y con Alicia, genial… ya te contaré… es una tía genial y nos vamos a llevar muy bien… Y tengo que contarte algo sobre ella. Ayer al ver la foto que me enseñaste ya me lo intuía, pero hoy al quedar con ella lo he podido confirmar.

Un estremecimiento me recorrió el cuerpo ante sus palabras que, evidentemente, me pusieron nervioso a más no poder.

—¿Ah sí? ¿El qué si se puede preguntar?

—Pues que ya nos conocíamos, Alicia y yo. Pero llevaba pila de años sin verla. Le había perdido la pista por completo. Resulta que ella iba a la misma universidad que yo, pero estaba en otra facultad… —me explicó—. ¿Menuda coincidencia, no? Que nos topemos ahora otra vez. Hace años, los fines de semana, se movía por los mismos sitios que yo y coincidimos varias veces… Por esa época ella estaba algo rellenita y no como ahora… Está genial. ¡Menudo cambio ha dado la cabrona! No me extraña que le mires el culo, cari… jajaja…

Aunque ya había sospechado algo al ver la mirada de Alicia cuando le enseñé la foto de Natalia, esto sí que no me lo esperaba. Si se conocían de antes, de la época universitaria de Natalia, eso quería decir que Alicia debía conocer probablemente la faceta desinhibida de Natalia. Además de estar jugando conmigo todos estos días. Joder, maldije interiormente.

—Pues sí, ya es casualidad… sí… —dije no creyendo tener tan mala suerte.

—Te dejo, cari, que el jefe acaba de salir de su despacho… A ver qué tal va todo… Bufff, estoy algo nerviosa, atacada…

—Tú tranquila… estoy seguro que todo va a ir bien…

—Gracias, amor… Y, por cierto, recuerdos de Alicia que dice que a ver cuándo te pasas que ya te está echando de menos… jajaja… Miedo me da preguntar que habréis estado haciendo vosotros dos estos días… jajaja… Conociendo lo sueltecita que era antes esta… no me quiero imaginar ahora que está así de buena… Besitos, amor… Recuerda que luego me voy al gimnasio con Andrea… menos mal que hoy es el último día… Bufff… qué ganas de descansar unos días de ella y sus rollos…

—Mucha suerte, cielo… estoy seguro que lo vas a hacer genial…

La conversación llegó a su fin y ni había caído en decirle a Natalia que ya había terminado mi jornada laboral aunque, bien pensado, casi era mejor así. De otra manera, era capaz de montar un plan conmigo con tal de no ir al gimnasio y no podría ir al sex-shop a comprar el consolador. Comí algo en un bar cercano, ciertamente preocupado por cómo se estaba desarrollando todo.

Las cosas, en lugar de irse aclarando, cada vez estaban más liadas y no sabía cómo iba a acabar todo aquel embrollo en que me había metido, y todo empezó por mis deseos de ver exhibirse a mi chica durante el verano pasado. Si no hubiéramos ido a aquella playa, si no le hubiera pedido que hiciera topless, probablemente nada de lo que vino después hubiera ocurrido.

Ni Riqui, ni Víctor, ni Alberto ni, ahora, Alicia hubiesen aparecido en mi vida. La situación era cada más complicada y el panorama que tenía por delante algo desalentador. Natalia seguía sin ser sincera conmigo. Seguramente, iba a empezar a trabajar en “Las Oficinas” y junto a una compañera de juergas de su juventud. Víctor, supuestamente desaparecido después de follarse a mi chica, pero siempre presente, en las sombras, manejando los hilos. Como, por ejemplo, lo de la casa rural, idea suya y algo me decía que con alguna intención más oculta.

Salí algo desanimado de la comida y, al subirme al coche, recibí un whatsapp de Natalia.

—Todo genial… Empiezo la semana que viene… Luego te cuento… ¡Ya tengo curro!

Sí, genial. Le contesté con un mensaje felicitándola y quedando en que luego hablábamos, ya que se suponía que yo aun estaba en el trabajo. Me dirigí con el coche hasta el sex-shop, con la intención de acabar con aquello cuanto antes. No podía negar que estaba nervioso ante el hecho de entrar en un sitio así. Me daba cierta vergüenza y no tenía muy claro si iba a ser capaz de hacerlo.

Después de dar un par de vueltas por aquella calle sin acabar de decidirme a entrar, al final, me armé de valor y empujé la puerta, entrando en su interior. Me sentí extraño nada más entrar. Nunca había estado en un sitio así ya que siempre había comprado ese tipo de cosas por internet. Deambulé un poco pasando por estanterías repletas de películas porno, lencería erótica y cosas que, sinceramente, no tenía ni idea de para qué servían.

Conseguí localizar la zona donde estaban los consoladores donde descubrí, para mi estupor, que no iba a ser tan fácil como pensaba. Había multitud de ellos, en diferentes tamaños, texturas y usos diversos. Estaba ya casi convencido para marcharme sin comprar nada, cuando apareció una dependienta junto a mí.

—Hola, ¿puedo ayudarte en algo? —me preguntó de forma servicial.

—Buscaba un consolador —contesté nerviosísimo y muerto de la vergüenza—. Pero no sé muy bien qué coger…

—¿Es para ti? —me preguntó con naturalidad.

—No, no… —me apresuré a responder—, es para mi chica… un regalo…

—Ah vale —me dijo sonriéndome—, eso está bien… jugar con tu chica… A ver si encontramos algo que haga que tu chica pase un buen rato y, porque no, tú también…

El que bromeara sobre aquello, acabó por relajarme y hacer que me olvidara de mis miedos.

—A ver, dime en qué estabas pensando para poder ayudarte… Me has dicho que el consolador es para tu chica pero, ¿para usarlo con ella o contigo?

—No, con ella… —dije al instante.

—Vale. Entonces descartamos los arneses. Quieres algo realista o algo más para jugar… —dijo mostrándome uno doble con el que estimular también el ano.

—No, algo realista más bien… —dije tratando de aclarar mis ideas—. Quiero algo para fantasear que hacemos tríos y cosas así…

—Ves, eso está mejor… ya te vas soltando, eh… —dijo divertida y contagiándome su sonrisa—. Mira, tenemos estos que son los que más vendemos… como ves, parecen un pene de verdad… con sus venas, testículos y glande… los tenemos en dos tamaños, de 17 y 20 cm…

La chica me alargó el de 20 cm para que lo cogiera y tuve una sensación extraña con aquello en la mano. En comparación con la mía, la notaba mucho más larga, gruesa y pesada. Me vino a la cabeza Víctor y su pollón, quizá algo más grande que aquello que tenía en la mano, pero bastante parecido. Lo suficiente como para poder jugar con Natalia con ella y fantasear con que me gustaría verla con algo así entre sus piernas. Quizás así incluso consiguiera que por fin mi chica se abriera y me confesara la verdad.

—Tengo otros —dijo enseñándome otro más grande y de color negro—, que la gente usa para fantasear que están copulando con un negro pero, si es la primera vez, casi te recomiendo el de 20cm… Si te soy sincera, a mí no me gustan tan grandes… prefiero el que tienes en la mano que, además, lleva ventosa y se sujeta muy bien… Y si es para fantasear con tríos te va a venir de perlas… lo pegas y, mientras ella lo chupa, tú la penetras… o al revés… —me explicó mientras acariciaba el consolador a la vez que me daba explicaciones, provocándome una sensación placentera en la entrepierna próxima a una erección.

—Creo que me voy a quedar con este… —dije señalando el de 20 cm.

—Genial… —dijo sonriente y metiéndolo en su caja—. Ya verás cómo le va a encantar a tu chica… yo tengo uno igual…

Seguí a la chica a la caja sin poder evitar imaginarme su pequeño cuerpo desnudo, con sus piernas abiertas y con aquel consolador que instantes antes tenía en su mano, entrando y saliendo de su coño. Ni que decir tiene que me empalmé mientras esperaba que la chica envolviera el paquete y procediera a cobrarme la compra.

De allí me fui directo a casa. Cuando llegué, aproveché que no tenía nada qué hacer y me puse a preparar mi maleta y así, de paso, aprovechaba que no estaba Natalia para esconder el consolador dentro. Cuando acabé, me fui al salón a ver un poco la tele mientras trasteaba con el portátil. No pude evitar buscar vídeos en internet de chicas jugando con consoladores y tentado estuve de masturbarme viendo uno de ellos, pero me contuve a la espera de mi chica que, quizás, tuviera ganas de jugar un poco.

Después de aquellos primeros días en que, llevado por mi enfado por sus engaños y ella estar recelosa por si notaba algo de su polvo con Víctor, los últimos días parecía que habíamos recuperado un poco la normalidad de las semanas anteriores. Aunque debía reconocer que, al menos por mi parte, la aparición de Alicia había contribuido a ello. Y no podía asegurar que, en el caso de Natalia, no fuera recordando a Víctor.

Sentí las llaves en la puerta y vi entrar por ella a Natalia, con sus mallas, su top y la sudadera, procedente del gimnasio. Me levanté, nos besamos y fuimos los dos a sentarnos en el sofá para hablar tranquilamente.

—Bueno, cuéntame… —dije cogiendo su mano.

—Pues todo bien —me dijo alegre—, la entrevista ha ido genial y Gonzalo parece un tío majo… me ha dicho que me pase el lunes para llevar los papeles y ya puedo empezar el martes…

—¿Qué bien, no? Me alegro que al final hayas encontrado algo y no te pases todo el día aquí encerrada.

—Sí, yo también. Ya estaba un poco harta y con ganas de trabajar. Además, por allí hay muchas oficinas y seguro que, trabajando allí, me entero de algo para trabajar como secretaria…

—Pues es verdad, no había caído en ello… ¿Y le has dicho algo a Andrea sobre el trabajo?

—No, solo que he estado en varias entrevistas y ya está… no quiero que me caliente la cabeza con sus tonterías…

—Vale… —dije viendo que parecía cierto que ella pretendía distanciarse de Andrea.

—¿No me vas a preguntar por tu amiguita? —me dijo mirándome jocosa-, por Alicia…

—¿Y porque tenía que preguntarte por ella?

—No sé… como parece que os lleváis tan bien… —dijo buscando pincharme.

—No tan bien como tú al parecer… —Le devolví la pelota—. ¿No me has dicho que os conocíais de años atrás, de salir alguna vez de fiesta?

—Tienes razón… —dijo dejando de bromear—. No me hagas caso… se ha portado súper bien conmigo, ayudándome a conseguir el trabajo y tranquilizándome con el tema de la ropa y eso… Y es genial empezar un trabajo ya conociendo a alguien dentro… Menos traumático… Lo que pasa es que habla tan bien de ti que no puedo evitar sentirme algo celosa…

—¿Celosa? ¿De Alicia? —dije haciéndome el tonto—. Venga cari… si yo solo tengo ojos para ti…

—Lo sé…. Además, tú verás… que tendrá mejor culo… pero no tiene nada que hacer contra estas dos… —dijo meneando sus tetas y guiñándome el ojo.

Se levantó y se fue a la cocina. Yo aproveché para mirar el correo electrónico y me encontré con un email de Víctor.

“Hola, Luis

Espero que todo te vaya bien. Yo ya estoy completamente asentado aquí. Tengo mucha faena y el tiempo se me pasa volando, pero no me olvido de ti ni de nuestra chica. Cómo olvidarla… jajaja… menudo polvazo y qué ganas de volver a repetirlo… Pero tranquilo, que ya te prometí que, cuando volviera a ocurrir, sería algo entre los tres y plenamente consensuado.

Te escribía para saber si tenías algo preparado para avanzar en lo nuestro durante el fin de semana en el hotel rural que le recomendé a tu chica. ¿Has comprado el consolador? Si lo has hecho, utilízalo con ella y le sugieres que te gustaría meter a alguien más en vuestros juegos. Algo de forma sutil, que anime a Natalia a abrirse, cosa que creo está deseando hacer. Al menos, es lo que me ha parecido por lo poco que hemos hablado estos días. Pero no la presiones ni la fuerces eh…

También quería comentarte una cosa. He conseguido hablar con unos amigos míos, pareja como vosotros, y los he convencido para que se acerquen este fin de semana al hotel donde vais a estar. Les he hablado de vosotros y Natalia también sabe de su presencia allí. Creo que os vendrá bien para superar vuestros miedos. Te lo digo más que nada para que no te asustes o te pongas a la defensiva cuando los conozcas. Son un poco como vosotros, a él le pone ver a su mujer con otros hombres y era con ellos que quedaba allí para follármela a ella. Ese fin de semana, aprovechando el viaje, quedaran con un chico que trabaja allí y que es un poco como yo… jajaja… lo digo por si al final os animáis y a tu chica le apetece pasar un buen rato con él…

Ahora en serio. Creo que será bueno que Natalia conozca a un hombre que disfrute viendo a su chica con otro, que lo normalice y lo acepte. Así será más fácil que se abra y acepte compartir vuestra relación, abrirla a terceras personas. Entre ellas yo, espero… jajaja… Qué ganas que pasen estos meses y poder volver para disfrutar del cuerpo de tu chica…

Como te dije, con el lío que tengo encima, casi ni miro el Whatsapp, pero seguiré atento a los correos a la espera de tus noticias. Cuando pueda, te iré contestando pero no te agobies si tardo algo ya que, como te he comentado, estoy muy ocupado ahora mismo.

Solo desearte que lo pases bien el fin de semana y espero que todo salga bien. ¡Ojalá tu chica por fin se abra! Y recuerda, por si os animáis, por allí estará mi amigo que seguro hará pasar un buen rato a tu chica…

Un saludo,

Víctor.”

Lo leí de forma rápida por miedo a que apareciera Natalia y me descubriera. Cuando acabé, una mezcla de emoción, excitación y cabreo me embargaba. Sospechaba que algo habría detrás de aquella escapada, pero no me imaginaba que Víctor, por su cuenta, había vuelto a meter a otras personas en nuestro juego.

Decía en su correo que Natalia ya estaba informada de ello, y me extrañaba que ella estuviera de acuerdo. Como también me extrañaba eso que decía que veía a Natalia con ganas de confesar y explicarme lo sucedido. A mí no me lo había parecido para nada. Con remordimientos y ganas de compensarme, sí, pero para nada incómoda viviendo en el engaño. O, al menos, eso me parecía.

Pero tampoco podía negar que, pensar en lo que podía suceder ese fin de semana, me excitaba y me ponía nervioso a la vez. Íbamos a coincidir con otra pareja que disfrutaba con esa clase de vida, con otra mujer que había sido follada por Víctor como Natalia. Una mujer con la que podía sentirse identificada mi chica y que hiciera que viera como algo normal acostarse con otros hombres junto a su marido. Y encima venían para acostarse con un amigo de Víctor que trabajaba en aquel hotel. Y, quizás, si todo salía bien, incluso podía ese mismo fin de semana compartir a mi chica con otro hombre, disfrutar los dos de ella.

Excitado a más no poder, fui a la cocina donde estaba Natalia, abrazándola por detrás mientras llevaba mis manos a sus tetas, acariciándolas con desesperación.

—¿Qué haces? —dijo Natalia sorprendida por mi arrebato.

—Me tienes loco, cariño… no sabes las ganas que tengo de follarte… —dije obnubilado, sin dejar de sobar sus pechos e intentando colar mi mano dentro de sus mallas para tocar su coño.

—¡Quieres parar!… No tengo ganas… Estoy cansada… —protestó e intentó apartar mis manos.

—Estoy muy cachondo, amor… Como mínimo, chúpamela un poco… Mira qué dura la tengo… —dije apretando mi pelvis contra su culo y sin dejar mis manoseos.

—No, ahora no… Quieres estarte quieto…

—Solo un poco… Uno rapidito… —dije intentando bajar sus mallas como la otra noche.

—¡No! —El grito de Natalia me dejó paralizado, haciendo que ella pudiera zafarse de mi acoso— ¡Te he dicho que ahora no! ¡Joder, Luis!

La rabia que exudaban sus palabras me cogieron por sorpresa. Nunca antes me había gritado así y eso me dejó descolocado, apartándome. Yo acto seguido me marché al salón, un tanto desconcertado.

—Perdona… —dijo Natalia segundos después apareciendo en mi búsqueda—. Estoy muy cansada y no me apetece… Y, a veces, te pones demasiado intenso reclamando follar… Mañana, en el hotel, prometo compensarte. No sé qué me pasa, pero llevo unos días rara, sin ganas de nada. Quizás es por el estrés del trabajo o los rollos con Andrea… no lo sé… La verdad es que con el lío con Erika, lo de la gestoría y lo de estos últimos días, ando con la cabeza hecha un lío y algo descentrada… ¿No me has notado algo rara?

—Bueno… puede… —dije sin saber muy bien qué decirle y sin entender a qué venía aquello—. Pero supongo que es normal, teniendo en cuenta por todo lo que has pasado, ¿no?

—Supongo… Es que ni yo sé cómo explicarlo… Me siento nerviosa, alocada y algo alterada… ¿En serio no me has notado diferente últimamente?

—Algo nerviosa e irritable sí… —le confesé—, pero las cosas van a ir a mejor, ya lo verás… Ya tienes trabajo y ya no pasarás tanto tiempo en casa… Y, encima, trabajando con Alicia, podréis recuperar vuestra amistad de antes e incluso salir juntas por ahí, si es lo que te apetece… Y, bueno, este fin de semana nos vamos a esa casa rural y seguro lo pasamos bien…

—Claro —dijo no muy segura y me pareció que sintiéndose culpable por algo—, seguro que será todo genial y prometo compensarte allí…

Me besó y me acarició mi entrepierna antes de abandonar el salón para irse al dormitorio, supuse que a preparar su maleta para el viaje del día siguiente. Sentado en el sofá, mirando la tele pero sin ver nada, no podía dejar de pensar en lo que podía pasar ese fin de semana. No dudaba de las buenas intenciones de Víctor pero, eso de involucrar a más gente en nuestras historias, me parecía arriesgado y no acaba de gustarme.

Estaba hecho un lío. Por un lado, deseaba que Natalia se abriera a mí y poder tener una relación abierta, pero también temía que la cosa fuera demasiado lejos y eso acabara con nuestra relación. No tenía nada claro. Después de nuestra charla, no sabía si Natalia estaba arrepentida y se sentía mal por haberme engañado, o lo que le pasaba era que temía que la descubriera y las consecuencias que ello acarrearía. Pero, fuera lo que fuera, algo me decía que ese fin de semana iba a ser crucial para nuestro futuro.

Cuando Natalia, después de acompañarme un rato viendo la tele, decidió irse a la cama, aproveché para mandarle un correo a Víctor como respuesta:

“Hola, Víctor. Acabo de leer tu correo. Mañana vamos al hotel rural que le recomendaste a Natalia. No me acaba de hacer mucha gracia eso que hayas metido a más gente en lo nuestro, creo que es peligroso y se nos puede escapar de las manos. Pero confío en ti y espero no equivocarme. Espero poder hablar con ella este fin de semana y confesarle lo que quiero y que ella haga lo mismo conmigo. Y sí, he comprado el consolador, uno de 20 cm que, si puedo, quiero estrenar mañana con ella. Ya te mandaré una foto y te contaré cómo ha ido la cosa. Espero que todo vaya bien y, después de estos días, se aclaren las cosas para bien.

Un saludo,

Luis.”

Cuando acabé, me fui a la cama, acostándome junto a Natalia que, de forma instintiva se pegó a mí y me abrazó. Una extraña sensación me embargó al hacerlo. Si las cosas no salían bien, quizás iba a ser la última noche que iba a pasar junto a ella…

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