Capitulo II

El comienzo…

Heinu Badenhorst llegó a su casa y estuvo viendose en el espejo.. La soledad, la emoción de ser importante para alguien, el abrazo de amistad, que paso a familiar..y luego sucedio..y sucedio otra vez…y otra vez..

Golpeó con su cabeza la pared… Debia entregarse a la policia.. Era un enfermo.. Era un peligro para las señoritas de la ciudad…

Decidido a pagar su delito, vio sus ahorros.. Con la inflación no era mucho… pero tenia un buen anillo de oro..su anillo matrimonial.. Un pequeño diamante… no estaba pagando un servicio..ni era una compensación..es que no encontraba la manera de pagar lo que hizo…

Un ardor le atacó  la garganta..y un escalofrío lo envolvio..comenzo a estornudar..hasta que casi no podia respirar de tanto estornudar.. Le faltaba el aire… busco abrir la ventana..pero los escalofrios le hacian castañear los dientes…luego a toser.

Se alegro… dios lo castigaba…dios lo hacia..sufrir.. Era la redención por su pecado.. No tomaria medicinas.. Pagaria su crimen… Se acostó… la cama donde su sucedio todo y por donde un momento miles de emociones incontrolables lo atacaron…

Temblando por los escalofrios colocó su aro de matrimonio encima de la mesa de noche y su diamante… la fiebre lo envolvió..a las horas entendió que agonizaba… por su estupido error perdia la oportunidad de estar eternamente con su esposa…a las horas casi no podia respirar y se ahogaba..

 las horas casi no podía respirar y se ahogaba..

Como pudo escribió una carta…y luego se desplomó en el suelo..

I

A los dos días descubrieron el cadáver de Heinu Badenhorts..

Estaba hinchado e inmediatamente lo llevaron al cementerio..

La policía encontró el anillo, el diamante y la carta..

Así que el respetable comisionado Rusth fue hasta la casa de la madre de Ámbar de Haro..

Y sentado le entrego la carta a la Sra de Haro.

“”” A quien pueda interesar.

Yo Heinu Badenhorts, en el uso de mis facultades mentales, hábil, y solvente, sin ningún heredero conocido ni legal.

Declaro libremente que dejo mis bienes que corresponden a mi casa, el mobiliario, mi piano, mi colección de libros, mi reloj de oro, mi anillo de matrimonio y un pequeño diamante para que sea invertido en la manutención y educación de la joven Ámbar de Haro.

Con mi firma auténtica.

Heinu Badenhorts.

Y entrego mi alma y honra al perdón de dios..

Y tres firmas y una huella dactilar en sangre…

La sra de Haro leyó en silencio la carta, levantó su mirada y vio al policía que se mantenía en silencio.

— lo encontramos muerto en su casa. El olor llegó hasta los vecinos..

La mujer suspiro.

— La verdad no lo entiendo. No soy del círculo de amistades del Sr Badenhorts.

— No tenía herederos. No creo que haya problema con los impuestos sucesorales.. Por lo que se ve, era un hombre solvente.

— No se si deba.

— Es por el descanso de su alma… Fue explícito en eso.

— Claro.

— Servirá para educar a su hija..

— Si..por supuesto– dijo la mujer levantándose de la silla. El policía entendió y a su vez se levantó.

Antes que el hombre se fuera ella le dijo.

— Soy una mujer que respeta profundamente la memoria de su esposo.

El policía asintió y dio un taconazo, retirándose en silencio…

….Al rato llegó de clases su hija, agotada, comió y ella la descubrió colocando azúcar a la mayonesa; y mayor asombro… por primera vez , sin rechistar se tomó en dos tragos el jugo de remolacha con zanahorias, no sin antes lanzarle una generosa ración de salsa inglesa al batido…

Después, casi arrastrándose se fue a su cuarto.. 

La viuda subió al cuarto de su hija, para encontrarla absolutamente rendida..

Al día siguiente la viuda fue a la iglesia… Habló con el sacerdote… Luego la Sra Tell le dijo que había visto a Ambar salir de la casa del fallecido..

Llegó a la casa para encontrar vomitando todo a su hija.

La miro.. E inmediatamente le dio dos cachetadas..

La niña la miró confundida..

— Que hicistes Ambar?.. Qué fue lo que hicistes?– dijo la mujer cayendo de rodillas y colocando su cara en el colchón de la cama de su hija.

Ámbar se limitó a sentarse en silencio en la cama a la orilla de la cama y ver a su madre llorar mientras la miraba y no dejaba de preguntarle..

— Por amor a dios. Qué fue lo que hicistes?..

Continua

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