ALMUTAMID

Mis reflexiones se quedaron perdidas en la nube de mis pensamientos tras despertarme por la mañana. A pesar de contar con calefacción centralizada la casa de Nieves estaba fría por la mañana. Y ello fue una invitación para quedarnos en la cama calentitos y abrazados. Quedarse en la cama abrazados, acariciándose y charlando es más propios de parejas que de follamigos. ¿Se me pasó por la cabeza volver a follar? Pues claro. Seguramente al pasarme la pierna por encima se dio cuenta de mi erección matutina prolongada por su cercanía. Pero ninguno dio pasos para provocar el deseo directo en el otro como prolongar los besos, acariciar zonas erógenas o directamente buscar el sexo del otro.

No. Estábamos abrazados conmigo boca arriba y Nieves de lado apoyada en mi hombro acariciando mi pecho. Incluso me quitó un grano en el hombro. Yo tenía mi brazo por su espalda acariciándola paseándome de vez en cuando por sus nalgas pero sin buscar su raja o su ojete que tanto placer me habían dado el día anterior. De vez en cuando giraba la cabeza y le daba un pico para que ella se apretaba más a mí pegando su pecho al mío.

Va a sonar a excusa pero estaba tan a gusto con ella que no me planteé hablar lo que había pensado por la noche. De hecho me notó pensativo en algún momento pero ganaba mi atención con unas cosquillitas en el abdomen que se ganaban mi respuesta en su barriguita. Y es que me estaba gustando mucho estar así. De hecho estaba experimentando las mismas sensaciones que recordaba haber sentido con Claudia cuando Óscar se fue y empezamos a dormir juntos. ¿Me estaba enamorando de Nieves?

¿Y si yo se lo planteaba y ella me rechazaba? ¿Quién va a querer de novio a un tío que te follas cuando quieres engañando a otra? Me daba miedo descubrirme. No. Me esperaría a estar con Claudia en Navidad y tendría que tomar decisiones. Seguía queriendo a Claudia pero Nieves empezaba a ofrecerme una estabilidad que no tenía con ella. ¿Romper yo con Claudia? Qué locura. Jamás se me habría pasado por la mente, pero con Nieves entre mis brazos empezaba a convertirse en una posibilidad. En un par de semanas saldría de dudas. Podría esperar pues estaría sin las dos en la residencia.

-¿Estás muy pensativo, Luis?- la oí sacándome de mi ensimismamiento.

Nieves me miraba haciendo círculos con su dedo en mi pezón.

-Es que no te voy a negar que estoy aquí muy a gusto.
-¿No tienes hambre?
-No tanta como para salir de la cama. ¿Tú te quieres levantar ya?- le pregunté.
-Tampoco- respondió mirando a su dedo juguetón sobre mi pecho. Me gusta estar así pegaditos.

La atraje más hacia mí y mi amiga suspiró. Pero disimulando me dijo:

-Me gusta tu pezón.
-¿Qué tiene de especial mi pezón?
-Es tan pequeñito. Y redondo. Te noto además el pecho más fuerte.
-Entre las muletas y que no salgo a correr hago muchas flexiones y abdominales.- expliqué.
-Me gusta como te sienta.
-No soy cachas.
-No me interesan los cachas como Pablo. Ya sabes que no lo soporto.
-¿Crees que durará mucho con Leyre otra vez?- le pregunté.
-No creo. Son tal para cual.
-Entonces duraría.
-No, jajaja. Son tal para cual en que en cuanto tengan a alguien que les de más de lo que se dan ellos se dejarán otra vez.
-Vaya. Yo a lo mejor tengo a alguien que me da más.-bueno. Esto en realidad lo pensé pero no me atreví a decirlo. En realidad dije:

-Vaya. ¿Crees que lo de ellos es sólo físico?
-Evidentemente. Pablo no puede dar otra cosa.- respondió.
-¿Y tú y yo qué tenemos?- pregunté casi arrepintiéndome al instante.
-No lo sé. Luis. Lo que tú quieras que tengamos. O yo, o nadie. No sé Luis.- respondió abrazándome de nuevo.

Pero como si supiera como evitar el interrogatorio o la charla difícil que demostraba querer eludir como si también tuviera una lucha interna con respecto a sus sentimientos por mí en una caricia descuidó la mano hasta tropezar con mi nabo tieso.

-Creo que aquí hay algo que demanda mi atención.
-¿Tú crees?
-Ajam…

Y escurriéndose dentro de la cama noté como primero agarraba mi polla descubriendo mi glande para terminar chupándolo. Tampoco tuve fuerzas para decirle que parara y enfrentar nuestros sentimientos. Y tras saborear un poco mi glande se colocó entre mis piernas y empezó a mamar con fuertes movimientos de cabeza. Yo me quedé mirando al techo esperando encontrar allí la respuesta que necesitaba mientras Nieves mamaba con maestría tragándose mi polla casi entera a la vez que jugaba con mis pelotas o acariciaba mi pubis hasta que le llené la garganta de semen y se levantó corriendo a escupirlo al baño.

Me habría quedado todo el fin de semana con Nieves pero desgraciadamente aquel mismo mediodía me devolvió a mi casa, no porque ella me echara sino porque no encontraba forma de justificar en mi casa tanta ausencia con la pata tiesa. Así que me pasé la tarde del sábado aburrido en casa.

El domingo vino Víctor a recogerme a la estación para cargar con mi maleta a la residencia. Tuve que contarle lo aburrido que había sido mi puente sin poder salir pues pese a nuestra confianza sospechaba que si le contaba que me había pasado dos días follando con Nieves terminaría sabiéndolo Lourdes. De hecho estaba taciturno y pensativo dándole vueltas a la cabeza para deshojar la margarita y mis compañeros de residencia lo achacaron al mal puente que había pasado resignado a no poder divertirme por mi esguince.

No podían sospechar que mi cabeza y mi corazón estaba dividido entre mi ciudad y Bolonia. De hecho cuando Blanca me recogió a la mañana siguiente. Ni siquiera me acordaba que apenas unos días antes casi llegué a estar obsesionado con follármela. Sin embargo su amabilidad hacia mí seguía intacta e incluso se ofreció a acompañarme el jueves al médico para que me vieran el tobillo. Se lo agradecí disculpándome con que Marta ya se había ofrecido. También la evité no yendo el jueves a ver al equipo en su partido excusándome con la lluvia y la escayola.

El viernes por la mañana Marta me acompañó al centro de salud. Me hicieron una radiografía tras quitarme la escayola y el traumatólogo decidió sustituirla por una férula y que utilizara sólo una muleta para no dejar caer todo el peso sobre ese pie. Me daba más libertad de movimiento pero me atrasaba una recuperación que yo creía ya completada. Seguía sin poder jugar ni correr. La verdad es que me cayó mal. Y se me notó en el ánimo. La misma Marta ya me animó. Eran tres semanas más. Yo hacía mis cuentas. Hasta el 4 de enero no me lo podía quitar. Todas las navidades jodido. Ya no podría viajar de la misma manera. ¿Cómo iba a ver a Claudia?

Marta debió notar mi angustia y se le ocurrió organizar una fiesta de Navidad en su casa. Pese a mi decepción yo había ganado movilidad y ya no necesitaba ni ayuda para llevar la mochila. Era nuestro último fin de semana antes de las vacaciones y con esa excusa y pensando en mí organizó una fiesta el sábado en su casa. Incluso nos dejó que invitáramos a más gente. Al final yo me llevé a Marcos y Ángel, y hasta convencí a Lourdes y Víctor. Por su parte Miriam convenció a Carlota para que no se fuera a su pueblo y Marta invitó a sus compañeras de piso, Silvia y una chica nueva que yo aun no conocía. Todos llevamos bebidas y algo de picar. Marta había decorado el piso. A mi me sentaron en una butaca junto a la mesa mientras habían apartado los demás muebles para que hubiera espacio.

La fiesta fue todo un éxito pues pese a la variedad de asistentes la mayoría de la gente se cruzó en conversaciones animadas y algún baile tonto con música navideña. Tuve que aguantar un rato el sobeteo descarado de Silvia charlando conmigo y hasta sus miradas descaradas a Víctor pese a la cara de pocos amigos de Lourdes. De broma le dije que el único libre era Marcos por si tenía ganas y me guiñó un ojo.

Después vi a Marta y Lourdes hablando amistosamente. La verdad es que fue agradable y lo pasamos bien en plan amigos sin otra noticia reseñable más que cuando Marta pilló a Ángela y Miriam dándose un piquito en la cocina que rápidamente vino a contarme. Parecía que retomaban lo suyo pero con más calma pues Ángela se vino a la residencia para llegar antes de que cerraran la puerta. Yo no pregunté y ella no contó nada.

La que sí me comentó algo fue Lourdes:

-Oye, ¿Marta es la chica con la que saliste antes de Claudia?
-Sí.
-Es muy agradable. He estado hablando un buen rato con ella y me parece buena niña.
-Parece que me la quieres vender…si yo ya la conozco.
-Que no tonto, jajaja. Tú con mi amiga Claudia. Sólo quería decirte que me ha caído muy bien.

Según íbamos andando nos dimos cuenta de que habíamos salido sin Marcos. Según buscaba el móvil para llamarlo lo vimos aparecer corriendo.

-¿Dónde estabas? -preguntó Ángela.
-Que me he entretenido.-se disculpó.
-Con Silvia…-dije yo.

El chaval se puso colorado. Empecé a reírme mientras los demás no entendían que pasaba. Me giré y les expliqué a los demás:

-Que nuestro Marcos se ha pegado un revolcón…

Marcos le dio un manotazo de aprobación en el hombro mientras Lourdes le echaba una mirada inquisidora y Ángela comentaba:

-Bien, chaval.

Víctor llevó a Lourdes a su residencia mientras Ángela, Marcos y yo a mi paso lento llegábamos a la nuestra. Nos despedimos de nuestra compañera y ya a solas pinché a mi compañero de dormitorio:

-Bueno, ¿qué? ¿Te ha comido la churra? Jajaja.

El chaval negaba con la cabeza.

-Pero te habrá tocado el pito, ¿no?- insistí.
-Bueno…
-Tío, cuenta, anda. Que yo conozco a Silvia. Le habrás tocado las tetas. Es lo mejor que tiene.
-Verás…es que tengo que ir a ducharme.
-Pero cuéntame antes ¿no?
-Bueno. Nos estábamos besando. Me ha metido mano y …
-Te ha meneado el nabo.
-No le ha dado tiempo. Según me apretaba con la mano me he corrido y me di cuenta que os habíais ido…

Marcos se fue a ducharse pues estaba pringado con su rápida corrida. Mientras se me ocurrió escribirle a Silvia:

-Ya me he enterado que esta noche has tenido fiesta.
-Jajajaja. ¿Te lo ha contado?
-Se lo he sonsacado.- respondí.
-Pobre. Se ha ido todo cortado.
-A saber que le has hecho.
-Nada malo, jajaja. Menos que a ti.
-Pues se merece más que yo.
-Que bien lo vendes. Está verde, pero besa muy bien y tiene una buena herramienta.
-Ya te la has comido ¿o qué?
-No me ha dado tiempo. Jajaja. El niño tenía prisa.
-¿Y qué? ¿Repetirías?
-Luis, ¿me estás diciendo que lo espabile?
-Si te gusta el niño…
-Dale mi móvil, idiota. Jajajaja. Que has pasado de mí todo este tiempo y ahora me escribes para ayudar a tu amiguito.
-Eres una buena amiga.
-No como tú…

Me despedí de ella y cuando regresó Marcos le dije para quedar bien que Silvia me había pedido su móvil. El chaval se extrañó creyendo que había quedado muy mal con ella, pero aun así se lo apuntó.

El domingo hablé con Claudia contándole mi decepción porque seguía con una muleta y la pierna con la férula y como nos limitaría en vacaciones. Pensamos varias posibilidades. Lo de alquilar una casa rural lo descartamos por mi pierna. Ir yo a verla, igual. Lo único que ella viniera a verme. Pero no la podía meter en casa. ¿Irnos a un hostal? Parecía la mejor opción. Pero ¿cómo justificarlo en casa? No nos aclarábamos. Yo le pedí perdón por los problemas que había provocado pero evidentemente ella me disculpó sabedora de que preferiría haber estado bien para poder estar con ella.

Para relajar la conversación le recordé cuanto la echaba de menos y las ganas que tenía de estrecharla y de disfrutar de su cuerpo. En un momento dado le dije que me moría de ganas por saborear sus pezoncitos y en un gesto espontáneo se levantó la camiseta enseñándome sus tetitas desnudas entre risas.

-Mira que eres mala- le dije- que después ya sabes lo que pasa.

Y levantándome me bajé pantalón y calzoncillo para enseñarle mi churra colgona.

-Jajajaa, Luis. Que yo también echo de menos tus cositas…
-Enséñame el chochito.- le pedí con carita de pena.
-No, que no estoy depiladita.
-Porfi….
-Que tonto eres, si me lo has visto mil veces.
-Pero se me va a olvidar.
-Si ya mismo nos vamos a ver, jajaja.

Puse cara de pucheros parpadeando mucho mientras mi chica negaba con una sonrisa franca en la cara. Entonces se levantó y se bajó los leggins que llevaba enseñándome sus bragas negras. Acerqué mi cara a la cámara demostrando mi expectación. Yo no veía su cara que quedaba fuera de la pantalla pero la imaginaba riéndose cuando tirando de los elásticos se bajó las bragas dejando su pubis cubierto por una ligera capa de vello cortito muy negro enmarcando por arriba sus labios vaginales tan marcados. Mi reacción fue levantarme de nuevo para enseñarle mi nabo tieso diciéndole:

-Mira que contenta se pone…
-Jajaja. Luis, el rápido. Ya mismo voy a estar yo ahí para darle cariñito.- dijo tapándose.
-No te tapes.- respondí tocándome la polla- Déjame disfrutar más de ti.

Al final me hice una paja mirando a mi novia por la pantalla pidiéndole que me enseñara las tetas, el culo y su chochito aunque ella no se tocó justificándose en que necesitaba tocarme y sentirme más que verme.

Fue una conversación tan normal de novios, tan cariñosa por su parte, que pareció solucionar todas mis dudas. Era ella, mi Claudia, la de siempre. Nieves era muy buena niña y un cañón en la cama, pero yo me había pasado todo un curso enamorado de aquella niña que veía tras la pantalla.

De hecho, la última semana me cambió el carácter de nuevo en esa montaña rusa en que se convertía mi vida con mis cambios de ánimo y mis sensaciones. Marta se adjudicó la medalla creyendo que su fiesta había sido la clave para levantar mi ánimo. Blanca se adjudicó también su medalla por seguir acompañándome todas las mañanas a pesar de que yo ya podía cargar con mi mochila. Ninguna sabía la causa verdadera de mi afligimiento de la semana anterior ni la de mi euforia de esta semana.

El jueves me llevé a Marcos a ver el partido del equipo, último de la primera vuelta y el que me había coronado como estrella del equipo un año antes. En realidad, me lo había llevado por dos motivos. Primero porque viendo que el chaval no se movía le pedí a Silvia que se acercara al bar después del partido. Y segundo para evitar quedarme a solas con Blanca y apartar la tentación de follármela.

El partido se saldó con triunfo fácil sobre Filosofía. No íbamos líderes, pero estábamos a sólo 2 puntos de Educación Física. Esta vez no entré al vestuario y me adelanté al bar con Blanca y Marcos. Al poco llegó Silvia que me dio dos besos de esos largos buscando la comisura de mis labios para decirme disimuladamente:

-Yo que pensaba que te acordabas de mí como amiga y resulta que sólo quieres que te espabile al chaval.
-No te obligo a nada, pero después de lo que me dijiste el sábado por la noche pensé que te apetecía.
-Jajaja…cómo me conoces cabrón…que lástima que no me quieras para otras cosas.

De hecho, al rato vi como Marcos y Silvia salían juntos del bar. El problema es que llegaba la hora de irme y no volvía. Le mandé un mensaje pero no contestaba y no quise llamarlo por si lo pillaba en medio de la faena. Decidí irme a la francesa pero cuando me despedía de los compañeros de equipo y les felicitaba las fiestas Blanca me vio y se ofreció a venir conmigo.

-No te preocupes, Blanca. Me voy con Marcos. Disfruta tú que no tienes hora.
-No me importa. Os acompaño.

Miré el móvil pero Marcos no daba señales de vida. No me quedó más remedio que irme con Blanca, que sabía que se tardaba bastante menos tiempo en llegar a la residencia. De hecho, en cuanto empezamos a caminar lo primero que hizo fue agarrarse a mi brazo para empezar a contarme sus planes para las vacaciones.

Como ya había ocurrido unas semanas antes al llegar a la puerta de su casa fui a despedirme de ella pero se ofreció a acompañarme preguntándome si tenía prisa. Yo sabía que significaba su ofrecimiento y no oculto que empecé a sentir cierto cosquilleo en los huevos. Pero intenté apartar la tentación. Le dije que como me iba al día siguiente y tenía que hacer la maleta y todo no quería retrasarme.

-¿No necesitas relajarte?- me preguntó dándome a entender que se ofrecía a tener sexo.
-Estoy bien, gracias Blanca.
-Como ya no nos vemos hasta enero…-me explicó pasándose el dedo por le labio inferior.

Se me pasó por la cabeza que me la meneara en el portal de su casa o en la plaza de detrás de la residencia, o que me la volviera a comer, pero quise evitarlo. Pero para no hacerla sentirse mal le respondí:

-Me encanta relajarme contigo, pero ya no me conformo con nuestros jueguecitos, lo que me apetecería es follarte de una vez porque estás muy buena pero desgraciadamente no tenemos sitio…

Blanca se puso colorada. Pensé que se iría molesta por la brusquedad de mi ofrecimiento. Pero sorprendiéndome una vez más me dijo:

-¿Quieres subir a mi piso?

Me dejó descolocado. Pero en un chispazo miré el reloj y le respondí:

-En 20 minutos no tengo tiempo para hacerte todo lo que te haría ahora que voy conociéndote mejor…

Blanca bajó la cabeza y con una timidez que me recordó a nuestros primeros encuentros me contestó con un simple:

-Vale Luis…

Pero antes de que me despidiera de ella levantó la cabeza y me propuso:

-Bueno, si quieres te puedes quedar a dormir…
-¿Tantas ganas tienes de hacerlo conmigo?- le pregunté cogiéndola por la barbilla para mirarla a los ojos.

Blanca bajó la mirada cuando se encontró con mis ojos y suspiró diciendo algo que me dejó bastante impresionado:

-Es que es increíble que Luisinho se fije en mí. Si mis amigas supieran lo unidos que estamos ni se lo creerían.
-No es para tanto, Blanca. Que tampoco soy Cristiano Ronaldo.
-Jajaja. Pero te conoce todo el mundo en la facultad, y van a verte en los partidos…
-A mí no, al equipo…
-Pero sobre todo a ti.
-Me lo voy a creer y todo. Pero ¿qué tontería digo?- pensé en voz alta.-Si tengo a este bombón deseando tener algo conmigo. Pero chiquilla, con lo buena que estás puedes tener lo que quieras.

Blanca seguía sin mirarme pero por fin levantó la cabeza y me respondió:

-Es que a mi me gusta contentarte. Que estés a gusto conmigo.
-¿Y para ti no pides nada? Porque no le has contado a nadie nuestros encuentros, ¿verdad?

Negó con la cabeza respondiendo:

-A mí me gusta estar contigo…y tenerte contento…
-Joder, ahora me está dando lástima no echarte el polvo que te mereces.

Blanca me sonrió con una mezcla de dulzura y picardía y cogiéndome la mano tiró de mí para meterme en el portal.

Con dos besos y un lacónico “Queda pendiente para después de Navidad…” conseguí escaparme de la proposición de Blanca. Con el lío que tenía yo entre Claudia y Nieves no era cuestión de complicarme más con Blanca. La niña se quedó algo decepcionada pues hasta ahora era la primera vez que ella tomaba la iniciativa conmigo, o al menos en que fuese evidente pues Marta se olía algo desde la primera vez que nos vio juntos en el bar.

Desde luego fue algo que no me preocupó con otros pensamientos paseándose por mi mente de cara a aquellas vacaciones. Con el tiempo límite apareció Marcos acalorado pues me explicó que había venido corriendo, temiendo no llegar a tiempo del cierre de la puerta de la residencia. Por supuesto que le pregunté por como le había ido con Silvia, pero no quiso contarme nada, aunque por fin, secándonos tras una ducha el chaval se soltó un poco más cuando le pregunté claramente:

-Pero, ¿te la has follado o no?

Negó con la cabeza para justificarse:

-No teníamos sitio ni condones.
-Pero os habéis enrollado.- afirmé.

Asintió con la cabeza y yo insistí:

-Y le has cogido las tetas…

Continuó asintiendo ahora con una leve sonrisa.

-Tío, qué callado eres- insistí- cuenta anda.
-Es que no está bien.
-¿Darse el lote?
-No, contar cosas que a lo mejor la chiquilla no quiere que se sepan.
-Tienes razón, pero es Silvia…

Me miró algo ofendido. Entonces me di cuenta de mi error. ¡A Marcos le gustaba Silvia de verdad! Intenté no quedar del todo mal completando la frase:

-…que hay confianza entre ella y yo.
-Pero ¿tú y e ella?…
-No, no. Sólo amigos. Es la compañera de piso de Marta.
-Pero Marta y tú sí…
-Sí, sí. Salimos el curso pasado, pero sólo somos amigos.
-Ya, ya lo sé. Es que Silvia es tan divertida, bueno, y…

Se cayó pues entraba alguien en las duchas. Nos fuimos al dormitorio y allí por fin el chaval fue el que empezó a preguntarme ya acostados:

-Luis…
-Dime.
-¿Es normal durar poco?
-Depende. Yo hay veces que tengo que parar porque no puedo más y veces que me cuesta llegar.
-Ya.-respondió Marcos.- Es que hoy me ha vuelto a pasar.
-¿Tocándote?
-No…

Me salí de la cama y asomé la cabeza por su litera diciendo con cara de alegría:

-¡Te la ha comido!

Mientras mi compañero asentía orgulloso pensé que en el fondo Silvia se habría dado su festín, con lo que le gustaba comerse una polla.

-Pero Luis, creo que he durado muy poco.
-¿Pero tú no le has hecho nada?
-Sí claro, le he cogido las tetas y se las he comido y la he tocado abajo.
-Entonces no pasa nada por correrse rápido. La cuestión es que la chica quede satisfecha.
-No. Si ella después ha seguido.
-¿Comiéndotela?
-Sí…
-Chaval, has triunfado. Lo que tienes que haces es follártela en condiciones cuando volvamos de Navidad…

Con la satisfacción de haber conseguido que Marcos se fuera espabilando pese al riesgo de que se colara por Silvia y eso le hiciera daño nos dormimos. Era el momento ya de pensar en mí y en aclararme con Claudia y con Silvia. ¿Se puede estar enamorado de dos mujeres a la vez?

Un comentario sobre “La residencia (86)

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