LUIS5ACONT

Ultimo autobús a San Fernando.

El último Comes de Cádiz acaba de llegar a San Fernando. Las chicas habían hecho todo el trayecto charlando animadamente con sus nuevos amigos, contentas por ser el centro de atención y la escolta que le proporcionaban.

– Oye y… ¿qué vais a hacer ahora? el autobús a Algeciras no sale hasta mañana por la mañana ¿Tenéis donde pasar la noche?

– Si, una amiga nos deja su piso.

– Ey – comentó Julián – a ver si nos invitáis a ese piso.

– Bueno, ya sabes – Respondió Lita – tienes que….

– Si, ya,  – completó la frase – tengo que ganármelo.

Ella rio la broma, cuyo sentido solo ambos conocían.

– ¿Os vais por la mañana?

– Pues depende a la hora que nos levantemos.

– Podríamos quedar para comer. Nosotros podemos salir y echamos un rato por San Fernando – propuso Pedro.

– Bueno, nos lo pensaremos ¿nos vais a invitar?

– ¿Invitar? Jajajaa ¡pero si vosotras ganáis más al mes que nosotros!

– Venga que se hace tarde – apremió Eduardo.

– Tío, no seas cagaprisas que nos da tiempo a llegar.

– Ya vamos justos.

– A este lo que le pasa es que no se la juega, no quiere que lo arresten porque sabe que el fin de semana le joden el permiso para ir a ver a su novia – dijo Antonio.

– Pues entonces hace bien – dijo Laura dándole un beso en la mejilla a Edu – Di que sí: las novias son lo primero.

– ¿Tenéis algo para escribir? – Preguntó Julián, siempre práctico – Pedro pásale el número del cuartel para que nos llamen.

El gallego sacó un pequeño bolígrafo y arrancó una hoja de la agenda de bolsillo. Tras garabatear un número de teléfono se lo dio a Laura:

– Toma guapa, podéis preguntar por cualquiera de los cuatro. 

– Pero si preguntas por mí, mejor – añadió el Madriles mirándola directamente a los ojos y componiendo su mejor sonrisa del lobo.

Laura aceptó el papel y le devolvió el guiño.

– Hala, venga, que no queremos que os arresten por nuestra culpa – Dijo Paqui, pero hasta que ellas no se volvieron y se fueron del brazo andando, ninguno de los cuatro se movió del sitio, como si se resistieran a dejarlas ir. Pasado unos segundos, reaccionaron:

– Ale, carallo, paso ligero – gritó el gallego y el grupo se perdió entre las sombras de la avenida en dirección al cuartel.


Paqui se apretó contra Laura.

– Bueno tía, cuéntame qué tal el guapetón ese ¿es todo labia o también sabe aliñar bien el conejo?

– ¡Qué bruta eres Paqui!

– Yo seré bruta, pero a ti se te oyó un chillido que parecía que te estuvieran matando…Ya me contarás qué te estaba haciendo.

– Juegos de manos, como los magos.

– ¡Anda! no me digas que además de estar bueno sabe hacer magia…

– Pues parece que sí.

– ¡Qué suerte tienes cabrona, siempre te llevas a los mejores!

– No, ni de coña, solo me llevo los que parecen los mejores: al final siempre la cago. Fíjate con José.

– Pues hija, este tiene muy buena planta y si encima es de los que saben dar gustito… A ver si tienes suerte y el resto acompaña.

– Bueno y tú ¿qué tal con ese de Málaga?

– Pues el chaval es apañado, no tiene tan buena percha ni es tan guapo como el tuyo, pero tiene su puntito y además se ha portado razonablemente bien.

– ¿Cómo de bien? –  le preguntó con toda la malicia y el todo el interés Laura.

Su amiga hizo una pausa para hacerse la interesante y miró hacia el cielo cerrando los ojos, como si quisiera volver a saborear ese momento.

– Me hizo una comida de chocho espectacular.

– ¡No jodas!

– Pues sí. Puso alguna pega al principio, pero luego se bajó al pilón y se portó como un campeón.

– ¿Te corriste en su boca?

– Cerré los muslos, le apreté la cabeza con las manos para que no se pirara y te puedo asegurar que no se escapó. Le puse la cara perdida, pero tiró mecha allí a pie firme, con la bayoneta calada. Todo un valiente jijijij…

– Jajaaaa… Y luego ¡te clavó la bayoneta!

– Bueno, no inmediatamente: si en ese momento me la mete me llega la leche hasta el estómago, estaba muy necesitado el chaval y yo lo había puesto como una moto, claro…Así que primero le devolví el favor – dijo Paqui mientras hacía un gesto obsceno con la mano y la boca a la vez.

Laura no pudo reprimir un golpe de risa y llevarse la mano a los labios.

– Pero no creas, que el chiquillo es majo. Solo paré un momento para decirle que me avisara y el muchacho cumplió. Cuándo se fue a correr me dijo algo así como: “ya, ya, ya voy”… entonces dejé de chupar y cómo se la había puesto chorreando hasta los huevos, empecé a masturbarlo. Aquello subía y bajaba sin ninguna dificultad, como si estuviera amasando pan. Por un momento pensé que me había retirado demasiado pronto y le había cortado el rollo, pero continué haciéndole la paja y entonces empezó a echar leche poniéndome toda perdida: las tetas, el cuello…hasta la barbilla me llegó una gota. Me limpié como pude. Luego estuve pendiente de vosotros, pero por tu lado no se oía ningún ruido, no sé si estabais quilando o qué…

– No, no hemos follado, lo he dejado con las ganas por si hay próxima vez.

– ¿Cómo es eso de dejarlo para la próxima? habíamos quedado en que veníamos a divertirnos: no me digas que has desaprovechado la oportunidad.

–  La verdad es que con la paja que me hizo me quedé muy contenta y ¿sabes? pienso que es muy probable que nos volvamos a ver, así que pensé que era mejor dejar preparado el terreno, no se lo iba a dar todo el primer día ¿no?

– Vale ya veo que te ha gustado, entonces ¿lo dejaste con las ganas?

– No hija, hice lo mismo que tú, una pajichupada que lo deje a gusto para toda la noche. Eso sí, en mi caso hubo más de paja que de mamada.

– ¿Y luego?

– Luego estuvimos simplemente abrazados un buen rato y charlando.

Paqui meneó la cabeza:

– Tía me parece que te ha dado fuerte. Mira, pues me alegro, en menos de un par de días te quitaste la cabeza al otro idiota.

– Bueno y ¿tú también estuviste charlando?

– No ¡qué va! nosotros fuimos a por el segundo asalto. A ver, hija, no me mires con esa cara que como tú no dabas señales de vida dije: pues Paqui ¡aprovecha!

– Jajaja, (nueva risa de Laura), no sé quién tenía más ganas, si el militar o tú.

– A ver nena, que a una también le gusta darse una alegría de vez en cuando lejos del pueblo, especialmente si pilla un chaval que está en forma y con ganas. Y a estos de Infantería Marina otra cosa no, pero en forma están, porque se ve que les dan una caña… el chico estaba como una piedra y no veas que abdomen – Paqui puso los ojos en blanco – Y de ganas, para qué te voy a contar, con todo lo que había soltado y aún tenía la verga tiesa, aquello no se bajaba, así que me dije: eres tonta si no te aprovechas para un segundo repaso. Cómo además sabía que esta vez aguantaba porque estaba recién corrido y me apetecía, pues mira, me monté encima y ale, a cabalgar, a cabalgar hasta enterrarnos en la mar…

Las dos rieron con ganas, habían llegado a la puerta del bloque de pisos y Laura rebuscó en su bolso hasta que dio con las llaves.

– Aquí están, venga, vamos para adentro. Oye ¿Que te lo follaste a pelo?

– Solo un ratito. Yo estaba muy subida y tardé muy poco en volver a llegar, solo tuve que ayudarme un pelín con los dedos.

– Ideal ¿y él?

– Pues Antonio, como un caballero, allí aguantando sin soltar ni una gota hasta que yo terminé. Luego me la saqué y me senté en sus muslos. Solo me la tuve que restregar un poco por el conejo y ya se puso otra vez a punto de caramelo, así que completé con una paja y se ve que lo tuve que hacer muy bien, porque se corrió casi enseguida, sin necesidad de tocarse. Pero esta vez apunté a su barriga, le tocaba a él ponerse perdido…jajajaaa…

Las dos entraron en el pequeño apartamento. En realidad era un estudio que tenía un amplio salón con cocina americana integrada, un pequeño aseo y un dormitorio.

Su amiga Carmen le había facilitado las llaves.Ella trabajaba de lunes a viernes y los fines de semana, normalmente se volvía a Algeciras, a no ser que le tocara guardia en la farmacia. Una putada lo de Carmen.  Tres años de novia y uno de casada hasta que descubrió que su marido le ponía los cuernos con una compañera. Después de haber comprado piso, de haberse trasladado a vivir a San Fernando y justo cuando mejor parecía que les iba y más unidos estaban como pareja. Que puta es la vida. Si no hubiera sido por el trabajo habría dejado aquello para no volver a los malos recuerdos que le traía, pero allí estaba su curro y en Algeciras no había casi nada. Horas en la conservera en una cadena de enlatado oliendo a mojama para ganar la mitad, no era una opción muy halagüeña y la de tener que malvender el piso que se lo había quedado ella con parte de la hipoteca, tampoco parecía buena elección. Eso sí, cada vez que podía, se cogía el autobús y se volvía para su pueblo. Eran buenas amigas y no era la primera vez que le ofrecía su apartamento y le dejaba las llaves.

– Tía, me doy una ducha que tengo tierra hasta en la misma raja del culo…

– No haberte quitado los pantalones, como yo, río Laura…

– Si es que además huelo a leche por todos sitios…

Al rato, salió su amiga envuelta en una toalla.

– No me he traído pijama.

– Los de Carmen no son de tu talla, pero en el armario tiene alguna bata.

– Vale, voy ¿qué haces?

– Tomándome un cola-cao ¿quieres que te prepare uno?

– ¿Un Cola-Cao ahora? no, no vaya a ser que se me corte y me dé una indigestión.

– Es que con el estómago calentito duermo mejor…

– Pues Tía yo voy a caer pelota…

Laura siguió removiendo la cuchara, mientras esperaba que se enfriara un poco, sumida en sus pensamientos. Hasta que Paqui volvió a aparecer con una bata de colores.

– Vaya pinta de Maruja tengo, solo me faltan los rulos.

Su amiga levantó la vista hacia ella, sonriéndole sin hablar…

– ¿Qué te pasa a ti ahora? ¿En qué piensas?

– Nada, cosas mías.

– Venga Lita que soy tu amiga ¿es por el tío ese que acabas de conocer?

– No, bueno sí, en realidad – Hizo una pausa como si no supiera muy bien cómo explicarse. Paqui se sentó frente a ella y cruzó los brazos esperando que su amiga se aclarara.

– Mira, te voy a contar una cosa, pero me tienes que prometer que no se lo vas a decir a nadie.

– La duda ofende, guapa.

– No, en serio, estas cosas se te escapan un día sin querer y ya la tenemos liada, se enteran hasta en Tánger, ya sabes que un cotilleo vuela más rápido que el Levante.

– Vale, tranqui.

– Pensaba en Carmen.

– Sí, vaya putada – asintió Paqui meneando la cabeza – Con lo bien que se llevaban… formaban muy buena pareja y mira tú por dónde le sale su marido.

– Si, ella no podía creérselo. Estaba hecha polvo. Si no los hubiera pillado…Quiero decir que si le hubiesen ido con el chivatazo no se lo hubiera creído. Tuvo que verlo con sus propios ojos. Bueno ya sabes, lo echó de casa, cerró el piso y se cogió la baja un mes. Estuvo todo ese tiempo pensando en cómo iba a mandar a la mierda a Paco cuando fuera a buscarla, en todas las cosas que le iba a echar en cara, cómo le iba a cruzar el rostro de un guantazo…

– Pero Paco no fue a Algeciras ¿no?  – Comentó Paqui, tratando de hacer memoria.

– Precisamente.

Ambas intercambiaron una mirada de entendimiento.

– No tuvo huevos ni siquiera para ir a disculparse. Le negó el derecho a desahogarse el muy cabrón. Fíjate que Carmen estaba dispuesta a ir por las buenas, incluso si él se lo hubiera currado, quién sabe si hubiera sido hasta capaz de perdonarlo porque estaba totalmente enamorada. Solo tenía que haber vuelto con la cabeza baja y haber aguantado el chaparrón. Carmen se llevó días esperando y al final solo una llamada telefónica para ver que iban a hacer con el piso. Ella me contó que eso le había dolido casi más que la infidelidad: fue el desprecio más grande que le podían haber hecho.

– Claro, con eso le demostró que ella le importaba un carajo.

Laura asintió con gesto serio.

– Pues nada, estaba dispuesta a dejar el trabajo, vender el piso, la mitad para cada uno después de quitar la hipoteca y a volverse para Algeciras. Esto no le traía más que malos recuerdos, al fin y al cabo, se vino aquí por él ¿Pero sabes lo que hizo? Cuando me lo contó me quedé de piedra.

Paqui la miraba con toda atención, se la había pasado el cansancio y el sueño de golpe.

-Cuenta, cuenta.

– Pensó que no se iba a venir sin más.  Dejando las cosas así. Cornuda y apaleada. De forma que se dio de alta un lunes y se presentó a trabajar. Me dijo que esa misma noche se arregló y salió de marcha. Se enrolló con el primero que le entró en el pub, se lo trajo al piso y se lo folló.

– ¡Bien hecho! – aplaudió Paqui.

– Pero ahí no queda la cosa…

– ¡Vaya, se lo volvió a cepillar!

– A ese no, a otro. Cuatro días después volvió a salir y conoció a otro chico. Ese era de fuera, había venido a la jura de bandera de su hermano, así que lo trincó y para el apartamento. Estuvieron toda la noche dale que te pego. Y así un par de meses, follándose todas las semanas uno distinto, si podía, a veces dos. Procuraba buscar soldados o gente de paso para no complicarse la vida, pero también cayeron un par de chicos de aquí, del pueblo.

– Joder tía, qué fuerte.

– Sí, lo que habrá visto este apartamento…

– Ya te digo.

– Incluso cayó un americano negro de la base de Rota. 

– ¿¿Se folló a un negro??

– Eso me contó.

– Ostia tía, que puntazo y ¿estaba bien armado? – Preguntó socarrona mientras reprimía una risita.

– Bueno, bueno, en esos detalles no entró, pero supongo que si era de grande como un armario la debería tener bien larga. Carmen me comentó que al final le echó un poco el freno. Según ella, tenía el coño como un bebedero de patos. Y ya estaba un poco cansada de tanto meneo y de tanto tío distinto pasando por su piso.

– Oye y el Paco ¿no se enteró de nada? esto no es tan grande.

– ¡Pues claro que se enteró! yo creo que lo hizo en parte para que él lo supiera…

– Y ¿qué dijo?

– Pues te puedes imaginar, el muy gilipollas, que si era una zorra; que si era una cualquiera; que si ya lo hacía antes y por eso le había puesto los cuernos…

– Qué mamón.

– Sí, por eso se quedó Carmen aquí.

– ¿Cómo?

– Pues eso, que tenía pensado partir peras con el piso y (como te he dicho antes), volverse a Algeciras después de haberse dado el desahogo, pero que luego lo pensó mejor y dijo: ¿y yo? ¿Por qué me tengo que ir yo si aquí el único cabrón es mi exmarido? Ya se había celebrado la vista para el divorcio y a ella le habían dado la opción de quedarse a vivir en el piso como usufructo, dado que tenía su puesto de trabajo aquí, de forma que se quedó con el estudio, amplió la hipoteca y le dio su parte al otro. Y siguió con su trabajo, claro. En vez de perderlo todo, de llevarse una caca, es el Paco el que se ha quedado con cuatro duros y ella la que tiene un apartamento que vale un dinerito y ha conservado su trabajo. Además, se pasea por aquí como le da la gana y el otro tiene que aguantar el verla… pasa más vergüenza él que ella.

– ¿Pues sabes lo que te digo? ¡Que ole su coño moreno!

– Pues eso – dijo Laura acabándose el colacao de un trago – ¡que viva su coño moreno!

– Bueno ¿nos acostamos?

– Sí, ya es hora.

Paqui se levantó y enfiló hacia el dormitorio.

– Paqui…

– Qué.

– ¿Tú crees que soy una zorra?

– Pero ¿qué dices tronca? ¿Estás ida? una zorra ¿por qué?

– Nada, me acordaba de Carmen. Por aquí algunos la consideran una puta. 

– Acabamos de darle un viva a su coño ¿no? para nosotras no es nada de eso. Me importa una mierda lo que piensen en San Fernando de ella. Y, además, no sé qué tiene que ver contigo.

Laura suspiró y mirando al vaso dijo:

– Antes de ayer corté con José y hoy ya estaba dándome el lote con otro en la playa.

– Vamos a ver… Haz el favor de no rayarte que ese tío no se lo merece. Técnicamente puedes enrollarse con quien quieras porque desde ayer que no tienes novio. Además ¿ya se te ha olvidado lo que te hizo? ¿Crees que él o el marido de Carmen están ahora pensando en lo que hicieron mal? ¡Anda y que les den!

Lita dejo pasar unos segundos y finalmente levantó la vista del mantel.

– Que les den – Afirmó convencida – Vámonos para la cama, anda.

Un comentario sobre “Historias de la mili (4)

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