ANDER MAIS

Capítulo 16

Alicia

El miércoles me levanté decidido a averiguar lo que fuera sobre el trabajo. La mera idea que Natalia se pasara horas sola en casa, haciendo vete a saber qué y con quién, me alteraba. Así que ese día, a media mañana y con la excusa de bajar a la furgoneta a buscar unas herramientas, me colé un momento en el bar con la firme intención de hablar con Alicia y, si el precio a pagar por ello era quedar con ella, pues lo pagaría.

Cuando entré no la vi por ningún sitio y maldije mi suerte. Pedí un café a otra camarera, haciendo tiempo para ver si regresaba, pero no hubo suerte. Nervioso, al ver que mi estrategia se venía abajo nada más empezar y que no podía demorar más tiempo mi regreso sin que Eduardo sospechara algo, decidí ir al baño y ver si por casualidad la veía por la zona del almacén o la parte de atrás.

Justo al pasar por el baño de chicas, la vi. Estaba dentro, limpiando el espejo con su cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante y dándome una buena visión de su culo redondo. Me quedé embobado como siempre me solía ocurrir cuando la veía y, cuando un ligero carraspeo me sacó de mi ensimismamiento, me encontré su mirada a través del espejo, sonriéndome como hacia siempre que me veía.

—Hola, Luis… ¿Qué haces? ¿Me buscabas? —me preguntó con un tono que hizo erizar mi vello.

—Eh… solo he venido a buscar un café… —dije mientras veía cómo se acercaba y ya podía oler el perfume que solía usar-, ya me iba…

—Ah… luego vendrás, ¿no? —dijo posando su mano sobre mi antebrazo y notando como si una corriente eléctrica me recorriese por dentro.

—Sí, supongo… —dije ya visiblemente nervioso—. Oye Alicia… me gustaría preguntarte una cosa…

—Sí, dime… ¿qué quieres saber? —me preguntó sin soltar mi brazo.

—Es que… no sé… y tampoco es que ahora tenga mucho tiempo para ello… —dije nervioso perdido y buscando una salida al embrollo en que me había metido.

—Bueno, si es por eso podemos quedar después… a eso de las ocho voy siempre a tomar algo a un sitio que se llama Pirámide, que está en la calle Antonio Ruiz… ¿Sabes dónde está?

—Sí, sí… pero es que… —dije titubeando viendo que aquello se me escapaba de las manos.

—Genial… entonces nos vemos allí esta tarde… —dijo sonriente y despidiéndose de mí con un beso en la mejilla.

Parado, allí en medio del pasillo, viendo como Alicia se alejaba moviendo de forma seductora su trasero, me fustigué por haberme metido en aquel follón. Si tenía alguna duda, ahora sí tenía meridianamente claro que Alicia estaba interesada en mí y no precisamente en algo relacionado con la amistad.

Salí nervioso del bar de regreso al trabajo donde ya debía estar esperándome Eduardo sin acabar de ser consciente que, sin comerlo ni beberlo, había quedado con Alicia esa tarde. Al menos, dentro de lo malo, el local donde me había citado Alicia estaba bastante lejos de mi casa y, sabiendo que esa tarde Natalia iría al gimnasio con Andrea, no corría el riesgo que ella pudiera enterarse de nada.

Y, aunque sí se enterara, ¿qué había de malo en ello? Joder, ella casi se había dejado follar por Riqui, con Alberto tres cuartos de lo mismo, por lo que sabía, y con Víctor… con Víctor se había entregado por completo. ¿Qué podía reprocharme ella? ¿Tenía algún derecho a hacerlo? No lo creía. Con ese pensamiento en mente, me relajé algo y pude concentrarme en el trabajo durante el resto de la mañana.

Al mediodía, cuando fuimos como siempre a tomar el café con Alicia, lo hice con algo de temor por si ella decía algo delante de mi compañero pero, por suerte, se contuvo y solo se conformó con guiñarme el ojo un par de veces cuando Eduardo no miraba, provocándome una mezcla de nerviosismo y excitación ante la cita de esa tarde.

Porque, aunque aquel encuentro era para saber más cosas del trabajo y saber si seguía en pie la oferta, no podía negar que me sentía halagado que una chica como Alicia se fijara en mí. Y tampoco podía negar que, el hecho de pensar que algo pudiera pasar entre los dos, me excitaba sobremanera y lo veía como una forma de compensar los cuernos que mi chica me había puesto.

La jornada llegó a su fin y me despedí pronto de Eduardo, alegando que debía hacer unos recados antes de volver a casa, excusa que pareció creerse. Solo me faltaba que mi compañero sospechara que había quedado con Alicia. Me dirigí a aquella cafetería nervioso, no sabiendo muy bien cómo afrontar aquel encuentro con aquella chica que ya me había dejado claro que no le era indiferente.

Al fin llegué y vi a Alicia sentada en una de las mesas, una algo apartada y discreta. Empezábamos bien. Ella estaba tomando alguna clase de infusión y estaba inmersa en su teléfono, escribiéndose con alguien. Me paré en la barra para pedirme un café y no perdiendo detalle de ella mientras esperaba. Con el café en la mano y, sin que ella aún se hubiera percatado de mi llegada, me acerqué a su mesa.

—Hola, Alicia… ¿Cómo estás? ¿Te apetece otra? —dije señalando su taza que estaba vacía.

—Hola, Luis. Ahora mismo no, quizás más tarde. Me alegro que te hayas decidido a venir…

—Claro, ¿por qué no iba a hacerlo? —pregunté extrañado.

—Porque casi te he tenido que arrastrar aquí para poder vernos a solas… —dijo sonriente—. En fin ¿de qué era eso de lo que querías hablarme?

Tragué saliva, nervioso, ante su pregunta tan directa. Ahora era cuando debía preguntarle sobre el trabajo, decirle que era para mi novia y ella, con razón, se sentiría molesta ya que intuía que ella creía que estaba allí conmigo para otros fines. Suspiré resignado y decidí ser completamente sincero y que sucediera lo que tuviera que suceder.

—Quería preguntarte sobre el trabajo en “Las Oficinas”… Vi el otro día que buscabais camarera y conozco a alguien interesado en él… —dije sin dar más rodeos.

—Bueno, la chica que empezó la semana pasada ya se va así que supongo que la plaza vuelve a quedar libre —me explicó como si no le extrañara la pregunta—. No es un mal trabajo pero, aparte de gustarte lo de ser camarera, debes hacerte a la idea que te van a mirar y mucho… Ya has visto que los clientes suelen ser amables y respetuosos, pero si te incomodan las miraditas y los comentarios con segundas… pues es complicado de sobrellevar…

—Ya… —dije yo—, eso es lo que me preocupa un poco… si ella va a ser capaz de llevar ese tema bien…

—¿Y tú? —me preguntó Alicia después de volver a mirar su teléfono y contestar lo que fuera con un mensaje.

—¿Yo? ¿A qué te refieres? —pregunté sin entender nada.

—¿Esa chica de la que me hablas no es tu novia? —me preguntó dejándome sorprendido—. Pues eso… el principal problema es que las parejas son incapaces de soportar que sus chicas se conviertan en objeto de deseo de los clientes del bar… por eso te pregunto. ¿Tú serás capaz de ver a tu chica siendo mirada de esa manera por otros hombres?

—¿Y tú cómo sabes eso, que el trabajo es para mi chica?

—Jajaja… tengo mis fuentes… —dijo jocosa—. Mira que eres inocente, Luis… pero, ¿sabes qué? Eso me encanta de ti… —dijo alargando su mano y cogiendo la mía—. Sabía desde el primer día que tenías novia… si parece que lo llevas escrito en la cara… jajaja… Además, tu compañero, celoso de mis atenciones a ti, me habló de ella… y si con eso no tuviera suficiente, Begoña me contó algo después de su fogoso encuentro con tu amigo Víctor… que, por cierto, a ver si me lo presentas algún día…

Joder. Y yo apurado y sintiéndome mal por no ser sincero con ella. Puto Eduardo y puto Víctor. En cierto modo, me sentí aliviado pero también un poco idiota al haberme comportado así cuando ella ya estaba al corriente de todo.

—Bufff… —suspiré reclinándome en la silla—, ahora mismo debes creer que soy un imbécil integral…

—Un poco… —confesó ella—, pero sigues pareciéndome igual de adorable… y no voy a negar que he disfrutado algo viéndote sufrir un poco mientras te decidías a quedar conmigo para hablar…

—¿Y por eso no me has dicho nada? Joder… y yo apurado sintiéndome mal por no haber sido sincero del todo contigo… ya te vale… —le recriminé pero sin demasiada acritud.

—Jajaja… oh, qué mono… ves, por eso me caes tan bien… Anda, enséñame una foto de tu chica a ver qué tal es y si puede encajar en el trabajo… —me pidió.

Mucho más relajado, saqué mi móvil y le mostré una foto de Natalia que Alicia observó con detenimiento.

—Madre mía… menudo par de tetas ¿no? ¿Son suyas? —dijo ella sin apartar la vista del móvil, y mostrando un semblante extraño. De algún modo vi reflejado en su rostro que algo más ocultaba—. Ya lo creo que encaja… al jefe le va a encantar… ¿En serio no te importa que trabaje allí? Porque mira que tu chica, con esos uniformes, va a ser el centro de atención desde el momento en que entre por la puerta…

—Naturales cien por cien, te lo puedo asegurar… —dije con rotundidad—. Y no, no me importa… Ella necesita urgentemente un trabajo, y no soy celoso, nunca lo he sido… ¿Y entonces qué? ¿Qué más me puedes contar sobre el trabajo?

—Pues a ver… los horarios ya sabes cómo son… si tu chica coge el trabajo, sería mi compañera y ya sabes cuales son… El trabajo es igual que en cualquier otro bar o cafetería y la clientela, pues también has visto lo que suele moverse por allí… hombres recién salidos de la oficina con ganas de desconectar un rato y alegrarse un poco la vista pero con respeto, eso siempre por delante. El jefe, aunque creo que ya lo conoces, se llama Gonzalo y es buen tío. Su mujer y socia, Carolina, casi nunca viene y solo lo hace para controlar a su marido… Es algo celosa, aunque tampoco me extraña viendo de lo que se rodea su marido… Creo que es abogada… Las compañeras, pues aparte de mí que llevo dos años, las otras van y vienen. La única que aguanta un poco es Alexia que lleva casi un año… —me explicó.

—Vale. Entonces lo mejor será que vaya ella y pregunte, ¿no?

—Sí, será lo mejor. Que se pase y hable con Gonzalo pero, vamos, ya te digo que fijo que la pilla… Lo único, es que te aconsejaría que, cuando venga, que diga que no tiene novio… No creo que Gonzalo se lo vaya a preguntar, pero por si acaso… Es casi lo único que puede echarle para atrás a la hora de contratarla… está un poco cansado de tantas idas y venidas… Sé que suena dicho así algo extraño, pero hazme caso. Que diga que no tiene pareja —me sugirió Alicia.

—Lo entiendo. Se lo comentaré. ¿Y cuándo crees que será mejor que se pase? —le pregunté.

—El viernes, si le va bien… —contestó Alicia—. Aunque, si te parece, me pasas tu número o el de ella, hablo con Gonzalo y os digo algo más concreto…

—Pues me parece genial… —contesté sacando mi teléfono y dándole mi número. No quería arriesgarme a que Natalia se enterase de “lo mio con ella”—. Por cierto, que se llama Natalia… mi chica…

—Ya lo sabía… jajaja… Recuerda, mis fuentes… —dijo divertida, lo que volvió a generarme una intriga enorme. De alguna forma, me parecía que Alicia podría conocer ya de algo a mi chica. Pero tal vez fuesen obsesiones mías.

—Ya… bueno, si al final sois compañeras, seguro que tendréis buena relación.

—Tienes razón. Seguro que nos vamos a llevar bien… Y no te preocupes, que la cuidaré y me portaré de fábula con ella si al final somos compañeras… Con el cuerpazo que tiene, con que se lo curre un poco, va a ganar un montón de pasta…

—Ya… A ver si es verdad y consigue el trabajo… Tiene tantas ganas… —dije—. Y gracias, Alicia… por todo… eres una tía genial, simpática y buena gente… y perdona por no haber sido franco desde el inicio… No sabes el miedo que tenía a que te hubieras hecho una idea equivocada de mí y de todo esto…

—Gracias por los cumplidos, pero se te ha olvidado mencionar que tengo un culo de escándalo… Que bien me he dado cuenta de cómo lo miras… jajaja… Y no tienes nada que agradecerme… ¿Y a qué te refieres con eso de hacerme una idea equivocada?

—Pues… es que te parecerá una tontería… jajaja… es que Eduardo, mi compañero, está obcecado con que yo te gusto y temía que tú creyeras que esto era algo así como una cita… como pensaba que no sabías que tenía novia… —reconocí tratando de sonar gracioso.

—Adorable… —susurró Alicia con un tono que hizo que todo mi vello se pusiera de punta—. Que tengas novia no implica que no me puedas gustar, Luis… y, aunque no ha sido como la cita que a mí me hubiera gustado, no voy a negar que la experiencia ha sido francamente satisfactoria y que no me importaría repetirla…

Estupefacto, vi cómo cogía sus cosas, se levantaba de su silla y se acercaba a mí.

—Me tengo que ir —me dijo—. Me ha encantado conocerte un poco mejor, Luis, y espero repetir pronto esto… o algo más…

Cuando quise darme cuenta, sus labios estaban sobre los míos y me estaba besando. Un, dos, tres, cuatro segundos… hasta que por fin se separó y nos quedamos mirando los dos; ella sonriendo como siempre y yo con una cara de gilipollas total.

No hubo más palabras. Alicia empezó a andar hacia la salida del local y yo lo único que pude hacer fue girarme y mirarla, ver sus andares majestuosos en aquellos tejanos ceñidos que le hacían un culo de infarto. Ella, en la puerta y consciente de ello, se giró, sonrió, me guiñó un ojo y salió por la puerta.

Tuve que tomarme unos minutos para tranquilizarme y analizar lo ocurrido. Nada había salido como esperaba. Alicia, al parecer, estaba muy bien informada y sabía desde el inicio de la existencia de Natalia y de mi interés por aquel puesto de trabajo. Entonces, ¿a qué ese interés por mí si ya sabía que tenía novia? ¿No se daba cuenta que no podía ser? Y encima me había besado. Pero lo peor era que me había gustado, que me había quedado con ganas de más.

¿Y ahora qué? ¿Seguía siendo una buena idea que Natalia trabajara allí, con Alicia? No sabía qué hacer. Como si ya no tuviera suficientes problemas, ahora me añadía uno más. Lo único que tenía claro, era que no pensaba decirle nada a mi chica del beso. Primero, porque yo no había hecho nada y, segundo, porque ella me ocultaba a mi cosas muchísimo peores.

Salí del local después de pagar las consumiciones de los dos y me dirigí a casa donde me estaba esperando Natalia, que ya me había mandado varios mensajes preguntando cuándo iba a llegar. Nada más entrar por la puerta, mi chica vino a mi encuentro y me besó cariñosamente. No debía hacer mucho que había llegado porque aún llevaba las mallas del gimnasio puestas.

—Te he echado de menos, cielo… ¿Qué tal tu día? —me preguntó en cuanto nos separamos y mientras caminábamos hacia la cocina.

—Bien… largo y agotador… ¿Y tú qué tal por el gimnasio?

—Como siempre. ¿Sabes ya algo de lo del trabajo? —me preguntó con interés, desviando rápido el tema gimnasio.

—Sí… —dije sin tener muy claro cómo contarle todo aquello sin que pudiera notar el rollo raro que había entre Alicia y yo—. He hablado con una de las camareras y sí, necesitan a una… puedes pasarte y preguntar… Me ha dicho que el viernes sería genial…

—¿Así, sin más? ¿Sin concertar cita ni nada y sola? —dijo algo apurada-. Podrías acompañarme tú… Si ni siquiera sé ni donde es eso…

—Es que no creo que sea una buena idea… —dije dubitativo, sin saber cómo afrontar de modo convincente lo que quería decirle—. Verás, ese bar suele estar frecuentado por hombres que trabajan en las oficinas de los alrededores, gente decente y respetuosa pero, aun así, han tenido problemas con encontrar personal, por el tema de los celos de las parejas de las camareras…

—Miedo me das… —dijo Natalia mirándome fijamente.

—No es lo que te imaginas, cielo… —intenté tranquilizarla—, es solo que el jefe suele contratar chicas así, como tú, exuberantes… y claro, sirviendo copas con leggins y camiseta… pues es normal que miren… Como si te pusieras a servir ahora mismo con esas mallas que llevas… Como para no mirarte…

—Ya… —dijo pensativa—. Vamos, que toman algo y se alegran la vista mirando las tetas y culos de la camareras, ¿no?

—Más o menos… sí… Aunque dicho así, como tú ahora, suena mal. El sitio es muy elegante y divertido, ya lo verás. Bueno, a lo que iba, algunos novios de las camareras no pueden soportar eso… han tenido problemas de celos y eso…

—Menos mal que yo no tengo ese problema, ¿verdad? Eso quieres decir —dijo melosa Natalia—. Tengo un novio tan comprensivo que encima disfruta con eso… ¿Y qué más?

—Bueno… —balbuceé algo sorprendido por su reacción—. La camarera, Alicia, me ha dicho que, por si acaso, es mejor que no menciones el hecho que tienes pareja… para asegurarte que te den el trabajo…

—Alicia, eh… —dijo socarrona—, mucha confianza veo que tienes con esa camarera… Seguro que os habéis visto mucho estos días… Aunque conociendo a Eduardo tampoco es que me extrañe… Seguro que está buena… —dijo medio en broma medio celosa.

—No tanto como tú, pero sí, bastante… —reconocí sin cortarme un pelo, provocándola—. Ya la conocerás cuando vayas… Al fin y al cabo, si te cogen, seréis compañeras de turno…

—Aja… eso deberé hacer… pasarme a preguntar por el trabajo y de paso conocer a esa Alicia que mi chico dice que está buena… Aunque solo sea por esto último, no pienso dejar pasar la oportunidad de ir —dijo acercándose y besándome—. Seguro que tú y Eduardo os habréis pasado estos días mirando el culo y las tetas a esa zorrita de Alicia… Menudo par de crápulas estáis hechos… De él lo entiendo, pero tú… ¿acaso tiene ella mejores tetas que yo? ¿Mejor culo?

Volvió a besarme sin dejarme responder y su mano apretó mis testículos con fuerza, como si quisiera arrancármelos por haber hablado así de Alicia. Durante nuestros años de relación, había notado como Natalia, cuando me pillaba mirando a otra chica, su primera reacción era de celos, pero enseguida mutaba a un estado de excitación, no sabía si por morbo o como una reacción de defensa para reclamar mi atención.

—Nadie en el mundo tiene mejores tetas que tú, cielo… Eso es imposible —dije llevando mis manos allí y acariciándolas por encima del top.

—¿Y el culo? —dijo ella, cogiendo mis manos y llevándolas a sus nalgas.

—¿Sinceramente? —le pregunté, aunque pensaba serlo igualmente—. Aunque con el gimnasio se te ha puesto más duro y firme… el suyo es algo mejor… Alicia tiene mejor culo que tú…

Natalia me miró con un brillo en sus ojos, mitad rabia mitad excitación, al no esperarse aquella respuesta tan sincera por mi parte. Bruscamente, la giré y bajé sus mallas junto con su ropa interior, dejando su culo al descubierto. En aquel momento, ya ni me acordaba ni de Víctor, ni de sus mentiras. Solo pensaba en Alicia, en su beso y en los días que llevaba sin follar.

—¡Para, Luis!… —protestó levemente—, que vengo sudada del gimnasio… Deja que me duche…

—Me da igual —dije empujándola y haciendo que recostara su cuerpo sobre la mesa de la cocina—, me excita el follarte así, sudada…

Amasé sus nalgas redondas y le solté una cachetada sobre una de ellas, sintiendo el leve gemido que se escapó de su garganta. Con cierta ansiedad, bajé mis pantalones y saqué mi polla, rozando con ella sus labios húmedos y perfectamente lubricados ya.

Viéndola en aquella postura, no me costó imaginar que pudiera ser Alicia la que estaba allí postrada, esperando a que la follara. A pesar de saber que tenía novia, me había confesado que le gustaba, que quería volver a quedar para hablar “o algo más”. Ese algo más fue lo que hizo que se endureciera mi miembro alcanzando su máximo esplendor.

Abriendo al máximo sus piernas, con sus mallas haciendo tope en sus tobillos, la penetré sin dilación con una mano aferrada a su cadera y la otra intentando quitarle el top que llevaba. Al final fue la propia Natalia la que, tirando con brusquedad, alzó el top e hizo que sus pechos surgieran y quedaran pegados a la mesa, rozando su superficie.

—Fóllame, joder… —me pidió con cierta ansiedad en su voz, no sabiendo si pensando en si iba a notar algo de su polvo con Víctor o por miedo a que ocurriera algo similar a lo sucedido el domingo, cuando fui incapaz de que ni tan siquiera se me empalmara.

Pero esta tarde era distinta, porque no estaba follando con ella sino con Alicia, aunque fuese mentalmente, pero eso ella no lo sabía. Empecé a moverme con agilidad, a buen ritmo, arrancando los primeros gemidos de Natalia. Me pareció notar su coño más abierto y ancho, pero ya no sabía si eran imaginaciones mías o es que aún perduraban los efectos de su polvo con Víctor.

El pensar en ello, hizo que la rabia por no contarme nada apareciera de nuevo en mí, empezando a follarla a un ritmo mucho mayor, con algo de brusquedad. Embistiéndola con fiereza, con mis manos en su cintura desde donde, de tanto en tanto, le soltaba alguna cachetada en sus nalgas. No pude evitar fijarme en su ano; ese orificio que a mí no me dejaba tocar y que, sin embargo, a Víctor había permitido que la follara por ahí con su dedo.

Más enfado, más brío en mis arremetidas. “Puta, puta, puta”… me repetía interiormente mientras empujaba sin cesar, sintiendo como ella gemía desaforadamente, disfrutando de aquel polvo inesperado, pero que imaginé que, a su parecer, restauraba la normalidad en nuestra relación después del alejamiento de los últimos días.

—Qué bien me follas, cielo… sigue así… qué ganas tenía… —dijo intentando girar su rostro para mirarme.

—¿Te gusta cómo te follo, zorra? —exclamé recordando a Víctor—. ¿Así te gusta? ¿Qué te folle como a una cualquiera?

Vi en su cara la sorpresa por mis palabras pero, al parecer, escucharlas la excitó todavía más.

—Sí, joder… me encanta como me follas… Más, dame más…

—Es una lástima que dejes el gimnasio… menudo culo se te está poniendo… no como el de Alicia pero casi… —dije a modo de provocación.

De nuevo aquella mirada donde se reflejaban los celos, la rabia y la excitación.

—Pero, ¿sabes qué? —proseguí mientras me dejaba caer sobre ella, apretándola contra la mesa de la cocina y aprovechando para lamer su cuello y su oreja, quedando nuestras caras casi pegadas—, que prefiero mil veces el tuyo… el suyo puedo mirarlo, pero el tuyo tocarlo, chuparlo, besarlo y follarlo…

Vi en sus ojos que aquella respuesta le había gustado, mucho. En aquella postura, pegados, seguí embistiendo como un animal enrabietado, bufando sobre su cuello, sintiendo como el sudor nos empapaba a los dos, como los dos respirábamos con dificultad, como la mesa se agitaba con el furor de mis penetraciones.

—Me corro, Luis… me voy a correr… —me susurró Natalia con los ojos turbios por el placer.

Como un flash, vi el rostro de Alicia aquella misma tarde, el que tenía justo antes de besarme, imaginando yo en este instante, que era ella y no Natalia la que me anunciaba que iba a correrse, la que gemía extasiada por la follada que la estaba dando.

—No puedo más… me corro… me corro… —gritó extasiada Natalia, alcanzando su orgasmo bajo mi cuerpo, sintiendo como se estremecía entera y casi provocando que yo también me corriera pero, no sé cómo, conseguí evitarlo en el último momento.

Entonces, como en un destello de lucidez, vi la oportunidad de hacer algo que siempre había querido hacer y que nunca me había permitido. Me salí de ella y me coloqué a su lado, cogiendo con una mano su cabello y alzando su rostro medio transfigurado por el orgasmo que aún la recorría entera, masturbándome frenéticamente con la otra.

—En la cara no, Luis… —dijo en un instante de lucidez, adivinando mis intenciones.

—¿No te gusta que te folle como a una puta? ¿Cómo a una cualquiera? Pues abre la boca y compórtate como tal…

Mis palabras debieron recordarle lo ocurrido con Víctor y vi la duda reflejada en su rostro, debatiéndose entre seguir protestando o prestarse a ello, una nueva muestra de compensación por su falta cometida.

Fuera lo que fuera, tampoco le dio tiempo a tomar ninguna decisión ya que, casi al instante, exploté y, trallazo tras trallazo, mi semen fue salpicando su rostro hasta cubrirlo casi por completo, cayendo los últimos restos sobre su cuello y el nacimiento de sus tetas.

Solté su pelo y me separé levemente, mirándonos ambos con detenimiento, como estudiándonos, esperando la reacción del otro. Me imaginaba que, como siempre había ocurrido cuando algo así sucedía, ella se iba a enfurecer y salir cabreada camino del baño. Pero, para mi sorpresa, esta vez fue diferente.

—Joder, cielo… menudo polvazo… —dijo levantándose de la mesa, desnudándose completamente y limpiando su rostro con el top que acababa de quitarse—. Voy a darme una ducha que ahora sí que voy sudada, sudada…

Cuando pasó a mi lado, me besó apasionadamente, dándome un morbo terrible saber que esos labios, instantes antes, estaban salpicados con mi corrida. Me quedé allí parado viendo cómo se alejaba y se metía en el baño. Instantes después, también desnudo, entraba también en el baño donde ella ya estaba dentro de la ducha. Contemplé como se frotaba el cuerpo con el jabón y como el agua caía sobre su cuerpo desnudo, sintiendo como mi miembro crecía de nuevo pero, esta vez, por culpa de ella, de Natalia, de mi chica.

—Tengo muchas ganas de ir este fin de semana a esa casa rural… —me dijo mirando mi erección.

—Yo también —asentí aunque con menos entusiasmo.

—Sabes, había pensado en llevarme el picardías que me puse el otro día… para jugar y eso… pero al final se lo he devuelto a Andrea… No quiero nada de ella… —me dijo algo molesta.

—¿Ha pasado algo? —pregunté sorprendido aunque me imaginaba que, de esa manera, justificaba la desaparición del tanga que le había regalado a Víctor—. Pensé que era de una amiga suya y no de ella…

—Nada grave, pero he preferido devolvérselo —me explicó—. No he querido decirte nada para no molestarte con mis tonterías, pero hemos discutido… No le ha sentado muy bien mi decisión de dejar el gimnasio…

—¿Y por eso os habéis enfadado? Es que tampoco entiendo muy bien porque lo dejas… Lo de antes, te lo decía en serio… se te está poniendo un culazo…

—Gracias, amor… —dijo sonriendo con mi cumplido y mostrándome su culo con orgullo—. Enfadarnos, no… pero quiero darme algo de espacio con ella… No me gusta ese rollo que se lleva en el gimnasio, Luis… Va allí más a exhibirse y a ligar que a otra cosa y eso no me gusta… No quiero que, al ir con ella, se lleven una idea equivocada conmigo… Joder, que tengo novio y estoy muy bien contigo…

—Ya… —dije no queriendo revelar mis verdaderos sentimientos.

Al parecer, cuando estuvo con Riqui, con Alberto, con Víctor e, incluso, con Daniel del propio gimnasio, no pareció importarle mucho el hecho de tener novio y dejarse llevar, unas veces más y otras menos, pero todas reprobables para una chica que se jactaba de tener novio y quererlo como decía ella.

Lo que me pareció curioso fue que, tras cada caída suya, acababa pagando el pato alguien de su alrededor. Con Alberto, la culpa fue de Erika. Con Víctor, de Andrea. Era como, si alejando de su lado a esas personas que podían saber, averiguar o sospechar sus deslices, las apartara de su vida para tratar de ocultar sus faltas.

El resto del día transcurrió con normalidad. Cenamos juntos, le fui contando más cosas del trabajo, incluso le comenté que tenía el numero de Alicia y se lo dí. No pareció molestarle el hecho de que lo tuviese. Incluso pareció gustarle la idea, sugiriendo que tal vez la llamase o le mandaría un mensaje y, así, si ella quería, podían quedar antes de acercarse al bar a preguntar sobre el trabajo y así ir más sobre seguro respecto a conseguirlo.

Aunque me sorprendía lo bien que se había tomado todo lo relacionado con el trabajo, sin poner demasiadas pegas, incluso cuando le había contado el tema de la ropa algo sexy y atrevida con la que debía trabajar, me preocupaba su cercanía con Alicia y empezaba a considerar si todo aquello no sería un error.

Mi novia y la chica que decía que le gustaba, trabajando juntas, codo con codo. De ahí no podía salir nada bueno respecto a mí. Y, por si eso no fuera suficiente, también me inquietaba el hecho que Alicia pareció haber reconocido a mi chica por la foto, o al menos sonarle de algo. ¿Tendrían las dos algún tipo de pasado en común? ¿Algo de lo que debía preocuparme? Algo me decía que no tardaría mucho en averiguarlo.

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