ALMUTAMID

No entendía nada con Blanca. Una chiquilla que estaba buenísima, aparentemente inocente, o más bien con poca experiencia, pues me reconoció que era la primera vez que se comía una polla, pero a la vez tan dispuesta. Nos habíamos dado el lote en un baño de un bar y me la había chupado en un banco en la calle sin ni siquiera habernos dado un beso. Era un misterio. ¿Qué buscaba? Un novio no. Llevando lo nuestro en secreto fama tampoco. ¿Gustarle a un tío con buena fama en la facultad? Si era eso bienvenido fuera, porque después de la mamada que me había hecho y lo buena que estaba yo no podía pasar sin follármela. Tenía que probar como era el hacerlo con ella. De hecho, necesitaba volver a chocar mis caderas contra ese culo duro pero esta vez metiéndole todo el nabo.

Mi desconcierto fue mayor cuando vino a recogerme el viernes por la mañana para acompañarme a clase como si no hubiera ocurrido nada la noche anterior. Estaba yo más cortado. Yo no saqué el tema y ella tampoco hasta que ya entrando en la facultad me peguntó muy flojito si me había hecho daño con los dientes y le respondí que apenas nada, que había sido solo un rasponcillo al principio y me despedí de ella con la excusa de que Marta subía mi mochila a la clase pues ya venía al fondo y no quería que coincidieran. La mansedumbre de la niña me pasmaba.

-¿Qué tal tu futura novia?- me dijo marta all legar a mi altura.
-¿Qué novia ni novia?
-Esa quiere algo. Con la carita de buena y tan servicial…que no me chupo el dedo, Luis.
-Pero la cuestión es que eso es cosa de dos.
-A ti te dan un poco de vidilla y caes, cielo.
-Lo dices por ti…
-Pues claro. No me costó ni despeinarme llevarte donde quería.
-Pues bien que me paraste los pies la primera noche.-le eché en cara.
-Que tú seas fácil no significa que yo también lo sea.
-A ver, gorda…un bombón como tú se pone a tiro y no me voy a poner a rezar el rosario.

Marta se quedó callada un momento y al fin dijo:

-Hace mucho tiempo que no me decías gorda…
-No me he dado cuenta. Me ha salido sin pensar…
-Ey, pareja- saludó Miriam que llegaba- parecéis siempre dos novios riñendo.
-Exnovios- dije yo.
-Exacto.- confirmó Marta.

Sin más subimos a nuestra clase con Marta llevando mi mochila adelantándose para coger sitio ante la lentitud de mi llegada por el montacargas.

Aquel fin de semana no salí en parte porque sentía que tanto ajetreo no era bueno para mi pierna y en parte por el remordimiento de andar de cachondeo y abusando de Blanca mientras Claudia lo estaba pasando mal. Así que me autoimpuse quedarme en la residencia todo el fin de semana con la compañía de Marcos que fue el encargado de traer unas cervezas el viernes y el sábado por la noche para tomárnoslas en la habitación, de nuevo con la compañía de Ángela que también se quedó sin salir por los motivos que ya sabemos. No fue tan aburrido como me temía e incluso noté a Marcos más relajado con nuestra compañera. Seguramente el no tener que intentar nada con ella lo había relajado.

El domingo por la mañana me llamó Nieves. El miércoles empezaba el puente de la Constitución y me preguntaba si tenía planes. La respuesta era fácil con la pata tiesa. Se quedaba sola el puente y se ofrecía a organizar algo teniendo en cuenta mi estado. Le dije que me acomodaba o lo que me ofreciera. Sabía que no podíamos salir de fiesta y ella iba a aprovechar esos días pero me dijo que me reservaba uno. Se ofreció a recogerme en su coche para comer juntos en su casa y pasar la tarde viendo una peli para llevarme de vuelta antes de que ella se fuera de marcha. Me pareció buena idea y le tomé la palabra.

Por la tarde videoconferencia con Claudia. La noté más animada. Y el motivo era que para su regreso en enero le daban habitación en otro piso sólo de chicas. Estaba más lejos de la facultad pero como ya se conocía bien la ciudad no le suponía un problema. En cuanto a Gianni, en el momento que le dijo que se mudaba en enero el capullo cambió de actitud recobrando la amabilidad perdida, disculpándose y ofreciéndose a volver al principio, pero mi chica me contó que le dijo que su actitud era asquerosa, que le había demostrado que su único interés en ella era habérsela llevado a la cama y que su fracaso no lo asumió mostrando quizá su verdadera personalidad y no la pose interesada.

Me alegré de todo lo que me contaba y que hubiera recuperado su empuje habitual. Estaba tan animada que hasta me propuso que organizara una escapada en Navidad para estar juntos aunque fuera con Víctor y Lourdes, pues también los echaba de menos. Se nos ocurrió intentar organizar un fin de año en una casa rural para tener chimenea y dormir juntitos. Yo hasta me ofrecí a poner su parte del dinero para poder hacerlo, aunque todo dependía de como estuviera mi tobillo para entonces. Pero ahí salió el orgullo de mi novia negándose en redondo a que le pagara su parte. Ya intentaría convencerla.

Las charlas con Claudia eran una especie de terapia semanal pues tras ellas reflexionaba sobre las cosas que me pasaban, en algunos casos por comentarlas con ella y escuchar sus buenos consejos de siempre, y en otros casos porque moderaban mi ánimo. En este caso refrenaron mi obsesión por follarme a Blanca. Desde el jueves por la noche, tras la mamada en el bando, yo no dejaba en pensar cómo sería tener ese cuerpo desnudo a mi merced. Me imaginaba un chochito tan apretado como todo su cuerpo quizá virgen listo para abrir a pollazos. No había llegado a masturbarme pensándolo, pero desde luego llegué a plantearme buscar un sitio donde poder comprobarlo.

Pero tras hablar con Claudia mis planes cambiaron una vez más. El miércoles me iría a casa para el puente y seguramente si no iba después a ningún partido evitaría la tentación, pues fuera de ese ambiente la chica apenas se me había insinuado. Bueno en realidad hubo otro hecho que me paralizó y hasta me aterró. El lunes me crucé con Venessa que había estado fuera el fin de semana como hacía ahora siempre y como si no fuera la cosa me preguntó:

-¿Con quién estabas el jueves sentado en un banco de la plaza de aquí detrás?
-No era yo- contesté sin pensar,

Vanessa observó mi muleta y me miró de nuevo.

-Pues juraría que eras tú, niño. Sentado con una mediorrubilla y con muletas. No te vi la cara porque estaba medio oscuro pero me figuré que eras tú.
-Me habrás confundido. Porque el jueves fui a ver el partido de mis compañeros y me volví a la residencia.
-Pues como te he visto salir por las mañanas con la niña esa que te recoge me pensé que estabas sentado con ella.
-Claro, ella me está ayudando a llevar y traer cosas pero el jueves no nos sentamos ahí, si hacía tela de frío.

No se quedó muy convencida pero me hizo darme cuenta que tenía que tener cuidado pues las noticias corrían por la residencia y seguro que Vanessa si tenía un chisme tan gordo como el de haberme pillado con otra no se lo iba a guardar. Por eso y aunque Blanca me recogió hasta el miércoles evité toda la conversación que fuera más allá de su amabilidad. Incluso me porté algo frío y distante al despedirme de ella el miércoles sin darle siquiera dos besos de amigos.

Fue Marcos el que me tuvo que acompañar a la estación de tren para llevarme el equipaje para pasar el puente. Preferí viajar en tren porque aunque es más lento que el autobús tenía espacio para poder llevar la pierna en alto. Aunque el tren fue lleno casi la mitad del trayecto obligándome a llevar la pierna abajo, al despejarse pude apoyara en el asiento de en frente acomodándome mejor. Al llegar a mi ciudad mi padre subió al vagón a por mi maleta y me llevó a casa en coche soltándome la reprimenda de que tuviera cuidado que no podía arriesgar los estudios por el deporte, bla, bla, bla…Mi madre al verme, en el fondo estaba encantada pues pensaba que me iba a tener todo el puente metido en casa. Pero no fue así.

Al día siguiente mis amigos vinieron a buscarme para tomar unas cervezas. Pablo se ofreció a cargar conmigo hasta donde íbamos. Joder, me llevó a caballito hasta la plaza donde solíamos tomarnos las cervezas sin inmutarse. Estaba fuerte el tío. Allí pues nos contamos novedades y tal, aunque lo más llamativo de todo fue que Pablo había vuelto con Leyre.

-Explícame eso mejor. ¿No se había cansado de ti? Bueno, y tú de andar ennoviado.-dije sorprendido.
-Que no Luis. Que a Leyre le va la marcha pero al final es más mojigata de lo que parece.
-Pues después de lo de la piscina, no sé yo.-respondí.
-¿El qué de la piscina?- preguntó otro amigo.
-Precisamente por eso, Luis. Iba de chula y cuando vio que yo seguía con el juego, pues se asustó. Por la boca muere el pez.-explicó Pablo.
-Nunca mejor dicho…-dije y reímos a dúo.
-Pero ¿qué paso en la piscina?- insistió nuestro amigo.
-Cuando seas mayor te lo contamos, jajajaja.-zanjó Pablo.
-Pero Leyre, ¿no estaba saliendo con otro tio?- pregunté.
-Sería un picha corta y volvió a lo bueno.- fanfarroneó Pablo.
-Y entonces, ¿qué? ¿Novios?
-Salimos y echamos nuestros quiquis.
-Vamos que tú tampoco mojabas y te ha venido bien…
-Qué cabrón el Luisito, jajaja.-rió Pablo.-La verdad es que es difícil encontrar una tía tan cañera. La que no está muy contenta es tu amiga Nieves.
-¿Y eso?
-Anda medio peleada con Leyre.
-Lo sé, desde lo de la piscina.

Nuestro amigo no insistió porque lo miramos a la vez para que no preguntara más.

-Ya le preguntaré cuando la vea.
-¿Te la vas a follar o qué?- preguntó Pablo.
-Sólo somos amigos.- negué.
-Pero de los buenos, jajajaja. -me guiñó un ojo.

A la hora de comer me devolvieron a casa con dos cervezas de más que me ayudaron a pegarme una buena siesta. Cuando me desperté tenía varios mensajes de Nieves preguntándome a qué hora me recogía el día siguiente. Le respondí que según el plan y ella me contestó al instante que me recogía al mediodía, comíamos juntos, podíamos ver una peli después y si queríamos nos quedábamos hasta la cena o ya me traía ella cuando me cansara. Acepté y le avisé a mi madre que no comería en casa al día siguiente para su disgusto.

El viernes a mediodía me recogió Nieves en su coche. Yo llevaba mi omnipresente chándal para poder llevar la escayola sin romper el pantalón pero Nieves se había arreglado con unos vaqueros ceñidos con botas y un jersey de cuello vuelto con chaqueta de borreguito.

-Qué guapa…¿así te arreglas sólo para recogerme?- le dije al abrir la puerta del coche.
-Ahí que ponerse guapa siempre, que nunca se sabe. Bueno, me gustas más arregladito pero el chándal no te queda mal tampoco.- me respondió.
-¿Quieres ver que culito me hace?
-Anda y siéntate, payaso, jajaja.

Nos dimos dos besos y Nieves arrancó camino de su casa. Por el camino le expliqué más a fondo la lesión y como me había organizado para ir a las clases con Marta y Blanca. Le hizo gracia que siempre fuesen niñas, pero le expliqué que en mi facultad había pocos chicos.

-¡Qué peligro tú por allí suelto! jajaja.
-Si yo soy bueno…
-Como lo fuiste este verano en la discoteca…
-Bueno, tú lo buscabas.
-Y te encontré, jajajaja.

Nieves aparcó en el garaje pues al no estar sus padres la plaza estaba libre y así subíamos directamente en ascensor acortándome el camino. Al entrar me dijo con mucha guasa:

-No sé de donde sacas que te hace buen culo el chándal, jajaja. Si parece que no tienes.
-Y tú mirándomelo…
-Bueno es el pantalón ese. Desnudito tienes buen culo, jajaja.

Nieves era muy abierta para hablar como dos amigos de esos temas y desde luego teníamos sobrada confianza para ello. Subimos a su casa y dejamos los abrigos colgados a la entrada. Después nos fuimos a la cocina, me senté en un taburete apoyando la pierna en otro mientras Nieves abría una botella de vino y empezaba a cocinar pasta. En menos de media hora había preparado unos spagetti al pesto exquisitos que nos comimos acompañados de la botella de Rioja que había abierto antes de empezar a cocinar. Comimos allí mismo en los taburetes pero nos quedamos otro rato de sobremesa charlando pues nos habíamos abierto otra botella.

Eran casi las 5 de la tarde cuando decidimos mudarnos a la sala de estar y echarnos en el sofá a ver una película. Nieves ahora sí se fue a cambiarse por ropa más cómoda para tirarnos en el sofá mientras yo buscaba una película. Encontré una de rescate de unos exploradores perdidos en Alaska y la avisé. Se había puesto unos leggins ajustaditos y una sudadera no sé si intencionadamente corta para que se viera su culo, pero se veía. Y tras dos botellas de vino no me corté en mirarlo.

-¿Cómo nos ponemos?- me preguntó.
-Yo tengo que tener la pierna en alto.-respondí.
-Venga pues ponte tú cómodo y yo me encajo en el hueco.

Me estiré en el sofá acomodando la cabeza en el reposabrazos mullido y le señalé el hueco que quedaba. Nieves fue a sentarse a mis pies pero le dije que se echara a mi lado. Se puso en paralelo a mí y yo me elevé para poder ver por encima de su cabeza. Nos cubrimos con una manta y nos quedamos en silencio escuchando la película. Yo pasé mi brazo por su cintura y ella se pegó a mi cuerpo.

Así pasamos como media hora hasta que algo empezó a despertarse en mí y no era la curiosidad precisamente. Con el calorcito de la manta y con el culo de Nieves pegado a mi polla lo menos que podía pasar es que me empalmara, y además estaba convencido de que se estaba dando cuenta pero parecía atenta a la película. Colé mi mano por debajo de la sudadera. No llevaba camiseta y me topé con su piel. Nieves giró la cabeza para mirarme, me sonrió pero no dijo nada aparentemente pendiente de la película. Osé buscar sus tetas. Cuando empecé a jugar con ellas Nieves suspiró y apretó el culo contra mi polla. Así estuve un rato jugando con sus pezones tras tirar del sujetador para que sus pechos saltaran fuera entre leves gemidos de aprobación de mi amiga y la respiración algo entrecortada. Quise explorar más y descendí por su vientre colando mi mano dentro del leggin y de sus bragas acariciando su pubis suave seguramente recién rasurado. Su respiración se aceleraba más, pero por la postura con sus muslos apretados no alcanzaba su raja, de modo que intenté colar mi dedo y lo conseguí lo justo para introducirlo entre sus labios descubriendo que estaba bastante mojada.

No hablábamos. Yo hacía y ella veía la película. Saqué mi mano de su entrepierna y me llevé el dedo mojado de su flujo a mi boca chupándolo. Nieves se giró sonriéndome de nuevo, pero de inmediato volvió a poner su atención en la pantalla. Yo bajé sus leggins y sus bragas hasta medio muslo con su colaboración indolente bajo la manta y sobé sus nalgas y su raja desde atrás ganando algún gemido de aprobación. No me lo pensé más y me bajé el pantalón y el calzoncillo liberando mi polla que dirigí hacia su coño. A pesar de su postura pude penetrarla notando como se apretaba mi miembro pero conseguía abrirse paso. Nieves vació sus pulmones al sentir como entraba en ella y cuando conseguí que entrara toda pegando mis caderas a su culo yo también vacié los pulmones. Nos quedamos un buen rato ensartados en la postura de la cucharita con el único movimiento de mis manos de nuevo en sus tetas hasta que por fin hablé:

-Me está encantando la película…

Aunque algunos no lo crean fuimos capaces de terminar de ver la película así como estábamos sin más movimiento que unas leves contracciones musculares que hacía Nieves de vez en cuando que apretaban mi polla especialmente el glande que rozaba el cuello de su útero en una penetración muy profunda. Cuando por fin terminó la película pregunté:

-¿Te ha gustado la película?
-Me está encantando. No puedo estar mejor.
-¿De verdad?
-Creo que es la primera vez que veo una película dentro de un chochito…
-Es muy agradable sentirte dentro, Luis. ¿Puedo pedirte que te quites la sudadera y la camiseta?
-Claro…
-Pero no te salgas…

Con cuidado maniobré para desnudarme de cintura para arriba. Cuando terminé fui a abrazarla de nuevo pero ella también se estaba quitando la sudadera y el sujetador con cuidado de que mi polla no se le saliera. Cuando terminó nos tapamos de nuevo con la manta y pegó su espalda a mi cuerpo. Yo pasé un brazo bajo su cuerpo y la rodeé abrazándola.

-Así me gusta más, sintiéndote, Luis.

Yo reaccioné besando su cuello y ganándome sus gemidos a lo que Nieves respondió moviendo las caderas para que mi polla se rozara con las paredes de su vagina. Al hacerlo presionaba mi glande generándome un placer desconocido y se lo hice saber.

-Que gusto me das…
-Yo también te siento muy dentro. Y tu calorcito….y hasta te noto los brazos más fuertes.
-Bueno eso es de las muletas y que me estoy machacando más porque no puedo salir a correr.
-Te estás poniendo fuerte…
-Yo no diría tanto.

Mientras hablábamos bajé mi brazo superior por su vientre acariciando su pubis mientras sus caderas no dejaban de moverse para que se rozaran nuestros sexos.

-Que suavecita estás…tendría que haberte comido un poco antes de follarte…
-Puedes hacerme lo que quieras…ya lo sabes…-respondió con la voz entrecortada pues mi dedo acariciaba su clítorix que localicé fácilmente por lo hinchado que estaba entre sus labios abiertos por mi polla. El movimiento de sus caderas se aceleró mientras mi mano frotaba su botoncito de placer.

Fueron un par de minutos los que bastaron para que Nieves empezara a temblar cerrando los ojos y apretando sus piernas entre sí y su culo contra mí. Sentí perfectamente como su flujo más líquido escurría por mis pelotas y su útero se contraía contra mi glande. Y a diferencia de otras ocasiones gimió ronco vaciando el aire de sus pulmones para volver a llenarlos con fuertes subidas y bajas de su diafragma. Sus contracciones no paraban. Estaba teniendo un orgasmo muy intenso, muy diferente de aquellos primeros polvos que echamos que me resultaron tan fríos.

-Me encanta que te derritas en mis brazos…

Nieves intentó sonreír pero le salió una extraña mueca en la cara que me recordó a Claudia y sus intensísimos orgasmos.

-Pero todavía no te he dado suficiente.-le susurré al oído justo antes de girarla para dejarla boca abajo con mi peso sobre ella pues mi polla no se había salido de su coño empapado.

Apreté sus piernas con las mías para que se juntaran y pasé mis manos bajo su cuerpo para agarrar sus pechos mientras ahora sí empecé a bombear su coño de forma activa consiguiendo sus gemidos. Podía ver como se mordía los labios y soltaba el aire de sus pulmones a cada golpe mío de cadera.

-Mmmmmm, Luis, sí…fóllame, fóllame…

Nieves estaba más resuelta que nunca, corriéndose como nunca conmigo y hasta expresándome sus sentimientos frente a su pasividad habitual. Y eso, unido a las dos botellas de vino también me envalentonó a mí de modo que le dije:

-¿Te gusta que te folle?
-Sí, Luis, sí…mmmm. Mi cuerpo es tuyo…tómalo…

Entonces saqué la polla bruscamente de su coño empapada y la dirigí a su ano. Nieves al sentirla se puso rígida pero le dije bajando mi cara a la altura de la suya sosteniéndome con los brazos:

-Relájate porque voy a tomar tu cuerpo…
-Ten cuidado, Luis…

Busqué su boca y empecé a besarla con mi polla apretada contra su ojete pero no me entretuve mucho pues quería aprovechar que estaba lubricada por los jugos de su chocho. Apoyé la rodilla de la pierna buena en el sofá y dirigiendo mi nabo con una mano presioné en su ano. Nieves se puso tensa de nuevo.

-Relájate…si no te puedo hacer daño y sólo quiero darte placer…

De nuevo se relajó y entró mi glande. Nieves apretaba la cara con una mueca de dolor.

-Si no puedes resistirlo paro…

Noté como se relajaba de nuevo y entraba media polla ya.

-Ya casi está…

Dejé que respirara hondo un momento e hizo otro gesto y entró otro trozo. Suficiente como para sentirla dentro de su culo.

-Ahora ya sí que es tuyo mi cuerpo…- y volví a besarla.

Con su cara de lado fui notando como su cara iba relajándose poco a poco y entonces dejé caer el peso de mi cuerpo sobre ella y con una mano busqué una teta y con la otra su coño y empecé a masturbarla de nuevo esta vez penetrándola con mi dedo. Sentía como su esfínter cada vez apretaba menos mi nabo a la vez que su respiración se agitaba. Con mi experiencia de la primera enculada a Claudia en que le hice daño no me atrevía a moverme dentro de ella pero el efecto de mi mano en su entrepierna hizo que ella moviera sus caderas permitiendo que mi polla se deslizara un poco por lo que acompañé sus movimientos de cadera con la contracción de mis glúteos. Ahora sí le esta follando el culo. Necesité su aprobación:

-¿Te gusta?
-Ajammm- respondió con los ojos cerrados.
-¿Me sientes?
-Ajammm.
-Vas a hacer que me corra…
-Mmmmmm…

Sus caderas aceleraban el ritmo al compás en que mi dedo se hundía en su coño. Mientras mis nalgas bombeaban su culo. Repentinamente Nieves empezó a temblar y notaba como su esfínter se cerraba y se abría alrededor de mi polla. Me detuve justo cuando Nieves me decía:

-Ay, Luissss, mmmmm, ay, ay….arggghhh.

Se corría de nuevo como mi dedo pudo comprobar mojándose más. Quise darle caña para correrme yo, pero no me atreví. Tampoco a metérsela otra vez en el coño seguramente con restos de heces. Así que me salí de su culo poniéndome de rodillas y pajeándome fuerte. A pesar del olor a culo y algún grumillo en mi polla me sacudí la polla fuerte hasta que mis huevos empezaron a vaciarse en el culo y la espalda de Nieves entre estertores y gemidos agudos casi de dolor por mi parte por la intensidad de las sensaciones que recorrían mis pelotas, mi nabo y me subían por la espalda. Me vacíe quedándome de rodillas con nuestras piernas enredadas por sus leggins y mi chándal a medio muslo observando mi semen esparcido por el cuerpo tembloroso de Nieves.

-¿Qué te parece el plan?
-Muy relajante…

Echó gel en el agua caliente para que formara espuma y apagó la luz del baño para quedarnos a la luz de las velas. Me quité los calcetines y Nieves me ayudó a meterme en el agua con cuidado de que la escayola quedara fuera apoyada en el filo. Después se metió ella sentándose frente a mí. El agua estaba muy caliente pero no molestaba. Lo primero que hice fue coger uno de sus pies y empezar a mosajearlo.

-Mmmmm, Luis. Esta habilidad tuya no me la esperaba.
-La acabo de descubrir, jajaja. Pero me apetecía tocarte los pies. Tienes unos dedos tan monos y redonditos. ¿Qué numero tienes?
-Un 36.
-Que pequeñitos. Jajaja. Bueno no me gustan sólo los pies.
-Oye- me dijo- me he fijado que ya no te rasuras.
-Me afeité cuando fui a Italia a ver a Claudia pero desde la vuelta lo he dejado. ¿Te molesta?
-No. Te queda muy masculino.
-Como en verano te metiste conmigo por eso.
-Qué tonto eres Luis con lo listo que te crees.
-Con cariño…-le dije apretando la planta de su pie con mis pulgares.
-Jajajaja. Estaba tonteando contigo. Tú te picaste y acabaste enseñándome la polla.
-Pero al final la conseguiste.
-Tengo la polla y el cuerpo. Pero me falta algo más.
-Hoy estoy fácil. Pide y te concederé…
-Jajajaja. No, Luis. Eso no te lo pido. El día que quieras saldrá de ti.
-Qué poco me gustan los misterios…- le dije mientras me salpicaba con jabón en la cara.

Nos quedamos en la bañera hasta que el agua empezó a enfriarse charlando de varias cosas mientras yo acariciaba los pies y las pantorrillas de Nieves. Entonces tocó salirse del agua. Primero ella, que se envolvió en una toalla y se secó los pies y después me ayudó a mí a salir dándome otra toalla para secarme. Después Nieves se puso una bata sin nada debajo y me ofreció una bata de su padre que igualmente me puse sin nada debajo. Eran ya casi las 10 de la noche y nos fuimos a la cocina a preparar algo de cena, mejor dicho, a prepararlo ella porque yo me volví a sentar en un taburete con la pierna apoyada en otro. Con la postura se me abría y escurría la bata dejándome la polla al aire por lo que te nía que estar sujetándola con la mano mientras con la otra tomaba la copa donde Nieves me había servido el vino de otra botella que había abierto. Cenamos un revuelto de espárragos con ajo y taquitos de jamón, pero cada vez que soltaba la bata para coger la copa sin soltar el cubierto se me escurría la bata dejando mi polla al aire. Ya harto de sujetar la bata le dije a mi anfitriona:

-¿Te molesta comer viéndome la polla? Estoy harto de sujetarme la bata y no es plan de ir ahora a por los calzoncillos.
-Jajajaja. No me importa. Quien sabe si me la tomo de postre.
-No le digas esas cosas que es muy sensible y se altera. Ya la conoces.

Nieves se metió un tenedor en la boca mientras sonreía mi ocurrencia. Nunca me había resultado tan excitante ver a alguien comer. Y claro mi nabo reaccionó poniéndose morcillón sin llegar a empalmarse del todo. Nieves mientras comíamos y charlábamos lo miraba de vez en cuando de reojo acentuando mi nerviosismo con cosquilleo de huevos incluido. Después de terminar el plato seguimos charlando y tomando vino pero yo no me cubrí aunque ya tenía la mano libre.

-¿Quieres algo de postre?- me preguntó.
-¿Qué me ofreces?
-Hay fruta, helado…aunque yo sé lo que quiero.
-¿Y qué quieres?- pregunté intentando poner voz de interesante.

Nieves me sonrió con la misma sonrisa sensual y se levanto sigilosamente rodeando la isla donde estábamos comiendo y se detuvo frente a mí. Realmente estaba preciosa con la bata anudada y las mejillas algo sonrojadas del calor del agua en que nos habíamos bañado, el vino y seguramente por la situación diciéndome:

-Lo malo de que te pongan los postres por delante es que te pasas toda la comida pensando en él en vez de disfrutar los platos.

Yo me giré ligeramente para quedar más enfrentado a ella, que tomó su copa dando un sorbo muy sensual de nuevo y sin soltarla se agachó acercando su cara a mi nabo que evidentemente la esperaba tieso. Lo agarró y empezó a lamerlo. Suspiré al sentir los labios y la chica soltó mi polla y dio otro sorbo a su copa para esta vez volver a por mi polla pero chupándola en vez de lamiendola.

-Joder, Nieves. Eres increíble…

Mi amiga se levantó de nuevo para dar otro sorbo a su copa y me sorió de nuevo justo antes de bajar la cabeza esta vez tragándose mi polla entera. Sentía como mi glande chocaba contra su garganta. La retuvo un instante para soltarla de nuevo con los ojos algo llorosos.

-Muy rica, jajaja. ¿Qué te apetece a ti?
-Creo que quiero de lo mismo.
-Vamos a mi cuarto más tranquilos, ¿no?- dijo Nieves cogiendo las dos copas de vino y la botella y yéndose por el pasillo.

Yo la seguí a la pata coja por el pasillo. A ella le dio tiempo a dejar las copas en el escritorio y esperarme junto a la cama, donde en cuanto me vio entrar con la misma sonrisa con la que llevaba un buen rato cautivándome me miró y dejó resbalar su bata desnudándose para mi regocijo y el de mi polla que rebotaba a cada saltito mío a la pata coja.

Lo que ocurrió en aquel dormitorio evidentemente os lo podéis imaginar. Pero las cosas con Nieves estaban cambiando mucho. La Nieves que se ofrecía y se dejaba hacer había quedado atrás. La mamada tan morbosa mientras bebía vino o el dejarse caer la bata sólo eran un anticipo de lo que vendría después. Ya no se limitaba a ofrecerme sexo y que yo lo practicara con ella. Ahora ella me buscaba, me proponía de forma en la que más bien disponía. Y no era sólo con el sexo. La velada estaba siendo placentera en todo, en las conversaciones, en la comida, la atención. Disfrutaba de su compañía en la que su inteligencia empezaba a verse reflejada en el sexo.

Empezaba a tenerlo claro interpretando algunas cosas dichas aquel día. Desde el principio me había buscado. Primero con las conversaciones inocentes sobre la universidad, después con el tonteo ya más descarado sobre depilaciones y estéticas íntimas hasta que caí en la discoteca, en un sexo reconozco que egoísta, pero que para ella era la puerta para tener algo más que amistad conmigo. No niego que la pelea con Claudia tuviera que ver con aquello, ni que Nieves se había aprovechado de mi facilidad para dejarme llevar cuando huelo un chocho disponible. Pero reflexionando aquella noche con ella dormida desnuda a mi lado cada vez lo tenía más claro: tarde o temprano habría terminado teniendo algo con ella. Me había conquistado.

Un rato antes cuando entré en el dormitorio a la pata coja viendo como me ofrecía su desnudez tras haberme comido la polla en la cocina yo ya sospechaba que mis sentimientos con respecto a ella habían cambiado, pero en ese momento no estaba para pensamientos profundos. La hora que habíamos pasado antes de cenar en la bañera había sido todo un compendio de buena conversación y morbo, pues al masaje que yo le daba en los pies había que sumarle la visión de sus pechos asomando por encima del agua hasta el punto de rozarlos más de una vez con mi pie mientras ella me acariciaba la pierna que tenía fuera. Y todo envuelto en la charla de cuestiones variadas. De no enfriarse el agua me habría quedado allí horas.

Y yo no se si ella misma era consciente de mi cambio con respecto a ella, pero el morbo que imprimía a nuestro sexo ya superaba al deseo cuando tras dejarse caer la bata se tumbó en la cama con las piernas flexionadas y abiertas dejando su coño expuesto a mi deseo. Era mi postre y me lo hizo saber. Pero yo prefería prolongar la cena dándome un festín de tetas antes de comerme su chocho. El sexo sosegado de la tarde daba paso a otro más salvaje. No dejé de comer ni de horadar con mi dedo su sexo aunque me lo suplicara hasta que se corrió. Y después me la follé a lo misionero con mucho beso compartiendo sus flujos. Todo a pelo. Pero el momento culminante de aquel polvo y que fue el que me demostró definitivamente su cambio de actitud más activa y cautivadora fue cuando sintiendo cerca mi orgasmo me dijo con voz melosa: “Aprovecha que estoy dilatada y te corres dentro de mi culito…”

Casi me corro dentro de su coño del subidón que me dio su ofrecimiento y la hubiese liado parda. Pero con velocidad, con mi nabo ya palpitando a punto de escupir semen lo saqué de su chocho empapado y lo dirigí a su ojete mientras ella subía sus piernas para apoyarlas en mis hombros. Fui metiéndolo poco a poco en su ano hasta meterlo entero, más profundamente que por la tarde en el sofá, y en tres embestidas le llené el recto de semen entre gritos que no podía controlar y viendo como Nieves se frotaba el coño con la mano para correrse con una mueca de placer tan apretada que cada vez me recordaba más a Claudia aunque sus recuperaciones fuesen mucho más rápidas, pues apenas me salí de su culo salió corriendo al baño para que no le llegara mi corrida escurriéndole por las piernas hasta el suelo. Después me limpió a mí trayendo una esponja con espuma con una dulzura que contrastaba con la sesión de sexo que acabábamos de tener.

Acostados tras el sexo le recordé que aquella noche era una de las fiestas universitarias más importantes de la ciudad, cuando las decenas de tunas iban a cantarle a la Inmaculada para después organizar fiestas en pubs y discotecas de la ciudad que nada tenían que ver con la piedad demostrada ante la Virgen. Miles de universitarios y tunos de toda España llenaban el centro de la ciudad iluminado ya de Navidad para beber, cantar y lo que surgiera después. Pero Nieves me confesó que para que necesitaba tanto tuno vestido con leotardos si ella ya tenía su fiesta en casa.

En vez de reírle la gracia empezamos a besarnos de nuevo cayendo otro polvo a lo misionero más sosegado que el anterior pero con final diferente, pues el follar a pelo nos convierte en imaginativos a la hora de ver donde soltamos la corrida y esta vez sin preguntar me salí de ella tras su orgasmo, también más sosegado que el anterior, y le follé la boca hasta correrme mientras Nieves tragaba exprimiéndome las pelotas. Ahí ya nos echamos abrazados a dormir y fue cuando empecé a reflexionar. ¿Qué relación teníamos Nieves y yo? ¿Estaba empezando a gustarme más que Claudia? Tendría que hablarlo con ella. ¿Y con Claudia? “Luis duerme y que el sueño te aclare las ideas aunque no puedes negar que cada vez te gusta más la hembra que duerme echada sobre tu pecho”.

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