ANDER MAIS

Capítulo 15

Reflexiones del día después

El domingo, a eso de las nueve y media, decidí levantarme de la cama. Natalia seguía durmiendo plácidamente. Todo lo contrario de lo que me había sucedido a mí, incapaz de dormir más allá de un par de horas, asaltado por visiones de lo ocurrido horas antes entre Víctor y mi chica, y cuyas consecuencias ahora debíamos afrontar.

Fui al baño a ducharme y desde la intimidad que me proporcionaba la puerta cerrada del lavabo, quise contactar con Víctor, ya que quizás era la única posibilidad que tenía de hacerlo antes que marchara hacia Francia.

—Hola… Natalia está durmiendo… —le escribí sin saber muy bien qué decirle.

Cuando acabé con el baño, sin haber recibido respuesta por su parte y viendo que Natalia seguía profundamente dormida, fui a la cocina donde me preparé un café bien cargado. Me lo tomé en el salón mientras veía la tele, mirando de cuando en cuando el móvil para ver si Víctor daba señales de vida. Pero nada de nada.

La situación era un tanto extraña. Allí sentado, esperando que el hombre que la noche anterior acababa de follarse a mi chica, respondiera a mi mensaje; sin saber muy bien qué esperaba que me dijera y ni mucho menos qué es lo que quería yo. Porque, aunque no podía negar que había disfrutado con lo ocurrido anoche, un ligero malestar me corroía por haber hecho algo así a espaldas de mi chica y por lo escuchado entre ellos; donde vi a una Natalia completamente entregada a Víctor, a su entera merced. Y eso me daba mucho miedo. Miedo a ser incapaz de controlar ya nada y que todo se escapara de madre.

Tenía la sensación de yo mismo haber colocado la primera piedra del principio del fin de nuestra relación, de nuestra ruptura. De que Natalia me dejaría al descubrir que yo nunca podría darle lo que ella necesitaba.

Un pitido en mi móvil me alertó de la llegada de un mensaje y me apresuré a mirar qué era. Víctor. Me acababa de mandar una foto donde aparecía un primer plano del culo de Natalia, untado en aceite corporal, y una de las manos de él masajeando sus nalgas y perdiéndose entre ellas. Me sorprendió que Natalia hubiera dejado que hiciera algo así, pero viendo la sumisión de ella hacia él y cómo había dejado incluso que se corriera en su cara…

Sin darme tiempo a asimilar la foto, un nuevo pitido y una nueva foto me llegó de parte de Víctor. Esta vez, en ella aparecía su polla completamente erguida y don tangas colgando sobre ella. Uno, sin duda era el que Natalia llevaba anoche y el otro, me pareció que era el que le di yo mismo la noche aquella del verano pasado. Al parecer, Víctor los guardaba como recuerdo de sus encuentros con mi chica y no supe muy bien cómo tomarme eso.

—¿Te has quedado con su tanga? —pregunté sorprendido—. ¿Y esa foto? ¿Cómo es que te la dejó hacerla?

—Con lo de la foto, no puso pega alguna… lo del tanga me costó algo más… tuve que convencerla para que me lo diera de recuerdo… No la cagues y hazte el tonto… Ni se te ocurra preguntarle por él… —me explicó—. Bueno ¿y qué te cuentas? ¿Qué te pareció lo de anoche?

—No voy a negar que lo disfruté, pero creo que no quiero seguir por ese camino. No me parece bien ni justo. Yo lo que quiero es que ella comparta estas cosas conmigo e incluso participar… que seamos una pareja abierta, pero no esto, todo por la espalda. Y si ella no está dispuesta, pues mejor lo dejamos estar… —le dije con decisión.

—Tienes razón y te entiendo. Por eso dije lo que dije e incluso me ofrecí a ayudarla para convencerte para que la aceptes como es y podáis disfrutar los dos de este mundillo liberal y, aunque durante el polvo parecía bastante receptiva, luego me pareció que no tanto…— -me dijo Víctor—. Creo que tiene miedo a que no la comprendas, te salga tu vena machista y celosa y la dejes… por lo visto ya ha tenido alguna mala experiencia en su pasado con alguien así, controlador y muy muy celoso…

—Kike, su ex… Joder, pero es que es precisamente esto lo que me supera… Lo que me hace dudar, ser celoso y controlador es precisamente el no saber, el pensar qué estará haciendo a mis espaldas… y no puedo seguir así, no quiero… No es esto lo que quiero para nada.

—Te entiendo, de verdad, y creo que lo mejor es ir poco a poco… deja que se vaya soltando y que sea ella la que te vaya contando las cosas cuando crea que está lista… —me aconsejó Víctor—. Ahora mismo no me parece buena idea que la presiones…

—¿Y entonces qué hago? —dije exasperado—. Si es que no sé ni que cara ponerle cuando se despierte…

—Mira, lo que debes hacer es comportarte como cualquier otro día, como si nada hubiera pasado. Es lo mejor. Yo ya viste que la animé a que te lo contara todo, pero no tengo ni idea de que es lo que hará, así que creo que lo mejor es que esperes a ver qué te cuenta ella… Tú no la atosigues… Quedé con ella en hablar por whatsapp en cuanto pudiera y, en cuanto sepa algo, te cuento…

—No sé si voy a ser capaz de hacerlo… Joder, es que solo la idea de perderla…

—Y ella también te quiere a ti, Luis… te lo puedo asegurar… Cuando veníamos se la veía bastante preocupada por si te dabas cuenta de algo… Ella tampoco quiere perderte… y yo mucho menos quitártela, eso que te quede claro… Ya te dije que a mí lo que me gustaba era este juego, el ser partícipe de vuestras fantasías y morbos…

—Lo sé… pero creo que se nos ha ido todo un poco de las manos… solo espero que todo esto acabe bien…

—Estoy seguro que sí. Yo intentaré convencerla para que te cuente algo y, si la veo receptiva, le pediré permiso para ponerme en contacto contigo y empezar a pervertirte un poco… jajaja… Si ella supiera… jajaja… Ahora te dejo, Luis… que quiero dormir algo que tengo un largo viaje por delante y tu chica anoche me dejó para el arrastre… jajaja… Menudo volcán de mujer… Qué suerte tienes!!!…

—Lo sé… ya me dirás algo…

—Claro. Lo que no voy a estar es muy disponible por el whatsapp. Mi puesto en la empresa depende mucho de que salga adelante el proyecto en Francia y voy a estar muy centrado en ello, con poco tiempo para nada más. Eso no quiere decir que me vaya a olvidar de vosotros, pero casi será mejor que sigamos en contacto a través de correos electrónicos.

—Vale, pero acuérdate de mantenerme informado de todo lo que te diga Natalia.

—Tenlo por seguro, Luis. Soy el primer interesado en que esto siga funcionando y poder disfrutar de nuevo de otra noche con tu chica… chao, amigo y gracias por compartir a tu novia conmigo…

—De nada… supongo… nos vemos…

La conversación llegó a su fin y, aunque no estaba muy convencido de ello, quizás sí era lo mejor. No atosigarla, no presionarla y dejar que ella siguiera sus tiempos, que se abriera y me confesara sus deseos y anhelos cuando creyera conveniente. Lo único que me preocupaba de la estrategia de Víctor era que Natalia acabara por darse cuenta que ambos ya llevábamos tiempo en contacto y que yo estaba al tanto de todo lo que sucedía. Pero poco podía hacer al respecto. Por suerte o por desgracia, estaba en manos de un Víctor que, para más inri, iba a medio desaparecer de nuestras vidas durante los dos próximos meses. No me quedaba otra que seguir confiando en él. Al menos hasta ahora, no me había fallado.

Pasaba ya del mediodía y Natalia seguía durmiendo. Mientras trasteaba en la cocina preparando algo para comer, escuché sus pasos apresurados entrar en el baño y cómo, poco después, vomitaba en el inodoro. Preocupado, me acerqué y la vi apoyada contra la taza y con el rostro algo descompuesto.

—Natalia, ¿estás bien? —dije mientras me acercaba a ella.

—Sí… no… bueno, no sé… ha sido levantarme y venirme la vomitera… pero creo que ya se me ha pasado… Prepárame un café cielo, que ahora salgo…

Salí del baño e hice lo que me había pedido: preparar un café muy cargado para combatir la resaca que llevaba encima. No tardó en aparecer en la cocina. Traía mala cara; su rostro estaba pálido y parecía agotada. Se sentó y enseguida empezó a sorber su café.

—Anoche me pasé con la bebida… —dijo a modo de explicación y sin que yo le preguntara nada—. Entre el vino de la cena y las copas de garrafón que me tomé luego… estoy hecha polvo… No vuelvo a salir con esta ni muerta…

Yo no dije nada. Estaba claro que me mentía. Su estado, al menos buena parte de él, no era por culpa de su salida con Andrea sino más bien del esfuerzo agotador, realizado durante el polvo desenfrenado que disfrutó con Víctor.

—Échate un rato luego si quieres… después de comer algo antes, claro… te vendrá bien para asentar el estómago… Espero que, al menos, te lo pasaras bien…

—Ya… sí… pero con ella no vuelvo a salir y con Aitor y Dani mucho menos… Tiene un rollo que no me gusta… Se comportan como si aún siguieran en la universidad… No han madurado nada… —me dijo mientras escondía su cabeza entre sus manos.

—Anda, vete otro rato a la cama y enseguida te traigo algo ligero para que puedas picar… y un ibuprofeno para ese dolor de cabeza…

—Gracias, cielo… —me dijo dándome un pico-, no sé qué haría sin ti…

Enseguida se perdió camino al dormitorio y yo preparé un par de bocadillos ligeros y el ibuprofeno prometido, acercándome a la habitación totalmente a oscuras donde mi chica reposaba sobre la cama tratando de volver a dormir. Ninguno de los dos dijo nada y yo me fui al salón buscando algo de distancia con ella en esos momentos. Me sentía molesto por su falta de sinceridad y confianza hacia mí, y no quería cometer ningún error que lo pusiera todo en peligro.

Un par de horas después, volví a oírla como abandonaba la cama y se metía en el baño, esta vez a ducharse. Entré en el dormitorio con la intención de retirar el plato con los restos del tentempié que le había preparado y que había consumido. Cuando lo hice, se me ocurrió que podía fisgonear en su móvil y ver si encontraba algo nuevo, alguna conversación reveladora con Víctor o con Andrea pero no estaba allí. Se había llevado el móvil al baño.

Regresé al salón y desde allí comprobé como ambos, Víctor y Natalia, estaban en línea en el whatsapp, intuí que manteniendo aquella conversación que ya me había adelantado Víctor en nuestra charla anterior. No me quedaba otra que esperar y eso hice mientras miraba la televisión. Cuando me di cuenta, vi aparecer en el salón a Natalia vestida y mirándome fijamente.

—Cariño… ¿Te apetece que salgamos un rato y tomarnos algo por ahí? Nada de alcohol, por supuesto… —dijo con cara de asco—. Creo que te lo debo por haberme dejado salir anoche…

Llevaba un vaquero ajustado y un jersey cerrado de lana que tenía un estampado de un corazón en el centro, y que hacía parecer a sus pechos aún más grandes de lo que ya eran.

—Si a ti te apetece, vale… pero no lo hagas porque me debes nada… Te apeteció salir y punto. Tampoco es que necesitaras mi permiso o algo para hacerlo… yo no soy Kike… —dije sin poder evitar su comparación a su ex del otro día—. ¿Pero ya te encuentras mejor?

—Sí… —me respondió ella melosa y sentándose sobre mi regazo—, mucho mejor y gracias a ti… El café, la comida, el dejarme descansar… y sí, sé que no eres como él, pero aún conservo actitudes de cuando estaba con él… Lo siento, no quería ofenderte comparándote con él… Tú eres infinitamente mucho mejor que él… y me apetece mucho pasar la tarde contigo y así, de paso, que me dé un poco el aire…

—Pues, vale, como quieras. ¿Tienes algo en mente? —le pregunté.

—Podemos tomarnos un café o algo donde sea y luego se me había ocurrido y ir a cenar a Leonardo’s. Hace tiempo que no vamos. ¿Te parece bien?

Yo asentí, recordando que casualmente aquel era el restaurante al que fuimos la primera vez que salimos juntos. ¿Sería una señal? ¿Una especie de darle un nuevo comienzo a nuestra relación?.

Ella regresó al baño a acabar de prepararse para nuestra salida. La noté más cariñosa que de costumbre, dejándome claro que algún tipo de remordimiento sí debía sentir por lo que había hecho y eso, en cierto modo, me alivió. Al menos significaba que algo le importaba y me daba alguna esperanza que no estuviera todo perdido.

Me vestí, y al poco ambos salíamos de casa caminando tranquilamente por una avenida cercana, como cualquier otra pareja normal haría un domingo por la tarde. Excepto que nosotros ya no lo éramos. Ella había pasado la noche en la cama con otro hombre que no era yo. Apenas hablamos durante el camino, solo caminábamos cogimos de la mano como si nada ocurriera, como si nada hubiera pasado.

Nos sentamos en una terraza donde conversamos de todo y nada, sin sacar el tema de lo sucedido la noche pasada. Lo único relevante de esa conversación fue el hecho que ahora parecía plenamente decidida a aceptar el trabajo como camarera. Tuve la sensación que ese cambio de parecer se debía, de nuevo, a un intento suyo de compensarme por su engaño.

Salimos de aquella cafetería rumbo al restaurante, donde cenamos más que bien, de nuevo notando como mi chica se mostraba de forma más cariñosa y amorosa conmigo. No es que no me gustara que lo hiciera, pero me costaba asimilar que, acostarse con otro hombre, pudiera hacer que nuestra relación mejorara pero, al menos, de momento así parecía ser. ¿O sería todo una fachada?

Regresamos a casa y ahí se me presentó la duda sobre qué hacer. Por un lado, me moría de ganas de abalanzarme sobre ella, tocar y probar su coño después que Víctor lo hubiera hecho, pero, por otro lado, tampoco quería forzar la situación. Enseguida salí de dudas cuando vi cómo Natalia se cambiaba con especial cuidado ante mí, no dejándome ver su coño supuse por miedo a que yo apreciara los estragos que Víctor había hecho en él. Intuí que me esperaban varios días en dique seco hasta que la cosa volviera a la normalidad.

Se puso el pijama y se metió en la cama, mirándome fijamente, como si esperara algo de mí.

—Sé que te prometí jugar un poco cuando regresara de fiesta anoche… —me dijo algo cortada—. Pero ya viste como vine… y hoy…

—No pasa nada —dije no dándole importancia y entendiendo su mirada. Le debía haber parecido raro que no hubiera intentado nada y, más, después de su promesa—. Supongo que debes estar cansada y tal…

—Sí… pero, si quieres, no me importa si te haces una paja y así te alivias… —dijo levantando la parte de arriba del pijama y dejando al descubierto sus pechos—. A ver si viendo esto te animas… —dijo sonriendo pícaramente.

No quise levantar más sospechas y me la saqué, empezando a masturbarme mientras veía como ella se acariciaba sus tetas y jugaba con sus pezones, buscando estimularme, pero solo consiguiendo que me sintiera algo humillado con ello. La noche de antes, se había entregado por completo a Víctor y, ahora, yo debía conformarme con una triste paja.

—¿Te gustan mis tetas, cielo? Te hubiera gustado ver cómo las miraban anoche en el Compass… Ojalá hubieras venido y hubieras visto cómo se movían mientras bailaba… Seguro que eso te hubiera encantado… —dijo tratando de animarme viendo cómo me masturbaba algo desganado y, sobre todo, viendo que mi miembro no acaba de endurecerse del todo, como sí solía ocurrir cuando sus tetas salían a relucir.

Por mi cabeza solo pasaban imágenes de ellos dos; él llamándola zorra y puta y ella comportándose como tal, devorando su polla como nunca había hecho conmigo y luego dejándose follar de aquella forma tan brutal. ¿Tanto le costaba decirme la verdad, ser sincera?: “Luis, ayer me folló Víctor y menudo polvo, cariño… Eso sí que es una polla… No es que la tuya esté mal, pero ni punto de comparación… Por eso no te dejo que me folles, porque con su pollón me dejó reventada”… Pero estaba claro que eso no iba a ocurrir.

—¿Quieres chupármelas, cielo? —dijo ofreciéndome su pecho.

La noté algo inquieta. Debió ser la primera vez en nuestra relación que viéndola tocarse así, enseñándome y ofreciéndome sus pechos, no me empalmaba. Pero era superior a mí. Me sentía defraudado por su actitud, por comportarse así. Casi hubiera preferido que, sencillamente, me hubiera dado la espalda y me hubiera dicho que no tenía ganas, que no le apetecía.

—¿Te pasa algo, cielo? —me preguntó ya preocupada, viendo que no hacía nada por acercarme a devorar sus pechos como habría hecho cualquier otro día—, si prefieres te hago yo la paja o te la chupo…

Aquello fue aún peor, acrecentar aún más mi malestar. Casi hastiado, dejé de masturbarme y me guardé la polla dentro del pantalón del pijama.

—Mejor lo dejamos para otro día… Estoy cansado y tampoco tengo ganas… —dije tumbándome en la cama ante la cara sorprendida de Natalia—. Buenas noches, cielo…

Tras unos segundos, sentí como ella se colocaba bien la ropa y se tumbaba a mi lado, abrazándome desde atrás.

—Buenas noches, cariño… —me susurró dándome un beso en el cuello—. Te quiero…

Yo no respondí. Hice como si no hubiera oído nada y traté de simular que dormía, aunque no lo hacía y me costó hacerlo esa noche. Natalia, pegada a mi cuerpo, no sé si por haberse pasado todo el día durmiendo o por lo que acababa de ocurrir, la noté inquieta toda la noche y casi puedo asegurar que durmió casi tan poco como yo.

Cuando me desperté al día siguiente, Natalia dormía a mi lado. La miré mientras lo hacía y me sentí un poco mal por lo ocurrido anoche, pero había sido superior a mí, no había podido evitarlo. Después de haber permitido que se acostara con Víctor, que me tratara de aquella manera, que no fuera capaz de hablar con claridad a pesar de las múltiples señales que le había enviado, donde le dejaba claro que aquello no me molestaba sino todo lo contrario, ella prefería el camino de la ocultación y, peor aún, humillarme con su condescendencia.

No quise darle más vueltas a aquel asunto y me preparé para salir a trabajar. Ese día, Eduardo y yo teníamos previsto empezar una instalación en una oficina cerca del bar donde trabajaba Alicia y, aunque no quería reconocerlo, me sentía algo nervioso por volver a verla. El sábado, cuando nos habíamos visto, me había parecido que yo le caía bien y quería aprovechar el buen feeling que había entre los dos para preguntarle por el trabajo de camarera.

En la nave, preparamos las cosas que necesitábamos y partimos hacia nuestro destino. Durante el camino, ambos fuimos comentando un poco nuestra quedada del sábado y, poco después, me comentó que tras mi partida había quedado con unos amigos suyos para ir a tomar algo al “Ross” a ver si pillaba cacho. Comentándome que era un local un tanto turbio donde solían ir muchas mujeres “ávidas de sexo”. Palabras textuales suyas.

“Un poco más y la ávida de sexo que pillas es a mi novia dejándose meter mano por otro tío” pensé para mí. Pero, para mi alivio, por lo que me contó, en ningún momento se había dado cuenta de su presencia.

Antes de llegar a dónde íbamos a trabajar, decidimos parar en el bar “Las Oficinas” para tomarnos un café y ver si estaba por allí Alicia. Al parecer, Eduardo tenía las mismas ganas que yo de verla. El local a esas horas estaba bastante concurrido, y vimos detrás de la barra a Alicia y a otra camarera algo atareadas sirviendo cafés y desayunos.

—Hola, chicos… —No tardó en venir a saludarnos Alicia con una sonrisa radiante—. ¿Qué os pongo, guapos?

—A mí me pones mucho… —dijo con su habitual guasa Eduardo.

—Anda y no seas animal. Alicia, perdona a este idiota… —dije, en tono de guasa, excusando a mi compañero—. Dos cafés con leche…

Alicia se prestó a servirnos y, mientras lo hacía, nos preguntó hasta cuándo íbamos a estar por allí trabajando. Fue Eduardo el que se puso a explicarle los entresijos del trabajo y que íbamos a estar en esa zona hasta el jueves. Yo permanecía algo callado, no sabiendo cómo hacer para poder tener una charla de forma tranquila y discreta con ella, sin la presencia de Eduardo. No quería que se enterase que Natalia estaba interesada en trabajar allí. Mientras hablaban, me enteré que ella tenía turno allí de lunes a miércoles de ocho a cuatro de la tarde y de jueves a sábado, de cinco a once y media o doce.

Terminamos el café y nos fuimos a trabajar. Estuvimos toda la mañana muy ajetreados y casi no pude ni pensar en todo lo que me estaba ocurriendo, lo que fue en mi caso un alivio. Llegó la hora de la comida y, como el otro día, nos acercamos al McDonald’s, prefiriendo comer algo rápido y salir antes para tomarnos el café allí más tranquilamente.

Mientras comíamos, sí que no pude evitar pensar en Natalia y su polvo con Víctor, en pensar en qué estaría haciendo ahora ella en casa, sola, y si estaría manteniendo algún tipo de contacto con él. También me picaba la curiosidad saber lo que hablaría mi chica con Andrea esa tarde en el gimnasio y si le contaría algo de su encuentro con Víctor, como había hecho Andrea a su vez.

En el bar, de nuevo fuimos atendidos por Alicia, siempre con su perenne sonrisa dibujada en su rostro. Mientras conversaba con nosotros, podía notar como sus ojos me miraban con curiosidad, haciéndome empezar a valorar la idea de si sería cierto lo que me decía Eduardo: que le gustaba yo a ella. O quizás simplemente sentía curiosidad, al saber que yo era amigo de Víctor y conocer ella lo que había ocurrido entre él y Begoña. No iba a tardar en averiguarlo.

—Oye… —me dijo aprovechando la marcha de Eduardo al baño—. Ya me contó Begoña cómo se las gasta tu amigo… El madurito, que vino contigo el otro día… jajaja…

—Ya… algo me contó… —respondí algo cortado y mirando de reojo si veía aparecer a Eduardo—. Es un amigo de fuera… Solo vino por unos días y ya se fue… Un colega de correrías… Ya me entiendes… Pero te agradecería que no dijeras nada delante de mi compañero…

—Claro, claro… puedes confiar en mí… Soy una tumba… —dijo de forma pícara antes de alejarse a servir a otros clientes.

Al final, por lo visto, su interés iba más por Víctor que por mí y no pude evitar sentirme ligeramente decepcionado. Estaba claro que Alicia era una chica preciosa con la que no me importaría compartir algo más que una amistad. Creo que esa fue la primera vez que me planteé la posibilidad de llegar a hacer lo mismo que Natalia. ¿No se divertía ella a mis espaldas? ¿Por qué no podía yo hacer lo mismo? Y Alicia sería una candidata más que ideal.

—Joder, tío… Unos tanto y otros tan poco… —me comentó Eduardo una vez fuera del bar y camino del trabajo-. Tienes a Alicia deseando que le digas de quedar o algo… ¿Has visto cómo te mira? Si yo fuera tú, me daba una alegría con ella… ¡Menudo culito se gasta la niña!

—Quita, quita… bastante tengo con mi chica… —dije sin demasiada convicción—. Natalia está mucho mejor que Alicia… no necesito para nada complicarme así la vida…

—Ya… eso es cierto… menudas tetas tiene tu chica… —dijo sin cortarse Eduardo—. Menuda suerte tienes, cabrón… Quién pudiera tener a una chica así…

—Anda, córtate un poco… que estás hablando de mi novia… —le dije parándole los pies.

—Vale, no te enfades… pero del culito respingón de Alicia si puedo hablar, ¿no? jajaja…

—No tienes remedio… jajaja…

Por la tarde, después de acabar nuestra jornada laboral, volvimos al bar a tomarnos una cerveza antes de irnos para casa. Sabíamos que Alicia no iba a estar, pero aun así entramos y nos tomamos un par de cervezas. Las camareras eran las otras que vimos el sábado, y también estaba por allí el jefe que, de vez en cuando, me miraba seguro recordándome de nuestro encuentro con Víctor.

Me incomodaba algo que lo hiciera, temiendo que se acercara y preguntara delante de mi compañero si la amiga tetona de la que Víctor le había enseñado la foto estaba o no interesada en el trabajo. No tardamos en irnos de allí. Yo solo deseaba llegar a casa e intentar saber algo de Natalia, de Víctor, de Andrea… y también saber cómo estábamos nosotros como pareja después de lo ocurrido la pasada noche.

Cuando llegué a casa, me sorprendió encontrarme allí a Natalia. Acababa de llegar del gimnasio y, por lo visto, no se había parado a tomarse algo con Andrea como solía hacer.

—¿Qué pronto, no? —dije sorprendido por su presencia allí—. ¿Hoy no has quedado con Andrea?

—No. He ido al gimnasio y me he venido a casa. Además, voy a dejarlo… —me anunció—. Iré el miércoles y el viernes para terminar el bono que me saqué y ya está… Quiero centrarme en empezar de una vez a trabajar y paso de los rollos de Andrea y sus amigos… Por cierto, ¿has ido a ese bar? ¿Aún siguen buscando camarera?

—No, no he ido —dije mintiéndole—. Hoy hemos estado muy liados y apenas hemos parado para comer algo rápido… A ver si mañana podemos acercarnos y me entero de algo…

—Vale… yo también sigo buscando… Qué ganas tengo que me salga algo… Me estoy volviendo loca de estar sin hacer nada… —dijo algo frustrada.

—Si tan mal te sientes, vuelve a llamar al amigo de Víctor… ¿No te parecía tan buena su oferta? Quizás aún estés a tiempo de coger ese trabajo… —dije con algo de mala fe y sacando a relucir el nombre de Víctor para ver su reacción.

—¿No habíamos quedado en que ese trabajo no me convenía? —protestó algo airada—. Olvídate de ese trabajo…

—Vale, vale… pero no hace falta que te enfades… —dije en tono conciliador—. A ver si mañana me entero de algo…

Hice ademán de salir del salón e irme al baño, pero la mano de Natalia me retuvo cogiéndome del brazo.

—Perdona, ¿vale? —dijo abrazándome—. No sé porque te he contestado así…

—No pasa nada.

—Además, quería comentarte una cosa… —me dijo separándose de mí y sonriendo cálidamente—. He estado mirando por internet casas rurales para ir este fin de semana y he visto una que está bastante bien… Mira, que te la enseño…

Me hizo acompañarla hasta el sofá donde el portátil permanecía abierto sobre la mesita que había delante. En la pantalla, una web de reservas de hoteles y casas rurales. Natalia fue mostrándome las fotos y haciendo comentarios sobre lo que me iba enseñando, teniendo la sensación que me estaba vendiendo el sitio. Yo la escuchaba sin demasiado interés, la verdad. Después de lo del sábado, ya ni me acordaba de la escapada a la casa rural y tampoco tenía muy claro si aquello ahora iba a ser una buena idea.

—¿Qué te parece? ¿No te parece un sitio muy romántico, rodeado de montañas y naturaleza? Es ideal para parejas… Y por lo visto hay rutas de senderismo y actividades… y no es muy caro… Mira qué ofertas tienen para este mismo fin de semana…

Todo aquello me parecía muy extraño. Natalia siempre había sido muy conformista a la hora de elegir destino para nuestras vacaciones o escapadas de fin de semana, dejándome a mí siempre la faena de buscar y reservar y ella solo se dedicaba a dar su visto bueno. Pero ahora, una sorprendente implicación y entrega a la hora de buscar esa casa rural y su forma de intentar colocármela, hizo levantar mis sospechas.

—Bueno, si a ti te parece bien… —dije fingiendo interés—. Pero está algo lejos, ¿no? Yo había pensado en algo más cercano… —Calculé que tendríamos unas tres horas de viaje en coche.

—No importa… Casi mejor así… Lejos de la ciudad. Contigo, sin nadie que nos moleste durante todo el fin de semana… Vamos Luis, vamos a este… —casi me suplicó, haciendo aumentar mis dudas.

—Como quieras… Resérvalo si quieres… —contesté.

—Ya lo he hecho… —dijo Natalia sonriéndome y cerrando el portátil—. Sabía que ibas a decir que sí… Te quiero un montón… Ya verás lo bien que nos lo vamos a pasar…

Natalia se fue al dormitorio y yo me quedé sentado en el sofá, pensando en lo que acababa de ocurrir y teniendo cada vez más claro que algo raro había detrás de todo aquello. ¿Era todo un modo de compensar su infidelidad y los remordimientos que sentía o había algo más? ¿Víctor quizás? No tenía manera de saberlo. Víctor no se había puesto en contacto conmigo en todo el día y seguía sin saber nada de lo que había hablado con Natalia ni qué ideas tenía para ayudarme a que ella se abriera y aceptara involucrarme en sus escarceos, como me había prometido.

Al día siguiente, martes, todo transcurrió más o menos con la misma rutina del día anterior: café de buena mañana con Alicia; trabajo; comida rápida y de nuevo café con Alicia que parecía disfrutar con nuestra compañía a pesar de los burdos intentos de Eduardo por coquetear con ella. Ese día, al igual que el anterior, no encontré el momento ni la forma de poder hablar con ella a solas sobre el trabajo. Empecé a sopesar la opción de pedirle quedar a tomar un café fuera del trabajo, a pesar que no me agradaba demasiado la idea. No quería que ella pensara en cosas que no eran.

Aquella tarde nos fuimos directamente a la empresa sin parar a tomarnos unas cervezas como la tarde anterior. Mientras lo hacíamos, miré discretamente mi móvil y vi que Víctor me había enviado un correo electrónico. Al llegar, me despedí rápidamente de Eduardo y conduje mi coche hasta el aparcamiento solitario donde siempre mantenía mis conversaciones con él.

-Hola Luis. Voy a aprovechar las ventajas de escribirte por aquí para comentarte un poco con detalle todo lo que siento ahora y como veo que debemos seguir de aquí en adelante.

Como te comenté, me encuentro en Francia comenzando a supervisar con otros de mis compañeros la nueva delegación de la empresa. Esperé hasta hoy martes para enviarte este mail pues, además de estar muy ocupado con mi llegada y acomodo aquí, quería ver qué me escribía Natalia sobre un consejo que le di referente a un hotel rural sobre el que ella me pidió mi ayuda. Creo que vais allí el próximo fin de semana así que pásalo bien.

No me voy a andar por las ramas. Lo del sábado fue brutal. Qué te voy a decir… tú estabas allí. Tu chica es una bomba en la cama y es una maravilla todo lo que hace y cómo lo hace. Espero que disfrutaras viéndolo como yo haciéndola gozar… jajaja….

Bromas aparte, te adelanto que no voy a volver a quedar con tu chica para acostarme con ella hasta que no sea una cosa consensuada entre los tres. Y no es por falta de ganas de volver a disfrutar del cuerpazo de tu chica sino por ti. Ya te dije que no quiero perjudicar vuestra relación y por ello creo que es mejor así. Por nada del mundo querría romper una pareja como la vuestra; bonita y morbosa. Tienes una novia maravillosa y deseo que te dure para siempre. A mí ya sabes que me gustan demasiado las mujeres y el mundillo liberal por donde me muevo, por eso no tengo pareja fija, pero te aseguro que, si fuera más joven, me gustaría tener una chica como la tuya. Así que amigo, disfrútala y cuídala.

Desde nuestro encuentro, llevo pensando en cómo hacer para que ella se abra y pierda el miedo a contarte lo que ha hecho y querer compartir esas cosas contigo. Tu chica es una “hotwife” en potencia pero debe perder el miedo a abrirse contigo, para que la saque definitivamente. Creo que el trabajo de camarera en “Las Oficinas” es una buena opción y yo ya le he aconsejado que coja ese trabajo cuando ella me ha hablado de él. Trabajar todo el día rodeado de hombres que la miran y que vea que a ti no te importa, sino todo lo contrario, creo que puede ser un gran avance y acicate.

Supongo que querrás saber de qué más hemos hablado tu chica y yo estos días. Tengo que decirte que, mientras el domingo parecía bastante tranquila respecto a que no sospecharas nada, ayer cuando hablamos por el tema de la casa rural, me pareció algo más preocupada al respecto. No sé qué ocurrió exactamente la noche del domingo pero, lo que fuera, la dejó intranquila y nerviosa. No la cagues, Luis. Hazme caso, actúa como siempre aunque entiendo que, sobre todo ahora al principio, pueda ser difícil. Hay mucho en juego…

Hablamos sobre el tema del tanga y me dijo que ya tenía pensado algo como excusa para justificar su desaparición, así que ya sabes, hazte el tonto y síguele la corriente. También hablamos sobre lo que te dije de estar fuera dos meses y que no iba a poder hablar por Whatsapp, que mejor hacerlo por correo electrónico. Ella me comentó lo del tema de la casa rural para pasar un fin de semana romántico y me pidió consejo para darte una sorpresa. Ya sabes, remordimientos y querer compensarte. Yo le recomendé un sitio discreto y acogedor donde solía ir con una mujer casada. Seguro que allí, lejos de conocidos, ya encontrareis la forma de jugar un poco y te aviso que así mismo se lo he hecho saber a ella… Así que no te asustes si ves un poco lanzada a Natalia… jajaja…

Otra cosa que te quería comentar, es que sería buena idea que le compres un consolador a tu chica. Elige uno similar a mi polla, de gran tamaño jejeje. Así podrás jugar con ella a fantasear con terceros y, quien sabe, quizás incluso se anime a contarte lo que ocurrió el sábado. Puedes conseguirlo por internet o en cualquier sex-shop de tu ciudad.

También quería decirte que el sábado, cuando te fuiste, aparte de estar hablando largo y tendido sobre ti y sincerarse conmigo, también estuve masajeando el cuerpo de tu chica con aceite. Ya viste la foto. Tengo que confesarte que, mientras tocaba su culo, no pude evitar intentar meter un dedo en su agujero. Al principio se quejó, pero acabó por dejarse llevar y al final acabé por metérselo dentro. Mientras la follaba con el dedo, tras preguntarle, me confesó que cuando era más joven un chico con el que se veía durante los veranos se la follaba por ahí, pero que hace años que no lo hace porque le duele demasiado. Ahora ya sabes que no es virgen por ahí y espero que, cuando pueda volver a follarme a tu chica, la hayas ido preparando con el consolador para que también pueda follármela por atrás… jajaja… solo de pensarlo, me pongo malo…

También tengo que confesarte que ayer, cuando hablamos y por petición de tu chica, acabamos teniendo sexo telefónico. Me pidió una foto de mi polla y luego nos masturbamos los dos hasta corrernos como animales… Por lo visto, según me confesó, es algo que le pone bastante y que llevaba queriendo repetir desde el verano. Tienes mi promesa que no va a volver a ocurrir. Ahora tienes dos meses para conseguir que ella se abra, quiera hacerte partícipe de lo que ella necesita y, ojalá, cuando vuelva de Francia podamos hacer un trío en condiciones. ¡Ojalá! Sobre todo, no la cagues… me jodería mucho que se estropeara esto que tenéis y que espero algún día pueda yo formar parte de ello.

No te caliento más la cabeza. Solo te diré que ya le he echado el ojo a una francesita, que trabaja como secretaria, y que creo que vamos a pasar unos buenos ratos juntos… jajaja… joven, morena, pechos grandes pero sin llegar a los de tu chica… ya te iré contando…

Espero tener noticias por tu parte informándome sobre cómo va la cosa y te prometo que te mantendré informado de lo que Natalia me vaya contando. Hasta pronto.

Saludos,

Víctor.

Cuando acabé de leer tu email, en parte me sentí aliviado al saber que no pensaba volver a acostarse con mi chica a mis espaldas. Es cierto que podía engañarme pero, al menos hasta ese momento, nunca lo había hecho y confiaba en que siguiera siendo así. Pero, por otro lado, no acababa de convencerme con el tema de irse de Francia, centrarse en el trabajo y que no le molestáramos por el whatsapp. Me sonaba a excusa; como si una vez conseguido su objetivo de follarse a mi chica, hubiera perdido el interés en nosotros.

También su correo había confirmado mis sospechas de que Natalia no era virgen analmente y que la idea de la casa rural no fue de ella. Lo que ya no me gustó tanto fue el hecho que hubiera mantenido sexo telefónico con ella. Recordaba los vídeos en aquel pendrive sobre aquella temática y, ahora que lo había probado y descubierto que le gustaba, ¿cómo me iba a ir tranquilo dejándola sola sin saber si iba a hacer algo así con él o cualquier otro?

La verdad es que el correo electrónico me había dejado algo desanimado. Su única propuesta era que me comprase un consolador y ya está. Pensaba hacerlo; de hecho, ya llevaba yo mismo algún tiempo pensando en ello, pero eso no quitaba que me sintiera algo decepcionado con el plan de Víctor. Solo esperaba que las ideas o propuestas que le había hecho a Natalia fueran algo más directas o claras, aunque dudaba, viendo su comportamiento, que las llevara a cabo.

Le contesté de forma escueta agradeciéndole su correo, deseándole que todo le fuera bien y que siguiera manteniéndome informado como yo haría con él. Arranqué el coche y me dirigí a casa donde supuse debía estar esperándome Natalia. En esos momentos, me sentí algo frustrado y me planteé la posibilidad de dejarme de rollos y confesarle directamente la verdad: que sabía lo suyo con Riqui, lo que paso con Alberto y lo que había hecho el sábado con Víctor pero que no me importaba, que la seguía queriendo igual y que lo único que quería era que, cuando quisiera repetir, me dejara estar presente e incluso participar.

¿Qué había de malo en ello?

“Pues que Natalia seguro me va a dejar”, reflexioné de inmediato.

Ese era el problema. No veía a Natalia, ahora mismo, aceptando algo así. Se encontraba más cómoda actuando por detrás, manteniendo esa fachada de chica bien y dejando solo salir a la otra Natalia de cuando en cuando, y cuando sabía que no había peligro de ser descubierta por gente de su entorno más cercano. Ya era extraño lo que se había dejado hacer por Víctor pero, claro, con él era todo diferente. Eran tantas las cosas que él había conseguido y que a mí no me dejaba, que en cierto modo me molestaba que así fuera.

Cuando llegué a casa, Natalia estaba en el sofá trasteando con el portátil. Lo dejó en cuando entré y eso me hizo desconfiar, pensar en si quizás estaba hablando con él. Intenté serenarme, actuar como siempre aunque fuera difícil. Le di un beso y me fui al baño, donde me encerré para refrescarme y tratar como fuese de aligerar mis miedos y dudas. Estaba claro que el correo de Víctor, en lugar de ayudarme, lo único que había hecho era aumentar mis desconfianzas e inseguridades.

Esa noche traté de comportarme con normalidad, como solía hacer, pero no sé si lo conseguí. Cenamos, vimos un rato la tele y nos fuimos a la cama. Esa noche, al igual que la anterior, ni yo hice ningún intento por hacer algún acercamiento a ella y Natalia, después de lo ocurrido el domingo por la noche, tampoco lo hizo.

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