ALMUTAMID

Por supuesto el sábado hubo una extraña enfermedad de mis amigas y ninguna quiso salir, la única que me preguntó fue Ángela y cuando le dije que las demás no salían se puso seria y no quiso siquiera salir conmigo a dar una vuelta. Víctor tenía examen y como había pasado la tarde con Lourdes se quedó estudiando, así que me quedé con Marcos y tuve la charla con él explicándole que no era buena idea lanzarle la caña a Ángela. Se quedó bastante cortado cuando le expliqué el motivo pero conseguí levantarle el ánimo cuando entendió que no era el que fallaba sino que la niña prefería las almejas a las salchichas. De hecho respiró aliviado por no haberse declarado.

No habíamos terminado la charla cuando Ángela me preguntó qué hacía y le dije que estaba en el dormitorio. Al final me convenció para salir a tomar algo antes del cierre de la residencia. Marcos no se apuntó. La charla fue un monólogo de la chica copa en mano lamentándose porque siempre le gustaban chicas heterosexuales. Yo le expliqué que Miriam tenía dudas de su sexualidad y que hablara con ella y tuviera paciencia pues necesitaba tiempo para asimilar si realmente quería que siguiera ocurriendo. Pero Ángela se seguía sintiendo mal pues cada vez que le gustaba una chica o era hetero o terminaba rechazando una posible relación por el “qué dirán”.

Yo, ejerciendo como si fuese la misma Claudia (los que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición., dicen…) le recordé que ese mismo palo era el que se acababa de llevar Marcos, exagerando un poco las intenciones de mi compañero que en realidad no había dado nunca muestras de andar locamente detrás de Ángela. Pero mi consejo le sirvió para reflexionar e incluso me reconoció que su problema con las chicas es que le gustaban muy femeninas y generalmente las niñas así no eran lesbianas. Me contó algunas relaciones y yo me sinceré con ella reconociéndole que el día de la novatada no había podido evitar mirarle bien el culo. El alcohol nos hacía efecto y nos soltaba la lengua y así me respondió:

-Es que me da igual, tío. El problema de que me mires el culo no es mío. Es tuyo. Que eres el salido. Como todos los tíos que os pensáis que con deciros hola ya queremos follar con vosotros.
-No te vengas tan arriba.-repliqué- Que el día que dormimos juntos te vi cambiarte y ni me empalmé.
-Pero que bestias sois. Menos mal que paso de tíos.
-Ya, ya. Pero bien que mojaste las bragas cuando viste a Miriam cambiarse.
-Jajajaja. Eres un cabronazo. ¿Qué quieres que te diga? Borracha y con esa pedazo de tía al lado. Que no me como una almeja desde el verano.
-Hala…y yo soy bestia, jajajaja. Tú no te quedas atrás. -reí con ella.- Bueno y ¿cómo es el chocho de Miriam?
-Preguntáselo a ella…
-Pero tú lo has palpado oa saber qué más, jajaja.
-Eso no se cuenta, nene. ¿Te la quieres follar o qué?

Por mi cabeza de golpe pasó que yo en principio no, pero ella sí. Pero desde luego Ángela debería ser la última en saber la extraña propuesta que me había hecho Miriam la tarde anterior.

-Yo tengo novia, lista. Pero a ver. ¿A ti los chochos te gustan peludos o pelones?
-A mí me gustan rasurados, jajaja, pero a uno con el vellito recortado tampoco le hago ascos, jajaja.
-Ya me has dicho que Miriam tiene pelo, jajajaja.
-Noooooo, jajaja.
-Entonces que no tiene, jajajaja.
-Me parto contigo Luis. Eres el hetero más divertido que he conocido…
-Pues yo creo que eres la primera boyo que conozco.
-Ahí te equivocas, la primera que lo sepas, jajaja.

Con ese buen ambiente nos llegó la hora de volver a la residencia, y aunque Ángela me propuso seguir bebiendo en su cuarto preferí retirarme a dormir al mío para no tener resaca al día siguiente.

El domingo le conté a Claudia en nuestra videoconferencia semanal todos los líos de la semana, evidentemente ocultándole que casi me follo a Miriam y el lote que me había pegado con Blanca. La noté algo triste y por más que le pregunté el motivo no fue capaz de explicarme nada limitándose a decir que no le pasaba nada y que no insistiera.

El lunes me reuní en clase con mis amigas riñéndoles por no salir el fin de semana, aunque más las reñí cuando me explicaron que el sábado habían tenido una sesión de charla de chicas en casa de Marta y por eso no habían salido. Viendo el buen humor de ésta me supuse que Miriam no le había contado nuestro affaire. Y lo confirmé cuando Marta en un momento que estábamos solos me agradeció el apoyo y los buenos consejos que le había dado a nuestra amiga. La sentí hasta orgullosa de mí. Ello me llevó a preguntar a Miriam cuando tuve ocasión por lo que le había contado y su respuesta fue muy sencilla:

-Le he dicho que pasaste toda la tarde conmigo tomando café y dándome consejos útiles y mucho ánimo.
-Y de lo que me agarraste el cimbel y nos despelotamos ni mu ¿no?
-Evidentemente.
-Pero ¿por mí o por ti?
-Por mí, bueno y por ti. -me respondió.
-Y un huevo, jajaja. Lo que no has querido decirle es que casi te follas a su exnovio.
-Bueno, y que su exnovio estaba dispuesto.
-Vale, déjalo. ¿Has hablado con Ángela ya? – pregunté.
-No. -respondió bajando la cabeza.
-Pues está triste. Se merece una charla, aunque sea para decirle que te arrepientes.
-Tienes razón. El problema es que no tengo respuestas todavía.
-A lo mejor eso es una respuesta. Pero no la estás evitando.
-Vale.-me dijo mirándome a los ojos- Lo intentaré.

Al final estaba teniendo hasta suerte. Estaba escapando bien por ahora al menos de uno de mis líos.

Todo marchaba hasta que el jueves la cosa se torció. Bueno, más que la cosa se torció mi tobillo. Un mal giro en un regate mientras me cazaban escondiendo el balón y se torció mi tobillo. Noté el dolor inmediatamente y más aún cuando se enfrió camino del centro de salud donde el médico de guardia sin necesidad de hacerme radiografía me diagnóstico un esguince de grado dos y la inmovilización del pie hasta que el traumatólogo me hiciera la radiografía y lo analizara mejor.

Efectivamente a la mañana siguiente se confirmó la lesión y me tocó llevar muletas en principio durante tres semanas hasta que me volvieran a analizar la evolución. Ya me veía con la pierna inmovilizada todas las navidades. El puente de la Inmaculada con seguridad, la Navidad con suerte la salvaba. Una conserje muy amable de la facultad me consiguió unas muletas el mismo viernes al volver del hospital. Me planteé volverme a casa y que las chicas me pasaran los apuntes, pero como era casi un mes de clases lo que aun quedaba Marta se ofreció a recogerme todos los días en la residencia para llevar mi mochila y que yo pudiera ir con muletas. Además, el sábado organizaron reunión en casa de Miriam, que es la que se solía quedar sola el fin de semana para que yo pudiera salir de la residencia. Incluso cuando le pedí que invitara a Ángela no puso objeción ante la mirada expectante de Marta y mía.

Me vino bien que Ángela viniera porque por mis muletas fuimos en autobús y así ella cargaba con las bolsas de lo que llevábamos para comer y beber. El saludo de las dos al verse fue algo seco, más cortadas que otra cosa pero allí estaban y ya era un paso dado. Yo me senté en el sofá con la pierna en alto. Esos días iba siempre con un chándal de los que llevan cremalleras en los pies pues era la única prenda en la que me cabía la escayola que me habían puesto para inmovilizar el tobillo. Las chicas se fueron a la cocina para preparar algo de comer mientras yo veía la tele, pero al momento Marta apareció con la excusa de no dejarme solo guiñándome un ojo para ver si las dos hablaban por fin.

Y debían estar haciéndolo pues tardaron lo suyo y además volvieron sonrientes. No sabíamos que había pasado pero había terminado bien. De hecho la charla d ellos cuatro después fue muy normal, distendida y en cuanto el alcohol empezó a hacer efecto hasta divertida con chascarrillos constantes y bromas entre risas flojas. Miriam puso música y como ellas estaban en las sillas hasta se pusieron a bailar alegrándome de no tener que hacer el tonto acompañándolas.

El problema me vino cuando quise mear. No me había dado cuenta de lo que había bebido hasta que me quise poner de pie y casi me caigo. Las chicas se dieron cuenta y entre risas me ayudaron a enderezarme. Viendo mi torpeza con las muletas Marta y Miriam me ayudaron a llegar al baño y me dejaron frente al wc.

-Lo que falta ya puedes tu solito…-me dijo Marta saliéndose de debajo de mi brazo.
-Joder, mira que tenía ganas de que me tocarais la churra…
-Si quieres que te toquen la churra, ya sabes. Vete a Italia…-respondió dándome un cate en el culo.

Miriam le rio la gracia y salió con ella del baño. Meé aguantándome la risa por mi ocurrencia teniendo que apoyarme en la pared para no perder el equilibrio y cuando terminé llamé a las chicas de nuevo que me ayudaron a volver al sofá. Seguimos un buen rato hasta que Miriam con los mofletes colorados por el alcohol y el calor del brasero que teníamos en la mesa propuso jugar a “verdad o te atreves”. Marta quiso evitarlo pues sabía como acababan esas cosas con cosas dichas que a veces no se deben contar o atrevimientos subidos de tono, pero Ángela apoyó la moción y yo no me mojé.

Las primeras rondas eran sobre tonterías. Pero Miriam se la jugó cuando de manera inesperada le dijo a Marta:

– ¿Verdad o te atreves? ¿A que te gusta un tío de la facultad?

Marta puso cara de pocas amigas fulminándola con la mirada y ante la expectación generada en los 4, y no voy a negar que especialmente en mí, respondió:

-Me atrevo…
-Cobardica, jajaja.- le afeó Miriam- Vale. ¿Te atreves a besar a Luis?

Marta se encogió de hombros, se levantó y me dio un pico.

-Que tontería Miriam, si sabes que Luis y yo hemos tenido mucho más.-respondió Marta.
-Es que eso ni es un beso ni na…dale un beso de verdad.

Marta suspiró, respiró hondo y me miró encogiéndose de hombros otra vez. Se acercó sentándose en el sofá a mi lado y me plantó un beso con lengua que yo devolví. Fue breve, unos pocos segundos, pero al separarse estaba muy colorada y cortada. Y yo también.

Ángela entonces dijo que o nos íbamos ella y yo ya o no llegábamos a tiempo a la residencia. Miriam estaba desatada y ofreció su casa para dormir los 4, ellas en el dormitorio y Marta y yo en el salón. Estaba claro que iba a buscar tema otra vez con Ángela, pero Marta dijo que ella dormía en su casa.

-No te vas sola de noche.- dije serio.
-No estás para llevar a nadie.-me respondió.
-Pero puedo acompañar.
-Entonces vámonos para que te de tiempo a llegar a la residencia.

Entonces Ángela con una voz muy suavecita, extraña en su carácter me preguntó:

-Luis, ¿te importa si yo me quedo?
-Para nada.- le respondí guiñando un ojo.

Marta y yo nos fuimos y andando a mi ritmo lento tardamos bastante en llegar a su casa. Por el camino demostró que estaba molesta con Miriam. Yo le resté importancia porque estaba borracha. La convencí de que se terminaría disculpando pues estaba nerviosa por Ángela. Nos entretuvimos tanto hablando del tema que se hizo imposible que yo llegara a tiempo a la residencia por lo que al fina Marta me tuvo que ofrecer dormir en su casa para no quedarme cojo y tirado en la calle.

Marta me ofreció dormir en el sofá. Entré al baño mientras ella se cambiaba en el dormitorio y después me ayudó a poner una sábana en el sofá y me dejó una manta. Estaba muy mona con su pijamita de motivos Disney que la hacía parecer más pequeña dada su delgadez y estatura. Más entrañable que sexy. Aunque después recordé nuestros juegos cuando salíamos y volvió a mi mente su imagen sexy. Pero todo quedó ahí. Se retiró a dormir a su cuarto y yo me desnudé y me acosté en el salón en calzoncillos con una camiseta.

Me desperté a media mañana y a la pata coja me fui al baño. Meé como un burro y cuando salí me topé de frente con Silvia.

-Vaya sorpresa, Luis, conque tú eras el bello durmiente que vi anoche en el salón. ¿Qué pasa, que Marta ya no te hace hueco en la cama?
-Tú sabes que no salimos.
-Jajajaja. Pues yo no salgo contigo y te lo hacía…que tenemos algo pendiente tu y yo.

Silvia entró al baño y yo me fui al dormitorio de Marta para ver si estaba despierta. No quería quedarme solo con Silvia en el salón. Me incomodaba su forma de ser y el recuerdo de aquella noche de fiesta, bueno, vale, y algún remordimiento mío. Llamé a la puerta y Marta me dijo que pasara, que estaba despierta. Entré y le dije que me había cruzado con Silvia. Me dijo que nos había oído.

-¿Qué es eso que tenéis pendiente?- me preguntó.
-Creo que se me quiere follar.-le dije.
-Bah, a ti y a cualquier cosa que tenga polla…y más si te pilla así en calzoncillos.

Reímos su ocurrencia y le dije:

-Niña, estoy que me muero de frío, hazme sitio en la cama.

Marta se escurrió hacia la pared y me metí con ella en la cama. Nos quedamos un rato charlando sobre la noche anterior tapados con su nórdico. Teníamos curiosidad por saber que había pasado con las otras dos. En un momento de la conversación me dijo:

-Tienes la pierna helada.
-Es que he pasado frío en el sofá.
-Ay, lo siento, pero no me pareció plan dormir juntos teniendo tú novia.
-Ya ves. Ahora estamos en la cama y no te estoy violando ni nada.-dije con suficiencia.
-Que tonto eres, sólo estamos sentados charlando. Pero los tíos siempre interpretáis las cosas por ese lado. Te rozas un poco y ya están creyéndose que quieres tema o directamente empalmados.
-Pues aquí estoy tan tranquilo contigo.- mentí, en realidad la tenía morcillona por el calorcito suyo tan cerca.-Oye, ¿quién es el tío que te gusta de la facultad?
-Ay Luis, por Dios. ¿Te vas a creer las tonterías de Miriam?
-Pensé que le habrías contado tú algo. ¿Alguno del equipo?
-Son tonterías de verdad. Además a ti, que eres mi ex no te voy a contar esas cosas.
-No tengo derecho a ponerme celoso aunque seguramente envidiaría a quien fuese. -respondí caballerosamente.
-No hay ningún otro tío, Luis. De verdad. Venga vamos a levantarnos y te acompaño a la residencia cuando desayunemos.
-Ve saliendo tú que aquí se está calentito.-dije para que no notara el bulto de mi calzoncillo al levantarme.
-Jajaja, pero que cerdo. ¡Te has empalmado!
-Que nooooo.
-Vale, vale.

Saltó por encima de mí y se fue al baño.

Yo me levanté esperando que con el frío de fuera se me bajara. Afortunadamente no bajó del todo pero ya no se marcaba tanto cuando Marta volvió trayéndome de paso mi ropa del salón. Me vestí y desayunamos juntos en el salón. Silvia afortunadamente nos dejó tranquilos. Después me acompañó a mi ritmo lento con las muletas hasta la residencia despidiéndonos en la puerta.

Afortunadamente me habían dado una llave del montacargas y no tenía que subir las escaleras. O bajarlas. En el comedor no vi a Ángela por lo que supuse que seguía con Miriam, pero Marcos y Víctor sí. Les expliqué donde había dormido y como, rogándole a Víctor que no se lo contara a Lourdes. No había pasado nada y no quería malentendidos.

Sin embargo, tuve un pálpito de regreso a mi dormitorio y mandé un mensaje a Ángela. Estaba en la residencia pero no había bajado al comedor. Le dije que viniera a mi dormitorio. Me puso pegas y pasé a buscarla. Estaba seria. Por fin me contó qué le pasaba.

Habían empezado a enrollarse pero al poco ella había parado. Necesitaba hablar más y tener más seguridad. Miriam le gustaba mucho y no quería enchocharse con ella y que le volvieran las dudas. Miriam se lo había tomado mal y habían discutido. Había llegado a la residencia esa misma noche adelantándome por el camino. Le ofrecí mi ayuda y me respondió que ya la había ayudado, pues en su decisión de no dar el paso de empezar una relación con Miriam habían tenido mucho que ver con mis consejos, especialmente cuando le hice saber como se podía sentir Marcos al ser rechazado por su orientación sexual. Me alegré de su seguridad y se lo hice saber y me demostró su agradecimiento con un fuerte abrazo.

El domingo por la tarde tuve mi habitual videoconferencia con Claudia. Le enseñé mi pata tiesa y le conté mejor que por mensajes todo lo que había pasado. Pero volví a notarla apesadumbrada y esta vez me decidí a saber qué había pasado para que estuviera así. Primero intentó negarme que le pasara nada pero al fin tras cejar durante un rato admitió que algo le pasaba. La historia a la vez me alertó y me tranquilizó.

-Luis tenías razón.-me dijo con lágrimas en los ojos alarmándome.
-¿Con qué?
-Gianni…
-¿Qué ha pasado?- pregunté preocupado.
-Toda su amabilidad, todas sus buenas maneras, sus ofrecimientos. Todo era porque quería acostarse conmigo…
-Pero ¿qué ha pasado?
-Un día se puso muy pesado con abracitos y con la manita en el muslo, la cintura. Muy pegajoso. No le di importancia, pero seguía y seguía hasta que un día intentó besarme en mi habitación y le dije que no, que tenía novio.
-¿Y qué pasó?
-Me dijo que le daba igual, que me iba a follar hasta matarme de placer y no como tú…que ni me hacías gemir.
-Será idiota el spagetti ese…
-Yo le dije que me daba igual lo buen amante que pudiera ser, que yo te quería a ti. No iba a comparar como en una tienda. Se puso hecho una furia, dijo cosas en italiano que ni sé que serían, pero seguro que me ponía a parir. Y desde entonces no me habla y pasa de mí. Y me lo cruzo por el piso y me mira con cara de asco. Y el otro día se trajo a una tía como para demostrarme que él se tira a quien quiere. Y me duele, y a la vez me siento imbécil. Y Te hecho tanto de menos…-no pudo seguir entre sollozos.
-Joder, mierda. No puedo hacer nada.
-…Me dan ganas de volverme, Luis.
-Eso nunca. Tú te has ganado esa beca y ese cabrón no va a jedértela. Cámbiate de piso, evítalo, pero yo apoyé que te fueras y no vamos a estropearlo por culpa de un imbécil que no entiende que no es no.
-Lo sé. Lo sé.
-Y Tita, ¿qué dice?
-Ella me reconoció que se había liado con él a principios de curso. Me quería convencer para que probara con él. ¿Te lo puedes creer? Que si estaba muy bueno, que si lo hacía muy bien y que estaba bien armado…
-Una Silvia cualquiera. Ya me miraba con ojitos cuando fui a verte. A saber qué estaba pensando. Bueno, princesa. ¿Cuándo te vienes para las vacaciones de Navidad?
-El día 22…
-Falta mucho. Pues antes de venirte intenta cambiarte de piso.
-Ya he ido a la oficina de la universidad donde hacen eso.-me dijo más tranquila- Me han dicho que suele ser más normal en enero con el cambio de cuatrimestre pero que si me corría prisa me avisarían ante cualquier vacante.

Por fin me había confesado lo que pasaba, me había alarmado pero como decía antes, también tranquilizado. Así que le recordé a la Claudia fuerte que me había enamorado y le di todo mi ánimo desde la distancia. También le recordé lo orgulloso que estaba de ella. Y me pude tan tonto que hasta se me saltaron las lágrimas también. Al final antes de despedirnos me reconoció que se sentía más tranquila después de habérmelo contado.

La conversación me dejó mal cuerpo pensando en que mi chica lo estuviera pasando mal por culpa de ese idiota y yo no pudiera hacer nada. Me arrepentí de algunas cosas que había hecho estos meses cuando tenía a alguien como Claudia. Y ese fue el motivo por el que decidí que me había venido bien la lesión para evitar las fiestas de los jueves y especialmente a Blanca. A Nieves no quería evitarla, pero sí el sexo con ella. Con ese propósito empecé una semana en la que la limitación impuesta por las muletas me dejaría encerrado todas las tardes en la residencia evitando tentaciones.

De hecho los dos primeros días Marta me recogía para llevar mi mochila, íbamos a la facultad y sólo me movía de la clase para desayunar y para irnos a comer. Comida en los comedores universitarios y de nuevo Marta me acompañaba a clase. Miriam no contó nada de lo que había pasado con Ángela y yo tampoco pregunté. Aparentemente todo se tranquilizaba hasta que el miércoles camino de la facultad nos encontramos a Blanca que vivía cerca de la residencia. Se sorprendió al verme y tuve que contarle la lesión y todo por el camino mientras Marta nos acompañaba porque Blanca no callaba. Al llegar a la facultad se ofreció a recogerme ella que vivía más cerca que Marta. Por más que poníamos excusas no se dio por aludida y además para asegurarse que cumplía bien su deber de premio se llevó mi número de teléfono para que la avisara cuando estuviera listo.

El jueves por la mañana ya la tuve de acompañante muy habladora y preguntándome por mis amigas. Me resultó preguntona y muy curiosa en comparación con como había sido hasta entonces. Pero como también se preocupaba por si me dolía el tobillo y como llevaba lo de no poder hacer ejercicio le perdoné su curiosidad. Le reconocí que no podía estar quieto y que me ponía en el dormitorio de la residencia a hacer flexiones y abdominales para no perder la forma. Su respuesta me descolocó un poco: “Qué bueno tienes que estar sin camiseta…”

Dudé si ir al partido y animar a mis compañeros. De hecho cuando Blanca me preguntó le dije que no iría. Pero al final decidí que estaba mal no apoyarlos estando en la ciudad. Me fui en autobús a las instalaciones deportivas de la universidad y me senté detrás del banquillo para comentar con ellos como uno más aunque no pudiera jugar. Era un partido fácil y había poco que corregir aunque mucho que comentar.

En el descanso se me acercó Blanca. Se alegró de que me hubiera animado a ver el partido. Cuando se retiró del banquillo para volver con sus amigas los compañeros del equipo empezaron con las típicas fanfarronadas de que me la follara, que estaba muy buena y que la niña venía pidiendo guerra. Yo me excusé en que tenía novia entre sus risas de incredulidad.

Al terminar el partido con victoria fácil acompañé al vestuario al equipo celebrando mientras se duchaban. Al salir me encontré a Blanca esperándome:

-¿Qué vas a hacer Luis? ¿Te vienes al bar?
-Que va.-respondí- eso ya me lo pierdo. Me voy a la residencia y ceno allí tranquilo que con las muletas no estoy para mucho paseo.
-Venga, te acompaño, que mi casa está al lado.
-Pensaba irme en autobús.
-Vale.

Durante el trayecto me estuvo hablando alguna historia de sus amigas que no recuerdo pues no le estaba prestando mucha atención a la conversación aunque sí a su escote, con sus tetas anunciándose por entre los botones de la blusa. Además según me hablaba girada hacia mí se apoyaba en mi muslo. Ahora no era yo el que me tomaba confianzas, era ella.

Por fin llegamos a la parada, que quedaba a medio camino de su casa y la residencia. Hice el gesto de despedirme pero me dijo que me acompañaba hasta la puerta. En el lateral de la residencia había una plaza ajardinada con bancos por la mañana llenos de abuelos tomando el sol, por la tarde de niños que jugaban en el parque infantil que había en el centro, pero a casi las 9 de la noche a primeros de diciembre no se veía más que a un parejita sentada en un banco en la penumbra. Al atravesarlo Blanca me dijo que nos sentáramos a charlar un rato. Iba a ponerle alguna excusa pero por educación después de haberme acompañado decidí charlar un rato con ella.

No se si había sido casualidad pero estábamos en el rincón más oscuro de la plaza. Me senté apoyando la pierna en el banco pero al sentarse Blanca se la colocó sobre su pierna quedando yo sentado de lado frente a ella que empezó a hablarme de que me notaba apagado:

-Luis, te noto que llevas mal la lesión. En el partido has disimulado pero se te nota que estabas deseando poder jugar.
-Es verdad…
-Y además te veo apagado, sin ganas de divertirte ni de estar con la gente.
-Es que con la pierna así…-me justifiqué.

Blanca apoyó su mano en el muslo de mi pierna lesionada acariciándolo y mirando para abajo con la voz muy suave continuó:

-Yo te dije que te animaría después de los partidos…
-Y lo estás haciendo- respondí- estás siendo muy amable acompañándome.

Pero sentí su mano subir por mi muslo. ¿Iba dónde iba? Premio. Con delicadeza alcanzó mi paquete descubriendo con sus dedos la forma de mi polla que reaccionó al segundo empezando a hincharse.

-Blanca, no es necesario.-intenté detenerla pero no agarré su mano que seguía marcando el contorno de mi nabo morcillón.
-Te vendrá bien…te relajas y piensas en otras cosas. No me importa ayudarte…

Para entonces su mano se había colado dentro del pantalón del chándal y el calzoncillo y agarraba mi polla. Di un respingo.

-Tienes la mano helada…
-Perdón, Luis. Espera que me la caliento con el aliento.-dijo sacando la mano de mi calzoncillo.

Entonces pensé que si le pedía algo inverosímil a lo mejor se cortaba y paraba sin tener que decirle abiertamente que no.

-Bueno, hay algo tuyo que ya está calentito…

Me miró sin entender lo que decía y me expliqué mejor:

-…te estás calentando la mano con la boquita.
-¿Quieres que te la chupe?
-Eso me encanta…

Miré a nuestro alrededor y salvo la parejita al otro lado de la plaza no vi a nadie más de modo que me bajé con la mano el elástico del pantalón y el calzoncillo dejando que mi polla tiesa saltara fuera.

-Luis yo es que no sé…
-¿No querías animarme? Eso es lo que más me gusta.

Dudó un instante pero bajó la cabeza y lamió la punta de mi polla dándome un escalofrío por el calor de su lengua en contraste con el frío que ya hacía.

-Que bien, Blanca…ahora chupa un poquito…

Sentí como sus labios se apoderaban de mi glande pero al bajar la cabeza para tragar más me rozó con los dientes.

-Con cuidado, que es muy sensible…-le dije apoyando mi mano en su cabeza.
-Es que es muy gorda, Luis.

Ya me estaba cayendo mejor que Miriam. Aunque por su torpeza me daba la sensación de que era la primera vez que se comía una polla. Varias veces más me rozó con los dientes hasta que fue cogiendo el tranquillo.

-Así mejor…acaríciame las pelotas…así, así. Muy bien, Blanca.

Colé la otra mano por su escote agarrándole la teta dentro del sujetador. Eran las más firmes que había tocado en mi vida y se lo hice saber.

-Ufff, que tetas tienes. Me encantan.

Blanca seguía chupando al ritmo de mi otra mano y jugando con mis pelotas mientras yo seguía alabando su mamada y sus tetas. Sentí que me faltaba poco y dudé si avisarla o no pero viendo su entrega no dije nada hasta que empecé a descargar. Hizo ademán de dejar de chupar pero insistí:

-Chupa, rápido, que no se escurra.

Blanca emitió un gemidito agudo como si le diera asco pero chupó hasta que le pedí que parara. Algo me había chorreado hasta las pelotas pero lo principal había acabado en su boca y en cuanto soltó mi polla lo escupió dándome la sensación de que n ke había gustado nada, pero me sorprendió preguntándome:

-¿Lo he hecho bien?
-Me has dejado nuevo.

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