ANDER MAIS

Capítulo 14

¿Infidelidad?

Aún seguía sin creerme que aquello fuera real, que aquello fuera a ocurrir finalmente. Yo, que pensaba que después de su encontronazo con Eduardo iba a tener el miedo en el cuerpo y pedirle regresar a casa, me encontraba con la sorpresa que ella había accedido a acompañar a Víctor a su apartamento. Tales eran las ganas de Natalia de estar con él.

Estaba claro que yo no podía hacer nada. Yo había fantaseado con aquello durante mucho tiempo y ahora, esa fantasía estaba a punto de realizarse. Y aunque multitud de dudas y miedos me habían asaltado durante las últimas horas sobre dar aquel paso, me había quedado sobradamente claro que Natalia, conmigo o sin mí, se iba a entregar a Víctor.

Lo único que podía hacer era seguir su consejo, relajarme y dejarme llevar y, a esas alturas, es lo que hice. Arranqué el coche y lo dirigí a la urbanización donde había estado esa mañana con Víctor para que me mostrara el chalet que había alquilado, dudando en aquellos momentos que algo pudiera suceder; pero ahora ahí estaba, acudiendo a altas horas de la noche a ver cómo se follaban a mi novia.

El camino hasta allí se me hizo eterno, inmerso en un estado de nervios, excitación y, sí, celos también. Era una mezcla extraña y en cierta medida adictiva, a la que no sabía si sería capaz alguna vez de renunciar. Y miedo. Por supuesto. Miedo a que le gustara demasiado, miedo a que llegara a enamorarse o engancharse a él y que eso supusiera dejarme a mí por el camino.

Y que a él le pasara algo similar. Aunque confiaba en Víctor, siempre subyacía ese temor a que me la pudiera jugar, a que pudiera actuar a mis espaldas. Y si eso llegaba a ocurrir, yo ya no tendría nada que hacer. Por eso, quizás, lo había elegido a él y no a Riqui o a Alberto o a cualquier otro. Por la diferencia de edad, por su forma de ser o por lo que fuera, era el único en el que podía confiar en esos momentos para que aquello se hiciera realidad.

Dejé el coche en el aparcamiento de la urbanización, en el mismo sitio que aquella mañana. Caminé los escasos 200 metros que me separaban del apartamento de Víctor, mientras no dejaba de mirar a todos lados. Los nervios que me atenazaban. Moviéndome de forma sigilosa.

Al llegar a la puerta del jardín, vi el coche de Víctor aparcado. Mis nervios aumentaron al ser consciente que allí dentro también debía estar Natalia, preguntándome si era ella sabedora de lo que aquella invitación conllevaba y hasta dónde sería ella capaz de llevar aquella situación. ¿Solo pretendería jugar un poco, dejarse meter mano o venía con la intención de llegar hasta el final? Pronto lo iba a saber.

Bordeé los setos laterales hasta llegar a la parte trasera del jardín, buscando aquella puerta que Víctor me había dicho que iba dejar abierta. Cogí la manilla y, aliviado, vi que él pensaba cumplir su parte del trato. La abrí de forma lenta, intentando no hacer ningún ruido que pudiera alertarles de mi presencia, empezando a avanzar por aquel jardín oscuro a aquellas horas de la noche, apenas alumbrado por la escasa luz que se escapaba de dentro del chalet.

Caminé en completo silencio los escasos metros que me separaban del ventanal del salón, donde supuse que debían estar los dos, solos, con el corazón latiéndome a mil por hora y empezando a sentir aquel cosquilleo característico que siempre me acompañaba cuando se producían ese tipo de situaciones.

Ahora que me había quitado los miedos y las dudas, ahora que sabía que la suerte estaba echada y la decisión tomada, me concentré en solo disfrutar. Solo de imaginar lo que pudiera estar ocurriendo ya al otro lado de las cortinas, hacía que la excitación y el morbo corrieran a raudales por mis venas.

Llegué el ventanal y comprobé como, efectivamente, había un pequeño resquicio desde donde podía ver y escuchar lo que ocurría en el interior del salón. Allí, medio agachado para poder pasar aún más desapercibido, vi a Víctor sentado en un sofá justo en frente de mi posición y a Natalia sentada a su lado.

Ambos compartían una bebida y conversaban animadamente….

—Sigo pensando que es una pena que no quieras aceptar el trabajo que te ofrece mi amigo Martín —le decía Víctor—, creo que es una gran oportunidad para ti y que no debes desaprovecharla… piénsatelo bien, Natalia… luego te arrepentirás…

—Puede ser, pero no veo a Luis con ganas que acepte ese trabajo. Y, además, a mí tampoco me apetece eso de estar de aquí para allá, viajando continuamente… Es una lástima que todo haya sido tan apresurado… y no te digo que el trabajo tenga mala pinta pero no es lo que necesito en estos momentos de mi vida. Aquí donde me ves y aunque tú solo conozcas mi faceta más fiestera, me gusta mucho la vida tranquila y hogareña, Víctor —le dijo Natalia con una voz que delataba que iba algo achispada por el alcohol.

—Pues es una pena Natalia. Donde va a encontrar Martín una secretaria que esté tan buena como tú… jajaja… —dijo en tono de broma mientras dejaba su mano caer sobre el muslo de mi chica.

—Para, Víctor —musitó Natalia protestando levemente y apartando su mano—. ¿No has tenido bastante con lo de antes? Estate quieto, que nos conocemos…

—Venga, mujer… —insistió él volviendo a poner la mano sobre su muslo-, estamos los dos solos y nadie se va a enterar de lo que aquí ocurra… aquí nadie nos va a interrumpir… no me dirás que no te ha gustado lo de antes…

—Claro que me ha gustado… lo sabes perfectamente… como a ti lo que yo te he hecho, ¿no? —dijo Natalia con una sonrisa.

—Por supuesto —afirmó ufano Víctor—. Pero no es justo, Natalia… llevo deseándote desde la fiesta del pasado verano y a Riqui se la chupaste… ¿qué te cuesta? No le des más vueltas y déjate llevar, chica… además, mañana me voy y no me vas a ver durante una larga temporada…

—Ya sabía yo que no debía haber aceptado tu invitación… Venga, déjalo ya Víctor… no insistas más… Acércame a casa, por favor… Luis estará esperándome… -dijo Natalia con un tono de protesta poco convincente—. El pobre confiando en mí y dejándome salir sola de fiesta y yo pagándole de esta manera…

Y aunque sus palabras decían una cosa, sus gestos decían lo contrario, ya que la mano de Víctor seguía recorriendo sus muslos sin oposición por su parte y su tez arrebolada delataba que, incómoda, precisamente no se sentía.

—Él no tiene por qué enterarse de nada de esto, Natalia. Me has dicho que cuando le has llamado, te ha dicho que se iba a dormir. Que no te preocupases y que te divirtieras, ¿no me has dicho eso? Él estará durmiendo. Así que relájate y disfruta como él te ha dicho… ¿Acaso sabe algo de lo tuyo con Riqui? Claro que no. Y por Andrea tampoco te preocupes… Ella no sabe ni que estoy aquí… Confía en mí, esto será un secreto de los dos… —La voz de Víctor, segura y convincente, parecía calar en mi chica que se dejaba manosear impunemente, viendo como su falda empezaba a ascender muslo arriba.

—Joder… —resopló Natalia ante aquella nueva invasión-. Si es que debería estar cabreada contigo y no hablarte en mi vida… ¡Cómo se te ocurre tirarte a Andrea! Y más después de lo que tú y yo habíamos hecho en la terraza de aquella cafetería… ¡No sabes la rabia que me da que esa zorra haya sido la primera en probarla! —continuó Natalia pareciendo dejar de lado sus reticencias, con la lujuria dibujada en su rostro y mirando descaradamente el bulto que deformaba los pantalones de Víctor.

Yo seguía atento a todo lo que ocurría, excitado solo con aquellos preliminares y anticipando la aparición de la otra Natalia; la descarada, lanzada y promiscua de la que me había hablado Erika, la que en el pueblo llamaban Natalia “la melones”; la Natalia que yo no había conocido hasta el pasado verano.

—Veo que te molestó… jajaja… —dijo divertido Víctor—. Eso quiere decir que no me equivoqué… jajaja… desde el principio siempre has sido tú, Natalia, la que quería tener así, vestida de forma sexy, dejándose meter mano y con ganas de probar mi polla… A tu amiga solo la utilicé para darte un empujoncito… ¡Estás tremenda, Natalia! —continuó diciendo Víctor mientras su mano seguía subiendo la falda, pudiendo ver ya los ligueros que ella llevaba.

—Eres un cabrón… —dijo Natalia con una voz que delataba la enorme excitación que sentía—, pero no lo puedo evitar… me pones un montón… y, joder, desde que vi el pedazo de polla que tienes en la playa nudista… me pongo mala de solo pensarlo… nunca antes he estado con un hombre con algo así… —añadió ya olvidando sus reticencias, alargando su mano y tocando la erección de Víctor.

—Así que te pongo, eh… Te van los maduritos con pollas grandes, ¿no? —dijo Víctor con tono malicioso y subiendo la falda hasta dejar la totalidad de sus muslos al descubierto.

—Sí… joder… la tienes durísima… —susurró mi novia ya tocando con descaro el bulto de su pantalón.

Víctor acabó por subir su falda, dejando al descubierto el tanga, quedándose contemplado a mi chica medio desnuda mientras no dejaba de subir su mano muslo arriba.

—Pero mira que estás buena, chica.

Su mano acabó su recorrido, alcanzando el tanga de ella, acariciando su coño por encima de la tela, viendo como Natalia entornaba sus ojos y se mordía los labios, completamente entregada. Si aún albergaba alguna duda sobre lo que iba a ocurrir esa noche, en ese momento me quedó despejada. Víctor se iba a follar a mi novia.

Natalia abrió sus piernas, facilitando así que él pudiera acariciarla a placer, aprovechando Víctor su entrega para inclinarse y empezar a besar el cuello de mi chica, haciéndose dueño de él, para luego dirigirse a su oreja donde lamió su lóbulo, haciendo que ella se estremeciera. De su garganta solo salían leves gemidos, olvidando así sus leves protestas.

Sus gemidos duraron poco, ya que no tardó Víctor en desplazar su boca hasta alcanzar la suya, fundiéndose ambos en un morreo de escándalo, viendo como mi chica buscaba su nuca para atraerlo hacia ella, para hacer más intenso y profundo aquel beso e impedir que él pudiera retirarse.

Verlo hizo que se me pusiera todo el vello de punta. Ver a mi chica besándose con otro hombre era algo diferente e indescriptible. Y se notaba que ella lo estaba disfrutando. No podía negar que parecía que Víctor besaba bien, pero algo me decía que lo que más le ponía a mi chica era la novedad, el sentir en sus labios algo tan diferente a mis besos, otros besos más morbosos, sucios y excitantes, sentir otra lengua distinta dentro de su boca.

Víctor, mientras la besaba, cogió el borde de la blusa de mi chica y la fue subiendo hasta dejarla por encima de sus pechos, apareciendo sus tetas cubiertas por el sujetador. Él, ansioso, sacó sus pechos sin quitarle el sujetador, apartándose momentáneamente de mi chica para poder contemplarlas a placer.

—¡Madre mía! Menudo par de monumentos que tienes, niña… —exclamó Víctor embelesado.

Natalia, orgullosa, cogió sus dos pechos y los juntó, alzándolos mientras miraba de forma pícara y sugerente a un Víctor que se apresuró en despojarla de la blusa para lanzarse sobre ellas, estrujándolas con sus dos manos y llevándoselas a su boca.

—Joder, qué tetas… —Solo oía a Víctor susurrar mientras las devoraba, acompañado por el sonido de succión de sus labios sobre los más que endurecidos pezones de mi chica, que disfrutaba enormemente con las atenciones que él le estaba dedicando a sus pechos.

Si me había excitado al ver cómo se besaban, el ver a Víctor enterrado entre los pechos de mi novia, besándolos, lamiéndolos, mordiéndolos, mientras Natalia gemía sin parar, mientras apretaba su cabeza contra ellos para que no detuviera el placer que le estaba proporcionando, fue algo sublime y estuve tentado de sacarme mi miembro y masturbarme viendo aquella estampa.

Víctor, viendo entregada por completo a mi chica, abandonó sus tetas para bajar a su coño, besando y lamiendo todo lo que encontraba a su paso: vientre, pubis, muslos; recreándose en la parte interna de estos, abriéndolos al máximo mientras enterraba su rostro entre ellos, lamiendo su coño por encima del tanga rojo que llevaba primero, apartándolo luego para lamerlo directamente, piel contra piel.

—Sí… por dios… —gimió mi chica al sentir sus labios sobre sus otros labios, cerrando sus ojos y dejando caer su cabeza hacia atrás.

Víctor se esmeró en probar el coño de Natalia, aprovechando mientras lo hacía para soltar las ligas y deshacerse del ligero. Cuando lo hizo, se detuvo para alzarla y vi de nuevo como se enfrascaban en un intenso morreo. Los dos de pie, besándose como si les fuera la vida en ello; las manos de él abarcando las nalgas de ella, soltándole algún cachete y las manos de ella recorriendo sin ningún pudor la entrepierna de él. Víctor coló sus manos bajo la falda y enseguida vi como el tanga descendía muslo abajo, cayendo a sus pies.

—Víctor… eso no está bien… no sabes las ganas que tengo de hacer esto contigo… pero como se entere Luis… —Oí como decía Natalia, pero sin detener los avances de Víctor que ya acariciaba sus nalgas desnudas bajo la falda.

—No pienses más en ello… Tú misma lo has dicho, si lo estás deseando… Déjate llevar y disfrútalo, guapa… ¿Acaso piensas renunciar a probar esto? —dijo Víctor haciendo que Natalia mirara la erección que deformaba el pantalón.

—Claro que quiero… No sabes las ganas que tengo de verla de cerca… Mira, hacemos una cosa… te la chupo y dejamos la cosa aquí, ¿vale? —respondió Natalia como si buscase algo a lo que agarrarse, para evitar caer en la tentación a la que ella misma estaba deseando caer.

—Cómo quieras… pero dudo que después de haberla probado con tu boca no quieras probarla con tu coño… —dijo Víctor acabando de quitarle el tanga.

Volvieron a besarse, con Natalia con su falda arremolinada en su cintura; sin blusa, sin liguero, sin tanga; con su sujetador por debajo de sus pechos apenas conteniéndolos, las medias oscuras hasta medio muslo y las botas aun puestas. Una imagen impactante que difícilmente iba a olvidar.

No tardó Víctor en empujar levemente a mi chica hacia abajo, haciendo que se arrodillara, quedando su rostro justo delante de su entrepierna, no tardando Natalia en llevar su mano allí para recorrer con ella toda la longitud de su polla, mientras en su rostro veía el placer reflejado ante lo que estaba por venir.

Fue en aquel momento, cuando Víctor miró por primera vez hacia mi posición, aprovechando que mi chica acariciaba embobada la tremenda verga. Me sonrió y me hizo un gesto como diciendo “mira donde tengo a tu chica”. Se inclinó hacia ella y le soltó una nalgada que no hizo más que provocar que ella exhalara un gemido de aprobación, para después abrir sus nalgas y mostrarme el estado de excitación que embargaba a mi chica, dejándome ver sus labios hinchados y abiertos.

—Vamos… no decías que estabas loca por verla… Sácala ya… —dijo alzándose de nuevo y, con su mano en su mentón, obligándola a mirarlo.

Natalia, decidida, desabrochó el pantalón y bajó la cremallera, haciendo descender aquella prenda de forma algo ansiosa, hasta dejarla por debajo de sus rodillas. Un bóxer gris ocultaba lo que ella tanto deseaba y, mientras ella miraba embelesada el bulto enorme que allí se marcaba, Víctor se quitó su camisa quedando prácticamente desnudo.

Natalia volvió a recorrer con su mano la largura de su miembro, notando su dureza y grosor; cómo palpitaba con el suave roce sobre la tela que aún los separaba.

—¿Pero esto es de verdad? —dijo Natalia algo cohibida ante lo que tenía delante—. Me da hasta miedo sacarla… Nunca había visto algo igual…

—No hay nada a lo que temer… Que yo sepa no muerde… jajaja…

Víctor, sujetando la cabeza de mi chica, la acercó a su entrepierna, quedando ella casi rozando su pollón. Me pareció hasta ver como ella aspiraba embriagándose con su olor. En aquella postura, ella asió los bordes del bóxer y los hizo bajar, provocando que la polla de Víctor surgiera de su prisión y golpeara contra su cara.

—¡¡Joder!! —exclamó Natalia al ver aquello justo delante de sus ojos desorbitados.

—Venga, que es toda tuya… —la animó Víctor-. Disfrútala…

Víctor la sujetó y la acercó a su cara y Natalia, de forma temerosa, llevó su mano a ella, agarrándola por primera vez, llevando enseguida su otra mano al ver que no era capaz de cubrirla con una sola, mirando asombrada que ni con las dos era capaz de hacerlo, que entre sus manos aun sobresalía su glande, orgulloso y algo amoratado por la excitación.

—¡¡Joder!! —volvió a exclamar mi chica sin acabar de creerse lo que tenía entre manos.

—Vamos, nena… abre esa boquita… —la incitó Víctor-. ¿No quieres probarla?

Natalia, obediente, abrió sus labios y saboreó el glande, lamiéndolo de forma lenta, como queriendo deleitarse con su sabor y su aroma. Retiró su mano más cercana y, poco a poco, fue introduciendo más carne en su boca.

—Eso es, Natalia… un poco más…

Ella siguió tragando de forma obediente y no tardó en comenzar a mover su cabeza adelante y atrás, llenando la estancia con el sonido gutural de su boca engullendo lo que podía del pollón de Víctor.

—Joder, menuda delicia de polla… —dijo haciendo una breve pausa para coger aire—. Nunca me he sentido tan llena…

Enseguida reanudó la mamada, posando Víctor sus manos sobre la cabeza de ella, acompañando así los movimientos de vaivén que ella hacia durante la felación.

—Así, joder… te gusta chuparla, eh… Lo estabas deseando desde el verano… Seguro que en casa no tienes una así… —dijo Víctor lanzándome una mirada furtiva sabiendo que yo estaba allí.

—Que va… —dijo de nuevo, interrumpiendo la mamada—. La de Luis será como la mitad de esta… poco más.

Víctor sonrió ante su afirmación y vi cómo se acababa de desnudar, sentándose en el sofá con sus piernas abiertas. Natalia gateó hasta llegar a él y reanudó la mamada con él ahora sentado y ella a cuatro patas; mostrándome su culo desnudo, sus pechos colgantes y bamboleantes mientras su cabeza subía y bajaba tragando la enorme herramienta que poseía Víctor.

—Joder… ya me dijo Riqui que la chupabas de vicio, pero se quedó corto… Menuda boca tienes, cielo… —dijo Víctor mientras disfrutaba de la mamada y sus manos se dedicaban a acariciar sus tetas.

—¿Eso te dijo Riqui? ¿Tanto le gustó? —preguntó Natalia.

—Ya sabes que sí… Como las ganas con que se quedó de follarte bien follada… ¿Y tú? ¿Te quedaste con ganas que te follara?

—Ajá… -masculló entre dientes, reanudando la mamada y llevando su mano a su coño que empezó a tocarse con avidez.

Yo, aunque algo nervioso por la última afirmación de Natalia, fui incapaz de resistirme más y me saqué mi miembro, sintiendo un gran alivio al hacerlo. El morbo y la excitación que sentía al ver a mi chica entregada, devorando el pollón de Víctor, era superior a mí.

Víctor hizo una especie de moño con el cabello de Natalia y empezó a mover sus caderas, acompañando los movimientos de la cabeza de mi chica. La otra mano la llevó a la espalda de Natalia y, de forma experta, quitó el cierre del sujetador, cayendo este al suelo. Con su torso completamente desnudo, volvió a dedicar su atención a los pechos de mi chica.

—Vaya par de melones que tienes, chica… Menuda suerte tiene Luis de poder estar todo el día sobándolas… —exclamó mientras las toqueteaba—. Déjame hacer una cosa…

Intuyendo lo que pretendía y no pudiendo retardar más aquello, empecé a masturbarme mientras veía como Víctor colocaba su polla entre las tetas de Natalia y empezaba a mover su pelvis, pajeándose con sus pechos. Natalia tomó la iniciativa, cogiendo sus pechos y apretando con ellas la polla de Víctor, subiéndolas y bajándolas sobre ella, friccionando el mástil de acero en que se había convertido ya la polla de Víctor.

A mí Natalia casi nunca me hacía cubanas ya que, debido al tamaño de mi miembro y al volumen de los pechos de Natalia, mi polla casi se perdía entre aquella inmensidad y era complicado, por no decir imposible, hacerla. Pero con Víctor era todo lo contrario, parecía hecha a medida para aquel par de ubres que tenía mi chica.

—¿Te gusta? —le preguntó Natalia—. ¿Lo hago bien?

—Lo haces de miedo… qué gozada de cubana… Hacía tiempo que no me hacían una así… —dijo Víctor mirando con fascinación como las tetas de Natalia subían y bajaban a lo largo de su polla—. Escupe en ellas, Natalia… lubrícala bien…

Natalia escupió un par de veces sobre su polla, metiéndosela también un par de veces en la boca, para luego reanudar la cubana que le estaba practicando. Perdí la noción del tiempo viendo a mi chica en aquella postura, casi desnuda y haciéndole una cubana a Víctor mientras yo me masturbaba de forma pausada, intentando alargar el máximo mi corrida por temor a que, una vez ocurriera, me entraran los remordimientos y las dudas.

Víctor detuvo a Natalia, poniéndose en pie y haciendo que mi chica hiciera lo propio. Sin más dilación, la empujó contra el sofá, quedando ella dándole la espalda y con su rostro contra el respaldo del sofá, sujetando Víctor con una mano su pelo, impidiendo que ella pudiera girar su rostro, y enterrando los dedos de la otra mano dentro de su coño.

—¿Qué dices, Natalia? ¿Sigues queriendo irte sin probar mi pollón? —le preguntó con tono enérgico—. ¿O has cambiado de idea y quieres que te la meta?

Natalia solo gemía, incapaz de hablar, pudiendo escuchar desde donde yo estaba el chapoteo que hacían los dedos de él, entrando y saliendo del encharcado coño de mi novia.

—No sé… —dijo dubitativa cuando el aflojó un poco su presión—, como me metas ese pollón, Luis se va a dar cuenta fijo… me vas a dejar súper abierta…

—Búscate cualquier excusa…. Dile que estás cansada; que vienes borracha… o simplemente dile la verdad… dile que acaban de follarte con un pollón tremendo y que te han dejado reventada… jajaja… —dijo Víctor soltándole una cachetada en su culo.

—Cómo voy a decirle eso, animal —protestó Natalia.

—Quien sabe… quizás Luis incluso se ponga cachondo y todo… puede que le excite saber que a su novia se la han follado bien follada… —insistió Víctor haciendo con sus palabras que detuviera mi paja y se me fueran los colores de la cara. ¿Qué demonios estaba haciendo?

—¿Cómo le va a gustar eso?

—Nunca se sabe… Te sorprendería saber la cantidad de hombres que disfrutan viendo a su mujer en manos de otro hombre… Sandra, por ejemplo. ¿Te acuerdas de ella? —Siguió hablando Víctor mientras volvía a meter sus dedos en el coño de Natalia—. Está casada ¿lo sabías? Y a su marido le encanta ver y saber que la hago disfrutar como nunca podrá hacer él…

—¿De verdad? —preguntó entre jadeos Natalia.

—Completamente. Quizás tu chico sea de esos… quizás se excite viendo como vienes bien abierta por otra polla, sabiendo que has disfrutado como una perra y que lo has convertido en un cornudo…

—Joder… —susurró Natalia, no sé si al imaginar lo que le había dicho Víctor o por sentir su lengua recorrer la hendidura de sus nalgas, lamiendo ambos orificios.

Natalia empezó a gritar de una forma bestial, de una forma jamás vista por mí, alegrándome al saber que en los chalets colindantes no había nadie o, en esos instantes, todos sabrían el polvazo que le estaban metiendo a mi novia del escándalo que estaba montando. Pude ver desde la distancia como la lengua de Víctor iba alternando entre los dos agujeros, lamiendo ambos; sorprendiéndome porque no pusiera objeción a la atención que Víctor le prestaba a su ano, sabiendo como ella se ponía cada vez que yo me acercaba a él.

Víctor volvió a incorporarse, colocándose tras ella y apuntando su verga a la entrada de su coño. Aprecié que había perdido algo de dureza, que ya no la tenía tan dura y que de esa manera aún no podía follársela. Rozó con su glande su entrada, mientras con su mano se masturbaba tratando de recuperar la dureza perdida.

—¿No me la pensarás meter así? Ni se te ocurra… ¡Ponte un condón!… —dijo Natalia pareciendo haber perdido todas sus dudas y miedos, si es que alguna vez las había tenido, cosa que dudaba.

—¿Pero no decías que no querías que te follara?… ¿En qué quedamos? —le dijo burlándose de ella.

—Sin condón, no… —fue lo único que acertó a decir ella mientras giraba su rostro y veía su polla justo en la entrada de su coño.

Al quedar ella ahora de frente a la ventana, me oculté para no ser descubierto, interrumpiendo de nuevo la paja y agudizando el oído tratando de saber qué estaba ocurriendo dentro. Escuché los tacones de Natalia andar por el salón, como alejándose de mí y, con todo el cuidado del mundo, asomé mi rostro de nuevo buscando ver qué estaba ocurriendo.

No había nadie. Su tanga por un lado, su sujetador por otro, la blusa un poco más allá… pero ni rastro de ella. Víctor ya me había advertido que pensaba follársela en la otra habitación donde tenía la cama y, algo nervioso, me subí los pantalones para dirigirme hacia allí. Al llegar, comprobé asustado como tanto la ventana como la cortina estaban cerradas, no pudiendo ver ni escuchar lo que estaba sucediendo dentro del dormitorio.

Creí volverme loco de los nervios.

Pero mis temores duraron solo un instante, lo que tardó Víctor en entreabrir un poco la ventana y descorrer unos centímetros la cortina; quedando ambos frente a frente, sonriéndome él mientras veía como llevaba en su mano un preservativo listo para usarlo. Detrás suyo, sobre la cama, Natalia miraba su móvil buscando ver, supongo, si yo la había llamado o enviado algo. Dejó el teléfono sobre la mesita y acabó de quitarse la falda. Las medias y las botas, por lo visto, no pensaba quitárselas. Al menos no en ese momento.

Víctor me guiñó un ojo antes de darme la espalda y sentarse junto a Natalia, acariciando su espalda desnuda. Mi chica se giró y cogió su polla, empezando a masturbarlo de nuevo, tratando de ponerla dura, mientras con su boca se dedicaba a besar el torso desnudo de Víctor. Tenía unos pectorales y bíceps definidos, con algo de vello que le daba un toque varonil que a Natalia parecía encantarle, a tenor del fervor que ponía en recorrerlo con sus labios.

—Menudo cuerpazo tienes… Ya les gustaría a muchos de mi edad estar como tú… —dijo entre beso y beso.

Natalia fue descendiendo hasta llegar otra vez a su polla, volviendo a chupársela, aunque ahora me parecía que con mayor brío y consiguiendo meter más carne que la primera vez. Sus manos estaban ocupadas; una masturbando su miembro y la otra jugando con sus gordos testículos. Víctor, por su parte, alargó su mano a través de su espalda y volvió a encajar sus dedos dentro del coño de mi chica, preparándola para lo que vendría a continuación.

Natalia gemía de forma ahogada, sintiendo sus dedos profanando su interior y saboreando a la vez su polla, notando como esta, poco a poco pero sin pausa, recobraba su vigor y dureza dentro de su boca. Ella lo miró de forma lasciva cuando vio que volvía a tenerla dura como antes. Él le soltó una cachetada en su culo que resonó en toda la habitación, provocando la risa de ella.

De forma brusca y cogiéndola por sorpresa, la tiró sobre la cama quedando él encima de ella, besándola como un loco y ella devolviéndole el beso con igual pasión. Se alejó de sus labios para besar su cuello; para lamer sus pechos; para chupar sus pezones.

—Comételas, Víctor… me encanta como lo haces… —dijo una Natalia ya fuera de sí.

Víctor siguió descendiendo hasta llegar a su coño, incrustando su rostro allí, disfrutando devorando su sexo completamente depilado. Mientras lo hacía, alargó sus manos para agarrar sus tetas, recibiendo ella el doble de placer al ser atacada por ambos frentes.

—Joder, joder, joder… —Solo conseguía articular mi novia mientras yo, dejándome llevar por el morbo y la lujuria, volvía a sacar mi polla para masturbarme de nuevo.

Desde donde estaba venía como disfrutaba mi chica con la comida de coño que le estaban proporcionando; la veía levantar su cabeza para ver el rostro de Víctor hundido entre sus pliegues devorándolos; veía como su pelvis se alzaba buscando acompasar sus movimientos con los de la lengua de él. Yo estaba en trance observando aquello, masturbándome con pausa y empezando a ser consciente que aquello que estaba viendo iba a suponer un irremediable antes y un después en nuestra relación, que ya nada volvería a ser igual. Ya no podría serlo.

—Me voy a correr… no pares… sigue, por dios…

Víctor no paró, todo lo contrario. Enfocó toda su atención en el clítoris de Natalia, chupándolo, succionándolo, haciendo que su cuerpo se estremeciera llevándola al borde del colapso.

—Joder… me corro… me corro…

El gritó de Natalia resonó por toda la habitación, casi haciendo que me corriera yo a su vez, mientras contemplaba anonadado como su cuerpo se convulsionaba sobre la cama gracias al orgasmo proporcionado por la boca de Víctor. Este, reptando por su cuerpo, volvió a sus labios donde ambos se besaron de nuevo, sin importarle a Natalia que su boca supiera a ella, a sus fluidos.

Víctor se separó de ella que, aun respirando con dificultad, observó como él rompía el cierre del envoltorio, sacaba el preservativo y se lo colocaba sobre su endurecida verga. Natalia alzó su pie y acarició con él sus huevos, mordiéndose el labio de forma lasciva mientras él sonreía satisfecho viéndola completamente entregada.

—Prepárate que ahora viene lo bueno… Te voy a pegar el polvo de tu vida…

Víctor se tumbó sobre la cama y cogió a Natalia por sus axilas, ayudándola a colocarse sobre él. Ella, ya sentada a horcajadas suyo, alzó sus caderas mientras Víctor se sujetaba su durísimo pollón, apuntando a la entrada del coño de mi chica. Natalia, totalmente empapada y ansiosa por culminar lo que tanto ansiaba, en cuanto notó su polla rozar su entrada, fue bajando su culo y metiéndose el rabo de Víctor en su interior.

—Dios… —exclamó ella mientras sentía como aquello se adentraba y la abría en dos.

Poco a poco fue engullendo el mástil de Víctor, asombrándome que fuera capaz de meterse dentro algo de tan colosal tamaño, pero también haciéndome ver lo poco que conocía a mi chica. Enseguida Natalia empezó a moverse, cabalgando de forma suave aquella polla que tanto deseaba, mientras se apoyaba con sus manos en el pecho de un Víctor que no paraba de susurrarle palabras de ánimo.

—Lo haces muy bien, cielo… sigue así…

Natalia detuvo sus movimientos para inclinarse y fundirse en un intenso morreo con Víctor. En esa postura, con ella casi volcada por entero encima de él, fue Víctor quien tomó la iniciativa; empezó a mover su pelvis de una forma ruda y bruta, follándola de forma salvaje. Desde donde estaba, veía perfectamente como su polla entraba en el coño de mi chica a un ritmo vertiginoso mientras mantenía a Natalia abrazada a él.

Los gemidos intensos de Natalia llenaban la habitación, al igual que el sonido del chocar de sus cuerpos desnudos sobre la cama. Mi mano volaba sobre mi polla, masturbándome viendo lo que durante estos últimos meses había deseado y que ahora se estaba haciendo realidad. ¿Remordimientos? En ese momento, ninguno. El morbo, la excitación y la lujuria me dominaban y no se me ocurría nada más excitante que ver aquello, como mi novia disfrutaba como nunca la había visto hacer.

Víctor detuvo sus movimientos de pelvis y Natalia reanudó su cabalgada, subiendo y bajando sin miedo sobre aquella polla; sabiendo que en ningún caso le sucedería como conmigo que, a veces, debido al menor tamaño de la mía, se le salía de su interior. Pero con aquella polla era imposible que algo así sucediera, dándole mayor libertad para hacer más intensas y profundas las penetraciones.

Natalia dejó de moverse para acariciar sus grandes pechos, disfrutando de sentirse empalada por el miembro de Víctor. Él, sustituyó sus manos y se apoderó de sus tetas, acariciándolas mientras Natalia se dejaba caer hacia atrás disfrutando doblemente de aquellas sensaciones que la embargaban.

No tardó en reanudar sus movimientos, apartando las manos de Víctor de sus pechos para poder apoyarse ella de nuevo sobre el pecho de él. Pero esta vez, sus movimientos eran mucho más intensos, con mayor vigor, más ímpetu. El sonido de la cama empezó a hacerse más notorio, uniéndose al coro de gemidos y jadeos de mi chica y a los susurros que Víctor no paraba de soltar por su boca, diciéndole cosas cada vez más subidas de tono a Natalia.

—Así, joder… Ya sabía yo que te morías de ganas por probar mi polla… Menuda guarra estás hecha… Con la pinta de modosita que te das y luego eres la más puta de todas…

Natalia no dejaba de moverse de forma violenta, disfrutando enormemente y gozando como una loca. Víctor detuvo sus movimientos, cogiendo sus nalgas con sus manos, aprovechando para sacar de ella su polla y, antes que pudiera Natalia protestar, volvió a clavársela entera y de una sola estocada. El grito de placer de Natalia rebotó por toda la urbanización.

Natalia volvió a reanudar la cabalgada mientras Víctor se dejaba hacer, azotando de cuando en cuando sus nalgas, que empezaban a adquirir un tono ligeramente rosado.

—Dios, qué gusto… Tu polla es la hostia… Qué placer me da… —susurró Natalia entre subida y bajada.

—¿Mejor que con Luis? —preguntó Víctor.

—Sí…. mejor… —respondió ella, entre susurros.

—Y, ¿no te gustaría que te viera disfrutar así? Verte disfrutar de una buena polla…

—No… no lo soportaría…

—¿Segura? Quizás lo disfrutaría igual o más que tú viéndote así, descompuesta, entregada…

Antes que Natalia pudiera responder, Víctor la abrazó y la hizo girar, quedando ambos de frente pero de lado; Natalia dándome la espalda a mí. Se volvieron a besar mientras Víctor alzaba su pierna y reanudaba sus penetraciones. Natalia gemía sin parar mientras las cachetadas que Víctor soltaba sobre sus nalgas seguían cayendo, y viendo yo claramente cómo se empezaban a marcar los dedos en su piel clara.

—Pues yo estoy seguro que le encantaría verte así, empalada en mi polla… Luis me pareció un tío abierto de mente, como yo…

—No… él no lo entendería… Él no sabe que soy así…

—¿Qué eres una zorra? —dijo Víctor abandonando su nalga y frotando el clítoris de mi chica—. ¿Crees que no se dio cuenta en verano de lo cerca que bailabas con Riqui? ¿De cómo te tocaba el culo?

—No… me hubiera dicho algo…

—Quizás hasta sospeche que te lo tiraste en el aparcamiento viendo lo salida y borracha que ibas…

—No… eso no… —dijo Natalia jadeando profundamente y al borde del orgasmo.

—Claro que sí. Pero Luis es especial, de esos hombres que aman tanto a sus mujeres que disfrutan a través de ellas… Estoy convencido que, si lo llamáramos y le dijéramos lo que estábamos haciendo, vendría corriendo a verlo… ¿Te gustaría, Natalia? ¿Te gustaría que te viera así, disfrutando como una perra empalada por otra polla que no es la suya y viendo cómo se excita él? Seguro que se pajearía viéndote así, a punto de correrte siendo follada por otro…

—No… no…

Yo había dejado de masturbarme y escuchaba con atención la conversación que mantenían los dos, no sabiendo que pretendía Víctor con aquello y porque se arriesgaba tanto. Temía que, como cometiera el mínimo desliz, se le escapara algo que delatara que yo estaba al corriente de todo aquello.

Víctor volvió a mover a mi chica, quedando ella totalmente tumbada sobre la cama, boca arriba y con sus piernas abiertas. Víctor se colocó entre ellas, de rodillas, y la penetró sin más dilación. Natalia tenía su cara transfigurada por el placer que sentía; sus ojos cerrados, sus labios entreabiertos, sus manos en las nalgas de él. Víctor me miró durante un segundo, sonrió y siguió a lo suyo.

De nuevo cambiaron de postura. Movió a Natalia hasta el borde de la cama en la misma postura que estaba, quedando sus piernas colgando fuera de la cama. Víctor se colocó entre ellas, rozando con su polla el pubis de Natalia que, alzando su rostro, suplicaba con la mirada que se la metiera de nuevo. Con su glande rozó la apertura y Natalia sollozó anhelante, pero Víctor no avanzó ni un milímetro más.

—¿Quieres que te la meta? ¿Quieres a volver a sentirla dentro? —le dijo él.

—Sí, por favor… métemela otra vez… fóllame de nuevo…

—Pues quiero que me digas una cosa antes… Dime que eres mi putita, que te mueres por mi pollón y que te encantaría que Luis te viera así, disfrutando como una loca…

—Joder, Víctor… —protestó ella.

—Cómo quieras… —Víctor se separó ligeramente, haciendo ademán de alejarse de ella.

—No, no… espera… —suplicó ella, cambiando de parecer—. Soy tu putita y siempre lo seré, tenía ganas de probar tu pollón desde que lo vi en aquella playa nudista y sí, me pondría un montón ver a Luis mirándome como me follas…

—¿Sí? ¿Lo dices en serio?

—Joder… Soy una zorra, tu zorrita… —accedió a decirle ya totalmente ida—. Si él no hubiera estado, os habría follado a ti y a Riqui en aquel aparcamiento… Así de puta soy… Debería haberlo hecho… ¿No dice que le gusta verme excitando a otros? Debería habérosla chupado a los dos mientras él miraba. Y dejado que me desnudarías en medio de aquel aparcamiento y que me llenarais con vuestras pollas mientras él seguía mirando… ¿No le gusta mirar? Pues que mire mientras descubre lo puta que es su novia…

Sentir esas palabras salir de la boca de mi chica casi hace que me corra al instante. La única duda que tenía era: ¿lo decía en serio? ¿Lo pensaba realmente? ¿O solo había dicho aquello para complacer a su amante?

—Así me gusta… jajaja… —rio Víctor—. Te lo has ganado…

Lentamente, fue introduciendo su polla dentro del coño encharcado de Natalia y el gemido de liberación que salió de su boca cuando la sintió de nuevo llenándola fue algo apoteósico. Víctor empezó a follarla a un ritmo infernal, propinándola fuertes embestidas mientras con sus manos abría al máximo sus muslos. Natalia, totalmente fuera de sí, se acariciaba su clítoris y sus tetas con sus manos, en un estado que jamás había visto en ella anteriormente y volviendo a ser consciente de lo poco que sabía de ella. Era como estar viendo a la verdadera Natalia, no a la Natalia modosita y buena chica que aparentaba ser conmigo.

—Sigue follándome así, cabrón… Más fuerte, por dios… dame más… ¡JODER, CÓMO FOLLAS! —Natalia gritó de forma salvaje.

—Dios, qué tetas… Menudo coño tienes…

Las embestidas de Víctor eran cada vez más intensas y profundas, Natalia gemía sin parar y yo ya no quise seguir alargando más aquel suplicio, masturbándome de forma frenética buscando correrme a la vez que ellos. Estaba clara la diferencia entre Víctor y yo. Al ritmo que él estaba follando a mi novia, yo ya haría rato que me habría corrido y él seguía, ahí, dándole, como si nada.

—ME CORRO… DIOS, ME VOY A CORRER… —gritó Natalia anunciando su orgasmo que, segundos después, la arrolló como un tren de mercancías, gritando como una loca y quedando medio desmadejada sobre la cama.

Víctor detuvo sus arremetidas y se quedó contemplándola exhausta después del orgasmo alcanzado, al vez que siguió meneando su rabo para que no perdiera la consistencia.

—Date la vuelta, nena… Enséñame ese culazo… Quiero follarte por detrás como la perra que eres…

Natalia, cansada, obedeció y se movió hasta colocarse a cuatro patas sobre la cama y al filo de ella, apoyando su rostro contra el colchón y dejando su culo alzado para que él pudiera penetrarla desde atrás. Víctor se acercó al instante, soltó una fuerte cachetada y procedió a ensartarla de nuevo con su pollón.

—Muévete tú, Natalia… quiero ver cómo te follas mi polla… —le pidió.

Ella movió sus caderas adelante y atrás, metiendo y sacando aquel portento de su interior mientras Víctor reía y me miraba pícaramente. Yo ya estaba al borde del orgasmo, no podía aguantar más viendo aquel espectáculo que me estaba ofreciendo el semental de Víctor, que había conseguido doblegar y hacer suya a mi chica de una manera por mí hasta hoy impensable.

Víctor sujetó a Natalia de sus nalgas y empezó a moverse él, como tenía por costumbre, con penetraciones rápidas y profundas, haciendo pasar a Natalia de exhalar gemidos quedos a auténticos alaridos de placer.

—¡Menudo culo tienes, zorra!… ¿Te gusta cómo te follo? Seguro que nunca te habían follado así… Dime, ¿te habían follado así alguna vez?

—Nunca… Sigue así… no pares… me encanta como me follas…

—Pues te follaré siempre que quiera, zorrita… Y como me has dicho que te gustaría que Luis te viera así, como la zorra que eres, voy a ayudarte… haré que Luis te acepte como la puta que eres, que disfrute viéndote empalada en las pollas de otros hombres y que goce siendo el cornudo que es…

—Sí… sí… soy una puta… tu puta… haré lo que quieras…

—Abre ese culo —le ordenó Víctor.

Natalia llevó sus manos a sus nalgas, separándolas, mostrándole su ojete.

—¿Te gusta? —dijo ella mirando hacia atrás—. ¿Te gusta mi culo?

—Me encanta… —respondió Víctor soltándole un par de nalgadas—. Un auténtico culo de zorra…

Víctor reanudó sus fuertes embestidas, mientras Natalia volvía a hundir su rostro contra el colchón de la cama, follándola sin cesar, sin descanso. Un gemido agónico y ahogado me hizo ver que Natalia había vuelto a correrse, haciendo que su cuerpo se desplomara sobre la cama arrastrando tras ella a Víctor que, totalmente recostado sobre su cuerpo inerte, siguió penetrándola de una forma brutal.

No pude evitar correrme viendo esa estampa, viendo cómo después de haberla proporcionado ya tres orgasmos a mi novia, él seguía dándola placer sin descanso. Supe que, tras esa noche, ya nada volvería a ser igual, que yo jamás podría hacerla disfrutar como Víctor estaba haciendo y que, como no hiciera algo al respecto, nuestros días como pareja estaban contados.

Ya con la cabeza más fría después del calentón aliviado con mi corrida, volví a prestar atención a lo que ocurría en el interior. Natalia seguía recostada totalmente sobre la cama con Víctor encima de ella, penetrándola como un animal en celo, sujetando su cabello para alzar su rostro y poder ver cómo, a pesar de su evidente cansancio, ella seguía disfrutando y mucho de lo que él la estaba haciendo.

Víctor llevó sus dedos a la boca de ella, abriendo Natalia sus labios y chupándolos como si estuviera haciéndolo a una polla. Eso espoleó aún más a un Víctor que, ahora sí, daba muestras de cansancio y de estar cerca a estallar. Sin dejar de penetrarla en aquella postura, coló sus manos bajo el cuerpo de ella y amasó sus tetazas como solía hacerlo todo él, con algo de brusquedad y fiereza.

—Date la vuelta que voy a correrme —escuché que le decía—. Quiero correrme en tu cara…

—No… en mi cara no… —protestó Natalia mientras se giraba—. Hazlo en mis tetas…

Víctor se quitó el condón, se subió a horcajadas de mi chica y empezó a masturbarse de forma rápida mientras apuntaba su polla al cuerpo de ella. Asió el pelo de Natalia, obligándola a alzar su rostro y dirigió allí su polla.

—¿Quieres que vuelva a follarte? ¿No has dicho que eras mi puta, mi zorra? ¿No quieres que te ayude con Luis? Pues abre la boquita…

Y para mi sorpresa lo hizo. Natalia de forma sumisa abrió sus labios y casi al instante la polla de Víctor estalló lanzando una retahíla de chorros de semen que impactaron en su rostro, en su pelo, en sus pechos y me pareció que alguno incluso en su boca. Mientras bañaba a mi novia con su esperma, volvió a mirar hacia la ventana, regodeándose de su triunfo absoluto y total.

Yo me sentí embargado por una sensación extraña. Me había gustado y excitado ver aquello pero volvía a sentir aquel miedo ante lo que se avecinaba. No tenía ni idea cómo afrontar lo que acababa de suceder y que iba a cambiar nuestras vidas para siempre. ¿Acaso podría disimular cuando ella regresase a casa, hacer como si nada hubiera ocurrido? ¿Podía hacer caso omiso a lo que habían dicho allí dentro? ¿En serio Víctor se había ofrecido y ella aceptado a intentar convencerme de tener una relación donde ellos pudieran seguir acostándose con mi consentimiento? Y si no era así, ¿ellos seguirían viéndose a mis espaldas? Víctor había dicho que iba a follársela siempre que quisiera y ella no le había dicho que no, todo lo contrario…

Lo que no tenía nada claro si todo aquello era fruto del calentón, del fragor de la batalla, cosas que dices para contentar a tu amante o si había algo de verdad en ello. Confundido y sumido en un mar de dudas, lo único que tenía claro en esos momentos es que debía marcharme de allí ya.

Dentro, Natalia no estaba y se sentía ruido en el baño donde deduje debía estar. Víctor, sentado en la cama, me vio y me sonrió, levantando el pulgar como indicándome que había salido todo según lo previsto. Después me hizo el gesto típico de “te llamo” que cortó enseguida ante la reaparición de mi chica.

Natalia se dejó caer sobre la cama, boca abajo y Víctor, solicito, se posicionó encima de ella, empezando a acariciar su espalda y su culo, iniciando un masaje que arrancaba los primeros gemidos de mi novia. No quise ver más y me fui de allí. No sabía si aquello iba a llegar a algo más o simplemente iba a quedar en unos simples toqueteos, pero no podía arriesgarme más. Si Natalia, cansada como estaba y preocupada por llegar demasiado tarde a casa, le pedía a Víctor que la llevara, debía encontrarme en la cama o iba a sospechar algo.

15 minutos más tarde llegaba yo a casa. Me puse el pijama y me metí en la cama pero siendo imposible que consiguiera dormirme. Mi mente iba una y otra vez a aquel chalet, donde acababa de ver cómo se follaban a mi novia y donde, posiblemente, estarían volviéndolo a hacer. Era imposible apartar de mi cabeza aquellas imágenes de ella disfrutando como nunca la había visto hacer y cómo nunca yo conseguiría que lo hiciera. Perdí la noción del tiempo y me sobresalté cuando escuché la puerta de la habitación abrirse.

Nervioso, intenté relajarme y parecer profundamente dormido. Natalia entró en la habitación intentando hacer el mínimo ruido posible. Sus pasos eran suaves pero algo desacompasados, dando la impresión de venir bebida o al menos simular estarlo. Fue directa al baño. Abrí los ojos mientras sentía como ella vaciaba su vejiga al otro lado de la puerta y luego abría el grifo para lavarse la cara del maquillaje.

Al poco, volvió a entrar en la habitación. Noté como se acercaba a comprobar si dormía y luego, al no ver reacción alguna por mi parte, se dirigió al armario donde cogió algo. Y, aunque procuraba no hacer ruido, tampoco se esmeraba demasiado en ello, como si lo que pretendiera era que me despertara pero que no fuera demasiado evidente.

Y si eso era lo que quería… abrí mis ojos de nuevo y me giré hacia ella. Natalia estaba delante del armario, sin botas, sin medias, sin falda ni ligueros ni nada de aquella lencería con la que había salido de casa. Lo único que llevaba en ese instante, la blusa que habíamos comprado esa mañana. Vi cómo escogía un pijama y se iba de nuevo al baño a cambiarse allí. De nuevo, ruidos al otro lado. El quitar y poner la ropa; el agua correr; el frotar del cepillo de dientes…

Sin moverme pero con los ojos algo abiertos, esperé a que ella entrara de nuevo en el dormitorio. Me inquietaba cómo actuar con ella cuando la tuviera delante. Ella, al parecer, estaba actuando de forma normal, como si de verdad regresara después de una noche de fiesta y no de acostarse con otro hombre que no era su novio.

Escuché sus pies descalzos acercándose a la cama. Alzó la colcha y se metió dentro. Yo seguía sin saber qué hacer, si seguir haciéndome el dormido o fingir despertarme con su llegada. Pero fue ella la que rozó con su mano mi hombro, mientras sentía su rostro pegado a mi nuca y sus pechos a mi espalda.

—Luis, ¿estás despierto?

—¿Qué? —dije desperezándome y fingiendo que acababa de despertarme—. ¿Qué pasa? ¿Ya has llegado? ¿Qué hora es?

—Las cinco —me dijo haciéndome ver que, entre mi marcha y su llegada, había pasado algo más de una hora, no pudiendo evitar preguntarme qué habría pasado en ese chalet durante mi ausencia—. Al final Andrea me ha liado y no he podido venir antes… y encima vengo algo bebida… —me contó.

Ella se tumbó boca arriba y yo me giré hacia ella, no sabiendo cómo interpretar su comportamiento. Su rostro tenía una expresión extraña que no sabía si achacar a esa supuesta borrachera o a los remordimientos que la carcomían por dentro.

—Pues duerme un poco y ya verás cómo se te pasa, cielo —le dije no queriendo insistir mucho sobre aquel tema—. Mañana, más tranquilos, me cuentas…

Ella no dijo nada más, se dio la vuelta dándome la espalda y pareció quedarse dormida. O realmente el alcohol la estaba afectando o, más probablemente, venía destrozada del polvo que Víctor acababa de propinarle. Pero creí que era lo mejor. Así, en caliente, no íbamos a aclarar nada. Era mejor esperar a la mañana siguiente y ver cómo reaccionaba ella al despertarse.

Allí, tumbado junto a ella, tenía un sentimiento extraño. Era la primera vez, al menos de forma consciente, que dormía junto a ella sabiendo que acababa de venir de follar con otro hombre. Todo había salido como había planeado Víctor y, aunque había disfrutado enormemente viéndolos retozar juntos, ahora se me planteaban varias dudas que no sabía cómo afrontar.

¿Remordimientos, dudas, inseguridad, celos, rabia?…

Jamás había visto así de entregada y desatada a mi novia y eso me preocupaba enormemente ya que tenía claro que yo no iba a ser capaz de apaciguar ese fuego que había visto arder en mi chica. Si quería que lo nuestro tuviera algún futuro, nuestra relación debía cambiar, hacer que ella se abriera y aceptara participar en otro tipo de relación diferente a la que teníamos ahora. ¿Pero cómo hacerlo?

Toda aquella red de mentiras, ocultamientos y falsedades hacía más difícil poder mantener una conversación como la que iba a ser necesario tener; dejar las cosas claras sin que aquello tuviera consecuencias fatales para nuestra relación. Solo podía confiar en que Víctor, tal como había hecho conmigo y parecía decidido hacer con Natalia, nos guiase para conseguir ese objetivo. Era lo único que tenía claro en ese momento. Que sin él no podría salir del pozo en el que me había metido y que debía hablar sin falta con él, al día siguiente, antes que volviera a desaparecer.

A mi lado, Natalia dormía de forma profunda. Al parecer, el cansancio por el polvo con Víctor era superior a los supuestos remordimientos por la infidelidad cometida. Yo, al contrario, dormí de forma intranquila y convulsa, donde imágenes de un Víctor follándose a mi novia se colaban en mis sueños mezclándose con otras donde veía a mi chica alejándose más y más de mí…

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