Mª DEL CARMEN MÚRTULA

En este tiempo de Pascua, quiero compartir con vosotros estas reflexiones.

A lo largo de la historia de la humanidad, la relación del hombre con lo transcendente, su comunicación con la deidad siempre ha sido a través de ofrendas y sacrificios expiatorios.

  Sólo en la religión cristiana podemos apreciar el cambio de protagonistas. Aquí es el mismo Dios el que se ofrece en sacrificio para reparar del mal de los humanos. Y como no podía ser de otra manera, la victima tenía que estar a la altura de la ofensa.

Esa víctima, el cordero expiatorio, no es otro que el mismo Dios que se hizo hombre para poder, desde su propia carne, reparar nuestras trasgresiones y delitos.

Y todo por puro amor.

Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él crea, no se pierda, sino que tenga vida eterna”.

Efesios 2: 4-5 “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aunque estábamos muertos por culpa de nuestros pecados, nos vivificó al resucitar a Cristo.-por gracia habéis sido salvados-“

Y ¿cuál fue la actitud de Jesucristo ante su misión mesiánica?

Hebreos 10: 5-10 “El cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; pero me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí. Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. Y en virtud de esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”

Un Dios que toma nuestra naturaleza frágil y vulnerable para expiar por nuestros pecados, para ser capaz de sentir y comprender nuestra debilidad. Nace y crece con la nimiedad de cualquier niño, dependiendo totalmente de la vinculación y la responsabilidad de sus padres, y a lo largo de su corta vida, experimentó nuestra debilidad humana tanto en lo corporal como en lo anímico. Jesús sintió sed, hambre, cansancio, frio, calor… penas y alegrías, pero sobre todo sintió amor. Un ardiente amor gratuito, misericordioso, compasivo… hasta dar la vida por sus hermanos los hombres.

Hay un villancico que dice:

“Solo por coger una flor que en el cielo no pudo encontrar

Poder por los hombres morir y saber con los niños llorar”

 ¿Quién sino un verdadero hombre, que ha transitado los caminos de este mundo con sus propios pies, que ha sufrido los rigores del clima, las piedras del camino, que ha conocido la sed del caminante, puede guiar a otros hombres por las vías que configuran la vida del hombre? Pero ¿quién sino un verdadero Dios puede no sólo conocer y orientar sino ser el mismo camino que lleva a la Vida?

¿Quién sino un verdadero hombre, que ha experimentado en su ser, en su carne, el dolor y el sufrimiento, que ha vivido el mal como existencial, que ha sido tentado en su misma realidad, puede juzgar la existencia frágil y vulnerable de la persona humana? Pero ¿quién sino un verdadero Dios puede salvar?

¿Quién sino un verdadero hombre, que sabe que ha de morir, que mira a su horizonte y se encuentra con la muerte, que él mismo se coloca el primero ante el enemigo, puede llevar animosamente a sus hombres a la batalla entre el bien y el mal, que no es sino la definitiva batalla del hombre, la de la vida frente a la muerte? Pero ¿quién sino un verdadero Dios, el Dios del Bien, el Dios de la Vida, puede asegurar la victoria frente al mal y la muerte?

Y porque se hizo frágil y vulnerable lo mataron, pero El Padre aceptó su ofrenda y lo exaltó con la resurrección.Como era hombre lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida

1Pedro 3: 18 “Cristo, para llevarnos a Dios, murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, muerto en la carne, vivificado en el Espíritu”

El Hijo se hizo hombre para enseñarnos la enorme grandeza del amor con que somos amados por el Padre. Hemos sido salvados gratuitamente por el amor que Dios nos tiene. ¿Somos capaces de entender la profundidad de esta verdad?

Filipenses 2: 5-8 “Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo Jesús, el cual, siendo de condición divina, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres, y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

Romanos 8: 11. “Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros”.

Colosenses 1: 21-23 “ Y a vosotros, que en otro tiempo fuisteis extraños y enemigos, por vuestros pensamientos y malas obras, os ha reconciliado ahora, por medio de la muerte en su cuerpo de carne, para presentaros santos, inmaculados e irreprensibles delante de Él; con tal que permanezcáis sólidamente cimentados en la fe, firmes e inconmovibles en la esperanza del Evangelio que oísteis, que ha sido proclamado a toda criatura bajo el cielo”.

Dios se hace pequeño, vulnerable, humano, se entrega como víctima expiatoria,  para enseñarnos la grandeza de la Vida a la que estamos llamados.

Salmo 115 “¿Cómo pagar al Señor todo el bien que me ha hecho?”

Si has sido capaz de llegar hasta aquí en tu lectura, espero que, como yo, no te sean indiferentes estos párrafos de la Biblia.

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