FERNANDO

Eva.

Cuando mi despertador sonó ese lunes por la mañana, me estire en la cama feliz como hacía tiempo que no estaba y mi primer pensamiento fue para Rubén. Empecé a recordar algunos momentos de nuestra follada en esa cama y me excité, de acuerdo, la tenía pequeña, pero el muy cabrón sabia como utilizarla.

Me incorporé, la habitación estaba extrañamente a oscuras, encendí la lámpara de mi mesilla y supe que algo andaba mal, Daniel no había dormido en la cama y su lado estaba sin deshacer. Subí la persiana de nuestro cuarto y vi el cielo muy gris y encapotado, se avecinaba una buena tormenta…una muy buena tormenta.

Sin vestirme y prácticamente desnuda, mi camisón tapaba más bien poco, salí al salón preocupada y allí vi a Dani, sentado en una silla, mirándome derrotado, sus ojos muy rojos de haber llorado y la piel de su cara húmeda de sus lágrimas.

—¿Dani que te ocurre? ¿Qué pasa? —Pregunté asustada.

El solo se levantó de la silla, me pidió que viese la pantalla de su ordenador y le dio al reproductor mientras me decía que se iba a duchar.

Me quedé sin respiración, blanca como la nieve y con una sensación de angustia en mi estómago. En esa pantalla empezaban a reproducirse todas las fotos y videos que nos habíamos mandado Rubén y yo, conversaciones que habíamos tenido y hasta cuando estuvimos en ese parking subterráneo horrible y tuvimos sexo oral.

Pero lo peor, lo más vergonzoso fue ver las imágenes de mi fin de semana follando con Rubén en todos los lugares de la casa, salón, cocina, baño y dormitorio. Ahora entendía por qué mi marido estaba en ese estado y me eché a llorar desconsolada al haberle infringido ese dolor.

Mi cabeza no era capaz de asimilar lo que estaba viendo sabiendo las consecuencias que eso traería a nuestra vida y nuestro matrimonio. Pensaba que excusa podía ponerle para que me perdonase y pasase por alto esta “pequeña” travesura y me aterraba que saliese por la puerta de nuestro dormitorio por que llegaría el momento de las acusaciones y mis explicaciones

Cuando Dani salió de nuestra habitación me miró con resentimiento, me pidió que me levantase de esa silla y me invitó a que me sentase en el sofá, donde algunas horas antes Rubén me había follado. Él se sentó en una silla frente a mí y esbozó una sonrisa burlona.

—¿Quieres un café? —Me preguntó.

—Si, la verdad es que sí, me vendría muy bien. —Respondí algo aliviada.

—Pues ve a la cocina y prepara dos, ¡Ah! Y tráeme un paracetamol, la cabeza me va a estallar.

No me esperaba esa respuesta por su parte, pensé que el café lo prepararía él, mejor, porque era tan cobarde que en total de no hacer frente a lo que estaba “cantado” iba a ocurrir, todo lo que fuese estar lejos en ese momento de mi marido me valía.

Mientras preparaba los cafés, intentaba tranquilizarme y pensar, pensar en que podía decirle para suavizar ese golpe devastador. Amaba a mi marido aunque Rubén me volviese loca. No quería perderle, desde que le conocí supe que era el amor de mi vida, pero por estúpida, por un capricho, por algo que no necesitaba había destrozado, hecho añicos una relación increíble y sería muy complicado el volver a unirla. Los cafés estaban hechos y me tenía que enfrentar a la realidad.

Cuando llegué al salón y deje su café en la mesa de centro, me fijé que mi marido había vuelto a llorar. Imaginaba el dolor que tenía que estar pasando al haber visto esas imágenes de su mujer comportándose como una puta y dejándose follar por un auténtico desgraciado. En esos momentos odié a Rubén con toda mi alma y deseé no haberle conocido, pero ya era tarde para eso.

Dani se tomó su pastilla, y me miró. Yo me había sentado de manera que mis piernas quedaban lo suficientemente abiertas para que mi coño se viese sin problema, como dije, mi camisón tapaba más bien poco y debajo iba totalmente desnuda. Vi la mirada de mi marido fijándose en mi coñito y esperanzada abrí mis piernas un poco más, pensando que quizás con una mañana de sexo intenso con mi marido suavizaría las cosas…seguía siendo una estúpida que pensaba que con un polvo se solucionarían las cosas, que equivocada estaba.

—Hazme el favor, vete a vestir, no quiero verte así. —Me dijo mi marido de forma tajante.

Me sentí muy rechazada, era una estupidez pensar en excitarle o que Dani se conformaría con un polvo. Me puse un chándal que no me favorecía nada y al poco me volvía a sentar en ese maldito sofá. Dani me lo dijo muy serio:

—Lo que tú decías que eran imaginaciones mías y que estaba haciendo una montaña de un grano de arena, ha resultado ser una buena aventura para ti. Se ve que has disfrutado mucho con ese tal Rubén. Ahora, quiero saber ¿por qué? ¿desde cuándo? y ¿si ha habido alguno más desde que nos conocemos?

Intenté disculparme con él, decirle lo mucho que sentía haber hecho lo que hice con Rubén, sin ser necesario ya que yo le amaba a él. Le dije toda la verdad, como fue, como le conocí, mis gustos por los tíos musculados y tatuados, algo que él no conocía de mí. Le expliqué como me fue liando, más bien como me deje liar, la primera noche en la que me hizo sexo oral y yo le hice una paja.

—Esa fue la noche que te esperé despierto en el salón, ¿verdad? En la que llegaste y te quedaste pálida viéndome sentado esperándote, te fuiste a nuestra habitación y te metiste en la ducha y pude observar una mancha de semen en tu vestido y además venias sin bragas, ¿cierto?

—Si, así es. ¿Cómo supiste que venía sin ropa interior? —Preguntó avergonzada.

—Fácil, al día siguiente cuando fui a ducharme y dejar mi ropa interior en el cesto, vi tu sujetador, pero el tanga a juego no aparecía y tú en eso eres muy cuidadosa.

Pillada. En ese momento fui muy consciente de que no era tan lista como yo pensaba y que mi marido no era tan gilipollas como yo imaginaba. Me quedé mirándole, pensando en todo lo pasado y como lo podía haber evitado y me eché a llorar con amargura. Dani no me dijo nada, ni me consoló, de hecho no movió ni un musculo, fui yo la que me levanté a por la caja de pañuelos de papel, aunque estaba al lado de mi marido.

Se levantó a por mi teléfono móvil y me lo entregó. Yo le miré confundida, no entendía por qué me lo daba hasta que me lo dijo.

—Esta mañana va a ser muy larga. Llama a tu empresa y di que te ha surgido un problema familiar grave y que no iras a trabajar.

Obedecí sin rechistar, lo que menos quería es que mi marido se enfadase conmigo, aunque bien pensado, después de lo visto el cabreo que debía tener era monumental.

Ya llevaba más de una hora hablando, diciéndole todo lo que quería saber, no me pensaba guardar nada si con eso conseguía retener a mi marido a mi lado. A todo lo que me preguntó respondí sin vacilación y contándole la verdad y en esas estábamos cuando sonó su teléfono móvil. Contestó y vi que se ponía pálido y me miraba muy fijamente, se despidió con un «gracias por la información. Ya te llamaré».

Inmediatamente se levantó y se puso frente a su ordenador. Miro algo en su móvil, un mensaje que acababa de entrar y vi que se echaba las manos a la cabeza y me miraba desolado.

—Por Dios Eva, ¿Qué has hecho?

Me levanté rápidamente y cuando vi lo que estaba mostrando la pantalla del ordenador me llevé las manos a la boca para acallar mi grito y me eche a llorar. Esa pantalla estaba destapando una de las maneras de cómo se ganaba la vida el hijo de puta de Rubén. En la pantalla aparecía el video de cuando follamos en la autocaravana, con toda nitidez y mostrando mi cara, ni fue capaz de pixelarla o difuminarla para que no se me reconociera. La calidad de imagen era muy buena y ahora me explico la cantidad de luz que había en esa caravana y en su todoterreno. Y por supuesto muchas fotos y videos privados en situaciones muy comprometidas y como plato fuerte todo lo que el grabó cuando estuvo en mi casa.

El muy desgraciado se liaba con mujeres y las grababa con o sin su consentimiento para luego vender todo ese material a una web pornográfica de pago donde se exponía a todo el mundo que quisiese pagar. Había diez carpetas de diez mujeres, entre ellas también estaba Luisa. A ella también la grabó y utilizo también la autocaravana y la casa de mi amiga, a las otras mujeres no las conocía de nada.

Dani marcó un número de teléfono de su agenda y estuvo hablando con alguien. Solo sé que estaba llorando otra vez por mi culpa y mi mala cabeza. En ese momento no era consciente de lo que se me venía encima.

—La persona con la que he hablado, es la que me ha ayudado a destapar tu infidelidad. Pero también es muy observadora y logramos entrar en el Facebook y en el Instagram del tal Rubén. Es tan presumido y egocéntrico que es incapaz de no alardear de sus conquistas y en uno de los comentarios había un post comentando que haber cuando subía otro de sus famosos videos. Por suerte esta persona tiene un conocido en la U.C.O. (Unidad Central Operativa de la Guardia Civil) y lo comentó con él. Le pidió algo de material para buscar por internet con un programa que tienen ellos y que busca coincidencias de la foto mostrada con las fotos de miles de páginas web y te encontró a los pocos minutos, no solo en esta página, si no en miles de servidores privados.

No me lo podía creer. De la noche a la mañana me había convertido en actriz porno sin yo saberlo y una sensación de vergüenza, de mucha vergüenza invadió todo mi cuerpo. Mi marido, me dijo que llamase a Luisa y que le explicase lo ocurrido, que teníamos que interponer una denuncia contra el tal Rubén por subir imágenes y videos de nosotras sin nuestro consentimiento.

Cuando Luisa se enteró de lo que había pasado tuvo un ataque de ansiedad y mis compañeros tuvieron que atenderla. No queríamos que se supiese nada de todo esto, aunque tarde o temprano la prensa sensacionalista lo sacaría a la luz. Dani y yo nos vestimos y fuimos a mi empresa donde me llevé a Luisa que seguía en estado de shock. Pasamos casi toda la mañana en el cuartel de la Guardia Civil, poniendo la denuncia contra ese desgraciado. El teniente de la Guardia Civil y conocido de mi marido fue el que nos atendió y el que nos llevó de la mano en todo el proceso.

Y le alabo y reconozco su profesionalidad. Después de haberme visto desnuda y follando con otro que no era mi marido, no hubo ni una sola mirada obscena, ni comentarios subido de tono, ni ningún papel con su número de móvil dejado muy cerca de mi mano y sin que mi marido se diese cuenta. Fue correcto y amable en todo momento.

Cuando salimos casi era la hora de comer. Dani nos invitó a Luisa y a mí, yo no hacía más que mirar a mi marido y me moría por saber qué es lo que pasaría por su cabeza. Era consciente de que esto no había terminado aun, pero viendo cómo se comportaba, tenía la esperanza de que me perdonase y volviésemos a empezar.

Cuando terminamos de comer, llevamos a Luisa a su casa y en el camino de vuelta el silencio se instaló entre nosotros y yo me estaba muriendo, por que por momentos intuía que lo nuestro iba a acabar mal.

Cuando llegamos a nuestra casa, Dani me pidió que llamase a Rubén. Me extrañó pero lo hice y mi marido puso el altavoz para que yo también escuchase todo. Después de los tonos de llamada la voz de ese mamón retumbó por todo el salón.

—¡¡Que pasa rubia!! ¿No has tenido suficiente con el fin de semana? ¿Quieres más? Porque si quieres más voy a buscarte esta tarde. —Respondió con chulería ese desgraciado.

—Óyeme bien hijo de la gran puta, soy el marido de Eva. Hemos descubierto lo que te traes entre manos con los videos que grabas y vendes a esa página porno sin el consentimiento de esas mujeres. Ya tienes puestas dos denuncias y las que te quedan.

De fondo se escuchó a una mujer que le decía a ese desgraciado, «hijo, en la puerta hay dos señores que dicen ser de la Guardia Civil y preguntan por ti» Y en ese preciso momento cortó la llamada.

Mi marido me devolvió el teléfono y se fue a nuestro cuarto. Yo me senté en el sofá, mirando a la nada y empezando a entender como había destrozado la vida maravillosa que llevaba con mi marido. Mis ojos se anegaron de lágrimas, pero lo peor quedaba por llegar.

Cuando salí de mi sopor, caí en la cuenta, aprecié que mi marido tardaba mucho en salir de nuestro cuarto. Me levanté y me dirigí hacia allí. Cuando entré me fallaron las fuerzas y el suelo casi desapareció bajo mis pies. Mi marido, mi amor, el amor de mi vida a quien había traicionado, estaba vaciando los armarios con su ropa y lo estaba metiendo en dos bolsones grandes.

—Ca…ca…cariño, ¿qué se supone que estás haciendo? —Pregunté temblorosa temiendo la respuesta.

—Eva, lo nuestro se ha acabado. No quiero seguir a tu lado, estoy recogiendo mi ropa; a por el resto vendré otro día, cuando sepa que tú no estás en casa. —Respondió Dani sin mirarme.

—No mi amor, —dije echándome a llorar con desesperación,— tú no lo entiendes, yo te amo con locura, si me dejas, si desapareces de mi vida, me muero, no soy capaz de vivir sin ti.

—Creo que eso lo tenías que haber pensado antes de liarte con ese desgraciado y tratarme como siempre prometiste que no me tratarías. Veras Eva, soy una persona que ni perdono, ni olvido. No soy como una calculadora que apretando la tecla C, borras toda la memoria, no, soy humano y no puedo olvidar. Incluso si llegara a perdonarte, nunca podría olvidar lo que he vivido estos dos últimos meses y lo que he visto en estas últimas horas, siempre estaría ahí, acompañándome, haciéndome desconfiar de ti, porque creo que no eres consciente de que ya no confiaré en tí jamás.

—Mi vida, se lo que te he hecho, pero te ruego que me perdones, he aprendido la lección, solo quiero que me des una oportunidad…Mira, estoy dispuesta a dejarte un fin de semana la casa para ti y que te traigas a una amiga para que te la folles…o mejor, sé que a Luisa le gustas, estoy segura que si se lo propongo estaría encantada de follar contigo, o si lo prefieres a las dos, un trio con nosotras, ¿qué te parece? —Dije a la desesperada.

—Eva, ¿estas escuchando la cantidad de barbaridades que estás diciendo? Creo que no eres consciente de la magnitud de lo que has provocado y lo que me estas proponiendo no es la solución, sabes que yo nunca haría eso. Aparte de lo que te he dicho, es tu falta de respeto, hacia mí, hacia nuestro matrimonio y hacia nuestra casa. Has roto todas tus promesas y luego queda esta casa, testigo directo de tu infidelidad. Cada rincón, cada mueble, cada estancia será la encargada de no dejarnos que olvidemos tu traición.

—Pues la vendemos mi amor, vendemos todo y volvemos a empezar. Te aseguro que no te arrepentirás, iniciaríamos nuestra nueva vida en otro sitio, el que tú quieras. —Llore ya desesperada, quemando mis últimos cartuchos.

—Ya, y que hacemos con nuestra memoria, siempre nos acompañará allá donde vayamos, eso va a ser inevitable, eso y esos videos que dentro de poco van a estar en millones de servidores y de ordenadores personales. Eva, mis abogados se pondrán en contacto contigo para que firmemos los papeles del divorcio.

Creo que en ese momento fui plenamente consciente de cómo había arruinado mi vida y mi matrimonio. Daniel huía de mi lado, espantado por la barbaridad que había cometido. No solo era mi infidelidad, era que cientos, miles, millones de personas se masturbarían viendo como un indeseable me follaba, las descargas de ese video se contarían por cientos de miles y luego lo compartirían con amigos o conocidos, llegando a millones de personas en todo el mundo. Raro seria que algún conocido no me identificase y compartiese llegando incluso a familiares, mi cara se reconocía perfectamente. Daniel solo se estaba protegiendo de mí, separando su vida de la mía por estúpida y promiscua.

Lloré, lloré mucho y me humille ante él, no quería perderle pero eso ya era inevitable, hice todo lo posible por retenerlo a mi lado pero eso era imposible. Mi vida se terminó cuando le vi salir por la puerta sabiendo que lo nuestro había acabado, que nuestra vida en común había finalizado y no había nada que se pudiese hacer, solo retroceder en el tiempo, cosa algo imposible.

Ese día llamé a Luisa y le pedí que me acogiese en su casa, no podía quedarme sola sabiendo que ya no vería más a mi marido. A las dos semanas sus abogados se pusieron en contacto conmigo y me informaron que salvo la casa que era de Daniel, el resto estaba en régimen de gananciales, lo que es el contenido de la casa y el dinero que había en la cuenta corriente y me correspondía la mitad, más o menos unos doce mil euros y me conminaban a abandonar el que fue nuestro domicilio antes de finalizar el mes.

Daniel.

Mi fin de semana con Feli fue fantástico aunque de vez en cuando pensaba que estaría haciendo Eva. La verdad es que estar con esta mujer me hacía olvidar todo lo malo que estaba ocurriendo en mi vida en estos momentos. Pero todo lo bueno llega a su fin y aunque no me apetecía separarme de Feli, no me quedó más remedio que regresar a mi casa.

En lo primero que me fije es en el olor a limpio que había por toda la casa, eso ya me empezó a preocupar. Teníamos contratada a una señora que venía todos los jueves a limpiar la casa y a planchar, sabia el olor que quedaba y ese olor no correspondía al domingo. Eva y yo intercambiamos un frio saludo pero no pude evitar fijarme en la cara de felicidad que tenía, estaba radiante. Me fui a nuestra habitación a deshacer la bolsa de viaje. Ahí me fijé en algo que ya prácticamente me confirmaba que en esa cama había ocurrido algo. Las sabanas estaban cambiadas. Se cambiaban cada semana y el jueves fue la última vez, ¿por qué el domingo ya estaban cambiadas nuevamente? Me cambié de ropa y el resto lo metí dentro del cesto de la ropa sucia, no me quise entretener en rebuscar pruebas, aunque seguro que las habría encontrado.

Una vez en el salón, Eva tardó nada y menos en despedirse e irse a dormir. Estaba muy nervioso por el contenido de las grabaciones de las cámaras. Cuando pasó un tiempo prudencial y pude ver lo que las cámaras habían grabado me derrumbé totalmente. Horas y horas de mi mujer follando de todas las maneras posibles en todos los lugares de la casa con ese hijo de puta de Rubén y haciendo las mayores guarradas que uno pueda imaginar.

Como un estúpido me pasé toda la noche viendo como mi mujer se entregaba a otro hombre y dejaba que se corriese en todos sus orificios. Edite ciertos momentos, los más impactantes y los almacené en un pendrive, junto con fotos de mi mujer desnuda, abierta de piernas y enseñando su coño o videos de ella masturbándose.

Fue humillante para mi ver todo aquello y entender que esa cara de felicidad que tenía Eva era por lo bien follada que estaba y que se había comportado como una verdadera puta en nuestra casa. No paraba de llorar, me hervía la sangre de rabia y hubo en algún momento que quise entrar en nuestra habitación y gritarle a la cara lo puta, lo zorra que era. Me tenía que controlar, tranquilizarme, sabía que esto iba a ocurrir, pero verlo es hiriente. Lloré, llore por horas hasta que amaneció y escuché el despertador de Eva.

Cuando salió al salón y me vio se asustó, que cara no tendría. Vi como se había levantado y me repugnó, un camisón muy corto y debajo iba desnuda. Estaba muy deseable pero el acordarme de lo visto hacía unos minutos me hizo rechazarla. La invité a sentarse en la silla donde estaba yo y le día reproducir el video.

—Me voy a duchar. —Dije dejando sola en el salón a Eva.

En la ducha me eche a llorar de nuevo recordando las imágenes de como ese desgraciado se follaba a mi mujer en el mismo sitio en el que me encontraba yo. No quería permanecer por más tiempo en esa casa. Necesitaba salir de allí.

Cuando regrese al salón mi mujer lloraba, pálida, sin atreverse a mirarme a la cara. La invite a sentarse en el sofá y le dije que empezase a contarme toda la verdad. Intentó seducirme con ese camisón tan corto y abriendo sus piernas para que la viese el coño pero la mandé a vestir, no quería verla, mi cabeza empezaba a rechazarla.

Pero fue una llamada de Feli la que puso el punto fuerte a esta historia. Estando hablando con Eva me llamó y me dijo que había descubierto algo.

—Cariño, siento decirte esto pero hay más. Entre un conocido que tengo y está en la U.C.O. y yo que descubrí un comentario en el muro de su Facebook, hemos descubierto que ese desgraciado ha subido contenido de tu mujer a una página porno de pago. Te mando la dirección un nombre de usuario y una contraseña.

Cuando entré, vi fotos que ya conocía, videos de mi mujer dejándose grabar mientras era follada o le hacia una mamada a ese cabrón. Cuando ella vio lo que había hecho su amante se echó a llorar desesperada. También había videos de su amiga Luisa y más videos de mujeres que no conocíamos. Eran las conquistas de ese desgraciado que no dudaba en grabar y vender luego esos videos sin que sus víctimas lo supiesen.

Volví a llamar a Feli y le confirmé lo que había visto. Ella me dijo que su conocido nos esperaba en la comandancia de la Guardia Civil, para que hablásemos con él y tomásemos las medidas oportunas, se había cometido un delito y se debía detener al culpable. Entre ir a recoger a Luisa al trabajo, irnos los tres a ver al conocido de Feli e ir a los juzgados a interponer la correspondiente denuncia, se nos pasó toda la mañana.

Invité a las chicas a comer, sabía que ahora quedaba la peor parte, el que cuando nos quedásemos solos Eva y yo, le comunicaría que quería el divorcio, es algo que había decidido cuando Feli me mostró lo grabado en ese parking. Se que eso no lo esperaba, veía su cara de esperanza, pidiéndome perdón con su mirada, esperando que solo fuese un mal momento en nuestro matrimonio. Pero no, no podría vivir con la mujer que me infringió tanto dolor y tanta humillación, con lo que he pasado y lo que he visto, es de todo punto contrario a la convivencia entre un hombre y una mujer unidos por un vínculo sentimental.

Feli. En ningún momento quise hablar de Feli ante Eva. Sabía lo que eso suscitaría y no venía a cuento, pero gracias a ella, a su cariño, su paciencia y su imaginación, pude volver a respirar viviendo en una casa cuya atmósfera, era irrespirable.

Quiero pensar que el destino, la providencia o como lo queráis llamar, puso a Feli de nuevo en mi vida con esa llamada, justo en un momento en el que mi cabeza empezaba a pensar cosas incompatibles con mi vida. Quizás el comportamiento de Feli parezca maquiavélico, pero ella me ha demostrado que me quiere, que una vez me perdió y que no está dispuesta a dejar que ocurra de nuevo. Feli y yo ya lo hemos hablado. Me ha hecho hueco en su armario para mi ropa y en su baño para que yo deje mis cosas. El resto ya lo iremos viendo. Creo que esta tarde cuando llegue a su casa con mi equipaje, será el principio de nuestra vida juntos.

Como me esperaba, cuando llegamos a casa, fue un momento muy tenso y dramático. A mí me hubiese gustado encontrarme cara a cara con el desgraciado del Rubén y haberle partido la cara a golpes. De hecho le dije a Eva que lo llamase. Solo por como contestó, con esa chulería y esa vehemencia ya me encendió. Le insulté y le dije que sabíamos lo que hacía, quería picarle, que saltase, pero no dio tiempo, una mujer de fondo decía que dos guardias civiles le esperaban. Él cortó la comunicación, pero sentí satisfacción al saber que ese desgraciado ya no tendría libertad para hacer lo que hacía.

Yo me fui a nuestra habitación y vacié el armario y los cajones donde estaba mi ropa colocándola en bolsas de viaje. Era primeros de mes y dejaría a mi próxima exmujer hasta fin de mes para que se organizase y se llevase sus cosas a donde fuese a vivir.

Cuando entró en la habitación, vio lo que estaba haciendo y le confirme que quería el divorcio, terminó de derrumbarse y lloró como nunca la he visto llorar. Me pidió perdón de mil formas, se humilló ante mí, me pidió una segunda oportunidad, hasta me propuso un trio con su amiga Luisa, desesperada porque no me fuese de su lado. Reconozco que a eso ultimo y en otras circunstancias, no le hubiese dicho que no…uffff, no quiero ni imaginármelo. Pero todo fue inútil, ya tenía mi decisión tomada y nada me haría cambiar de opinión.

Deje a Eva arrodillada en el suelo del salón, rogándome que no me fuera, que no la abandonara, gritando cada lloro, cada lagrima. Pero no quise mirar atrás, porque si lo hubiese hecho no se si me hubiese llegado a ir, aunque me hizo lo que me hizo, seguía queriendo a Eva.

Solo cuando se cerró la puerta de la que fue mi casa tras de mí, cerré mis ojos y cuando los abrí supe que una nueva vida empezaba para mí. Sería difícil cerrar la herida que me dejó Eva, pero dicen que el tiempo todo lo cura.

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